


Foto de portada gentileza de: Martin DarkSoul
Un sábado de luna llena fue la noche elegida para el ritual. Para la invocación. Para la conmemoración de unas de las obras más importantes y aclamadas del metal gótico como lo fue Wolfheart (1995). Y si hablamos de lobos y luna dentro del metal sólo nos podemos estar refiriendo a una banda: ni más ni menos, que el regreso de los portugueses Moonspell al país.
Habiendo pasado más de 30 años de su icónico debut, el grupo aprovechó este hito para interpretarlo al completo y de forma íntegra por su gira en Latinoamérica, junto con algunos clásicos dentro de su variopinta discografía.
Su parada en Argentina se dio el sábado 21 de marzo, en el centro porteño de la Ciudad de Buenos Aires. El Teatrito fue el sitio que la banda designó para convertir su recital en un templo. En uno con todos los ingredientes listos, para llevar a cabo su ceremonia.
La jornada sólo contó con un acto previo, antes de la salida de los portugueses al escenario, a cargo de Leshy. El elenco de Folk/Black Metal argentino fue el encargado de ir tiñendo el ambiente de negro e ir esparciendo la oscuridad a lo largo del recinto. El resultado fue positivo ya que consiguieron generar un clima misterioso y lúgubre, pese a no contar con el mejor de los sonidos.
Lastimosamente, ese clima no se supo sostener una vez culminada su actuación ya que hubo una diferencia de casi 40 minutos entre ellos y Moonspell. Un tiempo de espera que se aprovechó para charlar y generar entusiasmo entre los presentes. Pero que dejó un hueco llamativo entre una banda y otra. Más teniendo en cuenta, que para la presentación de los locales, no había tanta gente como la hubo cuando se apagaron las luces y se abrió el telón para el plato principal.
Una lluvia de aullidos fue el saludo de recibimiento por parte del público hacia Fernando Ribeiro y su manada, que con alegría e ímpetu dieron rienda suelta a su presentación. Y como era de esperar, “Wolfshade (A Werewolf Masquerade)” fue la pieza de arranque.
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Lo que no era de esperar, fueron los distintos problemas técnicos con los que contó la banda durante el principio. Puntualmente, en el bajo y en la pantalla visual de fondo. No obstante, tres décadas de carrera forjan carácter y profesionalismo. Y con estos dos atributos los de Lisboa superaron estas adversidades, con interpretaciones llenas de magia y esencia, que retrataron de forma fidedigna sus versiones de estudio.
Tras un inicio que respetó el orden cronológico del disco, llegó la única modificación planeada. Y es que para sorpresas de todos, la presentación del Wolfheart se vio ligeramente detenida para dar paso a un tema de una etapa algo perdida dentro de la carrera de los lusitanos, que es ni más ni menos sus comienzos “blackers” en Under The Moonspell (1994). De modo, que “Tenebrarum Oratorium (Andamento I)” tomó ese testimonio y nos retrajo a los Moonspell más salvajes y tenebrosos. Un regalo para los fanáticos más clásicos, y una muestra de cómo el grupo reconoce y se enorgullece de su pasado.
El show continuó con un segmento más fiestero y de taberna con piezas como “Trebaruna” y “Ataegina”, el bonus track del disco que Fernando Ribeiro aprovechó para comentar que casi queda fuera del disco porque la gente del sello sentía que no encajaba con la tónica de la obra porque daba la impresión de que era “una invitación a beber”. Y algo de razón tenían los de la discográfica, porque durante este tema se armó un clima más propio de San Patricio que de un recital de Moonspell.
No obstante, la oscuridad y teatralidad volverían a tomar protagonismo de la mano de “Vampiria”, uno de los máximos hits de la alineación y “An Erotic Alchemy” dónde resaltó la vocalista femenina, Eduarda Soreiro, que a lo largo de su presentación construyó momentos de dramatismo y belleza llenos de química junto a Ribeiro.
Como no podía ser de otra forma, “Alma Mater” fue el broche de oro definitivo para la interpretación completa del disco en vivo. Y a su vez, el punto de mayor explosión de la noche, con la gente agitando el puño en alto y cantando de principio a fin cada estrofa. Un momento de comunión entre la banda y su público en dónde no hubo barreras por el idioma y se habló mediante el lenguaje de la música.
Tras un breve descanso, los músicos abordaron la senda final del show acudiendo a algunos clásicos infaltables dentro de su catálogo. El primero en ser barajado fue “Opium”, que mantuvo la chispa ardiente y explosiva en la audiencia. “Extinct” y “Everything Invaded” demostraron que el grupo no sólo compuso éxitos en su juventud sino que cuenta con hits más modernos.
La ceremonia culminó con una oda a la luna llena como lo es “Fullmoon Madness”, que despidió a la banda entre aullidos, tal como al inicio.
La satisfacción fue total. El impacto musical también. Moonspell dio una muestra de elegancia, dramatismo y tenebrosidad. Un llamado a su manada, la cual respondió con fidelidad. Las adversidades técnicas quedaron en la anécdota. Y mientras el grupo prepara el lanzamiento de su nuevo disco, en mi cabeza aún sigue resonando el hechizo: “Virando costas ao mundo, Orgulhosamente sós, Glória antiga, volta a nós!, ALMA MATEEEEEERRRR!”
Etiquetas: argentina, icarus, Leshy, Moonspell, wolfheart


Foto de portada gentileza de: Martin DarkSoul
Un sábado de luna llena fue la noche elegida para el ritual. Para la invocación. Para la conmemoración de unas de las obras más importantes y aclamadas del metal gótico como lo fue Wolfheart (1995). Y si hablamos de lobos y luna dentro del metal sólo nos podemos estar refiriendo a una banda: ni más ni menos, que el regreso de los portugueses Moonspell al país.
Habiendo pasado más de 30 años de su icónico debut, el grupo aprovechó este hito para interpretarlo al completo y de forma íntegra por su gira en Latinoamérica, junto con algunos clásicos dentro de su variopinta discografía.
Su parada en Argentina se dio el sábado 21 de marzo, en el centro porteño de la Ciudad de Buenos Aires. El Teatrito fue el sitio que la banda designó para convertir su recital en un templo. En uno con todos los ingredientes listos, para llevar a cabo su ceremonia.
La jornada sólo contó con un acto previo, antes de la salida de los portugueses al escenario, a cargo de Leshy. El elenco de Folk/Black Metal argentino fue el encargado de ir tiñendo el ambiente de negro e ir esparciendo la oscuridad a lo largo del recinto. El resultado fue positivo ya que consiguieron generar un clima misterioso y lúgubre, pese a no contar con el mejor de los sonidos.
Lastimosamente, ese clima no se supo sostener una vez culminada su actuación ya que hubo una diferencia de casi 40 minutos entre ellos y Moonspell. Un tiempo de espera que se aprovechó para charlar y generar entusiasmo entre los presentes. Pero que dejó un hueco llamativo entre una banda y otra. Más teniendo en cuenta, que para la presentación de los locales, no había tanta gente como la hubo cuando se apagaron las luces y se abrió el telón para el plato principal.
Una lluvia de aullidos fue el saludo de recibimiento por parte del público hacia Fernando Ribeiro y su manada, que con alegría e ímpetu dieron rienda suelta a su presentación. Y como era de esperar, “Wolfshade (A Werewolf Masquerade)” fue la pieza de arranque.
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Lo que no era de esperar, fueron los distintos problemas técnicos con los que contó la banda durante el principio. Puntualmente, en el bajo y en la pantalla visual de fondo. No obstante, tres décadas de carrera forjan carácter y profesionalismo. Y con estos dos atributos los de Lisboa superaron estas adversidades, con interpretaciones llenas de magia y esencia, que retrataron de forma fidedigna sus versiones de estudio.
Tras un inicio que respetó el orden cronológico del disco, llegó la única modificación planeada. Y es que para sorpresas de todos, la presentación del Wolfheart se vio ligeramente detenida para dar paso a un tema de una etapa algo perdida dentro de la carrera de los lusitanos, que es ni más ni menos sus comienzos “blackers” en Under The Moonspell (1994). De modo, que “Tenebrarum Oratorium (Andamento I)” tomó ese testimonio y nos retrajo a los Moonspell más salvajes y tenebrosos. Un regalo para los fanáticos más clásicos, y una muestra de cómo el grupo reconoce y se enorgullece de su pasado.
El show continuó con un segmento más fiestero y de taberna con piezas como “Trebaruna” y “Ataegina”, el bonus track del disco que Fernando Ribeiro aprovechó para comentar que casi queda fuera del disco porque la gente del sello sentía que no encajaba con la tónica de la obra porque daba la impresión de que era “una invitación a beber”. Y algo de razón tenían los de la discográfica, porque durante este tema se armó un clima más propio de San Patricio que de un recital de Moonspell.
No obstante, la oscuridad y teatralidad volverían a tomar protagonismo de la mano de “Vampiria”, uno de los máximos hits de la alineación y “An Erotic Alchemy” dónde resaltó la vocalista femenina, Eduarda Soreiro, que a lo largo de su presentación construyó momentos de dramatismo y belleza llenos de química junto a Ribeiro.
Como no podía ser de otra forma, “Alma Mater” fue el broche de oro definitivo para la interpretación completa del disco en vivo. Y a su vez, el punto de mayor explosión de la noche, con la gente agitando el puño en alto y cantando de principio a fin cada estrofa. Un momento de comunión entre la banda y su público en dónde no hubo barreras por el idioma y se habló mediante el lenguaje de la música.
Tras un breve descanso, los músicos abordaron la senda final del show acudiendo a algunos clásicos infaltables dentro de su catálogo. El primero en ser barajado fue “Opium”, que mantuvo la chispa ardiente y explosiva en la audiencia. “Extinct” y “Everything Invaded” demostraron que el grupo no sólo compuso éxitos en su juventud sino que cuenta con hits más modernos.
La ceremonia culminó con una oda a la luna llena como lo es “Fullmoon Madness”, que despidió a la banda entre aullidos, tal como al inicio.
La satisfacción fue total. El impacto musical también. Moonspell dio una muestra de elegancia, dramatismo y tenebrosidad. Un llamado a su manada, la cual respondió con fidelidad. Las adversidades técnicas quedaron en la anécdota. Y mientras el grupo prepara el lanzamiento de su nuevo disco, en mi cabeza aún sigue resonando el hechizo: “Virando costas ao mundo, Orgulhosamente sós, Glória antiga, volta a nós!, ALMA MATEEEEEERRRR!”
Etiquetas: argentina, icarus, Leshy, Moonspell, wolfheart







