


El pasado viernes 27 de marzo, Lennons Club volvió a quedarse pequeño para recibir a Taake en su regreso a Barcelona, en una cita organizada por Manguales Extremme Union que agotó entradas y reunió a un público entregado desde mucho antes de que se apagasen las luces. Por motivos personales me perdí a la banda telonera, así que mi crónica arranca directamente con la sala ya en ebullición, con ese murmullo denso que anticipa una noche intensa. No era difícil preverlo: cada visita de los noruegos se ha convertido en un ritual para los seguidores del black metal.
Cuando arrancaron con “Nattestid ser porten vid VII” y enlazaron con “Over Bjoergvin graater himmerik IV”, quedó claro que el repertorio iba a mirar de frente a su primera etapa. El sonido, pese a las condiciones habituales de la sala, logró transmitir esa crudeza tan característica, con las guitarras cortando el aire mientras la voz se abría paso entre una mezcla que por momentos parecía querer desbordarse. Las luces, horrorosas como siempre, jugaban en contra, poco tenían que ver con la atmósfera que la banda construía, aunque eso, lejos de frenar al público, parecía formar parte del caos esperado.
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“Hordalands doedskvad III” marcó uno de los primeros picos de la noche, con la sala completamente entregada pese a lo apretado del espacio. El escenario prácticamente le quedaba pequeño al grupo, obligando a los músicos a moverse con cierta contención, algo que contrastaba con la intensidad que proyectaban. “Umenneske” añadió un matiz más contemporáneo al set, mostrando la evolución del sonido sin perder esa identidad áspera, mientras “Nordbundet” y “Denne forblaaste ruin av en bro” mantuvieron la tensión en alto, con un público que ya no buscaba comodidad, sino simplemente mantenerse en pie y formar parte del momento.
El tramo central continuó con “Fra vadested til vaandesmed” y “September omsider”, donde la banda jugó más con las dinámicas, alternando pasajes más densos con otros ligeramente más abiertos. A esas alturas, moverse por la sala era prácticamente imposible: el sold out se hacía notar en cada rincón, con gente viendo el concierto como podía, estirando el cuello entre hombros o dejándose llevar por la marea humana. Aun así, el ambiente era de comunión total, de esos en los que cada tema es recibido como una descarga necesaria.
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El cierre llegó con una combinación que apelaba directamente a los seguidores más fieles: “Hordalands doedskvad I” seguida de “Nattestid ser porten vid I”, cerrando el círculo con una sensación de coherencia dentro del caos. La banda se mostró sólida, sin florituras innecesarias, centrada en ejecutar un repertorio que, pese a las limitaciones del espacio y la cuestionable iluminación, logró imponerse por su propia fuerza y un excelente sonido.



El pasado viernes 27 de marzo, Lennons Club volvió a quedarse pequeño para recibir a Taake en su regreso a Barcelona, en una cita organizada por Manguales Extremme Union que agotó entradas y reunió a un público entregado desde mucho antes de que se apagasen las luces. Por motivos personales me perdí a la banda telonera, así que mi crónica arranca directamente con la sala ya en ebullición, con ese murmullo denso que anticipa una noche intensa. No era difícil preverlo: cada visita de los noruegos se ha convertido en un ritual para los seguidores del black metal.
Cuando arrancaron con “Nattestid ser porten vid VII” y enlazaron con “Over Bjoergvin graater himmerik IV”, quedó claro que el repertorio iba a mirar de frente a su primera etapa. El sonido, pese a las condiciones habituales de la sala, logró transmitir esa crudeza tan característica, con las guitarras cortando el aire mientras la voz se abría paso entre una mezcla que por momentos parecía querer desbordarse. Las luces, horrorosas como siempre, jugaban en contra, poco tenían que ver con la atmósfera que la banda construía, aunque eso, lejos de frenar al público, parecía formar parte del caos esperado.
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El tramo central continuó con “Fra vadested til vaandesmed” y “September omsider”, donde la banda jugó más con las dinámicas, alternando pasajes más densos con otros ligeramente más abiertos. A esas alturas, moverse por la sala era prácticamente imposible: el sold out se hacía notar en cada rincón, con gente viendo el concierto como podía, estirando el cuello entre hombros o dejándose llevar por la marea humana. Aun así, el ambiente era de comunión total, de esos en los que cada tema es recibido como una descarga necesaria.
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