Voy a arrancar con un pequeño disclaimer: este fue mi primer concierto de deathcore, un género que no suelo escuchar. Conozco a las bandas representativas básicamente por sus nombres y no mucho más, por ende, quizás no encuentren el entusiasmo, la información o la pasión con la que podría describir un show de Iron Maiden. Si bien sé que este género suma cada vez más adeptos y las bandas están cobrando relevancia diariamente, acepté el desafío de cubrir el debut de Thy Art is Murder en el país, una fecha atípica para mi a la que me dirigí poniéndole el pecho a un nuevo reto.
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Inicialmente, “The Mortal Way Tour” era una gira conformada por Whitechapel y Thy Art Is Murder, pero semanas antes de iniciar la gira sudamericana, el vocalista de los estadounidenses, Phil Bozeman, publicó un comunicado en sus redes sociales en el que indicó que, por problemas de salud mental, la banda cancelaba su participación. Dicho esto, los australianos Thy Art Is Murder siguieron adelante con el plan y, gracias a Noiseground, tuve la posibilidad de ver el show y traerles esta nueva crónica.
Groove fue la sede elegida para el evento que se realizó el pasado 11 de diciembre de 2024. Para calmar a los más ansiosos y preparar el terreno para lo que se avecinaba, los muchachos de Nvlo se encargaron de abrir el evento con una actuación sólida, logrando captar la atención tanto de los oyentes ocasionales como de su considerable base de fans, gracias a su sonido potente y su presencia en el escenario.
Con mucha actitud, la intensidad majestuosa aportada por la batería, acompañada de poderosos riffs y una voz gutural que hizo mover la melena de los presentes, nos dejó listos para la explosiva descarga de brutalidad que estaba por venir.
Finalizada la performance de León y compañía, el lugar se oscureció casi por completo mientras sonaban canciones poco habituales para un recital metalero. Entre temas de Kiss y Metallica, se colaron algunas de Rick Astley y N’SYNC, que fueron recibidas de manera distante en algunos casos y festejadas/bailadas por otros.
Como introducción a la masacre, sonó la canción “We Like to Party” de la agrupación Vengaboys. Minutos pasadas las 20:20, y con un retraso respecto al horario pautado, las luces del escenario se apagaron. El gran telón rojo se abrió dejando ver la batería de Jesse Beahler, quien tomó posesión de ella y, tras un breve juego con los tachos, uno a uno los integrantes ocuparon sus posiciones. Era momento de descargar toda la energía acumulada.
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El set comenzó con “Destroyer of Dreams“, del último material editado hasta ahora, Godlike (2023). Tremendas ráfagas de blast beats hicieron retumbar cada rincón del lugar, con guitarras pesadas y la brutal voz de Tyler Miller, quien invitaba al público a abrir el Wall of Death o a formar círculos mortales, donde más de uno terminó con algunos buenos golpes.
La brutalidad de la banda cargó la noche de intensidad. La sangre joven predominó entre los asistentes, con un promedio de edad de entre 25 y 30 años. Nadie dejó de poguear, corear y enloquecer con los breakdowns desde el primer minuto.
El setlist incluyó lo mejor de la discografía de los australianos, combinando clásicos con material más reciente. La complejidad y el poder que surgía desde el escenario convertían cada tema en una fuente de energía sinérgica entre la banda y los presentes.
Siguiendo con la lista de temas, sonaron “Death Squad Anthem“, “Join Me in Armageddon” y, en el momento de “Holy War“, la cosa se puso seria. El nivel de intensidad, violencia y descontrol se apoderó del barrio de Palermo. No hubo un solo instante de calma; incluso en los pasajes más lentos o atmosféricos, la tensión se mantenía.
“Godlike” y “Everything Unwanted” fueron otros momentos memorables de la noche. Para el cierre de la jornada ejecutaron “Puppet Master” mientras el público agradecía con aplausos y gritos, a pesar de estar agotado tras haberlo dado todo coreando, saltando y mosheando durante la hora de espectáculo.
El show de Thy Art Is Murder fue una grata experiencia. Disfruté de grandes músicos, un cantante con un registro impresionante y, sobre todo, de una banda muy profesional.
Etiquetas: Deathcore, Groove, Noiseground, Nvlo, Thy Art Is Murder, Whitechapel
Voy a arrancar con un pequeño disclaimer: este fue mi primer concierto de deathcore, un género que no suelo escuchar. Conozco a las bandas representativas básicamente por sus nombres y no mucho más, por ende, quizás no encuentren el entusiasmo, la información o la pasión con la que podría describir un show de Iron Maiden. Si bien sé que este género suma cada vez más adeptos y las bandas están cobrando relevancia diariamente, acepté el desafío de cubrir el debut de Thy Art is Murder en el país, una fecha atípica para mi a la que me dirigí poniéndole el pecho a un nuevo reto.
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Inicialmente, “The Mortal Way Tour” era una gira conformada por Whitechapel y Thy Art Is Murder, pero semanas antes de iniciar la gira sudamericana, el vocalista de los estadounidenses, Phil Bozeman, publicó un comunicado en sus redes sociales en el que indicó que, por problemas de salud mental, la banda cancelaba su participación. Dicho esto, los australianos Thy Art Is Murder siguieron adelante con el plan y, gracias a Noiseground, tuve la posibilidad de ver el show y traerles esta nueva crónica.
Groove fue la sede elegida para el evento que se realizó el pasado 11 de diciembre de 2024. Para calmar a los más ansiosos y preparar el terreno para lo que se avecinaba, los muchachos de Nvlo se encargaron de abrir el evento con una actuación sólida, logrando captar la atención tanto de los oyentes ocasionales como de su considerable base de fans, gracias a su sonido potente y su presencia en el escenario.
Con mucha actitud, la intensidad majestuosa aportada por la batería, acompañada de poderosos riffs y una voz gutural que hizo mover la melena de los presentes, nos dejó listos para la explosiva descarga de brutalidad que estaba por venir.
Finalizada la performance de León y compañía, el lugar se oscureció casi por completo mientras sonaban canciones poco habituales para un recital metalero. Entre temas de Kiss y Metallica, se colaron algunas de Rick Astley y N’SYNC, que fueron recibidas de manera distante en algunos casos y festejadas/bailadas por otros.
Como introducción a la masacre, sonó la canción “We Like to Party” de la agrupación Vengaboys. Minutos pasadas las 20:20, y con un retraso respecto al horario pautado, las luces del escenario se apagaron. El gran telón rojo se abrió dejando ver la batería de Jesse Beahler, quien tomó posesión de ella y, tras un breve juego con los tachos, uno a uno los integrantes ocuparon sus posiciones. Era momento de descargar toda la energía acumulada.
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La brutalidad de la banda cargó la noche de intensidad. La sangre joven predominó entre los asistentes, con un promedio de edad de entre 25 y 30 años. Nadie dejó de poguear, corear y enloquecer con los breakdowns desde el primer minuto.
El setlist incluyó lo mejor de la discografía de los australianos, combinando clásicos con material más reciente. La complejidad y el poder que surgía desde el escenario convertían cada tema en una fuente de energía sinérgica entre la banda y los presentes.
Siguiendo con la lista de temas, sonaron “Death Squad Anthem“, “Join Me in Armageddon” y, en el momento de “Holy War“, la cosa se puso seria. El nivel de intensidad, violencia y descontrol se apoderó del barrio de Palermo. No hubo un solo instante de calma; incluso en los pasajes más lentos o atmosféricos, la tensión se mantenía.
“Godlike” y “Everything Unwanted” fueron otros momentos memorables de la noche. Para el cierre de la jornada ejecutaron “Puppet Master” mientras el público agradecía con aplausos y gritos, a pesar de estar agotado tras haberlo dado todo coreando, saltando y mosheando durante la hora de espectáculo.
El show de Thy Art Is Murder fue una grata experiencia. Disfruté de grandes músicos, un cantante con un registro impresionante y, sobre todo, de una banda muy profesional.
Etiquetas: Deathcore, Groove, Noiseground, Nvlo, Thy Art Is Murder, Whitechapel