

La Sala Revi Live congregó un gran número de seguidores del metal japonés y el hardcore. El pasado 14/05/26 el concierto liderado por los japoneses Paledusk, acompañados por un cartel de auténtico lujo con Knosis, Greyhaven y Headwreck, fue la prueba definitiva de que la escena madrileña responde con fuerza ante las propuestas más frescas y arriesgadas del panorama internacional. Con un público que ya llenaba el recinto desde primera hora, muchos de ellos customizados y todos con un hambre voraz de jaleo, la jornada prometía ser una auténtica fiesta de sonidos contemporáneos. La Revi volvió a lucir sus mejores galas acústicas: el audio del recinto estuvo súper correcto, manteniendo esa fidelidad a la que nos tiene acostumbrados y permitiendo que la brutalidad no se convirtiera en ruido. Además, el apartado visual fue sobresaliente. Las luces fueron luminosas, con una gran variedad cromática y un trabajo milimétrico y detallado por parte del técnico, quien supo ajustar la intensidad y los focos al ritmo y la intención emocional de cada tema.
Los encargados de abrir fuego fueron los australianos Headwreck, una formación que dejó claro sobre las tablas por qué están creciendo tanto en popularidad y se posicionan ahora mismo como una de las bandas más prometedoras de la escena de su país. Practican un metalcore alternativo muy imbuido por el sonido de bandas de finales de los noventa y principios de los dos mil, enriquecido con elementos del nu-metal y texturas electrónicas ambientales. Su propuesta es singular porque combina la pesadez de los afinaciones bajas de guitarra con estribillos muy melódicos y una atmósfera melancólica. A pesar de abrir la tarde, defendieron con solvencia temas de su celebrado EP “Glamorice” y singles potentes como “Buzzsaw”, demostrando una madurez escénica impecable ante una sala que ya presentaba una entrada generosa y muy activa.
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El relevo lo tomaron Greyhaven, y con ellos la Revi entró directamente en ebullición. Los estadounidenses practican un mathcore y post-hardcore sumamente técnico, un estilo que se caracteriza por estructuras de canciones caóticas, compases irregulares y disonancias de guitarra que generan una constante sensación de tensión y urgencia. Lo singular del mathcore es precisamente su imprevisibilidad; rompe los esquemas tradicionales de estrofa y estribillo para ofrecer un viaje puramente visceral. A pesar de sufrir algunos problemas con el sonido del bajo en el arranque del set, la banda no se resintió en absoluto. Su trayectoria viene avalada por discazos como “Empty Black” y su más reciente “Tkeep it quiet”. Supieron reconducir la situación de inmediato, dejando momentos muy bonitos con un público entregado que coreó a pleno pulmón sus temas más populares, como “Burn a miracle” o “Where the light leaves us”, creando un contraste precioso entre la violencia matemática de sus riffs y la calidez de la audiencia.
La locura colectiva llegó a su punto álgido con la aparición de Knosis, el proyecto liderado por el carismático Ryo Kinoshita. El popular vocalista, mundialmente conocido por su exitosa etapa al frente de los titanes Crystal Lake, es una figura profundamente querida por el personal madrileño. Knosis se mueve en un terreno de hardcore experimental y metalcore de vanguardia, caracterizado por ritmos rápidos, voces desgarradoras y un fuerte componente electrónico industrial. La gran singularidad de este estilo radica en su crudeza punk combinada con una producción moderna y oscura. Ryo supo llevarse a toda la sala a su terreno desde el primer segundo. Su actuación fue sobresaliente, impulsada por éxitos recientes como “FUHAI” o “SHINMON”. La comunión con la pista fue total cuando el vocalista no dudó en bajar al foso, meterse de lleno en el mosh pit y terminar flotando por los aires en un crowdsurfing legendario. Una demostración de por qué este grupazo sigue arrasando en popularidad allá donde va.
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El broche de oro lo pusieron Paledusk, y lo primero que cabe destacar es su brutal evolución. No queda absolutamente nada de aquel grupo temeroso que vimos en la Sala Mon en 2024 teloneando a Polaris. Esa timidez ha desaparecido por completo para dar paso a una apisonadora escénica, liderada por un frontman espectacular capaz de generar empatía, energía continuada y una conexión permanente con el respetable. Paledusk ofrece un estilo único: una fusión hiperactiva de metalcore, EDM, j-rock y dubstep. Esta mezcla se hace singular por sus cambios abruptos de ritmo, sintetizadores estridentes y una velocidad endiablada que no da tregua. El público de Madrid demostró su devoción cantando cada canción, un mérito enorme considerando que la banda destacó y agradeció que la gente coreara incluso las letras en japonés, algo sumamente difícil. Los integrantes del grupo también se deshicieron en elogios hacia España, mencionando lo rico de nuestra cultura y, sobre todo, su gastronomía.
Como único punto débil a una actuación brillante, se puede señalar la gran cantidad de sonidos lanzados que llevaba la banda: voces pregrabadas, efectos y sintetizadores que, si bien no arruinaron la experiencia, sí restaron un punto de realismo a su propuesta en directo. Cabe añadir que la obsesión japonesa por la puntualidad se reflejó a la perfección en la organización de la noche, con cambios de banda milimétricos y duraciones de los shows ejecutadas al milisegundo.
La velada se cerró dejando una valiosa reflexión sobre el increíble poder de convocatoria que poseen las bandas japonesas en la actualidad. Formaciones como Paledusk o Knosis no solo exportan música, sino una experiencia cultural total y estética que fascina a Occidente. Esto, sumado a la excelente salud de la escena hardcore de Madrid, demuestra que el público de la capital está más vivo, cohesionado y receptivo que nunca, convirtiendo cualquier visita internacional en un triunfo absoluto de comunidad, sudor y distorsión.


La Sala Revi Live congregó un gran número de seguidores del metal japonés y el hardcore. El pasado 14/05/26 el concierto liderado por los japoneses Paledusk, acompañados por un cartel de auténtico lujo con Knosis, Greyhaven y Headwreck, fue la prueba definitiva de que la escena madrileña responde con fuerza ante las propuestas más frescas y arriesgadas del panorama internacional. Con un público que ya llenaba el recinto desde primera hora, muchos de ellos customizados y todos con un hambre voraz de jaleo, la jornada prometía ser una auténtica fiesta de sonidos contemporáneos. La Revi volvió a lucir sus mejores galas acústicas: el audio del recinto estuvo súper correcto, manteniendo esa fidelidad a la que nos tiene acostumbrados y permitiendo que la brutalidad no se convirtiera en ruido. Además, el apartado visual fue sobresaliente. Las luces fueron luminosas, con una gran variedad cromática y un trabajo milimétrico y detallado por parte del técnico, quien supo ajustar la intensidad y los focos al ritmo y la intención emocional de cada tema.
Los encargados de abrir fuego fueron los australianos Headwreck, una formación que dejó claro sobre las tablas por qué están creciendo tanto en popularidad y se posicionan ahora mismo como una de las bandas más prometedoras de la escena de su país. Practican un metalcore alternativo muy imbuido por el sonido de bandas de finales de los noventa y principios de los dos mil, enriquecido con elementos del nu-metal y texturas electrónicas ambientales. Su propuesta es singular porque combina la pesadez de los afinaciones bajas de guitarra con estribillos muy melódicos y una atmósfera melancólica. A pesar de abrir la tarde, defendieron con solvencia temas de su celebrado EP “Glamorice” y singles potentes como “Buzzsaw”, demostrando una madurez escénica impecable ante una sala que ya presentaba una entrada generosa y muy activa.
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La locura colectiva llegó a su punto álgido con la aparición de Knosis, el proyecto liderado por el carismático Ryo Kinoshita. El popular vocalista, mundialmente conocido por su exitosa etapa al frente de los titanes Crystal Lake, es una figura profundamente querida por el personal madrileño. Knosis se mueve en un terreno de hardcore experimental y metalcore de vanguardia, caracterizado por ritmos rápidos, voces desgarradoras y un fuerte componente electrónico industrial. La gran singularidad de este estilo radica en su crudeza punk combinada con una producción moderna y oscura. Ryo supo llevarse a toda la sala a su terreno desde el primer segundo. Su actuación fue sobresaliente, impulsada por éxitos recientes como “FUHAI” o “SHINMON”. La comunión con la pista fue total cuando el vocalista no dudó en bajar al foso, meterse de lleno en el mosh pit y terminar flotando por los aires en un crowdsurfing legendario. Una demostración de por qué este grupazo sigue arrasando en popularidad allá donde va.
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Como único punto débil a una actuación brillante, se puede señalar la gran cantidad de sonidos lanzados que llevaba la banda: voces pregrabadas, efectos y sintetizadores que, si bien no arruinaron la experiencia, sí restaron un punto de realismo a su propuesta en directo. Cabe añadir que la obsesión japonesa por la puntualidad se reflejó a la perfección en la organización de la noche, con cambios de banda milimétricos y duraciones de los shows ejecutadas al milisegundo.
La velada se cerró dejando una valiosa reflexión sobre el increíble poder de convocatoria que poseen las bandas japonesas en la actualidad. Formaciones como Paledusk o Knosis no solo exportan música, sino una experiencia cultural total y estética que fascina a Occidente. Esto, sumado a la excelente salud de la escena hardcore de Madrid, demuestra que el público de la capital está más vivo, cohesionado y receptivo que nunca, convirtiendo cualquier visita internacional en un triunfo absoluto de comunidad, sudor y distorsión.

























