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Vianova en Glasgow: “debut sold out y show explosivo”

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7 Seconds en Buenos Aires: “El fuego eterno no detiene la furia”
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Una década completa había pasado desde que 7 Seconds pisó suelo argentino por primera vez en aquel memorable show en Groove, y la expectativa por su regreso había crecido hasta convertirse en una necesidad para toda la comunidad hardcore local. La noche de aquel sábado 9 de agosto en Uniclub, fue la materialización de esa espera cuando 7 Seconds demostró por qué siguen siendo una de las bandas más influyentes del hardcore punk después de más de cuatro décadas de existencia, y por qué su ausencia había sido tan dolorosamente sentida.

Una vez dentro del venue en cuestión se podía observar a aquellos veteranos que seguramente habían estado en aquel primer show en Groove, con sus parches desgastados junto a jóvenes que apenas conocían el hardcore de oídas, pero que habían llegado atraídos por la leyenda de Kevin Seconds y su banda. La energía en el ambiente era palpable, esa electricidad que solo se genera cuando una banda con tanta trayectoría está a punto de tocar después de una ausencia demasiado larga.

Lamentablemente, no logré llegar a tiempo para presenciar el acto de Corazón Fuego, la banda local invitada para la apertura, pero los comentarios que se escuchaban entre el público eran unánimemente positivos: habían dado un buen show y habían calentado perfectamente el ambiente. A las 21:30 en punto, las luces se atenuaron y los primeros acordes de “Here’s Your Warning” cortaron el aire como una navaja. En ese instante, Uniclub se transformó en una máquina de tiempo que nos transportó directo a los clubes underground de Reno, Nevada, circa 1982.

A los 60 años, Kevin Seconds ya no tiene la agilidad de sus primeros shows, pero lo que ha perdido en velocidad lo ha ganado en presencia escénica. Su figura angular se mueve por el escenario con la autoridad de quien ha dedicado su vida entera a predicar el evangelio del hardcore, y cuando abre la boca para cantar, cada palabra sale cargada de una convicción que atraviesa generaciones. Al momento que sonó “Definite Choice”, la respuesta del público fue inmediata: un mosh pit que se expandió como una mancha de aceite, engullendo todo el frente del escenario. Era evidente que estábamos ante uno de esos shows donde la comunión entre banda y audiencia se vuelve total, potenciada por los años de espera.

Si Kevin es el cerebro de 7 Seconds, la sección rítmica es definitivamente el corazón que bombea sangre punk por las venas de la banda. Steve Youth en el bajo mantuvo esa línea melódica tan característica que diferencia a 7 Seconds del hardcore más primitivo, mientras que detrás de la batería, Sammy Siegler, legendario baterista neoyorquino que ha militado en Youth of Today, Nightmare of You, Judge hasta Limp Bizkit grabando el The Unquestionable Truth (Part 1), desplegó una clínica de precisión y potencia. Siegler es uno de esos músicos que elevan automáticamente el nivel de cualquier banda con la que toquen. Su trabajo en temas como “We’re Gonna Fight” y “Not Just Boys Fun” fue una demostración de cómo la técnica al servicio de la emoción puede crear momentos de pura catarsis colectiva.

Con una precisión quirúrgica que habla de décadas de experiencia en el camino, 7 Seconds desplegó un set compacto pero devastadoramente efectivo. En apenas 45 minutos, la banda logró condensar toda la esencia de su legado en una performance que no dejó respiro ni a la audiencia ni a ellos mismos. El repertorio de la noche fue una masterclass en construcción de show. Alternando clásicos atemporales como “Still Believe” y “Walk Together, Rock Together” con gemas menos obvias como “Satyagraha” y “Tied Up in Rhythm”, 7 Seconds demostró por qué su catálogo sigue siendo una referencia ineludible para cualquier banda de hardcore que se precie.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Comeback Kid en Buenos Aires: “De Canadá, con amor (y mucho hardcore)”

El público porteño estuvo a la altura de las circunstancias. Desde el primer acorde hasta el último, la energía no decayó ni un segundo. Los stage diving se sucedieron uno tras otro. Chicos y chicas volaban por los aires con sonrisas de oreja a oreja, creando esa atmósfera de caos controlado que es el sello distintivo de los mejores shows del género.

Como ya es tradición en los shows de 7 Seconds, el setlist principal cerró con su versión de “99 Red Balloons” de Nena, transformando una canción pop de los ’80 en un himno punk de resistencia en donde todos los asistentes unieron sus voces para corear dicha pieza. La banda salió del escenario un minuto, mientras el público pedía más, y así fue que los norteamericanos se despacharon con tres temas que sonaron a la velocidad de la luz. El encore arrancó fuerte con “You Lose” acompañado por “Trust” y el cierre definitivo de la jornada estuvo a cargo de “The Crew”.

Al salir del Uniclub a las 22:15, con los oídos pitando y la ropa empapada en sudor propio y ajeno, quedó claro que habíamos sido testigos de algo especial. Esta segunda visita de 7 Seconds a Argentina no fue solo un show; fue el cierre de un ciclo que había quedado abierto hace una década. La banda no vino solo a tocar sus canciones; vinieron a recordarnos por qué el hardcore punk sigue siendo relevante y por qué la espera había valido la pena.

En una época donde la música parece cada vez más fragmentada y virtual, shows como este son un recordatorio de que algunas cosas simplemente no pueden ser reemplazadas: la comunidad, la autenticidad, la rabia constructiva y esa sensación de pertenencia que solo se encuentra en una sala rodeado de gente que cree en las mismas cosas que vos.

Especial reconocimiento a California Sun y a Juanma por facilitar la acreditación correspondiente, permitiendo que esta crónica llegue hasta ustedes.

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7 Seconds en Buenos Aires: “El fuego eterno no detiene la furia”
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Una década completa había pasado desde que 7 Seconds pisó suelo argentino por primera vez en aquel memorable show en Groove, y la expectativa por su regreso había crecido hasta convertirse en una necesidad para toda la comunidad hardcore local. La noche de aquel sábado 9 de agosto en Uniclub, fue la materialización de esa espera cuando 7 Seconds demostró por qué siguen siendo una de las bandas más influyentes del hardcore punk después de más de cuatro décadas de existencia, y por qué su ausencia había sido tan dolorosamente sentida.

Una vez dentro del venue en cuestión se podía observar a aquellos veteranos que seguramente habían estado en aquel primer show en Groove, con sus parches desgastados junto a jóvenes que apenas conocían el hardcore de oídas, pero que habían llegado atraídos por la leyenda de Kevin Seconds y su banda. La energía en el ambiente era palpable, esa electricidad que solo se genera cuando una banda con tanta trayectoría está a punto de tocar después de una ausencia demasiado larga.

Lamentablemente, no logré llegar a tiempo para presenciar el acto de Corazón Fuego, la banda local invitada para la apertura, pero los comentarios que se escuchaban entre el público eran unánimemente positivos: habían dado un buen show y habían calentado perfectamente el ambiente. A las 21:30 en punto, las luces se atenuaron y los primeros acordes de “Here’s Your Warning” cortaron el aire como una navaja. En ese instante, Uniclub se transformó en una máquina de tiempo que nos transportó directo a los clubes underground de Reno, Nevada, circa 1982.

A los 60 años, Kevin Seconds ya no tiene la agilidad de sus primeros shows, pero lo que ha perdido en velocidad lo ha ganado en presencia escénica. Su figura angular se mueve por el escenario con la autoridad de quien ha dedicado su vida entera a predicar el evangelio del hardcore, y cuando abre la boca para cantar, cada palabra sale cargada de una convicción que atraviesa generaciones. Al momento que sonó “Definite Choice”, la respuesta del público fue inmediata: un mosh pit que se expandió como una mancha de aceite, engullendo todo el frente del escenario. Era evidente que estábamos ante uno de esos shows donde la comunión entre banda y audiencia se vuelve total, potenciada por los años de espera.

Si Kevin es el cerebro de 7 Seconds, la sección rítmica es definitivamente el corazón que bombea sangre punk por las venas de la banda. Steve Youth en el bajo mantuvo esa línea melódica tan característica que diferencia a 7 Seconds del hardcore más primitivo, mientras que detrás de la batería, Sammy Siegler, legendario baterista neoyorquino que ha militado en Youth of Today, Nightmare of You, Judge hasta Limp Bizkit grabando el The Unquestionable Truth (Part 1), desplegó una clínica de precisión y potencia. Siegler es uno de esos músicos que elevan automáticamente el nivel de cualquier banda con la que toquen. Su trabajo en temas como “We’re Gonna Fight” y “Not Just Boys Fun” fue una demostración de cómo la técnica al servicio de la emoción puede crear momentos de pura catarsis colectiva.

Con una precisión quirúrgica que habla de décadas de experiencia en el camino, 7 Seconds desplegó un set compacto pero devastadoramente efectivo. En apenas 45 minutos, la banda logró condensar toda la esencia de su legado en una performance que no dejó respiro ni a la audiencia ni a ellos mismos. El repertorio de la noche fue una masterclass en construcción de show. Alternando clásicos atemporales como “Still Believe” y “Walk Together, Rock Together” con gemas menos obvias como “Satyagraha” y “Tied Up in Rhythm”, 7 Seconds demostró por qué su catálogo sigue siendo una referencia ineludible para cualquier banda de hardcore que se precie.

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Como ya es tradición en los shows de 7 Seconds, el setlist principal cerró con su versión de “99 Red Balloons” de Nena, transformando una canción pop de los ’80 en un himno punk de resistencia en donde todos los asistentes unieron sus voces para corear dicha pieza. La banda salió del escenario un minuto, mientras el público pedía más, y así fue que los norteamericanos se despacharon con tres temas que sonaron a la velocidad de la luz. El encore arrancó fuerte con “You Lose” acompañado por “Trust” y el cierre definitivo de la jornada estuvo a cargo de “The Crew”.

Al salir del Uniclub a las 22:15, con los oídos pitando y la ropa empapada en sudor propio y ajeno, quedó claro que habíamos sido testigos de algo especial. Esta segunda visita de 7 Seconds a Argentina no fue solo un show; fue el cierre de un ciclo que había quedado abierto hace una década. La banda no vino solo a tocar sus canciones; vinieron a recordarnos por qué el hardcore punk sigue siendo relevante y por qué la espera había valido la pena.

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