



El segundo día del A Colossal Weekend volvió a demostrar la enorme variedad artística que caracteriza al festival. Desde propuestas íntimas y sensibles hasta verdaderas descargas de violencia sonora, la jornada atravesó múltiples emociones y estilos sin perder nunca la identidad oscura y pesada que domina cada rincón de VEGA. Con un público cada vez más entregado y escenarios completamente inmersivos, el Día 2 terminó consolidando la sensación de estar frente a una de las ediciones más sólidas del festival en los últimos años.
La primera banda de la noche fue Reveal Party, agrupación indie liderada por la cantante y multiinstrumentista Emily Holm. Desde el inicio, la artista se mostró tímida, aunque muy comunicativa, bromeando constantemente con el público sobre las letras de sus canciones y distintos aspectos de su vida cotidiana.
El show tuvo un clima extremadamente íntimo y ameno, con Holm cantando dulcemente mientras ejecutaba su guitarra acústica. La banda, conformada por bajista, guitarrista y baterista, supo acompañarla perfectamente, mostrándose también visiblemente emocionados y conectados con la música que interpretaban.
La presentación culminó con la vocalista hablando sobre su nuevo disco y realizando una canción completamente sola, únicamente acompañada por su guitarra acústica y su voz. Un cierre pequeño, sensible y muy especial.
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Luego fue el turno de Blackwater Holylight, quienes tomaron el escenario principal del festival con una propuesta de doomgaze cargada de elementos de post metal, stoner y doom. La banda, integrada completamente por mujeres, ofreció uno de los shows más sólidos y profesionales de toda la jornada.
La presentación destacó principalmente por su enorme potencia sonora y por la impecable ejecución instrumental. La baterista Eliese Dorsay se mostró completamente encendida, realizando una lectura perfecta de cada canción y aportando una coordinación notable durante todo el recital.
Por su parte, Sunny Faris demostró no solo su capacidad vocal, sino también una enorme versatilidad instrumental, alternando entre guitarra y bajo junto a Mikayla Mayhew, quien pasó a encargarse de la guitarra durante parte del set. Lejos de afectar la dinámica de la banda, estos cambios terminaron aportando aún más riqueza a una presentación de diez canciones que mantuvo un altísimo nivel de principio a fin.
Lo siguiente llegó directamente desde Islandia de la mano de Pthumulhu. Provenientes de un país reconocido por su fuerte escena de black metal y música oscura, el trío ofreció exactamente eso: una combinación opresiva de funeral doom, drone y explosiones de black metal en sus momentos más veloces.
La banda contó con un baterista absolutamente descomunal, golpeando con una fuerza impresionante mientras aportaba constantemente matices y movimiento a las canciones. La guitarra sonaba completamente distorsionada y grave, escupiendo riffs lentos, pausados y melancólicos que, por momentos, se transformaban abruptamente en ráfagas violentas, rápidas e inentendibles.
La voz aparecía como un grito ahogado en desesperación y agonía permanente. Apenas 45 minutos les bastaron para hacer vibrar un venue completamente lleno que quedó atrapado por la oscuridad y la intensidad emocional de la presentación.
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A continuación, el escenario principal de Store Vega recibió a Truckfighters. La legendaria banda sueca desplegó toda su mezcla de stoner rock desértico, fuzz y energía explosiva en una de las actuaciones más entretenidas y celebradas de la noche.
Con claras influencias de grupos como Kyuss, Fu Manchu y Nebula, la banda trasladó el espíritu del desierto norteamericano hacia el frío de Örebro, Suecia. Tras años de pausa y con nuevo material bajo el brazo, el grupo llegó al festival presentando “Masterflow”.
El concierto comenzó puntualmente con “Mind Control” y “The Gorgon”, dejando en claro desde el primer minuto la intensidad física que dominaría toda la presentación. Dango apareció, como es habitual, a torso desnudo y recorriendo el escenario sin parar, saltando constantemente mientras ejecutaba riffs y solos imposibles con una energía realmente admirable.
Mientras tanto, Ozo sostuvo toda la estructura sonora desde el bajo con absoluta firmeza, funcionando como el ancla perfecta para que la guitarra pudiera desatar el caos. En varias ocasiones, Dango incluso descendió hacia el público para improvisar solos entre la gente, elevando todavía más la conexión con los asistentes.
La batería estuvo a cargo de Joel Alex “Jolo”, quien entregó una actuación sobresaliente, aportando precisión, contundencia y una coordinación impecable durante todo el show.
El cierre llegó con el clásico “Desert Cruiser”, momento en el que todo Store Vega explotó en saltos, gritos y cánticos mientras el cantante cedía el micrófono al público danés, claramente devoto de la banda. La despedida estuvo acompañada por una enorme ovación que terminó coronando una actuación inolvidable.
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Pero el festival todavía tenía espacio para una necesaria dosis de violencia. Eyes tomó el control de Lille Vega con una descarga de hardcore caótico, frenético y completamente disonante.
En cuestión de segundos, el recinto se transformó en un verdadero campo de batalla. El pit ocupó prácticamente todo el centro de la sala mientras la gente volaba por los aires entre empujones y saltos constantes.
El sonido fue excelente: prolijo cuando debía serlo, pero manteniendo esa suciedad indispensable para una banda de estas características. Sobre el escenario, los músicos corrían de un lado al otro mientras tocaban y lanzaban patadas al aire, liberando una energía completamente salvaje.
Fueron apenas 37 minutos, pero con una contundencia tan demoledora que dejaron a todos más que satisfechos.
El gran cierre del escenario principal quedó en manos de Cult of Luna. Los suecos llegaron con toda su maquinaria de sludge y post metal, respaldados por una formación gigantesca compuesta por dos guitarras, bajo, teclados, efectos y dos bateristas.
La gran incógnita era cómo sonaría semejante cantidad de instrumentos funcionando simultáneamente. La respuesta fue simple: sonó espectacular. Resultaba impresionante cómo absolutamente cada detalle podía distinguirse con claridad. Cada guitarra tenía un rol perfectamente definido, el bajo aportaba pesadez y suciedad, mientras los teclados y efectos sonoros modificaban constantemente el clima emocional de las canciones.
Las guitarras alternaban entre muros densos y aplastantes y momentos mucho más etéreos y ambientales, mientras el trabajo de percusión construía una base hipnótica y devastadora.
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Toda esa experiencia estuvo acompañada por un juego de luces dinámico e inmersivo que terminó de hipnotizar al público, que no dejó de mover la cabeza como poseído durante toda la presentación.
El show finalizó con el vocalista y guitarrista tocando sobre las vallas, completamente pegado al público, cerrando de manera emotiva un concierto realmente fenomenal.
Cult of Luna ofreció una actuación tan impactante que, sumada al cansancio acumulado de toda la jornada, terminó dejándonos completamente satisfechos y listos para lo que todavía quedaba por delante en el festival.
El Día 2 del Colossal Weekend volvió a confirmar que el festival entiende perfectamente cómo equilibrar sensibilidad, oscuridad y violencia sonora dentro de una misma programación. Desde momentos íntimos y emocionales hasta explosiones de caos absoluto, la jornada dejó actuaciones memorables y un público completamente entregado. Y con todavía más bandas y emociones por delante, el festival seguía creciendo en intensidad a cada paso.




El segundo día del A Colossal Weekend volvió a demostrar la enorme variedad artística que caracteriza al festival. Desde propuestas íntimas y sensibles hasta verdaderas descargas de violencia sonora, la jornada atravesó múltiples emociones y estilos sin perder nunca la identidad oscura y pesada que domina cada rincón de VEGA. Con un público cada vez más entregado y escenarios completamente inmersivos, el Día 2 terminó consolidando la sensación de estar frente a una de las ediciones más sólidas del festival en los últimos años.
La primera banda de la noche fue Reveal Party, agrupación indie liderada por la cantante y multiinstrumentista Emily Holm. Desde el inicio, la artista se mostró tímida, aunque muy comunicativa, bromeando constantemente con el público sobre las letras de sus canciones y distintos aspectos de su vida cotidiana.
El show tuvo un clima extremadamente íntimo y ameno, con Holm cantando dulcemente mientras ejecutaba su guitarra acústica. La banda, conformada por bajista, guitarrista y baterista, supo acompañarla perfectamente, mostrándose también visiblemente emocionados y conectados con la música que interpretaban.
La presentación culminó con la vocalista hablando sobre su nuevo disco y realizando una canción completamente sola, únicamente acompañada por su guitarra acústica y su voz. Un cierre pequeño, sensible y muy especial.
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La presentación destacó principalmente por su enorme potencia sonora y por la impecable ejecución instrumental. La baterista Eliese Dorsay se mostró completamente encendida, realizando una lectura perfecta de cada canción y aportando una coordinación notable durante todo el recital.
Por su parte, Sunny Faris demostró no solo su capacidad vocal, sino también una enorme versatilidad instrumental, alternando entre guitarra y bajo junto a Mikayla Mayhew, quien pasó a encargarse de la guitarra durante parte del set. Lejos de afectar la dinámica de la banda, estos cambios terminaron aportando aún más riqueza a una presentación de diez canciones que mantuvo un altísimo nivel de principio a fin.
Lo siguiente llegó directamente desde Islandia de la mano de Pthumulhu. Provenientes de un país reconocido por su fuerte escena de black metal y música oscura, el trío ofreció exactamente eso: una combinación opresiva de funeral doom, drone y explosiones de black metal en sus momentos más veloces.
La banda contó con un baterista absolutamente descomunal, golpeando con una fuerza impresionante mientras aportaba constantemente matices y movimiento a las canciones. La guitarra sonaba completamente distorsionada y grave, escupiendo riffs lentos, pausados y melancólicos que, por momentos, se transformaban abruptamente en ráfagas violentas, rápidas e inentendibles.
La voz aparecía como un grito ahogado en desesperación y agonía permanente. Apenas 45 minutos les bastaron para hacer vibrar un venue completamente lleno que quedó atrapado por la oscuridad y la intensidad emocional de la presentación.
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Con claras influencias de grupos como Kyuss, Fu Manchu y Nebula, la banda trasladó el espíritu del desierto norteamericano hacia el frío de Örebro, Suecia. Tras años de pausa y con nuevo material bajo el brazo, el grupo llegó al festival presentando “Masterflow”.
El concierto comenzó puntualmente con “Mind Control” y “The Gorgon”, dejando en claro desde el primer minuto la intensidad física que dominaría toda la presentación. Dango apareció, como es habitual, a torso desnudo y recorriendo el escenario sin parar, saltando constantemente mientras ejecutaba riffs y solos imposibles con una energía realmente admirable.
Mientras tanto, Ozo sostuvo toda la estructura sonora desde el bajo con absoluta firmeza, funcionando como el ancla perfecta para que la guitarra pudiera desatar el caos. En varias ocasiones, Dango incluso descendió hacia el público para improvisar solos entre la gente, elevando todavía más la conexión con los asistentes.
La batería estuvo a cargo de Joel Alex “Jolo”, quien entregó una actuación sobresaliente, aportando precisión, contundencia y una coordinación impecable durante todo el show.
El cierre llegó con el clásico “Desert Cruiser”, momento en el que todo Store Vega explotó en saltos, gritos y cánticos mientras el cantante cedía el micrófono al público danés, claramente devoto de la banda. La despedida estuvo acompañada por una enorme ovación que terminó coronando una actuación inolvidable.
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Pero el festival todavía tenía espacio para una necesaria dosis de violencia. Eyes tomó el control de Lille Vega con una descarga de hardcore caótico, frenético y completamente disonante.
En cuestión de segundos, el recinto se transformó en un verdadero campo de batalla. El pit ocupó prácticamente todo el centro de la sala mientras la gente volaba por los aires entre empujones y saltos constantes.
El sonido fue excelente: prolijo cuando debía serlo, pero manteniendo esa suciedad indispensable para una banda de estas características. Sobre el escenario, los músicos corrían de un lado al otro mientras tocaban y lanzaban patadas al aire, liberando una energía completamente salvaje.
Fueron apenas 37 minutos, pero con una contundencia tan demoledora que dejaron a todos más que satisfechos.
El gran cierre del escenario principal quedó en manos de Cult of Luna. Los suecos llegaron con toda su maquinaria de sludge y post metal, respaldados por una formación gigantesca compuesta por dos guitarras, bajo, teclados, efectos y dos bateristas.
La gran incógnita era cómo sonaría semejante cantidad de instrumentos funcionando simultáneamente. La respuesta fue simple: sonó espectacular. Resultaba impresionante cómo absolutamente cada detalle podía distinguirse con claridad. Cada guitarra tenía un rol perfectamente definido, el bajo aportaba pesadez y suciedad, mientras los teclados y efectos sonoros modificaban constantemente el clima emocional de las canciones.
Las guitarras alternaban entre muros densos y aplastantes y momentos mucho más etéreos y ambientales, mientras el trabajo de percusión construía una base hipnótica y devastadora.
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Toda esa experiencia estuvo acompañada por un juego de luces dinámico e inmersivo que terminó de hipnotizar al público, que no dejó de mover la cabeza como poseído durante toda la presentación.
El show finalizó con el vocalista y guitarrista tocando sobre las vallas, completamente pegado al público, cerrando de manera emotiva un concierto realmente fenomenal.
Cult of Luna ofreció una actuación tan impactante que, sumada al cansancio acumulado de toda la jornada, terminó dejándonos completamente satisfechos y listos para lo que todavía quedaba por delante en el festival.
El Día 2 del Colossal Weekend volvió a confirmar que el festival entiende perfectamente cómo equilibrar sensibilidad, oscuridad y violencia sonora dentro de una misma programación. Desde momentos íntimos y emocionales hasta explosiones de caos absoluto, la jornada dejó actuaciones memorables y un público completamente entregado. Y con todavía más bandas y emociones por delante, el festival seguía creciendo en intensidad a cada paso.






















