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El pasado 24 de abril, en la siempre rendidora Pumpehuset, tuvimos la oportunidad de presenciar el “Mutation Phase Tour”, una noche marcada por tres propuestas potentes dentro del groove/industrial moderno: […]


Aborted en Glasgow: “El Ritual de la Carnicería”
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Una de las noches de metal extremo más esperadas en Glasgow, y no es para menos: la cita en Slay el 24 de mayo de 2025 prometía brutalidad sin concesiones y un line-up de lujo. Aborted, con más de 30 años de carrera a sus espaldas, encabezaba el cartel, acompañados por Crypta, The Zenith Passage y Organectomy, en lo que sería una celebración de la violencia sónica y la hermandad metalera.

Apenas llegué a Slay, la fila ya serpenteaba por la calle. Se respiraba esa emoción colectiva que sólo se siente en un buen show de death metal: el bullicio de las chaquetas de cuero, el humo de los cigarrillos y las charlas sobre blast beats y guturales. Y adentro, el recinto ya estaba a reventar, con Organectomy a punto de salir.

Con cuatro discos en siete años y una reputación creciente en la escena brutal death, Organectomy se adueñó del escenario como si nada. Su potencia aplastante se sintió desde los primeros acordes. Alex Paul, con su presencia magnética, recorrió el escenario de punta a punta como un predicador del caos, interactuando con el público y escupiendo guturales que helaban la sangre. A su señal, se abrió el primer mosh pit de la noche, y desde ahí no hubo tregua: circle pits interminables y un mar de crowd surfers desataron la locura. Temas como “Domain of the Wretched” y “Noxious” retumbaron como himnos de la carnicería.

El sudor y la cerveza empezaron a mezclarse con el aire, y con Slay a tope, la expectativa creció aún más. The Zenith Passage tomó el relevo y, si bien el death metal técnico no es para todos, estos tipos demostraron por qué son una de las bandas más interesantes del género. Su propuesta de death progresivo, con riffs enrevesados y cambios de ritmo demente, dejó claro que el death metal puede ser brutal y cerebral a la vez. La conexión con el público fue inmediata: no hubo rincón del escenario que quedara sin atención, y los músicos respondieron con una entrega total. El público, de brazos alzados y puños en alto, se dejó arrastrar por la avalancha de notas y blast beats.

El cambio de escenario fue tan rápido como eficiente: roadies y técnicos, como hormigas incansables, transformaron Slay en un altar para Crypta. Fernanda Lira, Luana Dametto, Tainá Bergamaschi y Jéssica di Falchi, las cuatro amazonas del death metal brasileño, emergieron entre luces rojas y el rugir de la multitud. Desde el primer tema, “Death Arcana”, dejaron en claro por qué se han convertido en una fuerza imparable del metal extremo. La combinación de técnica, agresividad y presencia escénica hipnotizó a todos. Fernanda, carismática y poderosa, no paró de animar al público, y Luana detrás de la batería marcó el paso de un ritual frenético. “The Other Side of Anger” y “Stronghold” levantaron todavía más la temperatura.

Antes de que pudiera darme cuenta, las ocho canciones de Crypta parecieron pasar volando, pero dejaron un recuerdo imborrable. Cada breakdown y cada riff se sintieron como un golpe en el pecho. “Lord of Ruins” y “From the Ashes” cerraron su set con un público totalmente entregado: circle pits, crowd surfers y la seguridad sudando la gota gorda para mantener el caos a raya. Antes de retirarse, Fernanda se acercó a la valla, saludó fans, firmó discos y posó para selfies: una lección de humildad y cercanía que muchos deberían aprender.

Y así, entre gritos y aplausos, llegó el momento de la gran masacre. El escenario se cubrió de cabezas decapitadas, ataúdes transparentes y esqueletos de piel colgante: el horror cinematográfico hecho carne. Aborted, la leyenda del death metal belga, pisó el escenario con una autoridad incuestionable. Sven de Caluwé, el incansable líder, emergió entre humo y luces estroboscópicas, desatando la locura con “Dreadbringer” y “Retrogore”.

Con su característico humor ácido, Sven aprovechó una pausa para compartir con el público por qué le encanta tocar en Glasgow: “Aquí puedo decir ‘cunt’ sin que nadie me mire raro”. Y todos respondimos al unísono con un grito gutural y sonrisas cómplices. Fue un momento de comunión perfecta: un público y una banda en sintonía total, unidos por la pasión y la brutalidad.

El setlist fue una clase magistral de violencia musical. Temas como “Brotherhood of Sleep”, “The Origin of Disease”, “From a Tepid Whiff” y “The Shape of Hate” sacudieron Slay hasta los cimientos. El pit era un remolino de cuerpos que se estrellaban unos contra otros sin tregua, y la seguridad apenas podía mantener el orden. Entre la multitud, divisé a la niña de 14 años que había visto antes: pulseras de púas, collar de pinchos y una sonrisa de oreja a oreja, desafiando a todos en el circle pit. Una imagen que encapsula el espíritu de esta noche: el metal como un espacio inclusivo y liberador.

El cierre con “The Saw and the Carnage Done” y “Hecatomb” fue apoteósico. Sven y compañía entregaron 13 canciones de pura devastación. Los agradecimientos finales, las sonrisas, los cuernos en alto y el retumbar de los aplausos pusieron el broche de oro a una velada inolvidable.

Una noche de comunión, liberación y desenfreno. Donde las edades, las nacionalidades y los estilos se diluyeron bajo la misma pasión: el amor por el metal extremo. Desde la niña de 14 años hasta los veteranos de más de 60, todos fuimos uno. Slay se convirtió en un santuario, y Aborted, Crypta, The Zenith Passage y Organectomy nos recordaron que el metal no es solo música: es una forma de vida.

Keep on headbanging motherfucker!

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Aborted en Glasgow: “El Ritual de la Carnicería”
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Una de las noches de metal extremo más esperadas en Glasgow, y no es para menos: la cita en Slay el 24 de mayo de 2025 prometía brutalidad sin concesiones y un line-up de lujo. Aborted, con más de 30 años de carrera a sus espaldas, encabezaba el cartel, acompañados por Crypta, The Zenith Passage y Organectomy, en lo que sería una celebración de la violencia sónica y la hermandad metalera.

Apenas llegué a Slay, la fila ya serpenteaba por la calle. Se respiraba esa emoción colectiva que sólo se siente en un buen show de death metal: el bullicio de las chaquetas de cuero, el humo de los cigarrillos y las charlas sobre blast beats y guturales. Y adentro, el recinto ya estaba a reventar, con Organectomy a punto de salir.

Con cuatro discos en siete años y una reputación creciente en la escena brutal death, Organectomy se adueñó del escenario como si nada. Su potencia aplastante se sintió desde los primeros acordes. Alex Paul, con su presencia magnética, recorrió el escenario de punta a punta como un predicador del caos, interactuando con el público y escupiendo guturales que helaban la sangre. A su señal, se abrió el primer mosh pit de la noche, y desde ahí no hubo tregua: circle pits interminables y un mar de crowd surfers desataron la locura. Temas como “Domain of the Wretched” y “Noxious” retumbaron como himnos de la carnicería.

El sudor y la cerveza empezaron a mezclarse con el aire, y con Slay a tope, la expectativa creció aún más. The Zenith Passage tomó el relevo y, si bien el death metal técnico no es para todos, estos tipos demostraron por qué son una de las bandas más interesantes del género. Su propuesta de death progresivo, con riffs enrevesados y cambios de ritmo demente, dejó claro que el death metal puede ser brutal y cerebral a la vez. La conexión con el público fue inmediata: no hubo rincón del escenario que quedara sin atención, y los músicos respondieron con una entrega total. El público, de brazos alzados y puños en alto, se dejó arrastrar por la avalancha de notas y blast beats.

El cambio de escenario fue tan rápido como eficiente: roadies y técnicos, como hormigas incansables, transformaron Slay en un altar para Crypta. Fernanda Lira, Luana Dametto, Tainá Bergamaschi y Jéssica di Falchi, las cuatro amazonas del death metal brasileño, emergieron entre luces rojas y el rugir de la multitud. Desde el primer tema, “Death Arcana”, dejaron en claro por qué se han convertido en una fuerza imparable del metal extremo. La combinación de técnica, agresividad y presencia escénica hipnotizó a todos. Fernanda, carismática y poderosa, no paró de animar al público, y Luana detrás de la batería marcó el paso de un ritual frenético. “The Other Side of Anger” y “Stronghold” levantaron todavía más la temperatura.

Antes de que pudiera darme cuenta, las ocho canciones de Crypta parecieron pasar volando, pero dejaron un recuerdo imborrable. Cada breakdown y cada riff se sintieron como un golpe en el pecho. “Lord of Ruins” y “From the Ashes” cerraron su set con un público totalmente entregado: circle pits, crowd surfers y la seguridad sudando la gota gorda para mantener el caos a raya. Antes de retirarse, Fernanda se acercó a la valla, saludó fans, firmó discos y posó para selfies: una lección de humildad y cercanía que muchos deberían aprender.

Y así, entre gritos y aplausos, llegó el momento de la gran masacre. El escenario se cubrió de cabezas decapitadas, ataúdes transparentes y esqueletos de piel colgante: el horror cinematográfico hecho carne. Aborted, la leyenda del death metal belga, pisó el escenario con una autoridad incuestionable. Sven de Caluwé, el incansable líder, emergió entre humo y luces estroboscópicas, desatando la locura con “Dreadbringer” y “Retrogore”.

Con su característico humor ácido, Sven aprovechó una pausa para compartir con el público por qué le encanta tocar en Glasgow: “Aquí puedo decir ‘cunt’ sin que nadie me mire raro”. Y todos respondimos al unísono con un grito gutural y sonrisas cómplices. Fue un momento de comunión perfecta: un público y una banda en sintonía total, unidos por la pasión y la brutalidad.

El setlist fue una clase magistral de violencia musical. Temas como “Brotherhood of Sleep”, “The Origin of Disease”, “From a Tepid Whiff” y “The Shape of Hate” sacudieron Slay hasta los cimientos. El pit era un remolino de cuerpos que se estrellaban unos contra otros sin tregua, y la seguridad apenas podía mantener el orden. Entre la multitud, divisé a la niña de 14 años que había visto antes: pulseras de púas, collar de pinchos y una sonrisa de oreja a oreja, desafiando a todos en el circle pit. Una imagen que encapsula el espíritu de esta noche: el metal como un espacio inclusivo y liberador.

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