


Una de las bandas más importantes actualmente es Kreator. Esto gracias a sus clásicos discos de los 80, que ayudaron a forjar la identidad de los géneros extremos, y a sus trabajos a partir del 2000, donde a su rabia y violencia le agregaron una gran carga melódica.
El problema es que hace más de dos décadas continúan con la misma fórmula, y esta tiende a agotarse. El disco editado este 2026, Krushers of the World, se siente como un refrito en donde solo destacan los cortes de difusión. Y, siendo sincero, esto pasa hace tres discos fácilmente.
Pero aun así, siguen teniendo fama de ser un acto en vivo muy bueno, por lo que la gira estaba siendo muy exitosa a nivel ventas. También sumaban las bandas teloneras: los veteranos del death metal Carcass, otra banda pionera del thrash como Exodus y, por último, la banda de grindcore Nails. El pasado 25 de abril, este gigantesco tour terminó en la ciudad de Copenhague, donde pudimos apreciarlo.
Nails, los encargados de abrir la noche, dieron un show corto pero conciso. El trío desplegó su grindcore violento, generando una excelente reacción en el público. La ejecución de los temas fue quirúrgica y cuidada, sobre todo la del baterista, quien demostró ser un virtuoso del instrumento.
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Lamentablemente, el sonido no les jugó a favor. Era poco claro y muy grave, con la voz flotando por arriba. Pero esto no evitó que contentaran a la gente.
Llegó el turno de los gigantes del thrash Exodus, quienes dieron inicio a su show tímidamente con “3111”, perteneciente a su último disco, Goliath, que no tuvo buena recepción. Por suerte, la timidez dejó la presentación gracias al clásico “Bonded by Blood”, donde Poolen se transformó en un campo de batalla, y así continuó hasta el final. Rondas enormes, wall of death violentos y montones de crowdsurfers volando por los aires.
Esto no se debió únicamente al setlist asesino, sino también a la energía de la banda, sobre todo la del icónico guitarrista Gary Holt y el vocalista Rob Dukes, quienes orquestaban el desmadre. La ejecución de los temas fue asesina, con una energía y una potencia envidiables. Esta potencia tenía como corazón al gran baterista Tom Hunting, que le pega súper fuerte a los tambores, aportando una fuerza increíble.
Desafortunadamente, el sonido fue feo. Era una bola de ruido dispar, en la que costaba apreciar los instrumentos con detalle. Apenas se distinguían los riffs; la voz estaba en un volumen correcto, pero se perdía en la mezcla. Lo único que se escuchó bien fue la batería.
Sin embargo, esto no opacó un concierto que se transformó en una fiesta metalera.
El tercer acto fue Carcass, y desde el primer momento la diferencia de sonido fue notoria. Contaron con un sonido claro, nítido y definido, permitiendo apreciar hasta el más mínimo detalle en todos los instrumentos y, por sobre todo, disfrutar de esas melodías de guitarra tan icónicas y que nos hacen tan felices.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Exodus – Goliath (2026)
Desafortunadamente, el baterista de Carcass, Daniel Wilding, debió dejar el tour por una emergencia familiar, por lo que fue reemplazado por el actual baterista de Opeth, Waltteri Väyrynen, una auténtica bestia del instrumento. No solo cumplió su rol, sino que también aportó otros matices y toques personales a las ya intrincadas canciones.
El setlist estuvo compuesto por los temas más icónicos del grupo, incluyendo todas sus etapas. Los momentos más destacados fueron “Incarnated Solvent Abuse”, donde el pogo estalló; “Exhume to Consume”, cantada por Bill Steer; y el final con la clásica e icónica “Heartwork”.
Tras un extenso saludo y luego de arrojar al público montones de púas, palillos y listas de temas, Jeff Walker y los suyos dejaron el escenario caliente para el plato principal de la noche.
Apenas terminó la banda anterior, un telón blanco tapó el escenario. Este sirvió como pantalla para reflejar el video de introducción de Kreator, que dio pie a “Seven Serpents”, primer corte del último trabajo.
Y acá reapareció el principal enemigo de la noche: el sonido. Al menos adelante, ambas guitarras estaban bajas. La principal de Sami se escuchaba apenas, pero igual era tapada por el resto de los instrumentos e incluso por el coreo de melodías por parte del público. En cambio, la guitarra rítmica de Mille era casi inexistente. Se veía que estaba desplegando riffs asesinos y palancazos por doquier, pero no se podía apreciar. Esto, por suerte, se acomodó con el correr de los temas y la cuestión mejoró bastante. Pero el trago amargo de escuchar “Enemy of God” casi sin guitarras no me lo saca nadie.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Kreator – Krushers of the World (2026)
El setlist representó las dos caras de la moneda. Fue contundente, tribunero y muy festejado. Pero eso quiere decir que fue la misma lista de hace años, sin casi ninguna sorpresa, salvo por las canciones nuevas y “Endless Pain”, que no sonaba hace mucho tiempo.
Un momento a destacar fue “Loyal to the Grave”, donde Petrozza se colocó alas de ángel negro y el bajista tomó el cargo de la segunda guitarra.
Dejando de lado estos detalles de sonido y de la lista de temas, que son propios de un fanático exquisito, el concierto fue una paliza de thrash metal. La energía de la banda fue contagiosa e hizo que los 2300 asistentes perdieran la cabeza. El pit fue enorme durante todo el show y la gente no paró de volar por los aires. Esto hacía que los músicos se emocionaran y pidieran aún más energía y desmadre por parte del público.
El final llegó de la mano de dos de los más grandes clásicos del grupo: “Violent Revolution” y “Pleasure to Kill”, donde papeles rojos cayeron del cielo como si fuera una lluvia de sangre.
Al terminar, Kreator agradeció a los presentes, a la crew y a las otras bandas, ya que esta fecha fue el cierre del tour.
Sin duda, este tour fue muy memorable, ya que contamos con cuatro bandas icónicas y esenciales en su género. Si bien hubo desajustes sonoros, la energía del metal se mantuvo más viva que nunca y el espíritu de comunión está más fuerte que nunca.
Etiquetas: Carcass, Copenhague, Death Metal, exodus, Grindcore, Kreator, Live Nation DK, Melodic Death Metal, Nails, Poolen, Thrash Metal


Una de las bandas más importantes actualmente es Kreator. Esto gracias a sus clásicos discos de los 80, que ayudaron a forjar la identidad de los géneros extremos, y a sus trabajos a partir del 2000, donde a su rabia y violencia le agregaron una gran carga melódica.
El problema es que hace más de dos décadas continúan con la misma fórmula, y esta tiende a agotarse. El disco editado este 2026, Krushers of the World, se siente como un refrito en donde solo destacan los cortes de difusión. Y, siendo sincero, esto pasa hace tres discos fácilmente.
Pero aun así, siguen teniendo fama de ser un acto en vivo muy bueno, por lo que la gira estaba siendo muy exitosa a nivel ventas. También sumaban las bandas teloneras: los veteranos del death metal Carcass, otra banda pionera del thrash como Exodus y, por último, la banda de grindcore Nails. El pasado 25 de abril, este gigantesco tour terminó en la ciudad de Copenhague, donde pudimos apreciarlo.
Nails, los encargados de abrir la noche, dieron un show corto pero conciso. El trío desplegó su grindcore violento, generando una excelente reacción en el público. La ejecución de los temas fue quirúrgica y cuidada, sobre todo la del baterista, quien demostró ser un virtuoso del instrumento.
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Lamentablemente, el sonido no les jugó a favor. Era poco claro y muy grave, con la voz flotando por arriba. Pero esto no evitó que contentaran a la gente.
Llegó el turno de los gigantes del thrash Exodus, quienes dieron inicio a su show tímidamente con “3111”, perteneciente a su último disco, Goliath, que no tuvo buena recepción. Por suerte, la timidez dejó la presentación gracias al clásico “Bonded by Blood”, donde Poolen se transformó en un campo de batalla, y así continuó hasta el final. Rondas enormes, wall of death violentos y montones de crowdsurfers volando por los aires.
Esto no se debió únicamente al setlist asesino, sino también a la energía de la banda, sobre todo la del icónico guitarrista Gary Holt y el vocalista Rob Dukes, quienes orquestaban el desmadre. La ejecución de los temas fue asesina, con una energía y una potencia envidiables. Esta potencia tenía como corazón al gran baterista Tom Hunting, que le pega súper fuerte a los tambores, aportando una fuerza increíble.
Desafortunadamente, el sonido fue feo. Era una bola de ruido dispar, en la que costaba apreciar los instrumentos con detalle. Apenas se distinguían los riffs; la voz estaba en un volumen correcto, pero se perdía en la mezcla. Lo único que se escuchó bien fue la batería.
Sin embargo, esto no opacó un concierto que se transformó en una fiesta metalera.
El tercer acto fue Carcass, y desde el primer momento la diferencia de sonido fue notoria. Contaron con un sonido claro, nítido y definido, permitiendo apreciar hasta el más mínimo detalle en todos los instrumentos y, por sobre todo, disfrutar de esas melodías de guitarra tan icónicas y que nos hacen tan felices.
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Desafortunadamente, el baterista de Carcass, Daniel Wilding, debió dejar el tour por una emergencia familiar, por lo que fue reemplazado por el actual baterista de Opeth, Waltteri Väyrynen, una auténtica bestia del instrumento. No solo cumplió su rol, sino que también aportó otros matices y toques personales a las ya intrincadas canciones.
El setlist estuvo compuesto por los temas más icónicos del grupo, incluyendo todas sus etapas. Los momentos más destacados fueron “Incarnated Solvent Abuse”, donde el pogo estalló; “Exhume to Consume”, cantada por Bill Steer; y el final con la clásica e icónica “Heartwork”.
Tras un extenso saludo y luego de arrojar al público montones de púas, palillos y listas de temas, Jeff Walker y los suyos dejaron el escenario caliente para el plato principal de la noche.
Apenas terminó la banda anterior, un telón blanco tapó el escenario. Este sirvió como pantalla para reflejar el video de introducción de Kreator, que dio pie a “Seven Serpents”, primer corte del último trabajo.
Y acá reapareció el principal enemigo de la noche: el sonido. Al menos adelante, ambas guitarras estaban bajas. La principal de Sami se escuchaba apenas, pero igual era tapada por el resto de los instrumentos e incluso por el coreo de melodías por parte del público. En cambio, la guitarra rítmica de Mille era casi inexistente. Se veía que estaba desplegando riffs asesinos y palancazos por doquier, pero no se podía apreciar. Esto, por suerte, se acomodó con el correr de los temas y la cuestión mejoró bastante. Pero el trago amargo de escuchar “Enemy of God” casi sin guitarras no me lo saca nadie.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Kreator – Krushers of the World (2026)
El setlist representó las dos caras de la moneda. Fue contundente, tribunero y muy festejado. Pero eso quiere decir que fue la misma lista de hace años, sin casi ninguna sorpresa, salvo por las canciones nuevas y “Endless Pain”, que no sonaba hace mucho tiempo.
Un momento a destacar fue “Loyal to the Grave”, donde Petrozza se colocó alas de ángel negro y el bajista tomó el cargo de la segunda guitarra.
Dejando de lado estos detalles de sonido y de la lista de temas, que son propios de un fanático exquisito, el concierto fue una paliza de thrash metal. La energía de la banda fue contagiosa e hizo que los 2300 asistentes perdieran la cabeza. El pit fue enorme durante todo el show y la gente no paró de volar por los aires. Esto hacía que los músicos se emocionaran y pidieran aún más energía y desmadre por parte del público.
El final llegó de la mano de dos de los más grandes clásicos del grupo: “Violent Revolution” y “Pleasure to Kill”, donde papeles rojos cayeron del cielo como si fuera una lluvia de sangre.
Al terminar, Kreator agradeció a los presentes, a la crew y a las otras bandas, ya que esta fecha fue el cierre del tour.
Sin duda, este tour fue muy memorable, ya que contamos con cuatro bandas icónicas y esenciales en su género. Si bien hubo desajustes sonoros, la energía del metal se mantuvo más viva que nunca y el espíritu de comunión está más fuerte que nunca.
Etiquetas: Carcass, Copenhague, Death Metal, exodus, Grindcore, Kreator, Live Nation DK, Melodic Death Metal, Nails, Poolen, Thrash Metal








