


La agrupación española Khüll nos presenta su nuevo disco, titulado “Where Shadows Rise“, una obra que se adentra en los oscuros recovecos del black metal sinfónico con pinceladas de dungeon synth. Provenientes de la región de Murcia, Khüll nos ofrece una propuesta sonora que se aleja de sus trabajos anteriores, apostando por un black metal más melódico, épico y atmosférico.
El disco, editado por Naturmacht Productions, cuenta con una duración de 43 minutos y está compuesto por siete canciones que nos transportan a un universo de fantasía medieval plagado de reinos olvidados y paisajes desolados. La mente maestra detrás de este proyecto es Khüll, quien se desenvuelve con maestría en las voces, sintetizadores, guitarras y bajo, mientras que en la batería lo acompaña Syhobsh.
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El álbum abre con “Oath of War“, la primera de las pistas promocionales, que nos sumerge en una atmósfera densa y opresiva con riffs pesados que destilan melancolía y desolación. A continuación, “Rise of the Dark Dragons” se acerca un poco más al black metal tradicional, incorporando algunas melodías que la acercan al death metal melódico, sin perder de vista la esencia cruda y visceral del género.
“Son of the Shadows“, la canción más extensa del álbum, nos envuelve en una atmósfera poderosa y solemne, entretejiendo melodías melancólicas con pasajes instrumentales de gran intensidad.
A partir de la mitad del disco, el ritmo se acelera y la crudeza se intensifica con temas como “A Kingdom Hidden Behind the Sun“, que combina elementos de death/black metal, y “Eternal Moonlight“, un auténtico torbellino de furia sonora aderezado con sutiles melodías que se erigen como un contrapunto a la voz áspera del vocalista.
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“Farkeng’s Curse” nos golpea con un sonido black metal más pesado, caracterizado por un riff contundente que ejemplifica a la perfección el característico “muro de sonido” del género. La batería retumba con furia mientras las voces guturales rasgan el aire.
El disco finaliza con “Unholy Warrior“, un tema que resume a la perfección la esencia de “Where Shadows Rise”: una mezcla explosiva de black metal sinfónico, épico y atmosférico, con toques de dungeon synth que nos dejan con ganas de más.
Si bien es cierto que algunas de las canciones comparten ciertas similitudes, en su conjunto, este nuevo trabajo de los españoles se presenta como un álbum sólido y coherente, que sin duda agradará a los fanáticos del black metal sinfónico y aquellos que buscan descubrir nuevos sonidos dentro del género. La calidad de la producción, la variedad de matices y la pasión que se desprende de cada nota convierten a este disco en una obra más que disfrutable.
Etiquetas: black metal melodico, Dungeon Synth, España, Khüll, Naturmacht Productions

Que hayan pasado ya 15 años desde que Accept anunciaran su vuelta es una locura. Muchas bandas intentaron volver tras más muchos años de inactividad, muchas lo hicieron sin su cantante clásico y algunas intentaron reemplazarlo con un completo desconocido, ¿pero cuántas triunfaron intentando alguna de esas cosas? Porque los alemanes hicieron esa apuesta en 2009, cuando el guitarrista Wolf Hoffmann reactivó al grupo con el ignoto estadounidense Mark Tornillo (TT Quick) ocupando detrás del micrófono los enormes zapatos de la leyenda Udo Dirkschneider, y lo que podría haber resultado en un completo desastre terminó siendo uno de los regresos más grandes de la historia del metal, con varios de los mejores álbumes de la carrera de Accept siendo lanzados en la última década y media. O sea, Blood of the Nations es un álbum por el que bandas más grandes matarían por lanzar, y para Accept era su vuelta.
Dicho eso, desde hace un par de lanzamientos que se están sintiendo ciertas grietas en la fórmula de Accept. Su estilo de puro heavy metal germano (más allá de que ahora la mitad de los miembros sean estadounidenses) es simple, directa y efectiva, pero requiere de mantener cierta energía y manejar bien los riffs, y sin ser malo Too Mean To Die (2021) debe ser el punto más bajo de esta nueva etapa de Accept. Puede que haya afectado la salida del bajista Peter Baltes, el único aparte de Hoffmann que había estado en todas las formaciones de Accept, o las expectativas de niños mimados luego de cuatro años de espera tras el anterior The Rise of Chaos, pero el material no se sintió tan poderoso ni sólido como al que nos tenían acostumbrados los alemanes.
El decimoséptimo LP de Accept, y el primero tras firmar con Napalm Records, tendría la tarea de confirmar que al combo Wolfmann-Tornillo todavía le quedaban cartas bajo la manga y combustible en el tanque, encima en una año donde Judas Priest elevó la vara al momento de hablar de bandas dinosaurio sacando material tras más de 50 años de carrera. Los singles “Humanoid”, “The Reckoning” y “Frankenstein” eran dentro de todo era decentes, aunque sentí un rechazo inmediato por el video hecho con IA del último. Así que ahora quedaba escuchar el disco y ver cómo funcionaban dentro de ese contexto.
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Humanoid tiene todo lo que habría de esperarse de un nuevo álbum de Accept en 2024. ¿Riffs machacados que incitan a dejarse el cuello haciendo headbanging? A raudales. ¿Un doble bombo que pega bien en el pecho? Casi constante. ¿Letras bien cuadradas sobre algún tema masculino? Ya sólo con “Man Up” y “Straight Up Jack” cumplirían con la cuota, pero hay en cantidades. ¿La voz chillona y curtida de Tornillo comandando los versos? No puede faltar de ninguna manera.
Cumpliendo en términos de estilo, Humanoid ahora debe cumplir en términos de sustancia. ¿Y cómo le va en eso? Ciertamente mejor que a Too Mean to Die, teniendo riffs más sólidos y una variedad interesante dentro de lo que puede pedírsele a este rejunte de metaleros cabezaduras. Arranca con “Diving Into Sin”, con sus interesantes melodías exóticas en la intro y ese doble bombo asesino, conformando parte del material más “power” de Humanoid, y lo mismo podría decirse de “Humanoid”, el tema título que sigue con las mismas virtudes.
“Man Up” es uno de esos medios tiempos pesados clásicos de Accept, de los que uno podría imaginarse a Tornillo animando al público para que cantara junto a él en el estribillo, a lo “Balls To The Wall”. “The Reckoning” viene después para volver a la velocidad, mientras que “Nobody Gets Out Alive” tiene una onda más melódica y liviana, como de las bandas de los ochentas cuando experimentaban con el hard rock.
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Hablando de hard rock, dos de las canciones más particulares de Humanoid se encuentran en la segunda mitad. Inaugurando esta sección tenemos a “Ravages of Time”, que abre con una balada centrada en la idea de una vida dedicada a los excesos que ha dejado sus secuelas en un hombre. Es una canción extrañamente sombría en el contexto de este álbum, aunque indudablemente este personaje ha vivido “a su manera”. Pero luego viene “Unbreakable” viene después para marcarnos que no hay que tomarnos súper en serio lo de antes.
La otra canción llamativa es “Straight Up Jack”. La influencia de AC/DC en la obra de Accept es indudable. Siendo básicamente una síntesis de Judas Priest y los hermanos Young. Pero en esta anteúltima canción parece directamente un tributo a los australianos, con sus riffs rock’n’rolleros y su actitud callejera, haciendo un homenaje al whiskey sin hielo. Corta y directa en sus intenciones, perfecta para preceder a “Southside of Hell”, que para mí es la mejor canción de este Humanoid junto a “Diving into Sin”, dando un buen balance.
Así que, ¿cómo sale Humanoid de todo esto? Aunque un tanto alejado del nivel de los primeros discos junto a Mark Tornillo, el sexto álbum de esta nueva etapa tiene a Accept subiendo la vara con respecto a sus últimos trabajos, ofreciendo la misma fórmula de siempre pero mejorando la ejecución. Si te gustó cualquiera de los álbumes con el estadounidense en las voces, Humanoid saciará el hambre de escuchar más de eso, sin pretender mucho más de lo que uno se espera.
Etiquetas: Accept, Alemania, Hard Rock, Heavy Metal


Personalmente les conocí a través de su EP “Fault” (2019) con su tema “Russian Roulette”. Nunca había escuchado una agresividad tan cruda y desgarrada dentro del hardcore. Solo sentía frialdad (y ganas de pegar a una maceta). Como haríamos todos, me sumergí en su discografía echando un vistazo a su más reciente álbum por aquel entonces; “A Quiet Place To Die”. No tenía palabras.
Mi sensación inicial se asemejaba a cuando descubrí Gojira hace unos 10 años. Parece extraño comparar a un gigante del Death/Groove con Alpha Wolf pero es así. Esa personalidad única tan bien escrita era muy rara de ver.
Los escuchas y sabes que son ellos. un sello de identidad único, aferrándose parcialmente a distintos aspectos del Hardcore, otros del Deathcore e incluso Djent o Nu Metal. Es algo muy complicado el hecho de no asemejarte a otras bandas, la cantidad es enorme y es algo por lo que tenemos que estar agradecidos. Los australianos lo vuelven a reivindicar. El metal está mas vivo que nunca.
En este nuevo álbum observamos la continuidad en el estilo de la banda. Una apuesta conservadora. Aunque he de admitir que me he llevado alguna que otra sorpresa. Otra vez, nos encontramos con una fórmula similar a la anterior entrega, solo que con unos pocos matices que iremos viendo a lo largo de la reseña.
Nos ponen el caramelo en la boca con Bring Back The Noise para ir excitando las papilas. Double – Edge Demise y Haunter serían los siguientes temas, asemejándose al estilo “Slam” que aplican bandas como Kublai Khan TX o Paleface. Sucks 2 Suck es sin duda el tema estrella de esta obra, consiguiendo más de 2 millones de escuchas en menos de dos semanas. Esta cuarta canción del álbum contaría con la sorprendente presencia del aclamado ICE T. Este, allana el camino para lo que sería el preludio de uno de los mayores breakdowns de la banda.
Desde un aire a Limp Bizkit hasta un breakdown más que “djenty”. Esta obra de los australianos da mucho de si. Otro plato fuerte es Whenever You’re Ready. Nos movemos desde el Post Metal con un ambiente melancólico, el cual se desplaza poco a poco hacia el Djentcore más moderno, sin perder la esencia inicial. Definitivamente, una variación que ya habíamos visto en A Quiet Place To Die, en el tema de despedida Don’t Ask….
Pretty Boy, Mangekyō y A Terrible Day For Rain nos devuelven a la agresividad característica de la banda, hablándonos sobre una fuerte crítica a la sociedad y lo presionados que nos podemos sentir en todo momento y como el suicidio, tristemente, puede ser el escape para muchos entre toda la ignoráncia. He de hacer un reconocimiento a Mitch, el batería de la banda. Estos temas, en especial A Terrible Day For Rain, son realmente un muro de sonido.
Feign sería un tanto más lento. Un tema para romper cabezas entre el público. Un tema para inflar nuestras cervicales como si de globos se tratase. Para mí, mi canción preferida de este nuevo trabajo. Entraríamos en la recta final con el más puro Hardcore con Garden of Eyes para encararnos hacia el tema homónimo, con una curisosa base de sintetizadores como atmósfera de la canción. Ahora, si que si, nos adentramos en el tema de cierre del álbum.
Ambivalence nos enseña el gran abanico de habilidades de los Tasmaneses, con una mezcla entre voces limpias, riffs intercalados de Thrash con Groove, armónicos resonando en las vueltas y una batería más que técnica y polirrítmica. Realmente es un gran trabajo como cierre de un álbum tan movido.
Como mencionaba anteriormente, los liderados por Lochie Keogh saben como darnos profundamente y hacernos sentir esa senación que despierta nuestra rabia, dando relevo a una nostalgia extravagante de la mano de canciones como las que nos hemos encontrado en este álbum. Un álbum que en definitiva, postula como uno de los mejores para este año.


Con apenas un par de EPs y splits, los estadounidenses SeeYouSpaceCowboy habían generado suficiente atención a su alrededor en la prensa musical incluso antes de la salida de su LP debut The Correlation Between Entrance and Exit Wounds en 2019. Y las razones estaban bastante claras, con un sonido claramente influenciado por el metalcore de la década de los 2000 pero mucho más caótico y ruidoso, bebiendo también del hardcore y el screamo y con una actitud que recuerda mucho a la escena alternativa de los noventas, sobre todo en la estética y la ironía en los títulos de las canciones. En una época donde todos estos géneros están teniendo su revival nostálgico, lo de estos californianos sonaba como un regalo.
Ese había sido un buen debut, pero creo que fue con el segundo The Romance of Affliction donde SeeYouSpaceCowboy confirmaron que lo suyo no era sólo hype, sino que también estaban para más. Fue en ese álbum donde limaron algunas de las asperezas de su propuesta, algo que podría describirse como “querer volverse más accesibles”: la banda seguía sonando ruidosa y caótica y la cantante Connie Sgarbossa sigue dejando sus cuerdas vocales en cada grito, pero ahora tenían una mejor producción, canción un poquito más largas y algo más de voces limpias, que aunque les faltara una pulida mostraban que el quinteto tenía planes más grandes.
Tras estos dos trabajos que cumplían con creces y prometían mucho más a futuro, las expectativas con respecto a Coup de grâce, tercer álbum de SeeYouSpaceCowboy, eran bastante altas. No digo que fuera lo nuevo de Judas Priest en cuanto a la espera, pero si estabas en los círculos de música rara de la Internet había mucha gente esperándolo.
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El inicio con “Allow Us To Set The Scene” tiene a la cantante invitada iRis.EXE, que con su nombre sacado de Mega Man encaja perfecto con el nombre sacado de Cowboy Bebop de la banda, dando una performance con atmósfera de cabaret con la combinación de su dulce voz y el suave saxofón. Esto dura exactamente 75 segundos, cuando al segundo 76 aparece Connie gritando y la banda azotando sus instrumentos para demostrarnos que si hay una escena para establecer, es la de su propio sonido, con un breakdown lento y pesado extendiéndose por el resto de esta intro.
Esa intro suave será inesperada, al igual que la manera en la que se corta, pero no es tan engañosa como podría llegar a parecer a primera escucha. No tanto en el sentido del cabaret, porque SeeYouSpaceCowboy no se convirtieron de repente en The Dresden Dolls, sino en que Coup de grâce es por lejos el trabajo más accesible del grupo hasta el momento, y de una manera mucho más perceptible que en The Romance of Affliction. “Subtle Whispers To Take Your Breath Away” es, justamente, sutil en esto, pero tiene una intro y un riff principal que eventualmente me recordó a “Misery Business” de Paramore. No es tan tremendo como suena, porque la banda combina ese sonido con esos gritos de Connie que mantiene a la canción en el terreno del screamo / “sasscore” (la microescena de la que SeeYouSpaceCowboy provienen), aunque también con versos de voces limpias.
Este estilo con más estribillos y voces limpias post hardcore sigue con tracks como “Red Wine and Discontent” y “Sister With A Gun”, esta última con bastante influencia pop punk. Pero canciones como “Silhouettes in Motion” y “Chewing The Scenery” muestran a SeeYouSpaceCowboy en su estilo más metalcore, con esos riffs erráticos que parece algo que Converge grabaría si sus miembros usaran delineador y pulseras a cuadros negros y rosas. La transición entre ambos estados es menos extraña de lo que parece, y a medida que van pasando las canciones uno simplemente se va perdiendo entre la nostalgia por una época que puede que no haya vivido.
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Al igual que en The Romance of Affliction, acá también tenemos cantantes invitados. Mencionábamos antes a iRis.EXE, y también vuelve a aparecer en “Respite for a Tragic Tale”, un interludio hecho en el mismo estilo jazzero de la intro pero ahora en una canción completa incluso acompañada por aplausos al final que también sirven de transición para “Silhouettes in Motion”. También está Kim Dracula, artista de quien nunca había escuchado hablar porque se maneja en un mundo (el del rap emo) del que no conozco nada, y que aparece en “Lubricant Like Kerosene” dando una aporte más decente de lo que esperaba, mostrando un buen rango en su voz.
“Rhythm and Rapture” tiene a nothing,nowhere. (sí, el nombre se escribe con puntuación y todo en minúsculas), rapero con el que la banda ya había colaborado anteriormente en su canción “Psycho_Psychiatry” y que ahora realiza una devolución de favores. Al igual que con Kim Dracula, nothing,nowhere. se enfoca en cantar y lo hace bastante bien, pegando con el estilo más emo-pop del track.
Por lejos, la invitada más importante es Courtney LaPlante, quien se hiciera conocida como cantante de iwrestledabearonce y que ahora hace lo propio con Spiritbox, en “To The Dance Floor For Shelter”. Esta canción combina esos momentos súper suaves con explosiones hardcore y metaleras, con la cantante canadiense dando una gran aporte con sus voces melódicas y más tarde combinándolas con los gritos inhumanos clásicos del estilos.
Como se esperaba, Connie hace un gran papel detrás del micrófono, tanto al gritar como dando voces limpias, y el dúo de Ethan Sgarbossa y Timmy Moreno hacen un trabajo fantástico en los riffs, tocando estas notas erráticas como si nada. Es una pena que el bajo de Taylor Allen no se note tanto en la mezcla, habiendo podido ver grabaciones en vivo donde se nota su habilidad en las cuatro cuerdas, así que queda decir que AJ Tartol es una máquina en la batería. Ayuda mucho el buen sonido que le dio la producción, siendo que hay bandas grandes que últimamente no logran que suene así (remítanse a la reseña de lo último de Pearl Jam para una muestra de ello).
Estoy seguro que Coup de grâce va a ser el disco más divisivo de la carrera de SeeYouSpaceCowboy hasta el momento, no sólo por el estilo más pop sino también por las elecciones de invitados, aunque no me sorprendería que ese fuera el intento de la banda desde un comienzo. Pero personalmente me parece un disco muy bien hecho, todavía manteniendo la idea de revivir ese sonido emo/hardcore de hace 20 años pero sin que suene como un copiado y pegado. Para los que tengan nostalgia o curiosidad por toda esa escena, el tercero de estos estadounidenses es un trabajo muy recomendable para experimentar una propuesta moderna de ese estilo.
Etiquetas: Estados Unidos, Metalcore, Post Hardcore, Sasscore, Screamo, SeeYouSpaceCowboy

Dool (no se pronuncia como “tool” pero con “d”, sino usando algo más parecido a una sola “o” en español, es un término holandés que significa “vagar”) es una alucinante banda holandesa de cinco integrantes, liderada por la carismática Raven van Dorst (cantante y guitarrista), que ejecuta un “dark heavy rock” con un estilo tan particular que solamente podemos aproximarnos a esbozarlo con varias pinceladas distintas. Podría decirse que combina elementos de goth rock, hard rock y post-rock, con momentos darkwave y de metal, los cuales pueden ser muy reminiscentes de las expresiones pesadas de los 80’s, incluso del glam (Heart, Vixen, Dokken, etc.), en el sentido sonoro, por el romanticismo de los solos de guitarra y el gancho de los riffs -sin negar la magia de la voz de Raven- pero también porque ese estilo de aquella década dorada también hacía gala de la androginia, y eso, en cierto modo, algo tiene que ver con Dool, como ya veremos.
El quinteto se completa con Nick Polak y Omar Iskandr en guitarras, J.B. van der Wal en bajo y Vincent Kreyder en batería. Este disco es el tercero, tras los brillantes “Here Now, There Then” (2017) y “Summerland” (2020), además de un álbum en vivo y dos EP. Suele decirse que el tercer LP de una banda es el que define su destino como una nueva referencia en la escena, ya que, si alcanzó triunfante este punto, ha demostrado no ser otro proyecto efímero. También algo hay del viejo refrán “la tercera es la vencida”. Pues bien, este trabajo de Dool, sin decir que necesariamente sea el mejor (ya que los anteriores fueron excelentes), mantiene el nivel y muestra al conjunto con un semblante más maduro, afirmando y consolidando una propuesta en su entrega de mayor esfuerzo colectivo hasta la fecha.
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Si bien, “The Shape of Fluidity” no es un álbum conceptual, está atravesado por la temática de la búsqueda de la propia identidad en un mundo desafiante, arbitrario, injusto y violento. Un aspecto que resulta fundamental al respecto es la historia personal de Raven, que nació en 1984 como bebé intersexual y fue quirúrgicamente forzada a tener un sexo femenino y criada en consecuencia, es decir, siguiendo los mandatos sociales patriarcales que indican las características del género asignado como correspondiente al sexo biológico en cuestión. Con el tiempo, Raven decidió luchar por lo que se le intentó quitar: la posibilidad de expresar una forma de ser más allá de lo binario, que, en su caso, de hecho, era su derecho de nacimiento (lo que no implica que, en efecto, no sea un derecho de todas las personas sin importar su anatomía y fisiología al nacer). La lucha de Raven llevó a que también se convirtiera en una personalidad mediática, como protagonista en una serie de TV holandesa y como integrante del jurado de RuPaul’s Drag Race Holland. Además, tuvo su propio reality show en la televisión de su país y participó de una serie documental acerca de la identidad de género.
Quiero aprovechar esta reseña para informar un poco acerca de la intersexualidad, en honor a Raven y a todas las personas intersexuales. Por mucho tiempo, se habló de “hermafroditismo” en individuos que nacían con genitales “ambiguos”. Sin embargo, esta denominación es errónea, ya que en las especies animales en las que se encuentra el fenómeno del hermafroditismo, lo que sucede es que un mismo individuo posee órganos genitales femeninos y masculinos completos, en ocasiones pudiendo hasta autofecundarse. Por supuesto, eso no es lo que ocurre en la especie humana, sino que, una de cada cinco mil personas, aproximadamente, nace con rasgos físicos que no pueden ajustarse a las categorías tajantes de “varón” o “mujer”. Esto va más allá de los genitales externos, e incluye la dotación cromosómica, el funcionamiento hormonal, el neurodesarrollo y el comportamiento. Tradicionalmente se ha optado por “decidir” el sexo al momento del nacer, realizando una cirugía que ampute “lo que sobra” en el plano externo, visible, por lo que suele ser más fácil elegir que la persona sea mujer para poder llevar adelante una crianza basada en esa falsa premisa. La triste realidad es que esto suele implicar que una persona deba desarrollarse contra la corriente, ya que nació de una manera que se resiste a ajustarse a las imposiciones culturales, más allá de la abominable práctica de intervenir un cuerpo infantil de manera irreversible condicionando la adolescencia y la adultez. Esto ha llevado, en varios casos, a historias muy tristes de trastornos mentales y algunas han terminado en suicidios. En el caso de Raven, no hace falta aclarar que su condición se refleja en su voz tan especial, tanto en el sentido tímbrico como en cuanto a su mensaje.
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“Todo fluye, nada permanece nunca igual. La vida en sí misma está en un constante estado de flujo”, dice Dool, siguiendo al filósofo griego Heráclito, y el espectacular disco que nos entregan, es un viaje de casi 50 minutos (divididos en nueve tracks) a través del devenir del ser. La portada del disco es la fotografía de una bandera blanca: una hermosa representación que condensa demasiados significados. Una mezcla de tabula rasa, un recordatorio de que la luz blanca incluye todos los colores (por lo tanto, puede descomponerse mediante un prisma), una señal de tregua o de rendición, aunque, en este caso, no sería ante nadie, sino un modo de aceptación de la realidad innegable de la esencia de lo que cada cual es. Además, una bandera flamea con el viento, capta algo del sentido de ese fluir.
El título de cada canción concentra, en sí mismo, la potencia de un manifiesto identitario. “Venus in Flames” es un track glorioso, de un poderío épico. El video, consistente con esta impresión, nos muestra a dos personas anónimas usando armaduras medievales enfrentándose con espadas en una playa, a orillas del mar (símbolo por excelencia del perpetuo movimiento de las cosas). Luego descubrimos sus rostros, justo antes de que se rindan sonriendo. Volviendo a la música, esta canción, que fue el segundo single, tiene mucha fuerza y ya nos ofrece la primera demostración de esa cualidad tan propia de Dool: los estribillos que se convierten en earworms. El trabajo de las guitarras es espectacular. Recordemos que, incluso en vivo, son tres. Los cambios, los cortes, las transiciones (sic) son maravillosos, lo que da cuenta de una labor compositiva de tremendo nivel. Esta melancolía sonora -instrumental y vocal- encuentra un modo contundente de hacernos reflexionar a la vez que gozamos.
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“Self-Dissect” empieza a puro impacto, los riffs vuelan como latigazos. Raven despliega su voz con maestría. No necesita la conquista feminista de los guturales: su expresión es biológica, psicológica, antropológica, sociológica y políticamente única, trascendiendo la técnica. Los solos de guitarra son totalmente fantásticos. Dool es una criatura impiadosamente amorosa: no se me ocurre ningún sector de la audiencia del rock y del metal que pueda decir que su música no es de calidad y que, además, no la disfrute, si es que no tiene prejuicios. Llega el track homónimo al disco: una pieza de una belleza conmovedora. Cada palabra, cada verso, cada estrofa, es testimonio de la odisea de construir el modo propio de ser y estar en el mundo. La dulzura de Raven destila sabiduría. El estribillo es uno de los mejores que he escuchado en varios años y como ya dije, se me ocurre comparar la sensación que me genera con ese encanto que emanaba de la creación musical en la década de los 80’s. Cada canción de Dool es un ejemplo de cómo traducir emociones en arte.
“Currents” funciona como una suerte de interludio, un eco del track anterior que nos va llevando, progresivamente, al siguiente, “Evil in You”, de actitud más enérgica, sigue este recorrido sublime logrado a partir de una mezcla excepcional del aporte de los elementos que se escuchan con una claridad exquisita, aparte de que el talento musical de cada integrante de la banda es innegable. El encargado de la mezcla fue Markus Lindberg (miembro de Cult of Luna, quien, además de producir los discos de su banda, ha trabajado con Russian Circles, entre otros) y la masterización fue realizada por Ted Jensen (que hizo lo propio con AC/DC, Talking Heads y Ghost). Estos datos ayudan aún más a entender la mística lograda por Dool.
En “House of a Thousand Dreams” nos encontramos con lo más cercano a una balada, que incorpora una voz masculina, y luego explota con una intensidad asombrosa, que se incrementa en “Hermagorgon” con su impactante riff a puro metal moderno. Este primer single fue el que me puso en alerta de que la banda estaba a punto de alzarse imparable. Escuchar Dool hace que la electricidad circule por mi médula espinal. “Soy la hija de mi padre y el hijo de mi madre”, ¿cómo no empatizar con un dolor tan crudamente descripto? Aprender a fluir entre las rígidas espinas de los estereotipos de género es extremadamente difícil: son imposiciones culturales contra una naturaleza que los trasciende infinitamente, que es una fuente de incontables posibilidades.
“Hymn for a Memory Lost” me hace sentir que la sorpresa es inacabable: la capacidad de Dool para crear grandes canciones no se agota. En este álbum no hay absolutamente nada de relleno y mi mente ya está repleta de melodías que me acompañan todo el tiempo, no sé hasta cuándo… Más solos de guitarra que me transportan y ya no adónde. El disco termina con “The Hand of Creation”, sombría, apesadumbrada, un in crescendo de meticulosa elaboración que finalmente nos golpea con más de esos preciosos riffs y así, “The Shape of Fluidity” formará parte de mi lista de lo mejor del año y lo recomiendo enfáticamente a cualquier persona amante de la buena música.


La leyenda de culto dentro de la extrema escena del black metal noruego de principios de los 90, el dúo integrado por Fenriz y Nocturno Culto ha volcado su energía creativa en componer y editar discos con la precisión de un reloj, alejados de las presentaciones en vivo desde el cambio de milenio. “It Beckons Us All“, es nada menos que el vigésimo primer larga duración de estudio de Darkthrone, y el cuarto en cinco años tras “Astral Fortress” de 2022.
Atmósferas heladas y una dosis de innovación se mezclan con guitarras al más puro estilo NWOBHM en el nuevo álbum del dúo noruego.
La portada del álbum corrió a cargo del artista polaco Zbigniew Bielak, quien ya había colaborado con Darkthrone en las reediciones de “Plaguewielder” y el demo “Goatlord” editado por la banda en 1996. En esta ocasión, Bielak nos regala una obra de arte visualmente impactante que captura a la perfección la esencia del álbum, representando su atmósfera de manera magistral.
Como un eco de la portada del LP, la intro de sintetizador retro espacial de “Howling Primitive Colonies” da paso rápidamente a un riff y groove de ritmo medio. El tempo más lento y la atmósfera densa dejan entrever la influencia doom que ya se había insinuado en “Eternal Hails” de 2021.
“Eon 3“, la siguiente canción, alberga algunos de los mejores riffs del disco. El tema transita desde el galopante territorio de la NWOBHM encontrando la influencia de Mercyful Fate en su punto más álgido y nos sumerge a través de pasajes de proto-black metal hasta desembocar en un inmenso final de death-doom.
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El primer single, “Black Dawn Affiliation“, pisa el acelerador con Fenriz impulsando a Nocturno Culto con rellenos y un ritmo endiablado en lo que ya se ha convertido en una marca registrada de Darkthrone, la mitad final de la canción presenta un gancho de guitarra con un sutil toque de death metal de los ’90 y con el grupo repitiendo y construyendo hasta llegar a una conclusión inquietante. .
A continuación, el instrumental “And In That Moment I Knew The Answer“, una pieza que debo admitir que no esperaba pero que me sorprendió gratamente y fluyó de manera muy natural, estructuralmente presenta una gran progresión y atmósfera, sirviendo como un hermoso interludio que llena el vacío entre dos canciones.
En “The Bird People Of Nordland” vuelven a una dirección más cercana a Celtic Frost. Es difícil quejarse de esto, ya que han tomado esta influencia y continúan transformando este sonido en algo de su propia creación.
La canción tiene mucho pesimismo y melancolía, creando una sensación inquietante que te mantiene completamente hipnotizado por la energía de la canción. Una epopeya de diez minutos de duración que cierra con un riff que pretende sonar como la antes mencionada banda del “rey diamante”.
Puede que no sea un regreso al black metal, pero las guitarras tienen suficientes tendencias oscuras para mantener contentos a sus fans.
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Los dos temas finales contrastan fuertemente entre sí. Mientras que “The Heavy Hand” es corto y contundente, incluyendo nuevamente sonidos característicos que se asemejan a los creados por Tom G. Warrior, el tema final es realmente experimental en algunos puntos. Con poco más de diez minutos de duración, tiene espacio para explorar diferentes ideas.
El tema varía desde un comienzo sereno, pasando por una sección media lenta y decidida que se reduce cerca del final a elementos casi prog.
Al igual que en sus últimos lanzamientos, Darkthrone vuelve a hacer uso de su bien elaborado black metal, integrando una gran cantidad de elementos de heavy, speed y doom metal. Todos estos estilos se combinan a la perfección a través de pesados riffs a medio tempo y el clásico sonido de la batería que caracteriza a la banda.
Personalmente, aunque muchos prefieran los primeros trabajos del dúo, generalmente adoro la dirección que han tomado en los últimos 4-5 álbumes, porque siguen expandiéndose con una variedad de estilos e ideas que podrían considerarse adecuados para gente como yo que no se limita a un solo género/subgénero, porque hay mucho para todos.
Recién llevamos 4 meses de este 2024, sin duda se está poniendo bueno con todos estos lanzamientos de metal noruego, empezando por “Arcana Rising” de Coffin Storm, pasando por “Du dømmes til død” de Khold, el “Fall” de Borknagar y este “It Beckons Us All”, si bien es prematuro decirlo, estará en mis discos top cuando hagamos el recuento de grandes discos a fin de año.
Etiquetas: Black Metal, Borknagar, Celtic Frost, coffin storm, Darkthrone, Fenriz, It Beckons Us All, Khold, Nocturno Culto, NWOBHM, Peaceville Records


Nuevo álbum de lo que yo considero “la selección” del death metal, una banda que desde su origen supo tener muy buenos músicos, nada más ni nada menos que Six Feet Under quién presenta su nuevo material “Killing for Revenge”, el material de larga duración que saldrá a través del sello Metal Blade y que representa el trabajo número 14 de la banda saldrá este 10 de mayo.
La formación de este nuevo trabajo de la banda está conformada por Chris Barnes, ex Cannibal Corpse, inoxidable voz de este género, Ray Suhy en guitarra, Jack Owen, otro ex Cannibal y también ex miembro de Deicide, Jeff Hughellen bajo y Marco Pitruzzella en batería.
La banda de death metal de Tampa, y también orientada a lo que se denomina “death and roll” trae 13 ejecuciones, siendo la número 13 un cover de Nazareth que viene incluido únicamente en el formato CD Digital.
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“Know Nothing Ingrate” da inicio a este nuevo álbum, un tema con una composición pesada, riff duros, típicos del género y la voz de Chris Barnes que lejos de estar a la par de de sus mejores épocas sigue dando guerra en esto, sin utilizar lo que es su famosa muletilla del chillido y gruñendo como en sus inicios y el primer álbum de Six Feet Under, “Haunted” del tan lejano 1995.
De la segunda canción “Accomplice To Evil Deeds” debo decir que me sonó muy similar al primer tema, quizás utilizando los mismos recursos de composición, avanzando al tercer tema “Ascension” fue cómo encontrarme con el viejo Cannibal Corpse, el de la “Chris Barnes Era”, su voz acá suena mucho más podrida y limpia, batería con diferentes tempos y guitarras acompañando como motosierras que van de un lado para el otro, me hicieron sentir como si estuviera escuchando “Eaten Back to Life” .
El 4to tema “When The Moon Goes Down In Blood” arranca con un curioso riff y la batería acompañando dando inicio a un machaque que acompaña Barnes al mejor estilo “rap”, quizás un poco difícil de escuchar al principio pero termina siendo agradable.
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A partir del quinto tema en adelante comienza lo que terminaría denominando yo como la parte “death and roll” del trabajo, temas pegadizos, bien rock and roll pero con todo el componente de velocidad y pudrición, quizás lo que más me gusta de la banda de Barnes y compañía.
Regresando a la velocidad extrema del género, nos encontramos con “Judgment Day”, una instrumental en este caso que suena muy bien, llegando al final del trabajo nos encontramos con 2 canciones que simplemente parten la cabeza, realmente escuchar esto y compararlo con el último trabajo de Six Feet Under dónde se hizo un especial énfasis en la voz de Barnes, sus gruñidos y el famoso grito que lo caracterizó y escuchar esto nuevo de su parte es realmente tener dos cosas completamente distintas en posesión.
Por un buen rato se me hizo volver a escuchar al Barnes de los 90s, el que probablemente tenía la voz más podrida del “metal de la muerte” y si tenemos en cuenta el contexto de que ya es un tipo con larga trayectoria, vicios y un largo etc, escuchar esto lo hace doblemente épico y una nueva vez más lo hace reinventarse.
Etiquetas: Cannibal Corpse, death & roll, Death Metal, Deicide, metal blade records, Six Feet Under


De la misma manera que me pasa con un montón de películas, series, libros y demás, en los últimos años estuve explorando movidas musicales que en su momento me perdí, porque en muchas ocasiones no me meto en algo cuando todos están hablando sobre ello, y a veces es mejor ver algo con un poco de retrospectiva a mano. Una de esas es la movida “-core” en Argentina, no la del “hardcore” tradicional de los noventas sino esa que se desarrolló en los 2000 a la par de la explosión del metalcore en EEUU, donde etiquetas como “metalcore”, “post hardcore”, “easycore”, “emo” y demás se confunden unas con otras porque todas comparten público y bandas en común. Y con la gente de Mi Última Solución lanzando nuevo álbum, ahora puedo seguir con esa exploración del pasado y también hablar del presente al mismo tiempo.
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Mi Última Solución, o MUS para hacerla más corta, tiene ya sus años de experiencia, habiendo lanzado su primer álbum En Cada Caída en aquel ya lejano 2012, y ahora sacan su flamante lanzamiento Reflejos De Uno Mismo de manera independiente.
Los dos primeros adelantos fueron “La Decisión” y “Horizonte”, y ambas muestran dos intenciones diferentes, con la primera siguiendo de cerca la fórmula de MUS, mezcla de violencia y gancho, mientras que la segunda es más “experimental”, con ese efecto en una de las guitarras aplicado a un riffs casi constante a lo largo de la canción, además del break de batería. Los elementos electrónicos también tienen su espacio en el álbum, como se ve en los beats en la introducción de “Vértigo” y en la primera parte de “Trauer”, una suerte de balada metalcore.
La mayor parte del álbum se puede describir con la ensalada de etiquetas que mencioné antes: riffs hardcore, breakdowns y algunas voces gritadas por un lado, mezclado con estribillos explosivos, vocalizaciones mayormente limpias, coros multitudinarios y otras elementos de ese estilo. Sumado a una producción ultra limpia, queda un combo muy sólido, con “Resistiendo” y “El Farsante” siendo dos de las más recomendables.
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Una de las canciones más particulares es “Siempre”, no tanto por el estilo general sino por la inclusión como invitados de los pop punk cristianos Sullivan, porque la escena core moderna debe ser de las pocas donde las bandas cristianas pasan bastante desapercibidas al lado de las seculares, sobre todo porque las letras son difíciles de diferenciar si no hay referencias religiosas explícitas. La unión de ambos grupos en el track funciona muy bien, con el contraste de voces entre el estilo aguerrido de Sebastián Vázquez y el más juvenil y melódico de Isaac Rosales (Sullivan), dando lugar a uno de los mejores momentos del disco.
A la larga podría tornarse repetitivo, pero con apenas 29 minutos Reflejos De Uno Mismo es un álbum que deja su marca y con ganas de más, invitando al replay gracias a sus canciones pegadizas y su sonido poderoso. Está muy claro que es un disco hecho para fans del estilo y que los más puristas pueden sentir rechazo por sus elementos menos tradicionales, sobre todo por el lado de la electrónica y el uso del autotune en “No Te Rindas”, pero es innegable lo bien hecho que está en todos sus aspectos, y termina siendo muy recomendable para la gente que ya esté metida en esta onda. A escucharlo sin culpa.
Etiquetas: argentina, Metalcore, Mi Última Solución, Post Hardcore, Sullivan

Las historias de encuentros con espíritus sobrenaturales son algo que se puede encontrar en casi todas las culturas humanas, casi siempre reflejando el ambiente donde estas se desarrollaron. En el folclore de las islas Feroe tenemos al “hamferð”, que es una aparición fantasmal: a veces es el fantasma de un alguien cercano a la persona a la que se le aparece para darle un presagio, otras veces es el fantasma de un marinero muerto en el mar. Y cuando la banda feroesa Hamferð decidió adoptar ese término como su nombre, parecen haberlo hecho por dos razones: mostrar el orgullo por sus orígenes isleños, y describir perfectamente lo que se siente encontrarse con la atmósfera fantasmagórica generada por sus canciones.
Desde que ganaran el Wacken Metal Battle en 2012, este sexteto ha ido en alza tanto en estatus como en popularidad, y nos ha dado la oportunidad a mucha gente de poder hablar de una banda de las islas Feroe que no sea Týr. Tomándose su tiempo con cada nuevo lanzamiento, en este 2024 Hamferð nos traen su tercer álbum de estudio Men Guðs hond er sterk, editado por Metal Blade.
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El sonido de Hamferð es una mezcla a la manera de Novembers Doom y, sobre todo, Swallow The Sun: doom metal de marcha lenta pero constante y con una mezcla de voces limpias y guturales, a la que se le agrega una fuerte carga melódica y extra melancolía en los riffs. El cantante Jón Aldará tiene un manejo excelente de las voces podridas y limpias, pudiendo sonar como un monstruo salido de los más profundo de los mares y poco después como un cantor tradicional lamentando las miserias de su pueblo. Junto con el uso del idioma feroés, su estilo de voces limpias también es un elemento clave, elevándose entre los riffs de Theodor Kapnas y Eyðun í Geil Hvannastein con un tinte épico que fácilmente recuerda al doom épico de los suecos Candlemass.
Todos estos son ingredientes muy loables, mas no sirven si las canciones no están a la altura. Pero Hamferð tienen el aspecto compositivo agarrado de los cuernos, porque las ocho canciones de Men Guðs hond er sterk nos sumergen de lleno en ambientes ancestrales, con las costas bañadas por el Atlántico y días siempre nublados. “Ábær” ya marca eso con esos riffs que pasan sin problema del machaque a la atmósfera distorsionada, con los colchones de teclados de Esmar Joensen aportando un elemento invalorable.
En su mayor parte el álbum se mantiene en ese estilo pero jamás aburre, en parte porque las canciones tienen duraciones dentro de todo normales pero también porque todo se mantiene en movimiento, como un reloj suizo que simplemente va muy lento. Pero hay tres canciones que muestran a Hamferð en sus momentos más extremos.
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Una es “Glæman”, una composición delicada y minimalista, con acompañamiento de piano y algunos punteos de guitarra, donde la voz limpia de Aldará se destaca, que por momentos recuerda a alguna de esas bandas de post metal, pero con Hamferð manteniendo ese estilo épico. En el otro extremo, “Hvølja” muestra a los feroeses en su versión más pesada y oscura, con las guitarras y el bajo de Jenus Í Trøðini por momentos apenas sonando como instrumentos y más como máquinas de distorsión. Y, por último, no todo es lentitud en Hamferð, porque “Rikin” combina sus elementos tradicionales con una sección directamente blackmetalera, donde la batería de Remi Johannesen hace estragos con sus blast beats. No queda para nada fuera de lugar, porque considerando lo densa que es la canción no sorprende que en algún momento explote de furia.
La final “Men Guðs hond er sterk” es una composición muy melancólica únicamente para la guitarra, que se ve acompañada apenas por un sample de una grabación de un pescador feroés de la década de 1950. Es un final perfecto para el álbum, con el relato del pescador en su idioma natal con el sonido de las olas sonando de fondo.
Men Guðs hond er sterk es simplemente un álbum hermoso, con canciones llenas de emoción (positivas o negativas, júzguelo usted) y llenas de dinámica tanto entre cada track como dentro de ellos, atrapando a cada moment. Sin haber tenido experiencia previa con el grupo, creo que este es uno de los mejores lanzamientos del año, y uno que va a dar pelea para mantener ese puesto.


Provenientes de Chile, los Uttertomb comenzaron sus actividades en 2009 bajo el nombre de Ultratomb. Luego, en 2011, adoptaron el nombre por el que se les conoce actualmente , desde ese año, la banda ha presentado pequeñas producciones, como el EP “Necrocentrism” de 2012, el sencillo “Sempiternal” (2016), una nueva grabación del EP “Necrocentrism” (‘Necrocentrism: The Necrocentrist’, 2017) y un split en 2019 con los peruanos Evil Spectrum que consta de 4 canciones por agrupación.
En 2024, la banda, a través de Pulverised Records, decide presentar su primera larga duración “Nebulas of Self-Desecration“. El álbum ofrece 43 minutos de puro tributo al género de la muerte en su versión más oscura.
El combo está formado por AV en la batería, SS como la voz cantante y guitarra solista, JR en el bajo y JC en la otra guitarra.
El álbum fue grabado en varias locaciones por Pablo Clares (Procession, Abrekadaver, Slaughtbbath, etc), mezclado por Claudio Salinas en Maestro 3 Studio y masterizado por Patrick Engel en Temple Of Disharmony.
El paisaje sonoro de Uttertomb es instantáneamente reconocible como descendiente de Incantation y otras bandas similares de los dorados años 90, donde la atmósfera está cubierta y empapada de tono y violencia.
Desde que se ve la portada hecha por el serbio Khaos Diktator, quien también participó junto a Asagraum, Hellwitch, Gaerea, Fuming Mouth, Innumerable Forms entre otros, podemos intuir hacia dónde va la idea de la banda.
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Dicho todo esto, comencemos a explorar este putrefacto álbum debut de los chilenos:
El LP comienza con una intro titulada “Nec Spe Nec Metu” en plan macrabro para darle paso al segundo track al que llamaron “Exhumation Of The Womb’s Splendour“, una maravillosa interpretación que incluye caos y texturas gracias a la oscuridad de los tonos que aportan los dos guitarristas, una canción mas que destacada.
“Graceless Thaumaturgy” nos inculca, desde el principio, unos ritmos un tanto emotivos y muy propios de ese death pausado de índole sentimentalista. Sin embargo, los sentimientos no duran demasiado, ya que después nos adentramos en unas atmósferas muy propias de las catacumbas más oscuras. Esta vez, los solos son más melódicos e incluso el solista se embarca en referencias más clásicas. En otras palabras, un buen death para las almas más funestas.
“Opisthotonic Funerals“: Como su propio nombre indica, es todo un manto de funeral doom con todas las de la ley en la mayoría de sus casi 7 minutos a medio tiempo. Incluye un riff que acompaña al oyente en todo ese sendero lleno de podredumbre.
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En “Aurora Cruoris” nos encontramos con un poco más de melodía e interludios atmosféricos dentro de la debacle del death metal nauseabundo que practica la agrupación. Resulta bastante efectiva.
Para el momento en el que suena “Seraphobia” podemos encontrarnos con un death metal más “old school” con numerosos cambios de ritmo. Los tonos de la batería, en ocasiones, se mueven por movimientos progresivos. Es uno de los temas más versatiles del disco, no siendo tan desolador y agonizante como los temas restantes.
“Ominous Flesh Relinquishment“: Aquí nos llega esa oscuridad característica de las bandas de blackened death metal. Levantan levemente el pie del acelerador en el tramo final de la ejecución, pero poco después vuelven a la frialdad macabra.
“Nebulas of Self-Desecration“: Las puertas del averno se cierran con su tema homónimo. Este nos trae casi 9 minutos del death metal más horripilante, haciendo un recorrido por todas las caras que salen a relucir en el género: desde la vertiente más decadente y agría hasta la más violenta y lúgubre.
Etiquetas: Asagraum, Death Metal, funeral death metal, Gaerea, Incantation, Procession, Pulverised Records, Ultratomb



La agrupación española Khüll nos presenta su nuevo disco, titulado “Where Shadows Rise“, una obra que se adentra en los oscuros recovecos del black metal sinfónico con pinceladas de dungeon synth. Provenientes de la región de Murcia, Khüll nos ofrece una propuesta sonora que se aleja de sus trabajos anteriores, apostando por un black metal más melódico, épico y atmosférico.
El disco, editado por Naturmacht Productions, cuenta con una duración de 43 minutos y está compuesto por siete canciones que nos transportan a un universo de fantasía medieval plagado de reinos olvidados y paisajes desolados. La mente maestra detrás de este proyecto es Khüll, quien se desenvuelve con maestría en las voces, sintetizadores, guitarras y bajo, mientras que en la batería lo acompaña Syhobsh.
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El álbum abre con “Oath of War“, la primera de las pistas promocionales, que nos sumerge en una atmósfera densa y opresiva con riffs pesados que destilan melancolía y desolación. A continuación, “Rise of the Dark Dragons” se acerca un poco más al black metal tradicional, incorporando algunas melodías que la acercan al death metal melódico, sin perder de vista la esencia cruda y visceral del género.
“Son of the Shadows“, la canción más extensa del álbum, nos envuelve en una atmósfera poderosa y solemne, entretejiendo melodías melancólicas con pasajes instrumentales de gran intensidad.
A partir de la mitad del disco, el ritmo se acelera y la crudeza se intensifica con temas como “A Kingdom Hidden Behind the Sun“, que combina elementos de death/black metal, y “Eternal Moonlight“, un auténtico torbellino de furia sonora aderezado con sutiles melodías que se erigen como un contrapunto a la voz áspera del vocalista.
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“Farkeng’s Curse” nos golpea con un sonido black metal más pesado, caracterizado por un riff contundente que ejemplifica a la perfección el característico “muro de sonido” del género. La batería retumba con furia mientras las voces guturales rasgan el aire.
El disco finaliza con “Unholy Warrior“, un tema que resume a la perfección la esencia de “Where Shadows Rise”: una mezcla explosiva de black metal sinfónico, épico y atmosférico, con toques de dungeon synth que nos dejan con ganas de más.
Si bien es cierto que algunas de las canciones comparten ciertas similitudes, en su conjunto, este nuevo trabajo de los españoles se presenta como un álbum sólido y coherente, que sin duda agradará a los fanáticos del black metal sinfónico y aquellos que buscan descubrir nuevos sonidos dentro del género. La calidad de la producción, la variedad de matices y la pasión que se desprende de cada nota convierten a este disco en una obra más que disfrutable.
Etiquetas: black metal melodico, Dungeon Synth, España, Khüll, Naturmacht Productions

Que hayan pasado ya 15 años desde que Accept anunciaran su vuelta es una locura. Muchas bandas intentaron volver tras más muchos años de inactividad, muchas lo hicieron sin su cantante clásico y algunas intentaron reemplazarlo con un completo desconocido, ¿pero cuántas triunfaron intentando alguna de esas cosas? Porque los alemanes hicieron esa apuesta en 2009, cuando el guitarrista Wolf Hoffmann reactivó al grupo con el ignoto estadounidense Mark Tornillo (TT Quick) ocupando detrás del micrófono los enormes zapatos de la leyenda Udo Dirkschneider, y lo que podría haber resultado en un completo desastre terminó siendo uno de los regresos más grandes de la historia del metal, con varios de los mejores álbumes de la carrera de Accept siendo lanzados en la última década y media. O sea, Blood of the Nations es un álbum por el que bandas más grandes matarían por lanzar, y para Accept era su vuelta.
Dicho eso, desde hace un par de lanzamientos que se están sintiendo ciertas grietas en la fórmula de Accept. Su estilo de puro heavy metal germano (más allá de que ahora la mitad de los miembros sean estadounidenses) es simple, directa y efectiva, pero requiere de mantener cierta energía y manejar bien los riffs, y sin ser malo Too Mean To Die (2021) debe ser el punto más bajo de esta nueva etapa de Accept. Puede que haya afectado la salida del bajista Peter Baltes, el único aparte de Hoffmann que había estado en todas las formaciones de Accept, o las expectativas de niños mimados luego de cuatro años de espera tras el anterior The Rise of Chaos, pero el material no se sintió tan poderoso ni sólido como al que nos tenían acostumbrados los alemanes.
El decimoséptimo LP de Accept, y el primero tras firmar con Napalm Records, tendría la tarea de confirmar que al combo Wolfmann-Tornillo todavía le quedaban cartas bajo la manga y combustible en el tanque, encima en una año donde Judas Priest elevó la vara al momento de hablar de bandas dinosaurio sacando material tras más de 50 años de carrera. Los singles “Humanoid”, “The Reckoning” y “Frankenstein” eran dentro de todo era decentes, aunque sentí un rechazo inmediato por el video hecho con IA del último. Así que ahora quedaba escuchar el disco y ver cómo funcionaban dentro de ese contexto.
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Humanoid tiene todo lo que habría de esperarse de un nuevo álbum de Accept en 2024. ¿Riffs machacados que incitan a dejarse el cuello haciendo headbanging? A raudales. ¿Un doble bombo que pega bien en el pecho? Casi constante. ¿Letras bien cuadradas sobre algún tema masculino? Ya sólo con “Man Up” y “Straight Up Jack” cumplirían con la cuota, pero hay en cantidades. ¿La voz chillona y curtida de Tornillo comandando los versos? No puede faltar de ninguna manera.
Cumpliendo en términos de estilo, Humanoid ahora debe cumplir en términos de sustancia. ¿Y cómo le va en eso? Ciertamente mejor que a Too Mean to Die, teniendo riffs más sólidos y una variedad interesante dentro de lo que puede pedírsele a este rejunte de metaleros cabezaduras. Arranca con “Diving Into Sin”, con sus interesantes melodías exóticas en la intro y ese doble bombo asesino, conformando parte del material más “power” de Humanoid, y lo mismo podría decirse de “Humanoid”, el tema título que sigue con las mismas virtudes.
“Man Up” es uno de esos medios tiempos pesados clásicos de Accept, de los que uno podría imaginarse a Tornillo animando al público para que cantara junto a él en el estribillo, a lo “Balls To The Wall”. “The Reckoning” viene después para volver a la velocidad, mientras que “Nobody Gets Out Alive” tiene una onda más melódica y liviana, como de las bandas de los ochentas cuando experimentaban con el hard rock.
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Hablando de hard rock, dos de las canciones más particulares de Humanoid se encuentran en la segunda mitad. Inaugurando esta sección tenemos a “Ravages of Time”, que abre con una balada centrada en la idea de una vida dedicada a los excesos que ha dejado sus secuelas en un hombre. Es una canción extrañamente sombría en el contexto de este álbum, aunque indudablemente este personaje ha vivido “a su manera”. Pero luego viene “Unbreakable” viene después para marcarnos que no hay que tomarnos súper en serio lo de antes.
La otra canción llamativa es “Straight Up Jack”. La influencia de AC/DC en la obra de Accept es indudable. Siendo básicamente una síntesis de Judas Priest y los hermanos Young. Pero en esta anteúltima canción parece directamente un tributo a los australianos, con sus riffs rock’n’rolleros y su actitud callejera, haciendo un homenaje al whiskey sin hielo. Corta y directa en sus intenciones, perfecta para preceder a “Southside of Hell”, que para mí es la mejor canción de este Humanoid junto a “Diving into Sin”, dando un buen balance.
Así que, ¿cómo sale Humanoid de todo esto? Aunque un tanto alejado del nivel de los primeros discos junto a Mark Tornillo, el sexto álbum de esta nueva etapa tiene a Accept subiendo la vara con respecto a sus últimos trabajos, ofreciendo la misma fórmula de siempre pero mejorando la ejecución. Si te gustó cualquiera de los álbumes con el estadounidense en las voces, Humanoid saciará el hambre de escuchar más de eso, sin pretender mucho más de lo que uno se espera.
Etiquetas: Accept, Alemania, Hard Rock, Heavy Metal


Personalmente les conocí a través de su EP “Fault” (2019) con su tema “Russian Roulette”. Nunca había escuchado una agresividad tan cruda y desgarrada dentro del hardcore. Solo sentía frialdad (y ganas de pegar a una maceta). Como haríamos todos, me sumergí en su discografía echando un vistazo a su más reciente álbum por aquel entonces; “A Quiet Place To Die”. No tenía palabras.
Mi sensación inicial se asemejaba a cuando descubrí Gojira hace unos 10 años. Parece extraño comparar a un gigante del Death/Groove con Alpha Wolf pero es así. Esa personalidad única tan bien escrita era muy rara de ver.
Los escuchas y sabes que son ellos. un sello de identidad único, aferrándose parcialmente a distintos aspectos del Hardcore, otros del Deathcore e incluso Djent o Nu Metal. Es algo muy complicado el hecho de no asemejarte a otras bandas, la cantidad es enorme y es algo por lo que tenemos que estar agradecidos. Los australianos lo vuelven a reivindicar. El metal está mas vivo que nunca.
En este nuevo álbum observamos la continuidad en el estilo de la banda. Una apuesta conservadora. Aunque he de admitir que me he llevado alguna que otra sorpresa. Otra vez, nos encontramos con una fórmula similar a la anterior entrega, solo que con unos pocos matices que iremos viendo a lo largo de la reseña.
Nos ponen el caramelo en la boca con Bring Back The Noise para ir excitando las papilas. Double – Edge Demise y Haunter serían los siguientes temas, asemejándose al estilo “Slam” que aplican bandas como Kublai Khan TX o Paleface. Sucks 2 Suck es sin duda el tema estrella de esta obra, consiguiendo más de 2 millones de escuchas en menos de dos semanas. Esta cuarta canción del álbum contaría con la sorprendente presencia del aclamado ICE T. Este, allana el camino para lo que sería el preludio de uno de los mayores breakdowns de la banda.
Desde un aire a Limp Bizkit hasta un breakdown más que “djenty”. Esta obra de los australianos da mucho de si. Otro plato fuerte es Whenever You’re Ready. Nos movemos desde el Post Metal con un ambiente melancólico, el cual se desplaza poco a poco hacia el Djentcore más moderno, sin perder la esencia inicial. Definitivamente, una variación que ya habíamos visto en A Quiet Place To Die, en el tema de despedida Don’t Ask….
Pretty Boy, Mangekyō y A Terrible Day For Rain nos devuelven a la agresividad característica de la banda, hablándonos sobre una fuerte crítica a la sociedad y lo presionados que nos podemos sentir en todo momento y como el suicidio, tristemente, puede ser el escape para muchos entre toda la ignoráncia. He de hacer un reconocimiento a Mitch, el batería de la banda. Estos temas, en especial A Terrible Day For Rain, son realmente un muro de sonido.
Feign sería un tanto más lento. Un tema para romper cabezas entre el público. Un tema para inflar nuestras cervicales como si de globos se tratase. Para mí, mi canción preferida de este nuevo trabajo. Entraríamos en la recta final con el más puro Hardcore con Garden of Eyes para encararnos hacia el tema homónimo, con una curisosa base de sintetizadores como atmósfera de la canción. Ahora, si que si, nos adentramos en el tema de cierre del álbum.
Ambivalence nos enseña el gran abanico de habilidades de los Tasmaneses, con una mezcla entre voces limpias, riffs intercalados de Thrash con Groove, armónicos resonando en las vueltas y una batería más que técnica y polirrítmica. Realmente es un gran trabajo como cierre de un álbum tan movido.
Como mencionaba anteriormente, los liderados por Lochie Keogh saben como darnos profundamente y hacernos sentir esa senación que despierta nuestra rabia, dando relevo a una nostalgia extravagante de la mano de canciones como las que nos hemos encontrado en este álbum. Un álbum que en definitiva, postula como uno de los mejores para este año.


Con apenas un par de EPs y splits, los estadounidenses SeeYouSpaceCowboy habían generado suficiente atención a su alrededor en la prensa musical incluso antes de la salida de su LP debut The Correlation Between Entrance and Exit Wounds en 2019. Y las razones estaban bastante claras, con un sonido claramente influenciado por el metalcore de la década de los 2000 pero mucho más caótico y ruidoso, bebiendo también del hardcore y el screamo y con una actitud que recuerda mucho a la escena alternativa de los noventas, sobre todo en la estética y la ironía en los títulos de las canciones. En una época donde todos estos géneros están teniendo su revival nostálgico, lo de estos californianos sonaba como un regalo.
Ese había sido un buen debut, pero creo que fue con el segundo The Romance of Affliction donde SeeYouSpaceCowboy confirmaron que lo suyo no era sólo hype, sino que también estaban para más. Fue en ese álbum donde limaron algunas de las asperezas de su propuesta, algo que podría describirse como “querer volverse más accesibles”: la banda seguía sonando ruidosa y caótica y la cantante Connie Sgarbossa sigue dejando sus cuerdas vocales en cada grito, pero ahora tenían una mejor producción, canción un poquito más largas y algo más de voces limpias, que aunque les faltara una pulida mostraban que el quinteto tenía planes más grandes.
Tras estos dos trabajos que cumplían con creces y prometían mucho más a futuro, las expectativas con respecto a Coup de grâce, tercer álbum de SeeYouSpaceCowboy, eran bastante altas. No digo que fuera lo nuevo de Judas Priest en cuanto a la espera, pero si estabas en los círculos de música rara de la Internet había mucha gente esperándolo.
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El inicio con “Allow Us To Set The Scene” tiene a la cantante invitada iRis.EXE, que con su nombre sacado de Mega Man encaja perfecto con el nombre sacado de Cowboy Bebop de la banda, dando una performance con atmósfera de cabaret con la combinación de su dulce voz y el suave saxofón. Esto dura exactamente 75 segundos, cuando al segundo 76 aparece Connie gritando y la banda azotando sus instrumentos para demostrarnos que si hay una escena para establecer, es la de su propio sonido, con un breakdown lento y pesado extendiéndose por el resto de esta intro.
Esa intro suave será inesperada, al igual que la manera en la que se corta, pero no es tan engañosa como podría llegar a parecer a primera escucha. No tanto en el sentido del cabaret, porque SeeYouSpaceCowboy no se convirtieron de repente en The Dresden Dolls, sino en que Coup de grâce es por lejos el trabajo más accesible del grupo hasta el momento, y de una manera mucho más perceptible que en The Romance of Affliction. “Subtle Whispers To Take Your Breath Away” es, justamente, sutil en esto, pero tiene una intro y un riff principal que eventualmente me recordó a “Misery Business” de Paramore. No es tan tremendo como suena, porque la banda combina ese sonido con esos gritos de Connie que mantiene a la canción en el terreno del screamo / “sasscore” (la microescena de la que SeeYouSpaceCowboy provienen), aunque también con versos de voces limpias.
Este estilo con más estribillos y voces limpias post hardcore sigue con tracks como “Red Wine and Discontent” y “Sister With A Gun”, esta última con bastante influencia pop punk. Pero canciones como “Silhouettes in Motion” y “Chewing The Scenery” muestran a SeeYouSpaceCowboy en su estilo más metalcore, con esos riffs erráticos que parece algo que Converge grabaría si sus miembros usaran delineador y pulseras a cuadros negros y rosas. La transición entre ambos estados es menos extraña de lo que parece, y a medida que van pasando las canciones uno simplemente se va perdiendo entre la nostalgia por una época que puede que no haya vivido.
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Al igual que en The Romance of Affliction, acá también tenemos cantantes invitados. Mencionábamos antes a iRis.EXE, y también vuelve a aparecer en “Respite for a Tragic Tale”, un interludio hecho en el mismo estilo jazzero de la intro pero ahora en una canción completa incluso acompañada por aplausos al final que también sirven de transición para “Silhouettes in Motion”. También está Kim Dracula, artista de quien nunca había escuchado hablar porque se maneja en un mundo (el del rap emo) del que no conozco nada, y que aparece en “Lubricant Like Kerosene” dando una aporte más decente de lo que esperaba, mostrando un buen rango en su voz.
“Rhythm and Rapture” tiene a nothing,nowhere. (sí, el nombre se escribe con puntuación y todo en minúsculas), rapero con el que la banda ya había colaborado anteriormente en su canción “Psycho_Psychiatry” y que ahora realiza una devolución de favores. Al igual que con Kim Dracula, nothing,nowhere. se enfoca en cantar y lo hace bastante bien, pegando con el estilo más emo-pop del track.
Por lejos, la invitada más importante es Courtney LaPlante, quien se hiciera conocida como cantante de iwrestledabearonce y que ahora hace lo propio con Spiritbox, en “To The Dance Floor For Shelter”. Esta canción combina esos momentos súper suaves con explosiones hardcore y metaleras, con la cantante canadiense dando una gran aporte con sus voces melódicas y más tarde combinándolas con los gritos inhumanos clásicos del estilos.
Como se esperaba, Connie hace un gran papel detrás del micrófono, tanto al gritar como dando voces limpias, y el dúo de Ethan Sgarbossa y Timmy Moreno hacen un trabajo fantástico en los riffs, tocando estas notas erráticas como si nada. Es una pena que el bajo de Taylor Allen no se note tanto en la mezcla, habiendo podido ver grabaciones en vivo donde se nota su habilidad en las cuatro cuerdas, así que queda decir que AJ Tartol es una máquina en la batería. Ayuda mucho el buen sonido que le dio la producción, siendo que hay bandas grandes que últimamente no logran que suene así (remítanse a la reseña de lo último de Pearl Jam para una muestra de ello).
Estoy seguro que Coup de grâce va a ser el disco más divisivo de la carrera de SeeYouSpaceCowboy hasta el momento, no sólo por el estilo más pop sino también por las elecciones de invitados, aunque no me sorprendería que ese fuera el intento de la banda desde un comienzo. Pero personalmente me parece un disco muy bien hecho, todavía manteniendo la idea de revivir ese sonido emo/hardcore de hace 20 años pero sin que suene como un copiado y pegado. Para los que tengan nostalgia o curiosidad por toda esa escena, el tercero de estos estadounidenses es un trabajo muy recomendable para experimentar una propuesta moderna de ese estilo.
Etiquetas: Estados Unidos, Metalcore, Post Hardcore, Sasscore, Screamo, SeeYouSpaceCowboy

Dool (no se pronuncia como “tool” pero con “d”, sino usando algo más parecido a una sola “o” en español, es un término holandés que significa “vagar”) es una alucinante banda holandesa de cinco integrantes, liderada por la carismática Raven van Dorst (cantante y guitarrista), que ejecuta un “dark heavy rock” con un estilo tan particular que solamente podemos aproximarnos a esbozarlo con varias pinceladas distintas. Podría decirse que combina elementos de goth rock, hard rock y post-rock, con momentos darkwave y de metal, los cuales pueden ser muy reminiscentes de las expresiones pesadas de los 80’s, incluso del glam (Heart, Vixen, Dokken, etc.), en el sentido sonoro, por el romanticismo de los solos de guitarra y el gancho de los riffs -sin negar la magia de la voz de Raven- pero también porque ese estilo de aquella década dorada también hacía gala de la androginia, y eso, en cierto modo, algo tiene que ver con Dool, como ya veremos.
El quinteto se completa con Nick Polak y Omar Iskandr en guitarras, J.B. van der Wal en bajo y Vincent Kreyder en batería. Este disco es el tercero, tras los brillantes “Here Now, There Then” (2017) y “Summerland” (2020), además de un álbum en vivo y dos EP. Suele decirse que el tercer LP de una banda es el que define su destino como una nueva referencia en la escena, ya que, si alcanzó triunfante este punto, ha demostrado no ser otro proyecto efímero. También algo hay del viejo refrán “la tercera es la vencida”. Pues bien, este trabajo de Dool, sin decir que necesariamente sea el mejor (ya que los anteriores fueron excelentes), mantiene el nivel y muestra al conjunto con un semblante más maduro, afirmando y consolidando una propuesta en su entrega de mayor esfuerzo colectivo hasta la fecha.
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Si bien, “The Shape of Fluidity” no es un álbum conceptual, está atravesado por la temática de la búsqueda de la propia identidad en un mundo desafiante, arbitrario, injusto y violento. Un aspecto que resulta fundamental al respecto es la historia personal de Raven, que nació en 1984 como bebé intersexual y fue quirúrgicamente forzada a tener un sexo femenino y criada en consecuencia, es decir, siguiendo los mandatos sociales patriarcales que indican las características del género asignado como correspondiente al sexo biológico en cuestión. Con el tiempo, Raven decidió luchar por lo que se le intentó quitar: la posibilidad de expresar una forma de ser más allá de lo binario, que, en su caso, de hecho, era su derecho de nacimiento (lo que no implica que, en efecto, no sea un derecho de todas las personas sin importar su anatomía y fisiología al nacer). La lucha de Raven llevó a que también se convirtiera en una personalidad mediática, como protagonista en una serie de TV holandesa y como integrante del jurado de RuPaul’s Drag Race Holland. Además, tuvo su propio reality show en la televisión de su país y participó de una serie documental acerca de la identidad de género.
Quiero aprovechar esta reseña para informar un poco acerca de la intersexualidad, en honor a Raven y a todas las personas intersexuales. Por mucho tiempo, se habló de “hermafroditismo” en individuos que nacían con genitales “ambiguos”. Sin embargo, esta denominación es errónea, ya que en las especies animales en las que se encuentra el fenómeno del hermafroditismo, lo que sucede es que un mismo individuo posee órganos genitales femeninos y masculinos completos, en ocasiones pudiendo hasta autofecundarse. Por supuesto, eso no es lo que ocurre en la especie humana, sino que, una de cada cinco mil personas, aproximadamente, nace con rasgos físicos que no pueden ajustarse a las categorías tajantes de “varón” o “mujer”. Esto va más allá de los genitales externos, e incluye la dotación cromosómica, el funcionamiento hormonal, el neurodesarrollo y el comportamiento. Tradicionalmente se ha optado por “decidir” el sexo al momento del nacer, realizando una cirugía que ampute “lo que sobra” en el plano externo, visible, por lo que suele ser más fácil elegir que la persona sea mujer para poder llevar adelante una crianza basada en esa falsa premisa. La triste realidad es que esto suele implicar que una persona deba desarrollarse contra la corriente, ya que nació de una manera que se resiste a ajustarse a las imposiciones culturales, más allá de la abominable práctica de intervenir un cuerpo infantil de manera irreversible condicionando la adolescencia y la adultez. Esto ha llevado, en varios casos, a historias muy tristes de trastornos mentales y algunas han terminado en suicidios. En el caso de Raven, no hace falta aclarar que su condición se refleja en su voz tan especial, tanto en el sentido tímbrico como en cuanto a su mensaje.
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“Todo fluye, nada permanece nunca igual. La vida en sí misma está en un constante estado de flujo”, dice Dool, siguiendo al filósofo griego Heráclito, y el espectacular disco que nos entregan, es un viaje de casi 50 minutos (divididos en nueve tracks) a través del devenir del ser. La portada del disco es la fotografía de una bandera blanca: una hermosa representación que condensa demasiados significados. Una mezcla de tabula rasa, un recordatorio de que la luz blanca incluye todos los colores (por lo tanto, puede descomponerse mediante un prisma), una señal de tregua o de rendición, aunque, en este caso, no sería ante nadie, sino un modo de aceptación de la realidad innegable de la esencia de lo que cada cual es. Además, una bandera flamea con el viento, capta algo del sentido de ese fluir.
El título de cada canción concentra, en sí mismo, la potencia de un manifiesto identitario. “Venus in Flames” es un track glorioso, de un poderío épico. El video, consistente con esta impresión, nos muestra a dos personas anónimas usando armaduras medievales enfrentándose con espadas en una playa, a orillas del mar (símbolo por excelencia del perpetuo movimiento de las cosas). Luego descubrimos sus rostros, justo antes de que se rindan sonriendo. Volviendo a la música, esta canción, que fue el segundo single, tiene mucha fuerza y ya nos ofrece la primera demostración de esa cualidad tan propia de Dool: los estribillos que se convierten en earworms. El trabajo de las guitarras es espectacular. Recordemos que, incluso en vivo, son tres. Los cambios, los cortes, las transiciones (sic) son maravillosos, lo que da cuenta de una labor compositiva de tremendo nivel. Esta melancolía sonora -instrumental y vocal- encuentra un modo contundente de hacernos reflexionar a la vez que gozamos.
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“Self-Dissect” empieza a puro impacto, los riffs vuelan como latigazos. Raven despliega su voz con maestría. No necesita la conquista feminista de los guturales: su expresión es biológica, psicológica, antropológica, sociológica y políticamente única, trascendiendo la técnica. Los solos de guitarra son totalmente fantásticos. Dool es una criatura impiadosamente amorosa: no se me ocurre ningún sector de la audiencia del rock y del metal que pueda decir que su música no es de calidad y que, además, no la disfrute, si es que no tiene prejuicios. Llega el track homónimo al disco: una pieza de una belleza conmovedora. Cada palabra, cada verso, cada estrofa, es testimonio de la odisea de construir el modo propio de ser y estar en el mundo. La dulzura de Raven destila sabiduría. El estribillo es uno de los mejores que he escuchado en varios años y como ya dije, se me ocurre comparar la sensación que me genera con ese encanto que emanaba de la creación musical en la década de los 80’s. Cada canción de Dool es un ejemplo de cómo traducir emociones en arte.
“Currents” funciona como una suerte de interludio, un eco del track anterior que nos va llevando, progresivamente, al siguiente, “Evil in You”, de actitud más enérgica, sigue este recorrido sublime logrado a partir de una mezcla excepcional del aporte de los elementos que se escuchan con una claridad exquisita, aparte de que el talento musical de cada integrante de la banda es innegable. El encargado de la mezcla fue Markus Lindberg (miembro de Cult of Luna, quien, además de producir los discos de su banda, ha trabajado con Russian Circles, entre otros) y la masterización fue realizada por Ted Jensen (que hizo lo propio con AC/DC, Talking Heads y Ghost). Estos datos ayudan aún más a entender la mística lograda por Dool.
En “House of a Thousand Dreams” nos encontramos con lo más cercano a una balada, que incorpora una voz masculina, y luego explota con una intensidad asombrosa, que se incrementa en “Hermagorgon” con su impactante riff a puro metal moderno. Este primer single fue el que me puso en alerta de que la banda estaba a punto de alzarse imparable. Escuchar Dool hace que la electricidad circule por mi médula espinal. “Soy la hija de mi padre y el hijo de mi madre”, ¿cómo no empatizar con un dolor tan crudamente descripto? Aprender a fluir entre las rígidas espinas de los estereotipos de género es extremadamente difícil: son imposiciones culturales contra una naturaleza que los trasciende infinitamente, que es una fuente de incontables posibilidades.
“Hymn for a Memory Lost” me hace sentir que la sorpresa es inacabable: la capacidad de Dool para crear grandes canciones no se agota. En este álbum no hay absolutamente nada de relleno y mi mente ya está repleta de melodías que me acompañan todo el tiempo, no sé hasta cuándo… Más solos de guitarra que me transportan y ya no adónde. El disco termina con “The Hand of Creation”, sombría, apesadumbrada, un in crescendo de meticulosa elaboración que finalmente nos golpea con más de esos preciosos riffs y así, “The Shape of Fluidity” formará parte de mi lista de lo mejor del año y lo recomiendo enfáticamente a cualquier persona amante de la buena música.


La leyenda de culto dentro de la extrema escena del black metal noruego de principios de los 90, el dúo integrado por Fenriz y Nocturno Culto ha volcado su energía creativa en componer y editar discos con la precisión de un reloj, alejados de las presentaciones en vivo desde el cambio de milenio. “It Beckons Us All“, es nada menos que el vigésimo primer larga duración de estudio de Darkthrone, y el cuarto en cinco años tras “Astral Fortress” de 2022.
Atmósferas heladas y una dosis de innovación se mezclan con guitarras al más puro estilo NWOBHM en el nuevo álbum del dúo noruego.
La portada del álbum corrió a cargo del artista polaco Zbigniew Bielak, quien ya había colaborado con Darkthrone en las reediciones de “Plaguewielder” y el demo “Goatlord” editado por la banda en 1996. En esta ocasión, Bielak nos regala una obra de arte visualmente impactante que captura a la perfección la esencia del álbum, representando su atmósfera de manera magistral.
Como un eco de la portada del LP, la intro de sintetizador retro espacial de “Howling Primitive Colonies” da paso rápidamente a un riff y groove de ritmo medio. El tempo más lento y la atmósfera densa dejan entrever la influencia doom que ya se había insinuado en “Eternal Hails” de 2021.
“Eon 3“, la siguiente canción, alberga algunos de los mejores riffs del disco. El tema transita desde el galopante territorio de la NWOBHM encontrando la influencia de Mercyful Fate en su punto más álgido y nos sumerge a través de pasajes de proto-black metal hasta desembocar en un inmenso final de death-doom.
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El primer single, “Black Dawn Affiliation“, pisa el acelerador con Fenriz impulsando a Nocturno Culto con rellenos y un ritmo endiablado en lo que ya se ha convertido en una marca registrada de Darkthrone, la mitad final de la canción presenta un gancho de guitarra con un sutil toque de death metal de los ’90 y con el grupo repitiendo y construyendo hasta llegar a una conclusión inquietante. .
A continuación, el instrumental “And In That Moment I Knew The Answer“, una pieza que debo admitir que no esperaba pero que me sorprendió gratamente y fluyó de manera muy natural, estructuralmente presenta una gran progresión y atmósfera, sirviendo como un hermoso interludio que llena el vacío entre dos canciones.
En “The Bird People Of Nordland” vuelven a una dirección más cercana a Celtic Frost. Es difícil quejarse de esto, ya que han tomado esta influencia y continúan transformando este sonido en algo de su propia creación.
La canción tiene mucho pesimismo y melancolía, creando una sensación inquietante que te mantiene completamente hipnotizado por la energía de la canción. Una epopeya de diez minutos de duración que cierra con un riff que pretende sonar como la antes mencionada banda del “rey diamante”.
Puede que no sea un regreso al black metal, pero las guitarras tienen suficientes tendencias oscuras para mantener contentos a sus fans.
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Los dos temas finales contrastan fuertemente entre sí. Mientras que “The Heavy Hand” es corto y contundente, incluyendo nuevamente sonidos característicos que se asemejan a los creados por Tom G. Warrior, el tema final es realmente experimental en algunos puntos. Con poco más de diez minutos de duración, tiene espacio para explorar diferentes ideas.
El tema varía desde un comienzo sereno, pasando por una sección media lenta y decidida que se reduce cerca del final a elementos casi prog.
Al igual que en sus últimos lanzamientos, Darkthrone vuelve a hacer uso de su bien elaborado black metal, integrando una gran cantidad de elementos de heavy, speed y doom metal. Todos estos estilos se combinan a la perfección a través de pesados riffs a medio tempo y el clásico sonido de la batería que caracteriza a la banda.
Personalmente, aunque muchos prefieran los primeros trabajos del dúo, generalmente adoro la dirección que han tomado en los últimos 4-5 álbumes, porque siguen expandiéndose con una variedad de estilos e ideas que podrían considerarse adecuados para gente como yo que no se limita a un solo género/subgénero, porque hay mucho para todos.
Recién llevamos 4 meses de este 2024, sin duda se está poniendo bueno con todos estos lanzamientos de metal noruego, empezando por “Arcana Rising” de Coffin Storm, pasando por “Du dømmes til død” de Khold, el “Fall” de Borknagar y este “It Beckons Us All”, si bien es prematuro decirlo, estará en mis discos top cuando hagamos el recuento de grandes discos a fin de año.
Etiquetas: Black Metal, Borknagar, Celtic Frost, coffin storm, Darkthrone, Fenriz, It Beckons Us All, Khold, Nocturno Culto, NWOBHM, Peaceville Records


Nuevo álbum de lo que yo considero “la selección” del death metal, una banda que desde su origen supo tener muy buenos músicos, nada más ni nada menos que Six Feet Under quién presenta su nuevo material “Killing for Revenge”, el material de larga duración que saldrá a través del sello Metal Blade y que representa el trabajo número 14 de la banda saldrá este 10 de mayo.
La formación de este nuevo trabajo de la banda está conformada por Chris Barnes, ex Cannibal Corpse, inoxidable voz de este género, Ray Suhy en guitarra, Jack Owen, otro ex Cannibal y también ex miembro de Deicide, Jeff Hughellen bajo y Marco Pitruzzella en batería.
La banda de death metal de Tampa, y también orientada a lo que se denomina “death and roll” trae 13 ejecuciones, siendo la número 13 un cover de Nazareth que viene incluido únicamente en el formato CD Digital.
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“Know Nothing Ingrate” da inicio a este nuevo álbum, un tema con una composición pesada, riff duros, típicos del género y la voz de Chris Barnes que lejos de estar a la par de de sus mejores épocas sigue dando guerra en esto, sin utilizar lo que es su famosa muletilla del chillido y gruñendo como en sus inicios y el primer álbum de Six Feet Under, “Haunted” del tan lejano 1995.
De la segunda canción “Accomplice To Evil Deeds” debo decir que me sonó muy similar al primer tema, quizás utilizando los mismos recursos de composición, avanzando al tercer tema “Ascension” fue cómo encontrarme con el viejo Cannibal Corpse, el de la “Chris Barnes Era”, su voz acá suena mucho más podrida y limpia, batería con diferentes tempos y guitarras acompañando como motosierras que van de un lado para el otro, me hicieron sentir como si estuviera escuchando “Eaten Back to Life” .
El 4to tema “When The Moon Goes Down In Blood” arranca con un curioso riff y la batería acompañando dando inicio a un machaque que acompaña Barnes al mejor estilo “rap”, quizás un poco difícil de escuchar al principio pero termina siendo agradable.
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A partir del quinto tema en adelante comienza lo que terminaría denominando yo como la parte “death and roll” del trabajo, temas pegadizos, bien rock and roll pero con todo el componente de velocidad y pudrición, quizás lo que más me gusta de la banda de Barnes y compañía.
Regresando a la velocidad extrema del género, nos encontramos con “Judgment Day”, una instrumental en este caso que suena muy bien, llegando al final del trabajo nos encontramos con 2 canciones que simplemente parten la cabeza, realmente escuchar esto y compararlo con el último trabajo de Six Feet Under dónde se hizo un especial énfasis en la voz de Barnes, sus gruñidos y el famoso grito que lo caracterizó y escuchar esto nuevo de su parte es realmente tener dos cosas completamente distintas en posesión.
Por un buen rato se me hizo volver a escuchar al Barnes de los 90s, el que probablemente tenía la voz más podrida del “metal de la muerte” y si tenemos en cuenta el contexto de que ya es un tipo con larga trayectoria, vicios y un largo etc, escuchar esto lo hace doblemente épico y una nueva vez más lo hace reinventarse.
Etiquetas: Cannibal Corpse, death & roll, Death Metal, Deicide, metal blade records, Six Feet Under


De la misma manera que me pasa con un montón de películas, series, libros y demás, en los últimos años estuve explorando movidas musicales que en su momento me perdí, porque en muchas ocasiones no me meto en algo cuando todos están hablando sobre ello, y a veces es mejor ver algo con un poco de retrospectiva a mano. Una de esas es la movida “-core” en Argentina, no la del “hardcore” tradicional de los noventas sino esa que se desarrolló en los 2000 a la par de la explosión del metalcore en EEUU, donde etiquetas como “metalcore”, “post hardcore”, “easycore”, “emo” y demás se confunden unas con otras porque todas comparten público y bandas en común. Y con la gente de Mi Última Solución lanzando nuevo álbum, ahora puedo seguir con esa exploración del pasado y también hablar del presente al mismo tiempo.
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Mi Última Solución, o MUS para hacerla más corta, tiene ya sus años de experiencia, habiendo lanzado su primer álbum En Cada Caída en aquel ya lejano 2012, y ahora sacan su flamante lanzamiento Reflejos De Uno Mismo de manera independiente.
Los dos primeros adelantos fueron “La Decisión” y “Horizonte”, y ambas muestran dos intenciones diferentes, con la primera siguiendo de cerca la fórmula de MUS, mezcla de violencia y gancho, mientras que la segunda es más “experimental”, con ese efecto en una de las guitarras aplicado a un riffs casi constante a lo largo de la canción, además del break de batería. Los elementos electrónicos también tienen su espacio en el álbum, como se ve en los beats en la introducción de “Vértigo” y en la primera parte de “Trauer”, una suerte de balada metalcore.
La mayor parte del álbum se puede describir con la ensalada de etiquetas que mencioné antes: riffs hardcore, breakdowns y algunas voces gritadas por un lado, mezclado con estribillos explosivos, vocalizaciones mayormente limpias, coros multitudinarios y otras elementos de ese estilo. Sumado a una producción ultra limpia, queda un combo muy sólido, con “Resistiendo” y “El Farsante” siendo dos de las más recomendables.
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Una de las canciones más particulares es “Siempre”, no tanto por el estilo general sino por la inclusión como invitados de los pop punk cristianos Sullivan, porque la escena core moderna debe ser de las pocas donde las bandas cristianas pasan bastante desapercibidas al lado de las seculares, sobre todo porque las letras son difíciles de diferenciar si no hay referencias religiosas explícitas. La unión de ambos grupos en el track funciona muy bien, con el contraste de voces entre el estilo aguerrido de Sebastián Vázquez y el más juvenil y melódico de Isaac Rosales (Sullivan), dando lugar a uno de los mejores momentos del disco.
A la larga podría tornarse repetitivo, pero con apenas 29 minutos Reflejos De Uno Mismo es un álbum que deja su marca y con ganas de más, invitando al replay gracias a sus canciones pegadizas y su sonido poderoso. Está muy claro que es un disco hecho para fans del estilo y que los más puristas pueden sentir rechazo por sus elementos menos tradicionales, sobre todo por el lado de la electrónica y el uso del autotune en “No Te Rindas”, pero es innegable lo bien hecho que está en todos sus aspectos, y termina siendo muy recomendable para la gente que ya esté metida en esta onda. A escucharlo sin culpa.
Etiquetas: argentina, Metalcore, Mi Última Solución, Post Hardcore, Sullivan

Las historias de encuentros con espíritus sobrenaturales son algo que se puede encontrar en casi todas las culturas humanas, casi siempre reflejando el ambiente donde estas se desarrollaron. En el folclore de las islas Feroe tenemos al “hamferð”, que es una aparición fantasmal: a veces es el fantasma de un alguien cercano a la persona a la que se le aparece para darle un presagio, otras veces es el fantasma de un marinero muerto en el mar. Y cuando la banda feroesa Hamferð decidió adoptar ese término como su nombre, parecen haberlo hecho por dos razones: mostrar el orgullo por sus orígenes isleños, y describir perfectamente lo que se siente encontrarse con la atmósfera fantasmagórica generada por sus canciones.
Desde que ganaran el Wacken Metal Battle en 2012, este sexteto ha ido en alza tanto en estatus como en popularidad, y nos ha dado la oportunidad a mucha gente de poder hablar de una banda de las islas Feroe que no sea Týr. Tomándose su tiempo con cada nuevo lanzamiento, en este 2024 Hamferð nos traen su tercer álbum de estudio Men Guðs hond er sterk, editado por Metal Blade.
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El sonido de Hamferð es una mezcla a la manera de Novembers Doom y, sobre todo, Swallow The Sun: doom metal de marcha lenta pero constante y con una mezcla de voces limpias y guturales, a la que se le agrega una fuerte carga melódica y extra melancolía en los riffs. El cantante Jón Aldará tiene un manejo excelente de las voces podridas y limpias, pudiendo sonar como un monstruo salido de los más profundo de los mares y poco después como un cantor tradicional lamentando las miserias de su pueblo. Junto con el uso del idioma feroés, su estilo de voces limpias también es un elemento clave, elevándose entre los riffs de Theodor Kapnas y Eyðun í Geil Hvannastein con un tinte épico que fácilmente recuerda al doom épico de los suecos Candlemass.
Todos estos son ingredientes muy loables, mas no sirven si las canciones no están a la altura. Pero Hamferð tienen el aspecto compositivo agarrado de los cuernos, porque las ocho canciones de Men Guðs hond er sterk nos sumergen de lleno en ambientes ancestrales, con las costas bañadas por el Atlántico y días siempre nublados. “Ábær” ya marca eso con esos riffs que pasan sin problema del machaque a la atmósfera distorsionada, con los colchones de teclados de Esmar Joensen aportando un elemento invalorable.
En su mayor parte el álbum se mantiene en ese estilo pero jamás aburre, en parte porque las canciones tienen duraciones dentro de todo normales pero también porque todo se mantiene en movimiento, como un reloj suizo que simplemente va muy lento. Pero hay tres canciones que muestran a Hamferð en sus momentos más extremos.
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Una es “Glæman”, una composición delicada y minimalista, con acompañamiento de piano y algunos punteos de guitarra, donde la voz limpia de Aldará se destaca, que por momentos recuerda a alguna de esas bandas de post metal, pero con Hamferð manteniendo ese estilo épico. En el otro extremo, “Hvølja” muestra a los feroeses en su versión más pesada y oscura, con las guitarras y el bajo de Jenus Í Trøðini por momentos apenas sonando como instrumentos y más como máquinas de distorsión. Y, por último, no todo es lentitud en Hamferð, porque “Rikin” combina sus elementos tradicionales con una sección directamente blackmetalera, donde la batería de Remi Johannesen hace estragos con sus blast beats. No queda para nada fuera de lugar, porque considerando lo densa que es la canción no sorprende que en algún momento explote de furia.
La final “Men Guðs hond er sterk” es una composición muy melancólica únicamente para la guitarra, que se ve acompañada apenas por un sample de una grabación de un pescador feroés de la década de 1950. Es un final perfecto para el álbum, con el relato del pescador en su idioma natal con el sonido de las olas sonando de fondo.
Men Guðs hond er sterk es simplemente un álbum hermoso, con canciones llenas de emoción (positivas o negativas, júzguelo usted) y llenas de dinámica tanto entre cada track como dentro de ellos, atrapando a cada moment. Sin haber tenido experiencia previa con el grupo, creo que este es uno de los mejores lanzamientos del año, y uno que va a dar pelea para mantener ese puesto.


Provenientes de Chile, los Uttertomb comenzaron sus actividades en 2009 bajo el nombre de Ultratomb. Luego, en 2011, adoptaron el nombre por el que se les conoce actualmente , desde ese año, la banda ha presentado pequeñas producciones, como el EP “Necrocentrism” de 2012, el sencillo “Sempiternal” (2016), una nueva grabación del EP “Necrocentrism” (‘Necrocentrism: The Necrocentrist’, 2017) y un split en 2019 con los peruanos Evil Spectrum que consta de 4 canciones por agrupación.
En 2024, la banda, a través de Pulverised Records, decide presentar su primera larga duración “Nebulas of Self-Desecration“. El álbum ofrece 43 minutos de puro tributo al género de la muerte en su versión más oscura.
El combo está formado por AV en la batería, SS como la voz cantante y guitarra solista, JR en el bajo y JC en la otra guitarra.
El álbum fue grabado en varias locaciones por Pablo Clares (Procession, Abrekadaver, Slaughtbbath, etc), mezclado por Claudio Salinas en Maestro 3 Studio y masterizado por Patrick Engel en Temple Of Disharmony.
El paisaje sonoro de Uttertomb es instantáneamente reconocible como descendiente de Incantation y otras bandas similares de los dorados años 90, donde la atmósfera está cubierta y empapada de tono y violencia.
Desde que se ve la portada hecha por el serbio Khaos Diktator, quien también participó junto a Asagraum, Hellwitch, Gaerea, Fuming Mouth, Innumerable Forms entre otros, podemos intuir hacia dónde va la idea de la banda.
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Dicho todo esto, comencemos a explorar este putrefacto álbum debut de los chilenos:
El LP comienza con una intro titulada “Nec Spe Nec Metu” en plan macrabro para darle paso al segundo track al que llamaron “Exhumation Of The Womb’s Splendour“, una maravillosa interpretación que incluye caos y texturas gracias a la oscuridad de los tonos que aportan los dos guitarristas, una canción mas que destacada.
“Graceless Thaumaturgy” nos inculca, desde el principio, unos ritmos un tanto emotivos y muy propios de ese death pausado de índole sentimentalista. Sin embargo, los sentimientos no duran demasiado, ya que después nos adentramos en unas atmósferas muy propias de las catacumbas más oscuras. Esta vez, los solos son más melódicos e incluso el solista se embarca en referencias más clásicas. En otras palabras, un buen death para las almas más funestas.
“Opisthotonic Funerals“: Como su propio nombre indica, es todo un manto de funeral doom con todas las de la ley en la mayoría de sus casi 7 minutos a medio tiempo. Incluye un riff que acompaña al oyente en todo ese sendero lleno de podredumbre.
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En “Aurora Cruoris” nos encontramos con un poco más de melodía e interludios atmosféricos dentro de la debacle del death metal nauseabundo que practica la agrupación. Resulta bastante efectiva.
Para el momento en el que suena “Seraphobia” podemos encontrarnos con un death metal más “old school” con numerosos cambios de ritmo. Los tonos de la batería, en ocasiones, se mueven por movimientos progresivos. Es uno de los temas más versatiles del disco, no siendo tan desolador y agonizante como los temas restantes.
“Ominous Flesh Relinquishment“: Aquí nos llega esa oscuridad característica de las bandas de blackened death metal. Levantan levemente el pie del acelerador en el tramo final de la ejecución, pero poco después vuelven a la frialdad macabra.
“Nebulas of Self-Desecration“: Las puertas del averno se cierran con su tema homónimo. Este nos trae casi 9 minutos del death metal más horripilante, haciendo un recorrido por todas las caras que salen a relucir en el género: desde la vertiente más decadente y agría hasta la más violenta y lúgubre.
Etiquetas: Asagraum, Death Metal, funeral death metal, Gaerea, Incantation, Procession, Pulverised Records, Ultratomb







