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My Dying Bride – A Mortal Binding (2024)
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Yo sé que en estos momentos es primavera en España, que esta página es española y que muchos de nuestros lectores también son españoles, pero al momento de escribir estas cosas lo hago desde la perspectiva de vivir en Argentina. Y entre la situación actual en el país de los campeones del mundo y de que acá estemos en otoño, creo que no hay mejor contexto para sumergirnos en la miseria y darle una escuchada a un flamante nuevo álbum de My Dying Bride.

De los “Tres de Peaceville”, las bandas más importantes del death doom gótico inglés de los noventas, My Dying Bride son los que menos han cambiado su sonido. Mientras sus compañeros Paradise Lost dejaron de lado los elementos más extremos para centrarse en el aspecto gótico y Anathema directamente abandonaron el metal, los comandados por el cantante Aaron Stainthorpe y el guitarrista Andrew Craighan siempre han mantenido el costado doom en su propuesta y la atmósfera de miseria tomada de imágenes de castillos en ruinas, fantasmas de amantes, flores marchitas y retratos cubiertos por el polvo del tiempo y del olvido. 

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Más allá de esa instancia electrónica que fue 34.788%… Complete y el lanzamiento neoclásico Evinta, los periodos de abandono de las voces guturales han sido el cambio mayor en su estilo, manteniendo las letras literarias de Stainthorpe y el acompañamiento de violín como elementos más característicos de su sonido. Su constancia también dio lugar a ciertos momentos en las últimas dos décadas donde podían tornarse repetitivos, pero desde el alegremente titulado A Map of All Our Failures el sexteto viene con una seguidilla de muy buenos discos, así que me acerqué a A Mortal Binding, con fecha de edición del 19 de abril, con expectativas positivas.

El decimoquinto álbum de los de Halifax decide arrancar sin la más mínima sutileza, porque “Her Dominion” patea la puerta con una marcha lenta como caracol y densa como una ola de brea, y con la aparición de las voces podridas de Stainthorpe. 

A pesar de la edad y del tiempo que pasó sin utilizarlas, el cantante hace estas voces con maestría y muy a menudo en la placa: con excepción de “Thornwyck Hymn” y “Unthroned Creed”, todas incluyen alguna instancia de voces deathmetaleras, y “Her Dominion” es la única que las utiliza de manera exclusiva. Sin embargo, creo que por eso es mi menos favorita de A Mortal Binding en el apartado vocal, sin ser para nada mala, porque dentro de la fórmula actual de My Dying Bride funcionan mejor con cierta dinámica de contraste. Como contrapartida, creo que es en “The Apocalyptist” donde las voces deathmetaleras de Stainthorpe funcionan mejor, más agresivas y monstruosas, donde además la combina con su estilo limpio y melódico dando una gran dinámica en la canción más larga del álbum.

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Como es de esperarse de un disco de My Dying Bride, A Mortal Binding es un disco que va siempre con marcha lenta y atmósfera de funeral en invierno. Los riffs a cargo de las guitarras de Andrew Craighan y Neil Blanchett (en su primer disco con la banda), el bajo pesado de Lena Abé, la batería letárgica pero no perezosa de Dan Mullins, y los teclados y violines de Shaun MacGowan, todo funciona como base para los lamentos románticos (en el sentido de romanticismo) de Stainthorpe. “A Starving Heart” acompaña esto con una delicada introducción acústica, al igual que con el adelanto “The 2nd of Three Bells”, donde la voz limpia hace maravillas.

Con 54 minutos en apenas siete canciones, se esperaría que el álbum fuera más complicado de escuchar de lo que es, pero la realidad es que cuando te atrapa ese tiempo se pasa volando sin problemas. En ningún momento se siente que las canciones sean más largas de lo que deberían ser, o que alguna parte esté de más: todo encaja de manera perfecta. Los riffs no serán una maravilla de originalidad, pero la manera en la que golpean directo al pecho compensan todo eso, haciendo su trabajo de crear atmósferas donde nunca se ve el sol.

En líneas generales, no hay nada nuevo en A Mortal Binding: todo su contenido es lo que uno esperaría de un álbum de My Dying Bride. Es oscuro, monolítico, elegante como un traje de luto y ciertamente un álbum que no es para cualquiera ni para escuchar en cualquier momento. Es un disco súper correcto dentro de la discografía de la Novia Moribunda, lo cual ya de por sí lo pone un escalón por encima de muchos otros álbumes “correctos” de otras bandas, y que agradará a los fans de su propuesta gótica.

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Deicide – Banished By Sin (2024)
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Para los amantes del death metal, ha llegado una nueva consagración: nada más y nada menos que Deicide, una institución dentro del género y banda que marcó el semblante del mismo allá por 1987 en Tampa, Florida, ha lanzado su nueva producción de larga duración titulada “Banished by Sin“, su decimo tercer álbum.

Producido por Jeramie Kling y Nordberg, con mezcla y masterización de Josh Wilbur y lanzado a través del sello Reigning Phoenix Music, el álbum está excelentemente ejecutado por el inoxidable Glen Benton, voz y bajo, miembro más longevo de la banda junto a Steve Asheim en batería y en las guitarras Taylor Nordberg y Kevin Quirion, siendo este, vale aclarar, el primer trabajo con la banda.

En la portada del álbum podemos ver lo que ya es un clásico del género: la parafernalia demoníaca. Sin embargo, esta vez ha causado discusión entre los fanáticos más acérrimos, ya que ha sido creada por Inteligencia Artificial.

Cabe destacar que la portada de este nuevo larga duración es exactamente igual a la del nuevo proyecto de Kerry King (Slayer), titulado “From Hell I Rise” a editarse el próximo 17 de mayo de este 2024. Un dato aún más curioso es que ambos álbumes son editados por el mismo sello discográfico.

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“From Unknown Heights You Shall Fall”, el tema inicial del álbum, nos recibe con una cálida bienvenida a este nuevo trabajo de Deicide, luego de 6 años desde su última entrega, “Overtures of Blasphemy” en 2018. Potentes machaques acompañados por los doble bombos de Asheim, blast beats, golpes brutales y las guturales y voces demoniacas de Benton conforman una entrada magistral que reafirma el legado de la banda como una de las instituciones del Death Metal.

Doomed To Die” y “Sever The Tongue” son los que siguen, canciones precisas, al grano, la fórmula que dió éxito siempre en la banda, hostilidad pura, se puede detectar en el sonido de los guitarristas una gran ejecución y nobleza obliga, reconocer que en una banda dónde pasaron grandes monstruos de toda talla, sólo por mencionar algunos, los hermanos Eric y Brian Hoffman.

Promediando la mitad del trabajo me encuentro con “Faithless” quizás mi canción favorita del material, con un buen arranque de guitarras y el doble bombo que va armando la introducción, las guitarras resuenan a puro machaque que no deja ideas más que imaginarse ver a la banda presentando este trabajo a la brevedad en el país.

Le siguen “Bury The Cross…With Your Christ”, “Woke From God”, “Ritual Defied”,  con menos intensidad que los primeros temas pero que de igual modo, no hay descanso, sigue al palo y cada vez más violento, cómo se puede evidenciar en “Failures of Your Dying Lord” con riff, machaques y una batería con blast beast asesinando tu cabeza, para entrar en un solo de guitarra muy original y que le da frescura al tema.

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Entrando en la recta final, don Benton nos invita a disfrutar de “Banished By Sin”, el homónimo que da nombre al trabajo es lo más parecido al viejo Deicide, cambios de tiempo, riffs de guitarra gemelas, oscuridad y Glen esclamando guturales a diestra y siniestra.

Trinity Of None”, “I Am I…A Curse Of Death” y “The Light Defeated”, llevan como nombre los últimos 3 temas, los mismos cuentan con mucho dinamismo, cero monotonía, no hay momentos aburridos, sólo un trabajo que te despierta y demuestra que Deicide tiene cuerda para rato y siempre se reinventa.

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Pearl Jam – Dark Matter (2024)
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En 2025 Pearl Jam va a estar cumpliendo 35 años de carrera, y eso suena tan extraño. No porque la banda no se lo merezca, sino más por el hecho de que fueran la única del grunge que logró mantenerse hasta el día de hoy de manera estable. De la vorágine de heroína y muerte en la que se había convertido la escena alternativa de Seattle para mediados de los noventas, Eddie Vedder y compañía terminarían persistiendo y erigiéndose como una de las bandas de rock más importantes de la década, casi pudiendo considerarlos abanderados del grunge para las generaciones siguientes, quisieran ellos aceptar ese papel o no.

Es que siempre hubo una diferencia importante entre Pearl Jam y sus compañeros de escena como Alice In Chains (quienes siguen al día de hoy, pero con una separación y 14 años de silencio discográfico de por medio), Soundgarden y sobre todo Nirvana: Pearl Jam tenía un sonido hecho para el éxito. Habrán salido del mismo contexto de bandas, pero las influencias del combo VedderMcCreadyGossardAment salían menos del under rockero de los ochentas y más de gente como Bruce Springsteen y Creedence Clearwater Revival: canciones con riffs épicos y estribillos como para que todo un estado coreara a viva voz. 

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Claro que su sonido y su permanencia a lo largo del tiempo ha hecho que Pearl Jam sea blanco de críticas. Algunos analistas dicen que tanto el sonido de estadio de la banda como el estilo vocal de Vedder terminaron influenciando a una enorme cantidad de grupos de “post grunge” que decidieron copiar el sonido de la movida grunge pero nada de su contenido (una crítica bastante estúpida, porque no creo que Pearl Jam hayan tenido como objetivo crear a Creed), los que dicen que sus últimos trabajos no vienen haciéndole honor a la historia de la banda (esto se suele decir de casi cualquier banda grande), y los que dicen que a esta altura son unos U2 con camisa de leñador (fuerte). 

Me preparé para la escucha de Dark Matter, su decimosegundo álbum de estudio, con toda la precaución que hace falta para analizar estos lanzamientos importantes. Y cuando lo escuché, me di cuenta de que hay veces que un detalle puede arruinar todo.

Antes de la salida de este nuevo disco pudimos escuchar tres singles, vamos a arrancar hablando de esas.

El primer adelanto del álbum fue “Dark Matter”. Esta busca ser la gran canción de estadio, con la introducción de batería de Matt Cameron, las guitarras poderosas, el bajo al frente y Vedder elevando la voz con su estilo típico. Es justo que sea la canción que bautice al disco… al menos en estilo. En la práctica, es un track que me da la sensación de ser más ruidoso que sustancioso, con un acompañamiento de guitarras poco inspirado y repetitivo. Es más como que hubieran querido componer algo para arrancar los recitales más que una canción hecha y derecha. Pero como anuncio del álbum, me imagino que debe hacer resultado.

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“Running” fue la segunda, y esta creo que funciona mejor. Es un track crudo, con bastante de la influencia punk que Pearl Jam fueron incorporando con el tiempo. La introducción de batería y bajo te prepara para lo que se viene, con una explosión de guitarras garageras. El acompañamiento de palmas por momentos me recuerda demasiado al infame intento garagero de Father of All de Green Day, pero por suerte no están tan al frente, dejándole espacio a Vedder para que haga lo suyo, con un final apoteósico de velocidad y distorsión, aunque con apenas 2 minutos y 19 segundos se sienta que algo le falta.

El último adelanto de Dark Matter fue “Wreckage”, dada a conocer dos días antes de la salida del álbum. Leí muchas reseñas que tenían sus (fuertes) dudas acerca de los dos primeros singles, pero esta canción les convenció y con justa razón: es el mejor de los tres adelantos y una de las mejores canciones del álbum. Pearl Jam viene experimentando hace rato con el country y el folk, y esta es una composición donde las influencias tanto de Tom Petty quedan a flor de piel. El acompañamiento de guitarras acústicas y teclados es simplemente hermoso, y la mezcla de la voz de Vedder con los coros convierte el estribillo en un momento desgarrador. En una época en la que la música country está teniendo su mejor momento en el mainstream musical estadounidense desde los noventas, no me sorprendería que “Wreckage” lograra tener éxito con ese público.

“Dark Matter” y “Running” serán bien rockeras, pero aparte de estas y “React, Respond” el material de Dark Matter va por un estilo más relajado, influenciado por el folk y el “heartland rock” de Springsteen y Petty, a veces poniendo más énfasis en las guitarras eléctricas y otras en las acústicas, con “Got To Give” y “Waiting For Stevie” como dos de las mejores de estas. Y creo que esto funciona muy bien, en parte porque Vedder parece sentirse más cómodo con ese registro más grave, y en parte porque hay un detalle que termina afectando de manera negativa a Dark Matter cuando quiere rockear: la mezcla.

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La producción estuvo a cargo de Andrew Watt, a quien es fácil subestimar porque su trabajo más conocido viene por el lado del pop y el rap, con gente como Post Malone, Cardi B y Justin Bieber entre los nombres que destacan en su currículum, pero que también ha trabajado con Ozzy Osbourne y acompaña a Vedder en su banda solista. Además de Ozzy también produjo Hackney Diamonds de los Rolling Stones y Every Loser de Iggy Pop, por lo que no me sorprendería de que busque ser una versión moderna de Rick Rubin, otro productor salido del mundo del hip hop que terminaría dejado su marca profunda en el rock. 

Sin embargo, parece que Watt terminó adoptando un vicio de las últimas décadas de Rubin. Menciono a Ozzy y a los Rolling Stones porque tanto Dark Matter como Ordinary Man y Patient Number 9 (los dos discos de Ozzy que produjo) y Hackney Diamonds tienen el mismo problema: la saturación en el sonido. Antes no sabía qué era lo que estaba pasando, hasta que noté que hay muchos momentos donde la batería suena muy sintética y que en los momentos más álgidos del álbum el sonido está tan comprimido que las guitarras se vuelven una bola de ruido acompañada por una batería. Es por eso que las canciones más relajadas funcionan mejor: es más difícil que se note la compresión si están tocando a un volumen más bajo.

Al menos acá no estoy escuchando a Vedder inundado de autotune, a diferencia de lo que pasó con Ozzy, pero creo que de ahora en más voy a ver con sospecha cada álbum donde Watt esté involucrado, al menos hasta nuevo aviso.

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Como dije, el sonido de Dark Matter le juega en contra, a un punto en el que no tengo idea cómo una banda con tanta experiencia puede cometer ese error, y es una pena porque este álbum tiene algunas de las mejores canciones que Pearl Jam haya compuesto en la última década y media, con “Wreckage” a la cabeza. Me recuerda mucho a Death Magnetic, aquel álbum de Metallica que dio comienzo a muchas de las discusiones sobre el volumen saturado de los discos. Pero Dark Matter tampoco es un St. Anger, y si el lector es mucho menos exigente que yo seguramente podrá apreciar de manera más positiva este nuevo álbum del conjunto, que a pesar del paso del tiempo sigue teniendo la chispa, aunque no vaya a prender fuego todo.

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Linkin Park – Papercuts (The Singles Collection 2000-2023) (2024)
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A estas alturas de la película, hablar de Linkin Park, es hacerlo de una de las bandas de rock alternativo más importantes y exitosas de las últimas tres décadas y tanto si queréis admitirlo como si no, de las más influyentes e innovadoras para la época en la que salieron y tras la cual influenciaron a las generaciones que vinieron después.

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El sexteto californiano puso banda de sonido a millones de chicos y chicas que encontraron en ellos la puerta que los inició en el rock, en el metal moderno y hasta en el hip hop gracias a la dualidad vocal que tenían Mike Shinoda y el malogrado y añorado Chester Bennington.

Lamentablemente el final de la banda fue el menos esperado (o quizás no tanto, pero desde luego el que uno nunca hubiese querido para ellos) y a día de hoy son un recuerdo vivo para millones de personas y a pesar de que se especula con un supuesto regreso de la banda, la realidad es que es un simple rumor y es algo que ningún seguidor de Linkin Park quisiera ver, más allá de un hipotético tributo, ya que LP eran, son y serán siempre: Brad Delson, Phoenix, Rob Bourdon, Mr.Hahn, Mike Shinoda y CHESTER BENNINGTON, cualquier otra cosa no es ni negociable ni querida por nadie.

Aprovechando que el año pasado Meteora (su segundo y aclamado disco multi platino) cumplió 20 años, ahora Warner Music ha lanzado el primer recopilatorio de la banda que reúne los mayores “Hits” de los californianos y como añadido cuenta con dos temas “inéditos” para que los seguidores puedan escuchar la voz de Chester al menos una vez más.

Sin necesidad de hacer un orden cronológico, el disco recorre la carrera de los californianos y como ella, podemos ver un sin fin de colores en el disco, desde himnos nu metaleros alternativos como “In The End”, “Crawling”, “Somewhere I Belong” o la propia “Papecut”, todos ellos piezas básicas para entender el sonido alternativo de los 2000 y que a su vez están combinados con temas más rockeros como “What I’ve Done”, “New Divide” o la hermosa y sentida “Leave Out All The Rest”, haciendo que el disco se haga ameno ya que podemos ir viendo como Linkin Park han ido creciendo y evolucionando como banda de rock.

Por supuesto que no todo es perfecto ya que al igual que su discografía hay piezas que son menores como podrían ser “Castle of Glass”, “Waiting for the End” o “Burn it Down”, pero que vistas en conjunto con los temas “inmaculados” de la discografía de la banda, no palidecen del todo.

Poco se puede añadir a canciones que todos conocemos al dedillo y que ha formado parte de nuestras vidas (en algunos casos) desde hace más de dos décadas, por lo cual este recopilatorio es más algo para los fanáticos acérrimos de la banda o alguien que no tenga idea quienes son Linkin Pàrk (y de paso haya vivido en un iglú o algo así estos últimos 24 años), más que un disco que sea importante para la banda en sí.

Las canciones nuevas son básicamente un regalo, siendo “Friendly Fire”, un tema pop muy emotivo y que objetivamente no llama mucho la atención más allá de poder escuchar cantar a Chester, lo cual por cierto te encoje el alma sabiendo que ya no está, mientras que “Qwerty” si que aporta la versión más “Cañera” de Linkin Park y que se remonta sobre todo a sus dos primeros discos, poniendo los pelos como escarpias al oyente escuchando los “Screams” de Chester una vez más, pasando muy por encima de la otra canción “Nueva” que encontraremos en este disco.

Lo dicho, este disco está hecho para los seguidores y los que no tengan ningún disco y quieran tener un recuerdo físico de la banda, aunque todos sabemos que para eso es mejor irse a la tienda más cercana y conseguir una copia de Hybrid Theory o Meteora, sin embargo Papecuts (Singles Collection 2000-2023) es un buen manual de inicio para conocer a una de las mejores y más importantes bandas del siglo XXI, Larga vida a Linkin Park hoy y para siempre.

 

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Týr – Battle Ballads (2024)
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Hace unos años reseñé A Night at the Nordic House, el recomendable álbum en vivo del cuarteto feroés Týr, banda que escuché bastante durante mis primeros años de exploración del heavy metal por fuera de los grupos más conocidos, con Eric The Red y Ragnarok siendo dos álbumes a los que les pegué la oreja bastante en su momento, o al menos las canciones sueltas que encontré en Ares, y su combinación de folk con otros de metal progresivo y de metal clásico. Tras aquel muy buen lanzamiento y un par de años de espera, decidí darle una oportunidad al nuevo álbum de estudio de estos vikingos metaleros, a ver cómo habían cambiado las cosas con estos viejos amigos nórdicos, a los que les había perdido la pista en su momento.

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Battle Ballads es el noveno álbum de estudio de Týr, y el primero en cinco años tras Hel. En la última década y monedas el grupo parece estar cómodo con tomarse su tiempo entre lanzamientos, siendo que ese mismo había salido seis años después del anterior Valkyrja. Este nuevo álbum se puede sentir como una versión más directa de los feroeses, sin abandonar de lo más recargado de sus últimos discos pero ofreciéndonos algo más digerible desde el comienzo. 

Esto se ve tanto en decisiones técnicas, como que con 41 minutos sea su trabajo más corto y apenas el segundo sin ninguna canción que supere los 6 minutos (ambos puestos antes estaban ocupados por By The Light Of The Northern Star), como en decisiones estilísticas: las melodías folk siguen estando presentes como en “Unwandered Ways” o en la delicada “Torkils døtur”, una canción tradicional feroesa, pero hay una mayor influencia power metal en su sonido, sobre todo con la tarea del húngaro Tadeusz Rieckmann (ex miembro de los folkmetaleros magiares Dalriada) detrás de los parches y la manera en la que usa el doble bombo en canciones como “Hammered” y “Hangman”. Incluso utilizan blast beats en “Axes”, algo que no queda tan fuera de lugar dentro de la propuesta de la banda.

“Vælkomnir føroyingar” es de las más melódicas del álbum, combinando lo sinfónico, el coro vikingo y uno de esos solos casi neoclásicos, llegando casi a los niveles de melodía que se escucharían en alguna canción de Korpiklaani. Mientras tanto, “Dragons Never Die” mezcla su estribillo bien power con los versos puntuados por este riff intermitente medio hard rock. La final “Causa Latronum Normannorum” agrega el latín al número de idiomas que Týr ha usado en su obra, además de tener este avance pesadísimo a medio tiempo.

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Los elementos más característicos de la propuesta de Týr siguen ahí, sea tanto su interés en la mitología nórdica o la voz de su cantante, guitarrista y líder Heri Joensen, con esa manera de articular claramente las palabras que se ven tan poco en el mundo del metal. La atmósfera épica también sigue estando súper presente, potenciada por los ingredientes sinfónicos que son casi omnipresentes en el álbum pero que siempre sirven de apoyo al formato tradicional de guitarra-bajo-batería del grupo, con la antes mencionada “Hangman” sintiéndose como la más sinfónica de todo Battle Ballads.

Battle Ballads es un álbum que se deja escuchar sin problemas, y que no se hace largo: el tema de la duración real es aparte, porque acá me refiero a mantener la atención del oyente, con la manera en la que varían las canciones y estas se desarrollan. Aunque es la primera parte la que tiene las composiciones con más gancho, el álbum mantiene siempre el músculo y la atmósfera ancestral que hacen al sonido de Týr. El mayor cambio que se puede sentir es que no haya tantos elementos progresivos como en sus trabajos anteriores, lo cual puede ser algo negativo para los que fueran fans de ese aspecto de los feroeses, pero en líneas generales Battle Ballads mantiene el buen nivel de los últimos álbumes, demostrando que el cuarteto sigue teniendo ideas para usar y habilidad para darles forma de manera satisfactoria.

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Hekseblad – Kaer Morhen (2024)
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Desde su formación en 2021, Hekseblad ha cautivado a la audiencia con una serie de demos, sencillos y EPs, incluyendo el aclamado “Fall of Cintra” del 2021.

Detrás de este proyecto se encuentra un dúo conformado por el vocalista y compositor Bruxa, conocido por su talento en el dungeon synth bajo el sello Wallachian Opulence Productions, y el multiinstrumentista y productor Frosk, quien también destaca por su proyecto homónimo de black metal y la banda de death metal, Frog Mallet.

Juntos, crearon un álbum con una atmósfera única que combina elementos del black metal, el dungeon synth y el ambient, con sonidos oscuros, épicos.

La voz de Bruxa, suena poderosa y emotiva que hace que el oyente se transporte a un mundo de sombras y fantasía.

Sean McCormack (Aka Frosk), el guitarrista, es una auténtica revelación. Su técnica depurada y su creatividad lo posicionan como uno de los mejores guitarristas del black metal independiente. La versatilidad del multiinstrumentista le permite explorar diferentes estilos dentro del género, desde los riffs más brutales hasta las melodías más atmosféricas. 

Kaer Morhen“, al igual que todas sus obras, se sumerge en el universo de The Witcher, transportando al oyente a un mundo de criaturas míticas, batallas épicas y brujos legendarios.

Las melodías oscuras y atmosféricas, conjuntamente con la voz rasgada y poderosa del vocalista, crean una experiencia sensorial envolvente que despierta la imaginación y te invita a explorar los recovecos de este universo fantástico.

La portada, una obra maestra de Aghy R Parakusuma, evoca la esencia del black metal clásico con sus tonos azules que nos recuerda a grandes obras maestras del black como puede ser “In the Nightside Eclipse” de los noruegos Emperor.

Hekseblad no solo crea música, sino que teje una experiencia inmersiva que conecta con la esencia de la fantasía oscura. Cada nota, cada verso, cada elemento visual te invita a embarcarte en un viaje épico a través de un mundo plagado de misterio y aventura. 

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El disco arranca con “School of the Wolf” y la guitarra de Frosk toma el protagonismo de inmediato, tejiendo melodías épicas que se elevan sobre el rugido de la batería y los gritos guturales de Bruxa.

Un solo de guitarra particularmente memorable emerge como un faro entre la tormenta, mostrando la destreza técnica de Frosk y dejando un eco en la mente del oyente. La melodía es tan contagiosa que te encontrarás tarareando al ritmo, incluso en medio del caos que te rodea.

La siguiente pista, “Grain of Truth (Vals de Nivellen)“, continúa explorando el lado melódico de Hekseblad. El piano toma el relevo como protagonista, guiando la canción a través de un vals melancólico. Es un respiro momentáneo de la furia del black metal, pero no por ello menos poderoso. De hecho, la belleza contrastante del vals solo sirve para intensificar el impacto cuando la banda regresa a su sonido característico, con una ferocidad renovada.

El tercer track se titula “The White Flame” e inicia con un vals de piano de una belleza cautivadora, cuyas notas románticas se entrelazan con un sintetizador tenue, creando una atmósfera melancólica, de pronto, la guitarra líder irrumpe en escena, transformando el vals en un acompañamiento vibrante. La melodía se intensifica, dando paso a una cacofonía de black metal crudo y agresivo.

La canción navega por una variedad de ritmos y texturas, manteniendo al oyente en un estado de constante sorpresa y fascinación. Voces diversas, cargadas de emoción. 

Sorprendentemente, esta canción había sido lanzada como sencillo en 2022. Su inclusión en el álbum es un regalo para los oídos, una oportunidad para redescubrir esta joya musical.

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La pista que titula el álbum, “Kaer Morhen“, nos embarca en un viaje fascinante a través de la dualidad que define a Hekseblad. La canción se inicia con una melodía suave y melancólica, interpretada por sintetizadores, una guitarra acústica y hasta que una flauta se une a la composición evocando la imagen de una canción folklórica que se escucharía en una taberna local durante un viaje por un mundo de fantasía. El ritmo es tranquilo y pegadizo, un contraste sorprendente con la agresión congelada y el terror de la oscuridad que caracteriza al black metal. La furia del género irrumpe, pero con una lentitud y una cadencia que la diferencian de la ferocidad habitual. Los riffs son pesados y atmosféricos, guiando al oyente por un camino de sombras y misterio. Las voces de Bruxa se tornan siniestras, susurrando palabras que parecen provenir de las profundidades de la tierra.

Para completar esta experiencia única, la pista cuenta con la colaboración de Sorjande, vocalista de la banda Mourning by Morning. Su voz se suma a la atmósfera etérea de la canción, aportando un toque de belleza y misterio aún mayor.

Es evidente el amor de los norteamericanos por las raíces del black metal. Se perciben influencias de bandas legendarias como Emperor, Dissection y Bathory, pero reinterpretadas con un toque personal y contemporáneo; sin embargo, Hekseblad no se limita a copiar el pasado. 

El resultado es una mezcla única y original que desafía las expectativas y expande los límites del black metal.

 

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Gun – Hombres (2024)
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Yo soy de jugar muchos videojuegos, y con el tiempo una cosa que te terminás dando cuenta es que experimentar un RPG ultra complejo de 150 horas está más que bien, pero tampoco está mal querer un jueguito donde puedas jugar un par de partidas, no tener que pensar mucho y simplemente pasar el rato. Lo mismo me pasa con la música: el “post death grind progresivo experimental ambient” es una cosa que estoy dispuesto a escuchar sin problemas, como las reseñas que vengo publicando en esta página pueden atestiguar, pero también hay veces donde tengo ganas de escuchar un disco común de canciones de tres o cuatro minutos, verso-estribillo-verso, riffs fáciles y letras sobre algún tema mundano y nada pretencioso. Y si eso es lo que quisiera creo que habría pocas opciones mejores que Gun, una de las bandas menos pretenciosas del mundo.

La banda de los hermanos Rizzi (Giuliano en la guitarra, Dante como cantante) se ha mantenido a lo largo de los años como un grupo seguro, uno al que uno va cuando quiere rock y nada más. Tal vez pensados como una apuesta escocesa al AOR que estaba teniendo tanto éxito durante la segunda mitad de los ochentas, Gun es ante todo una banda de hard rock bien radial pero que no tiene problemas en ir ajustando su propuesta con el paso de los años, como bien muestra el experimento a lo INXS que fue 0141 632 6326, su álbum de 1997. Aquella apuesta no funcionó y el grupo se separó ese mismo año, volviendo en 2008 ahora con el antiguo bajista Dante ocupando el puesto del histórico Mark Rankin (no confundir con el ingeniero de sonido que ha trabajado con Queen Of The Stone Age y Harry Styles, como bien éste señala en su Instagram).

Hombres es su octavo álbum de estudio y el cuarto de esta segunda etapa de Gun, editado por el sello independiente Cooking Vinyl el 12 de abril. Y si estábamos esperando que los escoceses hicieran alguna cosa rara con su sonido, al apretar play se nos devuelve a la realidad de que Gun siguen haciendo lo que mejor saben hacer: riffs para mover la patita y estribillos como para quedar silbando un rato. “All Fired Up”, la primera canción, arranca con una corta introducción de guitarra medio misteriosa pero rápidamente se vuelve un rock bien directo, con el bajo poderoso de Andy Carr y un ritmo constante como para ir en moto.

Al ver la lista de canciones, asumí que “Boys Don’t Cry” iba a ser un cover del clásico de The Cure, algo que no sería nuevo para Gun si tenemos en cuenta que su mayor éxito fuera del Reino Unido fue su cover de “Word Up” de las leyendas funk Cameo. Pero no, es un original de Gun que nada tiene que ver con la sensibilidad post punk / pop de la banda de Robert Smith, algo que queda más que claro desde el principio con esos riffs clásicos y el golpeteo de la batería como para encender a todo el público de un estadio, o un establecimiento más chico si somos realistas.

Hombres se mantiene en esa onda de rock canchero, con “Fake Life” y “Lucky Guy” sumándose a los ejemplos anteriores. Es un disco redondo en ese aspecto, y cierra con “A Shift In Time”, una balada que en otra época hubiera sonado en todas las radios y le daría de comer a los de la Aspen. Uno de los puntos más discutidos de la segunda etapa de Gun siempre ha sido el papel de Dante detrás del micrófono. Pero creo que en Hombres su estilo funciona: no tendrá el nivel de arrogancia rockera de Rankin, pero su estilo chillón a lo Axl Rose o Sebastian Bach. Y no es la única voz en el disco, porque cuando lo combinan con coros como en “You Are What I Need” le agrega un toque mágico a la propuesta.

Ahora vamos a lo negativo: “Falling” fue uno de los singles del álbum y también me parece el peor del disco: la idea no está mal, pero el estribillo se pasa de cursi y encima decidieron cerrarlo con un fade out muy poco satisfactorio, como si a la canción le faltara toda una sección. No es la única canción que termina con un fade out porque también pasa en “Never Enough”, sólo que ahí es peor porque esa es mucho mejor en todas sus partes y termina antes de lo que debería.

A fin de cuentas, Hombres donde hay canciones que gustan más o gustan menos, pero en su conjunto cumplen con su propósito de ser un buen conjunto de canciones de rock para disfrutar y tal vez poner a todo volumen en el estéreo: que dure 35 minutos ayuda a que den ganas de repetirlo. Logra su cometido como una taza de café bien fuerte por la mañana: puede que no tenga el sabor de alguna cafetería elegante ni sea nada gourmet, pero si necesitás algo que te despierte por la mañana hay pocas cosas mejores.

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Zakk Sabbath – Doomed Forever / Forever Doomed (2024)
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Nuevo disco de ZAKK SABBATH, la banda paralela de Zakk Wylde. Quizás el tributo más importante a nada menos una de las bandas más importantes de la historia: BLACK SABBATH.

A nivel contenido no hay lugar para sorpresas porque continúa la línea comenzada hace algunos años con “VERTIGO”, que cubría la totalidad del primer LP de los oriundos de Birmingham. Esta nueva entrega se divide en dos partes: La primera titulada DOOMED FOREVER que recorre íntegramente el segundo disco, PARANOID (1970); y una segunda parte, bautizada FOREVER DOOMED, que repasa la placa subsiguiente, MASTER OF REALITY (1971).

Además de Zakk en guitarras y voces, el trío lo completan otro ex-Ozzy, Robert Blasko Nicholson en bajo; y Joey Castillo en batería. Ya desde los acordes de War Pigs entendemos que la intención general es recrear aquel típico sonido de Sabbath de los 70s, especialmente en las guitarras, aunque acompañado por una producción propia de nuestros tiempos. Zakk en la viola es todo lo que podemos esperar de él, logrando casi al detalle el sonido de Tony Iommi, aunque no siempre respetando el fraseo de cada solo. Donde Zakk no puede evitar mostrar su impronta es cuando mete esos grooves tan característicos suyos, que difícilmente estuvieran inventados allá por 1970.

En cuanto a su labor como cantante, es notable la performance lograda en tanto se ubica muy cerca del registro de Ozzy. Especialmente cuando dobla las voces, Zakk consigue sonar como su ex-empleador. Por ejemplo, en canciones como Electric Funeral logra mimetizarse casi al completo con el gordo, sobre todo cuando utiliza esas voces procesadas.

Planet Caravan y Solitude, sin dejar de ser fieles versiones, son posiblemente los temas que más se alejan de sus contrapartes originales. El instrumental Rat Salad corre una suerte parecida, ya que los solos de guitarra y de batería están modificados.

A pesar de dar en la tecla con el sonido de Sabbath, no todas las canciones están en su afinación original. En la mayoría de los casos se utilizan entonaciones más bajas que ayudan a contribuir a la pesadez. Un recurso del que Tony Iommi fuera pionero en su momento, pero al que aún no había echado mano en el disco Paranoid.Dicen que el diablo está en los detalles y algo así sucede cuando notamos la
atención de replicar efectos tales como el final acelerado de War Pigs; o sonidos, como es el caso de la tos fumeta que abre Sweet Leaf; o la misteriosa coda de Children of the Grave. También hay atención a la mezcla, ya que los paneos están ubicados iguales a los discos que inspiraron esta obra. Sin dudas una prueba más del cariño y respeto por el material original.

Algunos podrán pensar que no tiene mucho sentido un disco así. Pero lo cierto es que resultó un éxito inesperado para el blondo guitarrista. Una placa que no fue lanzada en plataformas digitales y solo se consigue en formato físico, y aun así logró escalar en más de un ranking. Un nuevo punto para Zakk que gana una excusa para hacerse a la ruta y llevar al vivo aquellas gloriosas canciones que ya tienen más de cincuenta años y que han marcado a generaciones enteras (y posiblemente lo sigan haciendo por mucho tiempo más).

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Dvne – Voidkind (2024)
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Formada en Edimburgo en 2013 por el francés Victor Vicart y el escocés nativo Dudley Tait, los Prog/Post-metal/Sludge, DVNE,  han estado construyendo una poderosa corriente desde su segundo álbum, Etemen Ænka de 2021. Su primera publicación con el legendario sello Metal Blade Records, el LP fue en ascenso, permitiendo a DVNE embarcarse en giras por Europa y tocar en grandes festivales como Hellfest, Resurrection, entre otros.

Conceptualmente, las letras continúan la narrativa general de la banda, según explica su vocalista líder: “seguir a un grupo religioso a través de la línea generacional desde el principio hasta su final”. Mientras tanto, el extraordinario representa el tema principal de este capítulo, a saber, “una entidad divina que seduce y atrae a sus seguidores a través de sus sueños y el viaje multigeneracional de estos seguidores para alcanzar su dimensión de Dios”.

Las canciones son largas, elaboradas y meticulosamente trabajadas para lograr la perfección en la percepción del artista. Nada suena fuera de lugar; todo está en su sitio, creando una mezcla de épica mística y preciosismo mágico

Las voces presentan gritos guturales y limpios, típicos del metalcore. Las guitarras, cuando no están armonizando pasajes melódicos, interpretan riffs cargados de distorsión. La sección rítmica juega un papel libre pero sutil que se integra con los demás elementos. Además, los sintetizadores, aunque a veces relegados a un segundo plano, crean atmósferas casi psicodélicas que contrastan con la velocidad y la pesadez de los momentos donde la guitarra o la voz son protagonistas.

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“Voidkind” fue grabado entre septiembre y noviembre de 2023 en Edimburgo, en el Templo Craigiehall y la Granja Byres en Escocia, y cuenta con la impresionante obra de arte de Felix Abel Klae como portada.

La banda está compuesta por Allan Paterson (guitarra y bajo), Daniel Barter (voz), Dudley Tait (batería), Maxime Keller (teclados y voces), Victor Vicart (guitarra líder, voz y teclados)

Ahora desmenucemos el disco:

La primera pista “Summa Blasphemia” nos envuelve en un sonido impactante que nos prepara para el viaje que está por venir y nos arrastra hacia un abismo de distorsión y misterio. Las guitarras rugen como tormentas cósmicas, los gritos guturales a cargo de Daniel Barter empiezan a demostrar todo el poderío de la banda hasta que bajan muy poco la intensidad, se escuchan breves momentos de la voz calma cuando el ritmo cambia de manera constante como si estuviéramos atravesando portales dimensionales. La sección instrumental intercala momentos de calma con explosiones de energía.

Eleonora” es una epopeya musical. Comienza con una melodía hipnótica que se despliega lentamente, con voces limpias, llenas de melancolía y van tomando otro rumbo cuando las guitarras se elevan creando así una sensación de ascenso. 

La sección central está llena de emociones, sobre todo cuando ingresa en acción la voz gutural , es una canción que te atrapa y no te suelta, con varios cambios de ritmo, de las mejores del disco.

Con el 3er tema Dvne nos lleva en una búsqueda cósmica. “Reaching for Telos” incluye muchísimas partes más melódicas y progresivas que son las que me mantuvieron interesado en la primera escucha. Las voces guturales no son tan necesarias para mí gusto ya que las voces de Victor Vicart son bastante buenas.

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En “Reliquary”, se fusionan elementos progresivos con la pesadez del sludge. Las voces guturales nos arrastran mientras que las guitarras exploran ideas melódicas y disonantes. La sección instrumental es como un ritual antiguo, con momentos que pueden llegar a sonar algo de jazz, incluye ritmos y solos de guitarra que se retuercen durante los 7 minutos que dura la canción.

Path of Dust” es una canción que te hace sentir la soledad y la belleza del espacio infinito, con ritmo lento y que sirve como interludio antes que comience a sonar la 6ta canción, la misma está titulada “Sarmatæ” y aquí podemos encontrar similitudes a Mastodon, sobre todo de la época de “Blood Mountain”, una canción breve pero más que efectiva.

En “Path of Etherencontramos otra vez la calma, llegando poco a poco al final del álbum, Dvne nos hace sentir como si estuviéramos flotando en el éter mismo observando las estrellas desde una perspectiva cósmica hasta que se desate la tormenta.

Las últimas tres pistas de este álbum son todas épicas, con duraciones entre siete y diez minutos.

Suena “Abode of the Perfect Soul”, los escoceses se adentran en territorio progresivo, podemos escuchar en estos 7:28 distintos matices, desde los más tranquilos a los que se le suman berreos y voces limpias que arman una combinación de sonidos exquisita.

Probablemente sea una de las canciones más pesadas del álbum, pero también es una de las más multifacéticas debido a su intrincados y cautivadores riffs entrelazados con capas y capas de líneas.

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La penúltima canción, “Plērōma” (que ha sido lanzada como primer adelanto), probablemente es una buena elección para un single. Comienza con sintetizadores y guitarra, gradualmente crece hasta convertirse en un riff realmente agradable y voces que quizás sean las más claras del álbum, un track ideal para captar nuevos oyentes al mundo de Dvne.

Finalmente, “Cobalt Sun Necropolis”, una épica pista de diez minutos, comienza con una gran guitarra con reverb y tiene la sensación de ser el cierre de un álbum. Esta vez, las melodías son abundantes. El corazón progresivo está abierto, permitiendo un grito aquí y allá. Esta canción se construye hacia un crescendo, una explosión. Se siente como una canción de encore en un concierto; es larga y querés ver qué viene a continuación. Un buen track que cierra el álbum de manera elegante.

En conclusión, puedo decir que este álbum complacerá a los amantes del metal progresivo y a los fanáticos del heavy más pesado, ideal para escuchar de principio a fin con unos buenos auriculares y prestarle atención a cada instrumento, además de la excelente voz de Victor.

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Sonata Arctica – Clear Cold Beyond (2024)
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Leí algunos comentarios que decían “Sonata Arctica está de regreso” … lo cual suena algo injusto ya que, desde aquel brillante “Ecliptica” los finlandeses nunca han dejado de editar discos y girar por el mundo. Pero sí resulta acertado decir que con este flamante CLEAR COLD BBEYOND han vuelto a reencontrarse con su costado más tradicional, aquel con el que brillaran en los albores del Siglo XXI.

Quizá una de las bandas más arriesgadas de los últimos tiempos, dotados de un sonido propio, reconocible y que los ha despegado de sus pares dentro del vasto panorama del Power Metal. Han ido evolucionando disco a disco agregando matices y arreglos año tras año. Su hasta ahora última producción de estudio, Talviyö del 2019, había arrojado excelentes comentarios, pero, para ser sinceros, muchos seguidores esperábamos que disminuyeran, aunque sea en parte, la complejidad de sus más recientes entregas. Acercarse un poco a lo que fueran los primeros tres álbumes de la por entonces sorpresiva banda finlandesa. En definitiva, el problema al que se enfrenta cualquier banda exitosa: recrear el pasado a riesgo de ser acusados de poca originalidad; o por el contrario transitar caminos más alejados sólo para que les exijan volver a las raíces.

Clear Cold Beyond del 2024 se encuentra de algún modo a medio camino entre ambas propuestas. 

Como de costumbre, la banda es liderada por su vocalista y principal compositor, Tony Kakko, la mente maestra detrás de Sonata Arctica. Lo secundan su eterno compañero de aventuras, Tommy Portimo en batería; más quienes se fueron sumando con los años: Henrik Klingenberg en teclados, Elias Viljanen en guitarras y Pasi Kauppinen en bajo.

Bastan unos pocos segundos del primer track, “First in Line”, para adentrarnos en ese clima tan familiar a la banda con mucho doble bombo, up-tempo, con teclados y guitarras en armonía, y con melodías trabajadas y pegadizas. “California” sigue en esa misma línea, incluso quizás a un tempo más veloz y con un quiebre memorable… de los mejores estribillos de la placa. “Shah Mat” empieza con una intro cinematográfica y se va desarrollando a medida que avanzan los segundos, logrando diferentes climas, especialmente en la segunda parte de la canción. “Dark Empath” es la canción más larga del álbum y por primera vez hay una intención de bajar la velocidad en favor de un sonido más pesado y oscuro. 

Hasta acá tenemos, con cuatro canciones estratégicamente ubicadas al comienzo, lo más interesante de la placa. De aquí en adelante hay un desfile de verdaderos exponentes del Power Metal europeo pero que, bajo ninguna circunstancia, uno pensaría que pueden convertirse en clásicos de la talla de “Full Moon” o “My Land”. Disfruté mucho de “A Monster Only You Can´t See”, elegida como el corte adelanto, y que representa el costado más reciente de la producción de la banda. “Angel Defiled” es otra de las más gancheras y el final con “Clear Cold Beyond” redondean un muy buen álbum.

Como mencionamos arriba, Sonata Arctica no puede estar de vuelta ya que nunca se fueron. Pero con este “Clear Cold Beyond” han logrado reconectarse con su sonido más tradicional, algo que muchos veníamos pidiendo varias entregas atrás.

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My Dying Bride – A Mortal Binding (2024)
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Yo sé que en estos momentos es primavera en España, que esta página es española y que muchos de nuestros lectores también son españoles, pero al momento de escribir estas cosas lo hago desde la perspectiva de vivir en Argentina. Y entre la situación actual en el país de los campeones del mundo y de que acá estemos en otoño, creo que no hay mejor contexto para sumergirnos en la miseria y darle una escuchada a un flamante nuevo álbum de My Dying Bride.

De los “Tres de Peaceville”, las bandas más importantes del death doom gótico inglés de los noventas, My Dying Bride son los que menos han cambiado su sonido. Mientras sus compañeros Paradise Lost dejaron de lado los elementos más extremos para centrarse en el aspecto gótico y Anathema directamente abandonaron el metal, los comandados por el cantante Aaron Stainthorpe y el guitarrista Andrew Craighan siempre han mantenido el costado doom en su propuesta y la atmósfera de miseria tomada de imágenes de castillos en ruinas, fantasmas de amantes, flores marchitas y retratos cubiertos por el polvo del tiempo y del olvido. 

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Más allá de esa instancia electrónica que fue 34.788%… Complete y el lanzamiento neoclásico Evinta, los periodos de abandono de las voces guturales han sido el cambio mayor en su estilo, manteniendo las letras literarias de Stainthorpe y el acompañamiento de violín como elementos más característicos de su sonido. Su constancia también dio lugar a ciertos momentos en las últimas dos décadas donde podían tornarse repetitivos, pero desde el alegremente titulado A Map of All Our Failures el sexteto viene con una seguidilla de muy buenos discos, así que me acerqué a A Mortal Binding, con fecha de edición del 19 de abril, con expectativas positivas.

El decimoquinto álbum de los de Halifax decide arrancar sin la más mínima sutileza, porque “Her Dominion” patea la puerta con una marcha lenta como caracol y densa como una ola de brea, y con la aparición de las voces podridas de Stainthorpe. 

A pesar de la edad y del tiempo que pasó sin utilizarlas, el cantante hace estas voces con maestría y muy a menudo en la placa: con excepción de “Thornwyck Hymn” y “Unthroned Creed”, todas incluyen alguna instancia de voces deathmetaleras, y “Her Dominion” es la única que las utiliza de manera exclusiva. Sin embargo, creo que por eso es mi menos favorita de A Mortal Binding en el apartado vocal, sin ser para nada mala, porque dentro de la fórmula actual de My Dying Bride funcionan mejor con cierta dinámica de contraste. Como contrapartida, creo que es en “The Apocalyptist” donde las voces deathmetaleras de Stainthorpe funcionan mejor, más agresivas y monstruosas, donde además la combina con su estilo limpio y melódico dando una gran dinámica en la canción más larga del álbum.

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Como es de esperarse de un disco de My Dying Bride, A Mortal Binding es un disco que va siempre con marcha lenta y atmósfera de funeral en invierno. Los riffs a cargo de las guitarras de Andrew Craighan y Neil Blanchett (en su primer disco con la banda), el bajo pesado de Lena Abé, la batería letárgica pero no perezosa de Dan Mullins, y los teclados y violines de Shaun MacGowan, todo funciona como base para los lamentos románticos (en el sentido de romanticismo) de Stainthorpe. “A Starving Heart” acompaña esto con una delicada introducción acústica, al igual que con el adelanto “The 2nd of Three Bells”, donde la voz limpia hace maravillas.

Con 54 minutos en apenas siete canciones, se esperaría que el álbum fuera más complicado de escuchar de lo que es, pero la realidad es que cuando te atrapa ese tiempo se pasa volando sin problemas. En ningún momento se siente que las canciones sean más largas de lo que deberían ser, o que alguna parte esté de más: todo encaja de manera perfecta. Los riffs no serán una maravilla de originalidad, pero la manera en la que golpean directo al pecho compensan todo eso, haciendo su trabajo de crear atmósferas donde nunca se ve el sol.

En líneas generales, no hay nada nuevo en A Mortal Binding: todo su contenido es lo que uno esperaría de un álbum de My Dying Bride. Es oscuro, monolítico, elegante como un traje de luto y ciertamente un álbum que no es para cualquiera ni para escuchar en cualquier momento. Es un disco súper correcto dentro de la discografía de la Novia Moribunda, lo cual ya de por sí lo pone un escalón por encima de muchos otros álbumes “correctos” de otras bandas, y que agradará a los fans de su propuesta gótica.

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Deicide – Banished By Sin (2024)
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Para los amantes del death metal, ha llegado una nueva consagración: nada más y nada menos que Deicide, una institución dentro del género y banda que marcó el semblante del mismo allá por 1987 en Tampa, Florida, ha lanzado su nueva producción de larga duración titulada “Banished by Sin“, su decimo tercer álbum.

Producido por Jeramie Kling y Nordberg, con mezcla y masterización de Josh Wilbur y lanzado a través del sello Reigning Phoenix Music, el álbum está excelentemente ejecutado por el inoxidable Glen Benton, voz y bajo, miembro más longevo de la banda junto a Steve Asheim en batería y en las guitarras Taylor Nordberg y Kevin Quirion, siendo este, vale aclarar, el primer trabajo con la banda.

En la portada del álbum podemos ver lo que ya es un clásico del género: la parafernalia demoníaca. Sin embargo, esta vez ha causado discusión entre los fanáticos más acérrimos, ya que ha sido creada por Inteligencia Artificial.

Cabe destacar que la portada de este nuevo larga duración es exactamente igual a la del nuevo proyecto de Kerry King (Slayer), titulado “From Hell I Rise” a editarse el próximo 17 de mayo de este 2024. Un dato aún más curioso es que ambos álbumes son editados por el mismo sello discográfico.

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“From Unknown Heights You Shall Fall”, el tema inicial del álbum, nos recibe con una cálida bienvenida a este nuevo trabajo de Deicide, luego de 6 años desde su última entrega, “Overtures of Blasphemy” en 2018. Potentes machaques acompañados por los doble bombos de Asheim, blast beats, golpes brutales y las guturales y voces demoniacas de Benton conforman una entrada magistral que reafirma el legado de la banda como una de las instituciones del Death Metal.

Doomed To Die” y “Sever The Tongue” son los que siguen, canciones precisas, al grano, la fórmula que dió éxito siempre en la banda, hostilidad pura, se puede detectar en el sonido de los guitarristas una gran ejecución y nobleza obliga, reconocer que en una banda dónde pasaron grandes monstruos de toda talla, sólo por mencionar algunos, los hermanos Eric y Brian Hoffman.

Promediando la mitad del trabajo me encuentro con “Faithless” quizás mi canción favorita del material, con un buen arranque de guitarras y el doble bombo que va armando la introducción, las guitarras resuenan a puro machaque que no deja ideas más que imaginarse ver a la banda presentando este trabajo a la brevedad en el país.

Le siguen “Bury The Cross…With Your Christ”, “Woke From God”, “Ritual Defied”,  con menos intensidad que los primeros temas pero que de igual modo, no hay descanso, sigue al palo y cada vez más violento, cómo se puede evidenciar en “Failures of Your Dying Lord” con riff, machaques y una batería con blast beast asesinando tu cabeza, para entrar en un solo de guitarra muy original y que le da frescura al tema.

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Entrando en la recta final, don Benton nos invita a disfrutar de “Banished By Sin”, el homónimo que da nombre al trabajo es lo más parecido al viejo Deicide, cambios de tiempo, riffs de guitarra gemelas, oscuridad y Glen esclamando guturales a diestra y siniestra.

Trinity Of None”, “I Am I…A Curse Of Death” y “The Light Defeated”, llevan como nombre los últimos 3 temas, los mismos cuentan con mucho dinamismo, cero monotonía, no hay momentos aburridos, sólo un trabajo que te despierta y demuestra que Deicide tiene cuerda para rato y siempre se reinventa.

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Pearl Jam – Dark Matter (2024)
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En 2025 Pearl Jam va a estar cumpliendo 35 años de carrera, y eso suena tan extraño. No porque la banda no se lo merezca, sino más por el hecho de que fueran la única del grunge que logró mantenerse hasta el día de hoy de manera estable. De la vorágine de heroína y muerte en la que se había convertido la escena alternativa de Seattle para mediados de los noventas, Eddie Vedder y compañía terminarían persistiendo y erigiéndose como una de las bandas de rock más importantes de la década, casi pudiendo considerarlos abanderados del grunge para las generaciones siguientes, quisieran ellos aceptar ese papel o no.

Es que siempre hubo una diferencia importante entre Pearl Jam y sus compañeros de escena como Alice In Chains (quienes siguen al día de hoy, pero con una separación y 14 años de silencio discográfico de por medio), Soundgarden y sobre todo Nirvana: Pearl Jam tenía un sonido hecho para el éxito. Habrán salido del mismo contexto de bandas, pero las influencias del combo VedderMcCreadyGossardAment salían menos del under rockero de los ochentas y más de gente como Bruce Springsteen y Creedence Clearwater Revival: canciones con riffs épicos y estribillos como para que todo un estado coreara a viva voz. 

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Claro que su sonido y su permanencia a lo largo del tiempo ha hecho que Pearl Jam sea blanco de críticas. Algunos analistas dicen que tanto el sonido de estadio de la banda como el estilo vocal de Vedder terminaron influenciando a una enorme cantidad de grupos de “post grunge” que decidieron copiar el sonido de la movida grunge pero nada de su contenido (una crítica bastante estúpida, porque no creo que Pearl Jam hayan tenido como objetivo crear a Creed), los que dicen que sus últimos trabajos no vienen haciéndole honor a la historia de la banda (esto se suele decir de casi cualquier banda grande), y los que dicen que a esta altura son unos U2 con camisa de leñador (fuerte). 

Me preparé para la escucha de Dark Matter, su decimosegundo álbum de estudio, con toda la precaución que hace falta para analizar estos lanzamientos importantes. Y cuando lo escuché, me di cuenta de que hay veces que un detalle puede arruinar todo.

Antes de la salida de este nuevo disco pudimos escuchar tres singles, vamos a arrancar hablando de esas.

El primer adelanto del álbum fue “Dark Matter”. Esta busca ser la gran canción de estadio, con la introducción de batería de Matt Cameron, las guitarras poderosas, el bajo al frente y Vedder elevando la voz con su estilo típico. Es justo que sea la canción que bautice al disco… al menos en estilo. En la práctica, es un track que me da la sensación de ser más ruidoso que sustancioso, con un acompañamiento de guitarras poco inspirado y repetitivo. Es más como que hubieran querido componer algo para arrancar los recitales más que una canción hecha y derecha. Pero como anuncio del álbum, me imagino que debe hacer resultado.

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“Running” fue la segunda, y esta creo que funciona mejor. Es un track crudo, con bastante de la influencia punk que Pearl Jam fueron incorporando con el tiempo. La introducción de batería y bajo te prepara para lo que se viene, con una explosión de guitarras garageras. El acompañamiento de palmas por momentos me recuerda demasiado al infame intento garagero de Father of All de Green Day, pero por suerte no están tan al frente, dejándole espacio a Vedder para que haga lo suyo, con un final apoteósico de velocidad y distorsión, aunque con apenas 2 minutos y 19 segundos se sienta que algo le falta.

El último adelanto de Dark Matter fue “Wreckage”, dada a conocer dos días antes de la salida del álbum. Leí muchas reseñas que tenían sus (fuertes) dudas acerca de los dos primeros singles, pero esta canción les convenció y con justa razón: es el mejor de los tres adelantos y una de las mejores canciones del álbum. Pearl Jam viene experimentando hace rato con el country y el folk, y esta es una composición donde las influencias tanto de Tom Petty quedan a flor de piel. El acompañamiento de guitarras acústicas y teclados es simplemente hermoso, y la mezcla de la voz de Vedder con los coros convierte el estribillo en un momento desgarrador. En una época en la que la música country está teniendo su mejor momento en el mainstream musical estadounidense desde los noventas, no me sorprendería que “Wreckage” lograra tener éxito con ese público.

“Dark Matter” y “Running” serán bien rockeras, pero aparte de estas y “React, Respond” el material de Dark Matter va por un estilo más relajado, influenciado por el folk y el “heartland rock” de Springsteen y Petty, a veces poniendo más énfasis en las guitarras eléctricas y otras en las acústicas, con “Got To Give” y “Waiting For Stevie” como dos de las mejores de estas. Y creo que esto funciona muy bien, en parte porque Vedder parece sentirse más cómodo con ese registro más grave, y en parte porque hay un detalle que termina afectando de manera negativa a Dark Matter cuando quiere rockear: la mezcla.

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La producción estuvo a cargo de Andrew Watt, a quien es fácil subestimar porque su trabajo más conocido viene por el lado del pop y el rap, con gente como Post Malone, Cardi B y Justin Bieber entre los nombres que destacan en su currículum, pero que también ha trabajado con Ozzy Osbourne y acompaña a Vedder en su banda solista. Además de Ozzy también produjo Hackney Diamonds de los Rolling Stones y Every Loser de Iggy Pop, por lo que no me sorprendería de que busque ser una versión moderna de Rick Rubin, otro productor salido del mundo del hip hop que terminaría dejado su marca profunda en el rock. 

Sin embargo, parece que Watt terminó adoptando un vicio de las últimas décadas de Rubin. Menciono a Ozzy y a los Rolling Stones porque tanto Dark Matter como Ordinary Man y Patient Number 9 (los dos discos de Ozzy que produjo) y Hackney Diamonds tienen el mismo problema: la saturación en el sonido. Antes no sabía qué era lo que estaba pasando, hasta que noté que hay muchos momentos donde la batería suena muy sintética y que en los momentos más álgidos del álbum el sonido está tan comprimido que las guitarras se vuelven una bola de ruido acompañada por una batería. Es por eso que las canciones más relajadas funcionan mejor: es más difícil que se note la compresión si están tocando a un volumen más bajo.

Al menos acá no estoy escuchando a Vedder inundado de autotune, a diferencia de lo que pasó con Ozzy, pero creo que de ahora en más voy a ver con sospecha cada álbum donde Watt esté involucrado, al menos hasta nuevo aviso.

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Como dije, el sonido de Dark Matter le juega en contra, a un punto en el que no tengo idea cómo una banda con tanta experiencia puede cometer ese error, y es una pena porque este álbum tiene algunas de las mejores canciones que Pearl Jam haya compuesto en la última década y media, con “Wreckage” a la cabeza. Me recuerda mucho a Death Magnetic, aquel álbum de Metallica que dio comienzo a muchas de las discusiones sobre el volumen saturado de los discos. Pero Dark Matter tampoco es un St. Anger, y si el lector es mucho menos exigente que yo seguramente podrá apreciar de manera más positiva este nuevo álbum del conjunto, que a pesar del paso del tiempo sigue teniendo la chispa, aunque no vaya a prender fuego todo.

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Linkin Park – Papercuts (The Singles Collection 2000-2023) (2024)
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A estas alturas de la película, hablar de Linkin Park, es hacerlo de una de las bandas de rock alternativo más importantes y exitosas de las últimas tres décadas y tanto si queréis admitirlo como si no, de las más influyentes e innovadoras para la época en la que salieron y tras la cual influenciaron a las generaciones que vinieron después.

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El sexteto californiano puso banda de sonido a millones de chicos y chicas que encontraron en ellos la puerta que los inició en el rock, en el metal moderno y hasta en el hip hop gracias a la dualidad vocal que tenían Mike Shinoda y el malogrado y añorado Chester Bennington.

Lamentablemente el final de la banda fue el menos esperado (o quizás no tanto, pero desde luego el que uno nunca hubiese querido para ellos) y a día de hoy son un recuerdo vivo para millones de personas y a pesar de que se especula con un supuesto regreso de la banda, la realidad es que es un simple rumor y es algo que ningún seguidor de Linkin Park quisiera ver, más allá de un hipotético tributo, ya que LP eran, son y serán siempre: Brad Delson, Phoenix, Rob Bourdon, Mr.Hahn, Mike Shinoda y CHESTER BENNINGTON, cualquier otra cosa no es ni negociable ni querida por nadie.

Aprovechando que el año pasado Meteora (su segundo y aclamado disco multi platino) cumplió 20 años, ahora Warner Music ha lanzado el primer recopilatorio de la banda que reúne los mayores “Hits” de los californianos y como añadido cuenta con dos temas “inéditos” para que los seguidores puedan escuchar la voz de Chester al menos una vez más.

Sin necesidad de hacer un orden cronológico, el disco recorre la carrera de los californianos y como ella, podemos ver un sin fin de colores en el disco, desde himnos nu metaleros alternativos como “In The End”, “Crawling”, “Somewhere I Belong” o la propia “Papecut”, todos ellos piezas básicas para entender el sonido alternativo de los 2000 y que a su vez están combinados con temas más rockeros como “What I’ve Done”, “New Divide” o la hermosa y sentida “Leave Out All The Rest”, haciendo que el disco se haga ameno ya que podemos ir viendo como Linkin Park han ido creciendo y evolucionando como banda de rock.

Por supuesto que no todo es perfecto ya que al igual que su discografía hay piezas que son menores como podrían ser “Castle of Glass”, “Waiting for the End” o “Burn it Down”, pero que vistas en conjunto con los temas “inmaculados” de la discografía de la banda, no palidecen del todo.

Poco se puede añadir a canciones que todos conocemos al dedillo y que ha formado parte de nuestras vidas (en algunos casos) desde hace más de dos décadas, por lo cual este recopilatorio es más algo para los fanáticos acérrimos de la banda o alguien que no tenga idea quienes son Linkin Pàrk (y de paso haya vivido en un iglú o algo así estos últimos 24 años), más que un disco que sea importante para la banda en sí.

Las canciones nuevas son básicamente un regalo, siendo “Friendly Fire”, un tema pop muy emotivo y que objetivamente no llama mucho la atención más allá de poder escuchar cantar a Chester, lo cual por cierto te encoje el alma sabiendo que ya no está, mientras que “Qwerty” si que aporta la versión más “Cañera” de Linkin Park y que se remonta sobre todo a sus dos primeros discos, poniendo los pelos como escarpias al oyente escuchando los “Screams” de Chester una vez más, pasando muy por encima de la otra canción “Nueva” que encontraremos en este disco.

Lo dicho, este disco está hecho para los seguidores y los que no tengan ningún disco y quieran tener un recuerdo físico de la banda, aunque todos sabemos que para eso es mejor irse a la tienda más cercana y conseguir una copia de Hybrid Theory o Meteora, sin embargo Papecuts (Singles Collection 2000-2023) es un buen manual de inicio para conocer a una de las mejores y más importantes bandas del siglo XXI, Larga vida a Linkin Park hoy y para siempre.

 

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Týr – Battle Ballads (2024)
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Hace unos años reseñé A Night at the Nordic House, el recomendable álbum en vivo del cuarteto feroés Týr, banda que escuché bastante durante mis primeros años de exploración del heavy metal por fuera de los grupos más conocidos, con Eric The Red y Ragnarok siendo dos álbumes a los que les pegué la oreja bastante en su momento, o al menos las canciones sueltas que encontré en Ares, y su combinación de folk con otros de metal progresivo y de metal clásico. Tras aquel muy buen lanzamiento y un par de años de espera, decidí darle una oportunidad al nuevo álbum de estudio de estos vikingos metaleros, a ver cómo habían cambiado las cosas con estos viejos amigos nórdicos, a los que les había perdido la pista en su momento.

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Battle Ballads es el noveno álbum de estudio de Týr, y el primero en cinco años tras Hel. En la última década y monedas el grupo parece estar cómodo con tomarse su tiempo entre lanzamientos, siendo que ese mismo había salido seis años después del anterior Valkyrja. Este nuevo álbum se puede sentir como una versión más directa de los feroeses, sin abandonar de lo más recargado de sus últimos discos pero ofreciéndonos algo más digerible desde el comienzo. 

Esto se ve tanto en decisiones técnicas, como que con 41 minutos sea su trabajo más corto y apenas el segundo sin ninguna canción que supere los 6 minutos (ambos puestos antes estaban ocupados por By The Light Of The Northern Star), como en decisiones estilísticas: las melodías folk siguen estando presentes como en “Unwandered Ways” o en la delicada “Torkils døtur”, una canción tradicional feroesa, pero hay una mayor influencia power metal en su sonido, sobre todo con la tarea del húngaro Tadeusz Rieckmann (ex miembro de los folkmetaleros magiares Dalriada) detrás de los parches y la manera en la que usa el doble bombo en canciones como “Hammered” y “Hangman”. Incluso utilizan blast beats en “Axes”, algo que no queda tan fuera de lugar dentro de la propuesta de la banda.

“Vælkomnir føroyingar” es de las más melódicas del álbum, combinando lo sinfónico, el coro vikingo y uno de esos solos casi neoclásicos, llegando casi a los niveles de melodía que se escucharían en alguna canción de Korpiklaani. Mientras tanto, “Dragons Never Die” mezcla su estribillo bien power con los versos puntuados por este riff intermitente medio hard rock. La final “Causa Latronum Normannorum” agrega el latín al número de idiomas que Týr ha usado en su obra, además de tener este avance pesadísimo a medio tiempo.

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Los elementos más característicos de la propuesta de Týr siguen ahí, sea tanto su interés en la mitología nórdica o la voz de su cantante, guitarrista y líder Heri Joensen, con esa manera de articular claramente las palabras que se ven tan poco en el mundo del metal. La atmósfera épica también sigue estando súper presente, potenciada por los ingredientes sinfónicos que son casi omnipresentes en el álbum pero que siempre sirven de apoyo al formato tradicional de guitarra-bajo-batería del grupo, con la antes mencionada “Hangman” sintiéndose como la más sinfónica de todo Battle Ballads.

Battle Ballads es un álbum que se deja escuchar sin problemas, y que no se hace largo: el tema de la duración real es aparte, porque acá me refiero a mantener la atención del oyente, con la manera en la que varían las canciones y estas se desarrollan. Aunque es la primera parte la que tiene las composiciones con más gancho, el álbum mantiene siempre el músculo y la atmósfera ancestral que hacen al sonido de Týr. El mayor cambio que se puede sentir es que no haya tantos elementos progresivos como en sus trabajos anteriores, lo cual puede ser algo negativo para los que fueran fans de ese aspecto de los feroeses, pero en líneas generales Battle Ballads mantiene el buen nivel de los últimos álbumes, demostrando que el cuarteto sigue teniendo ideas para usar y habilidad para darles forma de manera satisfactoria.

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Hekseblad – Kaer Morhen (2024)
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Desde su formación en 2021, Hekseblad ha cautivado a la audiencia con una serie de demos, sencillos y EPs, incluyendo el aclamado “Fall of Cintra” del 2021.

Detrás de este proyecto se encuentra un dúo conformado por el vocalista y compositor Bruxa, conocido por su talento en el dungeon synth bajo el sello Wallachian Opulence Productions, y el multiinstrumentista y productor Frosk, quien también destaca por su proyecto homónimo de black metal y la banda de death metal, Frog Mallet.

Juntos, crearon un álbum con una atmósfera única que combina elementos del black metal, el dungeon synth y el ambient, con sonidos oscuros, épicos.

La voz de Bruxa, suena poderosa y emotiva que hace que el oyente se transporte a un mundo de sombras y fantasía.

Sean McCormack (Aka Frosk), el guitarrista, es una auténtica revelación. Su técnica depurada y su creatividad lo posicionan como uno de los mejores guitarristas del black metal independiente. La versatilidad del multiinstrumentista le permite explorar diferentes estilos dentro del género, desde los riffs más brutales hasta las melodías más atmosféricas. 

Kaer Morhen“, al igual que todas sus obras, se sumerge en el universo de The Witcher, transportando al oyente a un mundo de criaturas míticas, batallas épicas y brujos legendarios.

Las melodías oscuras y atmosféricas, conjuntamente con la voz rasgada y poderosa del vocalista, crean una experiencia sensorial envolvente que despierta la imaginación y te invita a explorar los recovecos de este universo fantástico.

La portada, una obra maestra de Aghy R Parakusuma, evoca la esencia del black metal clásico con sus tonos azules que nos recuerda a grandes obras maestras del black como puede ser “In the Nightside Eclipse” de los noruegos Emperor.

Hekseblad no solo crea música, sino que teje una experiencia inmersiva que conecta con la esencia de la fantasía oscura. Cada nota, cada verso, cada elemento visual te invita a embarcarte en un viaje épico a través de un mundo plagado de misterio y aventura. 

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El disco arranca con “School of the Wolf” y la guitarra de Frosk toma el protagonismo de inmediato, tejiendo melodías épicas que se elevan sobre el rugido de la batería y los gritos guturales de Bruxa.

Un solo de guitarra particularmente memorable emerge como un faro entre la tormenta, mostrando la destreza técnica de Frosk y dejando un eco en la mente del oyente. La melodía es tan contagiosa que te encontrarás tarareando al ritmo, incluso en medio del caos que te rodea.

La siguiente pista, “Grain of Truth (Vals de Nivellen)“, continúa explorando el lado melódico de Hekseblad. El piano toma el relevo como protagonista, guiando la canción a través de un vals melancólico. Es un respiro momentáneo de la furia del black metal, pero no por ello menos poderoso. De hecho, la belleza contrastante del vals solo sirve para intensificar el impacto cuando la banda regresa a su sonido característico, con una ferocidad renovada.

El tercer track se titula “The White Flame” e inicia con un vals de piano de una belleza cautivadora, cuyas notas románticas se entrelazan con un sintetizador tenue, creando una atmósfera melancólica, de pronto, la guitarra líder irrumpe en escena, transformando el vals en un acompañamiento vibrante. La melodía se intensifica, dando paso a una cacofonía de black metal crudo y agresivo.

La canción navega por una variedad de ritmos y texturas, manteniendo al oyente en un estado de constante sorpresa y fascinación. Voces diversas, cargadas de emoción. 

Sorprendentemente, esta canción había sido lanzada como sencillo en 2022. Su inclusión en el álbum es un regalo para los oídos, una oportunidad para redescubrir esta joya musical.

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La pista que titula el álbum, “Kaer Morhen“, nos embarca en un viaje fascinante a través de la dualidad que define a Hekseblad. La canción se inicia con una melodía suave y melancólica, interpretada por sintetizadores, una guitarra acústica y hasta que una flauta se une a la composición evocando la imagen de una canción folklórica que se escucharía en una taberna local durante un viaje por un mundo de fantasía. El ritmo es tranquilo y pegadizo, un contraste sorprendente con la agresión congelada y el terror de la oscuridad que caracteriza al black metal. La furia del género irrumpe, pero con una lentitud y una cadencia que la diferencian de la ferocidad habitual. Los riffs son pesados y atmosféricos, guiando al oyente por un camino de sombras y misterio. Las voces de Bruxa se tornan siniestras, susurrando palabras que parecen provenir de las profundidades de la tierra.

Para completar esta experiencia única, la pista cuenta con la colaboración de Sorjande, vocalista de la banda Mourning by Morning. Su voz se suma a la atmósfera etérea de la canción, aportando un toque de belleza y misterio aún mayor.

Es evidente el amor de los norteamericanos por las raíces del black metal. Se perciben influencias de bandas legendarias como Emperor, Dissection y Bathory, pero reinterpretadas con un toque personal y contemporáneo; sin embargo, Hekseblad no se limita a copiar el pasado. 

El resultado es una mezcla única y original que desafía las expectativas y expande los límites del black metal.

 

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Gun – Hombres (2024)
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Yo soy de jugar muchos videojuegos, y con el tiempo una cosa que te terminás dando cuenta es que experimentar un RPG ultra complejo de 150 horas está más que bien, pero tampoco está mal querer un jueguito donde puedas jugar un par de partidas, no tener que pensar mucho y simplemente pasar el rato. Lo mismo me pasa con la música: el “post death grind progresivo experimental ambient” es una cosa que estoy dispuesto a escuchar sin problemas, como las reseñas que vengo publicando en esta página pueden atestiguar, pero también hay veces donde tengo ganas de escuchar un disco común de canciones de tres o cuatro minutos, verso-estribillo-verso, riffs fáciles y letras sobre algún tema mundano y nada pretencioso. Y si eso es lo que quisiera creo que habría pocas opciones mejores que Gun, una de las bandas menos pretenciosas del mundo.

La banda de los hermanos Rizzi (Giuliano en la guitarra, Dante como cantante) se ha mantenido a lo largo de los años como un grupo seguro, uno al que uno va cuando quiere rock y nada más. Tal vez pensados como una apuesta escocesa al AOR que estaba teniendo tanto éxito durante la segunda mitad de los ochentas, Gun es ante todo una banda de hard rock bien radial pero que no tiene problemas en ir ajustando su propuesta con el paso de los años, como bien muestra el experimento a lo INXS que fue 0141 632 6326, su álbum de 1997. Aquella apuesta no funcionó y el grupo se separó ese mismo año, volviendo en 2008 ahora con el antiguo bajista Dante ocupando el puesto del histórico Mark Rankin (no confundir con el ingeniero de sonido que ha trabajado con Queen Of The Stone Age y Harry Styles, como bien éste señala en su Instagram).

Hombres es su octavo álbum de estudio y el cuarto de esta segunda etapa de Gun, editado por el sello independiente Cooking Vinyl el 12 de abril. Y si estábamos esperando que los escoceses hicieran alguna cosa rara con su sonido, al apretar play se nos devuelve a la realidad de que Gun siguen haciendo lo que mejor saben hacer: riffs para mover la patita y estribillos como para quedar silbando un rato. “All Fired Up”, la primera canción, arranca con una corta introducción de guitarra medio misteriosa pero rápidamente se vuelve un rock bien directo, con el bajo poderoso de Andy Carr y un ritmo constante como para ir en moto.

Al ver la lista de canciones, asumí que “Boys Don’t Cry” iba a ser un cover del clásico de The Cure, algo que no sería nuevo para Gun si tenemos en cuenta que su mayor éxito fuera del Reino Unido fue su cover de “Word Up” de las leyendas funk Cameo. Pero no, es un original de Gun que nada tiene que ver con la sensibilidad post punk / pop de la banda de Robert Smith, algo que queda más que claro desde el principio con esos riffs clásicos y el golpeteo de la batería como para encender a todo el público de un estadio, o un establecimiento más chico si somos realistas.

Hombres se mantiene en esa onda de rock canchero, con “Fake Life” y “Lucky Guy” sumándose a los ejemplos anteriores. Es un disco redondo en ese aspecto, y cierra con “A Shift In Time”, una balada que en otra época hubiera sonado en todas las radios y le daría de comer a los de la Aspen. Uno de los puntos más discutidos de la segunda etapa de Gun siempre ha sido el papel de Dante detrás del micrófono. Pero creo que en Hombres su estilo funciona: no tendrá el nivel de arrogancia rockera de Rankin, pero su estilo chillón a lo Axl Rose o Sebastian Bach. Y no es la única voz en el disco, porque cuando lo combinan con coros como en “You Are What I Need” le agrega un toque mágico a la propuesta.

Ahora vamos a lo negativo: “Falling” fue uno de los singles del álbum y también me parece el peor del disco: la idea no está mal, pero el estribillo se pasa de cursi y encima decidieron cerrarlo con un fade out muy poco satisfactorio, como si a la canción le faltara toda una sección. No es la única canción que termina con un fade out porque también pasa en “Never Enough”, sólo que ahí es peor porque esa es mucho mejor en todas sus partes y termina antes de lo que debería.

A fin de cuentas, Hombres donde hay canciones que gustan más o gustan menos, pero en su conjunto cumplen con su propósito de ser un buen conjunto de canciones de rock para disfrutar y tal vez poner a todo volumen en el estéreo: que dure 35 minutos ayuda a que den ganas de repetirlo. Logra su cometido como una taza de café bien fuerte por la mañana: puede que no tenga el sabor de alguna cafetería elegante ni sea nada gourmet, pero si necesitás algo que te despierte por la mañana hay pocas cosas mejores.

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Zakk Sabbath – Doomed Forever / Forever Doomed (2024)
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Nuevo disco de ZAKK SABBATH, la banda paralela de Zakk Wylde. Quizás el tributo más importante a nada menos una de las bandas más importantes de la historia: BLACK SABBATH.

A nivel contenido no hay lugar para sorpresas porque continúa la línea comenzada hace algunos años con “VERTIGO”, que cubría la totalidad del primer LP de los oriundos de Birmingham. Esta nueva entrega se divide en dos partes: La primera titulada DOOMED FOREVER que recorre íntegramente el segundo disco, PARANOID (1970); y una segunda parte, bautizada FOREVER DOOMED, que repasa la placa subsiguiente, MASTER OF REALITY (1971).

Además de Zakk en guitarras y voces, el trío lo completan otro ex-Ozzy, Robert Blasko Nicholson en bajo; y Joey Castillo en batería. Ya desde los acordes de War Pigs entendemos que la intención general es recrear aquel típico sonido de Sabbath de los 70s, especialmente en las guitarras, aunque acompañado por una producción propia de nuestros tiempos. Zakk en la viola es todo lo que podemos esperar de él, logrando casi al detalle el sonido de Tony Iommi, aunque no siempre respetando el fraseo de cada solo. Donde Zakk no puede evitar mostrar su impronta es cuando mete esos grooves tan característicos suyos, que difícilmente estuvieran inventados allá por 1970.

En cuanto a su labor como cantante, es notable la performance lograda en tanto se ubica muy cerca del registro de Ozzy. Especialmente cuando dobla las voces, Zakk consigue sonar como su ex-empleador. Por ejemplo, en canciones como Electric Funeral logra mimetizarse casi al completo con el gordo, sobre todo cuando utiliza esas voces procesadas.

Planet Caravan y Solitude, sin dejar de ser fieles versiones, son posiblemente los temas que más se alejan de sus contrapartes originales. El instrumental Rat Salad corre una suerte parecida, ya que los solos de guitarra y de batería están modificados.

A pesar de dar en la tecla con el sonido de Sabbath, no todas las canciones están en su afinación original. En la mayoría de los casos se utilizan entonaciones más bajas que ayudan a contribuir a la pesadez. Un recurso del que Tony Iommi fuera pionero en su momento, pero al que aún no había echado mano en el disco Paranoid.Dicen que el diablo está en los detalles y algo así sucede cuando notamos la
atención de replicar efectos tales como el final acelerado de War Pigs; o sonidos, como es el caso de la tos fumeta que abre Sweet Leaf; o la misteriosa coda de Children of the Grave. También hay atención a la mezcla, ya que los paneos están ubicados iguales a los discos que inspiraron esta obra. Sin dudas una prueba más del cariño y respeto por el material original.

Algunos podrán pensar que no tiene mucho sentido un disco así. Pero lo cierto es que resultó un éxito inesperado para el blondo guitarrista. Una placa que no fue lanzada en plataformas digitales y solo se consigue en formato físico, y aun así logró escalar en más de un ranking. Un nuevo punto para Zakk que gana una excusa para hacerse a la ruta y llevar al vivo aquellas gloriosas canciones que ya tienen más de cincuenta años y que han marcado a generaciones enteras (y posiblemente lo sigan haciendo por mucho tiempo más).

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Dvne – Voidkind (2024)
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Formada en Edimburgo en 2013 por el francés Victor Vicart y el escocés nativo Dudley Tait, los Prog/Post-metal/Sludge, DVNE,  han estado construyendo una poderosa corriente desde su segundo álbum, Etemen Ænka de 2021. Su primera publicación con el legendario sello Metal Blade Records, el LP fue en ascenso, permitiendo a DVNE embarcarse en giras por Europa y tocar en grandes festivales como Hellfest, Resurrection, entre otros.

Conceptualmente, las letras continúan la narrativa general de la banda, según explica su vocalista líder: “seguir a un grupo religioso a través de la línea generacional desde el principio hasta su final”. Mientras tanto, el extraordinario representa el tema principal de este capítulo, a saber, “una entidad divina que seduce y atrae a sus seguidores a través de sus sueños y el viaje multigeneracional de estos seguidores para alcanzar su dimensión de Dios”.

Las canciones son largas, elaboradas y meticulosamente trabajadas para lograr la perfección en la percepción del artista. Nada suena fuera de lugar; todo está en su sitio, creando una mezcla de épica mística y preciosismo mágico

Las voces presentan gritos guturales y limpios, típicos del metalcore. Las guitarras, cuando no están armonizando pasajes melódicos, interpretan riffs cargados de distorsión. La sección rítmica juega un papel libre pero sutil que se integra con los demás elementos. Además, los sintetizadores, aunque a veces relegados a un segundo plano, crean atmósferas casi psicodélicas que contrastan con la velocidad y la pesadez de los momentos donde la guitarra o la voz son protagonistas.

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“Voidkind” fue grabado entre septiembre y noviembre de 2023 en Edimburgo, en el Templo Craigiehall y la Granja Byres en Escocia, y cuenta con la impresionante obra de arte de Felix Abel Klae como portada.

La banda está compuesta por Allan Paterson (guitarra y bajo), Daniel Barter (voz), Dudley Tait (batería), Maxime Keller (teclados y voces), Victor Vicart (guitarra líder, voz y teclados)

Ahora desmenucemos el disco:

La primera pista “Summa Blasphemia” nos envuelve en un sonido impactante que nos prepara para el viaje que está por venir y nos arrastra hacia un abismo de distorsión y misterio. Las guitarras rugen como tormentas cósmicas, los gritos guturales a cargo de Daniel Barter empiezan a demostrar todo el poderío de la banda hasta que bajan muy poco la intensidad, se escuchan breves momentos de la voz calma cuando el ritmo cambia de manera constante como si estuviéramos atravesando portales dimensionales. La sección instrumental intercala momentos de calma con explosiones de energía.

Eleonora” es una epopeya musical. Comienza con una melodía hipnótica que se despliega lentamente, con voces limpias, llenas de melancolía y van tomando otro rumbo cuando las guitarras se elevan creando así una sensación de ascenso. 

La sección central está llena de emociones, sobre todo cuando ingresa en acción la voz gutural , es una canción que te atrapa y no te suelta, con varios cambios de ritmo, de las mejores del disco.

Con el 3er tema Dvne nos lleva en una búsqueda cósmica. “Reaching for Telos” incluye muchísimas partes más melódicas y progresivas que son las que me mantuvieron interesado en la primera escucha. Las voces guturales no son tan necesarias para mí gusto ya que las voces de Victor Vicart son bastante buenas.

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En “Reliquary”, se fusionan elementos progresivos con la pesadez del sludge. Las voces guturales nos arrastran mientras que las guitarras exploran ideas melódicas y disonantes. La sección instrumental es como un ritual antiguo, con momentos que pueden llegar a sonar algo de jazz, incluye ritmos y solos de guitarra que se retuercen durante los 7 minutos que dura la canción.

Path of Dust” es una canción que te hace sentir la soledad y la belleza del espacio infinito, con ritmo lento y que sirve como interludio antes que comience a sonar la 6ta canción, la misma está titulada “Sarmatæ” y aquí podemos encontrar similitudes a Mastodon, sobre todo de la época de “Blood Mountain”, una canción breve pero más que efectiva.

En “Path of Etherencontramos otra vez la calma, llegando poco a poco al final del álbum, Dvne nos hace sentir como si estuviéramos flotando en el éter mismo observando las estrellas desde una perspectiva cósmica hasta que se desate la tormenta.

Las últimas tres pistas de este álbum son todas épicas, con duraciones entre siete y diez minutos.

Suena “Abode of the Perfect Soul”, los escoceses se adentran en territorio progresivo, podemos escuchar en estos 7:28 distintos matices, desde los más tranquilos a los que se le suman berreos y voces limpias que arman una combinación de sonidos exquisita.

Probablemente sea una de las canciones más pesadas del álbum, pero también es una de las más multifacéticas debido a su intrincados y cautivadores riffs entrelazados con capas y capas de líneas.

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La penúltima canción, “Plērōma” (que ha sido lanzada como primer adelanto), probablemente es una buena elección para un single. Comienza con sintetizadores y guitarra, gradualmente crece hasta convertirse en un riff realmente agradable y voces que quizás sean las más claras del álbum, un track ideal para captar nuevos oyentes al mundo de Dvne.

Finalmente, “Cobalt Sun Necropolis”, una épica pista de diez minutos, comienza con una gran guitarra con reverb y tiene la sensación de ser el cierre de un álbum. Esta vez, las melodías son abundantes. El corazón progresivo está abierto, permitiendo un grito aquí y allá. Esta canción se construye hacia un crescendo, una explosión. Se siente como una canción de encore en un concierto; es larga y querés ver qué viene a continuación. Un buen track que cierra el álbum de manera elegante.

En conclusión, puedo decir que este álbum complacerá a los amantes del metal progresivo y a los fanáticos del heavy más pesado, ideal para escuchar de principio a fin con unos buenos auriculares y prestarle atención a cada instrumento, además de la excelente voz de Victor.

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Sonata Arctica – Clear Cold Beyond (2024)
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Leí algunos comentarios que decían “Sonata Arctica está de regreso” … lo cual suena algo injusto ya que, desde aquel brillante “Ecliptica” los finlandeses nunca han dejado de editar discos y girar por el mundo. Pero sí resulta acertado decir que con este flamante CLEAR COLD BBEYOND han vuelto a reencontrarse con su costado más tradicional, aquel con el que brillaran en los albores del Siglo XXI.

Quizá una de las bandas más arriesgadas de los últimos tiempos, dotados de un sonido propio, reconocible y que los ha despegado de sus pares dentro del vasto panorama del Power Metal. Han ido evolucionando disco a disco agregando matices y arreglos año tras año. Su hasta ahora última producción de estudio, Talviyö del 2019, había arrojado excelentes comentarios, pero, para ser sinceros, muchos seguidores esperábamos que disminuyeran, aunque sea en parte, la complejidad de sus más recientes entregas. Acercarse un poco a lo que fueran los primeros tres álbumes de la por entonces sorpresiva banda finlandesa. En definitiva, el problema al que se enfrenta cualquier banda exitosa: recrear el pasado a riesgo de ser acusados de poca originalidad; o por el contrario transitar caminos más alejados sólo para que les exijan volver a las raíces.

Clear Cold Beyond del 2024 se encuentra de algún modo a medio camino entre ambas propuestas. 

Como de costumbre, la banda es liderada por su vocalista y principal compositor, Tony Kakko, la mente maestra detrás de Sonata Arctica. Lo secundan su eterno compañero de aventuras, Tommy Portimo en batería; más quienes se fueron sumando con los años: Henrik Klingenberg en teclados, Elias Viljanen en guitarras y Pasi Kauppinen en bajo.

Bastan unos pocos segundos del primer track, “First in Line”, para adentrarnos en ese clima tan familiar a la banda con mucho doble bombo, up-tempo, con teclados y guitarras en armonía, y con melodías trabajadas y pegadizas. “California” sigue en esa misma línea, incluso quizás a un tempo más veloz y con un quiebre memorable… de los mejores estribillos de la placa. “Shah Mat” empieza con una intro cinematográfica y se va desarrollando a medida que avanzan los segundos, logrando diferentes climas, especialmente en la segunda parte de la canción. “Dark Empath” es la canción más larga del álbum y por primera vez hay una intención de bajar la velocidad en favor de un sonido más pesado y oscuro. 

Hasta acá tenemos, con cuatro canciones estratégicamente ubicadas al comienzo, lo más interesante de la placa. De aquí en adelante hay un desfile de verdaderos exponentes del Power Metal europeo pero que, bajo ninguna circunstancia, uno pensaría que pueden convertirse en clásicos de la talla de “Full Moon” o “My Land”. Disfruté mucho de “A Monster Only You Can´t See”, elegida como el corte adelanto, y que representa el costado más reciente de la producción de la banda. “Angel Defiled” es otra de las más gancheras y el final con “Clear Cold Beyond” redondean un muy buen álbum.

Como mencionamos arriba, Sonata Arctica no puede estar de vuelta ya que nunca se fueron. Pero con este “Clear Cold Beyond” han logrado reconectarse con su sonido más tradicional, algo que muchos veníamos pidiendo varias entregas atrás.

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