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MONO en Buenos Aires: “Como luchar contra las olas”
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“Fin de semana a puro post rock” no es una frase que pensé que alguna vez tendría que escribir, pero es la mejor manera para describir los últimos días en la ciudad de Buenos Aires. El viernes 5 los estadounidenses Russian Circles hicieron su debut en escenarios argentinos en Uniclub, y el domingo 7 Mono hizo lo suyo en el mismo lugar: puede que dos conciertos no sea una avalancha de recitales, pero las visitas de bandas de este estilo al país son tan raras que un par con dos días de diferencia es una enormidad.

Para quienes no conozcan a Mono, se hizo conocido por su trayectoria como arquero en el fútbol argentino tanto en Ferrocarril Oeste como en River, más tarde haciendo el salto a la liga española primero en el Mallorca y más tarde con el Atlético de Madrid, donde se retiró en Acá la producción de Track To Hell me dice que no tendría que estar hablando sobre Germán “El Mono” Burgos, sino acerca de la banda japonesa Mono, que además se debe escribir todo en mayúsculas: MONO. Cosas que pasan cuando se traspapelan las pestañas, pero acá hablamos de gente (casi) tan grande como el arquero. 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Russian Circles en Buenos Aires: “La sangre circula caliente”

MONO se pueden contar como la banda más grande del post rock en su país, estando a la par de los también legendarios Envy pero lanzando material mucho más seguido. El cuarteto de Tokio tuvo un ascenso meteórico a poco de formarse en 1999, con su álbum debut Under The Pipal Tree siendo editado en 2001 a través de Tzadik, el sello dirigido por la leyenda experimental John Zorn. Desde esa época MONO han mantenido su estatus como estrellas de este nicho, algo donde ha ayudado no sólo la cantidad de recitales en su historial sino también la variedad de lugares donde los han dado: ya habiendo pasado por estas tierras en 2015 en Niceto Club, con este segundo recital pondrían a Argentina en el mismo escalón de presentaciones de MONO que Mongolia.

Uniclub se encontraba bastante ocupado para lo que suele ser el público para las bandas teloneras, sobre todo considerando que hubo que improvisar en este aspecto debido a que .MAR, la banda que iba a arrancar el evento, tuvo que bajarse apenas un par de días antes debido a problemas de salud. Por suerte la productora Rueda de la Fortuna, que hizo un gran trabajo en todo sentido, pudo solucionar las cosas sumando a Para Establecer Un Río como reemplazo. Y a pesar del poco tiempo de preparación, el trío platense dio una presentación hipnótica, con sus crescendos explosivos combinados con el uso de voces gritadas y el cierto regusto metalero en sus guitarras. Pocas palabras de su parte, pero un set que fue muy bien recibido con aplausos por parte de la gente.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Fumata, Wohl y Bury Me In The Desert en Guadalajara: “Culto al fuzz”

El último nombre antes de las estrellas de la noche sería el cuarteto porteño Fin del Mundo, que tendría la tarea de ponerle la vibra emotiva a la noche. A medio camino entre la épica postrockera y la intimidad de la movida indie, las cuatro chicas detrás de la banda demostraron una solidez envidiable en su performance y un manejo destacable de las dinámicas, pasando de las voces susurradas y las líneas de guitarra como para musicalizar escenas grabadas en un VHS gastado a la crudeza de las paredes de sonido de las guitarras distorsionadas. 

“Una Temporada”, “Desvelo”, “Marea” y “El Fin del Mundo” fueron un par de las que se pudieron escuchar, a las que se sumó una canción nueva que no sólo todavía no grabaron sino que tampoco tiene nombre más allá de haberla marcado como “(Post rock)” en la lista. Un set superlativo, que demuestra una vez más que la escena independiente en Argentina está llena de energía, como también demostró que hubiera muchos/as fans específicamente del cuarteto en el lugar, cantando sus letras y disfrutando sus canciones.

Durante la previa a MONO y mientras podíamos escuchar los movimientos y pruebas detrás del telón, Uniclub se fue llenando de gente de anteojos y con remeras de todo tipo: Haken, Alcest, PiL, King Crimson, Godflesh, algún grupo raro del que no siquiera yo había escuchado y algo más que no habré visto. Mientras, por el sistema de sonido salía la clase de música rara que uno esperaría de una fecha de estas características: habré podido identificar a Björk en la lista, pero no me pidan mucho más porque hasta yo tengo mis límites.

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Cuando se abrió el telón de Uniclub, la expectativa comenzó a crecer a niveles tremendos. En ese momento pudimos ver la particular disposición de los implementos en escena: aparte de los parlantes, se podían ver dos taburetes puestos frente a estos y a su vez una alfombra de cada lado enfrente del retorno, donde se podían contabilizar al menos catorce pedales en cada uno de ellos. A eso se sumaba un glockenspiel pequeño, ese instrumento similar a una marimba, en medio del escenario frente a la batería, dispuesta en su lugar habitual en el fondo.

Los aplausos se desataron cuando pudimos ver a los músicos salir a escena: los guitarristas Taka Goto y Yoda Suematsu puestos a ambos lados del escenario, la bajista Tamaki Kunishi en el medio, y el baterista estadounidense Dahm Majuri Cipolla, que si se prestaba atención creeríamos que andaba con una remera de los legendarios crusts británicos Doom, pero visto más de cerca se veía que era una remera de la también británica cantante de soul Sade pero hecha al estilo de una portada de Doom e incluso con el logo adaptado. Con los guitarristas apostados en los taburetes y Dahm en su puesto, Kunishi sería la única que se mantendría parada durante toda la noche. Sin palabras de por medio y con sólo un par de gestos de agradecimiento, MONO comenzaría la velada con los primeros rasgueos de “Riptide”, que junto con la siguiente “Imperfect Things” y más tarde “Innocence” serían las tres composiciones que sacarían de su último álbum Pilgrimage of the Soul (2021). 

Desde que hice una crónica de la presentación del guitarrista Tony MacAlpine, me di cuenta de que se me dificulta ser específico al escribir sobre recitales instrumentales, así que disculpen si hablo de manera muy general. Lo de MONO, tanto en estudio como en vivo, se basa en las dinámicas de ruido y calma, con las canciones pudiendo arrancar como un paseo entre las flores y de la nada se volviéndose una marea de distorsión guitarrera, con Taka, Yoda y Tamaki haciendo uso y abuso de sus parlantes y pedales. Incluso durante las partes calmas se puede dar esto, gracias al uso de los loops de guitarra y el reverb en las cuerdas, mientras Dahm demuestra una claridad envidiable en cada golpe a los redoblantes y platillos: al grabar en estudio MONO lo hacen todos juntos, y casi 1500 recitales muestran una química tremenda entre todos los involucrados.

El final de cada canción fue acompañado por los aplausos, chiflidos y cantos de la gente, con los músicos rompiendo su imagen firme e inexpresiva para mostrarse asombrados cuando la gente comenzó a cantar “¡Olé, olé, olé, olé! ¡MONO! ¡MONO!”. La de los japoneses no es la clase de música para hacer pogo sino para el trance y tal vez para un headbanging pesado cuando las canciones se ponen bien densas, cosa que los mismos integrantes hacen, pero eso no significa que no logre despertar la misma dedicación fervorosa que gente que hace canciones mucho más directas.

A todo esto, el sonido de Uniclub debía ser de los mejores que hubiera experimentado en años de cubrir conciertos en el lugar: aunque fuera complicado darse cuenta de algún error entre las olas de ruido, estaba claro que las canciones estaban saliendo por los parlantes tal cual como deberían. Y esto siguió con las siguientes “Nowhere, Now Here”, “Sorrow”, “Halcyon (Beautiful Days)” y “Ashes in the Snow”, con Taka poniéndose a tocar la guitarra con los dientes a lo Jimi Hendrix y Yoda lanzando su púa al público, con un par peleándose un rato como salvajes en el suelo para poder agarrarla: esto lo sé porque yo fui uno de los de la pelea, y perdí. 

MONO se retiraron del escenario, dándose y dándonos unos minutos de descanso hasta pudimos verlos de vuelta: fue en ese momento donde Taka dedicó algunas palabras al público, las únicas de parte de MONO en toda la noche y en un inglés muy decente, agradeciendo a todos los que habían venido y creo que implicando que esta era la primera vez que venían: no lo culparía por el error si es lo que dijo, considerando la cantidad de recitales que el grupo da por año sería un milagro que se acordaran de aunque fuera un par mínimo.

Para el final dejarían un enorme momento, aunque por su duración sería más un rato: “Com(?)”, proveniente de One Step More and You Die, fue la elegida para cerrar la noche, con sus más de 15 minutos de épica ruidosa coronados por Tamaki y Dahm retirándose del escenario mientras Taka y Yoda se quedaban haciendo exprimiendo la distorsión a sus guitarras y loopeando el resultado, dejando que esa experimentación noise fuera la banda sonora con la que los músicos se retiraron. Aunque muchos aprovecharan ya para irse retirando, la mayoría se quedó esperando mientras sonaba aquella maraña de ruidos y las luces poco a poco se iban apagando, hasta que los plomos se acercaron para desconectar los parlantes, ahí ya poniendo punto final a la noche para que la gente se fuera encaminando a sus casas, que mañana era lunes y había que despertarse temprano para ir a trabajar.

¿Qué nos queda de todo esto? Con lo volátil que es la economía de este país, tener productoras dispuestas a correr semejantes riesgos con artistas tan de nicho es algo que es para aplaudir, pero que encima lo hagan con la dedicación que se pudo ver durante las semanas previas es directamente para aplaudir. Muchas gracias a Rueda de la Fortuna por darnos la oportunidad de cubrir tan particular fecha, a Para Establecer Un Río y Fin del Mundo por darle una gran previa a todos los presentes, y a la gente detrás de MONO por brindarnos uno de los mejores recitales de este 2024, para todos los amantes del ruido y la música rara.

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MONO en Buenos Aires: “Como luchar contra las olas”
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“Fin de semana a puro post rock” no es una frase que pensé que alguna vez tendría que escribir, pero es la mejor manera para describir los últimos días en la ciudad de Buenos Aires. El viernes 5 los estadounidenses Russian Circles hicieron su debut en escenarios argentinos en Uniclub, y el domingo 7 Mono hizo lo suyo en el mismo lugar: puede que dos conciertos no sea una avalancha de recitales, pero las visitas de bandas de este estilo al país son tan raras que un par con dos días de diferencia es una enormidad.

Para quienes no conozcan a Mono, se hizo conocido por su trayectoria como arquero en el fútbol argentino tanto en Ferrocarril Oeste como en River, más tarde haciendo el salto a la liga española primero en el Mallorca y más tarde con el Atlético de Madrid, donde se retiró en Acá la producción de Track To Hell me dice que no tendría que estar hablando sobre Germán “El Mono” Burgos, sino acerca de la banda japonesa Mono, que además se debe escribir todo en mayúsculas: MONO. Cosas que pasan cuando se traspapelan las pestañas, pero acá hablamos de gente (casi) tan grande como el arquero. 

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MONO se pueden contar como la banda más grande del post rock en su país, estando a la par de los también legendarios Envy pero lanzando material mucho más seguido. El cuarteto de Tokio tuvo un ascenso meteórico a poco de formarse en 1999, con su álbum debut Under The Pipal Tree siendo editado en 2001 a través de Tzadik, el sello dirigido por la leyenda experimental John Zorn. Desde esa época MONO han mantenido su estatus como estrellas de este nicho, algo donde ha ayudado no sólo la cantidad de recitales en su historial sino también la variedad de lugares donde los han dado: ya habiendo pasado por estas tierras en 2015 en Niceto Club, con este segundo recital pondrían a Argentina en el mismo escalón de presentaciones de MONO que Mongolia.

Uniclub se encontraba bastante ocupado para lo que suele ser el público para las bandas teloneras, sobre todo considerando que hubo que improvisar en este aspecto debido a que .MAR, la banda que iba a arrancar el evento, tuvo que bajarse apenas un par de días antes debido a problemas de salud. Por suerte la productora Rueda de la Fortuna, que hizo un gran trabajo en todo sentido, pudo solucionar las cosas sumando a Para Establecer Un Río como reemplazo. Y a pesar del poco tiempo de preparación, el trío platense dio una presentación hipnótica, con sus crescendos explosivos combinados con el uso de voces gritadas y el cierto regusto metalero en sus guitarras. Pocas palabras de su parte, pero un set que fue muy bien recibido con aplausos por parte de la gente.

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“Una Temporada”, “Desvelo”, “Marea” y “El Fin del Mundo” fueron un par de las que se pudieron escuchar, a las que se sumó una canción nueva que no sólo todavía no grabaron sino que tampoco tiene nombre más allá de haberla marcado como “(Post rock)” en la lista. Un set superlativo, que demuestra una vez más que la escena independiente en Argentina está llena de energía, como también demostró que hubiera muchos/as fans específicamente del cuarteto en el lugar, cantando sus letras y disfrutando sus canciones.

Durante la previa a MONO y mientras podíamos escuchar los movimientos y pruebas detrás del telón, Uniclub se fue llenando de gente de anteojos y con remeras de todo tipo: Haken, Alcest, PiL, King Crimson, Godflesh, algún grupo raro del que no siquiera yo había escuchado y algo más que no habré visto. Mientras, por el sistema de sonido salía la clase de música rara que uno esperaría de una fecha de estas características: habré podido identificar a Björk en la lista, pero no me pidan mucho más porque hasta yo tengo mis límites.

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Los aplausos se desataron cuando pudimos ver a los músicos salir a escena: los guitarristas Taka Goto y Yoda Suematsu puestos a ambos lados del escenario, la bajista Tamaki Kunishi en el medio, y el baterista estadounidense Dahm Majuri Cipolla, que si se prestaba atención creeríamos que andaba con una remera de los legendarios crusts británicos Doom, pero visto más de cerca se veía que era una remera de la también británica cantante de soul Sade pero hecha al estilo de una portada de Doom e incluso con el logo adaptado. Con los guitarristas apostados en los taburetes y Dahm en su puesto, Kunishi sería la única que se mantendría parada durante toda la noche. Sin palabras de por medio y con sólo un par de gestos de agradecimiento, MONO comenzaría la velada con los primeros rasgueos de “Riptide”, que junto con la siguiente “Imperfect Things” y más tarde “Innocence” serían las tres composiciones que sacarían de su último álbum Pilgrimage of the Soul (2021). 

Desde que hice una crónica de la presentación del guitarrista Tony MacAlpine, me di cuenta de que se me dificulta ser específico al escribir sobre recitales instrumentales, así que disculpen si hablo de manera muy general. Lo de MONO, tanto en estudio como en vivo, se basa en las dinámicas de ruido y calma, con las canciones pudiendo arrancar como un paseo entre las flores y de la nada se volviéndose una marea de distorsión guitarrera, con Taka, Yoda y Tamaki haciendo uso y abuso de sus parlantes y pedales. Incluso durante las partes calmas se puede dar esto, gracias al uso de los loops de guitarra y el reverb en las cuerdas, mientras Dahm demuestra una claridad envidiable en cada golpe a los redoblantes y platillos: al grabar en estudio MONO lo hacen todos juntos, y casi 1500 recitales muestran una química tremenda entre todos los involucrados.

El final de cada canción fue acompañado por los aplausos, chiflidos y cantos de la gente, con los músicos rompiendo su imagen firme e inexpresiva para mostrarse asombrados cuando la gente comenzó a cantar “¡Olé, olé, olé, olé! ¡MONO! ¡MONO!”. La de los japoneses no es la clase de música para hacer pogo sino para el trance y tal vez para un headbanging pesado cuando las canciones se ponen bien densas, cosa que los mismos integrantes hacen, pero eso no significa que no logre despertar la misma dedicación fervorosa que gente que hace canciones mucho más directas.

A todo esto, el sonido de Uniclub debía ser de los mejores que hubiera experimentado en años de cubrir conciertos en el lugar: aunque fuera complicado darse cuenta de algún error entre las olas de ruido, estaba claro que las canciones estaban saliendo por los parlantes tal cual como deberían. Y esto siguió con las siguientes “Nowhere, Now Here”, “Sorrow”, “Halcyon (Beautiful Days)” y “Ashes in the Snow”, con Taka poniéndose a tocar la guitarra con los dientes a lo Jimi Hendrix y Yoda lanzando su púa al público, con un par peleándose un rato como salvajes en el suelo para poder agarrarla: esto lo sé porque yo fui uno de los de la pelea, y perdí. 

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Para el final dejarían un enorme momento, aunque por su duración sería más un rato: “Com(?)”, proveniente de One Step More and You Die, fue la elegida para cerrar la noche, con sus más de 15 minutos de épica ruidosa coronados por Tamaki y Dahm retirándose del escenario mientras Taka y Yoda se quedaban haciendo exprimiendo la distorsión a sus guitarras y loopeando el resultado, dejando que esa experimentación noise fuera la banda sonora con la que los músicos se retiraron. Aunque muchos aprovecharan ya para irse retirando, la mayoría se quedó esperando mientras sonaba aquella maraña de ruidos y las luces poco a poco se iban apagando, hasta que los plomos se acercaron para desconectar los parlantes, ahí ya poniendo punto final a la noche para que la gente se fuera encaminando a sus casas, que mañana era lunes y había que despertarse temprano para ir a trabajar.

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