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In Flames en Buenos Aires: “Conservando un estatus”

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In Flames en Buenos Aires: “Conservando un estatus”
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La popularidad de un grupo no se mide solo en sus puestos de rankings, ni en la cantidad de premios que obtienen y ni tampoco en sus números de visitas en las plataformas digitales. A veces se necesita revalidarlo sobre el escenario. Mediante el nivel de convocatoria. Y esa es una de las principales virtudes de In Flames, quién a lo largo de los años, fue elevando la cantidad de fanáticos y aficionados que los siguen.

En esta oportunidad, los suecos visitaron el país por 5ta vez, en el marco de una gira que prometía dos cosas: reafirmar ese estatus de popularidad que fueron ganando con el tiempo y repasar los mayores hits de su carrera.

Para ello, el conjunto liderado por Anders Fridén se presentó en el Teatro Flores. Escenario en el cuál dijeron presente por primera vez, tras haber tocado anteriormente en recintos de menor capacidad (por excepción de su última visita en el Arena Sur).

Un pequeño adelanto que presagiaba que se podía llegar a tratar de una noche cargada y movida de gente. ¿El resultado? Por lo pronto, para haber sido un domingo de superclásico en Argentina, el recinto ya disponía de una buena cantidad de fanáticos para cuando arrancó BloodParade.

20:30 estaba programado la hora de arranque para el elenco nacional que tuvo que reemplazar a Crown, debido a que los rosarinos se tuvieron que dar de baja unos días antes por problemas de salud de uno de sus miembros

Como todo sucedió de forma repentina, evidentemente se tuvo que recurrir a una solución inmediata. Y para tratarse de una aparición de última hora, la verdad que la propuesta de BloodParade terminó encajando mucho mejor de lo esperado con la temática de la noche.

Si bien se trató de un estilo gótico más industrial, con una estética visual que trajo a Rammstein a la mente de más de uno, en términos musicales no estuvo tan alejado de la línea moderna de trabajo que viene manejando In Flames en el último tiempo. Por lo que en ese sentido, la presencia de esta banda resultó positiva.

Lo que quizás no fue tan positivo fue el sonido, que no se acabó acomodando y dio como resultado una actuación más diluida y ruidosa que prolija. Eso sí, el grupo compensó estas dificultades con compromiso y actitud.

La salida de In Flames también se dio a horario. 21:30 puntual los suecos ya estaban incendiando el lugar con “Pinball Map”, desatando la euforia y locura de un público que recibió con los brazos abiertos el impacto musical de los de Gotemburgo.

Lamentablemente los problemas técnicos de sonido dijeron presente nuevamente y se mantuvieron durante gran parte de la noche. Y acá hay que hacer un punto, porque así como hay bandas con fama de ser demoledores en vivo, hay otras que tienen la desdicha de no sonar tan bien sobre el escenario. Y tristemente In Flames, entra en el segundo lote. O al menos, sus presentaciones en Argentina siempre se caracterizaron por eso. Y en esta oportunidad, no fue la excepción.

Las guitarras no hallaron nunca la nitidez y claridad que debían. Sonaban sucias y desdibujadas. Como si le faltaran definición. En su lugar, se percibía una bola distorsionada que no le permitió brillar ni a Björn Gelotteni ni a Chris Broderick.

Por su parte, la voz Anders Fridén tampoco terminó por alcanzar vuelo. Se lo escuchaba bajo en la mezcla, y un poco apartado del resto de los instrumentos. Un desajuste vocal que se sostuvo durante los primeros minutos.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Dark Tranquillity en Buenos Aires: “Brutal lección de Melodeath de Gotemburgo”

Afortunadamente, a medida que avanzaron los temas, el sonido terminó por encontrar esa definición que precisaba la música de In Flames. Y es que el set del quinteto tuvo un fuerte enfoque en su etapa más moderna y en su último trabajo, Foregone (2023). En piezas como “In The Dark” y “Voices” cuyos riffs y estribillos gancheros pusieron a la gente a corearlos.

Sin embargo, la verdadera fiesta comenzó cuando empezaron a caer los clásicos más populares del grupo. Y es que a partir de “Cloud Connected” hubo una seguidilla de hits como “Trigger” y “Only for the Weak” que pusieron a todo el mundo en el Teatro a saltar.

A estas alturas, ya pocas esperanzas la quedaban a los fanáticos que asistieron soñando con que el grupo se saque del baúl de los recuerdos, alguna perla de su etapa primeriza perteneciente al melodeath. En especial, aquellos que fueron pensando que capaz había un guiño con “Moonshield” o “Graveland” por el 30 aniversario de The Jester Race (1996)

Pero tal como se olía, al final nada de eso sucedió. Y el show siguió su curso con piezas de su era moderna y con un sonido que dejó atrás el mal sabor a boca del comienzo. De esta forma, la jornada culminó con “Take This Life”, que desató la última batalla campal del domingo.

Los suecos cumplieron. Al menos con sus dos grandes propósitos, ya que en primer lugar, tocaron la mayoría de sus éxitos modernos con solvencia y calidez. Y en segundo, porque reafirmaron esa admiración y devoción que despiertan en sus fanáticos. Con una gran convocatoria, In Flames demostró que su nombre sigue resonando. Que su gente responde. Y que su estatus de popularidad se preserva.

Agradecemos a Icarus Music por la acreditación y la realización del evento.

Fotografia portada: Gentileza Martin Darksoul

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In Flames en Buenos Aires: “Conservando un estatus”
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La popularidad de un grupo no se mide solo en sus puestos de rankings, ni en la cantidad de premios que obtienen y ni tampoco en sus números de visitas en las plataformas digitales. A veces se necesita revalidarlo sobre el escenario. Mediante el nivel de convocatoria. Y esa es una de las principales virtudes de In Flames, quién a lo largo de los años, fue elevando la cantidad de fanáticos y aficionados que los siguen.

En esta oportunidad, los suecos visitaron el país por 5ta vez, en el marco de una gira que prometía dos cosas: reafirmar ese estatus de popularidad que fueron ganando con el tiempo y repasar los mayores hits de su carrera.

Para ello, el conjunto liderado por Anders Fridén se presentó en el Teatro Flores. Escenario en el cuál dijeron presente por primera vez, tras haber tocado anteriormente en recintos de menor capacidad (por excepción de su última visita en el Arena Sur).

Un pequeño adelanto que presagiaba que se podía llegar a tratar de una noche cargada y movida de gente. ¿El resultado? Por lo pronto, para haber sido un domingo de superclásico en Argentina, el recinto ya disponía de una buena cantidad de fanáticos para cuando arrancó BloodParade.

20:30 estaba programado la hora de arranque para el elenco nacional que tuvo que reemplazar a Crown, debido a que los rosarinos se tuvieron que dar de baja unos días antes por problemas de salud de uno de sus miembros

Como todo sucedió de forma repentina, evidentemente se tuvo que recurrir a una solución inmediata. Y para tratarse de una aparición de última hora, la verdad que la propuesta de BloodParade terminó encajando mucho mejor de lo esperado con la temática de la noche.

Si bien se trató de un estilo gótico más industrial, con una estética visual que trajo a Rammstein a la mente de más de uno, en términos musicales no estuvo tan alejado de la línea moderna de trabajo que viene manejando In Flames en el último tiempo. Por lo que en ese sentido, la presencia de esta banda resultó positiva.

Lo que quizás no fue tan positivo fue el sonido, que no se acabó acomodando y dio como resultado una actuación más diluida y ruidosa que prolija. Eso sí, el grupo compensó estas dificultades con compromiso y actitud.

La salida de In Flames también se dio a horario. 21:30 puntual los suecos ya estaban incendiando el lugar con “Pinball Map”, desatando la euforia y locura de un público que recibió con los brazos abiertos el impacto musical de los de Gotemburgo.

Lamentablemente los problemas técnicos de sonido dijeron presente nuevamente y se mantuvieron durante gran parte de la noche. Y acá hay que hacer un punto, porque así como hay bandas con fama de ser demoledores en vivo, hay otras que tienen la desdicha de no sonar tan bien sobre el escenario. Y tristemente In Flames, entra en el segundo lote. O al menos, sus presentaciones en Argentina siempre se caracterizaron por eso. Y en esta oportunidad, no fue la excepción.

Las guitarras no hallaron nunca la nitidez y claridad que debían. Sonaban sucias y desdibujadas. Como si le faltaran definición. En su lugar, se percibía una bola distorsionada que no le permitió brillar ni a Björn Gelotteni ni a Chris Broderick.

Por su parte, la voz Anders Fridén tampoco terminó por alcanzar vuelo. Se lo escuchaba bajo en la mezcla, y un poco apartado del resto de los instrumentos. Un desajuste vocal que se sostuvo durante los primeros minutos.

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