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Inferi – Heaven Wept (2026)
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Inferi es una banda veterana de la escena del Death Metal estadounidense, siendo este Heaven Wept su séptimo álbum de estudio y su tercera o cuarta reencarnación, ya que se trata de una de esas bandas que ha sufrido muchos cambios de formación y diversas crisis, pero, eso sí: siempre remontan el vuelo. Y lo agradecemos, porque suenan realmente bien. 

Actualmente el único miembro que permanece desde sus inicios es su guitarrista Malcolm Pugh (quien ha hecho de todo por la banda, pasando por tocar el bajo e incluso cantar). Según Pugh, el nombre del grupo proviene de la saga de libros de Harry Potter, haciendo referencia a estos cadáveres reanimados por Lord Voldemort para servir como soldados y carne de cañón.

La portada del disco, demoníaca y con aire clásico tiene un cierto toque de optimismo ¡el caballero se está ventilando limpiamente a las pesadillas aladas pese a estar totalmente rodeado!

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En España no son excesivamente conocidos, pero me consta que han cosechado bastantes nuevos fans durante su reciente visita en febrero de 2026, junto a Cryptopsy, 200 Stab Wounds y Corpse Pile, completando en tres fechas un cartel muy redondo para los amantes del Death Metal.

Rodeados de este elenco, podemos hacernos una idea de lo que Heaven Wept nos viene a ofrecer: Se trata de canciones muy técnicas y virtuosas, rápidas y contundentes, de cuatro a seis minutos de duración y con abundancia de solos e incluso duelos de guitarra absolutamente memorables entre Pugh y Kumar, como el que encontramos justo para cerrar el disco: casi al final de “Godless Sky”. En esta etapa prescinden de bajista.

“Feed me your fears” es quizás la pista que más me ha impresionado por su calidad, con referencia al lick más famoso del mundo incluida. Otra referencia divertida es la que adorna “Atonement Denied” que recuerda a la canción “I Got 5 On It” de Luniz, un guiño al hip-hop de los 90. Y es que Inferi deja traslucir su humor en muchos detalles, como en el videoclip de “The Rapture of Dead Light” sobre la caza de un Bigfoot metalero.

Las letras por su parte no son en absoluto humorísticas, sino que tratan los temas oscuros clásicos del género. Macabros y con imaginería para-religiosa. La canción homónima del disco es una interpretación angustiosa del mito del diluvio universal.

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La voz de Stevie Boiser, es muy de mi agrado. No muestra ningún limpio en este trabajo pero tiene al menos dos registros guturales y, en su versión aguda, me ha recordado por momentos a la de Nicky “Scorpion” Callone en los primeros discos de Nekrogoblikon. Por cierto, dato curioso: el batería actual de esa formación (Eric W. Brown) formó parte de Inferi en sus primeros años. Intuyo que han debido mantener una buena relación ya que ambas bandas salieron de gira en 2023 con el Goblin Mode Tour, junto con Æther Realm y Hunt the Dinosaur. Todos ellos también afines a la propuesta de Inferi.

Otras influencias que podemos encontrar en su sonido serían las clásicas The Black Dahlia Murder, Cradle of Filth o Dimmu Borgir, en clave de Tech Death. 

Si eres fan de alguna de las mencionadas, quizás descubras que Inferi es para ti. ¡Ay… el profesor Flitwick estaría tan orgulloso!

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Kaelis – Stellar Waves (2026)
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Tras un gran debut como fue el EP Far Galaxy, la banda sevillana Kaelis, vuelve este 2026 con su nuevo trabajo Stellar Waves, para demostrar que a veces, si miramos dentro de nuestras fronteras, podremos encontrar grandes bandas de un estilo, sin necesidad de estar pendientes de lo que hacen los países vecinos.

Tras la épica introducción que le da título al disco, la banda arranca con todo en “Rising Empire”, el primer adelanto que pudimos escuchar del álbum y donde los chicos certifican mis palabras escritas al comienzo de la reseña y es que la calidad presentada aquí nada tiene que envidiar a bandas de fuera, los arreglos son exquisitos y logran esa épica propia del metal sinfónico que han popularizado bandas como Épica, pero sin caer en la mera imitación de los neerlandeses y esto a que se debe?

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Pues sobre todo al binomio vocal que Kaelis tiene como carta ganadora ya que Bethany Neumann y Álvaro Montalbo Laffón, desempeñan con gran destreza y personalidad sus labores vocales complementándose más que bien en todas las canciones del álbum.

“Dark Shadows, es la siguiente invitada y el último single del disco antes de su publicación el pasado 9 de abril de este 2026, un tema redondo por donde lo mires, con una base rítmica potente pero cuidada, la cristalina voz de Beth que suena cada vez mejor y se complementa con el sonido más cañero y metalero de Álvaro, adornándose de teclados que ya quisieran para si mismos Elettra Storm, por citar una banda actual.

La guinda es el doble solo entre Adrien Fowl y Carlos Castrejón, para redondear una de las mejores canciones del álbum y de Kaelis hasta la fecha.

Los que seguimos los pasos de la banda sevillana, ya conocíamos desde hace bastante temas como “Omen” y “Strength of Sianark”, siendo el primero uno de los más modernos y sorprendentes con una base bastante particular, pero absolutamente pegadiza y la segunda algo más en la línea marcada por este nuevo trabajo.

Con “Phoenix – From the Ashes”, abrimos la segunda mitad del disco y aquí si podemos ver la ambición de la banda por no solamente mejorar (aún más) lo ofrecido en su debut, si no dar un paso adelante en su evolución musical como grupo y vaya si lo consiguen, esta suerte de “medio tiempo”, con tintes melancólicos y de una calidad impecable, muestra como Kaelis son capaces de expresar mucho sin necesidad de tocar a toda velocidad, no a veces un buen conjunto instrumental sumado al gran tratamiento de las voces, hace una más que notable pieza.

Y para romper una nueva lanza en favor de los sevillanos, cortes como este son de los que ya quisieran para si mismos bandas como Temperance o la versión actual de Sirenia, sin duda ni debate alguno.

Pero la fuerza vuelve y con ella, otra joyita dentro del álbum como es “Under Cosmos Siege”, con Álvaro mostrando su lado rudo y cañero, en contraposición a la delicada voz de Bethany, con unos teclados muy “nórdicos” y una base rítmica muy cañera pero que no opaca al dueto entre ambos cantantes.

El final es simplemente apoteósico y con una delicadeza que pone los pelos de punta al oyente desde el primer momento en el que Beth empieza a cantar así suave y melódico.

Kaelis han sabido condensar en un solo disco, todas sus influencias, darles el toque épico y cuidado que necesitan y mejorar lo ofrecido hasta el momento, dando un golpe sobre la mesa dentro del metal sinfónico hecho en nuestro país, no sabemos donde los llevará este disco, pero si todo apunta en la dirección que parece, Kaelis están a punto de entrar en las grandes ligas y si no al tiempo, porque aquí hay un diamante con muy poquito que pulir ya y que brilla con luz propia.

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Green Carnation – A Dark Poem Part II: Sanguis (2026)
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Green Carnation profundiza su faceta más sombría con A Dark Poem Part II: Sanguis. Esta entrega es un viaje introspectivo que expande la melancolía planteada en la primera parte. No es material de consumo rápido. La banda construye atmósferas que oscilan entre el rock progresivo refinado y el metal gótico denso. La estructura del álbum es más cohesiva que su predecesor (elegido como uno de los discos del año por este servidor). Existe una intención narrativa evidente en el orden de las canciones. No son piezas sueltas. Forman parte de un relato sonoro que busca conmover e incomodar al mismo tiempo. Es un disco que requiere un estado mental particular para ser procesado correctamente.

Kjetil Nordhus es el eje central. Su registro barítono es de los más distintivos de la escena. En Sanguis, su interpretación muestra una madurez superior. No utiliza piruetas vocales innecesarias ni busca el lucimiento técnico vacío. La emoción llega mediante el control y la intención en cada fraseo. El grupo confía plenamente en su voz para guiar al oyente por pasajes que podrían volverse áridos sin su presencia. La melancolía se percibe honesta en las letras y en la integración con los instrumentos. Es una performance vocal que sostiene los momentos de menor intensidad musical de manera impecable.

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El sonido se aleja de la sobreproducción digital para buscar algo puramente orgánico. El uso de cuerdas y arreglos orquestales no es un mero adorno estético. Son elementos fundamentales que dialogan con las guitarras de Terje Vik Schei. Hay momentos que remiten a sus épocas experimentales, pero con una contención necesaria. La mezcla permite que cada instrumento tenga su propio espacio vital. El bajo tiene una presencia cálida que rellena los huecos. La batería suena con una dinámica real, sin disparadores plásticos. El equilibrio entre las secciones acústicas y las explosiones eléctricas está bien ejecutado. Los pasajes instrumentales fluyen con naturalidad, mostrando una banda ensamblada que sabe cuándo dar espacio a cada integrante.

Hay que ser críticos con la originalidad. Green Carnation ya no busca romper los esquemas del género como en sus inicios. Prefieren la solidez estilística sobre el riesgo total. Para el seguidor histórico, esto puede sonar previsible. El nivel de composición es elevado, pero no aparecen elementos que descoloquen o propongan algo nuevo dentro del progresivo. Es una profundización en un sonido conocido. Lo menos logrado es la duración de algunos tramos. Ciertas piezas se extienden sin sumar ideas frescas. Generan mesetas en la escucha que cortan la tensión acumulada. Esa falta de riesgo puede alejar a quienes esperan la vanguardia constante de los noruegos.

Al comparar con la primera parte de este díptico, Sanguis es más cerrado y menos brillante. Es un descenso hacia lo privado. Manejan bien los tiempos, pero abusan de los ritmos pausados. El cierre es potente y deja un buen sabor, aunque el recorrido puede resultar monótono para quien busque cambios de marcha constantes. Es un disco pensado para ser escuchado con atención y sin distracciones externas.

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Phendrana – Cathexis (2026)
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El disco empieza con una calidad orquestal, con esas pequeñas notas contextuales que presagian una gran obra. Es el equivalente a un título en negro antes de la película, seguido de los primeros compases en forma de, justamente, orquestación clásica y una voz femenina narrando en off la obertura temática. Un intro cinematográfico y misterioso que sugiere epicidad, pero que curiosamente da paso al calmado y pastoril inicio de Cathexis, la primera canción del disco.

Con una marcada cualidad jazzística, coqueteando con lo avant-garde, esta primera pieza cuenta con melodías en vaivén y arreglos de vientos proporcionados por el inigualable Adrián Terrazas (The Mars Volta, Omar Rodríguez-López) y la dulce voz de Ana Bitrán, que contrasta con los segmentos más agresivos, jugando con una dinámica clásica que te pasea entre segmentos y emociones, de nuevo, como un suave meceo de contrastes, interrumpidos ocasionalmente por ideas abstractas en forma de saxofón o flauta, que recuerdan por momentos a algunos pasajes álgidos de Amputechture. Todo esto bajo un sólido contexto de post-black, trayendo también a la memoria a bandas como White Ward y Numenorean.

Sentience, la tercera canción del disco, abre con un riff disonante al estilo del metal avant-garde neoyorquino (a la Liturgy o Imperial Triumphant, aunque quizá un poco menos disonante que dichos ejemplos). Sin embargo, no se queda ahí por mucho tiempo, pues pronto evoluciona hacia algo que se asemeja incluso al folk metal, con esa rítmica voz femenina, de carácter élfico o druídico. Siendo probablemente uno de los momentos más dinámicos del álbum, evidencia el caleidoscopio sónico que representa este trabajo. Naturalmente, la canción cuenta con pasajes puros y duros de black metal, con un guiño en las baterías del veterano Richard Schill (Shining, Dead by April, The Unguided) a Exercises in Futility y un solo melódico, casi progresivo, que se asemeja también a Enslaved.

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Finalmente, llegamos a la cumbre del álbum, y de hecho a su segunda mitad (algo que, por alguna razón, no parece ser extraño en trabajos donde Adrián Terrazas haya colaborado). The Effigy & The Titan es una pieza monumental y grandilocuente que, con esa misma cualidad sinfónica con la que abre la primera mitad, nos envuelve en un pasaje instrumental, atmosférico y lúgubre que guía hacia una batería muy jazzeada, la cual le confiere, una vez más, ese dinamismo estilístico que ya ha quedado bien cimentado en el resto de la producción. Es justo después cuando una de las colaboraciones más importantes del disco se hace presente con la voz de Daniel Droste, cantante y miembro fundador de la institución del funeral doom, AHAB.

A partir de ahí, la pieza sigue en crecimiento y evolución, profunda y ominosa, hasta que las guitarras y la batería explotan en un riff complejo y dominante, que a su vez da paso a todo el peso death metalero que termina por definir esta segunda etapa del álbum. Es en esta última pieza donde las ideas propuestas durante las primeras tres canciones se exploran en su totalidad, con más tiempo (y compases) para desarrollar la propuesta sónica de Phendrana. Existen pausas, movimientos y múltiples secciones que nos recuerdan que esto no fue un trabajo apresurado, sino una carta de amor no a uno, dos o tres géneros, sino a toda una concepción de la música pesada, melancólica y experimental.

El disco culmina, una vez más, en el post-black, género pilar de este experimento, dándole una redondez al trabajo que, aunque no era obligatoria, funciona muy bien para terminar de cuajar la experiencia.

No cabe duda de que, hasta el momento, este ha sido uno de los mejores trabajos del año, no solo del metal nacional o latinoamericano, sino que también representa, a mi parecer, un punto álgido en la producción de música extrema. Sus alcances superan con creces muchos de los trabajos promedio de bandas mexicanas, no solo por su increíble roster de artistas invitados, sino por la ambición de la mente maestra detrás de este trabajo, el capitalino Anuar Salum. Una escucha obligada para los amantes del post-black, atmosférico, DSBM, jazz, spoken word, funeral doom, melodic death y gothic metal, por mencionar lo más destacado. Y aunque en esta reseña se le comparó con muchas bandas, discos o sonidos, esto no es con el afán de delimitar un estilo, sino de reconocer las probables influencias tan distintivas que componen este excelente trabajo.

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At The Gates – The Ghost of a Future Dead (2026)
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Volver a escuchar la voz de Tomas Lindberg en 2026 no es una experiencia cualquiera. Después de su trágica muerte el pasado 16 de septiembre de 2025, con tan solo 52 años, tener acceso a su obra póstuma despierta sentimientos muy complejos en torno al dolor por su fallecimiento y también al deseo de mantener vivo su legado. No sólo se ha marchado una de las grandes voces de nuestro tiempo, alguien cuya influencia en el death metal melódico y la escuela de Gotemburgo es totalmente clave para el desarrollo de este género, es que además quien desaparece es una persona excepcional, culta, generosa, amable y de increíble genio, que deja un hueco imposible de llenar en los corazones de todos los que le conocieron, sea personalmente o como artista.

Así lo expresa la banda, al presentar este hermoso trabajo: “Nos enorgullece informar sobre nuestro octavo álbum de estudio, ‘The Ghost of a Future Dead’. El álbum saldrá el 24 de abril de 2026, más de dos años después de su finalización en el estudio. Como ya sabéis, Tomas Lindberg falleció el año pasado debido a complicaciones derivadas de su tratamiento contra el cáncer. Durante los últimos años, hemos estado trabajando estrechamente con Tomas, discutiendo y perfeccionando cada detalle para asegurarnos de que nada quedara al azar. Todo ha sido de acuerdo a sus deseos, incluyendo el título del álbum, la mezcla de sonido, el orden de las canciones, el diseño gráfico y la presentación general: ‘The Ghost of a Future Dead’ se mantiene fiel a su esencia. Combina la energía feroz y las potentes melodías que caracterizan a At The Gates. Este álbum es el legado de Tomas”.

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Este deseo de erigirse como un legado se ve reforzado también con el primer single, “The Fever Mask”, lanzado el 20 de febrero, con un videoclip compuesto con multitud de fotos de los momentos más emotivos de la vida del vocalista.

Sin embargo, más allá de sus muestras de cariño, la banda se ha mantenido muy respetuosa e incluso reservada con respecto a la enfermedad, huyendo del morbo que a veces y tristemente pueden despertar ese tipo de noticias. En palabras de Anders: “Plasmar nuestro último momento creativo juntos en CD y vinilo es algo casi existencial. ¡La música hablará por sí sola!”

Esa voz propia de la que habla el guitarrista, se materializa en un álbum tremendamente bueno: un verdadero regreso al mejor sonido de At The Gates, con reminiscencias tanto de Slaughter Of The Soul como de At War With Reality, a las que se suman elementos progresivos y nuevos riffs tremendamente feroces, dándole una esencia particular y única. Puedo decir de forma objetiva que este pasará a la historia como uno de sus mejores trabajos. 

Se trata de doce pistas de duración media, una de ellas instrumental, con dos singles hasta la fecha: el ya mencionado “The Fever Mask” y también “The Dissonant Void”: con un videoclip de animación en blanco y negro, muy evocador y en consonancia con el arte de la portada (un mar cuajado de olas, bajo un cielo estrellado, todo en blanco sobre negro).

El álbum cuenta además con la alineación clásica de finales de los 90, incluido el guitarrista Anders Björler, quién se atribuye la composición musical a medias con su hermano Jonas, e introduce su sonido característico, muy directo y con toques thrash.

Según comienza a girar el disco, nos envuelve la idea del vacío existencial, la crítica social y la presencia de la muerte, tanto en las letras como en su sonido. Tenemos entre manos un álbum muy oscuro, pesimista y por momentos nihilista, en el que la luz no proviene de una esperanza vana en la salvación del género humano, sino más bien de la aceptación de nuestra condición de parásitos y de nuestro inevitable final: el fin de la ceguera. At The Gates nos invita a quitarnos la “máscara de fiebre” y mirar al vacío de frente.

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Todas las pistas son dignas de escuchar, pequeñas obras de arte capaces de hacer historia como siempre ha ocurrido con esta banda. Entre ellas quiero destacar algunas que me han emocionado especialmente:

Aparte de los magníficos singles, que nos ofrecen una velocidad vertiginosa y una furia desatada, creo que el tema que más me ha llegado ha sido “Of Interstellar Death”. El sonido me atrapa desde el primer segundo y el solo final es realmente memorable, mientras que la letra es compleja y llena de desesperanza; en ella sólo nos puede salvar la gracia de la locura.

La tercera pista, “Det Oerhörda”, es la única cantada en sueco: comienza con una inconfundible intro de órgano siniestro y es quizás la más oscura y melancólica del álbum. Nos habla del “mito del hombre” que nos seduce y a la vez nos destruye. 

Otra pista interesante es la instrumental “Forgangligheten”, título que podría traducirse como “transitoriedad”. Se trata de una pieza serena y melancólica que entrelaza guitarra acústica y eléctrica y que nos da el respiro necesario para abordar el final del disco, con “Black Hole Emission”, otra canción rápida y contundente, que supone una capitulación incondicional ante el vacío de la existencia, al cual nos precipitamos como perros rabiosos.

Los instrumentos son increíblemente contundentes: rápidos, expresivos, envolventes. Con todas las señas de identidad de lo mejor de At The Gates. Se nota la química entre los hermanos Björler y las sinergias capaces de desarrollar con Martin Larsson y Adrian Erlandsson.

En cuanto a la voz, es tremendamente potente y desgarradora. Se escucha con la fuerza y el carácter de siempre. Lindberg se había asegurado de grabar todas las demos antes de una intervención mayor en el quirófano, pero él y toda la banda conservaban la esperanza de que podría recuperarse en unos meses para quizás regrabar algunas e incluso promocionar el disco en directo, algo que tristemente no pudo llegar a materializarse. Sin embargo, la calidad de las demos es tal, que utilizarlas como audio final se demuestra como una decisión más que correcta. Nadie notaría la diferencia con una grabación definitiva si no fuera porque la propia banda así lo ha divulgado, en palabras del propio Tomas, con la honestidad y humildad que le caracterizaba: “La última versión de las voces, la que aparecerá en el álbum, se grabó en un solo día, casi en una sola toma, el día antes de la cirugía, sólo para asegurarnos de tener el álbum listo. Así que las voces se grabaron antes que el resto del álbum… algo inusual, pero me sentí bien de tenerlo terminado”.

Las letras tienen chispas de referencialidad aquí y allá a las lecturas favoritas de Lindberg, podemos encontrar el horror cósmico inspirado en Lovecraft y Ligotti en varios de los temas (como “Of Interstellar Death”, quizás mi favorito, o el propio tema final “Black Hole Emission”), así como alusiones a las pinturas negras de Goya (en “Tomb of Heaven”: ese sueño de la razón… que produce monstruos), los laberintos de Borges, e incluso yo creo entrever cierto influjo de “La máscara de la muerte roja” de Poe en ese primer single, “The Fever Mask”, no sólo en su título sino en el significado de la letra que analiza el estado de negación en el que vive la sociedad actual mientras todo se desintegra.

Es un gran disco. Un triunfo en lo técnico y en emocional. Tanto Tomas “Tompa” Lindberg como At The Gates son piezas fundamentales de la cultura musical del siglo XX y su legado vivirá por siempre. La despedida del vocalista es un poco menos amarga teniendo el consuelo de este hermoso testamento: la voz de la conciencia de Gotemburgo seguirá resonando en cada riff.

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Immolation – Descent (2026)
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Immolation está de vuelta con Descent. Este trabajo llega en 2026 para confirmar que la banda neoyorquina no tiene ninguna intención de bajarse del trono del death metal técnico y oscuro. Después de lo que fue Acts of God, la expectativa era ver si mantenían esa extensión masiva o si buscaban algo más directo. Con Descent, el grupo entrega un material que se siente como una caída libre hacia lo más profundo de su propio estilo. No hay experimentos raros. No hay saltos al vacío comerciales. Es Immolation siendo fiel a su nombre.

La producción de Zack Ohren vuelve a ser clave. Lograron un equilibrio difícil: suena moderno y definido, pero conserva esa mugre orgánica que el género necesita para no sonar artificial. Las guitarras de Bob Vigna tienen un protagonismo absoluto. El tipo sigue sacando riffs que parecen imposibles, llenos de esos armónicos de pellizco y disonancias que son su marca registrada. En Descent, la distorsión se siente un poco más gorda, más presente que en discos anteriores. El bajo de Ross Dolan no se queda atrás. Tiene un tono metálico que golpea en cada nota, dándole una base sólida a todo el caos que proponen las seis cuerdas.

Ross Dolan sigue siendo uno de los mejores vocalistas de la escena. Su voz no parece sufrir el paso de las décadas. En este disco, sus growls suenan con una autoridad tremenda. No necesita gritar para transmitir oscuridad. Su presencia es imponente y sirve como guía en medio de las estructuras complejas que arma Vigna. Por el lado de la batería, Steve Shalaty demuestra por qué es el motor de esta banda. Su técnica es impecable. Los blast beats son precisos, pero donde realmente brilla es en los cambios de ritmo y en el uso de los platos para acentuar las partes más densas del disco. No es un baterista que busque el lucimiento vacío; todo lo que toca está en función de la canción.

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Sobre la originalidad, hay una realidad innegable: Immolation suena a Immolation. Si buscás innovación total o que la banda incorpore elementos de otros géneros, acá no lo vas a encontrar. Ellos inventaron un lenguaje propio hace treinta años y ahora se dedican a perfeccionar la gramática. Descent es una clase magistral de cómo sonar fresco repitiendo una fórmula. La originalidad reside en cómo retuercen las estructuras para que, aunque sepas qué banda estás escuchando, el riff te siga sorprendiendo por su maldad. Sin embargo, hay momentos donde la sensación de “esto ya lo escuché” aparece. Es el riesgo de ser tan consistentes durante tanto tiempo.

El disco tiene una fluidez interesante. A diferencia de su predecesor, acá se siente una intención de crear una atmósfera más cohesiva. Los temas están conectados por una vibra opresiva que no te suelta. Hay partes más lentas, casi doom, que ayudan a que el impacto de los momentos rápidos sea mayor. La crítica que se le puede hacer es que, a veces, la densidad técnica puede agotar al oyente que no esté 100% concentrado. Es un álbum que exige mucho. No sirve para poner de fondo mientras hacés otra cosa. Requiere que te sientes a descifrar qué está pasando con las capas de guitarras.

En conclusión, Descent es un bloque de death metal de altísima calidad. Es técnico, es oscuro y tiene una ejecución soberbia. Immolation no necesita cambiar para seguir siendo relevante. Se nota que cada nota está puesta con intención. El sonido es robusto y la banda está en un gran momento interpretativo. Es un disco que reafirma su legado sin arriesgar de más, pero con una contundencia que pocas bandas de su generación pueden igualar hoy en día.

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Hortzak – Ez dut pozik egon nahi (2026)
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Muchos de nosotros asociamos inmediatamente el nombre de Paul Urkijo con el cine de folk-terror. Éxitos como “Errementari”, “Irati”, o la reciente “Gaua” van cosechando nominaciones y premios allá donde van. Sin embargo el director no se conforma con esto y también aporta su granito de arena al mundo del death metal a través de su banda Hortzak. Death Metal en euskera, por supuesto.

La banda la componen el propio Paul Urkijo como vocalista y letrista, junto a un grupo de músicos veteranos de la escena vasca: David Zabala a la guitarra, Asier Gabiola a la batería y Mikel Cuesta al bajo (procedente de la banda de metalcore IONT), siendo David y Asier los principales responsables de la composición instrumental. 

En 2020 sacan su primer álbum: “Heriotza Ala Hil”, en el que combinan rock y metal con aires doom y sludge. Las letras tocan temas mitológicos, de crítica social e incluso algo de humor, con pasajes de gore macabro. Un disco muy completo y con una impresionante portada (dibujada por el propio Paul) que muestra a un lobo salvaje y carmesí, tocado con el cráneo de un chivo. 

A principios de 2026 sale su segundo álbum de estudio, autoeditado como el anterior en Auryn Studios, pero sin nada que envidiar en cuanto a producción a la mayoría de los trabajos de la escena que salen con discográfica en nuestro país. Se trata de “Ez dut pozik egon nahi” (“No quiero ser feliz”), título que sienta como leitmotiv del disco la sensación de asco que provoca esta sociedad hipócrita y consumista, que esconde guerra y destrucción bajo una fachada de plástico barato.

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Hay bastante de crítica social en el álbum, sobre todo en la canción homónima del disco, o la muy interesante “Antropofagia” con toques de humor negro. También vuelven a surgir imágenes tanto religiosas como mitológicas (en canciones como “Furiak”, “Legio Gara”, “Aingeruak Sutan”…) y del folklore vasco (“Kixmiren Etorrera”).

Pero sobre todo es un disco sobre la violencia: desde la primera canción “Horda Beltza” a la última, “Herio”, encontramos guerras, matanzas, mordiscos, mercenarios y muerte, mucha muerte, en un compendio de historias cantadas que perfectamente podrían expandirse al transmedia en forma de cómics, cortos o videojuegos.

En cuanto a su sonoridad, son pistas de duración media, a un ritmo muy rápido. La batería de Asier Gabiola es un tambor de guerra acelerado y que nunca cesa. Las cuerdas vertiginosas de David Zabala y Mikel Cuesta no descansan ni un momento (David, que también imparte masterclass de su instrumento, demuestra sin paliativos que es un maestro en lo que hace). Igual ocurre con la voz, directa y sin florituras, que nos impacta por su velocidad y que suena entre death ‘n’ roll y postpunk. Cero baladas en un álbum que incita a cualquiera a lanzarse de cabeza al moshpit.

Otra cosa que hace interesante al disco es la inclusión de referencias a diferentes películas de culto, algo también presente en su anterior trabajo. Pequeños guiños al espectador cinéfilo y un poco friki que reconocerán los más entendidos.

A todo esto, se suma de nuevo una impactante portada y arte interior de mano de Urkijo. Diferentes dibujos en blanco sobre negro, que parecen recordar los personajes y armas de la Horda Negra retratada en la primera canción y que me hacen desear un videoclip de animación 2D con el mismo arte conceptual. 

Solo me queda por decir: Ongi etorri jainko erorien putzura!

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Samurai Pizza Cats – Press Start (2026)
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Que los chicos de Electric Callboy son mentes inquietas y en busca de proyectos paralelos es algo que ya sabíamos. Y uno de estos proyectos, de manos del guitarrista Daniel Haniß, es esta joven banda, también en el género metalcore/electrocore fiestero y humorístico, con un nombre pensado para llamar rápidamente mi atención. Me siento un poco vieja al recordar con nostalgia los dibujos animados de los Samurai Pizza Cats… ¡La verdad es que eran de mis favoritos en los 90! Y a la vista está que no soy la única.

Con ese nombre, ¿cómo es posible que me pasara desapercibido su primer álbum, “You’re Hellcome”? No lo sé, pero lo que sí sé es que con este segundo, “Press Start”, la banda parece consolidada como un proyecto a largo plazo. No obstante, en su corta vida ya han tenido un cambio en su alineación: reemplazando Robin Scheeral al batería fundador, Stefan Buchwald (ex Fall Of Gaia). El resto de componentes son Sebastian Fischer a las voces y Stefan Reufer al bajo. 

Además de este elenco, encontramos un par de colaboraciones de interés, ambas con videoclips muy entretenidos y memorables. Primero con los catalanes Ankor en la canción “T-Rex(plosion)”, con un interesante dueto de voces femenina y masculina. Y después, con el trío japonés BABYBEARD (Ladybeard, Suzu y Mizuki), en la canción “Ramen-Man”: añadir letras en japonés resulta una opción muy adecuada para lo que nos ofrece Samurai Pizza Cats

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Todas son canciones frescas y pegadizas, que buscan la sorpresa y la experimentación: para estos alemanes la música es como un juego. De hecho, este disco se presenta no sólo con la portada y el lenguaje de un videojuego de arcade, sino también con su misma estructura: comenzamos metiendo una moneda, jugamos un poco, sufrimos un error informático, subimos de nivel, ganamos mucho oro y cuando nos lo pasamos, nos aburrimos y dejamos de jugar ¿o no?, porque siempre queda una pantalla extra que desbloquear. Todo este recorrido podemos seguirlo canción por canción en su impecable tracklist. ¡No se os ocurra cambiar el orden en vuestra lista personal!

Es un álbum de media hora, con cuatro divertidísimos videoclips muy bien producidos, con letras llenas de chistes, imágenes chocantes y referencias frikis (me ha hecho mucha gracia encontrar a Earl Sinclair de la serie de Disney “Dinosaurs”). Por su parte, la canción que cierra este trabajo es una versión más fiestera de uno de los temas de su debut “Pizza Homicide”, ahora subtitulada como “STVW Version”.

Creo que lo mejor de “Press Start” es su musicalidad. Sin dejar de ser metalcore, se hace muy ligero y agradable de oír, con estribillos y riffs que se insertan en tu cerebro para tararearlos todo el día. La instrumentación está muy bien estructurada y depurada, con sonidos fluidos y cambiantes que no cansan en ningún momento. Por su parte, a las voces, Sebastian Fischer nos ofrece al menos dos registros, uno más sucio para enfatizar y otro más limpio, que le sirve para fluir y dejarse llevar con las melodías.

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Sin embargo, no voy a darle mis dieces totalmente a “Press Start”. En cuanto a las letras, no estoy al 100% con su humor, que a veces me resulta un tanto condescendiente. Las descripciones humorísticas de animales tienen su punto pero pueden llegar a ser demasiadas. Con respecto a “Super Zero”, el ejercicio es similar, pero esta vez refiriéndose a un colectivo humano: entiendo el espíritu de la letra, pero no consigo que me emocione. 

Otro pequeño hándicap que le encuentro al álbum es su dependencia de la postproducción: como disco suena impecable, pero no tengo claro cómo trasladarán este sonido al directo sin abusar de grabaciones. Finalmente, asomándome al álbum anterior, debo decir también que aquel resultaba quizás un poco más novedoso y potente, presentando además más colaboraciones. 

En cualquier caso, se trata de un álbum muy original, muy actual, con muy buena producción, que se deja escuchar muy bien y que alimenta muy dignamente el creciente género de metalcore/electrocore humorístico y con ganas de fiesta en el que tan buenas son las bandas alemanas.

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Inmydreams – Seduced By A Moonlight Kiss (2026)
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Por: GABRIEL GUTIÉRREZ 
Ciudad de México

Escuchar black metal de calidad y con cierta originalidad proveniente de México no es algo habitual, pero es menos habitual escuchar black metal sinfónico, con unos tintes de gothic metal bastante pronunciados muy en la escuela de este subgénero del black metal de finales de los 90 principios del 2000.

In My Dreams (o InMyDreams) es una banda de la Ciudad de México, formada en 1996, hace 30 años, sin embargo, solo estuvieron activos dos años para después pasar por un letargo de 22 años y retomar su curso en el 2020.

Para el 2023 editaron su primer álbum Melancholy Tales, posteriormente, en 2025 lanzaron un EP titulado Salacia, y hace menos de un mes presentaron en sociedad su segundo álbum Seduced By A Moonlight Kiss.

Seduced By A Moonlight Kiss está compuesto por siete canciones, con duración promedio de cada track de 4 minutos, logrando una entrega por arriba de los 30 minutos (poco menos y se queda como EP); es un álbum ambicioso, bien trabajado, donde se denota entusiasmo, pasión y presupuesto en la grabación.

In My Dreams no están reescribiendo el género, ni están creando algo nuevo, sin embargo, lograron crear un álbum que se escucha fresco y de calidad pero con la esencia de los finales de los 90 principios del 2000, algo no muy común en nuestros días, donde la brutalidad y lo sucio es lo más representativo delgénero a nivel nacional.

Musicalmente podría ponerlo en un limbo entre la era Nymphetamine (2004) de Cradle Of Filth, un poco del Puritanical Euphoric Misanthropia (2001) de Dimmu Borgir, con pequeños toques en ciertos pasajes del Redimus (2004) de Hecate Enthroned, pero lo que más me sorprendió sin duda fue la gran influencia que noté de los rusos Tvangeste y su álbum Firestorm del 2003.

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La composición musical es impresionante, mantienen este aire del black metal sinfónico, pero lo mimetizan con un gothic metal en los pasajes y las atmosferas, y de igual forma logran integrar unos solos realmente impresionantes e infernales como en la canción “Seducing The Night”; si bien la estructura de las canciones es muy semejante, y hasta en ciertos puntos predecible no resulta un álbum cansado o monótono.

Vocalmente me parece que la voz gutural es magnífica, con tonos muy en la línea de los noruegos de Ancient, pero se nota un buen trabajo y control de las tonalidades vocales; sin embargo, en la parte de las voces claras (no narradas) creo que no son su fuerte, desconozco si Jodream (Jonathan Velázquez) ejecuta las tres partes vocales (gutural, claras y narradas), pero sin duda alguna las voces claras al no ser las mejores en armonía opacan un poco logeneralmente bueno del álbum.

Líricamente creo que tienen un tema muy clavado con la luna, ya que se menciona en el título y en 3 de 7 canciones; de igual forma les gusta seducir ya que hay dos canciones con referencia a la seducción y finalmente Selene está muy presente, no estoy seguro si como una deidad o como un viejo amor del compositor.

En general es un buen álbum, con buenas atmosferas, se siente un álbum con temática, con narrativa y que guarda coherencia entre canciones, desde la parte rítmica, estructural y proyección vocal.

Esperemos que In My Dreams siga creando más black metal sinfónico de calidad, que consideren tener algún vocalista adicional para las partes claras, pero sobre todo que sigan creando esos pasajes oscuros y melancólicos que tanta falta hacen en el genero.

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Anneke Van Giersbergen – La Mort (2026)
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La “tía”Anneke van Giersbergen presenta La Mort, su nuevo material discográfico que forma parte de una trilogía musical de ensueño. Es un EP corto pero cargado de contenido emocional. Trata temas difíciles: la pérdida, el duelo y la reconstrucción personal. No es un trabajo de metal, aunque la sensibilidad de la cantante siempre conecta con ese mundo. Es una obra ecléctica. Pasa de momentos acústicos mínimos a arreglos más complejos y se nota que es un proyecto muy personal, casi una catarsis necesaria tras años de carrera.

La voz de Anneke es el centro de todo. Sigue teniendo esa claridad única, pero acá le suma una carga de vulnerabilidad mayor. En temas como “La Mort”, la interpretación es desgarradora sin necesidad de sobreactuar. La producción es inteligente. No satura las canciones de instrumentos. Deja que la melodía respire. “After Life” muestra su faceta más melódica y accesible, funcionando como un contrapunto necesario a la densidad del resto del material. La mezcla del álbum es limpia, permite apreciar los matices de su respiración y los detalles de las cuerdas con total nitidez.

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Lo mejor de este lanzamiento es la honestidad interpretativa. Anneke no se esconde detrás de grandes producciones. Se expone. La capacidad para transformar el dolor en belleza es su mayor virtud en este disco. También destaca la variedad de texturas en apenas unos pocos tracks. Lo peor es la brevedad. Al ser un EP, el concepto se siente comprimido. Cuando empezás a entrar en el clima que propone la música, el disco se termina. Además, esa misma diversidad de estilos puede resultar un problema para la cohesión del conjunto. Por momentos parece una colección de ideas sueltas más que una obra integral. El salto entre lo acústico y lo más orquestado es un poco brusco para un formato tan corto.

Comparado con su etapa en The Gathering o sus trabajos más rockeros, La Mort es un retiro a la intimidad absoluta. Si lo ponemos junto a The Darkest Skies Are Bright, este EP se siente menos lineal y un poco más experimental en su instrumentación. La originalidad acá no es el objetivo principal; el objetivo es el sentimiento puro. Anneke ya es una marca en sí misma. Sus seguidores saben qué esperar, pero este nivel de introspección puede alejar a quienes todavía buscan su lado más potente o sinfónico. Es un disco para escuchar en soledad.

Este contenido parecería ser una mirada hacia atrás para poder saltar hacia lo nuevo. La ejecución técnica es perfecta, algo que ya es costumbre en ella. Falta ese desarrollo que un álbum largo permite para que las atmósferas terminen de cuajar del todo. Es un material para coleccionistas y para quienes disfrutan de su evolución hacia terrenos más cancioneros y emotivos. Falta conocer la última pata de la historia y ahí podremos disfrutar y entender el concepto de la historia.

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Inferi – Heaven Wept (2026)
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Inferi es una banda veterana de la escena del Death Metal estadounidense, siendo este Heaven Wept su séptimo álbum de estudio y su tercera o cuarta reencarnación, ya que se trata de una de esas bandas que ha sufrido muchos cambios de formación y diversas crisis, pero, eso sí: siempre remontan el vuelo. Y lo agradecemos, porque suenan realmente bien. 

Actualmente el único miembro que permanece desde sus inicios es su guitarrista Malcolm Pugh (quien ha hecho de todo por la banda, pasando por tocar el bajo e incluso cantar). Según Pugh, el nombre del grupo proviene de la saga de libros de Harry Potter, haciendo referencia a estos cadáveres reanimados por Lord Voldemort para servir como soldados y carne de cañón.

La portada del disco, demoníaca y con aire clásico tiene un cierto toque de optimismo ¡el caballero se está ventilando limpiamente a las pesadillas aladas pese a estar totalmente rodeado!

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En España no son excesivamente conocidos, pero me consta que han cosechado bastantes nuevos fans durante su reciente visita en febrero de 2026, junto a Cryptopsy, 200 Stab Wounds y Corpse Pile, completando en tres fechas un cartel muy redondo para los amantes del Death Metal.

Rodeados de este elenco, podemos hacernos una idea de lo que Heaven Wept nos viene a ofrecer: Se trata de canciones muy técnicas y virtuosas, rápidas y contundentes, de cuatro a seis minutos de duración y con abundancia de solos e incluso duelos de guitarra absolutamente memorables entre Pugh y Kumar, como el que encontramos justo para cerrar el disco: casi al final de “Godless Sky”. En esta etapa prescinden de bajista.

“Feed me your fears” es quizás la pista que más me ha impresionado por su calidad, con referencia al lick más famoso del mundo incluida. Otra referencia divertida es la que adorna “Atonement Denied” que recuerda a la canción “I Got 5 On It” de Luniz, un guiño al hip-hop de los 90. Y es que Inferi deja traslucir su humor en muchos detalles, como en el videoclip de “The Rapture of Dead Light” sobre la caza de un Bigfoot metalero.

Las letras por su parte no son en absoluto humorísticas, sino que tratan los temas oscuros clásicos del género. Macabros y con imaginería para-religiosa. La canción homónima del disco es una interpretación angustiosa del mito del diluvio universal.

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La voz de Stevie Boiser, es muy de mi agrado. No muestra ningún limpio en este trabajo pero tiene al menos dos registros guturales y, en su versión aguda, me ha recordado por momentos a la de Nicky “Scorpion” Callone en los primeros discos de Nekrogoblikon. Por cierto, dato curioso: el batería actual de esa formación (Eric W. Brown) formó parte de Inferi en sus primeros años. Intuyo que han debido mantener una buena relación ya que ambas bandas salieron de gira en 2023 con el Goblin Mode Tour, junto con Æther Realm y Hunt the Dinosaur. Todos ellos también afines a la propuesta de Inferi.

Otras influencias que podemos encontrar en su sonido serían las clásicas The Black Dahlia Murder, Cradle of Filth o Dimmu Borgir, en clave de Tech Death. 

Si eres fan de alguna de las mencionadas, quizás descubras que Inferi es para ti. ¡Ay… el profesor Flitwick estaría tan orgulloso!

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Kaelis – Stellar Waves (2026)
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Tras un gran debut como fue el EP Far Galaxy, la banda sevillana Kaelis, vuelve este 2026 con su nuevo trabajo Stellar Waves, para demostrar que a veces, si miramos dentro de nuestras fronteras, podremos encontrar grandes bandas de un estilo, sin necesidad de estar pendientes de lo que hacen los países vecinos.

Tras la épica introducción que le da título al disco, la banda arranca con todo en “Rising Empire”, el primer adelanto que pudimos escuchar del álbum y donde los chicos certifican mis palabras escritas al comienzo de la reseña y es que la calidad presentada aquí nada tiene que envidiar a bandas de fuera, los arreglos son exquisitos y logran esa épica propia del metal sinfónico que han popularizado bandas como Épica, pero sin caer en la mera imitación de los neerlandeses y esto a que se debe?

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Pues sobre todo al binomio vocal que Kaelis tiene como carta ganadora ya que Bethany Neumann y Álvaro Montalbo Laffón, desempeñan con gran destreza y personalidad sus labores vocales complementándose más que bien en todas las canciones del álbum.

“Dark Shadows, es la siguiente invitada y el último single del disco antes de su publicación el pasado 9 de abril de este 2026, un tema redondo por donde lo mires, con una base rítmica potente pero cuidada, la cristalina voz de Beth que suena cada vez mejor y se complementa con el sonido más cañero y metalero de Álvaro, adornándose de teclados que ya quisieran para si mismos Elettra Storm, por citar una banda actual.

La guinda es el doble solo entre Adrien Fowl y Carlos Castrejón, para redondear una de las mejores canciones del álbum y de Kaelis hasta la fecha.

Los que seguimos los pasos de la banda sevillana, ya conocíamos desde hace bastante temas como “Omen” y “Strength of Sianark”, siendo el primero uno de los más modernos y sorprendentes con una base bastante particular, pero absolutamente pegadiza y la segunda algo más en la línea marcada por este nuevo trabajo.

Con “Phoenix – From the Ashes”, abrimos la segunda mitad del disco y aquí si podemos ver la ambición de la banda por no solamente mejorar (aún más) lo ofrecido en su debut, si no dar un paso adelante en su evolución musical como grupo y vaya si lo consiguen, esta suerte de “medio tiempo”, con tintes melancólicos y de una calidad impecable, muestra como Kaelis son capaces de expresar mucho sin necesidad de tocar a toda velocidad, no a veces un buen conjunto instrumental sumado al gran tratamiento de las voces, hace una más que notable pieza.

Y para romper una nueva lanza en favor de los sevillanos, cortes como este son de los que ya quisieran para si mismos bandas como Temperance o la versión actual de Sirenia, sin duda ni debate alguno.

Pero la fuerza vuelve y con ella, otra joyita dentro del álbum como es “Under Cosmos Siege”, con Álvaro mostrando su lado rudo y cañero, en contraposición a la delicada voz de Bethany, con unos teclados muy “nórdicos” y una base rítmica muy cañera pero que no opaca al dueto entre ambos cantantes.

El final es simplemente apoteósico y con una delicadeza que pone los pelos de punta al oyente desde el primer momento en el que Beth empieza a cantar así suave y melódico.

Kaelis han sabido condensar en un solo disco, todas sus influencias, darles el toque épico y cuidado que necesitan y mejorar lo ofrecido hasta el momento, dando un golpe sobre la mesa dentro del metal sinfónico hecho en nuestro país, no sabemos donde los llevará este disco, pero si todo apunta en la dirección que parece, Kaelis están a punto de entrar en las grandes ligas y si no al tiempo, porque aquí hay un diamante con muy poquito que pulir ya y que brilla con luz propia.

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Green Carnation – A Dark Poem Part II: Sanguis (2026)
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Green Carnation profundiza su faceta más sombría con A Dark Poem Part II: Sanguis. Esta entrega es un viaje introspectivo que expande la melancolía planteada en la primera parte. No es material de consumo rápido. La banda construye atmósferas que oscilan entre el rock progresivo refinado y el metal gótico denso. La estructura del álbum es más cohesiva que su predecesor (elegido como uno de los discos del año por este servidor). Existe una intención narrativa evidente en el orden de las canciones. No son piezas sueltas. Forman parte de un relato sonoro que busca conmover e incomodar al mismo tiempo. Es un disco que requiere un estado mental particular para ser procesado correctamente.

Kjetil Nordhus es el eje central. Su registro barítono es de los más distintivos de la escena. En Sanguis, su interpretación muestra una madurez superior. No utiliza piruetas vocales innecesarias ni busca el lucimiento técnico vacío. La emoción llega mediante el control y la intención en cada fraseo. El grupo confía plenamente en su voz para guiar al oyente por pasajes que podrían volverse áridos sin su presencia. La melancolía se percibe honesta en las letras y en la integración con los instrumentos. Es una performance vocal que sostiene los momentos de menor intensidad musical de manera impecable.

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El sonido se aleja de la sobreproducción digital para buscar algo puramente orgánico. El uso de cuerdas y arreglos orquestales no es un mero adorno estético. Son elementos fundamentales que dialogan con las guitarras de Terje Vik Schei. Hay momentos que remiten a sus épocas experimentales, pero con una contención necesaria. La mezcla permite que cada instrumento tenga su propio espacio vital. El bajo tiene una presencia cálida que rellena los huecos. La batería suena con una dinámica real, sin disparadores plásticos. El equilibrio entre las secciones acústicas y las explosiones eléctricas está bien ejecutado. Los pasajes instrumentales fluyen con naturalidad, mostrando una banda ensamblada que sabe cuándo dar espacio a cada integrante.

Hay que ser críticos con la originalidad. Green Carnation ya no busca romper los esquemas del género como en sus inicios. Prefieren la solidez estilística sobre el riesgo total. Para el seguidor histórico, esto puede sonar previsible. El nivel de composición es elevado, pero no aparecen elementos que descoloquen o propongan algo nuevo dentro del progresivo. Es una profundización en un sonido conocido. Lo menos logrado es la duración de algunos tramos. Ciertas piezas se extienden sin sumar ideas frescas. Generan mesetas en la escucha que cortan la tensión acumulada. Esa falta de riesgo puede alejar a quienes esperan la vanguardia constante de los noruegos.

Al comparar con la primera parte de este díptico, Sanguis es más cerrado y menos brillante. Es un descenso hacia lo privado. Manejan bien los tiempos, pero abusan de los ritmos pausados. El cierre es potente y deja un buen sabor, aunque el recorrido puede resultar monótono para quien busque cambios de marcha constantes. Es un disco pensado para ser escuchado con atención y sin distracciones externas.

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Phendrana – Cathexis (2026)
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El disco empieza con una calidad orquestal, con esas pequeñas notas contextuales que presagian una gran obra. Es el equivalente a un título en negro antes de la película, seguido de los primeros compases en forma de, justamente, orquestación clásica y una voz femenina narrando en off la obertura temática. Un intro cinematográfico y misterioso que sugiere epicidad, pero que curiosamente da paso al calmado y pastoril inicio de Cathexis, la primera canción del disco.

Con una marcada cualidad jazzística, coqueteando con lo avant-garde, esta primera pieza cuenta con melodías en vaivén y arreglos de vientos proporcionados por el inigualable Adrián Terrazas (The Mars Volta, Omar Rodríguez-López) y la dulce voz de Ana Bitrán, que contrasta con los segmentos más agresivos, jugando con una dinámica clásica que te pasea entre segmentos y emociones, de nuevo, como un suave meceo de contrastes, interrumpidos ocasionalmente por ideas abstractas en forma de saxofón o flauta, que recuerdan por momentos a algunos pasajes álgidos de Amputechture. Todo esto bajo un sólido contexto de post-black, trayendo también a la memoria a bandas como White Ward y Numenorean.

Sentience, la tercera canción del disco, abre con un riff disonante al estilo del metal avant-garde neoyorquino (a la Liturgy o Imperial Triumphant, aunque quizá un poco menos disonante que dichos ejemplos). Sin embargo, no se queda ahí por mucho tiempo, pues pronto evoluciona hacia algo que se asemeja incluso al folk metal, con esa rítmica voz femenina, de carácter élfico o druídico. Siendo probablemente uno de los momentos más dinámicos del álbum, evidencia el caleidoscopio sónico que representa este trabajo. Naturalmente, la canción cuenta con pasajes puros y duros de black metal, con un guiño en las baterías del veterano Richard Schill (Shining, Dead by April, The Unguided) a Exercises in Futility y un solo melódico, casi progresivo, que se asemeja también a Enslaved.

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Finalmente, llegamos a la cumbre del álbum, y de hecho a su segunda mitad (algo que, por alguna razón, no parece ser extraño en trabajos donde Adrián Terrazas haya colaborado). The Effigy & The Titan es una pieza monumental y grandilocuente que, con esa misma cualidad sinfónica con la que abre la primera mitad, nos envuelve en un pasaje instrumental, atmosférico y lúgubre que guía hacia una batería muy jazzeada, la cual le confiere, una vez más, ese dinamismo estilístico que ya ha quedado bien cimentado en el resto de la producción. Es justo después cuando una de las colaboraciones más importantes del disco se hace presente con la voz de Daniel Droste, cantante y miembro fundador de la institución del funeral doom, AHAB.

A partir de ahí, la pieza sigue en crecimiento y evolución, profunda y ominosa, hasta que las guitarras y la batería explotan en un riff complejo y dominante, que a su vez da paso a todo el peso death metalero que termina por definir esta segunda etapa del álbum. Es en esta última pieza donde las ideas propuestas durante las primeras tres canciones se exploran en su totalidad, con más tiempo (y compases) para desarrollar la propuesta sónica de Phendrana. Existen pausas, movimientos y múltiples secciones que nos recuerdan que esto no fue un trabajo apresurado, sino una carta de amor no a uno, dos o tres géneros, sino a toda una concepción de la música pesada, melancólica y experimental.

El disco culmina, una vez más, en el post-black, género pilar de este experimento, dándole una redondez al trabajo que, aunque no era obligatoria, funciona muy bien para terminar de cuajar la experiencia.

No cabe duda de que, hasta el momento, este ha sido uno de los mejores trabajos del año, no solo del metal nacional o latinoamericano, sino que también representa, a mi parecer, un punto álgido en la producción de música extrema. Sus alcances superan con creces muchos de los trabajos promedio de bandas mexicanas, no solo por su increíble roster de artistas invitados, sino por la ambición de la mente maestra detrás de este trabajo, el capitalino Anuar Salum. Una escucha obligada para los amantes del post-black, atmosférico, DSBM, jazz, spoken word, funeral doom, melodic death y gothic metal, por mencionar lo más destacado. Y aunque en esta reseña se le comparó con muchas bandas, discos o sonidos, esto no es con el afán de delimitar un estilo, sino de reconocer las probables influencias tan distintivas que componen este excelente trabajo.

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At The Gates – The Ghost of a Future Dead (2026)
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Volver a escuchar la voz de Tomas Lindberg en 2026 no es una experiencia cualquiera. Después de su trágica muerte el pasado 16 de septiembre de 2025, con tan solo 52 años, tener acceso a su obra póstuma despierta sentimientos muy complejos en torno al dolor por su fallecimiento y también al deseo de mantener vivo su legado. No sólo se ha marchado una de las grandes voces de nuestro tiempo, alguien cuya influencia en el death metal melódico y la escuela de Gotemburgo es totalmente clave para el desarrollo de este género, es que además quien desaparece es una persona excepcional, culta, generosa, amable y de increíble genio, que deja un hueco imposible de llenar en los corazones de todos los que le conocieron, sea personalmente o como artista.

Así lo expresa la banda, al presentar este hermoso trabajo: “Nos enorgullece informar sobre nuestro octavo álbum de estudio, ‘The Ghost of a Future Dead’. El álbum saldrá el 24 de abril de 2026, más de dos años después de su finalización en el estudio. Como ya sabéis, Tomas Lindberg falleció el año pasado debido a complicaciones derivadas de su tratamiento contra el cáncer. Durante los últimos años, hemos estado trabajando estrechamente con Tomas, discutiendo y perfeccionando cada detalle para asegurarnos de que nada quedara al azar. Todo ha sido de acuerdo a sus deseos, incluyendo el título del álbum, la mezcla de sonido, el orden de las canciones, el diseño gráfico y la presentación general: ‘The Ghost of a Future Dead’ se mantiene fiel a su esencia. Combina la energía feroz y las potentes melodías que caracterizan a At The Gates. Este álbum es el legado de Tomas”.

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Este deseo de erigirse como un legado se ve reforzado también con el primer single, “The Fever Mask”, lanzado el 20 de febrero, con un videoclip compuesto con multitud de fotos de los momentos más emotivos de la vida del vocalista.

Sin embargo, más allá de sus muestras de cariño, la banda se ha mantenido muy respetuosa e incluso reservada con respecto a la enfermedad, huyendo del morbo que a veces y tristemente pueden despertar ese tipo de noticias. En palabras de Anders: “Plasmar nuestro último momento creativo juntos en CD y vinilo es algo casi existencial. ¡La música hablará por sí sola!”

Esa voz propia de la que habla el guitarrista, se materializa en un álbum tremendamente bueno: un verdadero regreso al mejor sonido de At The Gates, con reminiscencias tanto de Slaughter Of The Soul como de At War With Reality, a las que se suman elementos progresivos y nuevos riffs tremendamente feroces, dándole una esencia particular y única. Puedo decir de forma objetiva que este pasará a la historia como uno de sus mejores trabajos. 

Se trata de doce pistas de duración media, una de ellas instrumental, con dos singles hasta la fecha: el ya mencionado “The Fever Mask” y también “The Dissonant Void”: con un videoclip de animación en blanco y negro, muy evocador y en consonancia con el arte de la portada (un mar cuajado de olas, bajo un cielo estrellado, todo en blanco sobre negro).

El álbum cuenta además con la alineación clásica de finales de los 90, incluido el guitarrista Anders Björler, quién se atribuye la composición musical a medias con su hermano Jonas, e introduce su sonido característico, muy directo y con toques thrash.

Según comienza a girar el disco, nos envuelve la idea del vacío existencial, la crítica social y la presencia de la muerte, tanto en las letras como en su sonido. Tenemos entre manos un álbum muy oscuro, pesimista y por momentos nihilista, en el que la luz no proviene de una esperanza vana en la salvación del género humano, sino más bien de la aceptación de nuestra condición de parásitos y de nuestro inevitable final: el fin de la ceguera. At The Gates nos invita a quitarnos la “máscara de fiebre” y mirar al vacío de frente.

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Todas las pistas son dignas de escuchar, pequeñas obras de arte capaces de hacer historia como siempre ha ocurrido con esta banda. Entre ellas quiero destacar algunas que me han emocionado especialmente:

Aparte de los magníficos singles, que nos ofrecen una velocidad vertiginosa y una furia desatada, creo que el tema que más me ha llegado ha sido “Of Interstellar Death”. El sonido me atrapa desde el primer segundo y el solo final es realmente memorable, mientras que la letra es compleja y llena de desesperanza; en ella sólo nos puede salvar la gracia de la locura.

La tercera pista, “Det Oerhörda”, es la única cantada en sueco: comienza con una inconfundible intro de órgano siniestro y es quizás la más oscura y melancólica del álbum. Nos habla del “mito del hombre” que nos seduce y a la vez nos destruye. 

Otra pista interesante es la instrumental “Forgangligheten”, título que podría traducirse como “transitoriedad”. Se trata de una pieza serena y melancólica que entrelaza guitarra acústica y eléctrica y que nos da el respiro necesario para abordar el final del disco, con “Black Hole Emission”, otra canción rápida y contundente, que supone una capitulación incondicional ante el vacío de la existencia, al cual nos precipitamos como perros rabiosos.

Los instrumentos son increíblemente contundentes: rápidos, expresivos, envolventes. Con todas las señas de identidad de lo mejor de At The Gates. Se nota la química entre los hermanos Björler y las sinergias capaces de desarrollar con Martin Larsson y Adrian Erlandsson.

En cuanto a la voz, es tremendamente potente y desgarradora. Se escucha con la fuerza y el carácter de siempre. Lindberg se había asegurado de grabar todas las demos antes de una intervención mayor en el quirófano, pero él y toda la banda conservaban la esperanza de que podría recuperarse en unos meses para quizás regrabar algunas e incluso promocionar el disco en directo, algo que tristemente no pudo llegar a materializarse. Sin embargo, la calidad de las demos es tal, que utilizarlas como audio final se demuestra como una decisión más que correcta. Nadie notaría la diferencia con una grabación definitiva si no fuera porque la propia banda así lo ha divulgado, en palabras del propio Tomas, con la honestidad y humildad que le caracterizaba: “La última versión de las voces, la que aparecerá en el álbum, se grabó en un solo día, casi en una sola toma, el día antes de la cirugía, sólo para asegurarnos de tener el álbum listo. Así que las voces se grabaron antes que el resto del álbum… algo inusual, pero me sentí bien de tenerlo terminado”.

Las letras tienen chispas de referencialidad aquí y allá a las lecturas favoritas de Lindberg, podemos encontrar el horror cósmico inspirado en Lovecraft y Ligotti en varios de los temas (como “Of Interstellar Death”, quizás mi favorito, o el propio tema final “Black Hole Emission”), así como alusiones a las pinturas negras de Goya (en “Tomb of Heaven”: ese sueño de la razón… que produce monstruos), los laberintos de Borges, e incluso yo creo entrever cierto influjo de “La máscara de la muerte roja” de Poe en ese primer single, “The Fever Mask”, no sólo en su título sino en el significado de la letra que analiza el estado de negación en el que vive la sociedad actual mientras todo se desintegra.

Es un gran disco. Un triunfo en lo técnico y en emocional. Tanto Tomas “Tompa” Lindberg como At The Gates son piezas fundamentales de la cultura musical del siglo XX y su legado vivirá por siempre. La despedida del vocalista es un poco menos amarga teniendo el consuelo de este hermoso testamento: la voz de la conciencia de Gotemburgo seguirá resonando en cada riff.

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Immolation – Descent (2026)
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Immolation está de vuelta con Descent. Este trabajo llega en 2026 para confirmar que la banda neoyorquina no tiene ninguna intención de bajarse del trono del death metal técnico y oscuro. Después de lo que fue Acts of God, la expectativa era ver si mantenían esa extensión masiva o si buscaban algo más directo. Con Descent, el grupo entrega un material que se siente como una caída libre hacia lo más profundo de su propio estilo. No hay experimentos raros. No hay saltos al vacío comerciales. Es Immolation siendo fiel a su nombre.

La producción de Zack Ohren vuelve a ser clave. Lograron un equilibrio difícil: suena moderno y definido, pero conserva esa mugre orgánica que el género necesita para no sonar artificial. Las guitarras de Bob Vigna tienen un protagonismo absoluto. El tipo sigue sacando riffs que parecen imposibles, llenos de esos armónicos de pellizco y disonancias que son su marca registrada. En Descent, la distorsión se siente un poco más gorda, más presente que en discos anteriores. El bajo de Ross Dolan no se queda atrás. Tiene un tono metálico que golpea en cada nota, dándole una base sólida a todo el caos que proponen las seis cuerdas.

Ross Dolan sigue siendo uno de los mejores vocalistas de la escena. Su voz no parece sufrir el paso de las décadas. En este disco, sus growls suenan con una autoridad tremenda. No necesita gritar para transmitir oscuridad. Su presencia es imponente y sirve como guía en medio de las estructuras complejas que arma Vigna. Por el lado de la batería, Steve Shalaty demuestra por qué es el motor de esta banda. Su técnica es impecable. Los blast beats son precisos, pero donde realmente brilla es en los cambios de ritmo y en el uso de los platos para acentuar las partes más densas del disco. No es un baterista que busque el lucimiento vacío; todo lo que toca está en función de la canción.

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Sobre la originalidad, hay una realidad innegable: Immolation suena a Immolation. Si buscás innovación total o que la banda incorpore elementos de otros géneros, acá no lo vas a encontrar. Ellos inventaron un lenguaje propio hace treinta años y ahora se dedican a perfeccionar la gramática. Descent es una clase magistral de cómo sonar fresco repitiendo una fórmula. La originalidad reside en cómo retuercen las estructuras para que, aunque sepas qué banda estás escuchando, el riff te siga sorprendiendo por su maldad. Sin embargo, hay momentos donde la sensación de “esto ya lo escuché” aparece. Es el riesgo de ser tan consistentes durante tanto tiempo.

El disco tiene una fluidez interesante. A diferencia de su predecesor, acá se siente una intención de crear una atmósfera más cohesiva. Los temas están conectados por una vibra opresiva que no te suelta. Hay partes más lentas, casi doom, que ayudan a que el impacto de los momentos rápidos sea mayor. La crítica que se le puede hacer es que, a veces, la densidad técnica puede agotar al oyente que no esté 100% concentrado. Es un álbum que exige mucho. No sirve para poner de fondo mientras hacés otra cosa. Requiere que te sientes a descifrar qué está pasando con las capas de guitarras.

En conclusión, Descent es un bloque de death metal de altísima calidad. Es técnico, es oscuro y tiene una ejecución soberbia. Immolation no necesita cambiar para seguir siendo relevante. Se nota que cada nota está puesta con intención. El sonido es robusto y la banda está en un gran momento interpretativo. Es un disco que reafirma su legado sin arriesgar de más, pero con una contundencia que pocas bandas de su generación pueden igualar hoy en día.

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Hortzak – Ez dut pozik egon nahi (2026)
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Muchos de nosotros asociamos inmediatamente el nombre de Paul Urkijo con el cine de folk-terror. Éxitos como “Errementari”, “Irati”, o la reciente “Gaua” van cosechando nominaciones y premios allá donde van. Sin embargo el director no se conforma con esto y también aporta su granito de arena al mundo del death metal a través de su banda Hortzak. Death Metal en euskera, por supuesto.

La banda la componen el propio Paul Urkijo como vocalista y letrista, junto a un grupo de músicos veteranos de la escena vasca: David Zabala a la guitarra, Asier Gabiola a la batería y Mikel Cuesta al bajo (procedente de la banda de metalcore IONT), siendo David y Asier los principales responsables de la composición instrumental. 

En 2020 sacan su primer álbum: “Heriotza Ala Hil”, en el que combinan rock y metal con aires doom y sludge. Las letras tocan temas mitológicos, de crítica social e incluso algo de humor, con pasajes de gore macabro. Un disco muy completo y con una impresionante portada (dibujada por el propio Paul) que muestra a un lobo salvaje y carmesí, tocado con el cráneo de un chivo. 

A principios de 2026 sale su segundo álbum de estudio, autoeditado como el anterior en Auryn Studios, pero sin nada que envidiar en cuanto a producción a la mayoría de los trabajos de la escena que salen con discográfica en nuestro país. Se trata de “Ez dut pozik egon nahi” (“No quiero ser feliz”), título que sienta como leitmotiv del disco la sensación de asco que provoca esta sociedad hipócrita y consumista, que esconde guerra y destrucción bajo una fachada de plástico barato.

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Hay bastante de crítica social en el álbum, sobre todo en la canción homónima del disco, o la muy interesante “Antropofagia” con toques de humor negro. También vuelven a surgir imágenes tanto religiosas como mitológicas (en canciones como “Furiak”, “Legio Gara”, “Aingeruak Sutan”…) y del folklore vasco (“Kixmiren Etorrera”).

Pero sobre todo es un disco sobre la violencia: desde la primera canción “Horda Beltza” a la última, “Herio”, encontramos guerras, matanzas, mordiscos, mercenarios y muerte, mucha muerte, en un compendio de historias cantadas que perfectamente podrían expandirse al transmedia en forma de cómics, cortos o videojuegos.

En cuanto a su sonoridad, son pistas de duración media, a un ritmo muy rápido. La batería de Asier Gabiola es un tambor de guerra acelerado y que nunca cesa. Las cuerdas vertiginosas de David Zabala y Mikel Cuesta no descansan ni un momento (David, que también imparte masterclass de su instrumento, demuestra sin paliativos que es un maestro en lo que hace). Igual ocurre con la voz, directa y sin florituras, que nos impacta por su velocidad y que suena entre death ‘n’ roll y postpunk. Cero baladas en un álbum que incita a cualquiera a lanzarse de cabeza al moshpit.

Otra cosa que hace interesante al disco es la inclusión de referencias a diferentes películas de culto, algo también presente en su anterior trabajo. Pequeños guiños al espectador cinéfilo y un poco friki que reconocerán los más entendidos.

A todo esto, se suma de nuevo una impactante portada y arte interior de mano de Urkijo. Diferentes dibujos en blanco sobre negro, que parecen recordar los personajes y armas de la Horda Negra retratada en la primera canción y que me hacen desear un videoclip de animación 2D con el mismo arte conceptual. 

Solo me queda por decir: Ongi etorri jainko erorien putzura!

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Samurai Pizza Cats – Press Start (2026)
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Que los chicos de Electric Callboy son mentes inquietas y en busca de proyectos paralelos es algo que ya sabíamos. Y uno de estos proyectos, de manos del guitarrista Daniel Haniß, es esta joven banda, también en el género metalcore/electrocore fiestero y humorístico, con un nombre pensado para llamar rápidamente mi atención. Me siento un poco vieja al recordar con nostalgia los dibujos animados de los Samurai Pizza Cats… ¡La verdad es que eran de mis favoritos en los 90! Y a la vista está que no soy la única.

Con ese nombre, ¿cómo es posible que me pasara desapercibido su primer álbum, “You’re Hellcome”? No lo sé, pero lo que sí sé es que con este segundo, “Press Start”, la banda parece consolidada como un proyecto a largo plazo. No obstante, en su corta vida ya han tenido un cambio en su alineación: reemplazando Robin Scheeral al batería fundador, Stefan Buchwald (ex Fall Of Gaia). El resto de componentes son Sebastian Fischer a las voces y Stefan Reufer al bajo. 

Además de este elenco, encontramos un par de colaboraciones de interés, ambas con videoclips muy entretenidos y memorables. Primero con los catalanes Ankor en la canción “T-Rex(plosion)”, con un interesante dueto de voces femenina y masculina. Y después, con el trío japonés BABYBEARD (Ladybeard, Suzu y Mizuki), en la canción “Ramen-Man”: añadir letras en japonés resulta una opción muy adecuada para lo que nos ofrece Samurai Pizza Cats

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Todas son canciones frescas y pegadizas, que buscan la sorpresa y la experimentación: para estos alemanes la música es como un juego. De hecho, este disco se presenta no sólo con la portada y el lenguaje de un videojuego de arcade, sino también con su misma estructura: comenzamos metiendo una moneda, jugamos un poco, sufrimos un error informático, subimos de nivel, ganamos mucho oro y cuando nos lo pasamos, nos aburrimos y dejamos de jugar ¿o no?, porque siempre queda una pantalla extra que desbloquear. Todo este recorrido podemos seguirlo canción por canción en su impecable tracklist. ¡No se os ocurra cambiar el orden en vuestra lista personal!

Es un álbum de media hora, con cuatro divertidísimos videoclips muy bien producidos, con letras llenas de chistes, imágenes chocantes y referencias frikis (me ha hecho mucha gracia encontrar a Earl Sinclair de la serie de Disney “Dinosaurs”). Por su parte, la canción que cierra este trabajo es una versión más fiestera de uno de los temas de su debut “Pizza Homicide”, ahora subtitulada como “STVW Version”.

Creo que lo mejor de “Press Start” es su musicalidad. Sin dejar de ser metalcore, se hace muy ligero y agradable de oír, con estribillos y riffs que se insertan en tu cerebro para tararearlos todo el día. La instrumentación está muy bien estructurada y depurada, con sonidos fluidos y cambiantes que no cansan en ningún momento. Por su parte, a las voces, Sebastian Fischer nos ofrece al menos dos registros, uno más sucio para enfatizar y otro más limpio, que le sirve para fluir y dejarse llevar con las melodías.

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Sin embargo, no voy a darle mis dieces totalmente a “Press Start”. En cuanto a las letras, no estoy al 100% con su humor, que a veces me resulta un tanto condescendiente. Las descripciones humorísticas de animales tienen su punto pero pueden llegar a ser demasiadas. Con respecto a “Super Zero”, el ejercicio es similar, pero esta vez refiriéndose a un colectivo humano: entiendo el espíritu de la letra, pero no consigo que me emocione. 

Otro pequeño hándicap que le encuentro al álbum es su dependencia de la postproducción: como disco suena impecable, pero no tengo claro cómo trasladarán este sonido al directo sin abusar de grabaciones. Finalmente, asomándome al álbum anterior, debo decir también que aquel resultaba quizás un poco más novedoso y potente, presentando además más colaboraciones. 

En cualquier caso, se trata de un álbum muy original, muy actual, con muy buena producción, que se deja escuchar muy bien y que alimenta muy dignamente el creciente género de metalcore/electrocore humorístico y con ganas de fiesta en el que tan buenas son las bandas alemanas.

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Inmydreams – Seduced By A Moonlight Kiss (2026)
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Por: GABRIEL GUTIÉRREZ 
Ciudad de México

Escuchar black metal de calidad y con cierta originalidad proveniente de México no es algo habitual, pero es menos habitual escuchar black metal sinfónico, con unos tintes de gothic metal bastante pronunciados muy en la escuela de este subgénero del black metal de finales de los 90 principios del 2000.

In My Dreams (o InMyDreams) es una banda de la Ciudad de México, formada en 1996, hace 30 años, sin embargo, solo estuvieron activos dos años para después pasar por un letargo de 22 años y retomar su curso en el 2020.

Para el 2023 editaron su primer álbum Melancholy Tales, posteriormente, en 2025 lanzaron un EP titulado Salacia, y hace menos de un mes presentaron en sociedad su segundo álbum Seduced By A Moonlight Kiss.

Seduced By A Moonlight Kiss está compuesto por siete canciones, con duración promedio de cada track de 4 minutos, logrando una entrega por arriba de los 30 minutos (poco menos y se queda como EP); es un álbum ambicioso, bien trabajado, donde se denota entusiasmo, pasión y presupuesto en la grabación.

In My Dreams no están reescribiendo el género, ni están creando algo nuevo, sin embargo, lograron crear un álbum que se escucha fresco y de calidad pero con la esencia de los finales de los 90 principios del 2000, algo no muy común en nuestros días, donde la brutalidad y lo sucio es lo más representativo delgénero a nivel nacional.

Musicalmente podría ponerlo en un limbo entre la era Nymphetamine (2004) de Cradle Of Filth, un poco del Puritanical Euphoric Misanthropia (2001) de Dimmu Borgir, con pequeños toques en ciertos pasajes del Redimus (2004) de Hecate Enthroned, pero lo que más me sorprendió sin duda fue la gran influencia que noté de los rusos Tvangeste y su álbum Firestorm del 2003.

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La composición musical es impresionante, mantienen este aire del black metal sinfónico, pero lo mimetizan con un gothic metal en los pasajes y las atmosferas, y de igual forma logran integrar unos solos realmente impresionantes e infernales como en la canción “Seducing The Night”; si bien la estructura de las canciones es muy semejante, y hasta en ciertos puntos predecible no resulta un álbum cansado o monótono.

Vocalmente me parece que la voz gutural es magnífica, con tonos muy en la línea de los noruegos de Ancient, pero se nota un buen trabajo y control de las tonalidades vocales; sin embargo, en la parte de las voces claras (no narradas) creo que no son su fuerte, desconozco si Jodream (Jonathan Velázquez) ejecuta las tres partes vocales (gutural, claras y narradas), pero sin duda alguna las voces claras al no ser las mejores en armonía opacan un poco logeneralmente bueno del álbum.

Líricamente creo que tienen un tema muy clavado con la luna, ya que se menciona en el título y en 3 de 7 canciones; de igual forma les gusta seducir ya que hay dos canciones con referencia a la seducción y finalmente Selene está muy presente, no estoy seguro si como una deidad o como un viejo amor del compositor.

En general es un buen álbum, con buenas atmosferas, se siente un álbum con temática, con narrativa y que guarda coherencia entre canciones, desde la parte rítmica, estructural y proyección vocal.

Esperemos que In My Dreams siga creando más black metal sinfónico de calidad, que consideren tener algún vocalista adicional para las partes claras, pero sobre todo que sigan creando esos pasajes oscuros y melancólicos que tanta falta hacen en el genero.

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Anneke Van Giersbergen – La Mort (2026)
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La “tía”Anneke van Giersbergen presenta La Mort, su nuevo material discográfico que forma parte de una trilogía musical de ensueño. Es un EP corto pero cargado de contenido emocional. Trata temas difíciles: la pérdida, el duelo y la reconstrucción personal. No es un trabajo de metal, aunque la sensibilidad de la cantante siempre conecta con ese mundo. Es una obra ecléctica. Pasa de momentos acústicos mínimos a arreglos más complejos y se nota que es un proyecto muy personal, casi una catarsis necesaria tras años de carrera.

La voz de Anneke es el centro de todo. Sigue teniendo esa claridad única, pero acá le suma una carga de vulnerabilidad mayor. En temas como “La Mort”, la interpretación es desgarradora sin necesidad de sobreactuar. La producción es inteligente. No satura las canciones de instrumentos. Deja que la melodía respire. “After Life” muestra su faceta más melódica y accesible, funcionando como un contrapunto necesario a la densidad del resto del material. La mezcla del álbum es limpia, permite apreciar los matices de su respiración y los detalles de las cuerdas con total nitidez.

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Lo mejor de este lanzamiento es la honestidad interpretativa. Anneke no se esconde detrás de grandes producciones. Se expone. La capacidad para transformar el dolor en belleza es su mayor virtud en este disco. También destaca la variedad de texturas en apenas unos pocos tracks. Lo peor es la brevedad. Al ser un EP, el concepto se siente comprimido. Cuando empezás a entrar en el clima que propone la música, el disco se termina. Además, esa misma diversidad de estilos puede resultar un problema para la cohesión del conjunto. Por momentos parece una colección de ideas sueltas más que una obra integral. El salto entre lo acústico y lo más orquestado es un poco brusco para un formato tan corto.

Comparado con su etapa en The Gathering o sus trabajos más rockeros, La Mort es un retiro a la intimidad absoluta. Si lo ponemos junto a The Darkest Skies Are Bright, este EP se siente menos lineal y un poco más experimental en su instrumentación. La originalidad acá no es el objetivo principal; el objetivo es el sentimiento puro. Anneke ya es una marca en sí misma. Sus seguidores saben qué esperar, pero este nivel de introspección puede alejar a quienes todavía buscan su lado más potente o sinfónico. Es un disco para escuchar en soledad.

Este contenido parecería ser una mirada hacia atrás para poder saltar hacia lo nuevo. La ejecución técnica es perfecta, algo que ya es costumbre en ella. Falta ese desarrollo que un álbum largo permite para que las atmósferas terminen de cuajar del todo. Es un material para coleccionistas y para quienes disfrutan de su evolución hacia terrenos más cancioneros y emotivos. Falta conocer la última pata de la historia y ahí podremos disfrutar y entender el concepto de la historia.

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