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Santo Fuzz – Sabbat a la Mexicana (2026)
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Por: Freya Beatriz Sesma

Desde las profundidades históricas y místicas de Guanajuato, una región inherentemente ligada a la muerte y el misterio subterráneo, emerge Santo Fuzz. La agrupación de un solo integrante se presenta no sólo como un proyecto de doom metal, sino como el oficiante de una liturgia sonora pantanosa y profundamente arraigada en la identidad mexicana. Su producción discográfica, Sabbat a la Mexicana, constituye una obra fundamental para comprender las nuevas vertientes del doom metal y stoner fuzz en Latinoamérica, fusionando la iconografía esotérica anglosajona con el misticismo rural y el folklore de la sierra mexicana.

El álbum se erige sobre un pilar sonoro inconfundible: guitarras saturadas por un pedal de fuzz omnipresente, tempos fúnebres que evocan la pesadez de Black Sabbath y una atmósfera psicodélica que induce a un estado de trance. Sin embargo, el verdadero triunfo de Santo Fuzz radica en su capacidad para evitar la simple imitación de los cánones occidentales del género. En lugar de invocar los bosques europeos o la mitología lovecraftiana, la banda desvía la mirada hacia el bajío, las milpas, el toloache y el sincretismo religioso, creando una identidad única que ellos mismos definen como rezos psicodélicos al patrono del malviaje.

El doom metal, desde su nacimiento, ha estado intrínsecamente ligado a la oscuridad y a lo oculto. Santo Fuzz toma este esqueleto y lo viste con sarapes, lo alimenta con nopales y lo bautiza con agua bendita en un jacal. Este proceso de tropicalización le añade una capa de terror visceral que resuena de manera muy particular en el oyente mexa, quien reconoce en las letras los mitos transmitidos por tradición oral en los pueblos y sierras del país.

La obra abre con una pieza instrumental y atmosférica llama “Introducción”, que funciona como el umbral de la ceremonia. Es el equivalente sonoro a encender el copal y apagar las luces. A través de arpegios oscuros y una base rítmica lenta, la banda prepara psicológicamente al oyente para la densidad que está por manifestarse. Es una advertencia silenciosa antes de cruzar hacia los
terrenos de lo desconocido.

Con “Espiritismo”, el primer corte lírico introduce de lleno las temáticas esotéricas. La letra teje referencias que van desde el kardecismo decimonónico hasta el misticismo oriental (como los brahamanes y Arjuna). Al proclamar que su “Cruz Astral supera lo escrito por Allan Kardec“, el narrador se posiciona como una entidad chamánica o un médium capaz de desbloquear la percepción del iniciado. Musicalmente, el riff es monolítico y pesado, arrastrándose a través de los cuatro minutos y medio con una cadencia hipnótica que ejemplifica a la perfección el doom metal de corte espiritual.

“Huapango al Nahual” representa uno de los puntos más altos y originales del álbum. Santo Fuzz logra capturar el pánico rural ante la figura del nahual , del ser humano con la capacidad de transformarse en animal. El contraste entre el título, que sugiere un ritmo folclórico tradicional, y la ejecución de un stoner doom sumamente distorsionado es abismalmente genial. La lírica evoca imágenes costumbristas y vívidas: el jacal, la milpa, las tunas moradas, el llanto del viento. Los coros desesperados que claman “¡Ay, Santo bendito! pa’ que no me siga, que no me mate” transmiten un terror genuino ante una criatura que acecha desde la Quinta, complementado por guitarras cuyos acoples simulan los aullidos de la bestia en la madrugada.

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Nombrado en honor a la tradicional celebración de Día de Muertos en la región de la Huasteca, “Xantolo” funciona como un interludio sagrado. Mantiene la tensión ritual del disco mediante texturas sonoras densas y ritualísticas. Es el espacio de transición donde la música rinde tributo a los ancestros, sirviendo como un puente instrumental o semi-instrumental que conecta la mitología del nahual con el realismo mágico que define a la siguiente composición.

“Ahí Viene la Muerte” está inspirada en la narrativa popular y estructurada, que mediante un diálogo dramático entre un narrador, la Muerte, un jornalero y el personaje de Francisca, esta canción es una muestra brillante de realismo mágico hecho metal. La Muerte, cansada y sujeta a los contratiempos de la modernidad rural (tomar el tren temprano), busca a Doña Panchita. La resolución del tema encierra la idiosincrasia misma del mexicano frente a la mortalidad: la vieja curandera está demasiado ocupada aliviando el espanto de una muchacha como para morir. El riff que acompaña este relato camina con la misma lentitud pesada del tren que se le escapa a la parca, logrando un balance perfecto entre ironía popular y gravedad sonora.

La pieza homónima es el clímax absoluto del aquelarre. Aquí se redefine el concepto del sabbat de las brujas de la literatura clásica europea y se traslada a los matorrales de nopales y huizaches de la geografía mexicana. El uso litúrgico de plantas sagradas y prohibidas como el toloache establece el tono de un trance inducido. Los ritmos se vuelven más machacantes y las máscaras, esqueletos y sarapes se confunden en una danza de hechiceros convertidos en animales. El cierre de la canción, con una muestra de audio que invoca directamente al “Rey Diablo, amo y señor de las sombras”, sella la pista bajo un muro de sonido opresivo y catártico.

El álbum concluye con una reinterpretación o evocación del clásico espíritu de la “Sandunga”, impregnado de una melancolía fúnebre insoportable. Santo Fuzz ralentiza los pulsos dramáticamente, permitiendo que las últimas notas resuenen en el vacío, dejando al oyente en un estado de agotamiento espiritual tras haber participado plenamente en la ceremonia.

Desde una perspectiva técnica, el sonido de las guitarras en Sabbat a la Mexicana destaca por su textura extremadamente rasposa y valvular. La ecualización privilegia las frecuencias graves y los medios bajos, saturando el espacio acústico sin perder la definición melódica de las progresiones. La batería ejecuta patrones lentos pero contundentes, actuando como el metrónomo de una marcha fúnebre, mientras que las líneas de bajo amalgaman todo el conjunto en una masa sónica cohesiva y densa.

En definitiva, Sabbat a la Mexicana es una obra imprescindible que expande las fronteras del doom y el stoner metal en el territorio hispanohablante. Al entrelazar con audacia los códigos de la distorsión extrema y los rituales místicos de la sierra, Santo Fuzz ha esculpido un monumento al oscurantismo folclórico. Un testimonio sonoro imperecedero de que la oscuridad y el malviaje también se visten de sarape y huelen a tierra mojada bajo el sol del bajío.

 

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Montsanto – Astaroth, Belcebú, Lucifer (2026)
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Por: Freya Beatriz Sesma

Desde las profundidades del underground de la Ciudad de México, Montsanto entrega una obra masiva, densa y cargada de una identidad cultural fascinante. Astaroth, Belcebú, Lucifer es un viajesote que fusiona la pesadez aplastante del doom metal con las texturas arenosas del stoner, la crudeza del sludge y la hipnosis del drone. Una atmósfera inmersiva que rinde homenaje al cine de culto mexicano y la mística de la lucha libre. Al escucharlo, es inevitable imaginar una de esas clásicas películas en blanco y negro donde “El Santo” o “Blue Demon” se enfrentan a sectas satánicas, vampiros y monstruos de bajo presupuesto, pero con una banda sonora que suena como si la tierra misma se estuviera abriendo.

El sonido de Montsanto está construido sobre muros de fuzz y afinaciones bajísimas. La producción (o la intencional falta de pulcritud en ella) le da un tono añejo que encaja perfectamente con su temática de horror de serie clasificación B. Los elementos de drone aseguran que el oyente sea arrastrado lentamente hacia un trance, mientras que los riffs de stoner y sludge le inyectan el ritmo necesario para que la experiencia se vuelva un ritual ocultista lleno de groove.

La lista de canciones está diseñada como un descenso gradual a los infiernos, invocando a la trinidad impía que da título al disco, con “Astaroth” da pie a una apertura monumental y desafiante. Con casi trece minutos de duración, este tema es un ejercicio puro de drone y doom. Se toma su tiempo para construir una muralla de sonido asfixiante, marcando el paso lento y pesado que dominará el resto del disco. Es el equivalente sonoro a la lenta resurrección del villano en una película de terror de los años 60; “Artesano Cósmico” es un respiro relativo tras la colosal pista inicial. Aquí se notan más las influencias del Stoner, con un riff más directo y cabalgante que evoca viajes astrales y psicodelia oscura.

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En “Bélcebu” empieza la obscuridad absoluta. La segunda entidad demoníaca es invocada con un sludge viscoso, crudo y agresivo. La atmósfera se siente amenazante, ideal para una escena de combate en un ring rodeado de fuego; “Solve Et Coagula” hace referencia a la máxima alquímica de “disolver y coagular*, esta pista funciona como el puente perfecto hacia el clímax. Probablemente el tema más dinámico del disco, donde los cambios de tempo mantienen al oyente atrapado en su telaraña de distorsión; “Lucifer”: El portador de la luz llega con una densidad brutal. Los riffs aquí son monolíticos, arrastrándose con una lentitud solemne y fúnebre. Es el punto más alto del concepto de doom tradicional dentro del álbum.

“Crux Sacra” es el cierre perfecto (“La Santa Cruz”), tras invocar a los tres demonios, el álbum termina con un ritual sonoro catártico de más de ocho minutos. Mezcla el zumbido hipnótico del drone con golpes rítmicos que suenan como una procesión fúnebre, dejando que el acople de las guitarras se desvanezca en el vacío.

Astaroth, Belcebú, Lucifer es una declaración de intenciones siniestra por parte de Montsanto. Logra que el ocultismo pesado del doom metal conecte de manera tan natural con el imaginario de la lucha libre y el cine fantástico mexicano. Altamente recomendado para los puristas del sonido lento y denso, pero sobre todo para aquellos que aprecian cuando una banda inyecta su propia identidad cultural e idiosincrasia en géneros que suelen ser muy rígidos. Prepárate para afinar en tonos graves, ponerte la máscara de plata y bajar a pelear contra los demonios del averno.

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Haken – In a Fever Dream (2026)
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El año nos viene trayendo un montón de propuestas novedosas y atractivas dentro del espectro progresivo. De distintos estilos y géneros. Y de parte de bandas tanto modernas como veteranas. Y el nuevo EP de Haken, es uno de los que entra en esta descripción.

Lanzado el 17 de julio, este In a Fever Dream representa cuanto menos, una pequeña sorpresa para los fanáticos y seguidores del grupo. Y es que a principios de año, los británicos habían sufrido la baja de dos de sus miembros: el guitarrista Charlie Griffiths y del bajista Conner Green. Sin embargo, lejos de entrar en un estado de hiato o reconstrucción, su líder Richard Henshall y compañía se pusieron manos a la obra y publicaron el presente trabajo compuesto de 5 canciones.

Y en primera instancia, se puede apreciar un pequeño cambio por parte del grupo, hacia terrenos más modernos y atmosféricos. O al menos, un enfoque compositivo más orientado en los contrastes, los sintetizadores y efectos electrónicos. Con voces que juegan con lo emotivo y lo explosivo. Y unas guitarras orientadas en la contundencia e intensidad rítmica.

Desde el primer tema, que es el que da nombre al disco, se nota esta iniciativa de los londinenses de ser más pacientes y minimalistas a la hora de jugar sus cartas. Sin cargarla de tantos elementos vistosos ni virtuosos. Dejando que los pasajes se vayan construyendo para desatar toda la agresividad y potencia en el estribillo. Algo propio de las bandas de rock y metal progresivo de los últimos años.

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Y es que es evidente la dirección musical que viene trabajando Haken en el último tiempo. Mucho más cercana a la de agrupaciones contemporáneas como Leprous, Vola o Karnivool. Y cada día más alejada a las de unos Dream Theater o Circus Maximus, con quienes más se los emparentaba cuando arrancaron.

Algo que se ve bien plasmado en una composición como “delirium”, dónde lo que prima es la efectividad y emotividad de las melodías. Con un estribillo atrapante y una sección rítmica impecable.

Por su parte, “eclipsed by you” explora nuevos campos sonoros, con unas texturas electrónicas que se adueñan de la composición y una interpretación vocal de Ross Jennings que convive con total naturalidad con esta experimentación.

La siguiente pieza, “bleeding the sky” busca expandir estos mismos caminos más atmosféricos y casi cercanos al post-rock, aunque sin el mismo resultado emotivo. Mientras que el cierre con “lotus” nos trae de regreso esa faceta más potente y enchufada del grupo. Desplegando todas sus herramientas y levantando la vara de un Ep, cuyo principal objetivo fue proponer. Y vaya que propuso.

Para ser el primer trabajo de la agrupación como cuarteto, resultó interesante. Ya que nos muestra que pese a los años, Haken no parece haberse quedado sin ideas ni inquietudes musicales. Todo lo contrario. Están con ganas de seguir buscando nuevos horizontes. Y en ese sentido, esta obra termina por ser el primer resultado de esa búsqueda.

Veremos si en el futuro hay más. Pero de momento, Haken sigue en la cresta de ola del progresivo moderno. Y no parece tener intenciones de querer bajar de ahí.

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Avenged Sevenfold – Statica (2026)
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Sin quien nadie lo haya pedido y al más puro estilo Bizarrap, los californianos Avenged Sevenfold han lanzado por sorpresa Statica, un EP conformado por cuatro temas y que sin duda, va a hacer mucho ruido y no tengo en claro si de manera positiva o no tanto.

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El comienzo siendo totalmente honesto es simplemente nefasto ya que “Lights”, es un engendro electrónico con tintes rockeros y modernos que sonrojarían incluso a bandas como Electric Callboy, Pendulum o Bring Me The Horizon, es terrible y no se si sirve a modo de introducción, pero de ser así, no es la mejor manera de abrir un disco y es de lo peor que tienen los de Huntington Beach en todo su catálogo.

Le sigue el corte que da título al EP y donde ya presenta los mismos errores que el anterior, con un comienzo “robótico” que roza la vergüenza ajena, para luego encontrarnos algo mucho peor: M.Shadows, un gran vocalista que siempre ha sido respetado como tal, usando autotune y con una producción espantosa, que no tiene ni siquiera su disco debut, del cual han pasado 25 años, suena a banda que se hizo el disco en su garaje con 3 dólares y como pudo, no de una banda que hace muy poco encabezó festivales como el Hellfest, Graspop o nuestro Resurrection Fest.

Realmente no se si esto ha sido editado con el fin de algo en concreto, pero sea cual sea su fin, no lo han logrado, esto no es el Post Human: Survival Horror de Bring Me The Horizon ni siquiera algo más ligero como el Violent Pop de Blind Channel, ya que estos discos, pese a ser modernos y accesibles, estaban bien hechos, esto es sencillamente una vergüenza.

Encima se alarga hasta los 5 minutos de duración, donde la gente que critica temas pop actuales como “Gnarly” de Katseye o alguno de I Prevail, por exceso de filtros, vería en ellos auténticos temazos después de escuchar semejante basura sonora.

“Rejoice”, parece mejorar un poquito el nivel, pero claro, cuando hablamos de dos temas previos con una puntuación de 2 puntos sobre diez, este quizás pueda ser un cuatro y medio.

Porque aquí las voces están menos procesadas, aunque sigue sonando a laboratorio, pero con mejor producción, pero en medio el instrumental es pobre y el falsete antes del estribillo, está muy mal ejecutado, es increíble porque una cosa es hacer un disco intenso y difícil de digerir como fue Life Is But a Dream…, donde incluso llegué a aplaudir su intento por acercarse (a su manera claro está) al sonido del Avant Garde y combinarlo con su estilo habitual, pese a que pecaba de un exceso de minutaje, pero a pesar de no ser un disco completo, este trabajo no hay como defenderlo, hace aguas por los cuatro costados y hunde el barco antes de zarpar, sin ser exagerado.

Pero! eso si, las guitarras de Synyster Gates y Zachy Vengeance, si que recuperan un poquito de brillo, parecido al que tenían antaño y es por ello, que este tema es bastante mejor que los anteriores.

Igualmente el final, digno de un videojuego Atari, Donkey Kong o un Herman Lee, pasado de vueltas, es totalmente excesivo y empaña al global de la canción.

Con “Ashes”, llegamos al final del disco y efectivamente el corte hace justicia a su título porque redondea un trabajo nefasto que es para echarlo a la hogar y verlo hecho cenizas.

Quizás la segunda parte del EP, sea mejor que la primera, pero sobra decir que no alcanza para conseguir el aprobado, lo cual es una lástima ya que Avenged Sevenfold tienen más de 25 años de carrera y no se entiende porque hay que mancharla de esta manera.

Y antes de que vengan los “Haters” de turno o los “Fanboys” de la banda californiana, quiero aclarar que a nadie le duele más que a mi redactar algo tan negativo, sobre todo cuando poseo en casa todos sus discos de estudio originales, el dvd All Excess y el cd/dvd LBC, además de su Greatest Hits, o sea que se de lo que estoy hablando y lamentablemente este regreso de A7X se coloca en la lista de lo peor del 2026 con diferencia y entristeciéndonos a todos, ojalá que solo haya sido un experimento fallido, porque de lo contrario, si que vamos a estar en problemas.

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As It Is – As It Is (2026)
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Tras un tiempo parados y un regreso triunfal el año pasado, los rockeros alternativos As It Is vuelven con su nuevo disco homónimo, que supone el primero en ocho años y el que marca el retorno de la formación original, con Patty Walters en las voces, Ben Langford-Biss en segunda voz y guitarra, Testo en el bajo y Patrick Foley en batería.

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Y por lo que suena “I’m So Alive!”, los chicos regresan al sonido clásico de su primer Ep y sus dos primeros discos, pero adaptándolo a los tiempos que corren, por eso es inevitable sentir esa vibración veraniega en el cuerpo con la irresistible melodía que esta pieza dibuja y que nos recuerda a bandas como Simple Plan, Neck Deep y New Found Glory.

“Ruin My Life”, tema ya conocido por los que seguimos a la banda ya que fue estrenado a comienzos de este año y que cuenta con la participación especial de Murray Macleod, vocalista de The Xcerts, muestra esa madurez adquirida con los años, pero también que no van a cambiar una fórmula que tan bien se les ha dado por más de 15 años.

La nostalgia se hace presente en “Do You Remember?”, en este caso destacando el juego de voces entre Patty y Ben, como en los viejos tiempos y que te hace viajar en el tiempo y recordar tiempos que quizás si fueron mejores que los actuales.

Los screams comedidos, pero muy bien usados hacia el final, le ponen la guinda a un gran ejercicio de pop punk alternativos por parte de los británicos.

El disco sorprende con “Live, Laugh, Love, Los Ángeles”, un pildorazo de pop rock, al más puro estilo Fall Out Boy, pero mucho mejor que lo que la banda de Chicago ha hecho en 5 años y que ya quisieran para si mismos bandas como Maroon 5 o los mediocres Imagine Dragons, aunque AII no tienen nada que ver con ellos afortunadamente.

El saxo, le da un “Punch” muy moderno y la letra supone una especie de catarsis para ellos, viviendo lejos de casa en los States.

Las revoluciones bajan un poquito, pero no la emoción y es que “Marilyn” recuerda a alguien que ya no está y como lo echamos en falta, también la nostalgia por estar lejos de casa y pese a sus defectos, extrañar eso que solo tiene el lugar de donde uno procede, en el caso de AII, la bella ciudad de Brighton, casa también de Architects, como curiosidad.

El ecuador del álbum llega de la mano de “Watching The World Go Bye”, que muestra un lado más intimista por parte del grupo, algo que se acentúa más en “Lose Your Way & Find Yourself”, donde hacen borrón y cuenta nueva, para poder escribir este nuevo capítulo de su carrera.

Y si, As It Is han tenido muy buena mano para las baladas y “Last At The Party”, no es la excepción, una hermosa y pulida pieza, que te invita a seguir tu camino, a ser tu mismo en un entorno cada vez más hostil y donde a veces parece que estés acompañado por mucha gente, pero cuando las luces se apagan, estas tu solo frente a ti mismo y con decisiones que tu debes tomar, sean más o menos dolorosas, pero serán las que te hagan crecer, ser más fuerte y no mirar atrás.

El solo de Ben es precioso y redondea otra gran pieza, que no hace más que evidenciar el fantástico estado de forma con la que estos chicos han vuelto.

El medio tiempo tristón “I f I Ever Lost You” o “Not Anymore”, con su comienzo acústico y esa voz de Patty que sigue sonando como los ángeles, suman honestidad y reflexión al disco, mientras que la energía melódica vuelve para ponerle el broche ideal a este disco homónimo de As It Is, recordando la época de su primer disco y actualizándolo de la forma que uno esperaba.

Así pues, los chicos han entregado una obra mas “Pop” si se quiere que sus dos trabajos previos, pero que sin embargo sigue la línea evolutiva de la banda y que bien podría haber sido la continuación lógica de Okay, su segundo trabajo de 2017, pero que hoy casi una década después, es el disco que mejor representa a una banda que casi cae en el pozo, pero que ha sabido remontar el vuelo y volver a brillar con las melodías que solo ellos tienen…. Bienvenidos de vuelta muchachos!

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Psycroptic – The Pulse Of Annihilation (2026)
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Psycroptic lleva más de dos décadas siendo una referencia indiscutible del technical death metal. Mientras muchas bandas han ido y venido, los australianos han mantenido una identidad propia basada en un equilibrio entre precisión quirúrgica, agresividad y canciones que no sacrifican pegada por exhibición técnica. Tras el sólido Divine Council, regresan con The Pulse Of Annihilation, debut para Metal Blade Records y un trabajo que reafirma su excelente estado de forma sin necesidad de reinventar una fórmula que siguen dominando como pocos.

Desde la apertura con “Ashes Of A New Dawn” queda claro que el grupo apuesta por un enfoque más directo que en su anterior lanzamiento. La velocidad y los constantes cambios de ritmo siguen siendo protagonistas, pero todo está planteado para que cada tema tenga personalidad propia y resulte fácil de recordar. Las guitarras de Joe Haley vuelven a ser el eje de un sonido afilado, repleto de riffs imposibles y solos medidos al milímetro, mientras la base rítmica sostiene el conjunto con una naturalidad que solo consiguen los músicos que llevan años tocando al más alto nivel.

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A lo largo de sus poco más de 38 minutos, el disco mantiene un nivel muy alto. Cortes como “Gathering A Venomous Herd”, “No Time For The Weak” o “To Embrace This Curse” muestran a una banda capaz de combinar complejidad con contundencia, sin caer en el exceso de virtuosismo gratuito que suele lastrar a muchas propuestas del género. También destaca el trabajo vocal de Jason Peppiatt, que amplía ligeramente su registro habitual y aporta más matices a unas composiciones que incorporan pequeños detalles atmosféricos sin perder un ápice de intensidad.

La química entre los hermanos Haley vuelve a ser uno de los grandes pilares de The Pulse Of Annihilation. Todo fluye con una sensación de control absoluto, pero sin sonar frío ni excesivamente calculado. Psycroptic sigue demostrando por qué fue una de las bandas que ayudó a definir la segunda gran ola del technical death metal y por qué continúa siendo una influencia evidente para buena parte de las formaciones actuales. Aquí no hay espacio para la nostalgia: solo 38 minutos de death metal técnico ejecutado con autoridad, experiencia y una inspiración que permanece intacta.

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Boundaries – Yearning: The Unbeautiful After (2026)
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Boundaries llevaba tiempo creciendo dentro de la escena del metalcore, pero con Yearning: The Unbeautiful After firma el que probablemente sea su trabajo más completo y devastador hasta la fecha. Lejos de seguir tendencias, el quinteto apuesta por un sonido que mezcla violencia, desesperación y una carga emocional constante, construyendo un disco que golpea con la misma fuerza en sus momentos más brutales que en los pasajes donde deja respirar a las canciones.

Desde “Malconscience” queda claro que aquí no hay intención de bajar las revoluciones. Los riffs son pesados, los breakdowns caen con un peso aplastante y la interpretación de Matthew McDougal transmite una rabia completamente creíble, sin caer en la sobreactuación. Pero el gran mérito de Boundaries está en saber escribir canciones memorables dentro del caos. “Skies Cast Amber Black” demuestra cómo la banda domina los cambios de dinámica sin perder intensidad, manteniendo siempre la tensión en primer plano.

Donde realmente sobresale Yearning: The Unbeautiful After es en su capacidad para equilibrar agresividad y sensibilidad. “May This Pain Never Leave” introduce melodías y voces limpias que amplían el alcance del disco sin romper su identidad, mientras “Crowned And Crucified”, con la participación de Landon Tewers (The Plot in You), añade una dimensión aún más oscura a un repertorio ya de por sí cargado de emociones al límite. Tampoco desentona “Torn Wide Open”, donde la colaboración con Make Them Suffer encaja de forma natural dentro del conjunto.

La producción potencia cada detalle sin sacrificar pegada, dejando espacio para que las guitarras respiren y que la batería mantenga un protagonismo constante. Boundaries no busca impresionar únicamente por su contundencia, sino por la forma en que canaliza frustración, angustia y rabia en composiciones sólidas y perfectamente estructuradas. Yearning: The Unbeautiful After es uno de esos discos que recuerdan por qué el metalcore todavía tiene mucho que decir cuando una banda encuentra personalidad propia y la convierte en su mayor arma.

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NO.ZERO – Lapsus Persona (2026)
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Con apenas siete canciones y una duración que no llega a los 21 minutos, Lapsus Persona, el debut de NO.ZERO, irrumpe como una declaración de principios. Editado a mediados de febrero de 2026, el grupo de Buenos Aires deja en claro desde el primer minuto cuál es su identidad: una combinación de nu metal y hardcore cantada íntegramente en castellano, lo que ellos mismos definen como ÑUMETALCORE. La producción de Diego Boquete junto a Francisco Ukmar, sumada al trabajo de grabación, mezcla y mastering realizado por Diego Boquete en DMB Studio, consigue un sonido contundente, moderno y lo suficientemente crudo como para potenciar la intensidad de cada composición.

El álbum abre con “Dios / Máquina”, un comienzo cargado de rabia, velocidad y una acertada alternancia entre registros vocales que desemboca en un breakdown pensado para desatar el caos en vivo. Sin bajar la intensidad aparece “Imperio”, sostenida por un riff de gran presencia, mientras que “En Ausencia” se apoya en una impronta claramente hardcore, con guitarras filosas y un pulso que nunca pierde agresividad. La primera mitad del disco mantiene un ritmo frenético, sin desperdiciar un solo segundo.

En la recta final, “Atados”, “Inferno” (mi favorita el álbum) y “Errante” continúan alimentando esa descarga de energía con un enfoque directo y sin rodeos, evitando caer en la repetición gracias a pequeños cambios de dinámica que mantienen el interés. El cierre llega con “Lapsus Persona”, la pieza que da nombre al álbum y que resume con precisión la propuesta de NO.ZERO: riffs pesados, una sólida fusión entre nu metal y hardcore, y un balance efectivo entre groove, violencia y melodía.

Su corta duración juega completamente a favor: no hay espacio para el relleno y cada tema aporta algo dentro de un conjunto compacto, intenso y explosivo. NO.ZERO presenta una primera obra que transmite urgencia, identidad y una energía que invita a volver a presionar “play” apenas termina.

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Khemmis – Khemmis (2026)
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Khemmis, la banda de Denver, Colorado, publica su quinto álbum de estudio, esta vez homónimo, en el que desarrolla su característico sonido doom a dos voces, con guitarras virtuosas y envolventes.

El espíritu del disco es la búsqueda de esperanza y belleza en el arte. Tal y como nos confesó en su entrevista Ben Hutcherson hace pocas semanas: no querían centrarse en la introspección o en los males del mundo, como en otros trabajos, sino en la celebración del metal como fuente de gozo y consuelo, con letras basadas en la pura ficción.

¡Y lo han conseguido! Es un álbum muy placentero para los amantes del género, en el que obviamente encontramos oscuridad y muerte, pero contempladas desde una sana distancia que nos apela a sentimientos de aceptación y paz con uno mismo.

Ocho pistas largas, de entre cuatro y seis minutos y medio, con numerosos y complejos solos, en el que la cristalina voz de Phil Pendergast se entrecruza ocasionalmente con la gutural y profunda de Hutcherson.

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El arte de la portada corre a cargo del aclamado artista Christopher Remmers, con un estilo distinto al de anteriores discos, pero que continúa con la épica habitual, mostrando un guerrero (o guerrera quizás, pues es deliberadamente ambiguo) en acto de profunda reflexión.

También nos obsequian con unos videoclips sumamente originales, como el de “Beneath The Scythe” que homenajea a esas primeras películas de la factoría Edison, o el de la mística “Invocation of the Dreamer” poblado por poderosas brujas paganas.

Son estos dos quizás los temas más potentes de un disco ciertamente equilibrado y redondo, que recomiendo mucho escuchar. Podremos hacerlo en diferido o incluso en directo, ya que se encuentran inmersos en una larga gira por EEUU y también Europa que durará hasta el próximo octubre.

Si buscas un disco capaz de equilibrar la pegada ultra-pesada del doom metal con la elegancia melódica, los solos de guitarra memorables y la limpieza vocal del metal tradicional, Khemmis es uno de esos trabajos que no puedes dejar pasar ya que no es solamente ruido o distorsión, es pura orfebrería sonora para todos los oyentes que sepan apreciar la técnica sin perder el sentimiento.

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Zørza – Twilight Of The Golden Star (2026)
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Con Twilight Of The Golden Star, Zørza confirma que el sobresaliente debut no fue una casualidad. Los polacos mantienen la esencia de un black metal cargado de intensidad y atmósfera, pero refuerzan una identidad propia que evita los lugares comunes del género. La producción permite que cada instrumento encuentre su espacio, con un bajo especialmente presente que aporta profundidad y peso a unas composiciones donde la agresividad convive con pasajes más contemplativos sin perder cohesión.

La apertura con “Twilight Of The Golden Star”, en la que participan miembros de Harakiri For The Sky y Karg, marca desde el inicio el tono del álbum. Las melodías limpias se entrelazan con explosiones de furia y una interpretación vocal que transmite desgarro antes que simple violencia. Esa capacidad para alternar dinámicas vuelve a aparecer en “My Wounds”, una de las piezas más emocionales del disco, donde la desesperación y la rabia se suceden con naturalidad mientras las guitarras construyen un muro sonoro tan envolvente como melancólico.

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La zona central del álbum mantiene un nivel muy alto gracias a cortes como “Death III”, que apuesta por un ritmo implacable, o “Against Theocracy”, convertida en una descarga de energía con un evidente carácter reivindicativo. Por su parte, “Stormspell” introduce algunos de los momentos más atmosféricos del trabajo, alternando pasajes acústicos con regresos demoledores a la intensidad inicial, mientras “Zorza III” desarrolla un ambiente oscuro y casi ritualista que demuestra la facilidad de la banda para crear tensión sin depender únicamente de la velocidad.

“The Devil Wears Well” lleva todas esas virtudes a su máxima expresión con una interpretación contundente y un desarrollo que mantiene intacta la intensidad hasta el último compás. Zørza firma un segundo álbum que iguala el excelente nivel de su debut y reafirma una propuesta donde la agresividad, la atmósfera y el cuidado por los detalles compositivos conviven con total naturalidad, demostrando una madurez creativa que la sitúa entre las propuestas más interesantes del black metal contemporáneo.

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Santo Fuzz – Sabbat a la Mexicana (2026)
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Por: Freya Beatriz Sesma

Desde las profundidades históricas y místicas de Guanajuato, una región inherentemente ligada a la muerte y el misterio subterráneo, emerge Santo Fuzz. La agrupación de un solo integrante se presenta no sólo como un proyecto de doom metal, sino como el oficiante de una liturgia sonora pantanosa y profundamente arraigada en la identidad mexicana. Su producción discográfica, Sabbat a la Mexicana, constituye una obra fundamental para comprender las nuevas vertientes del doom metal y stoner fuzz en Latinoamérica, fusionando la iconografía esotérica anglosajona con el misticismo rural y el folklore de la sierra mexicana.

El álbum se erige sobre un pilar sonoro inconfundible: guitarras saturadas por un pedal de fuzz omnipresente, tempos fúnebres que evocan la pesadez de Black Sabbath y una atmósfera psicodélica que induce a un estado de trance. Sin embargo, el verdadero triunfo de Santo Fuzz radica en su capacidad para evitar la simple imitación de los cánones occidentales del género. En lugar de invocar los bosques europeos o la mitología lovecraftiana, la banda desvía la mirada hacia el bajío, las milpas, el toloache y el sincretismo religioso, creando una identidad única que ellos mismos definen como rezos psicodélicos al patrono del malviaje.

El doom metal, desde su nacimiento, ha estado intrínsecamente ligado a la oscuridad y a lo oculto. Santo Fuzz toma este esqueleto y lo viste con sarapes, lo alimenta con nopales y lo bautiza con agua bendita en un jacal. Este proceso de tropicalización le añade una capa de terror visceral que resuena de manera muy particular en el oyente mexa, quien reconoce en las letras los mitos transmitidos por tradición oral en los pueblos y sierras del país.

La obra abre con una pieza instrumental y atmosférica llama “Introducción”, que funciona como el umbral de la ceremonia. Es el equivalente sonoro a encender el copal y apagar las luces. A través de arpegios oscuros y una base rítmica lenta, la banda prepara psicológicamente al oyente para la densidad que está por manifestarse. Es una advertencia silenciosa antes de cruzar hacia los
terrenos de lo desconocido.

Con “Espiritismo”, el primer corte lírico introduce de lleno las temáticas esotéricas. La letra teje referencias que van desde el kardecismo decimonónico hasta el misticismo oriental (como los brahamanes y Arjuna). Al proclamar que su “Cruz Astral supera lo escrito por Allan Kardec“, el narrador se posiciona como una entidad chamánica o un médium capaz de desbloquear la percepción del iniciado. Musicalmente, el riff es monolítico y pesado, arrastrándose a través de los cuatro minutos y medio con una cadencia hipnótica que ejemplifica a la perfección el doom metal de corte espiritual.

“Huapango al Nahual” representa uno de los puntos más altos y originales del álbum. Santo Fuzz logra capturar el pánico rural ante la figura del nahual , del ser humano con la capacidad de transformarse en animal. El contraste entre el título, que sugiere un ritmo folclórico tradicional, y la ejecución de un stoner doom sumamente distorsionado es abismalmente genial. La lírica evoca imágenes costumbristas y vívidas: el jacal, la milpa, las tunas moradas, el llanto del viento. Los coros desesperados que claman “¡Ay, Santo bendito! pa’ que no me siga, que no me mate” transmiten un terror genuino ante una criatura que acecha desde la Quinta, complementado por guitarras cuyos acoples simulan los aullidos de la bestia en la madrugada.

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Nombrado en honor a la tradicional celebración de Día de Muertos en la región de la Huasteca, “Xantolo” funciona como un interludio sagrado. Mantiene la tensión ritual del disco mediante texturas sonoras densas y ritualísticas. Es el espacio de transición donde la música rinde tributo a los ancestros, sirviendo como un puente instrumental o semi-instrumental que conecta la mitología del nahual con el realismo mágico que define a la siguiente composición.

“Ahí Viene la Muerte” está inspirada en la narrativa popular y estructurada, que mediante un diálogo dramático entre un narrador, la Muerte, un jornalero y el personaje de Francisca, esta canción es una muestra brillante de realismo mágico hecho metal. La Muerte, cansada y sujeta a los contratiempos de la modernidad rural (tomar el tren temprano), busca a Doña Panchita. La resolución del tema encierra la idiosincrasia misma del mexicano frente a la mortalidad: la vieja curandera está demasiado ocupada aliviando el espanto de una muchacha como para morir. El riff que acompaña este relato camina con la misma lentitud pesada del tren que se le escapa a la parca, logrando un balance perfecto entre ironía popular y gravedad sonora.

La pieza homónima es el clímax absoluto del aquelarre. Aquí se redefine el concepto del sabbat de las brujas de la literatura clásica europea y se traslada a los matorrales de nopales y huizaches de la geografía mexicana. El uso litúrgico de plantas sagradas y prohibidas como el toloache establece el tono de un trance inducido. Los ritmos se vuelven más machacantes y las máscaras, esqueletos y sarapes se confunden en una danza de hechiceros convertidos en animales. El cierre de la canción, con una muestra de audio que invoca directamente al “Rey Diablo, amo y señor de las sombras”, sella la pista bajo un muro de sonido opresivo y catártico.

El álbum concluye con una reinterpretación o evocación del clásico espíritu de la “Sandunga”, impregnado de una melancolía fúnebre insoportable. Santo Fuzz ralentiza los pulsos dramáticamente, permitiendo que las últimas notas resuenen en el vacío, dejando al oyente en un estado de agotamiento espiritual tras haber participado plenamente en la ceremonia.

Desde una perspectiva técnica, el sonido de las guitarras en Sabbat a la Mexicana destaca por su textura extremadamente rasposa y valvular. La ecualización privilegia las frecuencias graves y los medios bajos, saturando el espacio acústico sin perder la definición melódica de las progresiones. La batería ejecuta patrones lentos pero contundentes, actuando como el metrónomo de una marcha fúnebre, mientras que las líneas de bajo amalgaman todo el conjunto en una masa sónica cohesiva y densa.

En definitiva, Sabbat a la Mexicana es una obra imprescindible que expande las fronteras del doom y el stoner metal en el territorio hispanohablante. Al entrelazar con audacia los códigos de la distorsión extrema y los rituales místicos de la sierra, Santo Fuzz ha esculpido un monumento al oscurantismo folclórico. Un testimonio sonoro imperecedero de que la oscuridad y el malviaje también se visten de sarape y huelen a tierra mojada bajo el sol del bajío.

 

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Montsanto – Astaroth, Belcebú, Lucifer (2026)
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Por: Freya Beatriz Sesma

Desde las profundidades del underground de la Ciudad de México, Montsanto entrega una obra masiva, densa y cargada de una identidad cultural fascinante. Astaroth, Belcebú, Lucifer es un viajesote que fusiona la pesadez aplastante del doom metal con las texturas arenosas del stoner, la crudeza del sludge y la hipnosis del drone. Una atmósfera inmersiva que rinde homenaje al cine de culto mexicano y la mística de la lucha libre. Al escucharlo, es inevitable imaginar una de esas clásicas películas en blanco y negro donde “El Santo” o “Blue Demon” se enfrentan a sectas satánicas, vampiros y monstruos de bajo presupuesto, pero con una banda sonora que suena como si la tierra misma se estuviera abriendo.

El sonido de Montsanto está construido sobre muros de fuzz y afinaciones bajísimas. La producción (o la intencional falta de pulcritud en ella) le da un tono añejo que encaja perfectamente con su temática de horror de serie clasificación B. Los elementos de drone aseguran que el oyente sea arrastrado lentamente hacia un trance, mientras que los riffs de stoner y sludge le inyectan el ritmo necesario para que la experiencia se vuelva un ritual ocultista lleno de groove.

La lista de canciones está diseñada como un descenso gradual a los infiernos, invocando a la trinidad impía que da título al disco, con “Astaroth” da pie a una apertura monumental y desafiante. Con casi trece minutos de duración, este tema es un ejercicio puro de drone y doom. Se toma su tiempo para construir una muralla de sonido asfixiante, marcando el paso lento y pesado que dominará el resto del disco. Es el equivalente sonoro a la lenta resurrección del villano en una película de terror de los años 60; “Artesano Cósmico” es un respiro relativo tras la colosal pista inicial. Aquí se notan más las influencias del Stoner, con un riff más directo y cabalgante que evoca viajes astrales y psicodelia oscura.

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En “Bélcebu” empieza la obscuridad absoluta. La segunda entidad demoníaca es invocada con un sludge viscoso, crudo y agresivo. La atmósfera se siente amenazante, ideal para una escena de combate en un ring rodeado de fuego; “Solve Et Coagula” hace referencia a la máxima alquímica de “disolver y coagular*, esta pista funciona como el puente perfecto hacia el clímax. Probablemente el tema más dinámico del disco, donde los cambios de tempo mantienen al oyente atrapado en su telaraña de distorsión; “Lucifer”: El portador de la luz llega con una densidad brutal. Los riffs aquí son monolíticos, arrastrándose con una lentitud solemne y fúnebre. Es el punto más alto del concepto de doom tradicional dentro del álbum.

“Crux Sacra” es el cierre perfecto (“La Santa Cruz”), tras invocar a los tres demonios, el álbum termina con un ritual sonoro catártico de más de ocho minutos. Mezcla el zumbido hipnótico del drone con golpes rítmicos que suenan como una procesión fúnebre, dejando que el acople de las guitarras se desvanezca en el vacío.

Astaroth, Belcebú, Lucifer es una declaración de intenciones siniestra por parte de Montsanto. Logra que el ocultismo pesado del doom metal conecte de manera tan natural con el imaginario de la lucha libre y el cine fantástico mexicano. Altamente recomendado para los puristas del sonido lento y denso, pero sobre todo para aquellos que aprecian cuando una banda inyecta su propia identidad cultural e idiosincrasia en géneros que suelen ser muy rígidos. Prepárate para afinar en tonos graves, ponerte la máscara de plata y bajar a pelear contra los demonios del averno.

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Haken – In a Fever Dream (2026)
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El año nos viene trayendo un montón de propuestas novedosas y atractivas dentro del espectro progresivo. De distintos estilos y géneros. Y de parte de bandas tanto modernas como veteranas. Y el nuevo EP de Haken, es uno de los que entra en esta descripción.

Lanzado el 17 de julio, este In a Fever Dream representa cuanto menos, una pequeña sorpresa para los fanáticos y seguidores del grupo. Y es que a principios de año, los británicos habían sufrido la baja de dos de sus miembros: el guitarrista Charlie Griffiths y del bajista Conner Green. Sin embargo, lejos de entrar en un estado de hiato o reconstrucción, su líder Richard Henshall y compañía se pusieron manos a la obra y publicaron el presente trabajo compuesto de 5 canciones.

Y en primera instancia, se puede apreciar un pequeño cambio por parte del grupo, hacia terrenos más modernos y atmosféricos. O al menos, un enfoque compositivo más orientado en los contrastes, los sintetizadores y efectos electrónicos. Con voces que juegan con lo emotivo y lo explosivo. Y unas guitarras orientadas en la contundencia e intensidad rítmica.

Desde el primer tema, que es el que da nombre al disco, se nota esta iniciativa de los londinenses de ser más pacientes y minimalistas a la hora de jugar sus cartas. Sin cargarla de tantos elementos vistosos ni virtuosos. Dejando que los pasajes se vayan construyendo para desatar toda la agresividad y potencia en el estribillo. Algo propio de las bandas de rock y metal progresivo de los últimos años.

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Y es que es evidente la dirección musical que viene trabajando Haken en el último tiempo. Mucho más cercana a la de agrupaciones contemporáneas como Leprous, Vola o Karnivool. Y cada día más alejada a las de unos Dream Theater o Circus Maximus, con quienes más se los emparentaba cuando arrancaron.

Algo que se ve bien plasmado en una composición como “delirium”, dónde lo que prima es la efectividad y emotividad de las melodías. Con un estribillo atrapante y una sección rítmica impecable.

Por su parte, “eclipsed by you” explora nuevos campos sonoros, con unas texturas electrónicas que se adueñan de la composición y una interpretación vocal de Ross Jennings que convive con total naturalidad con esta experimentación.

La siguiente pieza, “bleeding the sky” busca expandir estos mismos caminos más atmosféricos y casi cercanos al post-rock, aunque sin el mismo resultado emotivo. Mientras que el cierre con “lotus” nos trae de regreso esa faceta más potente y enchufada del grupo. Desplegando todas sus herramientas y levantando la vara de un Ep, cuyo principal objetivo fue proponer. Y vaya que propuso.

Para ser el primer trabajo de la agrupación como cuarteto, resultó interesante. Ya que nos muestra que pese a los años, Haken no parece haberse quedado sin ideas ni inquietudes musicales. Todo lo contrario. Están con ganas de seguir buscando nuevos horizontes. Y en ese sentido, esta obra termina por ser el primer resultado de esa búsqueda.

Veremos si en el futuro hay más. Pero de momento, Haken sigue en la cresta de ola del progresivo moderno. Y no parece tener intenciones de querer bajar de ahí.

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Avenged Sevenfold – Statica (2026)
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Sin quien nadie lo haya pedido y al más puro estilo Bizarrap, los californianos Avenged Sevenfold han lanzado por sorpresa Statica, un EP conformado por cuatro temas y que sin duda, va a hacer mucho ruido y no tengo en claro si de manera positiva o no tanto.

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El comienzo siendo totalmente honesto es simplemente nefasto ya que “Lights”, es un engendro electrónico con tintes rockeros y modernos que sonrojarían incluso a bandas como Electric Callboy, Pendulum o Bring Me The Horizon, es terrible y no se si sirve a modo de introducción, pero de ser así, no es la mejor manera de abrir un disco y es de lo peor que tienen los de Huntington Beach en todo su catálogo.

Le sigue el corte que da título al EP y donde ya presenta los mismos errores que el anterior, con un comienzo “robótico” que roza la vergüenza ajena, para luego encontrarnos algo mucho peor: M.Shadows, un gran vocalista que siempre ha sido respetado como tal, usando autotune y con una producción espantosa, que no tiene ni siquiera su disco debut, del cual han pasado 25 años, suena a banda que se hizo el disco en su garaje con 3 dólares y como pudo, no de una banda que hace muy poco encabezó festivales como el Hellfest, Graspop o nuestro Resurrection Fest.

Realmente no se si esto ha sido editado con el fin de algo en concreto, pero sea cual sea su fin, no lo han logrado, esto no es el Post Human: Survival Horror de Bring Me The Horizon ni siquiera algo más ligero como el Violent Pop de Blind Channel, ya que estos discos, pese a ser modernos y accesibles, estaban bien hechos, esto es sencillamente una vergüenza.

Encima se alarga hasta los 5 minutos de duración, donde la gente que critica temas pop actuales como “Gnarly” de Katseye o alguno de I Prevail, por exceso de filtros, vería en ellos auténticos temazos después de escuchar semejante basura sonora.

“Rejoice”, parece mejorar un poquito el nivel, pero claro, cuando hablamos de dos temas previos con una puntuación de 2 puntos sobre diez, este quizás pueda ser un cuatro y medio.

Porque aquí las voces están menos procesadas, aunque sigue sonando a laboratorio, pero con mejor producción, pero en medio el instrumental es pobre y el falsete antes del estribillo, está muy mal ejecutado, es increíble porque una cosa es hacer un disco intenso y difícil de digerir como fue Life Is But a Dream…, donde incluso llegué a aplaudir su intento por acercarse (a su manera claro está) al sonido del Avant Garde y combinarlo con su estilo habitual, pese a que pecaba de un exceso de minutaje, pero a pesar de no ser un disco completo, este trabajo no hay como defenderlo, hace aguas por los cuatro costados y hunde el barco antes de zarpar, sin ser exagerado.

Pero! eso si, las guitarras de Synyster Gates y Zachy Vengeance, si que recuperan un poquito de brillo, parecido al que tenían antaño y es por ello, que este tema es bastante mejor que los anteriores.

Igualmente el final, digno de un videojuego Atari, Donkey Kong o un Herman Lee, pasado de vueltas, es totalmente excesivo y empaña al global de la canción.

Con “Ashes”, llegamos al final del disco y efectivamente el corte hace justicia a su título porque redondea un trabajo nefasto que es para echarlo a la hogar y verlo hecho cenizas.

Quizás la segunda parte del EP, sea mejor que la primera, pero sobra decir que no alcanza para conseguir el aprobado, lo cual es una lástima ya que Avenged Sevenfold tienen más de 25 años de carrera y no se entiende porque hay que mancharla de esta manera.

Y antes de que vengan los “Haters” de turno o los “Fanboys” de la banda californiana, quiero aclarar que a nadie le duele más que a mi redactar algo tan negativo, sobre todo cuando poseo en casa todos sus discos de estudio originales, el dvd All Excess y el cd/dvd LBC, además de su Greatest Hits, o sea que se de lo que estoy hablando y lamentablemente este regreso de A7X se coloca en la lista de lo peor del 2026 con diferencia y entristeciéndonos a todos, ojalá que solo haya sido un experimento fallido, porque de lo contrario, si que vamos a estar en problemas.

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As It Is – As It Is (2026)
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Tras un tiempo parados y un regreso triunfal el año pasado, los rockeros alternativos As It Is vuelven con su nuevo disco homónimo, que supone el primero en ocho años y el que marca el retorno de la formación original, con Patty Walters en las voces, Ben Langford-Biss en segunda voz y guitarra, Testo en el bajo y Patrick Foley en batería.

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Y por lo que suena “I’m So Alive!”, los chicos regresan al sonido clásico de su primer Ep y sus dos primeros discos, pero adaptándolo a los tiempos que corren, por eso es inevitable sentir esa vibración veraniega en el cuerpo con la irresistible melodía que esta pieza dibuja y que nos recuerda a bandas como Simple Plan, Neck Deep y New Found Glory.

“Ruin My Life”, tema ya conocido por los que seguimos a la banda ya que fue estrenado a comienzos de este año y que cuenta con la participación especial de Murray Macleod, vocalista de The Xcerts, muestra esa madurez adquirida con los años, pero también que no van a cambiar una fórmula que tan bien se les ha dado por más de 15 años.

La nostalgia se hace presente en “Do You Remember?”, en este caso destacando el juego de voces entre Patty y Ben, como en los viejos tiempos y que te hace viajar en el tiempo y recordar tiempos que quizás si fueron mejores que los actuales.

Los screams comedidos, pero muy bien usados hacia el final, le ponen la guinda a un gran ejercicio de pop punk alternativos por parte de los británicos.

El disco sorprende con “Live, Laugh, Love, Los Ángeles”, un pildorazo de pop rock, al más puro estilo Fall Out Boy, pero mucho mejor que lo que la banda de Chicago ha hecho en 5 años y que ya quisieran para si mismos bandas como Maroon 5 o los mediocres Imagine Dragons, aunque AII no tienen nada que ver con ellos afortunadamente.

El saxo, le da un “Punch” muy moderno y la letra supone una especie de catarsis para ellos, viviendo lejos de casa en los States.

Las revoluciones bajan un poquito, pero no la emoción y es que “Marilyn” recuerda a alguien que ya no está y como lo echamos en falta, también la nostalgia por estar lejos de casa y pese a sus defectos, extrañar eso que solo tiene el lugar de donde uno procede, en el caso de AII, la bella ciudad de Brighton, casa también de Architects, como curiosidad.

El ecuador del álbum llega de la mano de “Watching The World Go Bye”, que muestra un lado más intimista por parte del grupo, algo que se acentúa más en “Lose Your Way & Find Yourself”, donde hacen borrón y cuenta nueva, para poder escribir este nuevo capítulo de su carrera.

Y si, As It Is han tenido muy buena mano para las baladas y “Last At The Party”, no es la excepción, una hermosa y pulida pieza, que te invita a seguir tu camino, a ser tu mismo en un entorno cada vez más hostil y donde a veces parece que estés acompañado por mucha gente, pero cuando las luces se apagan, estas tu solo frente a ti mismo y con decisiones que tu debes tomar, sean más o menos dolorosas, pero serán las que te hagan crecer, ser más fuerte y no mirar atrás.

El solo de Ben es precioso y redondea otra gran pieza, que no hace más que evidenciar el fantástico estado de forma con la que estos chicos han vuelto.

El medio tiempo tristón “I f I Ever Lost You” o “Not Anymore”, con su comienzo acústico y esa voz de Patty que sigue sonando como los ángeles, suman honestidad y reflexión al disco, mientras que la energía melódica vuelve para ponerle el broche ideal a este disco homónimo de As It Is, recordando la época de su primer disco y actualizándolo de la forma que uno esperaba.

Así pues, los chicos han entregado una obra mas “Pop” si se quiere que sus dos trabajos previos, pero que sin embargo sigue la línea evolutiva de la banda y que bien podría haber sido la continuación lógica de Okay, su segundo trabajo de 2017, pero que hoy casi una década después, es el disco que mejor representa a una banda que casi cae en el pozo, pero que ha sabido remontar el vuelo y volver a brillar con las melodías que solo ellos tienen…. Bienvenidos de vuelta muchachos!

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Psycroptic – The Pulse Of Annihilation (2026)
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Psycroptic lleva más de dos décadas siendo una referencia indiscutible del technical death metal. Mientras muchas bandas han ido y venido, los australianos han mantenido una identidad propia basada en un equilibrio entre precisión quirúrgica, agresividad y canciones que no sacrifican pegada por exhibición técnica. Tras el sólido Divine Council, regresan con The Pulse Of Annihilation, debut para Metal Blade Records y un trabajo que reafirma su excelente estado de forma sin necesidad de reinventar una fórmula que siguen dominando como pocos.

Desde la apertura con “Ashes Of A New Dawn” queda claro que el grupo apuesta por un enfoque más directo que en su anterior lanzamiento. La velocidad y los constantes cambios de ritmo siguen siendo protagonistas, pero todo está planteado para que cada tema tenga personalidad propia y resulte fácil de recordar. Las guitarras de Joe Haley vuelven a ser el eje de un sonido afilado, repleto de riffs imposibles y solos medidos al milímetro, mientras la base rítmica sostiene el conjunto con una naturalidad que solo consiguen los músicos que llevan años tocando al más alto nivel.

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A lo largo de sus poco más de 38 minutos, el disco mantiene un nivel muy alto. Cortes como “Gathering A Venomous Herd”, “No Time For The Weak” o “To Embrace This Curse” muestran a una banda capaz de combinar complejidad con contundencia, sin caer en el exceso de virtuosismo gratuito que suele lastrar a muchas propuestas del género. También destaca el trabajo vocal de Jason Peppiatt, que amplía ligeramente su registro habitual y aporta más matices a unas composiciones que incorporan pequeños detalles atmosféricos sin perder un ápice de intensidad.

La química entre los hermanos Haley vuelve a ser uno de los grandes pilares de The Pulse Of Annihilation. Todo fluye con una sensación de control absoluto, pero sin sonar frío ni excesivamente calculado. Psycroptic sigue demostrando por qué fue una de las bandas que ayudó a definir la segunda gran ola del technical death metal y por qué continúa siendo una influencia evidente para buena parte de las formaciones actuales. Aquí no hay espacio para la nostalgia: solo 38 minutos de death metal técnico ejecutado con autoridad, experiencia y una inspiración que permanece intacta.

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Boundaries – Yearning: The Unbeautiful After (2026)
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Boundaries llevaba tiempo creciendo dentro de la escena del metalcore, pero con Yearning: The Unbeautiful After firma el que probablemente sea su trabajo más completo y devastador hasta la fecha. Lejos de seguir tendencias, el quinteto apuesta por un sonido que mezcla violencia, desesperación y una carga emocional constante, construyendo un disco que golpea con la misma fuerza en sus momentos más brutales que en los pasajes donde deja respirar a las canciones.

Desde “Malconscience” queda claro que aquí no hay intención de bajar las revoluciones. Los riffs son pesados, los breakdowns caen con un peso aplastante y la interpretación de Matthew McDougal transmite una rabia completamente creíble, sin caer en la sobreactuación. Pero el gran mérito de Boundaries está en saber escribir canciones memorables dentro del caos. “Skies Cast Amber Black” demuestra cómo la banda domina los cambios de dinámica sin perder intensidad, manteniendo siempre la tensión en primer plano.

Donde realmente sobresale Yearning: The Unbeautiful After es en su capacidad para equilibrar agresividad y sensibilidad. “May This Pain Never Leave” introduce melodías y voces limpias que amplían el alcance del disco sin romper su identidad, mientras “Crowned And Crucified”, con la participación de Landon Tewers (The Plot in You), añade una dimensión aún más oscura a un repertorio ya de por sí cargado de emociones al límite. Tampoco desentona “Torn Wide Open”, donde la colaboración con Make Them Suffer encaja de forma natural dentro del conjunto.

La producción potencia cada detalle sin sacrificar pegada, dejando espacio para que las guitarras respiren y que la batería mantenga un protagonismo constante. Boundaries no busca impresionar únicamente por su contundencia, sino por la forma en que canaliza frustración, angustia y rabia en composiciones sólidas y perfectamente estructuradas. Yearning: The Unbeautiful After es uno de esos discos que recuerdan por qué el metalcore todavía tiene mucho que decir cuando una banda encuentra personalidad propia y la convierte en su mayor arma.

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NO.ZERO – Lapsus Persona (2026)
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Con apenas siete canciones y una duración que no llega a los 21 minutos, Lapsus Persona, el debut de NO.ZERO, irrumpe como una declaración de principios. Editado a mediados de febrero de 2026, el grupo de Buenos Aires deja en claro desde el primer minuto cuál es su identidad: una combinación de nu metal y hardcore cantada íntegramente en castellano, lo que ellos mismos definen como ÑUMETALCORE. La producción de Diego Boquete junto a Francisco Ukmar, sumada al trabajo de grabación, mezcla y mastering realizado por Diego Boquete en DMB Studio, consigue un sonido contundente, moderno y lo suficientemente crudo como para potenciar la intensidad de cada composición.

El álbum abre con “Dios / Máquina”, un comienzo cargado de rabia, velocidad y una acertada alternancia entre registros vocales que desemboca en un breakdown pensado para desatar el caos en vivo. Sin bajar la intensidad aparece “Imperio”, sostenida por un riff de gran presencia, mientras que “En Ausencia” se apoya en una impronta claramente hardcore, con guitarras filosas y un pulso que nunca pierde agresividad. La primera mitad del disco mantiene un ritmo frenético, sin desperdiciar un solo segundo.

En la recta final, “Atados”, “Inferno” (mi favorita el álbum) y “Errante” continúan alimentando esa descarga de energía con un enfoque directo y sin rodeos, evitando caer en la repetición gracias a pequeños cambios de dinámica que mantienen el interés. El cierre llega con “Lapsus Persona”, la pieza que da nombre al álbum y que resume con precisión la propuesta de NO.ZERO: riffs pesados, una sólida fusión entre nu metal y hardcore, y un balance efectivo entre groove, violencia y melodía.

Su corta duración juega completamente a favor: no hay espacio para el relleno y cada tema aporta algo dentro de un conjunto compacto, intenso y explosivo. NO.ZERO presenta una primera obra que transmite urgencia, identidad y una energía que invita a volver a presionar “play” apenas termina.

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Khemmis – Khemmis (2026)
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Khemmis, la banda de Denver, Colorado, publica su quinto álbum de estudio, esta vez homónimo, en el que desarrolla su característico sonido doom a dos voces, con guitarras virtuosas y envolventes.

El espíritu del disco es la búsqueda de esperanza y belleza en el arte. Tal y como nos confesó en su entrevista Ben Hutcherson hace pocas semanas: no querían centrarse en la introspección o en los males del mundo, como en otros trabajos, sino en la celebración del metal como fuente de gozo y consuelo, con letras basadas en la pura ficción.

¡Y lo han conseguido! Es un álbum muy placentero para los amantes del género, en el que obviamente encontramos oscuridad y muerte, pero contempladas desde una sana distancia que nos apela a sentimientos de aceptación y paz con uno mismo.

Ocho pistas largas, de entre cuatro y seis minutos y medio, con numerosos y complejos solos, en el que la cristalina voz de Phil Pendergast se entrecruza ocasionalmente con la gutural y profunda de Hutcherson.

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El arte de la portada corre a cargo del aclamado artista Christopher Remmers, con un estilo distinto al de anteriores discos, pero que continúa con la épica habitual, mostrando un guerrero (o guerrera quizás, pues es deliberadamente ambiguo) en acto de profunda reflexión.

También nos obsequian con unos videoclips sumamente originales, como el de “Beneath The Scythe” que homenajea a esas primeras películas de la factoría Edison, o el de la mística “Invocation of the Dreamer” poblado por poderosas brujas paganas.

Son estos dos quizás los temas más potentes de un disco ciertamente equilibrado y redondo, que recomiendo mucho escuchar. Podremos hacerlo en diferido o incluso en directo, ya que se encuentran inmersos en una larga gira por EEUU y también Europa que durará hasta el próximo octubre.

Si buscas un disco capaz de equilibrar la pegada ultra-pesada del doom metal con la elegancia melódica, los solos de guitarra memorables y la limpieza vocal del metal tradicional, Khemmis es uno de esos trabajos que no puedes dejar pasar ya que no es solamente ruido o distorsión, es pura orfebrería sonora para todos los oyentes que sepan apreciar la técnica sin perder el sentimiento.

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Zørza – Twilight Of The Golden Star (2026)
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Con Twilight Of The Golden Star, Zørza confirma que el sobresaliente debut no fue una casualidad. Los polacos mantienen la esencia de un black metal cargado de intensidad y atmósfera, pero refuerzan una identidad propia que evita los lugares comunes del género. La producción permite que cada instrumento encuentre su espacio, con un bajo especialmente presente que aporta profundidad y peso a unas composiciones donde la agresividad convive con pasajes más contemplativos sin perder cohesión.

La apertura con “Twilight Of The Golden Star”, en la que participan miembros de Harakiri For The Sky y Karg, marca desde el inicio el tono del álbum. Las melodías limpias se entrelazan con explosiones de furia y una interpretación vocal que transmite desgarro antes que simple violencia. Esa capacidad para alternar dinámicas vuelve a aparecer en “My Wounds”, una de las piezas más emocionales del disco, donde la desesperación y la rabia se suceden con naturalidad mientras las guitarras construyen un muro sonoro tan envolvente como melancólico.

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La zona central del álbum mantiene un nivel muy alto gracias a cortes como “Death III”, que apuesta por un ritmo implacable, o “Against Theocracy”, convertida en una descarga de energía con un evidente carácter reivindicativo. Por su parte, “Stormspell” introduce algunos de los momentos más atmosféricos del trabajo, alternando pasajes acústicos con regresos demoledores a la intensidad inicial, mientras “Zorza III” desarrolla un ambiente oscuro y casi ritualista que demuestra la facilidad de la banda para crear tensión sin depender únicamente de la velocidad.

“The Devil Wears Well” lleva todas esas virtudes a su máxima expresión con una interpretación contundente y un desarrollo que mantiene intacta la intensidad hasta el último compás. Zørza firma un segundo álbum que iguala el excelente nivel de su debut y reafirma una propuesta donde la agresividad, la atmósfera y el cuidado por los detalles compositivos conviven con total naturalidad, demostrando una madurez creativa que la sitúa entre las propuestas más interesantes del black metal contemporáneo.

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