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Darko – Cuckoo (2026)
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Darko US no necesita demasiadas presentaciones dentro del deathcore moderno. Desde Pt. 1 Dethmask, el proyecto ha construido una identidad basada en llevar el género hacia terrenos electrónicos, nu-metal y dance, convirtiendo sintetizadores y efectos digitales en parte central de su sonido. Apenas unos meses después de su anterior lanzamiento, regresan con CUCKOO, un EP que mantiene prácticamente intacta esa fórmula, pero que también deja la sensación de que Darko está empezando a moverse demasiado dentro de su propia zona de confort.

“State of Decay” abre el EP con sintetizadores, guitarras entrecortadas y una batería que termina explotando en una sucesión de riffs pesados. “Death Spiral” continúa por el mismo camino, apoyándose especialmente en el contraste entre los registros vocales de Tom Barber y Nick, mientras que “Perfected Ultra Instinct” introduce un tramo de drum and bass que rompe momentáneamente la estructura y vuelve a demostrar que la electrónica sigue teniendo un papel protagonista en la propuesta. El problema es que, aunque los ingredientes funcionan, la sorpresa desaparece rápido porque Darko lleva varios lanzamientos utilizando recursos similares.

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Donde la banda continúa estando un paso por encima es en las voces. Tom Barber vuelve a moverse con facilidad entre guturales profundos, gritos medios y agudos desgarradores, mientras las letras mantienen esa mezcla de rabia social, frustración y conflicto personal. “Death Spiral” concentra especialmente esa agresividad, mientras “State of Decay” dirige la mirada hacia un terreno más introspectivo. También aparecen las habituales referencias a la cultura popular que forman parte de la identidad de Darko, en este caso dentro de “Perfected Ultra Instinct”, siguiendo una tradición que ya estaba presente en trabajos anteriores.

El EP termina con “Landslide”, versión del clásico de Fleetwood Mac, con Marcus Bridge de Northlane aportando las voces limpias. Curiosamente, es uno de los momentos más llamativos del lanzamiento y también el que genera más dudas: la interpretación funciona, Bridge encaja perfectamente y la canción aporta una dimensión diferente, pero resulta significativo que el tema que más destaca no sea una composición propia. CUCKOO suena contundente, está bien producido y mantiene la personalidad de Darko, aunque a estas alturas la fórmula empieza a resultar demasiado previsible para una banda que inicialmente destacó precisamente por su capacidad para romper las reglas del deathcore.

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Marilyn Manson – One Assassination Under God – Chapter 2 (2026)
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Marilyn Manson editó este año la segunda parte de su nueva saga discográfica: One Assassination Under God.

Antes de adentrarnos en esta segunda parte, me gustaría hacer un repaso de lo que fue el regreso de Marilyn Manson hace ya dos años.

Marilyn Manson se encontraba en la ruina y acabado, principalmente por una serie de acusaciones de abuso sexual y juicios que aún siguen en proceso. Esto derivó en que la discográfica y gran parte de su equipo le soltaran la mano, quedando prácticamente solo y con su carrera prácticamente muerta.

A esto también hay que sumarle que hacía años venía perdiendo credibilidad y público debido a álbumes de poca calidad y presentaciones en vivo desastrosas. Se lo podía ver en mal estado físico y con un consumo excesivo de sustancias que afectaba notablemente su desempeño.

Contra todo pronóstico, volvió a presentarse en vivo en 2024 y demostró estar recuperado de sus adicciones. Esto estuvo respaldado por un rendimiento vocal y un estado físico ampliamente superiores a lo presenciado antes de la pandemia y las acusaciones.

Como si esto fuera poco, salieron a la luz los singles del disco de ese año y la expectativa creció a niveles impensados. Había vuelto a componer música de calidad y con un mensaje pensado e interesante.

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Esto fue correspondido con el lanzamiento del disco a finales de ese mismo año. Un trabajo muy bien recibido que, si bien contaba con guiños a la época dorada de los noventa y principios de los 2000, construía una nueva identidad. Esta tenía un enfoque más cercano al rock gótico o post-punk, pero con momentos más pesados y directos.

En este trabajo, titulado One Assassination Under God – Chapter 2, continúa esa idea, pero desde otro lado.

El trabajo anterior buscaba tener canciones directas, con momentos que fueran más explosivos. Y con esto no me refiero únicamente a lo agresivo, sino también a momentos más gancheros o bailables. Canciones con una idea más frontal, que buscaban generar un impacto similar al de un golpe. Inclusive las canciones más lentas tienen esa impronta de ir por todo y contra todos.

En esta segunda parte, el enfoque es más atmosférico. Las canciones buscan generar atmósferas oscuras y tétricas, sin recurrir siempre a un estribillo explosivo o buscar generar agresión.

Esto ya queda marcado desde el comienzo con “Unalive”, un título muy interesante y atractivo. Esta canción es de medio tiempo, con un desarrollo muy atmosférico a base de teclados, guitarras y la voz de Manson. Si bien tiene un estribillo potente, donde se escuchan gritos, al segundo la canción vuelve al tono atmosférico.

Hay momentos en donde la agresión toma el control, como en los singles “Exit Wound” y “Front Towards Enemy”, pero son pequeños y contados momentos.

Si bien el resto de las canciones tiene un enfoque similar, centrado en las atmósferas, esto no hace que sea un disco monótono, ya que cada canción cuenta con su propia personalidad.

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Por ejemplo, “Don’t Answer the Door” es súper densa y oscura, con una letra atrapante y escalofriante. Mientras que “None of the Suns” tiene un ritmo y una melodía más cercanos al post-punk de bandas como Joy Division. Y si bien sigue sonando oscuro, funciona como una pausa entre tanta densidad.

Otro punto destacable es “Lucifer’s Teardrop”, que arranca como una canción con el mismo enfoque post-punk, pero termina con un estribillo explosivo y rockero que muestra un costado más punk dentro del género gótico.

Mientras tanto, en “The Arsonist” tenemos una mezcla perfecta entre esta nueva identidad y guiños a los noventa. Hay coros que parecen salidos de Antichrist Superstar y que recuerdan al estribillo de “Apple of Sodom”, canción compuesta para la película Lost Highway.

Para el final deja “Enantiomorph”, una especie de balada que da cierre al disco con un recitado oscuro y perturbador, y que invita a reflexionar sobre ciertas acciones y comportamientos. Esta canción se puede comparar con “All the Vilest Things”, ya que tiene un aura similar.

En cuanto a lo técnico, la producción me parece increíble. Todo suena acomodado, en su lugar y con mucha presencia. Si bien no considero que sea un disco pesado desde la composición, la producción hace que suene con peso y solidez. Esto se debe claramente a la presencia y contundencia de los instrumentos, que consiguen que incluso las partes menos agresivas tengan una fuerza considerable.

Además, los momentos de estridencia resaltan mucho más al estar rodeados de pasajes atmosféricos. Al no tener constantemente guitarras agresivas o estribillos explosivos, cuando estos elementos aparecen generan un contraste mucho mayor y consiguen un impacto más fuerte.

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La voz de Manson es la protagonista del disco, y está bien que así sea. Él demuestra que está en uno de sus mejores momentos vocales, pasando por todos los recursos que supo utilizar a lo largo de su carrera. Pero da la sensación de que estos están bien administrados y utilizados de una forma más inteligente.

El bajo y la batería hacen un gran trabajo llevando el ritmo del álbum y dándole el peso que necesita. Sobre todo la batería, que por momentos sale de los ritmos simples y toma más protagonismo para darle mayor desarrollo a las canciones.

Los teclados, si bien ya no son tan abundantes como antes, están para acentuar momentos y aportar más dramatismo. Si bien me gusta la formación actual con dos guitarras, me llama la atención la falta de teclado en la formación en vivo, al menos hasta donde se puede apreciar.

Las guitarras se destacan muchísimo, ya que son las encargadas de llevar el desarrollo de las canciones. Estas son muy variadas, ya que pasan de riffs góticos muy simples a otros más agresivos y cercanos al metal industrial. Pero lo más notorio es la versatilidad, ya que suelen sacar sonidos muy extraños y llamativos, que son los que terminan conformando las atmósferas, elemento principal del álbum.

Creo que la intención de este disco, más que golpear, es la de perturbar. Y esto se puede ver tanto en las canciones como en las letras. Musicalmente, los temas son menos explosivos que los de la primera parte, pero al mismo tiempo resultan más intrigantes. En lugar de buscar constantemente el impacto inmediato, generan tensión y construyen atmósferas que hacen que uno quiera descubrir hacia dónde va cada canción.

Lo mismo ocurre con la mayoría de las letras. Si bien hay alguna más chocante y directa, en general son más oscuras, creando imágenes extrañas y perturbadoras. En la primera parte, las letras tenían una intención mucho más frontal, buscando el choque de manera directa. Acá, en cambio, Manson parece más interesado en generar incomodidad e intriga a través de imágenes y situaciones que quedan dando vueltas en la cabeza.

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Personalmente, me parece un disco muy bueno, que muestra otra fase de Manson que, si bien ya había sido explorada anteriormente, nunca había ocupado un lugar tan central en su propuesta. One Assassination Under God – Chapter 2 es un trabajo muy maduro y cuidado, donde cada elemento parece estar puesto en su lugar para construir una identidad clara.

Después de todo lo ocurrido en los últimos años, no deja de ser interesante que Manson haya conseguido regresar no intentando repetir exactamente lo que hizo en su época dorada, sino mostrando una faceta que siempre estuvo presente, pero que ahora toma el protagonismo. Y por eso creo que este trabajo no solo demuestra que el Reverendo sigue vigente, sino que todavía tiene mucho más para ofrecer y puede entrar tranquilamente entre los mejores discos del año.

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The Hu – Hun (2026)
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The Hu ha construido su identidad alrededor de una fórmula que no necesita demasiadas etiquetas para funcionar: instrumentos tradicionales de Mongolia, voces de raíz ancestral y una base cada vez más cercana al rock. Desde sus primeros lanzamientos, la banda consiguió llamar la atención precisamente por esa combinación, convirtiendo elementos culturales propios de su país en una propuesta accesible para un público internacional. Hun, su tercer álbum, profundiza en esa dirección y deja claro que el camino de los mongoles está mucho más cerca del folk rock que del metal, aunque algunos momentos puedan acercarse a terrenos más pesados.

Desde “Warrior Chant” hasta “Second Face”, The Hu se mueve con comodidad entre el rock, el blues y el rock and roll, utilizando sus instrumentos tradicionales como parte fundamental de los arreglos y no simplemente como un elemento decorativo. “Shadow” es un buen ejemplo de esta evolución, con guitarras y melodías tradicionales funcionando dentro de una estructura claramente rockera. La propuesta está bien definida y, sobre todo, suena natural: la banda no necesita forzar la contundencia para que su identidad resulte reconocible.

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El disco también abre espacio para terrenos más alternativos. “Lost Soul”, junto a Nothing More, es probablemente el momento más cercano al pop y al rock alternativo, hasta el punto de recordar por momentos a Muse, mientras que “Universe” utiliza sus casi siete minutos para desarrollar el componente más ceremonial y folclórico de la banda. En el extremo contrario aparecen “The Real You” y “Grey Hun”, donde The Hu aumenta la intensidad y se acerca más claramente al metal, incluso con algunos pasajes que pueden recordar a Epica o introducir matices industriales. Son momentos interesantes, pero representan una parte muy pequeña del conjunto.

Con alrededor de 50 minutos de duración, Hun funciona mejor cuando acepta sin complejos su condición de disco de rock con una fuerte identidad folclórica. Intentar encajarlo dentro del metal resulta innecesario cuando la mayor parte del álbum apuesta por riffs de rock, estructuras accesibles, blues y melodías tradicionales. Lo realmente interesante está precisamente en cómo The Hu consigue que instrumentos y recursos propios de su cultura convivan con una producción moderna sin perder personalidad.

Hun es un paso más en la consolidación de una fórmula que The Hu lleva desarrollando desde sus comienzos. No necesita reinventarse para demostrar que todavía existe espacio para explorar la conexión entre el folclore mongol y el rock, y canciones como “Warrior Chant”, “Shadow” o “Lost Soul” muestran las distintas posibilidades que ofrece esa combinación.

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Electric Callboy – Tanzeid (2026)
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Electric Callboy llega a Tanzeid en el mejor momento de su carrera. Después del impacto de TEKKNO, los alemanes han conseguido convertir su mezcla de metalcore, electrónica y pop en una fórmula reconocible y, sobre todo, tremendamente efectiva en directo. Precisamente por eso cuesta reseñar este lanzamiento como un álbum propiamente dicho: buena parte del material ya había sido presentado previamente como singles, mientras que el resto se completa con remixes. La banda tiene la atención del público y parece lógico aprovecharla sacando material rápido, directo y consumible.

El principal problema es que Tanzeid llega con muy pocas sorpresas. “RATATATA”, “TANZELIED”, “Elevator Operator” o “The Devil” ya han circulado lo suficiente como para que su escucha completa no descubra demasiado. “The Way You Are” destaca dentro del conjunto por reunir de forma especialmente equilibrada la electrónica, el pop y el metalcore, además de ese componente festivo que la banda maneja con tanta facilidad. “Heartbreak Paradise” y “The Saviour” aportan material menos conocido, aunque tampoco suponen un cambio de dirección respecto a lo que Electric Callboy viene haciendo desde TEKKNO.

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Los alemanes siguen sonando enormes. La producción es limpia, contundente y preparada para funcionar delante de miles de personas, pero también deja claro que el componente metalero cada vez ocupa menos espacio frente a la electrónica y el pop. No es necesariamente algo negativo, porque esta evolución forma parte de la identidad actual de la banda, pero sí hace que Tanzeid resulte menos intenso que su predecesor. Aquí la fórmula está más pulida que desarrollada y, después de tantos singles, cuesta encontrar un recorrido real de álbum.

También sobran los remixes. En un trabajo que ya parte de canciones conocidas y que apenas supera la media hora de material principal, añadir reinterpretaciones posteriores termina alargando innecesariamente una propuesta que funcionaría mejor siendo más corta. Es difícil no pensar que estamos ante un par de canciones nuevas acompañadas por material que sirve para completar el lanzamiento. Los influencers de turno, vinilo bajo el brazo, podrán venderlo como un DISCAZO, pero dejando fuera el canje, los billetes y el entusiasmo automático, Tanzeid simplemente no llega a ese nivel.

Tanzeid no está mal y probablemente cumplirá perfectamente con los fans de Electric Callboy, especialmente con quienes buscan esa combinación de fiesta, electrónica y metal que la banda ha convertido en su sello. Suena increíble, tiene canciones pegadizas y está diseñado para el directo, pero poco más. A estas alturas, prefiero ver a Electric Callboy sobre un escenario que escuchar sus canciones en casa o en una plataforma de streaming.

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Beto Vazquez Infinity – Infernum (2026)
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Bajo el nombre Infernum, el nuevo álbum de Beto Vazquez Infinity llegó para reafirmar el talento del grupo para la experimentación musical. Lanzado el 6 de junio de este año, el disco cuenta con 11 canciones que recorren el power metal, metal sinfónico, metal progresivo, y reúnen elementos del heavy clásico.

Con Beto Vazquez en el bajo y la composición, Guillermo Carpintero en batería, Melani Hess en la voz, Leonardo Lukaszewicz en guitarras, y Daiana Benítez en teclados y coro, Infernum nos trae un sonido poderoso, con un ambiente de fantasía oscura, que va alternando entre diferentes géneros con un bajo que destaca y marca el ritmo de cada track, solos de guitarra rápidos y precisos, voces líricas, teclados y coros que aportan sentimiento y profundidad.

Morbid Fascination” da inicio a este viaje al introducir un ambiente místico, con mucha épica y suspenso, preparando el camino para lo que vendrá. “Broken Soul” y “Fell the Void” llegan para imponer la potencia sonora del bajo y el doble bombo, que marcarán la energía que predomina a lo largo de todo el álbum.

En “Silent Scream”, podemos escuchar las primeras colaboraciones de este álbum, algo que ya es costumbre para Beto Vazquez Infinity. El poder aumenta con los guturales de Victor Monin y la guitarra estilo thrasher de Javier Bagalá.

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Más adelante, “Kill Technology” llega con la colaboración de Magnus Westman, en la voz, y la guitarra de Hernán Chaves. Aquí podemos distinguir claramente el Power Metal dominando la escena, con una melodía veloz, voces más agudas y un solo de guitarra que, en mi opinión, es el mejor de este álbum.

Siguiendo hasta “Destination Anywhere”, aparece la voz principal y los coros de Andrey “Vocaluga” Yuzhakov. Los teclados roban protagonismo, con riffs marcados y veloces, envolviendo al track en una mística de fantasía. Un solo de bajo, que destaca por su velocidad, da paso a solos de guitarra. El factor instrumental sigue siendo igual de influyente en todos los tracks. Otra prueba de ello es “My Element”, un tema instrumental de bajo de 54 segundos, que si bien puede pecar de básico, suma mucho a la ambientación y atmósfera del disco.

La despedida llega con el bonus track “The Long Goodbye”. Una canción con poder, pero que a su vez inspira melancolía, con teclados y coros que evocan un sentimiento de despedida, pero también de satisfacción por el camino recorrido. Un justo cierre para estos 42 minutos de música con los que Beto Vazquez Infinity cumple 26 años de actividad ininterrumpida, sosteniendo sus 2 estandartes principales: la experimentación y la colaboración con grandes artistas.

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Galneryus – A Cry From The Sky Above (2026)
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Hablar de Galneryus, es hablar de talento y grandeza. Es referirse a una de las bandas más ingeniosas, virtuosas y prestigiosas de los últimos tiempos. Es mencionar un nombre insignia dentro de su país, lleno de calidad y consistencia. Es escuchar a su líder Syu y pensar en uno de los mejores guitarristas que existen en la actualidad. Es ver un disco suyo y saber que va a ser glorioso. Es enfrentar su música con la sensación de estar frente al Power Metal más majestuoso y exquisito jamás escrito sobre la faz de la tierra. Todo eso y mucho más, es Galneryus.

Formados en Osaka en 2001, desde sus comienzos los japoneses han sabido ser los sucesores de los míticos X Japan, y captado la atención con trabajos que marcaron un notable nivel compositivo. Y que con el tiempo, no fue más que solo subiendo.

Sería a partir del 2010, con la llegada del cantante Masatoshi “Sho” Ono, que el grupo liderado por el habilidoso e indomable Syu alcanzaría las cimas del género y se mantendría en lo más alto durante años. Sacando discos que eran sinónimo de gloria y encabezaban los tops anuales no solo del power metal, sino del heavy metal en general.

Sin embargo, entre las tantas cosas que logró Galneryus a lo largo de su carrera, una de ellas fue la de nunca parar. Y estar constantemente editando discos. Bajo un ritmo acelerado y firme. Lo cual, nos ha permitido disfrutar de su notable despliegue y talento de forma continua, durante el último tiempo.

No obstante, lo que por tiempo fue su mayor virtud se terminó convirtiendo en su talón de Aquiles. Y es que a menos de dos años de su último lanzamiento, los nipones vuelven a la carga con el presente A Cry From The Sky Above. Una obra que en primera instancia, puede parecer otro triunfo por parte de Syu y compañía. Pero que visto más de cerca, resulta más bien en un déjà vu. En un eco de lo que ya han hecho.

Y esto puede ser normal a estas alturas de la carrera de Galneryus. Después de todo, estamos hablando de un grupo que ya lleva a sus espaldas la humilde cantidad de 14 discos de estudio. Todo en un lapso de menos de 30 años. Eso sin contar los EPs de más de media hora que tienen dentro de su catálogo. Una cifra abismal, aún para unos tipos que viven y respiran por la música como hacen ellos. De modo, que es válido verlos repetir ideas, formulas o incluso hasta bases musicales de vez en cuando. Después de todo, algo de humanidad e imperfección tienen que mostrar, pese a la elevada vara musical que manejan.

Pero una cosa es que tus canciones se parezcan entre sí y otra es tener exactamente el mismo patrón que en tu disco anterior. Con un recorrido conceptual idéntico. Ya que si nos ponemos a hacer el análisis minucioso, terminamos descubriendo que el presente A Cry From The Sky Above presenta la misma estructura que The Stars Will Light The Way (2024). Desde el comienzo hasta el fin. Desde el primer tema, hasta el último. Y es que resulta llamativo cuanto menos, esta similitud en la concepción de las obras.

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En ambos trabajos, tenemos un inicio instrumental de unos 3 minutos. En este caso, “Call Of The Horizon”, donde Syu nos dibuja las primeras notas y nos mete en ambiente con el brillo y esplendor de su instrumento para lo que se viene: una descarga mastodóntica de técnica, velocidad y epicidad de la mano de “The Light Of Hope”.

Acá vale mencionar que la banda suele arrancar sus discos con una intro instrumental desde que tengo uso de la memoria. Lo que se podría considerar ya una práctica habitual en su discografía. Pero que a eso, le siga el single de presentación con una duración extensa, luego el tema power acelerado y pesado del disco, y después la pieza melódica y de proporciones más luminosas, todo en ese orden como su predecesor, me habla de una banda que busca replicar al pie de la letra, lo que ya le funcionó. Sin cambio alguno. Como si siguieran un manual de instrucciones.

La idea de reservarse la balada y el opus magnum de 15 minutos para el tramo final tal como en el lanzamiento anterior, refuerza este concepto. O la de poner punto final al disco con un outro instrumental.

Y ojo, no le quiero caer a las composiciones, porque en ese sentido Galneryus no falla y sabe darnos clases magistrales llenas de momentos excelsos y alucinantes como en “Break The Silence”, “Let No Time Decay”, o la apoteósica “Without You”. Nadie duda de su capacidad musical para producir verdaderas gemas. El problema es que quizás tantas gemas juntas, terminan perdiendo un poco su brillo. Y al final del día, esta tendencia a sacar álbumes de forma seguida “normaliza” su estándar de calidad. Lo que antes impactaba e impresionaba, ahora es moneda corriente. Y esa es la sensación que deja A Cry From The Sky Above.

Mientras que otros contemporáneos de sus tierras como Lovebites o Unlucky Morpheus, se la juegan y buscan expandir sus horizontes, Galneryus parece haberse quedado estancado en el mismo sitio.

Si bien siguen siendo los maestros del estilo, y unas de las bandas abanderadas del Power Metal actual a nivel global, la realidad es una pausa no les vendría mal. Relajarse un poco. Tomarse las ideas con más calma. Y entrar al estudio cuando el tiempo realmente lo disponga. Después de todo, en su terreno neoclásico y progresivo, sabemos que nadie les gana.

 

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Taake – En Skog av Nidstang (2026)
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La escena black metal noruega tuvo su esplendor en los años 90, donde las bandas principales del género dieron a luz a los discos fundacionales durante principios de la década.

En la segunda mitad de la misma, no solo las bandas clásicas siguieron construyendo y expandiendo el género, sino que también emergieron otros grupos que, tomando influencias anteriores, ampliaron la visión.

Tal es el caso de Taake, proyecto unipersonal del vocalista y multiinstrumentista Hoest.

Este tomó las bases del Gorgoroth más melódico y las llevó a un terreno más introspectivo que violento, profundizando en la inmensidad de los riffs y las melodías gélidas. También agregó instrumentos extraños al género, como pasajes de piano y hasta un banjo. Con el tiempo, fueron tomando una postura más rockera y directa.

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Este año editaron su noveno disco de estudio, En Skog av Nidstang. Y este sigue un poco la dirección del anterior, Et Hav av Avstand. Canciones largas, que toman el tiempo para desarrollarse, pero que, a su vez, fluyen. Cada sección está excelentemente bien conectada con la anterior y suena muy natural. En ningún momento la canción pierde la esencia, ni da la sensación de ser más de una canción en una. Se siente que es la misma composición, pero el desarrollo es tan natural y orgánico que no aburre.

Una particularidad es que este es un disco oscuro. Con melodías frías, clásicas de la banda. Pero, a su vez, se siente colorido y hasta reconfortante. Logrando una dualidad similar a las bandas de blackgaze, pero sin sacrificar oscuridad o agresión.

Creo que hay influencia de dicho estilo, pero no llega a cambiar la identidad del grupo.

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Es como si el disco te llevara a pasear por una paleta de colores que tiene todos los posibles tonos de negro y gris. Es agradable, pero, a la vez, distante y tajante.

La voz de Hoest está en perfecto estado. Da la sensación de que se dio el gusto de gritar y forzar la voz un poco menos. Pero sigue sonando poderosa. Es uno de los mejores cantantes del género que vi en directo. Y me atrevo a decir que el mejor frontman de una banda de black metal que he presenciado.

Para destacar un momento del álbum, me quedo con el final del mismo. Los últimos dos minutos de “Av Guds ville Naade”, donde evocan al clásico Lifelover. Con riffs que suenan amigables, pero, a la vez, son súper fríos. Y un Hoest sollozando y transmitiendo mucho dolor.

Este álbum muestra un Taake maduro, con intenciones más profundas que solo escandalizar. Busca invitar a la introspección y a viajar dentro de la soledad, para conocer más su interior.

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Moonspell – Far From God (2026)
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Hay bandas que, si bien son fundacionales o fundamentales de un género, no logran tener un público masivo. Tal es el caso de Moonspell, banda ícono del metal portugués y que es clave al entender el metal gótico.

A lo largo de toda su carrera fueron moldeando su identidad y el estilo, tomando influencias de distintos estilos. Como del black metal melódico para Wolfheart o Night Eternal, o el pop electrónico para Sin/Pecado.

Pero hace ya varios trabajos que viene apuntando a hacer metal gótico. Sin ningún tipo de aderezo, sino usar cada herramienta que da el género para crear algo puro. Y dicho estilo tiene mucha tela para cortar; no es para nada un género cuadrado o simple.

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Far From God es exactamente eso. Un álbum en el que todos los elementos góticos están presentes.

Las voces profundas de barítono tienen el protagonismo en el disco, aunque varios gritos aparecen para dar un poco de variedad. Los susurros, los sollozos y demás elementos teatrales le dan aún más matices a la voz. Está a cargo del mítico Fernando Ribeiro, quien es un vocalista y frontman de primer nivel, y líder del grupo.

Como es recurrente en el gótico, la base rítmica es hipnótica y, a su vez, coquetea con lo bailable. Con un bajo grave, pero que no satura, sino que lleva el ritmo y agrega algún detalle interesante. Acompañado por una batería que busca hacer lo mismo: llevar el ritmo y el clima de la canción, y aportar un detalle cuando es requerido. Ambos hacen una labor muy buena, ya que, en una era donde todo está sobreproducido y llevado al tecnicismo extremo, demuestran que lo correcto es hacer lo que la canción pide.

El teclado suma atmósferas y colchones de teclados que dan dramatismo a las canciones. Y, por momentos, se disputa la melodía con la voz y la guitarra.

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Esta última tiene una labor muy elegante. Si bien tiene momentos pesados, la mayoría del tiempo busca crear alguna melodía etérea y bailable. O decorar la base rítmica con punteos, sonidos e incluso solos de guitarra exquisitos.

Como dije, el disco tiene momentos muy diferentes entre sí. Como, por ejemplo, los dos singles, “Cross My Heart” y “Far From God”, cuya función es ser más accesibles, digeribles y recordables.

Luego hay momentos más introspectivos, como “Your Promise of Life”, y otros que pasan de una estrofa pequeña a algo grandilocuente, como “The Great Wolf in the Sky”, que cuenta con la única artista invitada, la violinista Alicia Nurho.

Moonspell nos entregó un trabajo sólido, entretenido y muy rico. Que sirve como estandarte de un género, ya que, solo usando elementos del mismo, creó un álbum variado, creativo y que se posicionará dentro de lo mejor del año.

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Devildriver – Strike and Kill (2026)
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Con una trayectoria que supera las dos décadas, DevilDriver ha sabido mantenerse fiel a una identidad marcada por la combinación de groove metal, melodeath y metalcore, sin dejarse arrastrar por las modas del momento. Strike And Kill encuentra a la banda en un punto de madurez evidente, apostando por un sonido más contundente y compacto que en sus trabajos recientes. No busca reinventar su propuesta, sino sacar el máximo partido a una fórmula que sigue funcionando cuando está respaldada por buenas canciones.

La apertura con “Dig Your Own Grave” marca el camino desde el primer minuto: riffs pesados, estribillos con gancho y la inconfundible presencia de Dez Fafara, que continúa siendo el gran eje de la formación gracias a una interpretación agresiva y llena de personalidad. El álbum mantiene un ritmo constante, alternando momentos de puro impacto con otros donde el groove toma el control, sin perder nunca la sensación de fuerza que recorre todo el repertorio.

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Entre los cortes más destacados aparecen “Dead In The Water”, “In The Moonlight” y “Headed For The Fall”, tres ejemplos de cómo DevilDriver ha refinado su manera de escribir sin renunciar a la contundencia. Las guitarras encuentran el equilibrio entre melodía y agresividad, mientras que la sección rítmica sostiene cada tema con una pegada demoledora. También hay espacio para composiciones como “You’re Just A Ghost” o “Oath Of Iron”, donde la banda potencia su faceta más cercana al groove metal clásico con estribillos pensados para el directo.

A lo largo de sus cincuenta minutos, Strike And Kill consigue mantenerse fresco gracias a una producción potente y a un repertorio que evita la repetición excesiva. DevilDriver recupera parte de la inspiración que muchos echaban de menos en sus últimos lanzamientos y entrega un disco sólido, cargado de energía y con suficientes momentos memorables para satisfacer tanto a quienes siguen a la banda desde sus primeros años como a los aficionados al metal moderno más contundente.

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Santo Fuzz – Sabbat a la Mexicana (2026)
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Por: Freya Beatriz Sesma

Desde las profundidades históricas y místicas de Guanajuato, una región inherentemente ligada a la muerte y el misterio subterráneo, emerge Santo Fuzz. La agrupación de un solo integrante se presenta no sólo como un proyecto de doom metal, sino como el oficiante de una liturgia sonora pantanosa y profundamente arraigada en la identidad mexicana. Su producción discográfica, Sabbat a la Mexicana, constituye una obra fundamental para comprender las nuevas vertientes del doom metal y stoner fuzz en Latinoamérica, fusionando la iconografía esotérica anglosajona con el misticismo rural y el folklore de la sierra mexicana.

El álbum se erige sobre un pilar sonoro inconfundible: guitarras saturadas por un pedal de fuzz omnipresente, tempos fúnebres que evocan la pesadez de Black Sabbath y una atmósfera psicodélica que induce a un estado de trance. Sin embargo, el verdadero triunfo de Santo Fuzz radica en su capacidad para evitar la simple imitación de los cánones occidentales del género. En lugar de invocar los bosques europeos o la mitología lovecraftiana, la banda desvía la mirada hacia el bajío, las milpas, el toloache y el sincretismo religioso, creando una identidad única que ellos mismos definen como rezos psicodélicos al patrono del malviaje.

El doom metal, desde su nacimiento, ha estado intrínsecamente ligado a la oscuridad y a lo oculto. Santo Fuzz toma este esqueleto y lo viste con sarapes, lo alimenta con nopales y lo bautiza con agua bendita en un jacal. Este proceso de tropicalización le añade una capa de terror visceral que resuena de manera muy particular en el oyente mexa, quien reconoce en las letras los mitos transmitidos por tradición oral en los pueblos y sierras del país.

La obra abre con una pieza instrumental y atmosférica llama “Introducción”, que funciona como el umbral de la ceremonia. Es el equivalente sonoro a encender el copal y apagar las luces. A través de arpegios oscuros y una base rítmica lenta, la banda prepara psicológicamente al oyente para la densidad que está por manifestarse. Es una advertencia silenciosa antes de cruzar hacia los
terrenos de lo desconocido.

Con “Espiritismo”, el primer corte lírico introduce de lleno las temáticas esotéricas. La letra teje referencias que van desde el kardecismo decimonónico hasta el misticismo oriental (como los brahamanes y Arjuna). Al proclamar que su “Cruz Astral supera lo escrito por Allan Kardec“, el narrador se posiciona como una entidad chamánica o un médium capaz de desbloquear la percepción del iniciado. Musicalmente, el riff es monolítico y pesado, arrastrándose a través de los cuatro minutos y medio con una cadencia hipnótica que ejemplifica a la perfección el doom metal de corte espiritual.

“Huapango al Nahual” representa uno de los puntos más altos y originales del álbum. Santo Fuzz logra capturar el pánico rural ante la figura del nahual , del ser humano con la capacidad de transformarse en animal. El contraste entre el título, que sugiere un ritmo folclórico tradicional, y la ejecución de un stoner doom sumamente distorsionado es abismalmente genial. La lírica evoca imágenes costumbristas y vívidas: el jacal, la milpa, las tunas moradas, el llanto del viento. Los coros desesperados que claman “¡Ay, Santo bendito! pa’ que no me siga, que no me mate” transmiten un terror genuino ante una criatura que acecha desde la Quinta, complementado por guitarras cuyos acoples simulan los aullidos de la bestia en la madrugada.

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Nombrado en honor a la tradicional celebración de Día de Muertos en la región de la Huasteca, “Xantolo” funciona como un interludio sagrado. Mantiene la tensión ritual del disco mediante texturas sonoras densas y ritualísticas. Es el espacio de transición donde la música rinde tributo a los ancestros, sirviendo como un puente instrumental o semi-instrumental que conecta la mitología del nahual con el realismo mágico que define a la siguiente composición.

“Ahí Viene la Muerte” está inspirada en la narrativa popular y estructurada, que mediante un diálogo dramático entre un narrador, la Muerte, un jornalero y el personaje de Francisca, esta canción es una muestra brillante de realismo mágico hecho metal. La Muerte, cansada y sujeta a los contratiempos de la modernidad rural (tomar el tren temprano), busca a Doña Panchita. La resolución del tema encierra la idiosincrasia misma del mexicano frente a la mortalidad: la vieja curandera está demasiado ocupada aliviando el espanto de una muchacha como para morir. El riff que acompaña este relato camina con la misma lentitud pesada del tren que se le escapa a la parca, logrando un balance perfecto entre ironía popular y gravedad sonora.

La pieza homónima es el clímax absoluto del aquelarre. Aquí se redefine el concepto del sabbat de las brujas de la literatura clásica europea y se traslada a los matorrales de nopales y huizaches de la geografía mexicana. El uso litúrgico de plantas sagradas y prohibidas como el toloache establece el tono de un trance inducido. Los ritmos se vuelven más machacantes y las máscaras, esqueletos y sarapes se confunden en una danza de hechiceros convertidos en animales. El cierre de la canción, con una muestra de audio que invoca directamente al “Rey Diablo, amo y señor de las sombras”, sella la pista bajo un muro de sonido opresivo y catártico.

El álbum concluye con una reinterpretación o evocación del clásico espíritu de la “Sandunga”, impregnado de una melancolía fúnebre insoportable. Santo Fuzz ralentiza los pulsos dramáticamente, permitiendo que las últimas notas resuenen en el vacío, dejando al oyente en un estado de agotamiento espiritual tras haber participado plenamente en la ceremonia.

Desde una perspectiva técnica, el sonido de las guitarras en Sabbat a la Mexicana destaca por su textura extremadamente rasposa y valvular. La ecualización privilegia las frecuencias graves y los medios bajos, saturando el espacio acústico sin perder la definición melódica de las progresiones. La batería ejecuta patrones lentos pero contundentes, actuando como el metrónomo de una marcha fúnebre, mientras que las líneas de bajo amalgaman todo el conjunto en una masa sónica cohesiva y densa.

En definitiva, Sabbat a la Mexicana es una obra imprescindible que expande las fronteras del doom y el stoner metal en el territorio hispanohablante. Al entrelazar con audacia los códigos de la distorsión extrema y los rituales místicos de la sierra, Santo Fuzz ha esculpido un monumento al oscurantismo folclórico. Un testimonio sonoro imperecedero de que la oscuridad y el malviaje también se visten de sarape y huelen a tierra mojada bajo el sol del bajío.

 

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Darko – Cuckoo (2026)
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Darko US no necesita demasiadas presentaciones dentro del deathcore moderno. Desde Pt. 1 Dethmask, el proyecto ha construido una identidad basada en llevar el género hacia terrenos electrónicos, nu-metal y dance, convirtiendo sintetizadores y efectos digitales en parte central de su sonido. Apenas unos meses después de su anterior lanzamiento, regresan con CUCKOO, un EP que mantiene prácticamente intacta esa fórmula, pero que también deja la sensación de que Darko está empezando a moverse demasiado dentro de su propia zona de confort.

“State of Decay” abre el EP con sintetizadores, guitarras entrecortadas y una batería que termina explotando en una sucesión de riffs pesados. “Death Spiral” continúa por el mismo camino, apoyándose especialmente en el contraste entre los registros vocales de Tom Barber y Nick, mientras que “Perfected Ultra Instinct” introduce un tramo de drum and bass que rompe momentáneamente la estructura y vuelve a demostrar que la electrónica sigue teniendo un papel protagonista en la propuesta. El problema es que, aunque los ingredientes funcionan, la sorpresa desaparece rápido porque Darko lleva varios lanzamientos utilizando recursos similares.

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Donde la banda continúa estando un paso por encima es en las voces. Tom Barber vuelve a moverse con facilidad entre guturales profundos, gritos medios y agudos desgarradores, mientras las letras mantienen esa mezcla de rabia social, frustración y conflicto personal. “Death Spiral” concentra especialmente esa agresividad, mientras “State of Decay” dirige la mirada hacia un terreno más introspectivo. También aparecen las habituales referencias a la cultura popular que forman parte de la identidad de Darko, en este caso dentro de “Perfected Ultra Instinct”, siguiendo una tradición que ya estaba presente en trabajos anteriores.

El EP termina con “Landslide”, versión del clásico de Fleetwood Mac, con Marcus Bridge de Northlane aportando las voces limpias. Curiosamente, es uno de los momentos más llamativos del lanzamiento y también el que genera más dudas: la interpretación funciona, Bridge encaja perfectamente y la canción aporta una dimensión diferente, pero resulta significativo que el tema que más destaca no sea una composición propia. CUCKOO suena contundente, está bien producido y mantiene la personalidad de Darko, aunque a estas alturas la fórmula empieza a resultar demasiado previsible para una banda que inicialmente destacó precisamente por su capacidad para romper las reglas del deathcore.

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Marilyn Manson – One Assassination Under God – Chapter 2 (2026)
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Marilyn Manson editó este año la segunda parte de su nueva saga discográfica: One Assassination Under God.

Antes de adentrarnos en esta segunda parte, me gustaría hacer un repaso de lo que fue el regreso de Marilyn Manson hace ya dos años.

Marilyn Manson se encontraba en la ruina y acabado, principalmente por una serie de acusaciones de abuso sexual y juicios que aún siguen en proceso. Esto derivó en que la discográfica y gran parte de su equipo le soltaran la mano, quedando prácticamente solo y con su carrera prácticamente muerta.

A esto también hay que sumarle que hacía años venía perdiendo credibilidad y público debido a álbumes de poca calidad y presentaciones en vivo desastrosas. Se lo podía ver en mal estado físico y con un consumo excesivo de sustancias que afectaba notablemente su desempeño.

Contra todo pronóstico, volvió a presentarse en vivo en 2024 y demostró estar recuperado de sus adicciones. Esto estuvo respaldado por un rendimiento vocal y un estado físico ampliamente superiores a lo presenciado antes de la pandemia y las acusaciones.

Como si esto fuera poco, salieron a la luz los singles del disco de ese año y la expectativa creció a niveles impensados. Había vuelto a componer música de calidad y con un mensaje pensado e interesante.

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Esto fue correspondido con el lanzamiento del disco a finales de ese mismo año. Un trabajo muy bien recibido que, si bien contaba con guiños a la época dorada de los noventa y principios de los 2000, construía una nueva identidad. Esta tenía un enfoque más cercano al rock gótico o post-punk, pero con momentos más pesados y directos.

En este trabajo, titulado One Assassination Under God – Chapter 2, continúa esa idea, pero desde otro lado.

El trabajo anterior buscaba tener canciones directas, con momentos que fueran más explosivos. Y con esto no me refiero únicamente a lo agresivo, sino también a momentos más gancheros o bailables. Canciones con una idea más frontal, que buscaban generar un impacto similar al de un golpe. Inclusive las canciones más lentas tienen esa impronta de ir por todo y contra todos.

En esta segunda parte, el enfoque es más atmosférico. Las canciones buscan generar atmósferas oscuras y tétricas, sin recurrir siempre a un estribillo explosivo o buscar generar agresión.

Esto ya queda marcado desde el comienzo con “Unalive”, un título muy interesante y atractivo. Esta canción es de medio tiempo, con un desarrollo muy atmosférico a base de teclados, guitarras y la voz de Manson. Si bien tiene un estribillo potente, donde se escuchan gritos, al segundo la canción vuelve al tono atmosférico.

Hay momentos en donde la agresión toma el control, como en los singles “Exit Wound” y “Front Towards Enemy”, pero son pequeños y contados momentos.

Si bien el resto de las canciones tiene un enfoque similar, centrado en las atmósferas, esto no hace que sea un disco monótono, ya que cada canción cuenta con su propia personalidad.

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Por ejemplo, “Don’t Answer the Door” es súper densa y oscura, con una letra atrapante y escalofriante. Mientras que “None of the Suns” tiene un ritmo y una melodía más cercanos al post-punk de bandas como Joy Division. Y si bien sigue sonando oscuro, funciona como una pausa entre tanta densidad.

Otro punto destacable es “Lucifer’s Teardrop”, que arranca como una canción con el mismo enfoque post-punk, pero termina con un estribillo explosivo y rockero que muestra un costado más punk dentro del género gótico.

Mientras tanto, en “The Arsonist” tenemos una mezcla perfecta entre esta nueva identidad y guiños a los noventa. Hay coros que parecen salidos de Antichrist Superstar y que recuerdan al estribillo de “Apple of Sodom”, canción compuesta para la película Lost Highway.

Para el final deja “Enantiomorph”, una especie de balada que da cierre al disco con un recitado oscuro y perturbador, y que invita a reflexionar sobre ciertas acciones y comportamientos. Esta canción se puede comparar con “All the Vilest Things”, ya que tiene un aura similar.

En cuanto a lo técnico, la producción me parece increíble. Todo suena acomodado, en su lugar y con mucha presencia. Si bien no considero que sea un disco pesado desde la composición, la producción hace que suene con peso y solidez. Esto se debe claramente a la presencia y contundencia de los instrumentos, que consiguen que incluso las partes menos agresivas tengan una fuerza considerable.

Además, los momentos de estridencia resaltan mucho más al estar rodeados de pasajes atmosféricos. Al no tener constantemente guitarras agresivas o estribillos explosivos, cuando estos elementos aparecen generan un contraste mucho mayor y consiguen un impacto más fuerte.

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La voz de Manson es la protagonista del disco, y está bien que así sea. Él demuestra que está en uno de sus mejores momentos vocales, pasando por todos los recursos que supo utilizar a lo largo de su carrera. Pero da la sensación de que estos están bien administrados y utilizados de una forma más inteligente.

El bajo y la batería hacen un gran trabajo llevando el ritmo del álbum y dándole el peso que necesita. Sobre todo la batería, que por momentos sale de los ritmos simples y toma más protagonismo para darle mayor desarrollo a las canciones.

Los teclados, si bien ya no son tan abundantes como antes, están para acentuar momentos y aportar más dramatismo. Si bien me gusta la formación actual con dos guitarras, me llama la atención la falta de teclado en la formación en vivo, al menos hasta donde se puede apreciar.

Las guitarras se destacan muchísimo, ya que son las encargadas de llevar el desarrollo de las canciones. Estas son muy variadas, ya que pasan de riffs góticos muy simples a otros más agresivos y cercanos al metal industrial. Pero lo más notorio es la versatilidad, ya que suelen sacar sonidos muy extraños y llamativos, que son los que terminan conformando las atmósferas, elemento principal del álbum.

Creo que la intención de este disco, más que golpear, es la de perturbar. Y esto se puede ver tanto en las canciones como en las letras. Musicalmente, los temas son menos explosivos que los de la primera parte, pero al mismo tiempo resultan más intrigantes. En lugar de buscar constantemente el impacto inmediato, generan tensión y construyen atmósferas que hacen que uno quiera descubrir hacia dónde va cada canción.

Lo mismo ocurre con la mayoría de las letras. Si bien hay alguna más chocante y directa, en general son más oscuras, creando imágenes extrañas y perturbadoras. En la primera parte, las letras tenían una intención mucho más frontal, buscando el choque de manera directa. Acá, en cambio, Manson parece más interesado en generar incomodidad e intriga a través de imágenes y situaciones que quedan dando vueltas en la cabeza.

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Personalmente, me parece un disco muy bueno, que muestra otra fase de Manson que, si bien ya había sido explorada anteriormente, nunca había ocupado un lugar tan central en su propuesta. One Assassination Under God – Chapter 2 es un trabajo muy maduro y cuidado, donde cada elemento parece estar puesto en su lugar para construir una identidad clara.

Después de todo lo ocurrido en los últimos años, no deja de ser interesante que Manson haya conseguido regresar no intentando repetir exactamente lo que hizo en su época dorada, sino mostrando una faceta que siempre estuvo presente, pero que ahora toma el protagonismo. Y por eso creo que este trabajo no solo demuestra que el Reverendo sigue vigente, sino que todavía tiene mucho más para ofrecer y puede entrar tranquilamente entre los mejores discos del año.

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The Hu – Hun (2026)
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The Hu ha construido su identidad alrededor de una fórmula que no necesita demasiadas etiquetas para funcionar: instrumentos tradicionales de Mongolia, voces de raíz ancestral y una base cada vez más cercana al rock. Desde sus primeros lanzamientos, la banda consiguió llamar la atención precisamente por esa combinación, convirtiendo elementos culturales propios de su país en una propuesta accesible para un público internacional. Hun, su tercer álbum, profundiza en esa dirección y deja claro que el camino de los mongoles está mucho más cerca del folk rock que del metal, aunque algunos momentos puedan acercarse a terrenos más pesados.

Desde “Warrior Chant” hasta “Second Face”, The Hu se mueve con comodidad entre el rock, el blues y el rock and roll, utilizando sus instrumentos tradicionales como parte fundamental de los arreglos y no simplemente como un elemento decorativo. “Shadow” es un buen ejemplo de esta evolución, con guitarras y melodías tradicionales funcionando dentro de una estructura claramente rockera. La propuesta está bien definida y, sobre todo, suena natural: la banda no necesita forzar la contundencia para que su identidad resulte reconocible.

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El disco también abre espacio para terrenos más alternativos. “Lost Soul”, junto a Nothing More, es probablemente el momento más cercano al pop y al rock alternativo, hasta el punto de recordar por momentos a Muse, mientras que “Universe” utiliza sus casi siete minutos para desarrollar el componente más ceremonial y folclórico de la banda. En el extremo contrario aparecen “The Real You” y “Grey Hun”, donde The Hu aumenta la intensidad y se acerca más claramente al metal, incluso con algunos pasajes que pueden recordar a Epica o introducir matices industriales. Son momentos interesantes, pero representan una parte muy pequeña del conjunto.

Con alrededor de 50 minutos de duración, Hun funciona mejor cuando acepta sin complejos su condición de disco de rock con una fuerte identidad folclórica. Intentar encajarlo dentro del metal resulta innecesario cuando la mayor parte del álbum apuesta por riffs de rock, estructuras accesibles, blues y melodías tradicionales. Lo realmente interesante está precisamente en cómo The Hu consigue que instrumentos y recursos propios de su cultura convivan con una producción moderna sin perder personalidad.

Hun es un paso más en la consolidación de una fórmula que The Hu lleva desarrollando desde sus comienzos. No necesita reinventarse para demostrar que todavía existe espacio para explorar la conexión entre el folclore mongol y el rock, y canciones como “Warrior Chant”, “Shadow” o “Lost Soul” muestran las distintas posibilidades que ofrece esa combinación.

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Electric Callboy – Tanzeid (2026)
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Electric Callboy llega a Tanzeid en el mejor momento de su carrera. Después del impacto de TEKKNO, los alemanes han conseguido convertir su mezcla de metalcore, electrónica y pop en una fórmula reconocible y, sobre todo, tremendamente efectiva en directo. Precisamente por eso cuesta reseñar este lanzamiento como un álbum propiamente dicho: buena parte del material ya había sido presentado previamente como singles, mientras que el resto se completa con remixes. La banda tiene la atención del público y parece lógico aprovecharla sacando material rápido, directo y consumible.

El principal problema es que Tanzeid llega con muy pocas sorpresas. “RATATATA”, “TANZELIED”, “Elevator Operator” o “The Devil” ya han circulado lo suficiente como para que su escucha completa no descubra demasiado. “The Way You Are” destaca dentro del conjunto por reunir de forma especialmente equilibrada la electrónica, el pop y el metalcore, además de ese componente festivo que la banda maneja con tanta facilidad. “Heartbreak Paradise” y “The Saviour” aportan material menos conocido, aunque tampoco suponen un cambio de dirección respecto a lo que Electric Callboy viene haciendo desde TEKKNO.

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Los alemanes siguen sonando enormes. La producción es limpia, contundente y preparada para funcionar delante de miles de personas, pero también deja claro que el componente metalero cada vez ocupa menos espacio frente a la electrónica y el pop. No es necesariamente algo negativo, porque esta evolución forma parte de la identidad actual de la banda, pero sí hace que Tanzeid resulte menos intenso que su predecesor. Aquí la fórmula está más pulida que desarrollada y, después de tantos singles, cuesta encontrar un recorrido real de álbum.

También sobran los remixes. En un trabajo que ya parte de canciones conocidas y que apenas supera la media hora de material principal, añadir reinterpretaciones posteriores termina alargando innecesariamente una propuesta que funcionaría mejor siendo más corta. Es difícil no pensar que estamos ante un par de canciones nuevas acompañadas por material que sirve para completar el lanzamiento. Los influencers de turno, vinilo bajo el brazo, podrán venderlo como un DISCAZO, pero dejando fuera el canje, los billetes y el entusiasmo automático, Tanzeid simplemente no llega a ese nivel.

Tanzeid no está mal y probablemente cumplirá perfectamente con los fans de Electric Callboy, especialmente con quienes buscan esa combinación de fiesta, electrónica y metal que la banda ha convertido en su sello. Suena increíble, tiene canciones pegadizas y está diseñado para el directo, pero poco más. A estas alturas, prefiero ver a Electric Callboy sobre un escenario que escuchar sus canciones en casa o en una plataforma de streaming.

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Beto Vazquez Infinity – Infernum (2026)
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Bajo el nombre Infernum, el nuevo álbum de Beto Vazquez Infinity llegó para reafirmar el talento del grupo para la experimentación musical. Lanzado el 6 de junio de este año, el disco cuenta con 11 canciones que recorren el power metal, metal sinfónico, metal progresivo, y reúnen elementos del heavy clásico.

Con Beto Vazquez en el bajo y la composición, Guillermo Carpintero en batería, Melani Hess en la voz, Leonardo Lukaszewicz en guitarras, y Daiana Benítez en teclados y coro, Infernum nos trae un sonido poderoso, con un ambiente de fantasía oscura, que va alternando entre diferentes géneros con un bajo que destaca y marca el ritmo de cada track, solos de guitarra rápidos y precisos, voces líricas, teclados y coros que aportan sentimiento y profundidad.

Morbid Fascination” da inicio a este viaje al introducir un ambiente místico, con mucha épica y suspenso, preparando el camino para lo que vendrá. “Broken Soul” y “Fell the Void” llegan para imponer la potencia sonora del bajo y el doble bombo, que marcarán la energía que predomina a lo largo de todo el álbum.

En “Silent Scream”, podemos escuchar las primeras colaboraciones de este álbum, algo que ya es costumbre para Beto Vazquez Infinity. El poder aumenta con los guturales de Victor Monin y la guitarra estilo thrasher de Javier Bagalá.

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Más adelante, “Kill Technology” llega con la colaboración de Magnus Westman, en la voz, y la guitarra de Hernán Chaves. Aquí podemos distinguir claramente el Power Metal dominando la escena, con una melodía veloz, voces más agudas y un solo de guitarra que, en mi opinión, es el mejor de este álbum.

Siguiendo hasta “Destination Anywhere”, aparece la voz principal y los coros de Andrey “Vocaluga” Yuzhakov. Los teclados roban protagonismo, con riffs marcados y veloces, envolviendo al track en una mística de fantasía. Un solo de bajo, que destaca por su velocidad, da paso a solos de guitarra. El factor instrumental sigue siendo igual de influyente en todos los tracks. Otra prueba de ello es “My Element”, un tema instrumental de bajo de 54 segundos, que si bien puede pecar de básico, suma mucho a la ambientación y atmósfera del disco.

La despedida llega con el bonus track “The Long Goodbye”. Una canción con poder, pero que a su vez inspira melancolía, con teclados y coros que evocan un sentimiento de despedida, pero también de satisfacción por el camino recorrido. Un justo cierre para estos 42 minutos de música con los que Beto Vazquez Infinity cumple 26 años de actividad ininterrumpida, sosteniendo sus 2 estandartes principales: la experimentación y la colaboración con grandes artistas.

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Galneryus – A Cry From The Sky Above (2026)
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Hablar de Galneryus, es hablar de talento y grandeza. Es referirse a una de las bandas más ingeniosas, virtuosas y prestigiosas de los últimos tiempos. Es mencionar un nombre insignia dentro de su país, lleno de calidad y consistencia. Es escuchar a su líder Syu y pensar en uno de los mejores guitarristas que existen en la actualidad. Es ver un disco suyo y saber que va a ser glorioso. Es enfrentar su música con la sensación de estar frente al Power Metal más majestuoso y exquisito jamás escrito sobre la faz de la tierra. Todo eso y mucho más, es Galneryus.

Formados en Osaka en 2001, desde sus comienzos los japoneses han sabido ser los sucesores de los míticos X Japan, y captado la atención con trabajos que marcaron un notable nivel compositivo. Y que con el tiempo, no fue más que solo subiendo.

Sería a partir del 2010, con la llegada del cantante Masatoshi “Sho” Ono, que el grupo liderado por el habilidoso e indomable Syu alcanzaría las cimas del género y se mantendría en lo más alto durante años. Sacando discos que eran sinónimo de gloria y encabezaban los tops anuales no solo del power metal, sino del heavy metal en general.

Sin embargo, entre las tantas cosas que logró Galneryus a lo largo de su carrera, una de ellas fue la de nunca parar. Y estar constantemente editando discos. Bajo un ritmo acelerado y firme. Lo cual, nos ha permitido disfrutar de su notable despliegue y talento de forma continua, durante el último tiempo.

No obstante, lo que por tiempo fue su mayor virtud se terminó convirtiendo en su talón de Aquiles. Y es que a menos de dos años de su último lanzamiento, los nipones vuelven a la carga con el presente A Cry From The Sky Above. Una obra que en primera instancia, puede parecer otro triunfo por parte de Syu y compañía. Pero que visto más de cerca, resulta más bien en un déjà vu. En un eco de lo que ya han hecho.

Y esto puede ser normal a estas alturas de la carrera de Galneryus. Después de todo, estamos hablando de un grupo que ya lleva a sus espaldas la humilde cantidad de 14 discos de estudio. Todo en un lapso de menos de 30 años. Eso sin contar los EPs de más de media hora que tienen dentro de su catálogo. Una cifra abismal, aún para unos tipos que viven y respiran por la música como hacen ellos. De modo, que es válido verlos repetir ideas, formulas o incluso hasta bases musicales de vez en cuando. Después de todo, algo de humanidad e imperfección tienen que mostrar, pese a la elevada vara musical que manejan.

Pero una cosa es que tus canciones se parezcan entre sí y otra es tener exactamente el mismo patrón que en tu disco anterior. Con un recorrido conceptual idéntico. Ya que si nos ponemos a hacer el análisis minucioso, terminamos descubriendo que el presente A Cry From The Sky Above presenta la misma estructura que The Stars Will Light The Way (2024). Desde el comienzo hasta el fin. Desde el primer tema, hasta el último. Y es que resulta llamativo cuanto menos, esta similitud en la concepción de las obras.

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En ambos trabajos, tenemos un inicio instrumental de unos 3 minutos. En este caso, “Call Of The Horizon”, donde Syu nos dibuja las primeras notas y nos mete en ambiente con el brillo y esplendor de su instrumento para lo que se viene: una descarga mastodóntica de técnica, velocidad y epicidad de la mano de “The Light Of Hope”.

Acá vale mencionar que la banda suele arrancar sus discos con una intro instrumental desde que tengo uso de la memoria. Lo que se podría considerar ya una práctica habitual en su discografía. Pero que a eso, le siga el single de presentación con una duración extensa, luego el tema power acelerado y pesado del disco, y después la pieza melódica y de proporciones más luminosas, todo en ese orden como su predecesor, me habla de una banda que busca replicar al pie de la letra, lo que ya le funcionó. Sin cambio alguno. Como si siguieran un manual de instrucciones.

La idea de reservarse la balada y el opus magnum de 15 minutos para el tramo final tal como en el lanzamiento anterior, refuerza este concepto. O la de poner punto final al disco con un outro instrumental.

Y ojo, no le quiero caer a las composiciones, porque en ese sentido Galneryus no falla y sabe darnos clases magistrales llenas de momentos excelsos y alucinantes como en “Break The Silence”, “Let No Time Decay”, o la apoteósica “Without You”. Nadie duda de su capacidad musical para producir verdaderas gemas. El problema es que quizás tantas gemas juntas, terminan perdiendo un poco su brillo. Y al final del día, esta tendencia a sacar álbumes de forma seguida “normaliza” su estándar de calidad. Lo que antes impactaba e impresionaba, ahora es moneda corriente. Y esa es la sensación que deja A Cry From The Sky Above.

Mientras que otros contemporáneos de sus tierras como Lovebites o Unlucky Morpheus, se la juegan y buscan expandir sus horizontes, Galneryus parece haberse quedado estancado en el mismo sitio.

Si bien siguen siendo los maestros del estilo, y unas de las bandas abanderadas del Power Metal actual a nivel global, la realidad es una pausa no les vendría mal. Relajarse un poco. Tomarse las ideas con más calma. Y entrar al estudio cuando el tiempo realmente lo disponga. Después de todo, en su terreno neoclásico y progresivo, sabemos que nadie les gana.

 

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Taake – En Skog av Nidstang (2026)
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La escena black metal noruega tuvo su esplendor en los años 90, donde las bandas principales del género dieron a luz a los discos fundacionales durante principios de la década.

En la segunda mitad de la misma, no solo las bandas clásicas siguieron construyendo y expandiendo el género, sino que también emergieron otros grupos que, tomando influencias anteriores, ampliaron la visión.

Tal es el caso de Taake, proyecto unipersonal del vocalista y multiinstrumentista Hoest.

Este tomó las bases del Gorgoroth más melódico y las llevó a un terreno más introspectivo que violento, profundizando en la inmensidad de los riffs y las melodías gélidas. También agregó instrumentos extraños al género, como pasajes de piano y hasta un banjo. Con el tiempo, fueron tomando una postura más rockera y directa.

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Este año editaron su noveno disco de estudio, En Skog av Nidstang. Y este sigue un poco la dirección del anterior, Et Hav av Avstand. Canciones largas, que toman el tiempo para desarrollarse, pero que, a su vez, fluyen. Cada sección está excelentemente bien conectada con la anterior y suena muy natural. En ningún momento la canción pierde la esencia, ni da la sensación de ser más de una canción en una. Se siente que es la misma composición, pero el desarrollo es tan natural y orgánico que no aburre.

Una particularidad es que este es un disco oscuro. Con melodías frías, clásicas de la banda. Pero, a su vez, se siente colorido y hasta reconfortante. Logrando una dualidad similar a las bandas de blackgaze, pero sin sacrificar oscuridad o agresión.

Creo que hay influencia de dicho estilo, pero no llega a cambiar la identidad del grupo.

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Es como si el disco te llevara a pasear por una paleta de colores que tiene todos los posibles tonos de negro y gris. Es agradable, pero, a la vez, distante y tajante.

La voz de Hoest está en perfecto estado. Da la sensación de que se dio el gusto de gritar y forzar la voz un poco menos. Pero sigue sonando poderosa. Es uno de los mejores cantantes del género que vi en directo. Y me atrevo a decir que el mejor frontman de una banda de black metal que he presenciado.

Para destacar un momento del álbum, me quedo con el final del mismo. Los últimos dos minutos de “Av Guds ville Naade”, donde evocan al clásico Lifelover. Con riffs que suenan amigables, pero, a la vez, son súper fríos. Y un Hoest sollozando y transmitiendo mucho dolor.

Este álbum muestra un Taake maduro, con intenciones más profundas que solo escandalizar. Busca invitar a la introspección y a viajar dentro de la soledad, para conocer más su interior.

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Moonspell – Far From God (2026)
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Hay bandas que, si bien son fundacionales o fundamentales de un género, no logran tener un público masivo. Tal es el caso de Moonspell, banda ícono del metal portugués y que es clave al entender el metal gótico.

A lo largo de toda su carrera fueron moldeando su identidad y el estilo, tomando influencias de distintos estilos. Como del black metal melódico para Wolfheart o Night Eternal, o el pop electrónico para Sin/Pecado.

Pero hace ya varios trabajos que viene apuntando a hacer metal gótico. Sin ningún tipo de aderezo, sino usar cada herramienta que da el género para crear algo puro. Y dicho estilo tiene mucha tela para cortar; no es para nada un género cuadrado o simple.

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Far From God es exactamente eso. Un álbum en el que todos los elementos góticos están presentes.

Las voces profundas de barítono tienen el protagonismo en el disco, aunque varios gritos aparecen para dar un poco de variedad. Los susurros, los sollozos y demás elementos teatrales le dan aún más matices a la voz. Está a cargo del mítico Fernando Ribeiro, quien es un vocalista y frontman de primer nivel, y líder del grupo.

Como es recurrente en el gótico, la base rítmica es hipnótica y, a su vez, coquetea con lo bailable. Con un bajo grave, pero que no satura, sino que lleva el ritmo y agrega algún detalle interesante. Acompañado por una batería que busca hacer lo mismo: llevar el ritmo y el clima de la canción, y aportar un detalle cuando es requerido. Ambos hacen una labor muy buena, ya que, en una era donde todo está sobreproducido y llevado al tecnicismo extremo, demuestran que lo correcto es hacer lo que la canción pide.

El teclado suma atmósferas y colchones de teclados que dan dramatismo a las canciones. Y, por momentos, se disputa la melodía con la voz y la guitarra.

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Esta última tiene una labor muy elegante. Si bien tiene momentos pesados, la mayoría del tiempo busca crear alguna melodía etérea y bailable. O decorar la base rítmica con punteos, sonidos e incluso solos de guitarra exquisitos.

Como dije, el disco tiene momentos muy diferentes entre sí. Como, por ejemplo, los dos singles, “Cross My Heart” y “Far From God”, cuya función es ser más accesibles, digeribles y recordables.

Luego hay momentos más introspectivos, como “Your Promise of Life”, y otros que pasan de una estrofa pequeña a algo grandilocuente, como “The Great Wolf in the Sky”, que cuenta con la única artista invitada, la violinista Alicia Nurho.

Moonspell nos entregó un trabajo sólido, entretenido y muy rico. Que sirve como estandarte de un género, ya que, solo usando elementos del mismo, creó un álbum variado, creativo y que se posicionará dentro de lo mejor del año.

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Devildriver – Strike and Kill (2026)
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Con una trayectoria que supera las dos décadas, DevilDriver ha sabido mantenerse fiel a una identidad marcada por la combinación de groove metal, melodeath y metalcore, sin dejarse arrastrar por las modas del momento. Strike And Kill encuentra a la banda en un punto de madurez evidente, apostando por un sonido más contundente y compacto que en sus trabajos recientes. No busca reinventar su propuesta, sino sacar el máximo partido a una fórmula que sigue funcionando cuando está respaldada por buenas canciones.

La apertura con “Dig Your Own Grave” marca el camino desde el primer minuto: riffs pesados, estribillos con gancho y la inconfundible presencia de Dez Fafara, que continúa siendo el gran eje de la formación gracias a una interpretación agresiva y llena de personalidad. El álbum mantiene un ritmo constante, alternando momentos de puro impacto con otros donde el groove toma el control, sin perder nunca la sensación de fuerza que recorre todo el repertorio.

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Entre los cortes más destacados aparecen “Dead In The Water”, “In The Moonlight” y “Headed For The Fall”, tres ejemplos de cómo DevilDriver ha refinado su manera de escribir sin renunciar a la contundencia. Las guitarras encuentran el equilibrio entre melodía y agresividad, mientras que la sección rítmica sostiene cada tema con una pegada demoledora. También hay espacio para composiciones como “You’re Just A Ghost” o “Oath Of Iron”, donde la banda potencia su faceta más cercana al groove metal clásico con estribillos pensados para el directo.

A lo largo de sus cincuenta minutos, Strike And Kill consigue mantenerse fresco gracias a una producción potente y a un repertorio que evita la repetición excesiva. DevilDriver recupera parte de la inspiración que muchos echaban de menos en sus últimos lanzamientos y entrega un disco sólido, cargado de energía y con suficientes momentos memorables para satisfacer tanto a quienes siguen a la banda desde sus primeros años como a los aficionados al metal moderno más contundente.

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Santo Fuzz – Sabbat a la Mexicana (2026)
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Por: Freya Beatriz Sesma

Desde las profundidades históricas y místicas de Guanajuato, una región inherentemente ligada a la muerte y el misterio subterráneo, emerge Santo Fuzz. La agrupación de un solo integrante se presenta no sólo como un proyecto de doom metal, sino como el oficiante de una liturgia sonora pantanosa y profundamente arraigada en la identidad mexicana. Su producción discográfica, Sabbat a la Mexicana, constituye una obra fundamental para comprender las nuevas vertientes del doom metal y stoner fuzz en Latinoamérica, fusionando la iconografía esotérica anglosajona con el misticismo rural y el folklore de la sierra mexicana.

El álbum se erige sobre un pilar sonoro inconfundible: guitarras saturadas por un pedal de fuzz omnipresente, tempos fúnebres que evocan la pesadez de Black Sabbath y una atmósfera psicodélica que induce a un estado de trance. Sin embargo, el verdadero triunfo de Santo Fuzz radica en su capacidad para evitar la simple imitación de los cánones occidentales del género. En lugar de invocar los bosques europeos o la mitología lovecraftiana, la banda desvía la mirada hacia el bajío, las milpas, el toloache y el sincretismo religioso, creando una identidad única que ellos mismos definen como rezos psicodélicos al patrono del malviaje.

El doom metal, desde su nacimiento, ha estado intrínsecamente ligado a la oscuridad y a lo oculto. Santo Fuzz toma este esqueleto y lo viste con sarapes, lo alimenta con nopales y lo bautiza con agua bendita en un jacal. Este proceso de tropicalización le añade una capa de terror visceral que resuena de manera muy particular en el oyente mexa, quien reconoce en las letras los mitos transmitidos por tradición oral en los pueblos y sierras del país.

La obra abre con una pieza instrumental y atmosférica llama “Introducción”, que funciona como el umbral de la ceremonia. Es el equivalente sonoro a encender el copal y apagar las luces. A través de arpegios oscuros y una base rítmica lenta, la banda prepara psicológicamente al oyente para la densidad que está por manifestarse. Es una advertencia silenciosa antes de cruzar hacia los
terrenos de lo desconocido.

Con “Espiritismo”, el primer corte lírico introduce de lleno las temáticas esotéricas. La letra teje referencias que van desde el kardecismo decimonónico hasta el misticismo oriental (como los brahamanes y Arjuna). Al proclamar que su “Cruz Astral supera lo escrito por Allan Kardec“, el narrador se posiciona como una entidad chamánica o un médium capaz de desbloquear la percepción del iniciado. Musicalmente, el riff es monolítico y pesado, arrastrándose a través de los cuatro minutos y medio con una cadencia hipnótica que ejemplifica a la perfección el doom metal de corte espiritual.

“Huapango al Nahual” representa uno de los puntos más altos y originales del álbum. Santo Fuzz logra capturar el pánico rural ante la figura del nahual , del ser humano con la capacidad de transformarse en animal. El contraste entre el título, que sugiere un ritmo folclórico tradicional, y la ejecución de un stoner doom sumamente distorsionado es abismalmente genial. La lírica evoca imágenes costumbristas y vívidas: el jacal, la milpa, las tunas moradas, el llanto del viento. Los coros desesperados que claman “¡Ay, Santo bendito! pa’ que no me siga, que no me mate” transmiten un terror genuino ante una criatura que acecha desde la Quinta, complementado por guitarras cuyos acoples simulan los aullidos de la bestia en la madrugada.

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Nombrado en honor a la tradicional celebración de Día de Muertos en la región de la Huasteca, “Xantolo” funciona como un interludio sagrado. Mantiene la tensión ritual del disco mediante texturas sonoras densas y ritualísticas. Es el espacio de transición donde la música rinde tributo a los ancestros, sirviendo como un puente instrumental o semi-instrumental que conecta la mitología del nahual con el realismo mágico que define a la siguiente composición.

“Ahí Viene la Muerte” está inspirada en la narrativa popular y estructurada, que mediante un diálogo dramático entre un narrador, la Muerte, un jornalero y el personaje de Francisca, esta canción es una muestra brillante de realismo mágico hecho metal. La Muerte, cansada y sujeta a los contratiempos de la modernidad rural (tomar el tren temprano), busca a Doña Panchita. La resolución del tema encierra la idiosincrasia misma del mexicano frente a la mortalidad: la vieja curandera está demasiado ocupada aliviando el espanto de una muchacha como para morir. El riff que acompaña este relato camina con la misma lentitud pesada del tren que se le escapa a la parca, logrando un balance perfecto entre ironía popular y gravedad sonora.

La pieza homónima es el clímax absoluto del aquelarre. Aquí se redefine el concepto del sabbat de las brujas de la literatura clásica europea y se traslada a los matorrales de nopales y huizaches de la geografía mexicana. El uso litúrgico de plantas sagradas y prohibidas como el toloache establece el tono de un trance inducido. Los ritmos se vuelven más machacantes y las máscaras, esqueletos y sarapes se confunden en una danza de hechiceros convertidos en animales. El cierre de la canción, con una muestra de audio que invoca directamente al “Rey Diablo, amo y señor de las sombras”, sella la pista bajo un muro de sonido opresivo y catártico.

El álbum concluye con una reinterpretación o evocación del clásico espíritu de la “Sandunga”, impregnado de una melancolía fúnebre insoportable. Santo Fuzz ralentiza los pulsos dramáticamente, permitiendo que las últimas notas resuenen en el vacío, dejando al oyente en un estado de agotamiento espiritual tras haber participado plenamente en la ceremonia.

Desde una perspectiva técnica, el sonido de las guitarras en Sabbat a la Mexicana destaca por su textura extremadamente rasposa y valvular. La ecualización privilegia las frecuencias graves y los medios bajos, saturando el espacio acústico sin perder la definición melódica de las progresiones. La batería ejecuta patrones lentos pero contundentes, actuando como el metrónomo de una marcha fúnebre, mientras que las líneas de bajo amalgaman todo el conjunto en una masa sónica cohesiva y densa.

En definitiva, Sabbat a la Mexicana es una obra imprescindible que expande las fronteras del doom y el stoner metal en el territorio hispanohablante. Al entrelazar con audacia los códigos de la distorsión extrema y los rituales místicos de la sierra, Santo Fuzz ha esculpido un monumento al oscurantismo folclórico. Un testimonio sonoro imperecedero de que la oscuridad y el malviaje también se visten de sarape y huelen a tierra mojada bajo el sol del bajío.

 

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