


Con una impactante portada en negro y oro, cuyo diseño inspirará más de un tatuaje, nos llega el nuevo y esperado disco de Dimmu Borgir, Grand Serpent Rising, bajo el sello de Nuclear Blast.
Han transcurrido ocho largos años desde su anterior álbum de estudio, Eonian, pero la espera tiene su recompensa: los noruegos presentan un álbum elegante y majestuoso, que supone en varios sentidos una vuelta a sus orígenes, tanto musicalmente como a nivel simbólico.
La banda, con más de tres décadas de trabajo a sus espaldas, se revalida como uno de los mayores exponentes del Black Metal Sinfónico.
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El guitarrista Sven “Silenoz” Kopperud nos revela en su nota de prensa que el presente trabajo lleva desarrollándose desde 2018 y muy intensamente en los años de la pandemia y posteriores. La banda llegó a tener material suficiente para lanzar un álbum doble, pero han preferido seleccionar lo mejor de lo mejor. Depurar los temas para alcanzar la mayor calidad posible: “Cada matiz, giro y elemento tuvo que ganarse su lugar. El resultado es una declaración destilada y concisa: sin excesos ni relleno”.
Empezando por el título, todo el proyecto, según Silenoz, “encaja a la perfección: si bien la serpiente representa el mal para algunos, para nosotros simboliza algo más: renovación, crecimiento, conocimiento y liberación. Es como mudar de piel”.
Además, esta nueva entrega de Dimmu Borgir se lanza casi a la par que finaliza el año de la Serpiente: los astros se han alineado para proporcionar una experiencia ineludible para los amantes del metal extremo.
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Otro aspecto que ha influenciado el resultado final de Grand Serpent Rising es la salida en 2024 del guitarrista Galder, de larga trayectoria, quien se marchó para centrarse en su proyecto personal Old Man’s Child. Este cambio no parece haber debilitado al grupo, sino que de alguna forma ha favorecido el lanzamiento del disco, acercando el proceso creativo a sus raíces. “Menos gente en la cocina significa menos compromiso”, señala Silenoz. “En los inicios de Dimmu Borgir, solo éramos Shagrath y yo intercambiando ideas. En muchos sentidos, hemos vuelto a esa dinámica; es muy directa y productiva. Nos decimos enseguida si una idea no es lo suficientemente sólida”.
A pesar de esto, queda claro que Dimmu Borgir sigue siendo un proyecto de banda completa en la que el resto de miembros tienen mucho que aportar, con Daray a la batería, Victor Brandt al bajo, Gerlioz a los teclados y Damage a la guitarra.
Se nota también la mano experta del productor Fredrik Nordström, quien vuelve a trabajar con la banda después de un tiempo sin hacerlo y que fue el responsable de sus discos clásicos Puritanical Euphoric Misanthropia e In Sorte Diaboli. Es evidente que conoce les conoce muy bien y que conecta a la perfección con su sonido.
Todos los instrumentos están recubiertos de fuerza y simbolismo. Nos encontramos ante un disco lleno a la par de belleza y de agresividad. Casi una hora de canciones tremendamente oscuras e intensas.
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En esta ocasión se ha reducido la presencia de los coros y la orquestación, para dar más protagonismo a los teclados de Gerlioz y a la formación real de la banda, lo cual seguro que se traducirá en conciertos en directo muy potentes. No significa que los elementos orquestales hayan desaparecido del todo: tienen un papel importante en el disco, y aportan ese evocador halo atmosférico que caracteriza a la formación y que nos lleva a un estado de meditación profunda, casi de trance.
Esto se aprecia especialmente en la primera mitad del disco, siendo la segunda más agresiva y cruda, cubriendo así diferentes facetas de su sonido original.
Las letras, por su parte, tratan temas como la transformación, la disolución del ego, el despertar, las tradiciones esotéricas y la alquimia. La idea central es la de desprenderse de nuestra vieja piel, nuestro viejo “yo”, para salir en busca del verdadero potencial.
El vocalista Shagrath tiene una fuerza arrolladora, y lo demuestra tanto en inglés como en su idioma natal, ya que en esta ocasión han incluido tres temas en noruego. Así lo explica la banda: “nuestra lengua materna nos pareció más apropiada para ciertos temas. Por ejemplo, ‘Ulvgjeld & Blodsodel’, el primer sencillo del álbum, trata sobre la herencia y el linaje, sobre transmitir algo esencial a quienes vienen después”. Dicho tema viene acompañado de un impactante videoclip con imágenes de distopía y una catedral que se rompe en pedazos. El corte se posiciona junto con “The Qryptfarer” y “Slik Minnes en Alkymist” entre los más potentes del álbum.
Un disco muy redondo y orgánico que recupera la esencia de la banda Noruega, para darle una nueva vitalidad que, espero, les dure muchos años más.


El 2026 trae a Scott Vegel y sus secuaces muy ocupados. Tras su brutal gira por Sudamérica a comienzos de año, los referentes del Hardcore contemporáneo, Terror, lejos de quedarse quietos sacuden el mercado con el lanzamiento de su noveno álbum: Still Suffer.
Una obra que desde su título ya podemos catalogar como una declaración de principios. Un nombre que refleja la lucha simbólica del grupo contra el poder. Que muestra los valores urbanos y sociales que defienden. Con una portada que tal como su música, busca ser lo más realista, cruda y directa posible. Sin adornos, arreglos, ni ningún tipo de filtro. Solo una foto, que deja en claro la humildad y sencillez que manejan los norteamericanos.
Y es que a lo largo de sus dos décadas de carrera, Terror ha conseguido crear una comunidad y base de fans muy leales, que siguen los mismos preceptos que ellos de unión y camaradería dentro de la escena. Priorizando la autenticidad por sobre encima de todo. Y eso en el hardcore, musicalmente se traduce en agresividad, contundencia e intensidad.
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El disco ya de entrada busca romper con todo. No da tregua ni concesiones. Ni tampoco respiro. Todo lo contrario. Desde el minuto uno, te impacta directo en la boca y te estampa la cara contra el asfalto de la calle. Sin piedad. Y con toda la fuerza posible. Tal como se espera.
“Erase You From My World”, el primer contacto, marca las normas y reglas que va a seguir el disco a lo largo de los 27 minutos que dura: riffs intensos a cargo de las guitarras, golpes veloces y llenos de tensión en la batería, un bajo rocoso y áspero, y un Scott Vogel que escupe furia, descontento y rabia en los micrófonos. Todo en un marco de violencia catártica y sincera. Nada de poses. El álbum en todo momento se siente tenso, agresivo, desafiante.
La esencia confrontativa y explosiva del género se encuentra bien encapsulada en las 10 piezas que comprenden esta nueva placa. Lejos de buscar nuevas direcciones musicales, el grupo formado en Los Ángeles se adueña de cada uno de los ingredientes del estilo, y lo plasma de forma natural en sus composiciones. Manteniendo la expresividad e identidad.
La producción a cargo del ex guitarrista del grupo y actual líder de Nails, Todd Jones, ayuda a que se consiga este resultado más transparente en la música, en especial de parte de las guitarras que suenan con una distorsión más abrasiva y un tono sucio pero agresivo.
No se trata de una obra que el oyente casual encuentre “amigable”. O agradable. Tampoco pretende serlo. Justamente, es un trabajo que encuentra a la banda en un estado más firme. Conservando las bases de su sonido, y la fuerza de un lenguaje que los puso y sostiene como uno de los abanderados del hardcore extremo actual. Con una formula ya perfeccionada, que no necesita de cambios ni sorpresas. Solo de la misma efectividad de siempre.
Nada que un buen gancho a la mandíbula no iguale.
Etiquetas: Hardcore, Still Suffer, Terror

En los noventas Darkthrone se contó entre los nombres más míticos de la la movida del black metal noruego, editando varios clásicos del estilo y poniéndose bien altos en el mundo del corpse paint y los discos grabados en sótanos. Y a grandes rasgos podríamos decir que las cosas no han cambiado, pero tendríamos que ser bastante ciegos o sordos para no notar que en los últimos veintitantos años Darkthrone le ha dado varias vueltas de tuerca a su sonido, con Fenriz y Nocturno Culto haciendo un esfuerzo consciente por mantener sus riffs crudos y grabaciones de baja fidelidad pero agregando una fuerte dosis de la clase de heavy metal que deslumbrara a ambos en su adolescencia.
Pensando en cómo describir este Pre-Historic Metal, álbum N°22 del dúo noruego, terminé decantándome por el término “maraña”. Visto a la distancia es fácil notar las influencias detrás de las canciones, con los últimos trabajos de Darkthrone mostrando su hiperfijación en el heavy tradicional, el doom y los primerísimos ejemplos de black metal que aparecieran allá por los ochentas, y en algunos momentos es fácil encontrar referencias directas, como la inicial “They Found One Of My Graves” remitiendo directamente a “A Dangerous Meeting” de Mercyful Fate, o los agudos de “The Dry Wells of Hell” recordando nuevamente a los daneses.
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Pero también es complicado hablar de Pre-Historic Metal como sólo un álbum de “black”, de “thrash”, de “heavy” o demás, porque Darkthrone parecen más interesados en recrear una vibra, donde todo remite al metal de los ochentas pero hecho un menjunje de influencias. Esto a veces puede conspirar en su contra, con varias de las canciones siendo un tanto complicadas de entenderse en cuanto a estructura, pero en su mayor parte Darkthrone dan en el blanco al momento de basar sus canciones en un par de ideas. “Siberian Thaw” es una relectura ultra oscura de los riffs de Black Sabbath, con un coro tan repetitivo como ultra pesado, y la canción título es la que más se acerca al black tradicional pero con el agregado de cierta disonancia en los riffs y una rabia medio cavernícola que va con la idea de la canción. Lo mismo pasa con “Eat Eat Eat Your Pride”, con cierta vibra heavy / doom, y la guerrera “Eon 4” cerrando todo.
“So I Marched To The Sunken Empire” es una oveja negra en el álbum, siendo un instrumental de aires melancólicos que podría venir de alguna banda finlandesa de doom. Pero mi favorita debe ser “Deeply Rooted”, más que nada porque hay uno de los riffs principales que parece el hermano gemelo malvado de algo que podría haber grabado Accept en los ochentas, o tal vez salido de una colaboración perdida de los alemanes con Celtic Frost. Hablando de CF, los suizos son obviamente la mayor influencia de Darkthrone a lo largo del disco, como bien cabría esperarse: Tom G. Warrior y compañía siempre han sido gran inspiración para Darkthrone y lo han sido todavía más en estas últimas décadas, con la mezcla de riffs black / thrash / doom de Celtic Frost estando presente a lo largo y ancho del álbum.
Cómo uno aprecie Pre-Historic Metal va a estar condicionado por cómo le hayan caído los últimos discos de Darkthrone, con este nuevo álbum también sintiéndose más como un rejunte de tracks que como algo cohesivo: no voy a negar que de manera individual están muy bien y que aprecio la variedad, pero que no me molestaría que Darkthrone eligieran enfocarse en un estilo específico durante toda la duración de un álbum. Pero el dúo sigue demostrando que esto de hacer pastiches del metal de su adolescencia es algo que les sale muy bien, así que viene mal para echar una escuchada y ver lo que te atrapa.
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Tras un debut que dejó muy buenas sensaciones, Cage Fight regresa con Exuvia, un segundo trabajo que mantiene intacta su fórmula de metal extremo moderno, mezclando hardcore, melodeath y metalcore con una agresividad directa y sin rodeos. La banda británica no pierde el tiempo y desde el primer minuto deja claro que su intención sigue siendo golpear fuerte, pero también ampliar ligeramente su rango sonoro.
La apertura con “Confined” marca el tono del álbum con riffs afilados, mucha velocidad y una contundencia que engancha al instante. A partir de ahí, temas como “Oxygen” y “Pig” explotan el lado más rabioso del grupo, apoyados en una interpretación vocal demoledora de Rachel Aspe, que vuelve a ser uno de los grandes activos de la banda gracias a su versatilidad entre registros desgarrados, guturales y momentos más melódicos.
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Pero Exuvia también muestra a unos Cage Fight dispuestos a probar cosas nuevas. “Pick Your Fighter” y “Un Bon Souvenir” bajan ligeramente la intensidad para explorar estructuras más abiertas y melodías más marcadas, acercándose por momentos al metalcore más clásico. Aunque no todos esos experimentos tienen el mismo impacto, sí aportan variedad y evitan que el disco caiga en la repetición constante.
En la recta final, “Deathstalker” devuelve al álbum toda su pegada, mientras la propia “Exuvia” resume muy bien el equilibrio entre agresividad y melodía que define el trabajo. El cierre con “Élégie” sorprende con una atmósfera más emocional y oscura, mostrando una cara menos evidente de la banda y dejando claro que Cage Fight no quiere limitarse a repetir la fórmula de su debut.

Pocas bandas como Crashdiet saben lo que es la resiliencia en el mundo del rock y el metal. Pocos también conocen mucho más allá del nombre. La banda, comandada hoy en día solo por Martin Sweet, acaba de lanzar su séptimo albúm (si no me fallan las cuentas) titulado Art Of Chaos bajo el sello NineTone Records.
Una banda que de alguna manera supo estar en la “cresta de la ola” allá por finales de la primer década del nuevo milenio, dando aires renovados a la escena del sleaze metal que supo ser grandiosa en los 80s.
Al margen de la excelencia musical y la identidad propia que encontraron dentro del género, Crashdiet es una agrupación que ha sido atravesada por innumerables cambios de músicos. Podemos nombrar al fallecido Dave Leppard, miembro fundador y mente originaria de este proyecto como primer vocalista, luego sustituido por el extrovertido Olli Hermann. Simon Cruz que fuera parte del tercer y cuarto álbum (a mi parecer, la mejor época de la banda) y que se fue repentinamente para algunos años después dar lugar a Gabriel, el último vocalista que le conocimos.
Parecieran tener una gran colección de solo cantantes, pero al día de hoy la banda solo se encuentra tocando con Martin como miembro original. Si, la salida de Peter London (temporal hasta donde sabemos) en el bajo y Eric Young en batería, le dieron directamente espacio a una nueva formación, una nueva banda, con Michael (hermano de Martin) en batería, Chris Young en bajo y como vocalista el virtuoso John Elliot de Confess.
El disco fue promocionado por algunos singles, que de entrada no me resultaron del todo de mi agrado, o no al menos a la altura de las grandes composiciones de Crashdiet: “Satizfaction”, “Loveblind”, “Sick Enough For Me” y “Chaos Magnetic”. De todas maneras, me anticipaba a mi mismo, que como muchas bandas hacen actualmente, quizás eran estas las piezas menos convincentes del disco.
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Lejos de parecerme malas canciones, los 4 singles promocionales se pueden disfrutar como muy buenas piezas, pero todos aquellos conocemos a esta banda, sabemos que están para mucho más.
La canción que me cautivó por completo y me hace creer que finalmente tenía razón, es “Can Of Worms”. Un segmento narrado por una persona que se confiesa sobre toda la oscuridad que tiene por dentro, con un estribillo demasiado ganchero, pasivo y oscuro al mismo tiempo y hasta coros de niños. Aquí está el punto cúspide de Art Of Chaos, sin duda alguna.
Bueno, no es que me quede fascinado por un solo tema. El disco se completa con todas muy buenas piezas. Algunas un poco mas sobresalientes que otras. “Get Out” excelente, pero no compite contra “Killing It Now”, “Quitter” y “Silent Planet”.
El cierre a cargo de “Edge Of A Knife” está muy bien logrado, para redondear un disco que termina mucho mejor de lo que comienza.
La producción es símil a lo que ya se conoce de sus trabajos anteriores. La voz de Elliot es un gran acierto, un poco más cercana al heavy metal que la de su antecesor.
Seguramente no volvamos a escuchar al Crashdiet de Rest In Sleaze (2005) y Generation Wild (2009) pero con Art Of Chaos quizás Martin y Peter puedan refundar las bases de la banda que supieron ser, con las ideas frescas y acompañados de un gran cantante virtuoso como lo es John Elliot.
Etiquetas: Art of Chaos, Crashdiet, Ninetone Records, Sleaze Metal, Sweden

Una impresionante portada del artista Agostino Arrivabene nos da la bienvenida al octavo disco de la banda sueca Draconian: In Somnolent Ruin. Un título potente que nos sugiere grandeza y decadencia, delicadeza y exceso.
Esta combinación es plenamente acorde con sus voces, que conjugan la limpia y femenina de Lisa Johansson, con los guturales profundos y masculinos de Anders Jacobsson. Una perfecta sincronía entre Bella y Bestia, capaz de transportarnos a los más oscuros parajes del sueño.
La concepción platónica del alma así como el tema de la muerte, los elementos naturales y la imaginería mitológica y religiosa pueblan un conjunto de nueve canciones, casi todas cercanas a los siete minutos. Los títulos son muy sugerentes y evocadores y juegan con la sinestesia y la contraposición de elementos encontrados. De entre ellas destacaría especialmente tanto la primera “I Welcome Thy Arrow” como la última, especialmente bella, “Lethe”.
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Un elegante Doom Metal, con trazas de Death Metal Melódico, muy atmosférico, envolvente, que va creciendo en oleadas hasta elevarse en ecos de catedral. El papel de los teclados es sutil pero protagónico, especialmente en la introducción de varios de los temas. Johan Ericson se erige como principal compositor y arreglista y hace un enorme trabajo trazando el camino de las canciones, dibujando su contorno con el piano, para luego dejar paso generosamente a los riffs y solos de guitarra, a cargo del mismo músico y de su compañero Niklas Nord.
Las narraciones de Simon Bibby (My Silent Wake) le aportan un toque cinematográfico. También cuentan con la colaboración del también sueco Daniel Änghede en la canción “Anima”.
La banda, fundada en 1994 originalmente como Kerberos, se ha asentado como uno de los exponentes clásicos y más duraderos de la escena doom/death de tonos más góticos y nos tiene acostumbrados a álbumes técnicamente impecables, muy espaciados en el tiempo. Lo que aporta In Somnolent Ruin, es una versión aún más depurada de la misma fórmula tras asentarse los últimos cambios de miembros en su formación.
Se encuentran actualmente inmersos en una extensa gira que incluirá fechas en Latinoamérica, Europa, Japón y Turquía. Podremos verles en España a su paso por Dark Echoes Fest en Madrid el 25 de septiembre de 2026.

Metalmorphosis es el título que Masterplan ha puesto a su nuevo disco de estudio, luego de 13 años desde su anterior lanzamiento, el que verá la luz el próximo 26 de junio de 2026 a través de Frontiers Music. El líder de la banda Roland Grapow ha dicho al respecto que la nueva producción hace “un giro hacia un sonido más directo y contundente, reduciendo los elementos progresivos y evitando un enfoque demasiado melódico o comercial”.
La actual formación de Masterplan, compuesta por Roland Grapow (guitarras), Rick Altzi (voces), Axel Mackenrott (teclados), Jari Kainulainen (bajo) and Kevin Kott (batería), brinda a sus fanáticos un producto mejorado con respecto a su antecesor, tanto a nivel sonido como a nivel compositivo. Un disco efectivamente directo y con estribillos melódicos y gancheros.
La nueva obra de Masterplan pareciera querer volver al espíritu de los dos primeros discos de la banda. Si bien por momentos lo logran, no llegan a alcanzar la majestuosidad de esos primeros lanzamientos, aunque si se nota que la banda logra transitar, por momentos, el camino que Grapow señala.
El primer adelanto del álbum presenta una particularidad: data del año 2024 y es el tema que cierra lo que será el sexto lanzamiento de la banda. Un tema con fuerza y un riff que te atrapa desde el arranque.
La placa comienza con otro de los sencillos “Chase the light” donde en momentos de la canción aparece la voz de Graspow. Luego de un comienzo épico nos encontramos con una canción melódica y con un estribillo ganchero.
La segunda pieza de la producción, “Electric nights”, es una de las mejores canciones de la nueva obra de Masterplan. Una canción con un inicio duro y directo que se torna en melódica y power, cercana a las raíces de la banda.
En “Shadow man”, bajan un poco la velocidad para ofrecer un riff más cadencioso a lo largo de toda la canción que solo es interrumpido en la parte del solo.
Uno de los puntos altos del álbum está dado por “Bound to fall” una de las canciones que recuerda al MASTERPLAN de los primeros álbumes con un estribillo destacable.
Luego nos encontramos con “Pain of yesterday”, donde se notan influencias de la música oriental, y “Ghostlight”, un tema que no aporta demasiado al álbum.
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El tema que da nombre a la placa presenta una de las mejores partes instrumentales de este nuevo lanzamiento y las guitarras rememoran los primeros discos. No puede dejar de notarse un aire compositivo a discos de otras bandas donde Grapow ha sido participe (“The Time of the Oath”).
El tercer y último sencillo adelanto es “Through the storm”. Sin duda una de las mejores composiciones de la placa. La más cercana al power metal de vieja escuela, con un aire a anteriores bandas de los integrantes, melódica y rápida. La actuación de Altzi escapa un poco a lo que nos muestra durante todo el álbum.
Finalmente, “The call”, el tema más largo del disco, presenta un estribillo y partes instrumentales más que interesantes, contando con la participación vocal de Grapow en varias partes de la canción.
La banda parece mostrar destellos de sus mejores épocas en aquellos temas que suenan cercanos a un power metal rápido y melódico.
Debemos señalar que la voz del cantante le quita fuerza a las composiciones: es monocorde, monótona, suena parecida en la gran mayoría de los temas.
La sensación que nos deja este álbum es dudosa: no queda claro si se trata de un intento de retornar a la época dorada de la banda; o es una declaración de querer ser algo distinto como pareciera indicar el título escogido. Sea una u otra la conclusión es clara: sentimos que se queda a mitad de camino en cualquiera de las dos direcciones.
Etiquetas: Frontiers Music, Masterplan, Metalmorphosis, Power Metal

Si echamos la vista atrás y recordamos la breve euforia que se vivió en la llamada “Escena Warped“, la década pasada e incluso tres lustros atrás, podremos afirmar que dentro del llamado “SadBoi Pop Punk“, corriente donde destacaron bandas como As It Is, Neck Deep, Real Friends, Trash Boat, Citizen o Trophy Eyes, entre otros, que se llevo su momento de gloria conectando con esta escena y su público, hablamos por supuesto de American Football.
Formados en 1997 y con una primera etapa que duró hasta el año 2000, donde se convirtieron en un grupo de culto para muchos de los que estábamos creciendo escuchando el punk, el rock alternativo y el emo, junto a compañeros como Chamberlain, Saves The Day, The Get Up Kids o Texas is the Reason, entre otros, para luego en 2014 regresar de manera triunfal y certificar dicho regreso con un fantástico segundo disco homónimo, muy bien recibido tanto por el público como por la prensa especializada.
Ahora seis años después de su tercer disco, la banda vuelve con LP 4, si nunca fueron unos ases en cuanto a los títulos de sus álbumes, pero poco importa cuando la calidad musical aquí plasmada, es simplemente magnífica.
El disco ya comienza con el pie derecho, gracias a “Man Overboard” (que no chicos, no es un cover del hit popularizado por Blink 182), donde la producción es cruda, desprolija, intensa y te sumerge de lleno en el universo del disco, porque lo que siempre han tenido American Football es la capacidad de hacer de la desprolijidad y la imperfeccón, algo hermoso y único.
Vale, si “No Feeling”, tiene el gancho de contar con Brendan Yates, vocalista de Turnstile como invitado, pero lejos de sonar a triquiñuela comercial, es de recibo que este chico este, ya que aporta su color de voz y junto a Mike Kinsella, crean una atmósfera muy especial juntos y que ya quisieran para si mismos bandas como Death Cab For Cutie, en sus años dorados.
Pero por si queda alguna duda de que este disco puede ser para las grandes masas, ahí tenemos los 8 minutos y trece segundos de “Bad Moons”, donde lo único que hay que hacer es cerrar los ojos, respirar hondo y dejarse llevar por el sonido de AF, donde la tristeza y la belleza sonora se dan la mano, sin perder en ningún momento el hilo conductor del álbum y lo que este representa.
Es un tema triste y hermoso a la vez, con unas armonías muy bien planteadas y cierto toque de pesadez, pero repito, todo hecho de forma honesta y que te llega al instante.
“Blood On My Blood”, es otro ejemplo de lo que el disco quiere transmitir, con Mike interpretando muy bien la letra y transmitiendo esa melancolía propia del género que te hace imaginarte en un muelle en plena tarde de otoño con el sol que te da ese calor que las templadas temperaturas suelen presentar en esa época del año y ves de fondo tanto el río como las fábricas en la lejanía.
La vulnerabilidad y la ausencia de “Artefactos” sonoros, hacen de American Football, una banda especial, de esas con las cuales si llegas a conectar, lo harás por siempre, esperándoles lo que haga falta, porque sabes que su música te hace bien al alma.
El interludio “Lullabye”, es una caricia para esa herida que no termina de cerrarse y oxigena al disco, con una paz intranquila, pero necesaria, antes de despedir al mismo con “No Soul to Serve”, un corte que sigue la línea planteada a lo largo del álbum y que tiene esos aires de indie rock emo, que tanto nos influencio a muchos y quizás no por ser nuestro género favorito, pero si como una clara vía de escape, lejos del ruido y la toxicidad que nos rodea.
Una vez más y siendo justos, American Football ha vuelto a entregar uno de esos discos que no solamente hay que escuchar si o si durante este año y seguramente los venideros hasta que tengamos el siguiente de la banda, si no uno de esos discos, que te hace reflexionar, sonreír, llorar, emocionar y sobre todo…volver a escuchar en cualquier estado de ánimo que estés atravesando.


Si hablamos de metal extremo, todos estaremos de acuerdo en que una de las piedras angulares para entender el género y en como se desarrolló en estos últimos 40 o 50 años, es sin duda Venom, la oscura y peligrosa agrupación inglesa formada en 1979 y que hoy componen Cronos, su líder al bajo y la voz, Rage a la guitarra y La Dante en los parches.
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Tras casi ocho años sin publicar material nuevo, la banda vuelve a la carga con Into Oblivion, su decimosexto álbum, donde vuelven a evidenciar que en lo suyo, no tienen apenas rivales y siguen sonando especiales y diferentes al resto de la media.
Ya desde el inicio con el tema que da título al disco, la banda deja claro que no intenta replicar el pasado, pero si mirar al futuro con la cabeza alta y regalándonos lo mejor de si mismos en estos tiempos actuales, donde no es fácil triunfar con nuevos trabajos y más cuando tu pasado es tan glorioso como el de estos tipos.
Es clave también que hayan podido mantener el nivel de “Suciedad” en la producción, pero con la calidad que esta banda merece ya que suena pesado, veloz, orgánico, pero muy agresivo y frenético, con guiños al speed, el black primerizo, la NWOBHM y ciertas pinceladas de punk callejero.
Así pues cortes como “Lay Down Your Soul”, puede gustar tanto a un fan de Slayer como de Mötorhead, mientras que en la lejanía de “Nevermore” asoman retales de la primera época de la NWOBHM.
Por otro lado, muestran su cara más “Accesible”, en temas como “Man & Beast” o “Metal Bloody Metal”, donde coquetean con toques groove y quizás sean los momentos en donde el disco flaquea un poquito y se vuelve medio repetitivo, pero sin caer en el abismo de la mediocridad.
Y quizás el momento que más va a sorprender llega, cuando los primeros acordes de “Death The Leveller”, comienzan y el espíritu hard rockero se hace presente en el disco, muy bien ejecutado y que demuestra que estos señores aún tienen cuerda para rato.
Quizás, el tracklist se excede un poquito más de lo deseado ya que no todos los 13 cortes generan el mismo entusiasmo para el oyente, pero en su conjunto, Venom consiguen nivelar la balanza hacia el lado positivo y conseguir que tras 16 discos y más de 45 años de trayectoria, siguen sonando notables, oscuros, desafiantes y sobre todo impecables en lo que al estilo se refiere.


Parece ser que el tiempo finalmente ha puesto las cosas en su lugar y Black Veil Brides comienzan a tener el respeto y estatus que se merecen tras años siendo uno de los mejores (y más despreciados, todo hay que decirlo) grupos de su generación, quizás en su evolución hayan perdido fans por el camino, pero cuidado que con su nuevo disco Vindicate, pueden conseguir unos cuantos más.
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La banda liderada por Andy Biersack vuelve este 2026 con su séptimo trabajo y para asombro de la gran mayoría, lo hacen con uno de sus discos más cañeros (si no el que más…) hasta la fecha, evidenciando que tienen las armas cargadas y mucha pólvora aún por quemar.
La primera curiosidad es la inclusión de “Bleeders”, un tema que ya pudimos escuchar en 2024 y donde quedamos maravillados con ese sonido tan oscuro y pesado que presentaban (a ver no eran Whitechapel o Lorna Shore, tampoco nos engañemos) y que nos hizo plantear si seguirán por esa línea en su siguiente trabajo y así ha sido.
A pesar de tardar casi un lustro en publicar este disco, la banda ha afilado los cuchillos al máximo y ese inicio de “Vindicate”, así lo evidencia, con Andy cantando limpio, pero arropado por una base rítmica brutal y si, un estribillo algo más melódico de lo que nos gustaría, pero que evidencia lo mucho que ha mejorado Biersack como vocalista.
La influencia de Metallica, se deja ver en “Certainty”, con esos riffs pesados y unos screams brutales de fondo, sumados a un estribillo más coreable y marca de la casa, las guitarras de Jixx y Jake Pitts echan fuego y evidencian lo infravalorados que han estado estos dos muchachos durante toda la carrera de la banda (quizás por ser eternamente comparados con Avenged Sevenfold).
Las revoluciones bajan con el medio tiempo “Cut”, muy radiable y que podría haber estado firmado por los actuales Papa Roach, contando además con la colaboración de Lilith Czar o como todos los que crecimos en la escena conocemos a dicha artista, Juliet Simms, esposa de Andy y reconocida por haber formado parte de Automatic Loveletter.
La munición vuelve a ser cargada y explota con el binomio “Alive”, uno de los cortes más cañeros de la banda hasta la fecha y el bombazo “Revenger”, donde para sorpresa de todos cuentan con la colaboración especial de Rob Flynn, vocalista de Machine Head, amigo de la banda y el cual aporta su característica voz al corte, siendo una de las joyas del disco y junto a “Alive”, de lo mejorcito del mismo.
Pero crees que se ha terminado aquí?, espera a escuchar “Sorrow”, un pelotazo de metal moderno que ya quisieran para si mismos Architects o Bullet For My Valentine, donde la banda da una clase de como sonar modernos y contundentes a la vez, sin perder la esencia de la banda.
El disco guarda otro pequeño (gran) tesoro en “Ave Maria”, con un comienzo trepidante, agresivo y unas voces imponentes de Andy tanto en los momentos gritados como en los melódicos, aquí tenemos, posiblemente, la mejor canción del álbum y quizás una de las mejores en toda la carrera de la banda norteamericana.
El disco cierra su ciclo con “Woe & Pain”, un cañonazo más para dejar noqueado al oyente y que quizás hubiese ganado algún punto más, de haber estado un poquito más hacia la mitad del álbum pero que sin embargo, lo cierra de manera más que notable.
Así pues, Black Veil Brides suman otro gran disco a su catálogo, demostrando que casi después de 20 años de carrera, aún tienen mucho para decir y de manera bastante más destacada e interesante que muchos de sus compañeros de profesión, que no es poco.



Con una impactante portada en negro y oro, cuyo diseño inspirará más de un tatuaje, nos llega el nuevo y esperado disco de Dimmu Borgir, Grand Serpent Rising, bajo el sello de Nuclear Blast.
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Además, esta nueva entrega de Dimmu Borgir se lanza casi a la par que finaliza el año de la Serpiente: los astros se han alineado para proporcionar una experiencia ineludible para los amantes del metal extremo.
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Otro aspecto que ha influenciado el resultado final de Grand Serpent Rising es la salida en 2024 del guitarrista Galder, de larga trayectoria, quien se marchó para centrarse en su proyecto personal Old Man’s Child. Este cambio no parece haber debilitado al grupo, sino que de alguna forma ha favorecido el lanzamiento del disco, acercando el proceso creativo a sus raíces. “Menos gente en la cocina significa menos compromiso”, señala Silenoz. “En los inicios de Dimmu Borgir, solo éramos Shagrath y yo intercambiando ideas. En muchos sentidos, hemos vuelto a esa dinámica; es muy directa y productiva. Nos decimos enseguida si una idea no es lo suficientemente sólida”.
A pesar de esto, queda claro que Dimmu Borgir sigue siendo un proyecto de banda completa en la que el resto de miembros tienen mucho que aportar, con Daray a la batería, Victor Brandt al bajo, Gerlioz a los teclados y Damage a la guitarra.
Se nota también la mano experta del productor Fredrik Nordström, quien vuelve a trabajar con la banda después de un tiempo sin hacerlo y que fue el responsable de sus discos clásicos Puritanical Euphoric Misanthropia e In Sorte Diaboli. Es evidente que conoce les conoce muy bien y que conecta a la perfección con su sonido.
Todos los instrumentos están recubiertos de fuerza y simbolismo. Nos encontramos ante un disco lleno a la par de belleza y de agresividad. Casi una hora de canciones tremendamente oscuras e intensas.
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En esta ocasión se ha reducido la presencia de los coros y la orquestación, para dar más protagonismo a los teclados de Gerlioz y a la formación real de la banda, lo cual seguro que se traducirá en conciertos en directo muy potentes. No significa que los elementos orquestales hayan desaparecido del todo: tienen un papel importante en el disco, y aportan ese evocador halo atmosférico que caracteriza a la formación y que nos lleva a un estado de meditación profunda, casi de trance.
Esto se aprecia especialmente en la primera mitad del disco, siendo la segunda más agresiva y cruda, cubriendo así diferentes facetas de su sonido original.
Las letras, por su parte, tratan temas como la transformación, la disolución del ego, el despertar, las tradiciones esotéricas y la alquimia. La idea central es la de desprenderse de nuestra vieja piel, nuestro viejo “yo”, para salir en busca del verdadero potencial.
El vocalista Shagrath tiene una fuerza arrolladora, y lo demuestra tanto en inglés como en su idioma natal, ya que en esta ocasión han incluido tres temas en noruego. Así lo explica la banda: “nuestra lengua materna nos pareció más apropiada para ciertos temas. Por ejemplo, ‘Ulvgjeld & Blodsodel’, el primer sencillo del álbum, trata sobre la herencia y el linaje, sobre transmitir algo esencial a quienes vienen después”. Dicho tema viene acompañado de un impactante videoclip con imágenes de distopía y una catedral que se rompe en pedazos. El corte se posiciona junto con “The Qryptfarer” y “Slik Minnes en Alkymist” entre los más potentes del álbum.
Un disco muy redondo y orgánico que recupera la esencia de la banda Noruega, para darle una nueva vitalidad que, espero, les dure muchos años más.


El 2026 trae a Scott Vegel y sus secuaces muy ocupados. Tras su brutal gira por Sudamérica a comienzos de año, los referentes del Hardcore contemporáneo, Terror, lejos de quedarse quietos sacuden el mercado con el lanzamiento de su noveno álbum: Still Suffer.
Una obra que desde su título ya podemos catalogar como una declaración de principios. Un nombre que refleja la lucha simbólica del grupo contra el poder. Que muestra los valores urbanos y sociales que defienden. Con una portada que tal como su música, busca ser lo más realista, cruda y directa posible. Sin adornos, arreglos, ni ningún tipo de filtro. Solo una foto, que deja en claro la humildad y sencillez que manejan los norteamericanos.
Y es que a lo largo de sus dos décadas de carrera, Terror ha conseguido crear una comunidad y base de fans muy leales, que siguen los mismos preceptos que ellos de unión y camaradería dentro de la escena. Priorizando la autenticidad por sobre encima de todo. Y eso en el hardcore, musicalmente se traduce en agresividad, contundencia e intensidad.
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El disco ya de entrada busca romper con todo. No da tregua ni concesiones. Ni tampoco respiro. Todo lo contrario. Desde el minuto uno, te impacta directo en la boca y te estampa la cara contra el asfalto de la calle. Sin piedad. Y con toda la fuerza posible. Tal como se espera.
“Erase You From My World”, el primer contacto, marca las normas y reglas que va a seguir el disco a lo largo de los 27 minutos que dura: riffs intensos a cargo de las guitarras, golpes veloces y llenos de tensión en la batería, un bajo rocoso y áspero, y un Scott Vogel que escupe furia, descontento y rabia en los micrófonos. Todo en un marco de violencia catártica y sincera. Nada de poses. El álbum en todo momento se siente tenso, agresivo, desafiante.
La esencia confrontativa y explosiva del género se encuentra bien encapsulada en las 10 piezas que comprenden esta nueva placa. Lejos de buscar nuevas direcciones musicales, el grupo formado en Los Ángeles se adueña de cada uno de los ingredientes del estilo, y lo plasma de forma natural en sus composiciones. Manteniendo la expresividad e identidad.
La producción a cargo del ex guitarrista del grupo y actual líder de Nails, Todd Jones, ayuda a que se consiga este resultado más transparente en la música, en especial de parte de las guitarras que suenan con una distorsión más abrasiva y un tono sucio pero agresivo.
No se trata de una obra que el oyente casual encuentre “amigable”. O agradable. Tampoco pretende serlo. Justamente, es un trabajo que encuentra a la banda en un estado más firme. Conservando las bases de su sonido, y la fuerza de un lenguaje que los puso y sostiene como uno de los abanderados del hardcore extremo actual. Con una formula ya perfeccionada, que no necesita de cambios ni sorpresas. Solo de la misma efectividad de siempre.
Nada que un buen gancho a la mandíbula no iguale.
Etiquetas: Hardcore, Still Suffer, Terror

En los noventas Darkthrone se contó entre los nombres más míticos de la la movida del black metal noruego, editando varios clásicos del estilo y poniéndose bien altos en el mundo del corpse paint y los discos grabados en sótanos. Y a grandes rasgos podríamos decir que las cosas no han cambiado, pero tendríamos que ser bastante ciegos o sordos para no notar que en los últimos veintitantos años Darkthrone le ha dado varias vueltas de tuerca a su sonido, con Fenriz y Nocturno Culto haciendo un esfuerzo consciente por mantener sus riffs crudos y grabaciones de baja fidelidad pero agregando una fuerte dosis de la clase de heavy metal que deslumbrara a ambos en su adolescencia.
Pensando en cómo describir este Pre-Historic Metal, álbum N°22 del dúo noruego, terminé decantándome por el término “maraña”. Visto a la distancia es fácil notar las influencias detrás de las canciones, con los últimos trabajos de Darkthrone mostrando su hiperfijación en el heavy tradicional, el doom y los primerísimos ejemplos de black metal que aparecieran allá por los ochentas, y en algunos momentos es fácil encontrar referencias directas, como la inicial “They Found One Of My Graves” remitiendo directamente a “A Dangerous Meeting” de Mercyful Fate, o los agudos de “The Dry Wells of Hell” recordando nuevamente a los daneses.
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Pero también es complicado hablar de Pre-Historic Metal como sólo un álbum de “black”, de “thrash”, de “heavy” o demás, porque Darkthrone parecen más interesados en recrear una vibra, donde todo remite al metal de los ochentas pero hecho un menjunje de influencias. Esto a veces puede conspirar en su contra, con varias de las canciones siendo un tanto complicadas de entenderse en cuanto a estructura, pero en su mayor parte Darkthrone dan en el blanco al momento de basar sus canciones en un par de ideas. “Siberian Thaw” es una relectura ultra oscura de los riffs de Black Sabbath, con un coro tan repetitivo como ultra pesado, y la canción título es la que más se acerca al black tradicional pero con el agregado de cierta disonancia en los riffs y una rabia medio cavernícola que va con la idea de la canción. Lo mismo pasa con “Eat Eat Eat Your Pride”, con cierta vibra heavy / doom, y la guerrera “Eon 4” cerrando todo.
“So I Marched To The Sunken Empire” es una oveja negra en el álbum, siendo un instrumental de aires melancólicos que podría venir de alguna banda finlandesa de doom. Pero mi favorita debe ser “Deeply Rooted”, más que nada porque hay uno de los riffs principales que parece el hermano gemelo malvado de algo que podría haber grabado Accept en los ochentas, o tal vez salido de una colaboración perdida de los alemanes con Celtic Frost. Hablando de CF, los suizos son obviamente la mayor influencia de Darkthrone a lo largo del disco, como bien cabría esperarse: Tom G. Warrior y compañía siempre han sido gran inspiración para Darkthrone y lo han sido todavía más en estas últimas décadas, con la mezcla de riffs black / thrash / doom de Celtic Frost estando presente a lo largo y ancho del álbum.
Cómo uno aprecie Pre-Historic Metal va a estar condicionado por cómo le hayan caído los últimos discos de Darkthrone, con este nuevo álbum también sintiéndose más como un rejunte de tracks que como algo cohesivo: no voy a negar que de manera individual están muy bien y que aprecio la variedad, pero que no me molestaría que Darkthrone eligieran enfocarse en un estilo específico durante toda la duración de un álbum. Pero el dúo sigue demostrando que esto de hacer pastiches del metal de su adolescencia es algo que les sale muy bien, así que viene mal para echar una escuchada y ver lo que te atrapa.
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Tras un debut que dejó muy buenas sensaciones, Cage Fight regresa con Exuvia, un segundo trabajo que mantiene intacta su fórmula de metal extremo moderno, mezclando hardcore, melodeath y metalcore con una agresividad directa y sin rodeos. La banda británica no pierde el tiempo y desde el primer minuto deja claro que su intención sigue siendo golpear fuerte, pero también ampliar ligeramente su rango sonoro.
La apertura con “Confined” marca el tono del álbum con riffs afilados, mucha velocidad y una contundencia que engancha al instante. A partir de ahí, temas como “Oxygen” y “Pig” explotan el lado más rabioso del grupo, apoyados en una interpretación vocal demoledora de Rachel Aspe, que vuelve a ser uno de los grandes activos de la banda gracias a su versatilidad entre registros desgarrados, guturales y momentos más melódicos.
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Pero Exuvia también muestra a unos Cage Fight dispuestos a probar cosas nuevas. “Pick Your Fighter” y “Un Bon Souvenir” bajan ligeramente la intensidad para explorar estructuras más abiertas y melodías más marcadas, acercándose por momentos al metalcore más clásico. Aunque no todos esos experimentos tienen el mismo impacto, sí aportan variedad y evitan que el disco caiga en la repetición constante.
En la recta final, “Deathstalker” devuelve al álbum toda su pegada, mientras la propia “Exuvia” resume muy bien el equilibrio entre agresividad y melodía que define el trabajo. El cierre con “Élégie” sorprende con una atmósfera más emocional y oscura, mostrando una cara menos evidente de la banda y dejando claro que Cage Fight no quiere limitarse a repetir la fórmula de su debut.

Pocas bandas como Crashdiet saben lo que es la resiliencia en el mundo del rock y el metal. Pocos también conocen mucho más allá del nombre. La banda, comandada hoy en día solo por Martin Sweet, acaba de lanzar su séptimo albúm (si no me fallan las cuentas) titulado Art Of Chaos bajo el sello NineTone Records.
Una banda que de alguna manera supo estar en la “cresta de la ola” allá por finales de la primer década del nuevo milenio, dando aires renovados a la escena del sleaze metal que supo ser grandiosa en los 80s.
Al margen de la excelencia musical y la identidad propia que encontraron dentro del género, Crashdiet es una agrupación que ha sido atravesada por innumerables cambios de músicos. Podemos nombrar al fallecido Dave Leppard, miembro fundador y mente originaria de este proyecto como primer vocalista, luego sustituido por el extrovertido Olli Hermann. Simon Cruz que fuera parte del tercer y cuarto álbum (a mi parecer, la mejor época de la banda) y que se fue repentinamente para algunos años después dar lugar a Gabriel, el último vocalista que le conocimos.
Parecieran tener una gran colección de solo cantantes, pero al día de hoy la banda solo se encuentra tocando con Martin como miembro original. Si, la salida de Peter London (temporal hasta donde sabemos) en el bajo y Eric Young en batería, le dieron directamente espacio a una nueva formación, una nueva banda, con Michael (hermano de Martin) en batería, Chris Young en bajo y como vocalista el virtuoso John Elliot de Confess.
El disco fue promocionado por algunos singles, que de entrada no me resultaron del todo de mi agrado, o no al menos a la altura de las grandes composiciones de Crashdiet: “Satizfaction”, “Loveblind”, “Sick Enough For Me” y “Chaos Magnetic”. De todas maneras, me anticipaba a mi mismo, que como muchas bandas hacen actualmente, quizás eran estas las piezas menos convincentes del disco.
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Lejos de parecerme malas canciones, los 4 singles promocionales se pueden disfrutar como muy buenas piezas, pero todos aquellos conocemos a esta banda, sabemos que están para mucho más.
La canción que me cautivó por completo y me hace creer que finalmente tenía razón, es “Can Of Worms”. Un segmento narrado por una persona que se confiesa sobre toda la oscuridad que tiene por dentro, con un estribillo demasiado ganchero, pasivo y oscuro al mismo tiempo y hasta coros de niños. Aquí está el punto cúspide de Art Of Chaos, sin duda alguna.
Bueno, no es que me quede fascinado por un solo tema. El disco se completa con todas muy buenas piezas. Algunas un poco mas sobresalientes que otras. “Get Out” excelente, pero no compite contra “Killing It Now”, “Quitter” y “Silent Planet”.
El cierre a cargo de “Edge Of A Knife” está muy bien logrado, para redondear un disco que termina mucho mejor de lo que comienza.
La producción es símil a lo que ya se conoce de sus trabajos anteriores. La voz de Elliot es un gran acierto, un poco más cercana al heavy metal que la de su antecesor.
Seguramente no volvamos a escuchar al Crashdiet de Rest In Sleaze (2005) y Generation Wild (2009) pero con Art Of Chaos quizás Martin y Peter puedan refundar las bases de la banda que supieron ser, con las ideas frescas y acompañados de un gran cantante virtuoso como lo es John Elliot.
Etiquetas: Art of Chaos, Crashdiet, Ninetone Records, Sleaze Metal, Sweden

Una impresionante portada del artista Agostino Arrivabene nos da la bienvenida al octavo disco de la banda sueca Draconian: In Somnolent Ruin. Un título potente que nos sugiere grandeza y decadencia, delicadeza y exceso.
Esta combinación es plenamente acorde con sus voces, que conjugan la limpia y femenina de Lisa Johansson, con los guturales profundos y masculinos de Anders Jacobsson. Una perfecta sincronía entre Bella y Bestia, capaz de transportarnos a los más oscuros parajes del sueño.
La concepción platónica del alma así como el tema de la muerte, los elementos naturales y la imaginería mitológica y religiosa pueblan un conjunto de nueve canciones, casi todas cercanas a los siete minutos. Los títulos son muy sugerentes y evocadores y juegan con la sinestesia y la contraposición de elementos encontrados. De entre ellas destacaría especialmente tanto la primera “I Welcome Thy Arrow” como la última, especialmente bella, “Lethe”.
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Un elegante Doom Metal, con trazas de Death Metal Melódico, muy atmosférico, envolvente, que va creciendo en oleadas hasta elevarse en ecos de catedral. El papel de los teclados es sutil pero protagónico, especialmente en la introducción de varios de los temas. Johan Ericson se erige como principal compositor y arreglista y hace un enorme trabajo trazando el camino de las canciones, dibujando su contorno con el piano, para luego dejar paso generosamente a los riffs y solos de guitarra, a cargo del mismo músico y de su compañero Niklas Nord.
Las narraciones de Simon Bibby (My Silent Wake) le aportan un toque cinematográfico. También cuentan con la colaboración del también sueco Daniel Änghede en la canción “Anima”.
La banda, fundada en 1994 originalmente como Kerberos, se ha asentado como uno de los exponentes clásicos y más duraderos de la escena doom/death de tonos más góticos y nos tiene acostumbrados a álbumes técnicamente impecables, muy espaciados en el tiempo. Lo que aporta In Somnolent Ruin, es una versión aún más depurada de la misma fórmula tras asentarse los últimos cambios de miembros en su formación.
Se encuentran actualmente inmersos en una extensa gira que incluirá fechas en Latinoamérica, Europa, Japón y Turquía. Podremos verles en España a su paso por Dark Echoes Fest en Madrid el 25 de septiembre de 2026.

Metalmorphosis es el título que Masterplan ha puesto a su nuevo disco de estudio, luego de 13 años desde su anterior lanzamiento, el que verá la luz el próximo 26 de junio de 2026 a través de Frontiers Music. El líder de la banda Roland Grapow ha dicho al respecto que la nueva producción hace “un giro hacia un sonido más directo y contundente, reduciendo los elementos progresivos y evitando un enfoque demasiado melódico o comercial”.
La actual formación de Masterplan, compuesta por Roland Grapow (guitarras), Rick Altzi (voces), Axel Mackenrott (teclados), Jari Kainulainen (bajo) and Kevin Kott (batería), brinda a sus fanáticos un producto mejorado con respecto a su antecesor, tanto a nivel sonido como a nivel compositivo. Un disco efectivamente directo y con estribillos melódicos y gancheros.
La nueva obra de Masterplan pareciera querer volver al espíritu de los dos primeros discos de la banda. Si bien por momentos lo logran, no llegan a alcanzar la majestuosidad de esos primeros lanzamientos, aunque si se nota que la banda logra transitar, por momentos, el camino que Grapow señala.
El primer adelanto del álbum presenta una particularidad: data del año 2024 y es el tema que cierra lo que será el sexto lanzamiento de la banda. Un tema con fuerza y un riff que te atrapa desde el arranque.
La placa comienza con otro de los sencillos “Chase the light” donde en momentos de la canción aparece la voz de Graspow. Luego de un comienzo épico nos encontramos con una canción melódica y con un estribillo ganchero.
La segunda pieza de la producción, “Electric nights”, es una de las mejores canciones de la nueva obra de Masterplan. Una canción con un inicio duro y directo que se torna en melódica y power, cercana a las raíces de la banda.
En “Shadow man”, bajan un poco la velocidad para ofrecer un riff más cadencioso a lo largo de toda la canción que solo es interrumpido en la parte del solo.
Uno de los puntos altos del álbum está dado por “Bound to fall” una de las canciones que recuerda al MASTERPLAN de los primeros álbumes con un estribillo destacable.
Luego nos encontramos con “Pain of yesterday”, donde se notan influencias de la música oriental, y “Ghostlight”, un tema que no aporta demasiado al álbum.
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El tema que da nombre a la placa presenta una de las mejores partes instrumentales de este nuevo lanzamiento y las guitarras rememoran los primeros discos. No puede dejar de notarse un aire compositivo a discos de otras bandas donde Grapow ha sido participe (“The Time of the Oath”).
El tercer y último sencillo adelanto es “Through the storm”. Sin duda una de las mejores composiciones de la placa. La más cercana al power metal de vieja escuela, con un aire a anteriores bandas de los integrantes, melódica y rápida. La actuación de Altzi escapa un poco a lo que nos muestra durante todo el álbum.
Finalmente, “The call”, el tema más largo del disco, presenta un estribillo y partes instrumentales más que interesantes, contando con la participación vocal de Grapow en varias partes de la canción.
La banda parece mostrar destellos de sus mejores épocas en aquellos temas que suenan cercanos a un power metal rápido y melódico.
Debemos señalar que la voz del cantante le quita fuerza a las composiciones: es monocorde, monótona, suena parecida en la gran mayoría de los temas.
La sensación que nos deja este álbum es dudosa: no queda claro si se trata de un intento de retornar a la época dorada de la banda; o es una declaración de querer ser algo distinto como pareciera indicar el título escogido. Sea una u otra la conclusión es clara: sentimos que se queda a mitad de camino en cualquiera de las dos direcciones.
Etiquetas: Frontiers Music, Masterplan, Metalmorphosis, Power Metal

Si echamos la vista atrás y recordamos la breve euforia que se vivió en la llamada “Escena Warped“, la década pasada e incluso tres lustros atrás, podremos afirmar que dentro del llamado “SadBoi Pop Punk“, corriente donde destacaron bandas como As It Is, Neck Deep, Real Friends, Trash Boat, Citizen o Trophy Eyes, entre otros, que se llevo su momento de gloria conectando con esta escena y su público, hablamos por supuesto de American Football.
Formados en 1997 y con una primera etapa que duró hasta el año 2000, donde se convirtieron en un grupo de culto para muchos de los que estábamos creciendo escuchando el punk, el rock alternativo y el emo, junto a compañeros como Chamberlain, Saves The Day, The Get Up Kids o Texas is the Reason, entre otros, para luego en 2014 regresar de manera triunfal y certificar dicho regreso con un fantástico segundo disco homónimo, muy bien recibido tanto por el público como por la prensa especializada.
Ahora seis años después de su tercer disco, la banda vuelve con LP 4, si nunca fueron unos ases en cuanto a los títulos de sus álbumes, pero poco importa cuando la calidad musical aquí plasmada, es simplemente magnífica.
El disco ya comienza con el pie derecho, gracias a “Man Overboard” (que no chicos, no es un cover del hit popularizado por Blink 182), donde la producción es cruda, desprolija, intensa y te sumerge de lleno en el universo del disco, porque lo que siempre han tenido American Football es la capacidad de hacer de la desprolijidad y la imperfeccón, algo hermoso y único.
Vale, si “No Feeling”, tiene el gancho de contar con Brendan Yates, vocalista de Turnstile como invitado, pero lejos de sonar a triquiñuela comercial, es de recibo que este chico este, ya que aporta su color de voz y junto a Mike Kinsella, crean una atmósfera muy especial juntos y que ya quisieran para si mismos bandas como Death Cab For Cutie, en sus años dorados.
Pero por si queda alguna duda de que este disco puede ser para las grandes masas, ahí tenemos los 8 minutos y trece segundos de “Bad Moons”, donde lo único que hay que hacer es cerrar los ojos, respirar hondo y dejarse llevar por el sonido de AF, donde la tristeza y la belleza sonora se dan la mano, sin perder en ningún momento el hilo conductor del álbum y lo que este representa.
Es un tema triste y hermoso a la vez, con unas armonías muy bien planteadas y cierto toque de pesadez, pero repito, todo hecho de forma honesta y que te llega al instante.
“Blood On My Blood”, es otro ejemplo de lo que el disco quiere transmitir, con Mike interpretando muy bien la letra y transmitiendo esa melancolía propia del género que te hace imaginarte en un muelle en plena tarde de otoño con el sol que te da ese calor que las templadas temperaturas suelen presentar en esa época del año y ves de fondo tanto el río como las fábricas en la lejanía.
La vulnerabilidad y la ausencia de “Artefactos” sonoros, hacen de American Football, una banda especial, de esas con las cuales si llegas a conectar, lo harás por siempre, esperándoles lo que haga falta, porque sabes que su música te hace bien al alma.
El interludio “Lullabye”, es una caricia para esa herida que no termina de cerrarse y oxigena al disco, con una paz intranquila, pero necesaria, antes de despedir al mismo con “No Soul to Serve”, un corte que sigue la línea planteada a lo largo del álbum y que tiene esos aires de indie rock emo, que tanto nos influencio a muchos y quizás no por ser nuestro género favorito, pero si como una clara vía de escape, lejos del ruido y la toxicidad que nos rodea.
Una vez más y siendo justos, American Football ha vuelto a entregar uno de esos discos que no solamente hay que escuchar si o si durante este año y seguramente los venideros hasta que tengamos el siguiente de la banda, si no uno de esos discos, que te hace reflexionar, sonreír, llorar, emocionar y sobre todo…volver a escuchar en cualquier estado de ánimo que estés atravesando.


Si hablamos de metal extremo, todos estaremos de acuerdo en que una de las piedras angulares para entender el género y en como se desarrolló en estos últimos 40 o 50 años, es sin duda Venom, la oscura y peligrosa agrupación inglesa formada en 1979 y que hoy componen Cronos, su líder al bajo y la voz, Rage a la guitarra y La Dante en los parches.
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Tras casi ocho años sin publicar material nuevo, la banda vuelve a la carga con Into Oblivion, su decimosexto álbum, donde vuelven a evidenciar que en lo suyo, no tienen apenas rivales y siguen sonando especiales y diferentes al resto de la media.
Ya desde el inicio con el tema que da título al disco, la banda deja claro que no intenta replicar el pasado, pero si mirar al futuro con la cabeza alta y regalándonos lo mejor de si mismos en estos tiempos actuales, donde no es fácil triunfar con nuevos trabajos y más cuando tu pasado es tan glorioso como el de estos tipos.
Es clave también que hayan podido mantener el nivel de “Suciedad” en la producción, pero con la calidad que esta banda merece ya que suena pesado, veloz, orgánico, pero muy agresivo y frenético, con guiños al speed, el black primerizo, la NWOBHM y ciertas pinceladas de punk callejero.
Así pues cortes como “Lay Down Your Soul”, puede gustar tanto a un fan de Slayer como de Mötorhead, mientras que en la lejanía de “Nevermore” asoman retales de la primera época de la NWOBHM.
Por otro lado, muestran su cara más “Accesible”, en temas como “Man & Beast” o “Metal Bloody Metal”, donde coquetean con toques groove y quizás sean los momentos en donde el disco flaquea un poquito y se vuelve medio repetitivo, pero sin caer en el abismo de la mediocridad.
Y quizás el momento que más va a sorprender llega, cuando los primeros acordes de “Death The Leveller”, comienzan y el espíritu hard rockero se hace presente en el disco, muy bien ejecutado y que demuestra que estos señores aún tienen cuerda para rato.
Quizás, el tracklist se excede un poquito más de lo deseado ya que no todos los 13 cortes generan el mismo entusiasmo para el oyente, pero en su conjunto, Venom consiguen nivelar la balanza hacia el lado positivo y conseguir que tras 16 discos y más de 45 años de trayectoria, siguen sonando notables, oscuros, desafiantes y sobre todo impecables en lo que al estilo se refiere.


Parece ser que el tiempo finalmente ha puesto las cosas en su lugar y Black Veil Brides comienzan a tener el respeto y estatus que se merecen tras años siendo uno de los mejores (y más despreciados, todo hay que decirlo) grupos de su generación, quizás en su evolución hayan perdido fans por el camino, pero cuidado que con su nuevo disco Vindicate, pueden conseguir unos cuantos más.
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La banda liderada por Andy Biersack vuelve este 2026 con su séptimo trabajo y para asombro de la gran mayoría, lo hacen con uno de sus discos más cañeros (si no el que más…) hasta la fecha, evidenciando que tienen las armas cargadas y mucha pólvora aún por quemar.
La primera curiosidad es la inclusión de “Bleeders”, un tema que ya pudimos escuchar en 2024 y donde quedamos maravillados con ese sonido tan oscuro y pesado que presentaban (a ver no eran Whitechapel o Lorna Shore, tampoco nos engañemos) y que nos hizo plantear si seguirán por esa línea en su siguiente trabajo y así ha sido.
A pesar de tardar casi un lustro en publicar este disco, la banda ha afilado los cuchillos al máximo y ese inicio de “Vindicate”, así lo evidencia, con Andy cantando limpio, pero arropado por una base rítmica brutal y si, un estribillo algo más melódico de lo que nos gustaría, pero que evidencia lo mucho que ha mejorado Biersack como vocalista.
La influencia de Metallica, se deja ver en “Certainty”, con esos riffs pesados y unos screams brutales de fondo, sumados a un estribillo más coreable y marca de la casa, las guitarras de Jixx y Jake Pitts echan fuego y evidencian lo infravalorados que han estado estos dos muchachos durante toda la carrera de la banda (quizás por ser eternamente comparados con Avenged Sevenfold).
Las revoluciones bajan con el medio tiempo “Cut”, muy radiable y que podría haber estado firmado por los actuales Papa Roach, contando además con la colaboración de Lilith Czar o como todos los que crecimos en la escena conocemos a dicha artista, Juliet Simms, esposa de Andy y reconocida por haber formado parte de Automatic Loveletter.
La munición vuelve a ser cargada y explota con el binomio “Alive”, uno de los cortes más cañeros de la banda hasta la fecha y el bombazo “Revenger”, donde para sorpresa de todos cuentan con la colaboración especial de Rob Flynn, vocalista de Machine Head, amigo de la banda y el cual aporta su característica voz al corte, siendo una de las joyas del disco y junto a “Alive”, de lo mejorcito del mismo.
Pero crees que se ha terminado aquí?, espera a escuchar “Sorrow”, un pelotazo de metal moderno que ya quisieran para si mismos Architects o Bullet For My Valentine, donde la banda da una clase de como sonar modernos y contundentes a la vez, sin perder la esencia de la banda.
El disco guarda otro pequeño (gran) tesoro en “Ave Maria”, con un comienzo trepidante, agresivo y unas voces imponentes de Andy tanto en los momentos gritados como en los melódicos, aquí tenemos, posiblemente, la mejor canción del álbum y quizás una de las mejores en toda la carrera de la banda norteamericana.
El disco cierra su ciclo con “Woe & Pain”, un cañonazo más para dejar noqueado al oyente y que quizás hubiese ganado algún punto más, de haber estado un poquito más hacia la mitad del álbum pero que sin embargo, lo cierra de manera más que notable.
Así pues, Black Veil Brides suman otro gran disco a su catálogo, demostrando que casi después de 20 años de carrera, aún tienen mucho para decir y de manera bastante más destacada e interesante que muchos de sus compañeros de profesión, que no es poco.



