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Inmydreams – Seduced By A Moonlight Kiss (2026)
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Por: GABRIEL GUTIÉRREZ 
Ciudad de México

Escuchar black metal de calidad y con cierta originalidad proveniente de México no es algo habitual, pero es menos habitual escuchar black metal sinfónico, con unos tintes de gothic metal bastante pronunciados muy en la escuela de este subgénero del black metal de finales de los 90 principios del 2000.

In My Dreams (o InMyDreams) es una banda de la Ciudad de México, formada en 1996, hace 30 años, sin embargo, solo estuvieron activos dos años para después pasar por un letargo de 22 años y retomar su curso en el 2020.

Para el 2023 editaron su primer álbum Melancholy Tales, posteriormente, en 2025 lanzaron un EP titulado Salacia, y hace menos de un mes presentaron en sociedad su segundo álbum Seduced By A Moonlight Kiss.

Seduced By A Moonlight Kiss está compuesto por siete canciones, con duración promedio de cada track de 4 minutos, logrando una entrega por arriba de los 30 minutos (poco menos y se queda como EP); es un álbum ambicioso, bien trabajado, donde se denota entusiasmo, pasión y presupuesto en la grabación.

In My Dreams no están reescribiendo el género, ni están creando algo nuevo, sin embargo, lograron crear un álbum que se escucha fresco y de calidad pero con la esencia de los finales de los 90 principios del 2000, algo no muy común en nuestros días, donde la brutalidad y lo sucio es lo más representativo delgénero a nivel nacional.

Musicalmente podría ponerlo en un limbo entre la era Nymphetamine (2004) de Cradle Of Filth, un poco del Puritanical Euphoric Misanthropia (2001) de Dimmu Borgir, con pequeños toques en ciertos pasajes del Redimus (2004) de Hecate Enthroned, pero lo que más me sorprendió sin duda fue la gran influencia que noté de los rusos Tvangeste y su álbum Firestorm del 2003.

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La composición musical es impresionante, mantienen este aire del black metal sinfónico, pero lo mimetizan con un gothic metal en los pasajes y las atmosferas, y de igual forma logran integrar unos solos realmente impresionantes e infernales como en la canción “Seducing The Night”; si bien la estructura de las canciones es muy semejante, y hasta en ciertos puntos predecible no resulta un álbum cansado o monótono.

Vocalmente me parece que la voz gutural es magnífica, con tonos muy en la línea de los noruegos de Ancient, pero se nota un buen trabajo y control de las tonalidades vocales; sin embargo, en la parte de las voces claras (no narradas) creo que no son su fuerte, desconozco si Jodream (Jonathan Velázquez) ejecuta las tres partes vocales (gutural, claras y narradas), pero sin duda alguna las voces claras al no ser las mejores en armonía opacan un poco logeneralmente bueno del álbum.

Líricamente creo que tienen un tema muy clavado con la luna, ya que se menciona en el título y en 3 de 7 canciones; de igual forma les gusta seducir ya que hay dos canciones con referencia a la seducción y finalmente Selene está muy presente, no estoy seguro si como una deidad o como un viejo amor del compositor.

En general es un buen álbum, con buenas atmosferas, se siente un álbum con temática, con narrativa y que guarda coherencia entre canciones, desde la parte rítmica, estructural y proyección vocal.

Esperemos que In My Dreams siga creando más black metal sinfónico de calidad, que consideren tener algún vocalista adicional para las partes claras, pero sobre todo que sigan creando esos pasajes oscuros y melancólicos que tanta falta hacen en el genero.

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Anneke Van Giersbergen – La Mort (2026)
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La “tía”Anneke van Giersbergen presenta La Mort, su nuevo material discográfico que forma parte de una trilogía musical de ensueño. Es un EP corto pero cargado de contenido emocional. Trata temas difíciles: la pérdida, el duelo y la reconstrucción personal. No es un trabajo de metal, aunque la sensibilidad de la cantante siempre conecta con ese mundo. Es una obra ecléctica. Pasa de momentos acústicos mínimos a arreglos más complejos y se nota que es un proyecto muy personal, casi una catarsis necesaria tras años de carrera.

La voz de Anneke es el centro de todo. Sigue teniendo esa claridad única, pero acá le suma una carga de vulnerabilidad mayor. En temas como “La Mort”, la interpretación es desgarradora sin necesidad de sobreactuar. La producción es inteligente. No satura las canciones de instrumentos. Deja que la melodía respire. “After Life” muestra su faceta más melódica y accesible, funcionando como un contrapunto necesario a la densidad del resto del material. La mezcla del álbum es limpia, permite apreciar los matices de su respiración y los detalles de las cuerdas con total nitidez.

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Lo mejor de este lanzamiento es la honestidad interpretativa. Anneke no se esconde detrás de grandes producciones. Se expone. La capacidad para transformar el dolor en belleza es su mayor virtud en este disco. También destaca la variedad de texturas en apenas unos pocos tracks. Lo peor es la brevedad. Al ser un EP, el concepto se siente comprimido. Cuando empezás a entrar en el clima que propone la música, el disco se termina. Además, esa misma diversidad de estilos puede resultar un problema para la cohesión del conjunto. Por momentos parece una colección de ideas sueltas más que una obra integral. El salto entre lo acústico y lo más orquestado es un poco brusco para un formato tan corto.

Comparado con su etapa en The Gathering o sus trabajos más rockeros, La Mort es un retiro a la intimidad absoluta. Si lo ponemos junto a The Darkest Skies Are Bright, este EP se siente menos lineal y un poco más experimental en su instrumentación. La originalidad acá no es el objetivo principal; el objetivo es el sentimiento puro. Anneke ya es una marca en sí misma. Sus seguidores saben qué esperar, pero este nivel de introspección puede alejar a quienes todavía buscan su lado más potente o sinfónico. Es un disco para escuchar en soledad.

Este contenido parecería ser una mirada hacia atrás para poder saltar hacia lo nuevo. La ejecución técnica es perfecta, algo que ya es costumbre en ella. Falta ese desarrollo que un álbum largo permite para que las atmósferas terminen de cuajar del todo. Es un material para coleccionistas y para quienes disfrutan de su evolución hacia terrenos más cancioneros y emotivos. Falta conocer la última pata de la historia y ahí podremos disfrutar y entender el concepto de la historia.

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Tykketo – Closer to the Sun (2026)
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Sinceramente cuando me enteré de que Tyketto sacaba Closer to the Sun en 2016, tenía mis dudas, es difícil competir con la sombra de un clásico como Don’t Come Easy y Strength in Numbers, pero desde que arranca el primer riff te das cuenta de que no vienen a cumplir por compromiso.

El disco suena honesto, real y con un estilo clásico como pocos, se siente como un grupo de amigos que todavía tiene algo que quemar en sus vidas.

Lo de Danny Vaughn es de otro planeta, es absurdo que este señor siga cantando así después de tantos años; tiene una voz que te abraza y te pega un puñetazo al mismo tiempo, en este álbum no se dedica solo a dar agudos porque sí, sino que mete una carga emocional en temas como “Closer to the Sun”, se nota que las letras vienen de un lugar más maduro, hablando de la vida, el paso del tiempo y esa búsqueda constante de algo mejor, sin caer en los clichés baratos de “chica conoce chico” de los 80.

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Mucha gente lloró la salida de Brooke St. James, pero vamos a ser realistas, Harry Scott entró con toda la actitud, el trabajo de guitarra en este álbum es una delicia, Harry le dio a Tyketto un brillo un poco más moderno y pesado, pero sin perder ese punch melódico que los hace únicos, también el aporte del gran baterista Johnny Dee le dio ese toque especial, escuchar canciones como “Starts with a Feeling” es un recordatorio de que el hard rock no está muerto, solo necesitaba músicos que pusieran el corazón en el mástil en lugar de solo tocar escalas a toda velocidad.

Lo que más me gusta del disco es que no intenta ser un clon de sus éxitos pasados, hay momentos donde se ponen casi acústicos, con aires folk y armónicas que te transportan a una carretera polvorienta, y de repente te sueltan un cañonazo como “Hit Me Where It Hurts”, esa variedad hace que el álbum no se te haga pesado, no es el típico disco que escuchas una vez y olvidas; tiene capas que vas descubriendo con cada escucha, especialmente en los arreglos de teclado y la base rítmica.

Al final del día, Closer to the Sun es la prueba de que Tyketto es mucho más que “Forever Young”, es un álbum valiente que suena a gloria en los altavoces y que demuestra que si tienes buenas canciones y un cantante excepcional, no necesitas modas.

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Nervosa – Slave Machine (2026)
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Las metaleras internacionales (aunque con origen brasileño por parte de casi todas sus integrantes) Nervosa vuelven este 2026 con su nuevo trabajo Slave Machine, el cual llega tras tres años desde su último lanzamiento Jailbreak y con el cual pretenden demostrar que aún tienen mucho para decir dentro de su escena.

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Con doce nuevos tracks y la novedad que ha supuesto el regreso triunfal de Michaela Naydendova a los parches, tras la salida de Gaby Abud hace unos meses, Nervosa sigue la línea marcada con sus dos trabajos anteriores (Perpetual Chaos y el ya mencionado Jailbreak), pero mostrando varias pinceladas de evolución en su sonido sin perder la garra y ese sonido feroz que las caracteriza.

Ya con el potente y brutal sonido de “Impending Doom”, vemos que la banda ha trabajado mucho las voces, teniendo en cuenta que hace dos discos, tenían a una de las mejores cantantes del género entre sus filas y ya no está con ellas, sin embargo, he de admitir que Prika suena como nunca en este disco y esta canción es solo un pequeño (gran) rasguño que de sirve de antesala para lo que vamos a escuchar en el resto del álbum.

El corte que da título al álbum y “Ghost Notes”, son dos cortes más lineales, pero que se complementan bastante bien entre si, aunque quizás, me hubiese gustado algo más de riesgo en la segunda.

Las guitarras de Helena, siguen siendo el punto clave, destacado y fundamental de Nervosa, sin caer en las comparaciones, pero ella sería a Nervosa lo que Taina significa para Crypta.

Para el ecuador del disco, encontramos lo que muchos buscamos, un poquito de diversidad y contundencia, pero sin repetir los mismos patrones habituales del género, por este motivo “Hate”, es una de las mejores piezas del disco, con Prika desgarrando su garganta y transmitiendo ese poder y esa brutalidad que el tema necesita, combinando a la perfección elementos del thrash y el death metal en las mismas proporciones.

Otro gran ejemplo sería “Crawling For Your Pride”, donde el volumen y la conjunción de todas es abrumadora y muestra a un grupo muy sólido que sabe donde está parado, donde quiere llegar y la mejor forma para lograrlo.

Es muy reconfortante ver como las chicas se han puesto las pilas en serio, saliendo un poquito del sonido enlatado propio del thrash, para con diversos guiños, elementos y composiciones mucho más interesantes, entregar una obra tan completa como esta, pero sin perder su esencia.

“Speak in Fire”, cierra el disco con un corte mucho más “Old School”, que hará las delicias de los seguidores clásicos del estilo, dejando en evidencia la gran mano que tienen Nervosa a la hora de plasmar el sonido más prototípico del género.

Escuchando estas nuevas composiciones de Helana Kotina, Prika Amaral y compañía, podemos afirmar que, en efecto, las chicas han puesto toda la carne en el asador para entregar uno de los mejores discos de su carrera hasta la fecha, demostrando que cuando quieren, pueden y con creces.

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Gaerea – Loss (2026)
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Los portugueses Gaerea ganaron mucha popularidad en la escena del black metal actual. Tanto, que han logrado convencer a público ajeno a este particular subgénero.
Esto fue notado por la banda, que de a poco comenzó a correrse de este género, pero sin olvidarlo, sino agregándole matices y otros sonidos para ampliar su audiencia.
Esto nos lleva a su nuevo trabajo, Loss, donde más allá de su sonido extremo, nos encontramos con momentos pop.
La primera mitad del álbum consta de temas pesados, con una gran presencia de blast beats y riffs punzantes. A su vez, se perciben momentos más cercanos al post-hardcore en los estribillos o en algunas secciones con breakdowns. Estos buscan ser melódicos, emotivos y pegadizos, con la clara intención de quedar grabados en la memoria auditiva del oyente.
La voz adquiere más matices, pasando de gritos propios del black metal a registros más cercanos al hardcore, sumando además la novedad de voces limpias. Estas se acercan mucho al pop actual, y su presencia aumenta en la segunda mitad del disco.
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En esta segunda parte, el pop meloso entra en la mezcla y, por momentos, desentona. Si bien se percibe un intento de integrarlo, en varios pasajes se siente forzado: aparece de golpe, sin una transición clara ni justificación dentro del desarrollo de la canción.
Sin embargo, una vez finalizado el disco y tras procesarlo, queda en evidencia que esta incursión responde a una intención puramente comercial.
El audio del disco es muy bueno, permitiendo apreciar todos los detalles de las trabajadas composiciones. Las guitarras, por momentos, son graves y pesadas, recordando al metalcore actual, mientras que en otros ejecutan trémolos agudos y ensordecedores. Estos últimos sobreviven como vestigio del sonido original de la banda, ligado a sus raíces en el black metal.
El bajo no se limita a acompañar, sino que constantemente aporta arreglos que enriquecen las canciones, aunque en ciertos momentos también cumple el rol de reforzar el peso y la agresividad.
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La batería es extremadamente precisa y compleja, sin caer en lo excesivamente técnico o monótono. Si bien el uso del blast beat y los breakdowns es predominante, también busca aportar variedad rítmica constante, incluyendo fills y pequeños detalles que hacen destacar distintos pasajes del álbum.
Para ejemplificar, el corte de difusión “Submerge” logra un gran balance entre los elementos más accesibles y la agresión buscada, generando climas interesantes donde cada parte se siente orgánica y genuina, en línea con lo que ocurre en la primera mitad del disco.
En cambio, en temas como “Nomad” o “Stardust”, el componente pop radial actual suena forzado y no termina de encajar con el resto de la propuesta más pesada y agresiva.
Gaerea está claramente en la búsqueda de convertirse en una banda más grande y masiva, y para ello ha sacrificado parte de sus orígenes y su característico clima ritualístico. Donde antes buscaban generar introspección y atmósferas densas, ahora apuntan a captar a un público más amplio y contemporáneo.
Loss no es un mal disco, pero sí funciona como testimonio de una banda que ha decidido alejarse de sus raíces en pos de alcanzar una mayor audiencia.

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遠人之歌 – 天問 (2026)
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El debut de 遠人之歌 (Sounds of Alienation), “天問” (Tianwen), llega poco después de la formación de la banda en 2025 y tras una serie de adelantos publicados a inicios de 2026. Editado por Pest Productions, el disco presenta a un grupo que no pierde tiempo en definir su propuesta. Desde el primer contacto queda claro que su enfoque dentro del Black Metal no busca encajar en tendencias recientes más suavizadas, sino mantener una base oscura y directa, incorporando otros matices sin convertirlos en el eje principal del sonido.

El recorrido del álbum arranca con “萬千落木” y se extiende hasta “無垢無傷”, dejando un conjunto de canciones donde la melancolía tiene un peso constante. A nivel musical, el grupo trabaja con ritmos densos y una sensación arrastrada que en varios momentos se acerca a terrenos más cercanos al Doom, especialmente en cómo se construyen las atmósferas. En temas como “鑿石見火” o “烏金覆身”, esa mezcla se hace evidente: partes más contenidas y oscuras que de repente se abren hacia pasajes más intensos cuando la base Black Metal toma protagonismo.

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La producción juega un papel importante en cómo se percibe el disco. No es un sonido excesivamente pulido ni orientado a la perfección técnica, sino más bien una grabación que prioriza capturar el ambiente de las canciones. Aun así, cada instrumento se distingue con claridad. El bajo, en particular, destaca por su presencia y por los cambios en la forma de tocar a lo largo del álbum, alternando diferentes técnicas que aportan variedad dentro de la base rítmica sin perder coherencia.

En lo compositivo, hay una búsqueda evidente de identidad. “卷土歸山” es uno de los ejemplos más claros, con un desarrollo más amplio y una estructura que se acerca a lo progresivo dentro de su propio lenguaje. A lo largo del disco se perciben intentos de expandir la fórmula, añadiendo capas y variaciones que apuntan a una dirección propia, aunque todavía en construcción. Esa intención se mantiene constante en los aproximadamente 40 minutos que dura el álbum.

Las letras y el enfoque general refuerzan ese tono introspectivo y distante que atraviesa todo el trabajo. Sin recurrir a excesos ni a fórmulas más modernas del género, la banda construye un ambiente centrado en la sensación de aislamiento y peso emocional. “天問” (Tianwen) presenta así a Sounds of Alienation como un proyecto que, desde su primer lanzamiento, ya deja ver una base clara sobre la que seguir desarrollándose.

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UADA – Interwoven (2026)
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Uada lanzó Interwoven y lo primero que queda claro es que la banda decidió profundizar en su propia identidad. Ya no tiene sentido compararlos con la sombra de otras bandas europeas. Han construido un camino donde la melodía. El disco se siente como un tejido apretado de riffs que no buscan la agresión, sino una atmósfera casi hipnótica. Es un trabajo que muestra una madurez técnica con una estructura de las canciones que si bien es compleja tambien es accesible para quien ya sigue este estilo.

El sonido es impecable. Se nota una evolución hacia una nitidez que permite apreciar cada capa de las guitarras. No hay una base rítmica plana; hay un diálogo permanente entre las melodías. El balance entre los momentos de velocidad y las partes más atmosféricas está bien logrado. No se siente como un álbum de black metal genérico. Hay un aire progresivo que refresca la propuesta y le da una dinámica distinta a lo que venían haciendo anteriormente.

Jake Superchi demuestra un control total de su registro. Sus gritos tienen una carga emocional que encaja con la temática del disco. No abusa de los agudos; sabe cuándo retroceder para que la música tome el protagonismo. La batería es otro punto alto. La ejecución es precisa y variada. No se limita a los ritmos constantes, sino que aporta matices que enriquecen las transiciones. La solidez rítmica es lo que permite que las guitarras vuelen con tanta libertad sin que la canción se desarme en los pasajes más densos.

En cuanto a la originalidad, Interwoven es un paso adelante. Si bien mantienen las raíces del black metal melódico, la forma en que estructuran los temas se siente más propia. El uso de ganchos melódicos es su mayor virtud. Sin embargo, hay que señalar que esta pulcritud puede alejar a los puristas del género. El disco suena muy controlado, casi demasiado calculado en algunos tramos. Esa perfección técnica le resta un poco de esa urgencia que suelen tener las producciones más crudas. Es una elección estética que los posiciona en un lugar diferente, más cercano a lo épico y profesional.

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Lo mejor del álbum es la coherencia. Cada tema parece una extensión del anterior, las canciones más largas no se sienten estiradas por compromiso. Tienen cambios de ritmo internos que mantienen el interés. Lo menos logrado podría ser que, por momentos, la fórmula de las guitarras gemelas se vuelve previsible. Sabés que después de un riff denso va a venir una melodía coreable. Es efectivo, pero le quita el factor sorpresa a medida que avanza el minutaje del disco.

La gran sorpresa es el cover de Nirvana. “Something in the Way” es una elección arriesgada que podría haber salido mal. Uada la hace propia. Transforman la melancolía grunge en una pieza de oscuridad absoluta. Respetan la esencia minimalista de la original pero la cargan de texturas densas y una atmósfera sofocante. Es el momento donde la banda muestra su capacidad para procesar influencias ajenas y escupirlas con su sello personal. Funciona como un cierre que deja una sensación de vacío inquietante, demostrando que tienen los pies en el barro pero la cabeza en la experimentación.

La propuesta es ambiciosa. Han logrado un disco que suena grande, espacioso y lleno de detalles. No hay espacio para el relleno. Cada arreglo tiene una función específica dentro del concepto general. Es un material que reafirma a la banda como una de las que mejor entiende cómo llevar el metal extremo hacia un terreno más melódico sin perder la esencia oscura. La ejecución es de un nivel profesional que destaca sobre la media actual.

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Party Cannon – Subjected to A Partying (2026)
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Party Cannon saca nuevo disco y sus fans pueden estar de enhorabuena porque entrega justamente lo que uno espera de ellos: distorsión, batería frenética, chistes gruesos, gore y una cantidad significativamente mayor de pig squeals y sonidos de drenaje que palabras propiamente dichas. 

La banda ya ha advertido en diversas ocasiones que escucharles hará que se reduzca nuestro coeficiente intelectual, algo que les valdrá la pena a todos aquellos a quienes les guste gente como Gutalax, Internal Bleeding, Sanguisugabogg y todo este fantástico y loco mundo de deathgrind/slam/deathcore satírico.

Y es que aunque todo parezca caos y entropía, saben muy bien lo que hacen. Procedentes de Escocia, llevan más de quince años dando tumbos por el mundo, comenzando en el underground y la autoedición para crecer poco a poco y siendo este “Subjected to A Partying” su novena grabación, esta vez con la californiana Unique Leader Records. 

Con una irreverente portada estilo cómic y la presencia inestimable de su mascota, Skeleton man (cabeza gigante de esqueleto, cuerpo de señor a menudo sin camiseta), su mensaje está más que claro: o estás a tope con nosotros o mejor ni te acerques.

El álbum se compone en realidad de tres partes y viene además especiado con varios insertos de audio muy cachondos:

La primera parte agrupa sus cuatro singles con videoclip, todos ellos con cierto rollo retro con grano en la imagen. De estos, tres se centran en celebrar los directos de la banda, intercalando otras imágenes más cinematográficas… pero el restante llama especialmente mi atención, por ser el más elaborado y, en mi opinión, la canción más animada y memorable del disco: estoy hablando por supuesto de “Thirst trap”, cuyo videoclip dirige Calum McMillan y que contiene una abrumadora cantidad de productos lácteos. También quisiera destacar “Improper Use of a Speculum”, que comienza con un largo grito de guerra y cuyas letras son, bueno… digamos que “profundamente interesantes”.

La segunda parte ofrece tres canciones remix que hacen parodia precisamente del propio hecho de remezclar canciones, sea en lo techno o en lo orquestal (“High Tariff Overture – Ritual Remix” explora largamente esto último).

Finalmente tenemos tres directos: los dos primeros proceden de su actuación en Glasgow de 2025, como teloneros de Nekrogoblikon, a los cuales agradecen efusivamente la oportunidad en el audio. La última pista, que también podemos disfrutar en vídeo oficial, es una grabación de su participación el mismo año en el festival Obscene Extreme con la canción “Human Slime”, durante la cual ponen al público a hacer flexiones y desatan un torbellino de anarquía en el que no podían faltar disfraces, colchonetas hinchables, volteretas, más público subido al escenario que abajo y desde luego hombres sudorosos totalmente desnudos. Lo que ellos probablemente llaman “un martes cualquiera”.

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Empire of Disease – While Everything Collapses (2026)
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Hay bandas que te entran por curiosidad y otras que te golpean en directo y ya no las sueltas. A Empire of Disease los tenía en el radar desde hacía un tiempo, pero fue en el Resurrection Fest 2025 cuando realmente me hicieron girar la cabeza y prestar atención de verdad. Allí no hubo filtros ni segundas oportunidades: lo suyo fue impacto inmediato, actitud y una descarga que se quedaba contigo horas después. Lo que traen ahora con While Everything Collapses no es casualidad ni un paso más sin intención: es la confirmación de una banda que sabe muy bien a lo que juega, que tiene claro su sonido y que no pierde el tiempo en rodeos innecesarios.

Desde el arranque con “The Beast Inside Me” esto va directo al cuello, sin aviso y sin concesiones. Riffs afilados que cortan en seco, un bajo que no se esconde en ningún momento y una sensación constante de empuje hacia adelante que no da tregua. “Depravity” aprieta aún más con ese punto melódico que engancha sin suavizar el golpe, dejando un solo que se queda dando vueltas, mientras que “No Risk, No Glory” baja ligeramente la velocidad pero mantiene la tensión con una mala leche muy bien medida. Aquí no hay postureo ni relleno: todo está calculado para que cada tema entre directo, funcione y deje marca sin necesidad de adornos innecesarios.

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Cuando sueltan el freno, aparecen momentos que levantan polvo de verdad y donde la banda se siente especialmente cómoda. “The Art of Manipulation” pide directo y sudor, de esos cortes que en sala pequeña se convierten en caos organizado y cuerpos chocando sin parar. “Torture Chamber” es puro castigo sin respiro, una descarga continua que no da espacio para levantar la cabeza, y “Hamunaptra” acelera hasta ese punto donde el cuerpo ya reacciona solo. Incluso el tema título, “While Everything Collapses”, mete detalles más cercanos al thrash sin perder el filo, con una batería que aprieta sin descanso y unos riffs que mantienen la tensión en todo momento.

El cierre con “More than a Hundred” cambia ligeramente el paso, arranca con cierta calma engañosa que parece abrir otra vía, pero poco a poco va creciendo en peso y densidad hasta recuperar ese tono agresivo que domina el disco. Aquí se percibe otra intención, otra forma de construir sin perder identidad, dejando ver que hay más recorrido del que parece a primera escucha. No todo es velocidad: aquí también hay intención y músculo para sostener algo más que un simple bombardeo.

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Defying Decay – Synthetic Sympathy (2026)
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Al igual que pasa con su vecina del sur Indonesia, Tailandia no será un titán de la producción de material metalero en el mainstream, pero que parece tener una cantidad grande de artistas de metal extremo, o al menos un puñado con una gran cantidad de lanzamientos en el under extremo. ¿Habrá algún programa para entrenar bandas de death metal en esa zona? ¿O de grindcore? Así que ciertamente Defying Decay me tomó un tanto desprevenido cuando su disco me llegó al mail.

Definidos como “una de las bandas que más viene ascendiendo en la escena metalera tailandesa”, según una reciente entrevista con Kerrang!, Defying Decay vienen hace un largo tiempo llamando la atención en su país. Y no lo digo sólo en el mundo de la música, siendo que en 2021 lanzaron una canción llamada “The Law 112: Secrecy and Renegades” atacando la ley local que prohíbe criticar a la familia real tailandesa, que plantea penas de hasta 15 años de prisión: si le sumamos que lo hicieron durante el gobierno militar que estaba gobernando Tailandia en ese momento, es refrescante encontrar de vez en cuando una banda de metal que se oponga a gobiernos dictatoriales en estos días.

Su nombre podrá sugerir alguna banda de death metal técnico, pero las cosas con Defying Decay están bastante alejadas del metal extremo: la banda define a su estilo como “hyperpop metal”, y habiendo escuchado su tercer álbum Synthetic Sympathy no creo que mientan. A lo largo de sus 14 canciones (bueno, 12 canciones, una intro y un interludio) es un combo súper ajustado de riffs pesados, electrónica, mezcla de voces limpias y gritadas, estribillos de corte pop y algún que otro pasaje rapeado. O sea, la misma manera en la que ha venido sonando el metal melódico mainstream durante la última década y monedas, esa actualización de la onda Linkin Park que grupos onda A Day To Remember popularizaron hace un tiempo.

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Sí, las influencias en el sonido de Defying Decay están a flor de piel: creo que cada semana debo cruzarme con dos o tres discos de bandas “grandes” de este estilo a los que algún video de TikTok me quiere vender como que está “revolucionando el metal” y lo único que logran es que termine confundiendo entre ellos. Si no me hubieran avisado que Defying Decay eran de Tailandia habría asumido que eran otro grupo occidental onda Bad Omens, Sleep Token, PRESIDENT o cualquier otro conjunto “pop metal” de la misma calaña.

Dicho esto, no creo ser la mejor autoridad al momento de andar pidiendo “total y completa originalidad” en el área de la musiquita. Me gusta cuando mi rock psicodélico suena bien sesentas, me gusta mi rock progresivo bien setentas, admito que me debo escuchar cada grupo de AOR editado por Frontiers Records, y SeeYouSpaceCowboy hicieron de mis discos favoritos del 2024 sonando como cualquier grupo de metalcore del 2008: estaré abierto a la comida exótica, pero jamás le dije que no a una carne con papas bien hecha sólo porque haya comido otra carne con papas bien hecha el día anterior. Y en el mundo del “electropop metal” o como sea que quiera llamarlo, este Synthetic Sympathy sería una carne recalentada que quedó de ayer con unas papas que no son la gran cosa pero tampoco son desagradables. ¿Se nota que tengo hambre? Dejemos las comparaciones con comida y metámonos al disco.

Synthetic Sympathy es un disco un tanto plástico, un tanto (demasiado) sobreproducido por momentos. Como muchas bandas de pop metal, Defying Decay tienen la mala costumbre de llenar sus canciones de teclados, programaciones y cuerdas al punto de que sea complicado distinguir qué es una programación y qué es una guitarra o una batería. Me recuerda a estar escuchando los últimos discos de HYDE antes de que se presentara en 2025 en Buenos Aires, con ese rejunte electro punk rock recargado hasta el hartazgo. Pero… ¿será esa la idea con Defying Decay? ¿O al menos con este álbum? El disco tiene la palabra “sintético” en su título, así que asumo que habrá alguna intención artística detrás de ello.

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Y sonar “digital” no es necesariamente un pecado: Graceland es uno de los grandes discos de pop de los ochentas a pesar de sufrir el síndrome de “batería Phil Collins”. Y en el caso de Synthetic Decay, hay algo adictivo en lo artificial que suena todo, como una de esas bebidas energizantes con nombres de sabores imposibles. “Built To Fall” es predecible en la manera en la que su intro lenta y electrónica, marcada por la voz de Jay Poom Euarchukiati, llega a la palabra “fall” para aumentar la intensidad, mientras los riffs van acompañados por el sonido de la orquesta, como si fuera un tráiler de un videojuego. Horriblemente manipulador, creo que la escuché como quince veces seguidas de lo desvergonzada que era: 10/10.

Defying Decay tienen muchos de sus mejores momentos cuando aumentan la velocidad: “RX Regicide” es frenética, acompañando la voz de Jay con unas guitarras punzantes mientras es acompañado por Kellin Quinn de Sleeping With Sirens. “21 Stitches” también es otra muy intensa, al igual que “Debris”. “Clouds” tiene a Jay acompañado por Violette Wautier, una cantante tailandesa que parece ser una súper estrella pop en su país de origen. Y la mezcla de ambos funciona bastante bien, incluso con la dosis extra de melosidad que la presencia de Wautier aporta. 

Hablando de melosidad, a veces el álbum se pasa con eso, como en la totalidad de “Last Reply” (la mezcla de voces en la primera parte parece de algún hit de los noventas que pasarían por la Aspen), en “Clouds” o en “MEANiNGLESS!”, donde la acumulación de efectos electrónicos y Autotune se vuelve demasiado. Pero a pesar de ello, es algo que me imagino que tiene un público al que entiendo: todo el álbum tiene una intensidad peculiar y todas las canciones tienen algún elemento particular destacable, más allá de que sienta o no que usen ese elemento para construir algo más grande.

Synthetic Sympathy es un álbum con un montón de cosas para llegarle a un montón de públicos diferentes, con una propuesta digerible siempre y cuando no esperes que todos los discos de “metal” deban sonar como un álbum de Motörhead. Sonido ultra pulido, voces puestas de manera milimétrica, guitarras que hacen bien lo suyo como base y de vez en cuando reciben la luz de los reflectores, riffs medio simples pero pesados, y con un Jay que ciertamente tiene una gran habilidad para manejar muchos estilos diferentes. Si tenés que escuchar un disco de pop metal este año, Defying Decay trae de las propuestas más decentes que haya escuchado últimamente.

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Inmydreams – Seduced By A Moonlight Kiss (2026)
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Por: GABRIEL GUTIÉRREZ 
Ciudad de México

Escuchar black metal de calidad y con cierta originalidad proveniente de México no es algo habitual, pero es menos habitual escuchar black metal sinfónico, con unos tintes de gothic metal bastante pronunciados muy en la escuela de este subgénero del black metal de finales de los 90 principios del 2000.

In My Dreams (o InMyDreams) es una banda de la Ciudad de México, formada en 1996, hace 30 años, sin embargo, solo estuvieron activos dos años para después pasar por un letargo de 22 años y retomar su curso en el 2020.

Para el 2023 editaron su primer álbum Melancholy Tales, posteriormente, en 2025 lanzaron un EP titulado Salacia, y hace menos de un mes presentaron en sociedad su segundo álbum Seduced By A Moonlight Kiss.

Seduced By A Moonlight Kiss está compuesto por siete canciones, con duración promedio de cada track de 4 minutos, logrando una entrega por arriba de los 30 minutos (poco menos y se queda como EP); es un álbum ambicioso, bien trabajado, donde se denota entusiasmo, pasión y presupuesto en la grabación.

In My Dreams no están reescribiendo el género, ni están creando algo nuevo, sin embargo, lograron crear un álbum que se escucha fresco y de calidad pero con la esencia de los finales de los 90 principios del 2000, algo no muy común en nuestros días, donde la brutalidad y lo sucio es lo más representativo delgénero a nivel nacional.

Musicalmente podría ponerlo en un limbo entre la era Nymphetamine (2004) de Cradle Of Filth, un poco del Puritanical Euphoric Misanthropia (2001) de Dimmu Borgir, con pequeños toques en ciertos pasajes del Redimus (2004) de Hecate Enthroned, pero lo que más me sorprendió sin duda fue la gran influencia que noté de los rusos Tvangeste y su álbum Firestorm del 2003.

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La composición musical es impresionante, mantienen este aire del black metal sinfónico, pero lo mimetizan con un gothic metal en los pasajes y las atmosferas, y de igual forma logran integrar unos solos realmente impresionantes e infernales como en la canción “Seducing The Night”; si bien la estructura de las canciones es muy semejante, y hasta en ciertos puntos predecible no resulta un álbum cansado o monótono.

Vocalmente me parece que la voz gutural es magnífica, con tonos muy en la línea de los noruegos de Ancient, pero se nota un buen trabajo y control de las tonalidades vocales; sin embargo, en la parte de las voces claras (no narradas) creo que no son su fuerte, desconozco si Jodream (Jonathan Velázquez) ejecuta las tres partes vocales (gutural, claras y narradas), pero sin duda alguna las voces claras al no ser las mejores en armonía opacan un poco logeneralmente bueno del álbum.

Líricamente creo que tienen un tema muy clavado con la luna, ya que se menciona en el título y en 3 de 7 canciones; de igual forma les gusta seducir ya que hay dos canciones con referencia a la seducción y finalmente Selene está muy presente, no estoy seguro si como una deidad o como un viejo amor del compositor.

En general es un buen álbum, con buenas atmosferas, se siente un álbum con temática, con narrativa y que guarda coherencia entre canciones, desde la parte rítmica, estructural y proyección vocal.

Esperemos que In My Dreams siga creando más black metal sinfónico de calidad, que consideren tener algún vocalista adicional para las partes claras, pero sobre todo que sigan creando esos pasajes oscuros y melancólicos que tanta falta hacen en el genero.

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Anneke Van Giersbergen – La Mort (2026)
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La “tía”Anneke van Giersbergen presenta La Mort, su nuevo material discográfico que forma parte de una trilogía musical de ensueño. Es un EP corto pero cargado de contenido emocional. Trata temas difíciles: la pérdida, el duelo y la reconstrucción personal. No es un trabajo de metal, aunque la sensibilidad de la cantante siempre conecta con ese mundo. Es una obra ecléctica. Pasa de momentos acústicos mínimos a arreglos más complejos y se nota que es un proyecto muy personal, casi una catarsis necesaria tras años de carrera.

La voz de Anneke es el centro de todo. Sigue teniendo esa claridad única, pero acá le suma una carga de vulnerabilidad mayor. En temas como “La Mort”, la interpretación es desgarradora sin necesidad de sobreactuar. La producción es inteligente. No satura las canciones de instrumentos. Deja que la melodía respire. “After Life” muestra su faceta más melódica y accesible, funcionando como un contrapunto necesario a la densidad del resto del material. La mezcla del álbum es limpia, permite apreciar los matices de su respiración y los detalles de las cuerdas con total nitidez.

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Lo mejor de este lanzamiento es la honestidad interpretativa. Anneke no se esconde detrás de grandes producciones. Se expone. La capacidad para transformar el dolor en belleza es su mayor virtud en este disco. También destaca la variedad de texturas en apenas unos pocos tracks. Lo peor es la brevedad. Al ser un EP, el concepto se siente comprimido. Cuando empezás a entrar en el clima que propone la música, el disco se termina. Además, esa misma diversidad de estilos puede resultar un problema para la cohesión del conjunto. Por momentos parece una colección de ideas sueltas más que una obra integral. El salto entre lo acústico y lo más orquestado es un poco brusco para un formato tan corto.

Comparado con su etapa en The Gathering o sus trabajos más rockeros, La Mort es un retiro a la intimidad absoluta. Si lo ponemos junto a The Darkest Skies Are Bright, este EP se siente menos lineal y un poco más experimental en su instrumentación. La originalidad acá no es el objetivo principal; el objetivo es el sentimiento puro. Anneke ya es una marca en sí misma. Sus seguidores saben qué esperar, pero este nivel de introspección puede alejar a quienes todavía buscan su lado más potente o sinfónico. Es un disco para escuchar en soledad.

Este contenido parecería ser una mirada hacia atrás para poder saltar hacia lo nuevo. La ejecución técnica es perfecta, algo que ya es costumbre en ella. Falta ese desarrollo que un álbum largo permite para que las atmósferas terminen de cuajar del todo. Es un material para coleccionistas y para quienes disfrutan de su evolución hacia terrenos más cancioneros y emotivos. Falta conocer la última pata de la historia y ahí podremos disfrutar y entender el concepto de la historia.

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Tykketo – Closer to the Sun (2026)
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Sinceramente cuando me enteré de que Tyketto sacaba Closer to the Sun en 2016, tenía mis dudas, es difícil competir con la sombra de un clásico como Don’t Come Easy y Strength in Numbers, pero desde que arranca el primer riff te das cuenta de que no vienen a cumplir por compromiso.

El disco suena honesto, real y con un estilo clásico como pocos, se siente como un grupo de amigos que todavía tiene algo que quemar en sus vidas.

Lo de Danny Vaughn es de otro planeta, es absurdo que este señor siga cantando así después de tantos años; tiene una voz que te abraza y te pega un puñetazo al mismo tiempo, en este álbum no se dedica solo a dar agudos porque sí, sino que mete una carga emocional en temas como “Closer to the Sun”, se nota que las letras vienen de un lugar más maduro, hablando de la vida, el paso del tiempo y esa búsqueda constante de algo mejor, sin caer en los clichés baratos de “chica conoce chico” de los 80.

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Mucha gente lloró la salida de Brooke St. James, pero vamos a ser realistas, Harry Scott entró con toda la actitud, el trabajo de guitarra en este álbum es una delicia, Harry le dio a Tyketto un brillo un poco más moderno y pesado, pero sin perder ese punch melódico que los hace únicos, también el aporte del gran baterista Johnny Dee le dio ese toque especial, escuchar canciones como “Starts with a Feeling” es un recordatorio de que el hard rock no está muerto, solo necesitaba músicos que pusieran el corazón en el mástil en lugar de solo tocar escalas a toda velocidad.

Lo que más me gusta del disco es que no intenta ser un clon de sus éxitos pasados, hay momentos donde se ponen casi acústicos, con aires folk y armónicas que te transportan a una carretera polvorienta, y de repente te sueltan un cañonazo como “Hit Me Where It Hurts”, esa variedad hace que el álbum no se te haga pesado, no es el típico disco que escuchas una vez y olvidas; tiene capas que vas descubriendo con cada escucha, especialmente en los arreglos de teclado y la base rítmica.

Al final del día, Closer to the Sun es la prueba de que Tyketto es mucho más que “Forever Young”, es un álbum valiente que suena a gloria en los altavoces y que demuestra que si tienes buenas canciones y un cantante excepcional, no necesitas modas.

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Nervosa – Slave Machine (2026)
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Las metaleras internacionales (aunque con origen brasileño por parte de casi todas sus integrantes) Nervosa vuelven este 2026 con su nuevo trabajo Slave Machine, el cual llega tras tres años desde su último lanzamiento Jailbreak y con el cual pretenden demostrar que aún tienen mucho para decir dentro de su escena.

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Con doce nuevos tracks y la novedad que ha supuesto el regreso triunfal de Michaela Naydendova a los parches, tras la salida de Gaby Abud hace unos meses, Nervosa sigue la línea marcada con sus dos trabajos anteriores (Perpetual Chaos y el ya mencionado Jailbreak), pero mostrando varias pinceladas de evolución en su sonido sin perder la garra y ese sonido feroz que las caracteriza.

Ya con el potente y brutal sonido de “Impending Doom”, vemos que la banda ha trabajado mucho las voces, teniendo en cuenta que hace dos discos, tenían a una de las mejores cantantes del género entre sus filas y ya no está con ellas, sin embargo, he de admitir que Prika suena como nunca en este disco y esta canción es solo un pequeño (gran) rasguño que de sirve de antesala para lo que vamos a escuchar en el resto del álbum.

El corte que da título al álbum y “Ghost Notes”, son dos cortes más lineales, pero que se complementan bastante bien entre si, aunque quizás, me hubiese gustado algo más de riesgo en la segunda.

Las guitarras de Helena, siguen siendo el punto clave, destacado y fundamental de Nervosa, sin caer en las comparaciones, pero ella sería a Nervosa lo que Taina significa para Crypta.

Para el ecuador del disco, encontramos lo que muchos buscamos, un poquito de diversidad y contundencia, pero sin repetir los mismos patrones habituales del género, por este motivo “Hate”, es una de las mejores piezas del disco, con Prika desgarrando su garganta y transmitiendo ese poder y esa brutalidad que el tema necesita, combinando a la perfección elementos del thrash y el death metal en las mismas proporciones.

Otro gran ejemplo sería “Crawling For Your Pride”, donde el volumen y la conjunción de todas es abrumadora y muestra a un grupo muy sólido que sabe donde está parado, donde quiere llegar y la mejor forma para lograrlo.

Es muy reconfortante ver como las chicas se han puesto las pilas en serio, saliendo un poquito del sonido enlatado propio del thrash, para con diversos guiños, elementos y composiciones mucho más interesantes, entregar una obra tan completa como esta, pero sin perder su esencia.

“Speak in Fire”, cierra el disco con un corte mucho más “Old School”, que hará las delicias de los seguidores clásicos del estilo, dejando en evidencia la gran mano que tienen Nervosa a la hora de plasmar el sonido más prototípico del género.

Escuchando estas nuevas composiciones de Helana Kotina, Prika Amaral y compañía, podemos afirmar que, en efecto, las chicas han puesto toda la carne en el asador para entregar uno de los mejores discos de su carrera hasta la fecha, demostrando que cuando quieren, pueden y con creces.

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Gaerea – Loss (2026)
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Los portugueses Gaerea ganaron mucha popularidad en la escena del black metal actual. Tanto, que han logrado convencer a público ajeno a este particular subgénero.
Esto fue notado por la banda, que de a poco comenzó a correrse de este género, pero sin olvidarlo, sino agregándole matices y otros sonidos para ampliar su audiencia.
Esto nos lleva a su nuevo trabajo, Loss, donde más allá de su sonido extremo, nos encontramos con momentos pop.
La primera mitad del álbum consta de temas pesados, con una gran presencia de blast beats y riffs punzantes. A su vez, se perciben momentos más cercanos al post-hardcore en los estribillos o en algunas secciones con breakdowns. Estos buscan ser melódicos, emotivos y pegadizos, con la clara intención de quedar grabados en la memoria auditiva del oyente.
La voz adquiere más matices, pasando de gritos propios del black metal a registros más cercanos al hardcore, sumando además la novedad de voces limpias. Estas se acercan mucho al pop actual, y su presencia aumenta en la segunda mitad del disco.
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En esta segunda parte, el pop meloso entra en la mezcla y, por momentos, desentona. Si bien se percibe un intento de integrarlo, en varios pasajes se siente forzado: aparece de golpe, sin una transición clara ni justificación dentro del desarrollo de la canción.
Sin embargo, una vez finalizado el disco y tras procesarlo, queda en evidencia que esta incursión responde a una intención puramente comercial.
El audio del disco es muy bueno, permitiendo apreciar todos los detalles de las trabajadas composiciones. Las guitarras, por momentos, son graves y pesadas, recordando al metalcore actual, mientras que en otros ejecutan trémolos agudos y ensordecedores. Estos últimos sobreviven como vestigio del sonido original de la banda, ligado a sus raíces en el black metal.
El bajo no se limita a acompañar, sino que constantemente aporta arreglos que enriquecen las canciones, aunque en ciertos momentos también cumple el rol de reforzar el peso y la agresividad.
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La batería es extremadamente precisa y compleja, sin caer en lo excesivamente técnico o monótono. Si bien el uso del blast beat y los breakdowns es predominante, también busca aportar variedad rítmica constante, incluyendo fills y pequeños detalles que hacen destacar distintos pasajes del álbum.
Para ejemplificar, el corte de difusión “Submerge” logra un gran balance entre los elementos más accesibles y la agresión buscada, generando climas interesantes donde cada parte se siente orgánica y genuina, en línea con lo que ocurre en la primera mitad del disco.
En cambio, en temas como “Nomad” o “Stardust”, el componente pop radial actual suena forzado y no termina de encajar con el resto de la propuesta más pesada y agresiva.
Gaerea está claramente en la búsqueda de convertirse en una banda más grande y masiva, y para ello ha sacrificado parte de sus orígenes y su característico clima ritualístico. Donde antes buscaban generar introspección y atmósferas densas, ahora apuntan a captar a un público más amplio y contemporáneo.
Loss no es un mal disco, pero sí funciona como testimonio de una banda que ha decidido alejarse de sus raíces en pos de alcanzar una mayor audiencia.

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遠人之歌 – 天問 (2026)
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El debut de 遠人之歌 (Sounds of Alienation), “天問” (Tianwen), llega poco después de la formación de la banda en 2025 y tras una serie de adelantos publicados a inicios de 2026. Editado por Pest Productions, el disco presenta a un grupo que no pierde tiempo en definir su propuesta. Desde el primer contacto queda claro que su enfoque dentro del Black Metal no busca encajar en tendencias recientes más suavizadas, sino mantener una base oscura y directa, incorporando otros matices sin convertirlos en el eje principal del sonido.

El recorrido del álbum arranca con “萬千落木” y se extiende hasta “無垢無傷”, dejando un conjunto de canciones donde la melancolía tiene un peso constante. A nivel musical, el grupo trabaja con ritmos densos y una sensación arrastrada que en varios momentos se acerca a terrenos más cercanos al Doom, especialmente en cómo se construyen las atmósferas. En temas como “鑿石見火” o “烏金覆身”, esa mezcla se hace evidente: partes más contenidas y oscuras que de repente se abren hacia pasajes más intensos cuando la base Black Metal toma protagonismo.

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La producción juega un papel importante en cómo se percibe el disco. No es un sonido excesivamente pulido ni orientado a la perfección técnica, sino más bien una grabación que prioriza capturar el ambiente de las canciones. Aun así, cada instrumento se distingue con claridad. El bajo, en particular, destaca por su presencia y por los cambios en la forma de tocar a lo largo del álbum, alternando diferentes técnicas que aportan variedad dentro de la base rítmica sin perder coherencia.

En lo compositivo, hay una búsqueda evidente de identidad. “卷土歸山” es uno de los ejemplos más claros, con un desarrollo más amplio y una estructura que se acerca a lo progresivo dentro de su propio lenguaje. A lo largo del disco se perciben intentos de expandir la fórmula, añadiendo capas y variaciones que apuntan a una dirección propia, aunque todavía en construcción. Esa intención se mantiene constante en los aproximadamente 40 minutos que dura el álbum.

Las letras y el enfoque general refuerzan ese tono introspectivo y distante que atraviesa todo el trabajo. Sin recurrir a excesos ni a fórmulas más modernas del género, la banda construye un ambiente centrado en la sensación de aislamiento y peso emocional. “天問” (Tianwen) presenta así a Sounds of Alienation como un proyecto que, desde su primer lanzamiento, ya deja ver una base clara sobre la que seguir desarrollándose.

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UADA – Interwoven (2026)
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Uada lanzó Interwoven y lo primero que queda claro es que la banda decidió profundizar en su propia identidad. Ya no tiene sentido compararlos con la sombra de otras bandas europeas. Han construido un camino donde la melodía. El disco se siente como un tejido apretado de riffs que no buscan la agresión, sino una atmósfera casi hipnótica. Es un trabajo que muestra una madurez técnica con una estructura de las canciones que si bien es compleja tambien es accesible para quien ya sigue este estilo.

El sonido es impecable. Se nota una evolución hacia una nitidez que permite apreciar cada capa de las guitarras. No hay una base rítmica plana; hay un diálogo permanente entre las melodías. El balance entre los momentos de velocidad y las partes más atmosféricas está bien logrado. No se siente como un álbum de black metal genérico. Hay un aire progresivo que refresca la propuesta y le da una dinámica distinta a lo que venían haciendo anteriormente.

Jake Superchi demuestra un control total de su registro. Sus gritos tienen una carga emocional que encaja con la temática del disco. No abusa de los agudos; sabe cuándo retroceder para que la música tome el protagonismo. La batería es otro punto alto. La ejecución es precisa y variada. No se limita a los ritmos constantes, sino que aporta matices que enriquecen las transiciones. La solidez rítmica es lo que permite que las guitarras vuelen con tanta libertad sin que la canción se desarme en los pasajes más densos.

En cuanto a la originalidad, Interwoven es un paso adelante. Si bien mantienen las raíces del black metal melódico, la forma en que estructuran los temas se siente más propia. El uso de ganchos melódicos es su mayor virtud. Sin embargo, hay que señalar que esta pulcritud puede alejar a los puristas del género. El disco suena muy controlado, casi demasiado calculado en algunos tramos. Esa perfección técnica le resta un poco de esa urgencia que suelen tener las producciones más crudas. Es una elección estética que los posiciona en un lugar diferente, más cercano a lo épico y profesional.

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Lo mejor del álbum es la coherencia. Cada tema parece una extensión del anterior, las canciones más largas no se sienten estiradas por compromiso. Tienen cambios de ritmo internos que mantienen el interés. Lo menos logrado podría ser que, por momentos, la fórmula de las guitarras gemelas se vuelve previsible. Sabés que después de un riff denso va a venir una melodía coreable. Es efectivo, pero le quita el factor sorpresa a medida que avanza el minutaje del disco.

La gran sorpresa es el cover de Nirvana. “Something in the Way” es una elección arriesgada que podría haber salido mal. Uada la hace propia. Transforman la melancolía grunge en una pieza de oscuridad absoluta. Respetan la esencia minimalista de la original pero la cargan de texturas densas y una atmósfera sofocante. Es el momento donde la banda muestra su capacidad para procesar influencias ajenas y escupirlas con su sello personal. Funciona como un cierre que deja una sensación de vacío inquietante, demostrando que tienen los pies en el barro pero la cabeza en la experimentación.

La propuesta es ambiciosa. Han logrado un disco que suena grande, espacioso y lleno de detalles. No hay espacio para el relleno. Cada arreglo tiene una función específica dentro del concepto general. Es un material que reafirma a la banda como una de las que mejor entiende cómo llevar el metal extremo hacia un terreno más melódico sin perder la esencia oscura. La ejecución es de un nivel profesional que destaca sobre la media actual.

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Party Cannon – Subjected to A Partying (2026)
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Party Cannon saca nuevo disco y sus fans pueden estar de enhorabuena porque entrega justamente lo que uno espera de ellos: distorsión, batería frenética, chistes gruesos, gore y una cantidad significativamente mayor de pig squeals y sonidos de drenaje que palabras propiamente dichas. 

La banda ya ha advertido en diversas ocasiones que escucharles hará que se reduzca nuestro coeficiente intelectual, algo que les valdrá la pena a todos aquellos a quienes les guste gente como Gutalax, Internal Bleeding, Sanguisugabogg y todo este fantástico y loco mundo de deathgrind/slam/deathcore satírico.

Y es que aunque todo parezca caos y entropía, saben muy bien lo que hacen. Procedentes de Escocia, llevan más de quince años dando tumbos por el mundo, comenzando en el underground y la autoedición para crecer poco a poco y siendo este “Subjected to A Partying” su novena grabación, esta vez con la californiana Unique Leader Records. 

Con una irreverente portada estilo cómic y la presencia inestimable de su mascota, Skeleton man (cabeza gigante de esqueleto, cuerpo de señor a menudo sin camiseta), su mensaje está más que claro: o estás a tope con nosotros o mejor ni te acerques.

El álbum se compone en realidad de tres partes y viene además especiado con varios insertos de audio muy cachondos:

La primera parte agrupa sus cuatro singles con videoclip, todos ellos con cierto rollo retro con grano en la imagen. De estos, tres se centran en celebrar los directos de la banda, intercalando otras imágenes más cinematográficas… pero el restante llama especialmente mi atención, por ser el más elaborado y, en mi opinión, la canción más animada y memorable del disco: estoy hablando por supuesto de “Thirst trap”, cuyo videoclip dirige Calum McMillan y que contiene una abrumadora cantidad de productos lácteos. También quisiera destacar “Improper Use of a Speculum”, que comienza con un largo grito de guerra y cuyas letras son, bueno… digamos que “profundamente interesantes”.

La segunda parte ofrece tres canciones remix que hacen parodia precisamente del propio hecho de remezclar canciones, sea en lo techno o en lo orquestal (“High Tariff Overture – Ritual Remix” explora largamente esto último).

Finalmente tenemos tres directos: los dos primeros proceden de su actuación en Glasgow de 2025, como teloneros de Nekrogoblikon, a los cuales agradecen efusivamente la oportunidad en el audio. La última pista, que también podemos disfrutar en vídeo oficial, es una grabación de su participación el mismo año en el festival Obscene Extreme con la canción “Human Slime”, durante la cual ponen al público a hacer flexiones y desatan un torbellino de anarquía en el que no podían faltar disfraces, colchonetas hinchables, volteretas, más público subido al escenario que abajo y desde luego hombres sudorosos totalmente desnudos. Lo que ellos probablemente llaman “un martes cualquiera”.

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Empire of Disease – While Everything Collapses (2026)
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Hay bandas que te entran por curiosidad y otras que te golpean en directo y ya no las sueltas. A Empire of Disease los tenía en el radar desde hacía un tiempo, pero fue en el Resurrection Fest 2025 cuando realmente me hicieron girar la cabeza y prestar atención de verdad. Allí no hubo filtros ni segundas oportunidades: lo suyo fue impacto inmediato, actitud y una descarga que se quedaba contigo horas después. Lo que traen ahora con While Everything Collapses no es casualidad ni un paso más sin intención: es la confirmación de una banda que sabe muy bien a lo que juega, que tiene claro su sonido y que no pierde el tiempo en rodeos innecesarios.

Desde el arranque con “The Beast Inside Me” esto va directo al cuello, sin aviso y sin concesiones. Riffs afilados que cortan en seco, un bajo que no se esconde en ningún momento y una sensación constante de empuje hacia adelante que no da tregua. “Depravity” aprieta aún más con ese punto melódico que engancha sin suavizar el golpe, dejando un solo que se queda dando vueltas, mientras que “No Risk, No Glory” baja ligeramente la velocidad pero mantiene la tensión con una mala leche muy bien medida. Aquí no hay postureo ni relleno: todo está calculado para que cada tema entre directo, funcione y deje marca sin necesidad de adornos innecesarios.

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Cuando sueltan el freno, aparecen momentos que levantan polvo de verdad y donde la banda se siente especialmente cómoda. “The Art of Manipulation” pide directo y sudor, de esos cortes que en sala pequeña se convierten en caos organizado y cuerpos chocando sin parar. “Torture Chamber” es puro castigo sin respiro, una descarga continua que no da espacio para levantar la cabeza, y “Hamunaptra” acelera hasta ese punto donde el cuerpo ya reacciona solo. Incluso el tema título, “While Everything Collapses”, mete detalles más cercanos al thrash sin perder el filo, con una batería que aprieta sin descanso y unos riffs que mantienen la tensión en todo momento.

El cierre con “More than a Hundred” cambia ligeramente el paso, arranca con cierta calma engañosa que parece abrir otra vía, pero poco a poco va creciendo en peso y densidad hasta recuperar ese tono agresivo que domina el disco. Aquí se percibe otra intención, otra forma de construir sin perder identidad, dejando ver que hay más recorrido del que parece a primera escucha. No todo es velocidad: aquí también hay intención y músculo para sostener algo más que un simple bombardeo.

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Defying Decay – Synthetic Sympathy (2026)
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Al igual que pasa con su vecina del sur Indonesia, Tailandia no será un titán de la producción de material metalero en el mainstream, pero que parece tener una cantidad grande de artistas de metal extremo, o al menos un puñado con una gran cantidad de lanzamientos en el under extremo. ¿Habrá algún programa para entrenar bandas de death metal en esa zona? ¿O de grindcore? Así que ciertamente Defying Decay me tomó un tanto desprevenido cuando su disco me llegó al mail.

Definidos como “una de las bandas que más viene ascendiendo en la escena metalera tailandesa”, según una reciente entrevista con Kerrang!, Defying Decay vienen hace un largo tiempo llamando la atención en su país. Y no lo digo sólo en el mundo de la música, siendo que en 2021 lanzaron una canción llamada “The Law 112: Secrecy and Renegades” atacando la ley local que prohíbe criticar a la familia real tailandesa, que plantea penas de hasta 15 años de prisión: si le sumamos que lo hicieron durante el gobierno militar que estaba gobernando Tailandia en ese momento, es refrescante encontrar de vez en cuando una banda de metal que se oponga a gobiernos dictatoriales en estos días.

Su nombre podrá sugerir alguna banda de death metal técnico, pero las cosas con Defying Decay están bastante alejadas del metal extremo: la banda define a su estilo como “hyperpop metal”, y habiendo escuchado su tercer álbum Synthetic Sympathy no creo que mientan. A lo largo de sus 14 canciones (bueno, 12 canciones, una intro y un interludio) es un combo súper ajustado de riffs pesados, electrónica, mezcla de voces limpias y gritadas, estribillos de corte pop y algún que otro pasaje rapeado. O sea, la misma manera en la que ha venido sonando el metal melódico mainstream durante la última década y monedas, esa actualización de la onda Linkin Park que grupos onda A Day To Remember popularizaron hace un tiempo.

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Sí, las influencias en el sonido de Defying Decay están a flor de piel: creo que cada semana debo cruzarme con dos o tres discos de bandas “grandes” de este estilo a los que algún video de TikTok me quiere vender como que está “revolucionando el metal” y lo único que logran es que termine confundiendo entre ellos. Si no me hubieran avisado que Defying Decay eran de Tailandia habría asumido que eran otro grupo occidental onda Bad Omens, Sleep Token, PRESIDENT o cualquier otro conjunto “pop metal” de la misma calaña.

Dicho esto, no creo ser la mejor autoridad al momento de andar pidiendo “total y completa originalidad” en el área de la musiquita. Me gusta cuando mi rock psicodélico suena bien sesentas, me gusta mi rock progresivo bien setentas, admito que me debo escuchar cada grupo de AOR editado por Frontiers Records, y SeeYouSpaceCowboy hicieron de mis discos favoritos del 2024 sonando como cualquier grupo de metalcore del 2008: estaré abierto a la comida exótica, pero jamás le dije que no a una carne con papas bien hecha sólo porque haya comido otra carne con papas bien hecha el día anterior. Y en el mundo del “electropop metal” o como sea que quiera llamarlo, este Synthetic Sympathy sería una carne recalentada que quedó de ayer con unas papas que no son la gran cosa pero tampoco son desagradables. ¿Se nota que tengo hambre? Dejemos las comparaciones con comida y metámonos al disco.

Synthetic Sympathy es un disco un tanto plástico, un tanto (demasiado) sobreproducido por momentos. Como muchas bandas de pop metal, Defying Decay tienen la mala costumbre de llenar sus canciones de teclados, programaciones y cuerdas al punto de que sea complicado distinguir qué es una programación y qué es una guitarra o una batería. Me recuerda a estar escuchando los últimos discos de HYDE antes de que se presentara en 2025 en Buenos Aires, con ese rejunte electro punk rock recargado hasta el hartazgo. Pero… ¿será esa la idea con Defying Decay? ¿O al menos con este álbum? El disco tiene la palabra “sintético” en su título, así que asumo que habrá alguna intención artística detrás de ello.

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Y sonar “digital” no es necesariamente un pecado: Graceland es uno de los grandes discos de pop de los ochentas a pesar de sufrir el síndrome de “batería Phil Collins”. Y en el caso de Synthetic Decay, hay algo adictivo en lo artificial que suena todo, como una de esas bebidas energizantes con nombres de sabores imposibles. “Built To Fall” es predecible en la manera en la que su intro lenta y electrónica, marcada por la voz de Jay Poom Euarchukiati, llega a la palabra “fall” para aumentar la intensidad, mientras los riffs van acompañados por el sonido de la orquesta, como si fuera un tráiler de un videojuego. Horriblemente manipulador, creo que la escuché como quince veces seguidas de lo desvergonzada que era: 10/10.

Defying Decay tienen muchos de sus mejores momentos cuando aumentan la velocidad: “RX Regicide” es frenética, acompañando la voz de Jay con unas guitarras punzantes mientras es acompañado por Kellin Quinn de Sleeping With Sirens. “21 Stitches” también es otra muy intensa, al igual que “Debris”. “Clouds” tiene a Jay acompañado por Violette Wautier, una cantante tailandesa que parece ser una súper estrella pop en su país de origen. Y la mezcla de ambos funciona bastante bien, incluso con la dosis extra de melosidad que la presencia de Wautier aporta. 

Hablando de melosidad, a veces el álbum se pasa con eso, como en la totalidad de “Last Reply” (la mezcla de voces en la primera parte parece de algún hit de los noventas que pasarían por la Aspen), en “Clouds” o en “MEANiNGLESS!”, donde la acumulación de efectos electrónicos y Autotune se vuelve demasiado. Pero a pesar de ello, es algo que me imagino que tiene un público al que entiendo: todo el álbum tiene una intensidad peculiar y todas las canciones tienen algún elemento particular destacable, más allá de que sienta o no que usen ese elemento para construir algo más grande.

Synthetic Sympathy es un álbum con un montón de cosas para llegarle a un montón de públicos diferentes, con una propuesta digerible siempre y cuando no esperes que todos los discos de “metal” deban sonar como un álbum de Motörhead. Sonido ultra pulido, voces puestas de manera milimétrica, guitarras que hacen bien lo suyo como base y de vez en cuando reciben la luz de los reflectores, riffs medio simples pero pesados, y con un Jay que ciertamente tiene una gran habilidad para manejar muchos estilos diferentes. Si tenés que escuchar un disco de pop metal este año, Defying Decay trae de las propuestas más decentes que haya escuchado últimamente.

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