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Empire of Disease – While Everything Collapses (2026)
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Hay bandas que te entran por curiosidad y otras que te golpean en directo y ya no las sueltas. A Empire of Disease los tenía en el radar desde hacía un tiempo, pero fue en el Resurrection Fest 2025 cuando realmente me hicieron girar la cabeza y prestar atención de verdad. Allí no hubo filtros ni segundas oportunidades: lo suyo fue impacto inmediato, actitud y una descarga que se quedaba contigo horas después. Lo que traen ahora con While Everything Collapses no es casualidad ni un paso más sin intención: es la confirmación de una banda que sabe muy bien a lo que juega, que tiene claro su sonido y que no pierde el tiempo en rodeos innecesarios.

Desde el arranque con “The Beast Inside Me” esto va directo al cuello, sin aviso y sin concesiones. Riffs afilados que cortan en seco, un bajo que no se esconde en ningún momento y una sensación constante de empuje hacia adelante que no da tregua. “Depravity” aprieta aún más con ese punto melódico que engancha sin suavizar el golpe, dejando un solo que se queda dando vueltas, mientras que “No Risk, No Glory” baja ligeramente la velocidad pero mantiene la tensión con una mala leche muy bien medida. Aquí no hay postureo ni relleno: todo está calculado para que cada tema entre directo, funcione y deje marca sin necesidad de adornos innecesarios.

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Cuando sueltan el freno, aparecen momentos que levantan polvo de verdad y donde la banda se siente especialmente cómoda. “The Art of Manipulation” pide directo y sudor, de esos cortes que en sala pequeña se convierten en caos organizado y cuerpos chocando sin parar. “Torture Chamber” es puro castigo sin respiro, una descarga continua que no da espacio para levantar la cabeza, y “Hamunaptra” acelera hasta ese punto donde el cuerpo ya reacciona solo. Incluso el tema título, “While Everything Collapses”, mete detalles más cercanos al thrash sin perder el filo, con una batería que aprieta sin descanso y unos riffs que mantienen la tensión en todo momento.

El cierre con “More than a Hundred” cambia ligeramente el paso, arranca con cierta calma engañosa que parece abrir otra vía, pero poco a poco va creciendo en peso y densidad hasta recuperar ese tono agresivo que domina el disco. Aquí se percibe otra intención, otra forma de construir sin perder identidad, dejando ver que hay más recorrido del que parece a primera escucha. No todo es velocidad: aquí también hay intención y músculo para sostener algo más que un simple bombardeo.

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Defying Decay – Synthetic Sympathy (2026)
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Al igual que pasa con su vecina del sur Indonesia, Tailandia no será un titán de la producción de material metalero en el mainstream, pero que parece tener una cantidad grande de artistas de metal extremo, o al menos un puñado con una gran cantidad de lanzamientos en el under extremo. ¿Habrá algún programa para entrenar bandas de death metal en esa zona? ¿O de grindcore? Así que ciertamente Defying Decay me tomó un tanto desprevenido cuando su disco me llegó al mail.

Definidos como “una de las bandas que más viene ascendiendo en la escena metalera tailandesa”, según una reciente entrevista con Kerrang!, Defying Decay vienen hace un largo tiempo llamando la atención en su país. Y no lo digo sólo en el mundo de la música, siendo que en 2021 lanzaron una canción llamada “The Law 112: Secrecy and Renegades” atacando la ley local que prohíbe criticar a la familia real tailandesa, que plantea penas de hasta 15 años de prisión: si le sumamos que lo hicieron durante el gobierno militar que estaba gobernando Tailandia en ese momento, es refrescante encontrar de vez en cuando una banda de metal que se oponga a gobiernos dictatoriales en estos días.

Su nombre podrá sugerir alguna banda de death metal técnico, pero las cosas con Defying Decay están bastante alejadas del metal extremo: la banda define a su estilo como “hyperpop metal”, y habiendo escuchado su tercer álbum Synthetic Sympathy no creo que mientan. A lo largo de sus 14 canciones (bueno, 12 canciones, una intro y un interludio) es un combo súper ajustado de riffs pesados, electrónica, mezcla de voces limpias y gritadas, estribillos de corte pop y algún que otro pasaje rapeado. O sea, la misma manera en la que ha venido sonando el metal melódico mainstream durante la última década y monedas, esa actualización de la onda Linkin Park que grupos onda A Day To Remember popularizaron hace un tiempo.

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Sí, las influencias en el sonido de Defying Decay están a flor de piel: creo que cada semana debo cruzarme con dos o tres discos de bandas “grandes” de este estilo a los que algún video de TikTok me quiere vender como que está “revolucionando el metal” y lo único que logran es que termine confundiendo entre ellos. Si no me hubieran avisado que Defying Decay eran de Tailandia habría asumido que eran otro grupo occidental onda Bad Omens, Sleep Token, PRESIDENT o cualquier otro conjunto “pop metal” de la misma calaña.

Dicho esto, no creo ser la mejor autoridad al momento de andar pidiendo “total y completa originalidad” en el área de la musiquita. Me gusta cuando mi rock psicodélico suena bien sesentas, me gusta mi rock progresivo bien setentas, admito que me debo escuchar cada grupo de AOR editado por Frontiers Records, y SeeYouSpaceCowboy hicieron de mis discos favoritos del 2024 sonando como cualquier grupo de metalcore del 2008: estaré abierto a la comida exótica, pero jamás le dije que no a una carne con papas bien hecha sólo porque haya comido otra carne con papas bien hecha el día anterior. Y en el mundo del “electropop metal” o como sea que quiera llamarlo, este Synthetic Sympathy sería una carne recalentada que quedó de ayer con unas papas que no son la gran cosa pero tampoco son desagradables. ¿Se nota que tengo hambre? Dejemos las comparaciones con comida y metámonos al disco.

Synthetic Sympathy es un disco un tanto plástico, un tanto (demasiado) sobreproducido por momentos. Como muchas bandas de pop metal, Defying Decay tienen la mala costumbre de llenar sus canciones de teclados, programaciones y cuerdas al punto de que sea complicado distinguir qué es una programación y qué es una guitarra o una batería. Me recuerda a estar escuchando los últimos discos de HYDE antes de que se presentara en 2025 en Buenos Aires, con ese rejunte electro punk rock recargado hasta el hartazgo. Pero… ¿será esa la idea con Defying Decay? ¿O al menos con este álbum? El disco tiene la palabra “sintético” en su título, así que asumo que habrá alguna intención artística detrás de ello.

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Y sonar “digital” no es necesariamente un pecado: Graceland es uno de los grandes discos de pop de los ochentas a pesar de sufrir el síndrome de “batería Phil Collins”. Y en el caso de Synthetic Decay, hay algo adictivo en lo artificial que suena todo, como una de esas bebidas energizantes con nombres de sabores imposibles. “Built To Fall” es predecible en la manera en la que su intro lenta y electrónica, marcada por la voz de Jay Poom Euarchukiati, llega a la palabra “fall” para aumentar la intensidad, mientras los riffs van acompañados por el sonido de la orquesta, como si fuera un tráiler de un videojuego. Horriblemente manipulador, creo que la escuché como quince veces seguidas de lo desvergonzada que era: 10/10.

Defying Decay tienen muchos de sus mejores momentos cuando aumentan la velocidad: “RX Regicide” es frenética, acompañando la voz de Jay con unas guitarras punzantes mientras es acompañado por Kellin Quinn de Sleeping With Sirens. “21 Stitches” también es otra muy intensa, al igual que “Debris”. “Clouds” tiene a Jay acompañado por Violette Wautier, una cantante tailandesa que parece ser una súper estrella pop en su país de origen. Y la mezcla de ambos funciona bastante bien, incluso con la dosis extra de melosidad que la presencia de Wautier aporta. 

Hablando de melosidad, a veces el álbum se pasa con eso, como en la totalidad de “Last Reply” (la mezcla de voces en la primera parte parece de algún hit de los noventas que pasarían por la Aspen), en “Clouds” o en “MEANiNGLESS!”, donde la acumulación de efectos electrónicos y Autotune se vuelve demasiado. Pero a pesar de ello, es algo que me imagino que tiene un público al que entiendo: todo el álbum tiene una intensidad peculiar y todas las canciones tienen algún elemento particular destacable, más allá de que sienta o no que usen ese elemento para construir algo más grande.

Synthetic Sympathy es un álbum con un montón de cosas para llegarle a un montón de públicos diferentes, con una propuesta digerible siempre y cuando no esperes que todos los discos de “metal” deban sonar como un álbum de Motörhead. Sonido ultra pulido, voces puestas de manera milimétrica, guitarras que hacen bien lo suyo como base y de vez en cuando reciben la luz de los reflectores, riffs medio simples pero pesados, y con un Jay que ciertamente tiene una gran habilidad para manejar muchos estilos diferentes. Si tenés que escuchar un disco de pop metal este año, Defying Decay trae de las propuestas más decentes que haya escuchado últimamente.

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Venus 5 – March of the Venus 5 (2026)
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Tras casi cuatro años desde su álbum debut, las rockeras internacionales Venus 5 regresan con su esperadísimo segundo trabajo, donde pretenden demostrar ser algo más que las “Blackpink o Aespa” del metal moderno, como se las catalogó cuando debutaron en 2022.

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Y ya las cosas arrancan con el pie derecho desde la portada ya que en lugar de poner otra foto de las chicas (que no es malo ni mucho menos, pero si que puede hacer desconfiar a los “Trves” de turno), han optado por una preciosa portada oscura con un cuervo negro, que también parece marcar el sendero por el que va a transcurrir el disco.

El disco ya arranca con la potente pieza que le da título y podemos ver como las guitarras rockeras se combinan con las voces de las chicas, mostrando un principio de evolución clarísimo, aunque sin dejar de mirar por el retrovisor a bandas como Amaranthe y Halestorm.

Lo mismo ocurre con “Like a Witch”, esos teclados nos recuerdan a HIM y hay que destacar la imponente presencia vocal de Herma, Karmen y Jelena, sin dejar de lado a Tezzi y Erina, claramente las chicas le han puesto un poquito más de gasolina a su sonido, evidenciando que todo este tiempo de espera ha merecido la pena.

“Set Me Free”, es otro ejemplo de que Venus 5 son un abanico muy grande de sonidos y estilos musicales, en este caso hablamos de un corte medio pop oscuro pero con ciertos guiños a Within Temptation y un gran solo de guitarra que le aporta cierto toque melancólico a la canción.

“Surrender”, en cambio coquetea con el metal moderno y el sonido sinfónico refrescando al disco antes de que se haga medio repetitivo.

Sin desmerecer a sus componentes, hay que decir que posiblemente la que mejor está es Herma, conocida por su labor en Sick N’ Beautiful y que le da el toque más metalero a V5, pero sin perder la sensualidad macarra en su voz, Karmen o Jelena, por ejemplo, si que tienen matices vocales parecidos, muy buenos, pero que a veces cuesta diferenciarlas, cosa que con Herma o Tezzi no sucede.

Y si, claramente había que llegar al momento intimista y que oxigena al disco entre tanto sonido cañero, hablamos de “Take it From the Start”, una “Power Ballad”, donde es simplemente impecable escucharlas a todas y que cada una le de su personalidad a la canción.

Posiblemente estemos ante una de las mejores canciones de Venus 5 hasta la fecha y donde la “Desnudez” musical de sus componentes adornan una pieza muy intensa, emotiva y que pone los pelos de punta al oyente al pulsar el play y escuchar sus voces.

El disco no va a cambiar la vida de nadie, pero si que es un golpe sobre la mesa por parte de estas cinco mujeres, donde se reivindican como artistas y puede ser un faro al que seguir para guiarse musicalmente en un futuro cercano, bravo por ellas!

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Neurosis – An Undying Love For a Burning World (2026)
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Siempre hay que ser honesto en la vida, así que no voy a dejar de seguir ese camino nunca, por lo cual no quiero engañar a nadie, hablar de este nuevo disco de Neurosis, para mi ha sido un gran desafío y una gran responsabilidad, primero por lo que representa la banda en mi vida y segundo porque es un disco al cual le falta una pieza clave, que lamentablemente tiró por tierra su carrera, debido a unas acciones impropias, lamentables y que al menos para mi, han supuesto una gran decepción hacía esa persona, la cual no es otra que Scott Kelly.

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Pero como de todas las crisis se puede salir y remontar el vuelo cual ave fénix, la banda ha parado la pelota, reflexionado y entre todos han vuelto a ser esa banda atrapante, pesada, intensa, reflexiva y arrolladora que siempre fueron. El resultado de esto es An Undying Love For a Burning World, su primer álbum en una década y donde el conjunto de todos brilla como uno sólo bajo lo que representan: NEUROSIS.

Como estos tipos juegan en otra liga, para este retorno certificaron una jugada estratégica (casi) perfecta y esta no es otra que el fichaje del señor Aaron Turner, conocido por su gran labor al frente de Isis (otra de las vacas sagradas dentro del sludge y el post metal), quién ha entendido como pocos lo que significa ponerle voz a las canciones de la banda norteamericana y reflejar por medio de ellas, la ansiedad dentro de una sociedad que vive en plena crisis, pero muchas (y por que no todas) veces gran parte de ella, prefiere mirar hacia otro lado, la intensidad y caos que se vive en la actualidad y como la música es una válvula de escape para muchos de nosotros.

El disco como siempre no se excede en cantidad de canciones, sin embargo las ocho piezas rebasan la hora de duración, con lo cual podemos esperar exactamente lo que vinimos a buscar: Una colección de piezas musicales y artísticas, las cuales merecen su debido tiempo y espacio, antes de poder entender dentro del caos, que aquí nuevamente hay oro macizo para pulir.

Ni siquiera los 53 segundos de “We Are Torn Wide Open”, son simplemente la introducción al disco, es un grito desgarrador de una herida que tenemos abierta y que no sabemos como curarla, observando incrédulos como cicatriza y se vuelve a abrir en un descuido.

“Mirror Deep” echa sal sobre la carne viva y los riffs pesados hacen aún más intenso el dolor, para pasar a un puente tenebroso y que genera una “falsa” sensación de calma, que puede hacerte pensar que Neurosis han bajado la intensidad, pues no amigo, el siguiente tramo de la canción es una patada en la cara que te noquea y la cual vas a tener que escuchar repetidas veces para entender como la banda ha plasmado a la perfección todo lo que han representado en sus cuatro décadas de trayectoria.

Los nueve minutos de “Blind”, que no os paséis de listos, no es un cover del mítico himno popularizado por Korn,si no un descenso al fango más pegajoso y denso que haya en cualquier pantano, con unas guitarras cortantes y la voz de Turner que hace añicos ya no solamente nuestros oídos si no también nuestras almas, dando una clase magistral de como a través de la desesperación, se puede hacer una canción impresionante.

“Untethered” es algo más inmediata que otras piezas del álbum, pero entendamos que hablamos de Neurosis, aquí nada es de fácil digestión, todo lleva al pensamiento profundo, al análisis casi obsesivo para entender como estos tipos tras 12 discos de estudio pueden aún descolocar todo tu universo y hacerlo trizas en unos pocos minutos.

Y quizás en “In The Waiting Hours”, con esa introducción tan triste y fría como hermosa y atrapante, vemos la joya de la corona dentro del disco, con minutos de melancolía instrumental que dan lugar a la reflexión a solas bajo un hilo de luz entre las paredes de tu habitación, para de forma progresiva ir liberando esos demonios internos que siempre nos atacan o simplemente tenemos dentro de uno o una misma.

Neurosis no solamente han vuelto por todo lo alto, han vuelto a dejar otro testimonio imponente de como hacer frente al dolor, la angustia, el caos y la supervivencia, plasmado en canciones largas, pesadas, abrumadoras y que aún así, son absolutamente necesarias.

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Mammon’s Throne – My Body To The Worms (2026)
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My Body to the Worms, es la última entrega de los australianos Mammon’s Throne, el tercer álbum de estudio en su carrera, iniciada en 2019 y, debo confesar, el primero que cae en mis manos. Ha sido un sorprendente hallazgo: el funeral slam ha infectado mi cerebro.

Se trata de un disco pesado, ominoso, pegadizo y con una sólida calidad musical. Cuarenta y dos minutos de discurso profético repartidos en siete largas pistas, cada una con sus propias señas de identidad.

“Senseless Death” sienta el tono de todo el trabajo: un death metal que se acerca al doom y al black metal. Casi diez minutos de canción, pero con varios cambios que hacen que no suene para nada monótona y que abarcan desde lo instrumental a lo vocal, ya que alterna los guturales de Matthew Miller con algunos pasajes de voz limpia, muy profunda, teatral y llena de matices. 

La segunda pieza, “Clandestine Unholy Rites”, no es una canción al uso, sino un corte de tono atmosférico, casi cinematográfico, que incluye sonidos ambientales propios de un cementerio embrujado. Campanas lejanas, tenebrosos susurros y chillidos de animales nos dan paso a la que es en mi opinión, la pieza más memorable del álbum.

Y es que “Elixir” lo tiene todo: es pegadiza, es potente, es oscura y es una canción referencial, pues su protagonista principal es Nosferatu, ¡con un giro! Si bien la letra encaja con lo que conocemos de esta figura vampírica, en el videoclip está encarnado por una mujer (Bailey Dior, estupenda en el papel). La propia banda ha comentado sobre el tema: “Durante el proceso de composición nos propusimos crear un tema directo y contundente, sin florituras, y pensamos que sería divertido incluir influencias del hardcore con un breakdown hacia el final. En broma, bautizamos esta nueva fusión como ‘Funeral-Slam’, una etiqueta que parece haberse quedado”. 

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Tras eso, tenemos “Every Day More Sickened”, la pieza más rápida en cuanto a ritmo (no así de duración, ya que de nuevo roza los diez minutos). Con letras demoledoras y críticas, que nos hablan de hipocresía y desazón en una era de odio y nos hacen preguntarnos qué puede ser salvado en este mundo cruel. Aporta también un videoclip de inspiración noventera, como un VHS casero grabado en la era dorada del videoclip: la idea es quizás arriesgada pero salen del paso con total soltura.

“At the Threshold of Eternity” es otra pieza de transición, que nos pone en guardia para “An Angel’s Grace”, una canción melancólica, embriagadora y llena de saturación, que juega con los coros y diversas técnicas vocales.

El disco finaliza con “Departed”, canción que también posee un interesante vídeo musical, inspirado esta vez en el western gótico, y con la colaboración de otra figura femenina, la modelo y actriz Bridgette Baini. La banda también comenta: “Sin planearlo, la canción evolucionó hacia una balada oscura, gótica y western. Una atmósfera que la banda siempre había querido explorar, dada nuestra admiración por Fields of the Nephilim, Nick Cave, Wayfarer y la canción ‘They Rode On’ de Watain. Comenzó a ganar intensidad, culminando en un crescendo de black metal, lo cual representa a la perfección la esencia de Mammon’s Throne: la fusión de géneros”. El solo de guitarra que nos encontramos hacia el final de la canción es una manera muy potente de cerrar este interesante trabajo.

En resumen, lo que nos ofrece Mammon’s Throne es dramatismo, oscuridad, ritmo, referencialidad y amor por lo retro, que empapa también la portada de este y de sus anteriores discos. Se le pueden aplicar muchas etiquetas: death, doom, sludge, groove, black y hasta su propia aportación autodenominada “Funeral slam”. Sin embargo, etiquetas aparte, los australianos han encontrado en esta mezcla un sonido propio, muy reconocible y único. 

My body to the worms, es un álbum muy completo y bien construido. Un regalo especialmente dedicado a quienes, como yo, sufren de horror vacui y disfrutan dejándose arrastrar por los sonidos más densos. Puede ser re-escuchado hasta la intoxicación sin ningún problema.

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Chez Kane – Reckless (2026)
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Tras dos excelentes trabajos, la reina del hard rock melódico actual Chez Kane, ha estrenado Reckless, su esperadísimo tercer disco, que aunque se ha hecho esperar un poquito más de lo deseado, vuelve a posicionarla como una de las artistas más destacadas de la escena en estos últimos años.

En estos diez nuevos tracks, la artista galesa sigue circulando la senda del hard rock de corte ochentero, claramente melódico y que evidencia que no hace falta cambiar el mundo con un disco, si se hacen bien las cosas y mantiene el nivel que uno espera de esta chica.

El disco abre fuego con el corte que le da título y podemos comprobar como su voz sigue sonando ideal en este tipo de canciones, con esa base que recuerda a Bon Jovi e incluso la versión mas rockera de The Bangles y te imaginas ya en un venue lleno de gente, con tus vaqueros ajustados, cerveza en mano y cantando con el puño en alto el estribillo, el cual es digno de la época a la que Kane rinde su particular y personal homenaje.

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Con “Personal Rock N’ Roll”, la cantante acelera un poquito y te transmite esa energía y desenfado que la canción presenta, con una melodía irresistible y unos coros acertadísimos.

El solo de guitarra termina por adornar de forma más que notable la pieza.

Las revoluciones bajan un poco, pero no así, la intensidad y es que “Night of Passion”, nos muestra el lado AOR de Chez y lo bien que se desenvuelve en el mismo, con un descaro y unas intenciones de conquistarte y vaya si lo logra.

En “Strip Me Down”, podemos ver como a pesar de no haber nacido en los días dorados de aquella época, la cantante plasma como pocas (quizás H.E.A.T. podrían ser su versión masculina) las canciones de este estilo, su voz sigue a pleno endiablada y melódica a la que añade un estribillo que no se te borrará de la mente, una vez pulses el play.

Y aunque a los “Trves”, les moleste, esta chica despliega una sensualidad más que evidente a lo largo de todo el disco, por eso no es de extrañar, que encienda el ambiente en el binomio que conforman “Tongue of Love” y “Love Tornado”.

La primera, viene con el bajo marcando el ritmo y un aroma a Whitesnake, Danger Danger, Vixen y el Sunset Strip, que deja poco a la imaginación ya que sería un corte perfecto para cualquier “Night Club” de Hollywood Boulevard, un sábado por la noche.

Por el contrario, en la segunda, las guitarras vuelven a brillar y la morena hace de las suyas con su voz en un corte que claramente podría ser banda sonora de cualquier película de los 80 o incluso una de mitad de los 90, protagonizada por una rubia por todos conocida…no hace falta que de más pistas verdad?

Como en su día “Dangerzone” o “Nationwide”, este representa el lado más cañero de Chez Kane y supone uno de los mejores (si no el mejor) cortes del disco.

Y con “Bad Girl”, que bien podría pasar por un tema de (las ya extintas) Cobra Spell, la línea se mantiene y caer en los encantos de esta chica, se hace cada vez más difícil, algo que se acentúa con la poderosa “Too Dangerous”, donde destaca el estribillo y como Chez rasga su voz para mostrar su lado cañero y macarra, con un excelente resultado.

Con la hard rockera “Bodyrock”, que trae a la memoria bandas como Europe y Survivor, el disco llega a su fin, haciéndose más corto de lo que parece y con algunos puntos que comentar.

Para empezar es una más que digna continuación de su anterior trabajo, claramente esta chica sabe donde esta parada y cual es su objetivo dentro de la música y es poder llegar a la mayor cantidad posible de gente, siendo una “Rompecorazones” actual llena de talento y mucha actitud.

Quizás, podría habérsele exigido un poquito más de variedad entre las canciones, sobre todo en la segunda mitad del disco, pero ni eso empaña un gran trabajo y que si no fallan las cosas, debería posicionarla un poquito más arriba de lo que ya está.

Chez Kane sigue pletórica y sin apenas rivales dentro de su escena, pero debe mantener la línea para llegar a la altura y estatus de los grandes nombres femeninos que la influenciaron… El futuro lo tiene en sus manos, ojalá lo sepa aprovechar.

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Exodus – Goliath (2026)
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A estas alturas de la historia, pedirle a Exodus que reinvente la rueda es un ejercicio inútil. Sin embargo, su nuevo álbum, Goliath (2026), nos pone frente a un espejo incómodo: ¿cuánto peso tiene el legado frente a la frescura? Tras darle las vueltas necesarias al disco, la conclusión es agridulce. Es un álbum que cumple con el manual de estilo, pero que difícilmente logre escalar al podio de sus clásicos.

El trabajo de Gary Holt en las guitarras sigue siendo el motor de la banda; sus riffs son precisos, punzantes y mantienen esa agresividad que los caracteriza. No obstante, aquí es donde entra tu punto: el disco no sobresale. Se siente como una continuación lógica y segura de Persona Non Grata, pero sin ese hambre de gloria que sentíamos en décadas pasadas.

Los adelantos nos dejaron un sabor algo tibio. Canciones que, serán efectivas en el mosh pit, resultan un tanto “flojas” en su estructura lírica y compositiva. Si bien se destaca la energía de temas como el homónimo “Goliath”, pero realmente la banda se mueve en una zona de confort técnica de la que rara vez deciden salir.

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Curiosamente, lo más interesante del álbum ocurre cuando deciden soltar el freno de mano del Thrash tradicional. Como bien se pude notar en la última pieza del disco es la que realmente captura la atención. Mientras que el resto del álbum puede sentirse como una ráfaga de velocidad estándar, el cierre —con matices más oscuros y una estructura más épica— demuestra que Exodus todavía tiene una capacidad narrativa superior cuando se aleja de los clichés del género. Es en esos momentos de experimentación y densidad donde la voz de Rob Dukes encuentra matices que no se ven opacados por la velocidad de los tracks iniciales.

Goliath es un recordatorio de que Exodus sigue siendo el “equipo de demolición” de la Bay Area, pero carece de ese factor sorpresa que separa a un buen disco de uno memorable. Es un trabajo sólido para los fanáticos acérrimos, pero quizás un tanto monótono para el oyente casual que busca algo más que solo agresividad técnica.

Un mazo pesado, pero que golpea en los mismos lugares de siempre.

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Black Label Society – Engines Of Demolition (2026)
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Muchos dicen que, a veces, por el solo hecho de escuchar a una banda podés deducir de donde viene. Bueno, no es que sea muy difícil saber de donde viene Rammstein si cantan en alemán. Tal es el caso de Black Label Society que cuando los escuché por primera vez, noté esa influencia californiana de agrupación de motoqueros que desayunan cigarrillos con whisky. Y sí que se les nota eh.

La banda comandada por el excelentísimo Zakk Wylde acaba de lanzar al mercado su última obra Engines Of Demolition.

Es quizás un disco que no venga a romper con estándares ni de la industria, ni mucho menos de la propia banda, pero algo les aseguro y es que el buen Zakk nunca defrauda. Un álbum que lo tiene todo, entre lo enérgico de su guitarra, a baladas californianas y hasta un gran y especial homenaje a quien supo ser su referente musical durante muchos años: el mismísimo Ozzy Osbourne.

El disco fue escrito enteramente por Zakk desde el momento en que iniciaron un tour compartido con Pantera allá por el 2022. Lo acompaña como siempre Jhon DeServio en bajo, Jeff Fabb en percusión y Dario Lorina en guitarra.

Algunos muy buenos momentos se dan con piezas como “Gatherer of Souls” con la clásica super distorsión del muchacho o “Broken and Blind”.

“Above & Below” un gran segmento del álbum con estrofas aguerridas que descansan en un estribillo pacífico y limpio. “Back To Me” la primer balada del disco y que nunca falta en un disco de Black Label Society.

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Como antesala del final “The Stranger” es totalmente destacable porque expone el virtuosismo de Wylde con su guitarra.

Lo más especial de este disco llega justo al final. Todos sabemos que la relación que han forjado Ozzy y Zakk es casi como la de un padre con su hijo desde aquel momento en 1987 que reemplazo al gran Jake E Lee.

Fueron casi 2 décadas de éxito de acompañar a Ozzy al mismo tiempo que aprovechaba el envión para llevar a Black Label Society a los oídos de la gente. Todo su respeto, amor y admiración lo plasma en “Ozzy’s Song”.

“The skies may cry

But I’ll be holding on, holding on

The skies may cry

Now the race is run

All the chaos and all the wars

When all is said and done

I couldn’t ask for more”

Un disco que no busca ser pretencioso musicalmente ni competir con los demás. Engines Of Demolition es parte de la autorrealización de Zakk Wylde y de Black Label como banda. Una obra que representa fehacientemente lo que la agrupación y el guitarrista es. Una producción con el sello californiano que no presenta errores y que suena como tiene que sonar el metal sureño.

 

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Gotthard – More Stereo Crush (2026)
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El EP More Stereo Crush de Gotthard funciona como una extensión directa del álbum Stereo Crush del 2025, pero lejos de sentirse como un simple conjunto de descartes, muestra a la banda afinando su identidad con mayor claridad; este mini álbum reúne material proveniente de las mismas sesiones, incluyendo cinco temas inéditos y uno más en conjunto con Mark Storace de Krokus, lo que le da una vibra familiar, ya que Flavio Mezzodi actual baterista de Gotthard también es parte actual de Krokus.

Desde el arranque, el EP mantiene ese enfoque de hard rock melódico que ha sido la marca registrada del grupo durante décadas, canciones como “Ride The Wave” destacan por su energía despreocupada y ese aire impulsado por riffs pegadizos y una interpretación vocal muy armónica de Nic Maeder, recordando por momentos al espíritu más clásico de Gotthard.

Uno de los puntos más atractivos del disco es la nueva versión de “Liverpool”, ahora convertida en un dueto junto a Marc Storace (de Krokus), que aporta un contraste vocal interesante y lleva el tema a otro nivel, aquí se nota especialmente la habilidad de la banda para construir duetos efectivos sin perder contundencia, algo que la crítica ha señalado como una de sus mayores virtudes dentro del hard rock europeo.

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“Smiling in the Pouring Rain” se mueve en terrenos más sensibles, con un enfoque melódico que encaja perfectamente dentro del catálogo de baladas del grupo, mientras que cortes como “Snafu” o “Mayday” mantienen el pulso hardrockero con coros un poco a lo Def Leppard pero con el sello de Gotthard.

El conjunto general deja una impresión positiva, de hecho, algunas reseñas destacan que este lanzamiento y su anterior disco Stereo Crush logran recuperar consistencia respecto a su predecesor, describiéndolo como un regreso más sólido a la esencia clásica de la banda y un paso en la dirección correcta.

En definitiva, More Stereo Crush reafirma el lugar de Gotthard dentro del hard rock actual.; este un EP que funciona tanto como complemento para fans como una muestra de que, incluso después de tantos años, la banda sigue encontrando formas de sonar auténtica, directa y efectiva sin perder su adn.

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Dylan Gers – Melancholic Madman (2025)
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Hace unos pocos días surgió, como siempre en este medio, la posibilidad de concretar una entrevista con cierto artista emergente. Dicha entrevista fue llevada a cabo por Agustin Saccone, quien casualmente, también estuvo en el papel de entrevistado. En esta ocasión, la persona del otro lado de la pantalla fue Dylan Gers, joven músico de rock británico que se viene abriendo paso desde hace poco tiempo con una lista de singles y que lanzó el año pasado su ahora primer material recopilatorio en formato de EP, Melancholic Madman.

Dylan, de apenas un cuarto de siglo, estuvo hablando con Agustín y contándole muchas cosas de lo hecho y lo venidero y como suele ser en este medio, nunca está de más acompañar esas entrevistas con una reseña sobre el material tratado.

Por ello me dispuse este sábado de equinoccio otoñal darles mi opinión de este nuevo álbum.

Melancholic Madman es una obra de rock alternativo y psicodélico con influencias o similitudes a bandas como The Cure, U2, Midnight Oil y otros grandes artistas. Con vestigios bluseros, Dylan encara esto como un proyecto unipersonal haciendo cargo de prácticamente todo, pero con un claro dominio de las guitarras y voces.

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“Feel My Heart” es la pieza que da inicio, que con poco mas de 3 minutos y guitarras limpias acompañados de un estribillo que se hace escuchar recién a la segunda vuelta, deja muy claro de que va este nuevo EP.

Luego continua con “Talisman” que me gusta todavía más que su predecesora. Un punteo bien ejecutado al inicio abre las puertas para un narrador que pareciera estar divagando sobre la perdida de su esencia personal. El cierre es maravilloso. “Moonlight Lies” con un tempo más cercano al de una balada es lo que sigue. Una gran pieza que transita pura tranquilidad para terminar generando incomodidad con lo que pareciera ser el sonido de un theremín.

El disco termina con “Young Boy”, una canción que realmente denota una sensación de melancolía, aquella que da título al mismo.

Un EP que Dylan construyó de manera genuina, con cada uno de los instrumentos que están al alcance de su mano, en su habitación. Sin usar atajos, el joven músico redondea un gran inicio de carrera que seguramente verá un constante crecimiento en los años venideros. Melancholic Madman no es solo música personal, si no una construcción musical meramente artística y orgánica, totalmente alejada de lo que son las producciones industriales que hasta el más iniciado de los músicos suele perseguir.

 

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Empire of Disease – While Everything Collapses (2026)
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Hay bandas que te entran por curiosidad y otras que te golpean en directo y ya no las sueltas. A Empire of Disease los tenía en el radar desde hacía un tiempo, pero fue en el Resurrection Fest 2025 cuando realmente me hicieron girar la cabeza y prestar atención de verdad. Allí no hubo filtros ni segundas oportunidades: lo suyo fue impacto inmediato, actitud y una descarga que se quedaba contigo horas después. Lo que traen ahora con While Everything Collapses no es casualidad ni un paso más sin intención: es la confirmación de una banda que sabe muy bien a lo que juega, que tiene claro su sonido y que no pierde el tiempo en rodeos innecesarios.

Desde el arranque con “The Beast Inside Me” esto va directo al cuello, sin aviso y sin concesiones. Riffs afilados que cortan en seco, un bajo que no se esconde en ningún momento y una sensación constante de empuje hacia adelante que no da tregua. “Depravity” aprieta aún más con ese punto melódico que engancha sin suavizar el golpe, dejando un solo que se queda dando vueltas, mientras que “No Risk, No Glory” baja ligeramente la velocidad pero mantiene la tensión con una mala leche muy bien medida. Aquí no hay postureo ni relleno: todo está calculado para que cada tema entre directo, funcione y deje marca sin necesidad de adornos innecesarios.

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Cuando sueltan el freno, aparecen momentos que levantan polvo de verdad y donde la banda se siente especialmente cómoda. “The Art of Manipulation” pide directo y sudor, de esos cortes que en sala pequeña se convierten en caos organizado y cuerpos chocando sin parar. “Torture Chamber” es puro castigo sin respiro, una descarga continua que no da espacio para levantar la cabeza, y “Hamunaptra” acelera hasta ese punto donde el cuerpo ya reacciona solo. Incluso el tema título, “While Everything Collapses”, mete detalles más cercanos al thrash sin perder el filo, con una batería que aprieta sin descanso y unos riffs que mantienen la tensión en todo momento.

El cierre con “More than a Hundred” cambia ligeramente el paso, arranca con cierta calma engañosa que parece abrir otra vía, pero poco a poco va creciendo en peso y densidad hasta recuperar ese tono agresivo que domina el disco. Aquí se percibe otra intención, otra forma de construir sin perder identidad, dejando ver que hay más recorrido del que parece a primera escucha. No todo es velocidad: aquí también hay intención y músculo para sostener algo más que un simple bombardeo.

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Defying Decay – Synthetic Sympathy (2026)
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Al igual que pasa con su vecina del sur Indonesia, Tailandia no será un titán de la producción de material metalero en el mainstream, pero que parece tener una cantidad grande de artistas de metal extremo, o al menos un puñado con una gran cantidad de lanzamientos en el under extremo. ¿Habrá algún programa para entrenar bandas de death metal en esa zona? ¿O de grindcore? Así que ciertamente Defying Decay me tomó un tanto desprevenido cuando su disco me llegó al mail.

Definidos como “una de las bandas que más viene ascendiendo en la escena metalera tailandesa”, según una reciente entrevista con Kerrang!, Defying Decay vienen hace un largo tiempo llamando la atención en su país. Y no lo digo sólo en el mundo de la música, siendo que en 2021 lanzaron una canción llamada “The Law 112: Secrecy and Renegades” atacando la ley local que prohíbe criticar a la familia real tailandesa, que plantea penas de hasta 15 años de prisión: si le sumamos que lo hicieron durante el gobierno militar que estaba gobernando Tailandia en ese momento, es refrescante encontrar de vez en cuando una banda de metal que se oponga a gobiernos dictatoriales en estos días.

Su nombre podrá sugerir alguna banda de death metal técnico, pero las cosas con Defying Decay están bastante alejadas del metal extremo: la banda define a su estilo como “hyperpop metal”, y habiendo escuchado su tercer álbum Synthetic Sympathy no creo que mientan. A lo largo de sus 14 canciones (bueno, 12 canciones, una intro y un interludio) es un combo súper ajustado de riffs pesados, electrónica, mezcla de voces limpias y gritadas, estribillos de corte pop y algún que otro pasaje rapeado. O sea, la misma manera en la que ha venido sonando el metal melódico mainstream durante la última década y monedas, esa actualización de la onda Linkin Park que grupos onda A Day To Remember popularizaron hace un tiempo.

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Sí, las influencias en el sonido de Defying Decay están a flor de piel: creo que cada semana debo cruzarme con dos o tres discos de bandas “grandes” de este estilo a los que algún video de TikTok me quiere vender como que está “revolucionando el metal” y lo único que logran es que termine confundiendo entre ellos. Si no me hubieran avisado que Defying Decay eran de Tailandia habría asumido que eran otro grupo occidental onda Bad Omens, Sleep Token, PRESIDENT o cualquier otro conjunto “pop metal” de la misma calaña.

Dicho esto, no creo ser la mejor autoridad al momento de andar pidiendo “total y completa originalidad” en el área de la musiquita. Me gusta cuando mi rock psicodélico suena bien sesentas, me gusta mi rock progresivo bien setentas, admito que me debo escuchar cada grupo de AOR editado por Frontiers Records, y SeeYouSpaceCowboy hicieron de mis discos favoritos del 2024 sonando como cualquier grupo de metalcore del 2008: estaré abierto a la comida exótica, pero jamás le dije que no a una carne con papas bien hecha sólo porque haya comido otra carne con papas bien hecha el día anterior. Y en el mundo del “electropop metal” o como sea que quiera llamarlo, este Synthetic Sympathy sería una carne recalentada que quedó de ayer con unas papas que no son la gran cosa pero tampoco son desagradables. ¿Se nota que tengo hambre? Dejemos las comparaciones con comida y metámonos al disco.

Synthetic Sympathy es un disco un tanto plástico, un tanto (demasiado) sobreproducido por momentos. Como muchas bandas de pop metal, Defying Decay tienen la mala costumbre de llenar sus canciones de teclados, programaciones y cuerdas al punto de que sea complicado distinguir qué es una programación y qué es una guitarra o una batería. Me recuerda a estar escuchando los últimos discos de HYDE antes de que se presentara en 2025 en Buenos Aires, con ese rejunte electro punk rock recargado hasta el hartazgo. Pero… ¿será esa la idea con Defying Decay? ¿O al menos con este álbum? El disco tiene la palabra “sintético” en su título, así que asumo que habrá alguna intención artística detrás de ello.

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Y sonar “digital” no es necesariamente un pecado: Graceland es uno de los grandes discos de pop de los ochentas a pesar de sufrir el síndrome de “batería Phil Collins”. Y en el caso de Synthetic Decay, hay algo adictivo en lo artificial que suena todo, como una de esas bebidas energizantes con nombres de sabores imposibles. “Built To Fall” es predecible en la manera en la que su intro lenta y electrónica, marcada por la voz de Jay Poom Euarchukiati, llega a la palabra “fall” para aumentar la intensidad, mientras los riffs van acompañados por el sonido de la orquesta, como si fuera un tráiler de un videojuego. Horriblemente manipulador, creo que la escuché como quince veces seguidas de lo desvergonzada que era: 10/10.

Defying Decay tienen muchos de sus mejores momentos cuando aumentan la velocidad: “RX Regicide” es frenética, acompañando la voz de Jay con unas guitarras punzantes mientras es acompañado por Kellin Quinn de Sleeping With Sirens. “21 Stitches” también es otra muy intensa, al igual que “Debris”. “Clouds” tiene a Jay acompañado por Violette Wautier, una cantante tailandesa que parece ser una súper estrella pop en su país de origen. Y la mezcla de ambos funciona bastante bien, incluso con la dosis extra de melosidad que la presencia de Wautier aporta. 

Hablando de melosidad, a veces el álbum se pasa con eso, como en la totalidad de “Last Reply” (la mezcla de voces en la primera parte parece de algún hit de los noventas que pasarían por la Aspen), en “Clouds” o en “MEANiNGLESS!”, donde la acumulación de efectos electrónicos y Autotune se vuelve demasiado. Pero a pesar de ello, es algo que me imagino que tiene un público al que entiendo: todo el álbum tiene una intensidad peculiar y todas las canciones tienen algún elemento particular destacable, más allá de que sienta o no que usen ese elemento para construir algo más grande.

Synthetic Sympathy es un álbum con un montón de cosas para llegarle a un montón de públicos diferentes, con una propuesta digerible siempre y cuando no esperes que todos los discos de “metal” deban sonar como un álbum de Motörhead. Sonido ultra pulido, voces puestas de manera milimétrica, guitarras que hacen bien lo suyo como base y de vez en cuando reciben la luz de los reflectores, riffs medio simples pero pesados, y con un Jay que ciertamente tiene una gran habilidad para manejar muchos estilos diferentes. Si tenés que escuchar un disco de pop metal este año, Defying Decay trae de las propuestas más decentes que haya escuchado últimamente.

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Venus 5 – March of the Venus 5 (2026)
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Tras casi cuatro años desde su álbum debut, las rockeras internacionales Venus 5 regresan con su esperadísimo segundo trabajo, donde pretenden demostrar ser algo más que las “Blackpink o Aespa” del metal moderno, como se las catalogó cuando debutaron en 2022.

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Y ya las cosas arrancan con el pie derecho desde la portada ya que en lugar de poner otra foto de las chicas (que no es malo ni mucho menos, pero si que puede hacer desconfiar a los “Trves” de turno), han optado por una preciosa portada oscura con un cuervo negro, que también parece marcar el sendero por el que va a transcurrir el disco.

El disco ya arranca con la potente pieza que le da título y podemos ver como las guitarras rockeras se combinan con las voces de las chicas, mostrando un principio de evolución clarísimo, aunque sin dejar de mirar por el retrovisor a bandas como Amaranthe y Halestorm.

Lo mismo ocurre con “Like a Witch”, esos teclados nos recuerdan a HIM y hay que destacar la imponente presencia vocal de Herma, Karmen y Jelena, sin dejar de lado a Tezzi y Erina, claramente las chicas le han puesto un poquito más de gasolina a su sonido, evidenciando que todo este tiempo de espera ha merecido la pena.

“Set Me Free”, es otro ejemplo de que Venus 5 son un abanico muy grande de sonidos y estilos musicales, en este caso hablamos de un corte medio pop oscuro pero con ciertos guiños a Within Temptation y un gran solo de guitarra que le aporta cierto toque melancólico a la canción.

“Surrender”, en cambio coquetea con el metal moderno y el sonido sinfónico refrescando al disco antes de que se haga medio repetitivo.

Sin desmerecer a sus componentes, hay que decir que posiblemente la que mejor está es Herma, conocida por su labor en Sick N’ Beautiful y que le da el toque más metalero a V5, pero sin perder la sensualidad macarra en su voz, Karmen o Jelena, por ejemplo, si que tienen matices vocales parecidos, muy buenos, pero que a veces cuesta diferenciarlas, cosa que con Herma o Tezzi no sucede.

Y si, claramente había que llegar al momento intimista y que oxigena al disco entre tanto sonido cañero, hablamos de “Take it From the Start”, una “Power Ballad”, donde es simplemente impecable escucharlas a todas y que cada una le de su personalidad a la canción.

Posiblemente estemos ante una de las mejores canciones de Venus 5 hasta la fecha y donde la “Desnudez” musical de sus componentes adornan una pieza muy intensa, emotiva y que pone los pelos de punta al oyente al pulsar el play y escuchar sus voces.

El disco no va a cambiar la vida de nadie, pero si que es un golpe sobre la mesa por parte de estas cinco mujeres, donde se reivindican como artistas y puede ser un faro al que seguir para guiarse musicalmente en un futuro cercano, bravo por ellas!

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Neurosis – An Undying Love For a Burning World (2026)
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Siempre hay que ser honesto en la vida, así que no voy a dejar de seguir ese camino nunca, por lo cual no quiero engañar a nadie, hablar de este nuevo disco de Neurosis, para mi ha sido un gran desafío y una gran responsabilidad, primero por lo que representa la banda en mi vida y segundo porque es un disco al cual le falta una pieza clave, que lamentablemente tiró por tierra su carrera, debido a unas acciones impropias, lamentables y que al menos para mi, han supuesto una gran decepción hacía esa persona, la cual no es otra que Scott Kelly.

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Pero como de todas las crisis se puede salir y remontar el vuelo cual ave fénix, la banda ha parado la pelota, reflexionado y entre todos han vuelto a ser esa banda atrapante, pesada, intensa, reflexiva y arrolladora que siempre fueron. El resultado de esto es An Undying Love For a Burning World, su primer álbum en una década y donde el conjunto de todos brilla como uno sólo bajo lo que representan: NEUROSIS.

Como estos tipos juegan en otra liga, para este retorno certificaron una jugada estratégica (casi) perfecta y esta no es otra que el fichaje del señor Aaron Turner, conocido por su gran labor al frente de Isis (otra de las vacas sagradas dentro del sludge y el post metal), quién ha entendido como pocos lo que significa ponerle voz a las canciones de la banda norteamericana y reflejar por medio de ellas, la ansiedad dentro de una sociedad que vive en plena crisis, pero muchas (y por que no todas) veces gran parte de ella, prefiere mirar hacia otro lado, la intensidad y caos que se vive en la actualidad y como la música es una válvula de escape para muchos de nosotros.

El disco como siempre no se excede en cantidad de canciones, sin embargo las ocho piezas rebasan la hora de duración, con lo cual podemos esperar exactamente lo que vinimos a buscar: Una colección de piezas musicales y artísticas, las cuales merecen su debido tiempo y espacio, antes de poder entender dentro del caos, que aquí nuevamente hay oro macizo para pulir.

Ni siquiera los 53 segundos de “We Are Torn Wide Open”, son simplemente la introducción al disco, es un grito desgarrador de una herida que tenemos abierta y que no sabemos como curarla, observando incrédulos como cicatriza y se vuelve a abrir en un descuido.

“Mirror Deep” echa sal sobre la carne viva y los riffs pesados hacen aún más intenso el dolor, para pasar a un puente tenebroso y que genera una “falsa” sensación de calma, que puede hacerte pensar que Neurosis han bajado la intensidad, pues no amigo, el siguiente tramo de la canción es una patada en la cara que te noquea y la cual vas a tener que escuchar repetidas veces para entender como la banda ha plasmado a la perfección todo lo que han representado en sus cuatro décadas de trayectoria.

Los nueve minutos de “Blind”, que no os paséis de listos, no es un cover del mítico himno popularizado por Korn,si no un descenso al fango más pegajoso y denso que haya en cualquier pantano, con unas guitarras cortantes y la voz de Turner que hace añicos ya no solamente nuestros oídos si no también nuestras almas, dando una clase magistral de como a través de la desesperación, se puede hacer una canción impresionante.

“Untethered” es algo más inmediata que otras piezas del álbum, pero entendamos que hablamos de Neurosis, aquí nada es de fácil digestión, todo lleva al pensamiento profundo, al análisis casi obsesivo para entender como estos tipos tras 12 discos de estudio pueden aún descolocar todo tu universo y hacerlo trizas en unos pocos minutos.

Y quizás en “In The Waiting Hours”, con esa introducción tan triste y fría como hermosa y atrapante, vemos la joya de la corona dentro del disco, con minutos de melancolía instrumental que dan lugar a la reflexión a solas bajo un hilo de luz entre las paredes de tu habitación, para de forma progresiva ir liberando esos demonios internos que siempre nos atacan o simplemente tenemos dentro de uno o una misma.

Neurosis no solamente han vuelto por todo lo alto, han vuelto a dejar otro testimonio imponente de como hacer frente al dolor, la angustia, el caos y la supervivencia, plasmado en canciones largas, pesadas, abrumadoras y que aún así, son absolutamente necesarias.

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Mammon’s Throne – My Body To The Worms (2026)
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My Body to the Worms, es la última entrega de los australianos Mammon’s Throne, el tercer álbum de estudio en su carrera, iniciada en 2019 y, debo confesar, el primero que cae en mis manos. Ha sido un sorprendente hallazgo: el funeral slam ha infectado mi cerebro.

Se trata de un disco pesado, ominoso, pegadizo y con una sólida calidad musical. Cuarenta y dos minutos de discurso profético repartidos en siete largas pistas, cada una con sus propias señas de identidad.

“Senseless Death” sienta el tono de todo el trabajo: un death metal que se acerca al doom y al black metal. Casi diez minutos de canción, pero con varios cambios que hacen que no suene para nada monótona y que abarcan desde lo instrumental a lo vocal, ya que alterna los guturales de Matthew Miller con algunos pasajes de voz limpia, muy profunda, teatral y llena de matices. 

La segunda pieza, “Clandestine Unholy Rites”, no es una canción al uso, sino un corte de tono atmosférico, casi cinematográfico, que incluye sonidos ambientales propios de un cementerio embrujado. Campanas lejanas, tenebrosos susurros y chillidos de animales nos dan paso a la que es en mi opinión, la pieza más memorable del álbum.

Y es que “Elixir” lo tiene todo: es pegadiza, es potente, es oscura y es una canción referencial, pues su protagonista principal es Nosferatu, ¡con un giro! Si bien la letra encaja con lo que conocemos de esta figura vampírica, en el videoclip está encarnado por una mujer (Bailey Dior, estupenda en el papel). La propia banda ha comentado sobre el tema: “Durante el proceso de composición nos propusimos crear un tema directo y contundente, sin florituras, y pensamos que sería divertido incluir influencias del hardcore con un breakdown hacia el final. En broma, bautizamos esta nueva fusión como ‘Funeral-Slam’, una etiqueta que parece haberse quedado”. 

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Tras eso, tenemos “Every Day More Sickened”, la pieza más rápida en cuanto a ritmo (no así de duración, ya que de nuevo roza los diez minutos). Con letras demoledoras y críticas, que nos hablan de hipocresía y desazón en una era de odio y nos hacen preguntarnos qué puede ser salvado en este mundo cruel. Aporta también un videoclip de inspiración noventera, como un VHS casero grabado en la era dorada del videoclip: la idea es quizás arriesgada pero salen del paso con total soltura.

“At the Threshold of Eternity” es otra pieza de transición, que nos pone en guardia para “An Angel’s Grace”, una canción melancólica, embriagadora y llena de saturación, que juega con los coros y diversas técnicas vocales.

El disco finaliza con “Departed”, canción que también posee un interesante vídeo musical, inspirado esta vez en el western gótico, y con la colaboración de otra figura femenina, la modelo y actriz Bridgette Baini. La banda también comenta: “Sin planearlo, la canción evolucionó hacia una balada oscura, gótica y western. Una atmósfera que la banda siempre había querido explorar, dada nuestra admiración por Fields of the Nephilim, Nick Cave, Wayfarer y la canción ‘They Rode On’ de Watain. Comenzó a ganar intensidad, culminando en un crescendo de black metal, lo cual representa a la perfección la esencia de Mammon’s Throne: la fusión de géneros”. El solo de guitarra que nos encontramos hacia el final de la canción es una manera muy potente de cerrar este interesante trabajo.

En resumen, lo que nos ofrece Mammon’s Throne es dramatismo, oscuridad, ritmo, referencialidad y amor por lo retro, que empapa también la portada de este y de sus anteriores discos. Se le pueden aplicar muchas etiquetas: death, doom, sludge, groove, black y hasta su propia aportación autodenominada “Funeral slam”. Sin embargo, etiquetas aparte, los australianos han encontrado en esta mezcla un sonido propio, muy reconocible y único. 

My body to the worms, es un álbum muy completo y bien construido. Un regalo especialmente dedicado a quienes, como yo, sufren de horror vacui y disfrutan dejándose arrastrar por los sonidos más densos. Puede ser re-escuchado hasta la intoxicación sin ningún problema.

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Chez Kane – Reckless (2026)
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Tras dos excelentes trabajos, la reina del hard rock melódico actual Chez Kane, ha estrenado Reckless, su esperadísimo tercer disco, que aunque se ha hecho esperar un poquito más de lo deseado, vuelve a posicionarla como una de las artistas más destacadas de la escena en estos últimos años.

En estos diez nuevos tracks, la artista galesa sigue circulando la senda del hard rock de corte ochentero, claramente melódico y que evidencia que no hace falta cambiar el mundo con un disco, si se hacen bien las cosas y mantiene el nivel que uno espera de esta chica.

El disco abre fuego con el corte que le da título y podemos comprobar como su voz sigue sonando ideal en este tipo de canciones, con esa base que recuerda a Bon Jovi e incluso la versión mas rockera de The Bangles y te imaginas ya en un venue lleno de gente, con tus vaqueros ajustados, cerveza en mano y cantando con el puño en alto el estribillo, el cual es digno de la época a la que Kane rinde su particular y personal homenaje.

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Con “Personal Rock N’ Roll”, la cantante acelera un poquito y te transmite esa energía y desenfado que la canción presenta, con una melodía irresistible y unos coros acertadísimos.

El solo de guitarra termina por adornar de forma más que notable la pieza.

Las revoluciones bajan un poco, pero no así, la intensidad y es que “Night of Passion”, nos muestra el lado AOR de Chez y lo bien que se desenvuelve en el mismo, con un descaro y unas intenciones de conquistarte y vaya si lo logra.

En “Strip Me Down”, podemos ver como a pesar de no haber nacido en los días dorados de aquella época, la cantante plasma como pocas (quizás H.E.A.T. podrían ser su versión masculina) las canciones de este estilo, su voz sigue a pleno endiablada y melódica a la que añade un estribillo que no se te borrará de la mente, una vez pulses el play.

Y aunque a los “Trves”, les moleste, esta chica despliega una sensualidad más que evidente a lo largo de todo el disco, por eso no es de extrañar, que encienda el ambiente en el binomio que conforman “Tongue of Love” y “Love Tornado”.

La primera, viene con el bajo marcando el ritmo y un aroma a Whitesnake, Danger Danger, Vixen y el Sunset Strip, que deja poco a la imaginación ya que sería un corte perfecto para cualquier “Night Club” de Hollywood Boulevard, un sábado por la noche.

Por el contrario, en la segunda, las guitarras vuelven a brillar y la morena hace de las suyas con su voz en un corte que claramente podría ser banda sonora de cualquier película de los 80 o incluso una de mitad de los 90, protagonizada por una rubia por todos conocida…no hace falta que de más pistas verdad?

Como en su día “Dangerzone” o “Nationwide”, este representa el lado más cañero de Chez Kane y supone uno de los mejores (si no el mejor) cortes del disco.

Y con “Bad Girl”, que bien podría pasar por un tema de (las ya extintas) Cobra Spell, la línea se mantiene y caer en los encantos de esta chica, se hace cada vez más difícil, algo que se acentúa con la poderosa “Too Dangerous”, donde destaca el estribillo y como Chez rasga su voz para mostrar su lado cañero y macarra, con un excelente resultado.

Con la hard rockera “Bodyrock”, que trae a la memoria bandas como Europe y Survivor, el disco llega a su fin, haciéndose más corto de lo que parece y con algunos puntos que comentar.

Para empezar es una más que digna continuación de su anterior trabajo, claramente esta chica sabe donde esta parada y cual es su objetivo dentro de la música y es poder llegar a la mayor cantidad posible de gente, siendo una “Rompecorazones” actual llena de talento y mucha actitud.

Quizás, podría habérsele exigido un poquito más de variedad entre las canciones, sobre todo en la segunda mitad del disco, pero ni eso empaña un gran trabajo y que si no fallan las cosas, debería posicionarla un poquito más arriba de lo que ya está.

Chez Kane sigue pletórica y sin apenas rivales dentro de su escena, pero debe mantener la línea para llegar a la altura y estatus de los grandes nombres femeninos que la influenciaron… El futuro lo tiene en sus manos, ojalá lo sepa aprovechar.

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Exodus – Goliath (2026)
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A estas alturas de la historia, pedirle a Exodus que reinvente la rueda es un ejercicio inútil. Sin embargo, su nuevo álbum, Goliath (2026), nos pone frente a un espejo incómodo: ¿cuánto peso tiene el legado frente a la frescura? Tras darle las vueltas necesarias al disco, la conclusión es agridulce. Es un álbum que cumple con el manual de estilo, pero que difícilmente logre escalar al podio de sus clásicos.

El trabajo de Gary Holt en las guitarras sigue siendo el motor de la banda; sus riffs son precisos, punzantes y mantienen esa agresividad que los caracteriza. No obstante, aquí es donde entra tu punto: el disco no sobresale. Se siente como una continuación lógica y segura de Persona Non Grata, pero sin ese hambre de gloria que sentíamos en décadas pasadas.

Los adelantos nos dejaron un sabor algo tibio. Canciones que, serán efectivas en el mosh pit, resultan un tanto “flojas” en su estructura lírica y compositiva. Si bien se destaca la energía de temas como el homónimo “Goliath”, pero realmente la banda se mueve en una zona de confort técnica de la que rara vez deciden salir.

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Curiosamente, lo más interesante del álbum ocurre cuando deciden soltar el freno de mano del Thrash tradicional. Como bien se pude notar en la última pieza del disco es la que realmente captura la atención. Mientras que el resto del álbum puede sentirse como una ráfaga de velocidad estándar, el cierre —con matices más oscuros y una estructura más épica— demuestra que Exodus todavía tiene una capacidad narrativa superior cuando se aleja de los clichés del género. Es en esos momentos de experimentación y densidad donde la voz de Rob Dukes encuentra matices que no se ven opacados por la velocidad de los tracks iniciales.

Goliath es un recordatorio de que Exodus sigue siendo el “equipo de demolición” de la Bay Area, pero carece de ese factor sorpresa que separa a un buen disco de uno memorable. Es un trabajo sólido para los fanáticos acérrimos, pero quizás un tanto monótono para el oyente casual que busca algo más que solo agresividad técnica.

Un mazo pesado, pero que golpea en los mismos lugares de siempre.

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Black Label Society – Engines Of Demolition (2026)
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Muchos dicen que, a veces, por el solo hecho de escuchar a una banda podés deducir de donde viene. Bueno, no es que sea muy difícil saber de donde viene Rammstein si cantan en alemán. Tal es el caso de Black Label Society que cuando los escuché por primera vez, noté esa influencia californiana de agrupación de motoqueros que desayunan cigarrillos con whisky. Y sí que se les nota eh.

La banda comandada por el excelentísimo Zakk Wylde acaba de lanzar al mercado su última obra Engines Of Demolition.

Es quizás un disco que no venga a romper con estándares ni de la industria, ni mucho menos de la propia banda, pero algo les aseguro y es que el buen Zakk nunca defrauda. Un álbum que lo tiene todo, entre lo enérgico de su guitarra, a baladas californianas y hasta un gran y especial homenaje a quien supo ser su referente musical durante muchos años: el mismísimo Ozzy Osbourne.

El disco fue escrito enteramente por Zakk desde el momento en que iniciaron un tour compartido con Pantera allá por el 2022. Lo acompaña como siempre Jhon DeServio en bajo, Jeff Fabb en percusión y Dario Lorina en guitarra.

Algunos muy buenos momentos se dan con piezas como “Gatherer of Souls” con la clásica super distorsión del muchacho o “Broken and Blind”.

“Above & Below” un gran segmento del álbum con estrofas aguerridas que descansan en un estribillo pacífico y limpio. “Back To Me” la primer balada del disco y que nunca falta en un disco de Black Label Society.

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Como antesala del final “The Stranger” es totalmente destacable porque expone el virtuosismo de Wylde con su guitarra.

Lo más especial de este disco llega justo al final. Todos sabemos que la relación que han forjado Ozzy y Zakk es casi como la de un padre con su hijo desde aquel momento en 1987 que reemplazo al gran Jake E Lee.

Fueron casi 2 décadas de éxito de acompañar a Ozzy al mismo tiempo que aprovechaba el envión para llevar a Black Label Society a los oídos de la gente. Todo su respeto, amor y admiración lo plasma en “Ozzy’s Song”.

“The skies may cry

But I’ll be holding on, holding on

The skies may cry

Now the race is run

All the chaos and all the wars

When all is said and done

I couldn’t ask for more”

Un disco que no busca ser pretencioso musicalmente ni competir con los demás. Engines Of Demolition es parte de la autorrealización de Zakk Wylde y de Black Label como banda. Una obra que representa fehacientemente lo que la agrupación y el guitarrista es. Una producción con el sello californiano que no presenta errores y que suena como tiene que sonar el metal sureño.

 

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Gotthard – More Stereo Crush (2026)
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El EP More Stereo Crush de Gotthard funciona como una extensión directa del álbum Stereo Crush del 2025, pero lejos de sentirse como un simple conjunto de descartes, muestra a la banda afinando su identidad con mayor claridad; este mini álbum reúne material proveniente de las mismas sesiones, incluyendo cinco temas inéditos y uno más en conjunto con Mark Storace de Krokus, lo que le da una vibra familiar, ya que Flavio Mezzodi actual baterista de Gotthard también es parte actual de Krokus.

Desde el arranque, el EP mantiene ese enfoque de hard rock melódico que ha sido la marca registrada del grupo durante décadas, canciones como “Ride The Wave” destacan por su energía despreocupada y ese aire impulsado por riffs pegadizos y una interpretación vocal muy armónica de Nic Maeder, recordando por momentos al espíritu más clásico de Gotthard.

Uno de los puntos más atractivos del disco es la nueva versión de “Liverpool”, ahora convertida en un dueto junto a Marc Storace (de Krokus), que aporta un contraste vocal interesante y lleva el tema a otro nivel, aquí se nota especialmente la habilidad de la banda para construir duetos efectivos sin perder contundencia, algo que la crítica ha señalado como una de sus mayores virtudes dentro del hard rock europeo.

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“Smiling in the Pouring Rain” se mueve en terrenos más sensibles, con un enfoque melódico que encaja perfectamente dentro del catálogo de baladas del grupo, mientras que cortes como “Snafu” o “Mayday” mantienen el pulso hardrockero con coros un poco a lo Def Leppard pero con el sello de Gotthard.

El conjunto general deja una impresión positiva, de hecho, algunas reseñas destacan que este lanzamiento y su anterior disco Stereo Crush logran recuperar consistencia respecto a su predecesor, describiéndolo como un regreso más sólido a la esencia clásica de la banda y un paso en la dirección correcta.

En definitiva, More Stereo Crush reafirma el lugar de Gotthard dentro del hard rock actual.; este un EP que funciona tanto como complemento para fans como una muestra de que, incluso después de tantos años, la banda sigue encontrando formas de sonar auténtica, directa y efectiva sin perder su adn.

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Dylan Gers – Melancholic Madman (2025)
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Hace unos pocos días surgió, como siempre en este medio, la posibilidad de concretar una entrevista con cierto artista emergente. Dicha entrevista fue llevada a cabo por Agustin Saccone, quien casualmente, también estuvo en el papel de entrevistado. En esta ocasión, la persona del otro lado de la pantalla fue Dylan Gers, joven músico de rock británico que se viene abriendo paso desde hace poco tiempo con una lista de singles y que lanzó el año pasado su ahora primer material recopilatorio en formato de EP, Melancholic Madman.

Dylan, de apenas un cuarto de siglo, estuvo hablando con Agustín y contándole muchas cosas de lo hecho y lo venidero y como suele ser en este medio, nunca está de más acompañar esas entrevistas con una reseña sobre el material tratado.

Por ello me dispuse este sábado de equinoccio otoñal darles mi opinión de este nuevo álbum.

Melancholic Madman es una obra de rock alternativo y psicodélico con influencias o similitudes a bandas como The Cure, U2, Midnight Oil y otros grandes artistas. Con vestigios bluseros, Dylan encara esto como un proyecto unipersonal haciendo cargo de prácticamente todo, pero con un claro dominio de las guitarras y voces.

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“Feel My Heart” es la pieza que da inicio, que con poco mas de 3 minutos y guitarras limpias acompañados de un estribillo que se hace escuchar recién a la segunda vuelta, deja muy claro de que va este nuevo EP.

Luego continua con “Talisman” que me gusta todavía más que su predecesora. Un punteo bien ejecutado al inicio abre las puertas para un narrador que pareciera estar divagando sobre la perdida de su esencia personal. El cierre es maravilloso. “Moonlight Lies” con un tempo más cercano al de una balada es lo que sigue. Una gran pieza que transita pura tranquilidad para terminar generando incomodidad con lo que pareciera ser el sonido de un theremín.

El disco termina con “Young Boy”, una canción que realmente denota una sensación de melancolía, aquella que da título al mismo.

Un EP que Dylan construyó de manera genuina, con cada uno de los instrumentos que están al alcance de su mano, en su habitación. Sin usar atajos, el joven músico redondea un gran inicio de carrera que seguramente verá un constante crecimiento en los años venideros. Melancholic Madman no es solo música personal, si no una construcción musical meramente artística y orgánica, totalmente alejada de lo que son las producciones industriales que hasta el más iniciado de los músicos suele perseguir.

 

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