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Ponte del Diavolo – De Venom Natura (2026)
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Hay una leyenda en Turín que dice que el Diablo construyó un puente en una sola noche, y que todavía hoy puede verse su huella de casco en la piedra, cerca de la capilla del lugar. Que una banda italiana haya elegido ese nombre —Ponte del Diavolo, el Puente del Diablo— no es casualidad. Es una declaración de intenciones: oscuridad con historia, maldad con raíces.


Con De Venom Natura, su segundo álbum, estos turinenses no solo confirman el impacto de su debut Fire Blades from the Tomb (2024) sino que lo superan con creces. Cuarenta minutos de veneno bien destilado, editado nuevamente por Season of Mist, que demuestran que la escena italiana de metal extremo sigue siendo una cantera inagotable de propuestas inclasificables.

Lo primero que golpea es la arquitectura sónica. Ponte del Diavolo opera con una base de dos bajistas —Abro y Krato— cuya combinación crea un low-end que no solo se escucha: se siente en el pecho. Uno trabaja con púa, vibrante y rítmico; el otro a dedo, hipnótico y subterráneo. Sobre esa cimentación, la guitarra de Nerium no busca la virtuosidad sino la obsesión: riffs en tremolo que queman como brasas, acordes que atacan con la urgencia del post-punk más oscuro, todo teñido de un tono ocre y ocultista que recuerda al Killing Joke más salvaje o al Nick Cave de los primeros Bad Seeds. La batería de Segale Cornuta completa el cuadro desde un enfoque casi experimental: construye hipnosis, rompe con golpes sincopados, y cuando la canción lo exige, se lanza de lleno al groove punk sin pensarlo dos veces.

Pero el corazón de la banda es Erba del Diavolo. Su voz de contralto funciona como el hilo conductor de un ritual: en “Every Tongue Has Its Thorns” invoca con la frialdad de un exorcismo mientras los blast-beats y el trémolo incendian los altavoces; en “Lunga Vita Alla Necrosi” —larga vida a la necrosis, gentileza del título— convierte el riff en una maldición cantada en italiano que suena exactamente como debería sonar la música de un film de terror italiano de los 70. Esa referencia no es exagerada: hay algo de Dario Argento en el ADN de este disco, una psicodelia oscura que te hace caminar por un bosque de noche sintiendo que algo te sigue.

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El álbum incorpora invitados que no son mero adorno. El trombón de Francesco Bucci en “Spirit, Blood, Poison, Ferment!” abre una dimensión nueva —más sucia, más de brass band infernal—, mientras el clarinete bajo de Vittorio Sabelli y el theremin de Sergio Bertani aportan capas de extrañeza que ubican a la banda en un territorio avant-garde que no necesita etiquetas modernas para existir. Todo el diseño sonoro, a cargo del ingeniero Danilo Bartocchio, logra que semejante densidad instrumental no colapse en barro: cada elemento respira.

El punto de mayor consenso entre los que escucharon el disco —y también el más debatido— es “Delta-9 (161)”. El título ya adelanta algo: Δ9 C21H30O2 es la fórmula química del THC. La canción avanza con una lentitud casi agónica, la voz repite su mantra con la cadencia monocorde de un anuncio de metro, y el clarinete bajo deambula como fantasma de una película muda de vanguardia. Es la pieza más arriesgada del álbum y también la más divisiva: demasiado extensa para lo que propone en su primera mitad, aunque su segunda parte, cuando el doom pesado finalmente explota, justifica en parte la espera. Es el único momento donde el hechizo que el disco teje tan cuidadosamente se interrumpe, aunque no se rompe del todo.

El resto del recorrido sostiene el nivel. “Silence Walk With Me” presenta como invitado a Gionata Potenti —conocido como Omega, de Nubivagant y Frostmoon Eclipse—, cuya voz cambia la temperatura de la canción de manera quirúrgica, mientras Erba responde con un registro que roza el growl. El cierre con “In the Flat Field” —guiño sin duda consciente a Bauhaus— trae acentos casi pop-rock que, lejos de desentonar, demuestran la seguridad de una banda que ya no necesita demostrar nada.

De Venom Natura es un disco de personalidad desbordante en tiempos de copias y referencias vacías. Ponte del Diavolo no inventó la mezcla de black metal con doom y post-punk, pero la ejecutan como si fuera propia, con la convicción de quienes genuinamente creen en lo que hacen. Si el primer álbum sembró la semilla, este la hace florecer en algo que huele a peligro, a oscuridad húmeda y a veneno de la buena.

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New Found Glory – Listen Up! (2026)
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Con casi tres décadas de trayectoria, los chicos de New Found Glory ya no tienen nada que demostrar a nadie, porque todos los que conocemos su trayectoria hemos sido testigos de como su mezcla de pop punk, sonidos alternativos y una pizca de hardcore melódico, los han convertido en una de las mejores bandas de su generación, con lo cual recibir un disco como Listen Up!, es motivo de celebración y ganas de seguir vibrando con su música.

Pero esto no quita para que con el disco en las manos uno tenga que analizar su contenido de la forma más sincera y coherente posible, ya que hemos sido testigos de como algunos compañeros de escena han tirado su carrera por la borda con discos mediocres y viviendo en la actualidad de sus días dorados (All Time Low sería el ejemplo perfecto de ello).

Sea como sea, los de Coral Springs regresan con su onceavo trabajo de estudio (sin contar sus recopilatorios, acústicos y discos de versiones), tras un lustro para demostrar que en lo suyo siguen siendo de los mejores y lo cierto es que escuchando estas diez nuevas canciones de la banda norteamericana, pocos argumentos hay para contradecirlos.

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Algo muy importante y evidente a tener en cuenta escuchando el álbum es que no hay “Hits” definitorios, es decir, no tenemos un “My Friend’s Over You”, no hay una explosión de easycore como en “The Truth of My Youth” y menos aún himnos inmortales de pop punk como “Hit or Miss” o “Forget My Name”, pero a cambio tenemos un disco más que sólido, con algunos temas redondos y otros que mantienen el nivel sin necesidad de brillar ni tampoco ser mero relleno.

Pongamos por ejemplo “100%”, uno de los singles del disco, donde con esas guitarras que tanto han caracterizado a la banda y un Jordan Pundik excelente a las voces, prometen en el estribillo luchar contra las adversidades y entregarnos lo mejor de si mismos, un mensaje alto y claro que afortunadamente con este disco han vuelto a cumplir.

Para los que disfrutaron de Catalyst, NFG nos regala uno de los mejores cortes del disco en “Beer and Blood Stains”, con los coros callejeros de Chad Gilbert y el mismísimo Dan O’Connor de Four Year Strong, pudiendo pasar por un tema de estos últimos sin despeinarse y homenajeando a la escena que también los vio nacer, apoyándolos siempre.

El “Breakdown” es una delicia y remite a finales de los 90 y comienzos del 2000, dejando claro que NFG siempre tuvieron estas raíces, más allá de sumarle melodías infecciosas a las mismas.

Con “You Got This”, tendríamos el puente entre su primera época y su etapa actual, demostrando que los años pasan, pero el sonido de NFG sigue más vivo e intacto que nunca.

En “Dream Boy Again”, destacan por la melodía bonita y nostálgica que rodea al corte, mientras que el cierre final con “Frankenstein’s Monster” , regala otro de los mejores temas del disco y muestra como casi tres décadas después de su álbum debut, New Found Glory siguen siendo capaces de regalarnos grandes canciones y aunque el disco no vaya a darles la popularidad de antaño, si que los mantiene como una banda sólida, honesta y capaz de generar expectación con cada lanzamiento que realizan.

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Karnivool – In Verses (2026)
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Texto: Matías Frank

TRECE años tuvieron que pasar para escuchar material nuevo de una de las bandas más importantes de la escena del metal progresivo en la actualidad. Y la verdad es que valió la pena la espera. In Verses, el cuarto álbum de los australianos Karnivool, acaba de salir este 6 de febrero y es el sucesor del aclamado Asymmetry.

Después de haber lanzado cinco singles —“All It Takes” fue publicado allá por el ya lejano 2021—, la espera llegó a su fin.

Sin apuros, y a lo largo de diez canciones con una duración promedio de seis minutos cada una, la banda busca transmitir una mirada crítica y profundamente humana de lo que somos como individuos y como sociedad. Y es que en In Verses, si hay algo que queda claro, es que los tiempos que corren no son para nada auspiciosos. Hay un sentimiento de desesperanza y frustración que atraviesa el disco de punta a punta y pinta un panorama bastante desolador. La portada del álbum es elocuente en ese sentido: un árbol seco en primer plano, en medio de un desierto, y una antena detrás que busca amplificar un mensaje, un grito de ayuda o una llamada a abrir los ojos.

“Ghost”, el tema que abre el disco, arranca con una base rítmica y una guitarra suave que va creciendo hasta estallar en una piña al mentón. Busca despertarnos para lo que será una experiencia emocional intensa a lo largo de los diez temas.

Se puede decir que “Aozora” es la pieza central del álbum. El título de la canción proviene del japonés y significa “cielo azul”. Y es justamente un grito al cielo, una suerte de catarsis en busca de liberación, de escape.

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Acaso el punto más alto del disco, a mi entender, llega con “Animation”. De la mano de Jon Stockman y un bajo hipnótico que nos sumerge en lo profundo de un tema con variaciones rítmicas y guitarras sutiles que parecieran conversar entre ellas.

La primera y, hasta ahora, única colaboración de la banda con otro artista llega con “Reanimation”. Y nada más y nada menos que con Guthrie Govan, uno de los guitarristas más virtuosos que hayan pisado este planeta. El inglés deja su sello con un solo a la medida del tema, con una precisión que roza la perfección. Un solo virtuoso que, a la vez, destaca por su simpleza y complementa la canción en lugar de eclipsarla.

En “Conversations” y “Opal” encontramos el lado más melódico y reflexivo de In Verses, donde la voz de Ian Kenny toma el protagonismo absoluto y se siente como un abrazo en comparación con el resto de los temas.

Con In Verses, Karnivool no deja dudas de que es una de las bandas que llevan la bandera del metal progresivo bien en alto y se carga al hombro la cruzada de canciones que invitan a la reflexión, acompañadas de un virtuosismo musical digno de los grandes del género. Porque ese virtuosismo no busca alardear, no es un fin en sí mismo, sino una herramienta al servicio de la expresión.

Si hiciéramos una escucha a ciegas sin saber de qué banda se tratase, identificaríamos a Karnivool como los autores, pero sin que esto represente un demérito en absoluto. No se trata de repetirse a sí mismos ni de seguir una fórmula probada; al contrario, lograron mantener su esencia y, a la vez, crear algo distinto. Y eso es digno de reconocimiento, más aún en estos tiempos en los que las fórmulas del “éxito” se reproducen hasta el hartazgo y la inmediatez se erige como regente de nuestro día a día.

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Evermore – Mourbraind (2026)
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EVERMORE están próximos a lanzar su tercer álbum de estudio bajo el título de Mournbraid, el que será editado a través del sello Scarlet Records y se encuentra previsto para el próximo 20 de marzo del 2026.

Una vez más, estos suecos nos brindan su sonido característico de riffs de guitarra agresivos, voces épicas y coros inolvidables, todo ello amplificado por una producción impecable.

El trío escandinavo, compuesto por Johan Haraldsson (voces), Johan Karlsson (guitarra, bajo, piano y orquestaciones) y Andreas Vikland (guitarra y batería), viene perfeccionado su sonido y propuesta en cada nueva producción y en esta oportunidad nos ofrecen liricas que nos cuentan una historia diferente desde la perspectiva de individuos que experimentan la diversidad de los desafíos de la existencia y las luchas personales.

Ya desde la misma introducción, a cargo de “The Void”, nos encontramos con una interesante combinación de épica y sinfonía como botón de muestra de lo que nos espera a lo largo de la placa.

“Underdark” aúna potencia, velocidad, riffs filosos y una batería que descarga blast beats furiosos y mucho doble bombo. A lo dicho sumemos un estribillo diseñado para ser disfrutado en vivo. Un inicio potente.

En “Nightstar Odyssey” la agrupación sueca baja un poco la velocidad y desarrollan interesantes cambios de ritmo, especialmente en la parte instrumental y en el final del tema, variantes que permiten disfrutar de uno de los temas de mayor duración del álbum, todo ello matizado por un coro épico y melódico.

Luego nos encontramos con “Titans”, una de las canciones más destacables del larga duración, con un comienzo terrible a toda velocidad y poseedor un estribillo que resulta imposible quitártelo de la cabeza luego de escucharlo.

A su turno, “Oath of Apathy”, la canción más larga de la placa, nos muestra a este trio sueco en un medio tiempo pesado y armónico, con variaciones rítmicas intensas, y que contiene claros guiños y referencias al estilo powermetalero de los nórdicos.

Por su parte, “The Illusionist (Raise the Curtain)”, uno de los sencillos del álbum, “Armored Will”, con una loa vibrante al heavy metal, y “Ravens at the Gates “, ponen de manifiesto la conjunción de coros épicos, melodías, orquestaciones y riffs machacantes que caracterizan al trio.

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La parte final de esta nueva producción de EVERMORE está reservada a dos verdaderas gemas en la carrera de estos suecos. La canción que presta su nombre al disco, “Mournbraid”, con un comienzo a pura velocidad y fuerza que hace imposible que dejes de mover la cabeza hasta que la última nota se apegue. Reúne todas las armas de la banda melodías, riffs filosos, estribillos para ser tocados en vivo e interesantes cambios de ritmos

Y el final se encuentra reservado para “Old Man’s Tale”, a modo de bonus track, la canción que podríamos catalogar como la más lenta del disco, pero paradójicamente, es la composición más emotiva y no se encuentra privada de fuerza. Casi cantada a capela, acompañado por extensos momentos tan solo con un piano, la voz de Johan Haraldsson te conduce a través de las emociones que tiene la nítida intención de hacerte transitar a lo largo de la duración de la canción. Arbitrariamente imaginamos un interesante porvenir en las presentaciones en vivo de estos suecos.

Lo hemos dicho en otras oportunidades donde nos tocó reseñar discos de agrupaciones que pueden ser catalogadas como power metal y, no por ello, debería sonar reiterativo. Para un género que pareció abrumar al ambiente del metal a fines de los noventa y en los primeros años de este siglo, la utilización correcta de sus elementos característicos, insertados en los lugares adecuados, con inteligencia y sensibilidad melódica, sigue rindiendo frutos.

La nueva placa de EVERMORE es una clara demostración de ello: interesantes composiciones que te mantienen entretenido de principio a fin, generándote ansias de escuchar lo que sigue para descubrir que es lo que tienen preparado para vos.

En ciertas ocasiones no es necesario inventar la pólvora para dar la nota, es suficiente con ofrecer composiciones logradas que contengan inteligentemente ubicadas las notas características de lo que pretendes brindar a tus oyentes.

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Kubika – Disorders (2026)
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De las cenizas de Eternal Psycho, la talentosa y a la vez inquieta Beka Bioskes ha lanzado el álbum debut de su nuevo proyecto metalero, al que ha bautizado como Kubika y visto lo que tienen para ofrecer, puede ser lo mejor que haya hecho hasta la fecha.

El disco es breve y conciso, 8 cortes, sin florituras ni nada que pueda sonar artificial, es metal moderno con elementos de otros estilos, pero todos bajo un mismo universo: El de su vocalista, la cual aún tiene mucho que ofrecer en la escena “Under” nacional y también fuera de nuestras fronteras.

Una cosa importante aparte de los temas son las letras ya que abordan temas especialmente delicados como pueden ser la ansiedad, la obsesión, la depresión y en general todo lo relacionado con la salud mental y como nos afecta a diario.

El disco abre fuego y nos sumerge en este viaje con “Blue Smile”, donde claramente podemos identificar rastros de bandas como In This Moment, pero que también muestra una clara evolución vocal por parte de Beka, sobre todo a nivel melódico, mucho más directa y clara a la hora de plasmar la letra del tema.

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Tras este frenético inicio, llega “Fight or Flight”, otro cañonazo con unas guitarras afiladísimas y cuya estructura podría recordar un poquito a los Sumo Cyco más pasados de vuelta, pero con ese toque moderno y teatral que engancha a la primera escucha y donde la cantante sigue haciendo melodías endiabladas por medio del micrófono, seduciendo al oyente antes de empujarlo al vacío con unos screams infernales y muy bien ejecutados.

El binomio de singles “Personality Disorders” y “Breathless”, fueron grandes cartas de presentación para este debut, llenas de matices a descubrir, pasajes muy técnicos y un tratamiento en la voz de Beka, muy interesante y a la altura de compañeros como 5Rand, además de claro está, Jinjer y Stitched Up Heart, pero repito, con una personalidad muy fresca y marcada que los diferencia de muchos compañeros de profesión en la escena actual de nuestro país.

“Dark Passenger”, continúa la senda del disco, el cual merece ser escuchado con dedicación y tiempo, para poder ir descubriendo los secretos que contiene en cada escucha que uno le de, mientras que “Dementia”, pone el punto y final con un toque más cercano al nu/groove metal, que le dan la frescura necesaria para no caer en la repetición ni sonora ni a nivel interpretativa, cerrando este debut de una manera más que interesante.

Y es que Kubika no van a revolucionar el metal nacional, sin embargo, tienen muchas papeletas para ser uno de los nombres propios de la escena en un futuro que, visto lo ofrecido en el disco debut, tiene pinta de ser muy corto.

Beka y compañía han jugado muy bien sus cartas y se han llevado el primer asalto de la partida, veremos hasta donde los lleva su ambición y sus inquietas mentes.

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Story of the Year – A.R.S.O.N. (2026)
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A veces es necesario parar la pelota cuando el partido no da para más y quizás plantear las cosas de otra forma y volver cuando sea el momento adecuado, creo que esta introducción define muy bien la carrera de los norteamericanos Story of the Year, que este año regresan con su séptimo disco de estudio, para demostrar que cuando quieren, aún tienen muchas alegrías que darnos, tal y como hicieron antaño.

Pero es escuchar los primeros compases de “Gasoline (All Rage Still Only Numb)”, para darnos cuenta que poco y nada ha cambiado en la esencia de estos chicos, con un Dan Marsala sonando igual de agresivo y a la vez melódico que en sus días dorados y una base instrumental pesada e intensa acompañando a lo largo del corte, son el combo perfecto para abrir el álbum.

Ese sonido tan calculado y a la vez atrapante que siempre han tenido se mantiene en cortes como “Disconnected”, con un comienzo más dulce que un caramelo a lo Yellowcard y que explota en un estribillo que te transporta sin escalas dos décadas atrás y te imaginas en el Warped Tour viéndolos junto a otros compañeros como Simple Plan, Alexisonfire, Good Charlotte, AFI o Goldfinger, entre otros y es imposible que no se te escape una sonrisa al recordar aquellos días.

Las guitarras vuelven con un abrazo entre el pop punk y el post hardcore gracias a “See Through”, un pelotazo lleno de adrenalina adolescente y que aparte de ser ultra melódica, sorprende porque estamos en 2026 y parece sacada del 2004, es impresionante como Marsala ha mantenido la voz a pleno, quizás como podría ocurrir con Jordan Pundik de New Found Glory o Spencer Chamberlain de Underoath, tipos para los que parece no haber pasado el tiempo, pues este es el caso del vocalista de SOTY, una delicia para el oyente igual que hace dos décadas atrás.

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“Fall Away”, sorprende con la participación de Jacoby Shaddix, vocalista de Papa Roach, que aporta su personalidad en uno de los cortes más combativos del disco, el cual también es de los más “Distintos” que han escrito los de S.T Louis hasta la fecha.

Las guitarras de Ryan Phillips aportan brillo y un toque moderno a las composiciones de la banda, las cuales en este caso si que van en la dirección correcta y justifican que tengamos un nuevo disco en el mercado para los norteamericanos.

“3 Am”, por otro lado, es un corte claramente pop punk con un ligero toque de post hardcore, que volverá a conquistar a aquellos que crecimos escuchando los dos estilos por igual y sin mirar atrás.

Tal como su nombre indica “Into the Dark”, es un corte mucho más oscuro, intenso y con influencia más noventera, que le aporta el toque cañero al disco, pero sin perder el ADN alternativo que siempre ha tenido la banda.

“Halos”, es uno de los mejores cortes del disco, lleno de energía y con esa dualidad vocal por parte de Dan que es marca registrada dentro del género y que puede levantar hasta el más tranquilo del local, ya desde el segundo en el que pulsas “Play”, al corte. El tema se adorna con un gran solo de guitarra por parte de Ryan, ya para ponerle la guinda y encarar la parte final del disco con la cabeza bien alta.

Y si, había algo que faltaba, era un medio tiempo o una balada, para emocionar a sus seguidores y tal como hicieron antaño con “Sidewalks” o “Terrified”, ahora SOTY vuelve a sacar su lado más emotivo en “Better Than High”, una bonita y semi acústica pieza, donde sin su energía habitual, consiguen emocionarnos una vez más, ya que son una de las bandas que mejor realiza esta clase de canciones y esta es la penúltima prueba de ello.

Con “I Don’t Wanna Feel Like This Anymore”, Story of the Year cierra el disco de forma más que notable y sólida, evidenciando su gran estado de forma y como a veces no hace falta sumarse a ninguna moda musical o intentar crear algo forzado, simplemente seguir tus instintos y emociones, que si las sabes gestionar, te llevarán al lugar correcto y es ese lugar y esa escena que los vio nacer, donde la banda pertenece y sigue creando obras tan interesantes y nostálgicas como esta.

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Aeon Gods – Reborn To Light (2026)
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Los alemanes de Aeon Gods están próximos a lanzar su nuevo larga duración bajo el nombre de Reborn To Light; editado a través de Scarlet Records verá la luz el 20 de febrero del 2026.

Luego del debut con King Of Gods, inspirado en leyendas de la antigua Babilonia, nos llega este nuevo álbum cuya historia se basa en el radiante y sombrío reino del antiguo Egipto.

La banda integrada por Alex ‘Sol’Ra-tu’ Hunzinger (voces), Anja ‘Su’en -Chel’ Hunzinger (teclados), Pat ʹUr’Athtarʹ Hesse y Robert ‘Abzu’Kean’ Altenbach (guitarras) y Elias ‘Iš’Taru’ Knorr (batería), nos traen un álbum potente, veloz, con interesantes sinfonías y ambientes cinematográficos para narrarnos antiguas leyendas egipcias.

A eso debemos sumar la presencia de algunas melodías orientales que colaboran para ambientar la historia que los teutones nos quieren contar.

El inicio se encuentra a cargo de uno de los sencillos que sirvieron a modo de adelanto de lo que vendrá: “Birth Of Light”, un tema de power metal clásico con melodías y coros épicos y la velocidad característica del género.

“Flames Of Ember Dawn” y “Feather Or Heart”, respectivamente, nos muestran a la banda bajando la velocidad en la primera parte del estribillo para luego subirla nuevamente y darle un tono claramente épico al coro y poniendo en evidencia, en la segunda de las canciones mencionada, el lado más rockero del grupo.

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Las joyas compositivas de esta producción se encuentran a cargo de “Amduat” y “Re’s Dying Reign” y sus cuatro y tres partes respectivamente. Ambas composiciones no se entienden sin cada una de las canciones que la integran donde la banda recurre a la combinación de distintos elementos que le permiten crear diferentes atmosferas que te acompañan a lo largo de cada uno de los temas que dan vida a estas historias. Cada una de las partes se encuentra pensada en función de las restantes, lo que permite a la agrupación sumergirte en una tormenta de arena musical.

La primera de las composiciones mencionadas se encuentra formada por “Barque Of Millions (Amduat pt. I)” un comienzo casi a un medio tempo que con “The Sacred Union (Amduat pt. II)” vuelve a incrementar la velocidad con una melodía épica y un más que interesante blast beat; a su turno “Soldiers Of Re (Amduat pt. III)” se encuentra caso a mitad de camino entre las dos anteriores presentando unos riffs pesados y densos y un estribillo corto y melódico, para dar paso a “Reborn To Light (Amduat pt. IV)”, un gran cierre con un coro épico hecho para ser gritado a plena voz en vivo, velocidad y melodía.

Por su parte, “Rebellion (Re’s Dying Reign pt. I)”, “Blood And Sand (Re’s Dying Reign pt. II)” y “Blood And Sand (Re’s Dying Reign pt. II)” dan forma a esta trilogía. Con un inicio narrado y un tema pesado pero sin abusar de la velocidad, la banda nos introduce en esta nueva historia para luego bajar las revoluciones y generar la atmósfera necesaria para la explosión de power metal que representa la tercera parte: sin dudas las melodías más powermetaleras de todo el larga duración y un doble bombo que grita presente de principio a fin para hacer llegar a nuestros oídos un coro épico que seguramente será uno de los momentos destacados en las futuras presentaciones en vivo de los teutones. Desde el comienzo de la primera parte hasta el último acorde de la trilogía la presencia de melodías orientales nos permite ambientarnos en las arenas del alto y bajo Egipto.

La placa nos presenta todos los elementos propios del genero colocados acertadamente en el lugar que permite potenciarlos y ofrecer a los oyentes un disco de power metal que no decepciona ni aburre. Ninguno de dichos elementos se encuentra sobreexplotado, sino que son usados en su justa medida para beneficio de las composiciones.

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Sylosis – The New Flesh (2026)
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El nuevo disco de Sylosis supone otro paso firme en la evolución reciente de los británicos. Tras el notable A Sign of Things to Come (2023), la banda vuelve a apretar los dientes con: The New Flesh, un trabajo donde recuperan agresividad sin perder el pulso melódico que siempre ha marcado su identidad. Lejos quedan ya los días de Conclusion of an Age o Dormant Heart, pero su esencia sigue ahí, ahora reforzada por una producción más contundente bajo el respaldo de Nuclear Blast Records.

Desde el arranque con “Beneath the Surface” queda claro que el grupo apuesta por riffs más densos y un enfoque más groove, sin abandonar su base metalcore. Hay más peso en las guitarras, más intención en cada breakdown y un equilibrio mejor medido entre melodía y violencia. La sombra del thrash clásico aparece en varios pasajes, con ese regusto afilado que inevitablemente recuerda a Slayer, pero siempre filtrado por el sello propio de la banda.

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En temas como “Spared from the Guillotine” o “Circle of Swords” la maquinaria rítmica brilla con especial intensidad. La batería de Ali Richardson golpea con precisión quirúrgica, mientras que las guitarras construyen muros de sonido compactos y directos al cuello. “Erased” y “Lacerations” recuperan ese equilibrio entre técnica y pegada que tan bien dominan, mientras que “Mirror Mirror” introduce pequeños matices atmosféricos que amplían el espectro sin suavizar el conjunto.

A nivel vocal, Josh Middleton suena más agresivo, más rasgado y convincente, reforzando el tono oscuro del álbum. Incluso cuando bajan ligeramente la intensidad, como en “Everywhere at Once”, la tensión nunca desaparece. The New Flesh es un disco compacto, directo y sin relleno, donde Sylosis demuestra que puede sonar más feroz sin renunciar a su ADN.

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Converge – Love is Not Enough (2026)
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A estas alturas de la película creo no ser el único que piensa que de no existir una banda como Converge, habría que inventarla, ya que su manera de expresarse, de transmitir emociones e incluso de hacerte pensar con cada disco que publican es digno de admiración y al alcance de unos pocos.

Esta breve pero más que sincera introducción se debe a que con su undécimo trabajo de estudio, la banda de Salem (Massachusetts), lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a entregar una obra exquisita, llena de matices y misterios a descubrir en cada escucha y donde el dolor y la rabia que sale de la garganta del señor Jacob Bannon, sirve al oyente como una suerte de catarsis abrumadora, pero con unos resultados más que satisfactorios.

Recordemos también que la banda regresa tras un lustro desde su álbum en conjunto con Chelsea Wolfe, donde exploraron otros terrenos, intercambiando ideas con la cantante californiana y donde el resultado fue más que interesante, intenso, hermoso, brutal y honesto, pero que también adolecía de cierto “ADN” propio de Converge en algunas partes del mismo.

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Ahora, la banda vuelve a lo que son, un conjunto de mentes inquietas, llenas de preguntas sin respuestas fáciles y con mucho que analizar y transmitir a su público.

Si dejamos un poco el romanticismo y la fascinación, lo que podemos entender con estas diez piezas, es que Converge son una banda que no tiene techo y que siempre va a encontrar un giro para seguir mejorando su discografía y este nuevo trabajo es la penúltima adición a la misma.

Y porque sucede esto?, simple y llanamente porque las canciones aquí entregadas están al mismo nivel que todo lo que los norteamericanos han publicado a lo largo de su carrera, quizás no sea un disco histórico como Jane Doe o menos frenético que Axe to Fall, pero igual de interesante que ambos trabajos y eso ya dice muchísimo en favor de estos muchachos.

Pongamos algunos ejemplos para ilustrar el disco, ahí tenemos la acelerada “To Feel Something”, con ese ritmo abrasador y cargado de energía que se contrapone a “Amon Amak”, igual de feroz, pero mucho más densa y llena de fango, acercándose al sonido más propio del sludge y donde dejas salir tus demonios en cada grito que Jacob escupe por el micrófono y que tiene en “Gilded Cage”, una suerte de puente tenebroso con tintes post metaleros, que es una absoluta delicia para el oyente.

Entonces, volvamos al principio, con este nuevo disco Converge no solamente vuelven a dar en la diana, si no que además, siguen haciendo de la desolación, el dolor y la angustia, una suerte de arte hecho música.

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Puscifer – Normal Isn’t (2026)
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Si querés entender el estado mental de Maynard James Keenan en Normal Isn’t, no hace falta leer entrevistas enteras ni ponerse a analizar letras con lupa: alcanza con mirar el personaje en el que parece reflejarse. El disco se apoya en una figura mucho más incendiaria y al borde del colapso, cercana a William Foster, el protagonista de Un día de furia. Un tipo empujado al límite por la fealdad cotidiana, la estupidez normalizada y la violencia estructural del mundo moderno. Esa tensión permanente atraviesa todo el álbum.

Normal Isn’t llega cinco años después de Existential Reckoning, aquel disco atravesado por la pandemia, donde todavía había espacio para pensar en comunidad, empatía y reconstrucción. Hoy el panorama es más áspero. El mundo no se calmó: se radicalizó. Polarización política, cinismo global, guerras asomando, tecnología avanzando sin ética, redes sociales embruteciendo y una sensación constante de que todo está fuera de eje. Este disco no grita eso: lo respira.

Musicalmente, Puscifer sigue siendo ese terreno donde Maynard James Keenan juega sin red. Electrónica oscura, groove pesado, guitarras secas, climas post-punk y una base rítmica que no busca lucirse sino hipnotizar. El trío Maynard James Keenan, Carina Round y Mat Mitchell está más afilado que nunca, funcionando como un organismo único. Acá no hay canciones hechas para el algoritmo; hay ideas que se desarrollan con paciencia, tensión y repetición.

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A diferencia de Existential Reckoning, Normal Isn’t es más sutil, pero también más oscuro. Hay momentos sorprendentemente pegadizos, como “Bad Wolf” e “ImpetoUs”, que funcionan casi como trampas melódicas dentro de un disco denso. También aparece el humor ácido de siempre, como en “Mantastic”, donde se ríen de las contradicciones ridículas de la masculinidad moderna. Pero, en general, el tono es serio, porque el contexto no da para chistes largos.

Uno de los puntos más fuertes del disco es “The Quiet Parts”, una canción hermosa y peligrosa a la vez. No levanta la voz, no acusa directamente, pero señala algo fundamental: el problema no siempre son los villanos evidentes, sino nuestra pasividad frente a ellos. Escucharla hoy, con discursos deshumanizantes cada vez más normalizados, pega distinto.

El cierre con “The Algorithm” apunta directo al corazón del presente: redes sociales, distracción constante, indignación programada y la sensación de que estamos siendo idiotizados justo cuando más falta haría actuar. No desde el enojo adolescente, sino desde un cansancio lúcido.

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Si el disco tiene un mensaje general, no es apocalíptico, aunque lo parezca. Puscifer recuerda que la civilización humana siempre fue un péndulo: extremos que van y vienen, épocas de luz y de sombra. La clave está en no naturalizar el odio, no dejar que la brutalidad se vuelva cotidiana. Aguantar. Resistir. Elegir conscientemente no convertirse en aquello que uno critica.

Normal Isn’t no es un disco fácil ni inmediato. No busca likes ni catarsis rápida. Es denso, coherente, incómodo y profundamente honesto. No reinventa el universo de Puscifer, pero lo oscurece, lo profundiza y lo vuelve más urgente.

La verdadera fortaleza de Puscifer y de Maynard James Keenan en particular (que es lo que aprecio de corazón de este artista y amo) está en su capacidad para tomar temas profundamente incómodos y críticos, digerirlos sin simplificarlos ni suavizarlos, y transformarlos en música que no baja línea, pero sí pega directo en el alma. Normal Isn’t no busca consolar ni dar respuestas: expone, incomoda y resuena. Y, en ese proceso, logra algo mucho más difícil que la denuncia o el enojo: convertir el caos del mundo en una experiencia artística honesta, intensa y humana, que se siente tanto en la cabeza como en el cuerpo.

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Ponte del Diavolo – De Venom Natura (2026)
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Hay una leyenda en Turín que dice que el Diablo construyó un puente en una sola noche, y que todavía hoy puede verse su huella de casco en la piedra, cerca de la capilla del lugar. Que una banda italiana haya elegido ese nombre —Ponte del Diavolo, el Puente del Diablo— no es casualidad. Es una declaración de intenciones: oscuridad con historia, maldad con raíces.


Con De Venom Natura, su segundo álbum, estos turinenses no solo confirman el impacto de su debut Fire Blades from the Tomb (2024) sino que lo superan con creces. Cuarenta minutos de veneno bien destilado, editado nuevamente por Season of Mist, que demuestran que la escena italiana de metal extremo sigue siendo una cantera inagotable de propuestas inclasificables.

Lo primero que golpea es la arquitectura sónica. Ponte del Diavolo opera con una base de dos bajistas —Abro y Krato— cuya combinación crea un low-end que no solo se escucha: se siente en el pecho. Uno trabaja con púa, vibrante y rítmico; el otro a dedo, hipnótico y subterráneo. Sobre esa cimentación, la guitarra de Nerium no busca la virtuosidad sino la obsesión: riffs en tremolo que queman como brasas, acordes que atacan con la urgencia del post-punk más oscuro, todo teñido de un tono ocre y ocultista que recuerda al Killing Joke más salvaje o al Nick Cave de los primeros Bad Seeds. La batería de Segale Cornuta completa el cuadro desde un enfoque casi experimental: construye hipnosis, rompe con golpes sincopados, y cuando la canción lo exige, se lanza de lleno al groove punk sin pensarlo dos veces.

Pero el corazón de la banda es Erba del Diavolo. Su voz de contralto funciona como el hilo conductor de un ritual: en “Every Tongue Has Its Thorns” invoca con la frialdad de un exorcismo mientras los blast-beats y el trémolo incendian los altavoces; en “Lunga Vita Alla Necrosi” —larga vida a la necrosis, gentileza del título— convierte el riff en una maldición cantada en italiano que suena exactamente como debería sonar la música de un film de terror italiano de los 70. Esa referencia no es exagerada: hay algo de Dario Argento en el ADN de este disco, una psicodelia oscura que te hace caminar por un bosque de noche sintiendo que algo te sigue.

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El álbum incorpora invitados que no son mero adorno. El trombón de Francesco Bucci en “Spirit, Blood, Poison, Ferment!” abre una dimensión nueva —más sucia, más de brass band infernal—, mientras el clarinete bajo de Vittorio Sabelli y el theremin de Sergio Bertani aportan capas de extrañeza que ubican a la banda en un territorio avant-garde que no necesita etiquetas modernas para existir. Todo el diseño sonoro, a cargo del ingeniero Danilo Bartocchio, logra que semejante densidad instrumental no colapse en barro: cada elemento respira.

El punto de mayor consenso entre los que escucharon el disco —y también el más debatido— es “Delta-9 (161)”. El título ya adelanta algo: Δ9 C21H30O2 es la fórmula química del THC. La canción avanza con una lentitud casi agónica, la voz repite su mantra con la cadencia monocorde de un anuncio de metro, y el clarinete bajo deambula como fantasma de una película muda de vanguardia. Es la pieza más arriesgada del álbum y también la más divisiva: demasiado extensa para lo que propone en su primera mitad, aunque su segunda parte, cuando el doom pesado finalmente explota, justifica en parte la espera. Es el único momento donde el hechizo que el disco teje tan cuidadosamente se interrumpe, aunque no se rompe del todo.

El resto del recorrido sostiene el nivel. “Silence Walk With Me” presenta como invitado a Gionata Potenti —conocido como Omega, de Nubivagant y Frostmoon Eclipse—, cuya voz cambia la temperatura de la canción de manera quirúrgica, mientras Erba responde con un registro que roza el growl. El cierre con “In the Flat Field” —guiño sin duda consciente a Bauhaus— trae acentos casi pop-rock que, lejos de desentonar, demuestran la seguridad de una banda que ya no necesita demostrar nada.

De Venom Natura es un disco de personalidad desbordante en tiempos de copias y referencias vacías. Ponte del Diavolo no inventó la mezcla de black metal con doom y post-punk, pero la ejecutan como si fuera propia, con la convicción de quienes genuinamente creen en lo que hacen. Si el primer álbum sembró la semilla, este la hace florecer en algo que huele a peligro, a oscuridad húmeda y a veneno de la buena.

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New Found Glory – Listen Up! (2026)
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Con casi tres décadas de trayectoria, los chicos de New Found Glory ya no tienen nada que demostrar a nadie, porque todos los que conocemos su trayectoria hemos sido testigos de como su mezcla de pop punk, sonidos alternativos y una pizca de hardcore melódico, los han convertido en una de las mejores bandas de su generación, con lo cual recibir un disco como Listen Up!, es motivo de celebración y ganas de seguir vibrando con su música.

Pero esto no quita para que con el disco en las manos uno tenga que analizar su contenido de la forma más sincera y coherente posible, ya que hemos sido testigos de como algunos compañeros de escena han tirado su carrera por la borda con discos mediocres y viviendo en la actualidad de sus días dorados (All Time Low sería el ejemplo perfecto de ello).

Sea como sea, los de Coral Springs regresan con su onceavo trabajo de estudio (sin contar sus recopilatorios, acústicos y discos de versiones), tras un lustro para demostrar que en lo suyo siguen siendo de los mejores y lo cierto es que escuchando estas diez nuevas canciones de la banda norteamericana, pocos argumentos hay para contradecirlos.

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Algo muy importante y evidente a tener en cuenta escuchando el álbum es que no hay “Hits” definitorios, es decir, no tenemos un “My Friend’s Over You”, no hay una explosión de easycore como en “The Truth of My Youth” y menos aún himnos inmortales de pop punk como “Hit or Miss” o “Forget My Name”, pero a cambio tenemos un disco más que sólido, con algunos temas redondos y otros que mantienen el nivel sin necesidad de brillar ni tampoco ser mero relleno.

Pongamos por ejemplo “100%”, uno de los singles del disco, donde con esas guitarras que tanto han caracterizado a la banda y un Jordan Pundik excelente a las voces, prometen en el estribillo luchar contra las adversidades y entregarnos lo mejor de si mismos, un mensaje alto y claro que afortunadamente con este disco han vuelto a cumplir.

Para los que disfrutaron de Catalyst, NFG nos regala uno de los mejores cortes del disco en “Beer and Blood Stains”, con los coros callejeros de Chad Gilbert y el mismísimo Dan O’Connor de Four Year Strong, pudiendo pasar por un tema de estos últimos sin despeinarse y homenajeando a la escena que también los vio nacer, apoyándolos siempre.

El “Breakdown” es una delicia y remite a finales de los 90 y comienzos del 2000, dejando claro que NFG siempre tuvieron estas raíces, más allá de sumarle melodías infecciosas a las mismas.

Con “You Got This”, tendríamos el puente entre su primera época y su etapa actual, demostrando que los años pasan, pero el sonido de NFG sigue más vivo e intacto que nunca.

En “Dream Boy Again”, destacan por la melodía bonita y nostálgica que rodea al corte, mientras que el cierre final con “Frankenstein’s Monster” , regala otro de los mejores temas del disco y muestra como casi tres décadas después de su álbum debut, New Found Glory siguen siendo capaces de regalarnos grandes canciones y aunque el disco no vaya a darles la popularidad de antaño, si que los mantiene como una banda sólida, honesta y capaz de generar expectación con cada lanzamiento que realizan.

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Karnivool – In Verses (2026)
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Texto: Matías Frank

TRECE años tuvieron que pasar para escuchar material nuevo de una de las bandas más importantes de la escena del metal progresivo en la actualidad. Y la verdad es que valió la pena la espera. In Verses, el cuarto álbum de los australianos Karnivool, acaba de salir este 6 de febrero y es el sucesor del aclamado Asymmetry.

Después de haber lanzado cinco singles —“All It Takes” fue publicado allá por el ya lejano 2021—, la espera llegó a su fin.

Sin apuros, y a lo largo de diez canciones con una duración promedio de seis minutos cada una, la banda busca transmitir una mirada crítica y profundamente humana de lo que somos como individuos y como sociedad. Y es que en In Verses, si hay algo que queda claro, es que los tiempos que corren no son para nada auspiciosos. Hay un sentimiento de desesperanza y frustración que atraviesa el disco de punta a punta y pinta un panorama bastante desolador. La portada del álbum es elocuente en ese sentido: un árbol seco en primer plano, en medio de un desierto, y una antena detrás que busca amplificar un mensaje, un grito de ayuda o una llamada a abrir los ojos.

“Ghost”, el tema que abre el disco, arranca con una base rítmica y una guitarra suave que va creciendo hasta estallar en una piña al mentón. Busca despertarnos para lo que será una experiencia emocional intensa a lo largo de los diez temas.

Se puede decir que “Aozora” es la pieza central del álbum. El título de la canción proviene del japonés y significa “cielo azul”. Y es justamente un grito al cielo, una suerte de catarsis en busca de liberación, de escape.

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Acaso el punto más alto del disco, a mi entender, llega con “Animation”. De la mano de Jon Stockman y un bajo hipnótico que nos sumerge en lo profundo de un tema con variaciones rítmicas y guitarras sutiles que parecieran conversar entre ellas.

La primera y, hasta ahora, única colaboración de la banda con otro artista llega con “Reanimation”. Y nada más y nada menos que con Guthrie Govan, uno de los guitarristas más virtuosos que hayan pisado este planeta. El inglés deja su sello con un solo a la medida del tema, con una precisión que roza la perfección. Un solo virtuoso que, a la vez, destaca por su simpleza y complementa la canción en lugar de eclipsarla.

En “Conversations” y “Opal” encontramos el lado más melódico y reflexivo de In Verses, donde la voz de Ian Kenny toma el protagonismo absoluto y se siente como un abrazo en comparación con el resto de los temas.

Con In Verses, Karnivool no deja dudas de que es una de las bandas que llevan la bandera del metal progresivo bien en alto y se carga al hombro la cruzada de canciones que invitan a la reflexión, acompañadas de un virtuosismo musical digno de los grandes del género. Porque ese virtuosismo no busca alardear, no es un fin en sí mismo, sino una herramienta al servicio de la expresión.

Si hiciéramos una escucha a ciegas sin saber de qué banda se tratase, identificaríamos a Karnivool como los autores, pero sin que esto represente un demérito en absoluto. No se trata de repetirse a sí mismos ni de seguir una fórmula probada; al contrario, lograron mantener su esencia y, a la vez, crear algo distinto. Y eso es digno de reconocimiento, más aún en estos tiempos en los que las fórmulas del “éxito” se reproducen hasta el hartazgo y la inmediatez se erige como regente de nuestro día a día.

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Evermore – Mourbraind (2026)
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EVERMORE están próximos a lanzar su tercer álbum de estudio bajo el título de Mournbraid, el que será editado a través del sello Scarlet Records y se encuentra previsto para el próximo 20 de marzo del 2026.

Una vez más, estos suecos nos brindan su sonido característico de riffs de guitarra agresivos, voces épicas y coros inolvidables, todo ello amplificado por una producción impecable.

El trío escandinavo, compuesto por Johan Haraldsson (voces), Johan Karlsson (guitarra, bajo, piano y orquestaciones) y Andreas Vikland (guitarra y batería), viene perfeccionado su sonido y propuesta en cada nueva producción y en esta oportunidad nos ofrecen liricas que nos cuentan una historia diferente desde la perspectiva de individuos que experimentan la diversidad de los desafíos de la existencia y las luchas personales.

Ya desde la misma introducción, a cargo de “The Void”, nos encontramos con una interesante combinación de épica y sinfonía como botón de muestra de lo que nos espera a lo largo de la placa.

“Underdark” aúna potencia, velocidad, riffs filosos y una batería que descarga blast beats furiosos y mucho doble bombo. A lo dicho sumemos un estribillo diseñado para ser disfrutado en vivo. Un inicio potente.

En “Nightstar Odyssey” la agrupación sueca baja un poco la velocidad y desarrollan interesantes cambios de ritmo, especialmente en la parte instrumental y en el final del tema, variantes que permiten disfrutar de uno de los temas de mayor duración del álbum, todo ello matizado por un coro épico y melódico.

Luego nos encontramos con “Titans”, una de las canciones más destacables del larga duración, con un comienzo terrible a toda velocidad y poseedor un estribillo que resulta imposible quitártelo de la cabeza luego de escucharlo.

A su turno, “Oath of Apathy”, la canción más larga de la placa, nos muestra a este trio sueco en un medio tiempo pesado y armónico, con variaciones rítmicas intensas, y que contiene claros guiños y referencias al estilo powermetalero de los nórdicos.

Por su parte, “The Illusionist (Raise the Curtain)”, uno de los sencillos del álbum, “Armored Will”, con una loa vibrante al heavy metal, y “Ravens at the Gates “, ponen de manifiesto la conjunción de coros épicos, melodías, orquestaciones y riffs machacantes que caracterizan al trio.

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La parte final de esta nueva producción de EVERMORE está reservada a dos verdaderas gemas en la carrera de estos suecos. La canción que presta su nombre al disco, “Mournbraid”, con un comienzo a pura velocidad y fuerza que hace imposible que dejes de mover la cabeza hasta que la última nota se apegue. Reúne todas las armas de la banda melodías, riffs filosos, estribillos para ser tocados en vivo e interesantes cambios de ritmos

Y el final se encuentra reservado para “Old Man’s Tale”, a modo de bonus track, la canción que podríamos catalogar como la más lenta del disco, pero paradójicamente, es la composición más emotiva y no se encuentra privada de fuerza. Casi cantada a capela, acompañado por extensos momentos tan solo con un piano, la voz de Johan Haraldsson te conduce a través de las emociones que tiene la nítida intención de hacerte transitar a lo largo de la duración de la canción. Arbitrariamente imaginamos un interesante porvenir en las presentaciones en vivo de estos suecos.

Lo hemos dicho en otras oportunidades donde nos tocó reseñar discos de agrupaciones que pueden ser catalogadas como power metal y, no por ello, debería sonar reiterativo. Para un género que pareció abrumar al ambiente del metal a fines de los noventa y en los primeros años de este siglo, la utilización correcta de sus elementos característicos, insertados en los lugares adecuados, con inteligencia y sensibilidad melódica, sigue rindiendo frutos.

La nueva placa de EVERMORE es una clara demostración de ello: interesantes composiciones que te mantienen entretenido de principio a fin, generándote ansias de escuchar lo que sigue para descubrir que es lo que tienen preparado para vos.

En ciertas ocasiones no es necesario inventar la pólvora para dar la nota, es suficiente con ofrecer composiciones logradas que contengan inteligentemente ubicadas las notas características de lo que pretendes brindar a tus oyentes.

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Kubika – Disorders (2026)
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De las cenizas de Eternal Psycho, la talentosa y a la vez inquieta Beka Bioskes ha lanzado el álbum debut de su nuevo proyecto metalero, al que ha bautizado como Kubika y visto lo que tienen para ofrecer, puede ser lo mejor que haya hecho hasta la fecha.

El disco es breve y conciso, 8 cortes, sin florituras ni nada que pueda sonar artificial, es metal moderno con elementos de otros estilos, pero todos bajo un mismo universo: El de su vocalista, la cual aún tiene mucho que ofrecer en la escena “Under” nacional y también fuera de nuestras fronteras.

Una cosa importante aparte de los temas son las letras ya que abordan temas especialmente delicados como pueden ser la ansiedad, la obsesión, la depresión y en general todo lo relacionado con la salud mental y como nos afecta a diario.

El disco abre fuego y nos sumerge en este viaje con “Blue Smile”, donde claramente podemos identificar rastros de bandas como In This Moment, pero que también muestra una clara evolución vocal por parte de Beka, sobre todo a nivel melódico, mucho más directa y clara a la hora de plasmar la letra del tema.

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Tras este frenético inicio, llega “Fight or Flight”, otro cañonazo con unas guitarras afiladísimas y cuya estructura podría recordar un poquito a los Sumo Cyco más pasados de vuelta, pero con ese toque moderno y teatral que engancha a la primera escucha y donde la cantante sigue haciendo melodías endiabladas por medio del micrófono, seduciendo al oyente antes de empujarlo al vacío con unos screams infernales y muy bien ejecutados.

El binomio de singles “Personality Disorders” y “Breathless”, fueron grandes cartas de presentación para este debut, llenas de matices a descubrir, pasajes muy técnicos y un tratamiento en la voz de Beka, muy interesante y a la altura de compañeros como 5Rand, además de claro está, Jinjer y Stitched Up Heart, pero repito, con una personalidad muy fresca y marcada que los diferencia de muchos compañeros de profesión en la escena actual de nuestro país.

“Dark Passenger”, continúa la senda del disco, el cual merece ser escuchado con dedicación y tiempo, para poder ir descubriendo los secretos que contiene en cada escucha que uno le de, mientras que “Dementia”, pone el punto y final con un toque más cercano al nu/groove metal, que le dan la frescura necesaria para no caer en la repetición ni sonora ni a nivel interpretativa, cerrando este debut de una manera más que interesante.

Y es que Kubika no van a revolucionar el metal nacional, sin embargo, tienen muchas papeletas para ser uno de los nombres propios de la escena en un futuro que, visto lo ofrecido en el disco debut, tiene pinta de ser muy corto.

Beka y compañía han jugado muy bien sus cartas y se han llevado el primer asalto de la partida, veremos hasta donde los lleva su ambición y sus inquietas mentes.

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Story of the Year – A.R.S.O.N. (2026)
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A veces es necesario parar la pelota cuando el partido no da para más y quizás plantear las cosas de otra forma y volver cuando sea el momento adecuado, creo que esta introducción define muy bien la carrera de los norteamericanos Story of the Year, que este año regresan con su séptimo disco de estudio, para demostrar que cuando quieren, aún tienen muchas alegrías que darnos, tal y como hicieron antaño.

Pero es escuchar los primeros compases de “Gasoline (All Rage Still Only Numb)”, para darnos cuenta que poco y nada ha cambiado en la esencia de estos chicos, con un Dan Marsala sonando igual de agresivo y a la vez melódico que en sus días dorados y una base instrumental pesada e intensa acompañando a lo largo del corte, son el combo perfecto para abrir el álbum.

Ese sonido tan calculado y a la vez atrapante que siempre han tenido se mantiene en cortes como “Disconnected”, con un comienzo más dulce que un caramelo a lo Yellowcard y que explota en un estribillo que te transporta sin escalas dos décadas atrás y te imaginas en el Warped Tour viéndolos junto a otros compañeros como Simple Plan, Alexisonfire, Good Charlotte, AFI o Goldfinger, entre otros y es imposible que no se te escape una sonrisa al recordar aquellos días.

Las guitarras vuelven con un abrazo entre el pop punk y el post hardcore gracias a “See Through”, un pelotazo lleno de adrenalina adolescente y que aparte de ser ultra melódica, sorprende porque estamos en 2026 y parece sacada del 2004, es impresionante como Marsala ha mantenido la voz a pleno, quizás como podría ocurrir con Jordan Pundik de New Found Glory o Spencer Chamberlain de Underoath, tipos para los que parece no haber pasado el tiempo, pues este es el caso del vocalista de SOTY, una delicia para el oyente igual que hace dos décadas atrás.

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“Fall Away”, sorprende con la participación de Jacoby Shaddix, vocalista de Papa Roach, que aporta su personalidad en uno de los cortes más combativos del disco, el cual también es de los más “Distintos” que han escrito los de S.T Louis hasta la fecha.

Las guitarras de Ryan Phillips aportan brillo y un toque moderno a las composiciones de la banda, las cuales en este caso si que van en la dirección correcta y justifican que tengamos un nuevo disco en el mercado para los norteamericanos.

“3 Am”, por otro lado, es un corte claramente pop punk con un ligero toque de post hardcore, que volverá a conquistar a aquellos que crecimos escuchando los dos estilos por igual y sin mirar atrás.

Tal como su nombre indica “Into the Dark”, es un corte mucho más oscuro, intenso y con influencia más noventera, que le aporta el toque cañero al disco, pero sin perder el ADN alternativo que siempre ha tenido la banda.

“Halos”, es uno de los mejores cortes del disco, lleno de energía y con esa dualidad vocal por parte de Dan que es marca registrada dentro del género y que puede levantar hasta el más tranquilo del local, ya desde el segundo en el que pulsas “Play”, al corte. El tema se adorna con un gran solo de guitarra por parte de Ryan, ya para ponerle la guinda y encarar la parte final del disco con la cabeza bien alta.

Y si, había algo que faltaba, era un medio tiempo o una balada, para emocionar a sus seguidores y tal como hicieron antaño con “Sidewalks” o “Terrified”, ahora SOTY vuelve a sacar su lado más emotivo en “Better Than High”, una bonita y semi acústica pieza, donde sin su energía habitual, consiguen emocionarnos una vez más, ya que son una de las bandas que mejor realiza esta clase de canciones y esta es la penúltima prueba de ello.

Con “I Don’t Wanna Feel Like This Anymore”, Story of the Year cierra el disco de forma más que notable y sólida, evidenciando su gran estado de forma y como a veces no hace falta sumarse a ninguna moda musical o intentar crear algo forzado, simplemente seguir tus instintos y emociones, que si las sabes gestionar, te llevarán al lugar correcto y es ese lugar y esa escena que los vio nacer, donde la banda pertenece y sigue creando obras tan interesantes y nostálgicas como esta.

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Aeon Gods – Reborn To Light (2026)
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Los alemanes de Aeon Gods están próximos a lanzar su nuevo larga duración bajo el nombre de Reborn To Light; editado a través de Scarlet Records verá la luz el 20 de febrero del 2026.

Luego del debut con King Of Gods, inspirado en leyendas de la antigua Babilonia, nos llega este nuevo álbum cuya historia se basa en el radiante y sombrío reino del antiguo Egipto.

La banda integrada por Alex ‘Sol’Ra-tu’ Hunzinger (voces), Anja ‘Su’en -Chel’ Hunzinger (teclados), Pat ʹUr’Athtarʹ Hesse y Robert ‘Abzu’Kean’ Altenbach (guitarras) y Elias ‘Iš’Taru’ Knorr (batería), nos traen un álbum potente, veloz, con interesantes sinfonías y ambientes cinematográficos para narrarnos antiguas leyendas egipcias.

A eso debemos sumar la presencia de algunas melodías orientales que colaboran para ambientar la historia que los teutones nos quieren contar.

El inicio se encuentra a cargo de uno de los sencillos que sirvieron a modo de adelanto de lo que vendrá: “Birth Of Light”, un tema de power metal clásico con melodías y coros épicos y la velocidad característica del género.

“Flames Of Ember Dawn” y “Feather Or Heart”, respectivamente, nos muestran a la banda bajando la velocidad en la primera parte del estribillo para luego subirla nuevamente y darle un tono claramente épico al coro y poniendo en evidencia, en la segunda de las canciones mencionada, el lado más rockero del grupo.

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Las joyas compositivas de esta producción se encuentran a cargo de “Amduat” y “Re’s Dying Reign” y sus cuatro y tres partes respectivamente. Ambas composiciones no se entienden sin cada una de las canciones que la integran donde la banda recurre a la combinación de distintos elementos que le permiten crear diferentes atmosferas que te acompañan a lo largo de cada uno de los temas que dan vida a estas historias. Cada una de las partes se encuentra pensada en función de las restantes, lo que permite a la agrupación sumergirte en una tormenta de arena musical.

La primera de las composiciones mencionadas se encuentra formada por “Barque Of Millions (Amduat pt. I)” un comienzo casi a un medio tempo que con “The Sacred Union (Amduat pt. II)” vuelve a incrementar la velocidad con una melodía épica y un más que interesante blast beat; a su turno “Soldiers Of Re (Amduat pt. III)” se encuentra caso a mitad de camino entre las dos anteriores presentando unos riffs pesados y densos y un estribillo corto y melódico, para dar paso a “Reborn To Light (Amduat pt. IV)”, un gran cierre con un coro épico hecho para ser gritado a plena voz en vivo, velocidad y melodía.

Por su parte, “Rebellion (Re’s Dying Reign pt. I)”, “Blood And Sand (Re’s Dying Reign pt. II)” y “Blood And Sand (Re’s Dying Reign pt. II)” dan forma a esta trilogía. Con un inicio narrado y un tema pesado pero sin abusar de la velocidad, la banda nos introduce en esta nueva historia para luego bajar las revoluciones y generar la atmósfera necesaria para la explosión de power metal que representa la tercera parte: sin dudas las melodías más powermetaleras de todo el larga duración y un doble bombo que grita presente de principio a fin para hacer llegar a nuestros oídos un coro épico que seguramente será uno de los momentos destacados en las futuras presentaciones en vivo de los teutones. Desde el comienzo de la primera parte hasta el último acorde de la trilogía la presencia de melodías orientales nos permite ambientarnos en las arenas del alto y bajo Egipto.

La placa nos presenta todos los elementos propios del genero colocados acertadamente en el lugar que permite potenciarlos y ofrecer a los oyentes un disco de power metal que no decepciona ni aburre. Ninguno de dichos elementos se encuentra sobreexplotado, sino que son usados en su justa medida para beneficio de las composiciones.

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Sylosis – The New Flesh (2026)
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El nuevo disco de Sylosis supone otro paso firme en la evolución reciente de los británicos. Tras el notable A Sign of Things to Come (2023), la banda vuelve a apretar los dientes con: The New Flesh, un trabajo donde recuperan agresividad sin perder el pulso melódico que siempre ha marcado su identidad. Lejos quedan ya los días de Conclusion of an Age o Dormant Heart, pero su esencia sigue ahí, ahora reforzada por una producción más contundente bajo el respaldo de Nuclear Blast Records.

Desde el arranque con “Beneath the Surface” queda claro que el grupo apuesta por riffs más densos y un enfoque más groove, sin abandonar su base metalcore. Hay más peso en las guitarras, más intención en cada breakdown y un equilibrio mejor medido entre melodía y violencia. La sombra del thrash clásico aparece en varios pasajes, con ese regusto afilado que inevitablemente recuerda a Slayer, pero siempre filtrado por el sello propio de la banda.

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En temas como “Spared from the Guillotine” o “Circle of Swords” la maquinaria rítmica brilla con especial intensidad. La batería de Ali Richardson golpea con precisión quirúrgica, mientras que las guitarras construyen muros de sonido compactos y directos al cuello. “Erased” y “Lacerations” recuperan ese equilibrio entre técnica y pegada que tan bien dominan, mientras que “Mirror Mirror” introduce pequeños matices atmosféricos que amplían el espectro sin suavizar el conjunto.

A nivel vocal, Josh Middleton suena más agresivo, más rasgado y convincente, reforzando el tono oscuro del álbum. Incluso cuando bajan ligeramente la intensidad, como en “Everywhere at Once”, la tensión nunca desaparece. The New Flesh es un disco compacto, directo y sin relleno, donde Sylosis demuestra que puede sonar más feroz sin renunciar a su ADN.

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Converge – Love is Not Enough (2026)
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A estas alturas de la película creo no ser el único que piensa que de no existir una banda como Converge, habría que inventarla, ya que su manera de expresarse, de transmitir emociones e incluso de hacerte pensar con cada disco que publican es digno de admiración y al alcance de unos pocos.

Esta breve pero más que sincera introducción se debe a que con su undécimo trabajo de estudio, la banda de Salem (Massachusetts), lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a entregar una obra exquisita, llena de matices y misterios a descubrir en cada escucha y donde el dolor y la rabia que sale de la garganta del señor Jacob Bannon, sirve al oyente como una suerte de catarsis abrumadora, pero con unos resultados más que satisfactorios.

Recordemos también que la banda regresa tras un lustro desde su álbum en conjunto con Chelsea Wolfe, donde exploraron otros terrenos, intercambiando ideas con la cantante californiana y donde el resultado fue más que interesante, intenso, hermoso, brutal y honesto, pero que también adolecía de cierto “ADN” propio de Converge en algunas partes del mismo.

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Ahora, la banda vuelve a lo que son, un conjunto de mentes inquietas, llenas de preguntas sin respuestas fáciles y con mucho que analizar y transmitir a su público.

Si dejamos un poco el romanticismo y la fascinación, lo que podemos entender con estas diez piezas, es que Converge son una banda que no tiene techo y que siempre va a encontrar un giro para seguir mejorando su discografía y este nuevo trabajo es la penúltima adición a la misma.

Y porque sucede esto?, simple y llanamente porque las canciones aquí entregadas están al mismo nivel que todo lo que los norteamericanos han publicado a lo largo de su carrera, quizás no sea un disco histórico como Jane Doe o menos frenético que Axe to Fall, pero igual de interesante que ambos trabajos y eso ya dice muchísimo en favor de estos muchachos.

Pongamos algunos ejemplos para ilustrar el disco, ahí tenemos la acelerada “To Feel Something”, con ese ritmo abrasador y cargado de energía que se contrapone a “Amon Amak”, igual de feroz, pero mucho más densa y llena de fango, acercándose al sonido más propio del sludge y donde dejas salir tus demonios en cada grito que Jacob escupe por el micrófono y que tiene en “Gilded Cage”, una suerte de puente tenebroso con tintes post metaleros, que es una absoluta delicia para el oyente.

Entonces, volvamos al principio, con este nuevo disco Converge no solamente vuelven a dar en la diana, si no que además, siguen haciendo de la desolación, el dolor y la angustia, una suerte de arte hecho música.

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Puscifer – Normal Isn’t (2026)
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Si querés entender el estado mental de Maynard James Keenan en Normal Isn’t, no hace falta leer entrevistas enteras ni ponerse a analizar letras con lupa: alcanza con mirar el personaje en el que parece reflejarse. El disco se apoya en una figura mucho más incendiaria y al borde del colapso, cercana a William Foster, el protagonista de Un día de furia. Un tipo empujado al límite por la fealdad cotidiana, la estupidez normalizada y la violencia estructural del mundo moderno. Esa tensión permanente atraviesa todo el álbum.

Normal Isn’t llega cinco años después de Existential Reckoning, aquel disco atravesado por la pandemia, donde todavía había espacio para pensar en comunidad, empatía y reconstrucción. Hoy el panorama es más áspero. El mundo no se calmó: se radicalizó. Polarización política, cinismo global, guerras asomando, tecnología avanzando sin ética, redes sociales embruteciendo y una sensación constante de que todo está fuera de eje. Este disco no grita eso: lo respira.

Musicalmente, Puscifer sigue siendo ese terreno donde Maynard James Keenan juega sin red. Electrónica oscura, groove pesado, guitarras secas, climas post-punk y una base rítmica que no busca lucirse sino hipnotizar. El trío Maynard James Keenan, Carina Round y Mat Mitchell está más afilado que nunca, funcionando como un organismo único. Acá no hay canciones hechas para el algoritmo; hay ideas que se desarrollan con paciencia, tensión y repetición.

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A diferencia de Existential Reckoning, Normal Isn’t es más sutil, pero también más oscuro. Hay momentos sorprendentemente pegadizos, como “Bad Wolf” e “ImpetoUs”, que funcionan casi como trampas melódicas dentro de un disco denso. También aparece el humor ácido de siempre, como en “Mantastic”, donde se ríen de las contradicciones ridículas de la masculinidad moderna. Pero, en general, el tono es serio, porque el contexto no da para chistes largos.

Uno de los puntos más fuertes del disco es “The Quiet Parts”, una canción hermosa y peligrosa a la vez. No levanta la voz, no acusa directamente, pero señala algo fundamental: el problema no siempre son los villanos evidentes, sino nuestra pasividad frente a ellos. Escucharla hoy, con discursos deshumanizantes cada vez más normalizados, pega distinto.

El cierre con “The Algorithm” apunta directo al corazón del presente: redes sociales, distracción constante, indignación programada y la sensación de que estamos siendo idiotizados justo cuando más falta haría actuar. No desde el enojo adolescente, sino desde un cansancio lúcido.

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Si el disco tiene un mensaje general, no es apocalíptico, aunque lo parezca. Puscifer recuerda que la civilización humana siempre fue un péndulo: extremos que van y vienen, épocas de luz y de sombra. La clave está en no naturalizar el odio, no dejar que la brutalidad se vuelva cotidiana. Aguantar. Resistir. Elegir conscientemente no convertirse en aquello que uno critica.

Normal Isn’t no es un disco fácil ni inmediato. No busca likes ni catarsis rápida. Es denso, coherente, incómodo y profundamente honesto. No reinventa el universo de Puscifer, pero lo oscurece, lo profundiza y lo vuelve más urgente.

La verdadera fortaleza de Puscifer y de Maynard James Keenan en particular (que es lo que aprecio de corazón de este artista y amo) está en su capacidad para tomar temas profundamente incómodos y críticos, digerirlos sin simplificarlos ni suavizarlos, y transformarlos en música que no baja línea, pero sí pega directo en el alma. Normal Isn’t no busca consolar ni dar respuestas: expone, incomoda y resuena. Y, en ese proceso, logra algo mucho más difícil que la denuncia o el enojo: convertir el caos del mundo en una experiencia artística honesta, intensa y humana, que se siente tanto en la cabeza como en el cuerpo.

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