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Devin Townsend – The Moth (2026)
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Son pocos los discos que pueden chapear por ofrecer una experiencia completa a los individuos, abarcando todas las aristas posibles del arte. La música a veces puede igualar al cine en cuanto al resultado emocional que nos deja. Y esa, es la mejor forma de definir a la nueva obra del conocido productor Devin Townsend, The Moth. Una película devenida en álbum musical.

El de Townsend es un nombre conocido para los curiosos del rock y metal, puesto que ha trabajado con grandes artistas, principalmente, Steve Vai. Aunque no podemos pasar por alto la impresionante carrera de su banda de metal extremo, Strapping Young Lad, lo cierto es que siempre se ha manejado como artista individual con sus propios proyectos.

The Moth, se podría decir que es su obra más ambiciosa hasta el momento (aunque todos sus albums tienden a ser siempre complejos). Con poco más de una hora de duración, este álbum de clasificación orquestal fue desarrollado durante todo una década (por eso, ambicioso). En ésta opera de metal, cuenta con la participación del ya mencionado Steve Vai y Anekke Van Giersbergen.

No podría hacer un descripción detallada del disco, por piezas, puesto que son 24, mayoritariamente de corta duración, las que hacen a esta magnífica ópera (muchas de ellas funcionan como preludios).

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Townsend explica que el nombre The Moth (polilla en español), no es al azar, sino que este disco narra la significativa evolución de una persona como lo es la de una oruga que se convierte en polilla. Viejos comportamientos, patrones, que ya no pueden repetirse, el conflicto interno, el espíritu, son algunos de los conceptos que se manifiestan dentro de esta ópera.

En cuanto a lo musical lo tiene todo. Pasajes soft, o más pop, voces limpias, guturales, estructuras progresivas, de jazz, rock clásico, metal pesado y el excepcional trabajo orquestal de la Noord Nederlands Orkest, una agrupación sinfónica de Países Bajos.

La producción suena muy orgánica, lo que resalta mucho más el gran resultado.

The Moth ante todas las cosas se siente muy humano. Una historia musical que hace sentir interpelado hasta al más apático de los seres de esta tierra. Como si fuere una película de Tim Burtón, las emociones fluctúan de un extremo a otro, pero siempre con una sensación de satisfacción hacia el final del disco.

Podríamos estar horas hablando de esta magnífica obra y de Devin Townsend, sobre todo en tiempos donde la vida cotidiana se asemeja más a las distopías de Orwell y Huxley, que a los cálidos tiempos donde prevalecían las conexiones humanas. The Moth es un disco que nos retrotrae a todo eso y por eso, todos deberían permitirse una pausa para escucharlo.

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Social Distortion – Born To Kill (2026)
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A estas alturas, hablar de Social Distortion, es hacerlo de una de las mejores, más destacadas y más influyentes bandas en la historia del sonido alternativo, así de simple y sin discusión, la banda liderada por Mike Ness, traspasó las fronteras del punk rock californiano, para convertirse en una de las mejores bandas de todos los tiempos, tanto si lo queréis admitir como si no.

Por eso había muchas ganas y entusiasmo latente de cara al lanzamiento de Born To Kill, su noveno trabajo de estudio y que llega tras tres largos lustros de espera, para (afortunadamente) volver a poner las cosas en su sitio, de donde nunca se han movido, pero por las dudas reafirmarlos en lo más alto del podio punk rockero hecho en California.

Estas once nuevas piezas, condensan lo mejor y muestran de manera sincera y cruda, la esencia de SD, combinando el punk rock melódico noventero con toques de rock and roll, rockabilly y algo de lo conocido como “Rock americano” onda Tom Petty, por citar un icono del mismo y que es influencia para la banda.

Ya puedes intuir que una vez pasado el trauma que supuso para Ness batallar largo y tendido contra el cáncer, los californianos vuelven con todo y ya en el corte que da título al disco y que ya conocíamos, así nos lo hacen saber, ellos no pretenden inventar nada ni subirse a ningún tren pasajero, sin embargo y con un estribillo escrito en oro, vuelven a demostrar que no solamente menos es más, si no que su calidad sigue estando muy por encima de la media, dentro de su estilo.

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Con “No Way Out”, vemos el toque más oscuro de la banda, donde nos hablan de malas decisiones que pudieron tomar en el pasado, de lo complicada que se puede poner la vida en ciertos momentos y como hay que intentar batallar y liberarse de esos demonios internos, Mike lo sabe bien y así nos lo transmite en estos versos acelerados y con unas guitarras que son una delicia a la hora de dibujar melodías.

La nostalgia se apodera de nosotros con “Things We Were”, recordando tiempos que ya no volverán y que quizás fueron agridulces, pero por lo que sea, a veces vuelven a aparecernos y los recordamos ya sean positivos o no tanto, es sin duda una de las mejores canciones del disco.

Y a partir de aquí comienzan temas variados y muy interesantes, desde el aire country de “Crazy Dreamer” a la critica a su tierra natal California, concretamente al lado superficial, falso y que no engloba a todo el estado, como es Hollywood, sin embargo, es a donde mucha gente siempre ha deseado llegar, con lo bueno y lo malo que ello conlleva.

Y no SD, no crecieron con ese glamour, ellos saben bien lo que son las calles “Pesadas” del sur de California, por eso lo cuentan en esta rockera y más que potente pieza.

Pero esto no para y en “Tonight”, tenemos quizá, el corte más bello y elegante del disco, con un aire rockabilly teñido de country rock, que evidencia como para los Social Distortion, se puede sonar triste pero con actitud al mismo tiempo.

Mientras que el sonido rudo, callejero y peleón se hace presente en “Partners in Crime”, donde te ves con dos o tres chupitos de Jim Beam o Jack Daniels de más, jugando a los dados, viendo señoritas en minifalda y botas tejanas pasar, pero cuidado, porque aunque sus siluetas sean hermosas, si están acompañadas y miras más abajo de la cuenta, se puede organizar una gran pelea, con ese soundtrack, lo mismo tras una partida dudosa de póker o dados.

Como nota particular, tenemos un cover del mítico “Wicked Game”, llevado al terreno de los californianos, pero muy bien resuelto y que lejos de sonar a jugarreta comercial, encaja muy bien con el sonido del disco en general.

Así que si amigos, Social Distortion, ha lamido sus heridas, las ha curado y vuelve a rugir como nunca evidenciando una cosa muy clara: Al tigre, mientras siga rugiendo y siendo líder de la manada, hay que respetarlo, porque no sabes cuan letal puede ser un zarpazo suyo…No lo infravaloreís jamás.

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Sevendust – One (2026)
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Sevendust es uno de esos nombres que al ponerse a escribir acerca de su nuevo disco One, lo primero que se me viene a la mente, son las palabras de mucha gente que me cruzo dentro del mundillo musical ya sea en un concierto, en un bar o incluso en una tienda de discos y estas no son otras que ¿Ah, pero que siguen tocando?, lo cual me lleva a pensar que para mucha gente el nu metal (con las bifurcaciones que queráis) está muy olvidado y solo nos acordamos cuatro de bandas como ellos, que nunca fueron los mejores ni los más populares, sin embargo, su calidad es indiscutible.

La banda de Atlanta, ahora bajo el ala de la escudería Napalm Records, ha condensado en diez potentes piezas lo que es ya su decimoquinto trabajo de estudio, demostrando que te gustarán más o menos, pero trabajadores son un rato estos muchachos.

El disco ya pintaba a ser una continuación más que acertada de su anterior trabajo Truth Killer de 2023 y así lo percibimos cuando escuchamos “Unbreakable” y “Thershold”, dos cañonazos de metal moderno que reafirman a la banda norteamericana como una de las más regulares y destacadas dentro de su escena, porque no, no inventan nada nuevo, pero siguen teniendo ese gancho para conquistarnos con cada lanzamiento que realizan, algo que se podría aplicar también a compañeros de generación como Five Finger Death Punch o incluso Disturbed.

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Los cortes restantes repiten un poquito la fórmula y es justamente ahí donde está el punto débil del álbum, ya que hacia el final se se vuelve algo predecible y aunque la chispa se pierde un poquito, afortunadamente no termina de apagarse y Sevendust consiguen cerrar el disco de una forma más que correcta.

En medio tenemos temas como “Bright Side”, muy moderno y de fácil escucha gracias a una impecable producción a cargo de Michael “Elvis” Baskette o “We Won”, un poco más intenso, pero que va cogiendo músculo y emoción a lo largo del corte y que puede ser aún mejor en directo.

Aunque si, no nos engañemos, la clave para que sin dar en la diana, Sevendust, vuelvan a regalarnos otro disco más que bueno, está en la impresionante y única voz del señor Lajon Whiterspoon, quizás uno de los 5/10 mejores vocalistas de su generación, siendo el santo y seña de esta banda por más de 30 años de carrera y que cuyo estado vocal actual es envidiable.

La banda sin querer sumarse a ningún otro estilo o añadir artefactos de moda, lo que aquí entrega es una obra promedio, que no es letal, pero sin embargo sirve para dar batalla durante los próximos meses y que evidencia como a veces, si tu estatus es uno en concreto, no te dejes la honestidad en casa para mejorarlo, se fiel a tus raíces y te lo vamos a reconocer y en ello, Sevendust jamás han querido ser nada más que lo que son: Una gran banda de metal moderno con otro disco notable bajo el brazo que añadir a su catálogo y eso señores, en 2026 ya es decir mucho.

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Overture – State of Decay (2026)
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El álbum debut de Overture, banda formada entre Tenerife y Reino Unido, es una muy buena carta de presentación y deja claro desde el inicio el nivel de la propuesta. La intro acústica va creciendo de forma progresiva y anticipa lo que vendrá después. Luego aparece “Sirens”, una gran canción melódica que perfectamente podría estar en boca de todos si la editara una banda más consolidada dentro del género. Tiene todos los elementos para destacarse: fuerza, melodía y un trabajo compositivo que merece mucha más difusión de la que probablemente reciba por tratarse de un nombre todavía emergente.

Uno de los puntos más altos del disco es el trabajo vocal de Sergio González, mostrando versatilidad y personalidad tanto en temas más agresivos como “Enemy” y “Beneath The Suffering”, como en la más emotiva “Dead Roses”. “One of Us” suma una interesante combinación de synths y contrastes vocales entre lo desgarrador y lo melódico, acompañados por una banda muy sólida y una producción que permite apreciar cada detalle. Dentro de esa estructura, el trabajo de Javier Acosta en batería sobresale por precisión e intensidad.

“Under My Skin” es una de esas canciones que gana con cada escucha. Puede no impactar de inmediato, pero su estribillo cambia completamente la percepción del tema y termina convirtiéndolo en uno de los momentos más destacados. La canción que da nombre al disco, además de ser una de las más breves —sin contar la introducción—, desarrolla una tensión que termina explotando con mucha fuerza en su tramo final. Más adelante, “Carrying The Burden” apuesta por velocidad y contundencia, mientras que “Alone” vuelve a equilibrar melodía y peso instrumental, destacando el trabajo de guitarras de Jorge Benpaul y Azahar Acosta.

El tramo final mantiene el nivel con “Watch Me”, un cierre muy bien construido. Comienza con un riff potente, una base rítmica sólida y una gran presencia del bajo de Alfred Marrero. La canción juega con distintos matices vocales, incorpora un estribillo muy efectivo y un pasaje acústico que desemboca en un gran solo de guitarra antes de volver a su motivo inicial. El disco fue publicado el 1 de mayo y, después de varias escuchas, confirma que Overture tiene material, identidad y argumentos suficientes para empezar a hacerse un lugar dentro de la escena.

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A Forest Of Stars – Stack Overflow In Corpse Pile Interface (2026)
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En mayo nos llega un original disco de los psicodélicos A Forest Of Stars. Aunque ellos mismos se den la etiqueta de Black Metal Británico, lo cierto es que su proyecto no encaja en ninguna clasificación convencional. Son oscuros, sí, pero también sumamente progresivos y experimentales: definitivamente raros y únicos.

Stack Overflow In Corpse Pile Interface es su sexto álbum de estudio y su carrera suma ya casi veinte años en activo, siempre con la misma formación básica a la que se han agregado un par de breves colaboraciones en el pasado. Casi todos ellos han pasado o mantienen además diversos proyectos artísticos paralelos. Se trata de siete personas de enorme talento y que aman mucho lo que hacen, aunque quizás solo ellos puedan entenderlo plenamente.

Se presentan al público como una especie de sociedad secreta victoriana, pero a la vez con toques futuristas, oscuros y fantásticos. Sus integrantes usan pseudónimos como “The Gentleman”, “Mr. Curse” o “Queen of the Ghosts”. Nos evocan a un grupo de académicos del pasado que hubieran perdido la cordura tratando de desentrañar los misterios del cosmos y las artes oscuras.

La música que nos encontramos en Stack Overflow In Corpse Pile Interface busca la belleza pero también la disonancia y mucha experimentación. Además de las clásicas guitarras y baterías del metal, suenan violines, teclados, flautas y otros instrumentos. Canciones largas de hasta quince minutos. El conjunto es atmosférico y hermoso.

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Y luego viene la adición de la voz, que eleva la experiencia a otro nivel. El encargado principal de las voces es Dan Eyre “Mr. Curse”, que más que cantar declama con la voz de un profeta loco, cuyo discurso a menudo se quiebra por la emoción, se contradice o cambia de ritmo, y desde luego nos arrastra pues tiene una tonalidad urgente, de la que es imposible sustraerse. A él se suman los coros de Katheryne Stone “Queen of the Ghosts” y “Mr. T.S. Kettleburner”. 

¿Y de qué tratan esas letras que piden tan vehementemente ser escuchadas? Sus ideas principales giran en torno a la filosofía, el ocultismo, lo abstracto, y aún añadiría yo a cierto humor negro e irónico. Pero todo se presenta de una forma artística deliberadamente inconexa. Más que un relato, están transmitiendo un sentimiento de desesperación existencial. Este tópico, habitual en A Forest Of Stars, se explora esta vez con alusiones al futurismo y al error informático. La tecnología es una pieza más en la danza del caos.

También quisiera destacar el arte de la portada, abstracto y llamativo, pintado por el propio vocalista. Así como la tipografía de su logo, estilo art noveau, que recuerda bastante a la clásica de Smashing Pumpkins y que subraya ese amor melancólico por lo artístico. 

Aunque nos presentan un mundo angustioso e incomprensible, nos ofrece también el consuelo de la belleza del arte. 

Por su estética, los temas que trata y su experimentación, creo que gustará especialmente a los aficionados y buenos conocedores de la literatura de H.G. Wells, Lovecraft o Mary Shelley.

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Harms – Rebirth Of The Cold (2026)
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Harms regresa con Rebirth of the Cold, su segundo larga duración, y lo hace reafirmando esa identidad difícil de encasillar que ya habían insinuado en su debut. Los finlandeses vuelven a moverse entre terrenos oscuros, pesados y atmosféricos, pero esta vez con un sonido más compacto y mejor definido, sin perder esa sensación de estar siempre explorando nuevos matices dentro del metal contemporáneo.

Desde el arranque con “Endlessness”, el disco deja claro que aquí no hay espacio para etiquetas fáciles. Hay peso, hay melodía y una tensión constante que atraviesa cada tema. Canciones como “Flowerless Grave” y “True Night Falls” muestran una faceta más accesible y envolvente, con una banda que sabe construir ambientes densos sin necesidad de abusar de artificios.

Uno de los grandes aciertos del álbum está en su capacidad para cambiar de registro sin romper el ritmo. “A Lifetime Spent on Dying” apuesta por una oscuridad más cercana al doom, mientras que “Essence of Sorrow” introduce una agresividad más marcada, demostrando que Harms entiende perfectamente cómo equilibrar brutalidad y emoción dentro de una misma propuesta.

Con “Cold Aeon of Time” como cierre, Rebirth of the Cold termina dejando la sensación de haber escuchado un trabajo sólido y muy bien pensado.

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Voivod – Symphonique (2026)
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Pocas bandas han creado un universo tan particular alrededor de sus canciones como Voivod, que habiendo comenzado hace más de 40 años en una parte de Canadá no muy conocida por su gran producción de música pesada se hicieron de un seguimiento de culto con una estética de ciencia ficción post apocalíptica a lo Mad Max, paranoia de la Guerra Fría, experimentos biológicos, cómics underground y anatomía puntiaguda. 

La idea de andar reversionando clásicos de Voivod en compañía de la Orquesta Sinfónica de Quebec, como hizo la banda el 4 de junio de 2025, era todo un desafío. En todas sus versiones Voivod siempre ha mantenido una crudeza punk metalera de distorsión de radio vieja que uno trata de hacer funcionar mientras se busca agua en algún desierto desolado por las bombas nucleares, algo que a simple vista podría ser complicado de mezclar con la sofisticación dada por las cuerdas y vientos de una orquesta. Pero los quebequenses ya lograron mezclar ese aspecto roñoso de su propuesta con los sonidos progresivos que se han ido haciendo cada vez más prominentes en su sonido, así que querer agregar ese aspecto épico que suelen dar las orquestaciones no es como mezclar agua con aceite. Y casi un año exacto después de aquella presentación tenemos este muy originalmente titulado Symphonique, el registro en audio de aquel concierto en el Grand Théâtre de la ciudad de Quebec.

A pesar de que estarían tocando junto a la orquesta, para este concierto Voivod no hicieron grandes cambios con respecto a los setlists que venían tocando en conciertos recientes, más allá de algunos cambios de orden en la lista, tal vez para tener todo bien estudiado y que todo el álbum pudiera en un solo CD, así que no esperen que se saquen alguna joya oculta para la ocasión. Pero no tengo problema con ello, siendo que la lista tiene un buen balance de la carrera de Voivod, aunque manteniendo el enfoque en los álbumes con Snake como cantante y dejando completamente de lado la etapa junto a Eric Forrest o  directamente toda la etapa de los noventas. Con excepción de los clásicos Dimension Hatröss y Nothingface, con tres canciones cada uno, tenemos una canción de los también ochenteros Killing Technology y War and Pain, y de cada uno de los últimos Synchro Anarchy y The Wake, e incluso meten una del EP Post Society y su tradicional cover de “Astronomy Domine” de Pink Floyd, que contaría como una cuarta de Nothingface.

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Siendo un álbum en vivo, podemos escuchar un par de veces al público, pero no es algo súper presente: los focos están en la banda, en sus canciones y cómo interactúan con el agregado de las cuerdas y los vientos. ¿Y cómo resulta la mezcla? Más natural de lo que me esperaría. Lejos de ser sólo un disco en vivo de Voivod con una orquesta tocando al lado o las canciones copiadas y pegadas con unas cuerdas puestas encima, Symphonique resulta ser una forma muy interesante de revivir estas canciones de los canadienses de una manera renovada. 

Dije antes que podía haber cierto conflicto entre el sonido más sucio de Voivod y esos sonidos sinfónicos, pero estos terminan complementándose muy bien, incluso pudiendo prestar atención a algunas melodías que podrían quedar sepultadas debajo de la distorsión thrashera. La voz de Snake es el detalle que termina manteniendo las canciones más pegadas a sus orígenes, con esos gritos punk y su tono medio nasal característico, junto con el doble bombo del siempre presente Away detrás de la batería. Pero no se crean que la pesadez se diluye, porque el bajo sucio de Rocky y la guitarra inquieta de Chewy, digno sucesor del fallecido Piggy, siguen haciendo lo suyo con soltura. 

Claro que mucho tiene que ver la elección de canciones: “Nuclear War”, la única de la duología más punk de sus orígenes, ya tenía unos fuertes aires progresivos y una velocidad más rebajada que queda muy bien con la orquesta. “Holographic Thinking” se siente como un viaje a través de la galaxia en una nave destartalada, sintiendo que en cualquier momento algo puede romperse y dejarlo a uno varado en medio del vacío del espacio, 

Contra las dudas que uno podría tener, Symphonique termina siendo un registro más que interesante tanto de Voivod en vivo como de la manera en la que estas canciones pueden recontextualizarse con este sonido épico y recargado. No hay tantos grandes cambios, pero la orquesta termina siendo un buen suplemento a una actuación que funcionaría muy bien por sí sola, como un condimento más. Voivod no se habrán convertido de repente en Therion ni nada por el estilo, pero este Symphonique es un experimento más que loable e interesante: lejos de dar como resultado alguna criatura deforme y adolorida, es una prueba de que mezclar dos aspectos en teoría tan opuestos puede dar como resultado un forma de vida viable. Eso sí, recomendaría tener presentes primero las versiones originales de las canciones, para poder apreciar todo el trabajo que se hizo al momento de adaptarlas.

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Muerto – Eclipsed Realms (2026)
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Dimensiones gélidas y oscuridad permanente: efectivamente, nos encontramos frente a un álbum más de la banda queretana Muerto, uno de los proyectos más consistentes de su estilo en nuestro país. Editado bajo el sello indio Transcending Obscurity, Eclipsed Realms es el tercer material de larga duración de este trío, cuyo primer álbum vio la luz en 2018 y que, desde entonces, ha tenido una evolución destacable.

Si The Settling Fire Upon Us era la carta de presentación y Dust, Fire, Dust (2023) su manifiesto a la tristeza, Eclipsed Realms suena a producto del desencanto. Al abrir con “Serpentine Echoes”, lo primero que llama la atención es la calidad de la producción; no es que esta sea mala en sí misma, pero definitivamente estamos conociendo una versión menos detallada de Muerto. A pesar de no llegar a la estética lo-fi que tantos proyectos de black metal buscan con cuidado, sí es un trabajo que está, como dirían los angloparlantes, rough around the edges. Y es que la profunda voz de ultratumba de Penny Smitten ya no es tanto un grito desgarrado al vacío, sino una acusación de muerte, irritada y resuelta, más que confundida; aparece apagada en la mezcla, contrastando con las agudas guitarras que nos sumergen en negrura pura y dura.

Continuando con “Veil of Desolation”, el disco se empieza a tornar volátil, dejando atrás el groove tronador de la primera canción y abriendo paso a un riff tremoleado mucho más convencional en el black metal; eso sí, con sus respectivos pasajes ambientales que nos recuerdan que no estamos ante un viaje de virtuosismo, sino de alta opresión.

Terminando abruptamente, “Burning Shadow” nos da la bienvenida a un pasaje un tanto blackened death con una cadencia vocal que recuerda muchísimo a Exercises in Futility de los polacos Mgła, banda de la que parecen haber aprendido un truco o dos en cuanto a ambientación y dinámicas, sobre todo a la hora de construir ese contraste entre el riff, los blast beats y la voz acusadora. ¿Tributo? Muy probablemente, pero hay cosas mucho peores en esta vida que escuchar un homenaje a una de las bandas más legendarias del black metal moderno, y sin duda este género tiene amplio espacio para ello.

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Con “Wilderness” ya nos damos una idea clara de lo que este disco intenta construir. A pesar de ser una banda con origen en el black/doom, este parece ser su trabajo más enfocado en una búsqueda de nihilismo sonoro. Su filosofía parece no dejar cabida a la quieta contemplación de producciones anteriores. El bajo se mezcla y casi se confunde con la guitarra; el objetivo parece ser intimidar más que deprimir. Es en este punto cuando notamos lo fuerte que se escucha la batería en la mezcla, un efecto que, junto con la cavernosidad de la voz, realiza un juego interesante: utiliza las ideas del black metal con una ejecución muy death metal, aunque de doom ya no queda mucho.

Para “Decay”, empezamos a ver aquellos destellos de armonía que nos recuerdan a momentos anteriores en la carrera de la banda, casi como prediciendo que, tras la canción anterior, empezábamos a extrañar esos pasajes profundos y retumbantes. La pieza aprovecha pasajes con voz melódica que ayudan a “limpiar el paladar” para la siguiente dosis de agresividad, lo que sucede un par de veces más, convirtiéndola en la más dinámica del disco hasta ese momento.

El cambio de canción nos deja unos instantes suspendidos en el vacío, y el cierre, “Radiance”, nos sumerge en un arpegio profundo y ominoso. Estamos en la recta final y este cuento de desolación está por llegar a su conclusión. Volvemos a sumergirnos en la espectralidad con un tempo mucho más pausado que en temas pasados. El groove abre paso una vez más a ese potente doble pedal que ha destacado a lo largo del álbum, mientras la inquietante voz parece despedirse con una advertencia de soledad.

Este es un disco que, como pocos, va de mayor a menor en cuestión de energía o intención. Mientras que lo comenzamos cayendo a altas velocidades en el negro abismo, conforme avanzamos en medio de la fría inmensidad, empezamos a reconocer los matices de oscuridad en estos reinos eclipsados. La guitarra de Juan Mondra es un talismán que invoca fuerzas oscuras ancestrales, mientras que la batería de Eddel Jared las atrapa donde deben estar; así, juntos, dan el último latido de este trabajo, sostenido en el olvido y expectante hasta una próxima reproducción.

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Dimmu Borgir – Grand Serpent Rising (2026)
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Con una impactante portada en negro y oro, cuyo diseño inspirará más de un tatuaje, nos llega el nuevo y esperado disco de Dimmu Borgir, Grand Serpent Rising, bajo el sello de Nuclear Blast.

Han transcurrido ocho largos años desde su anterior álbum de estudio, Eonian, pero la espera tiene su recompensa: los noruegos presentan un álbum elegante y majestuoso, que supone en varios sentidos una vuelta a sus orígenes, tanto musicalmente como a nivel simbólico. 

La banda, con más de tres décadas de trabajo a sus espaldas, se revalida como uno de los mayores exponentes del Black Metal Sinfónico.

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El guitarrista Sven “Silenoz” Kopperud nos revela en su nota de prensa que el presente trabajo lleva desarrollándose desde 2018 y muy intensamente en los años de la pandemia y posteriores. La banda llegó a tener material suficiente para lanzar un álbum doble, pero han preferido seleccionar lo mejor de lo mejor. Depurar los temas para alcanzar la mayor calidad posible: “Cada matiz, giro y elemento tuvo que ganarse su lugar. El resultado es una declaración destilada y concisa: sin excesos ni relleno”.

Empezando por el título, todo el proyecto, según Silenoz, “encaja a la perfección: si bien la serpiente representa el mal para algunos, para nosotros simboliza algo más: renovación, crecimiento, conocimiento y liberación. Es como mudar de piel”. 

Además, esta nueva entrega de Dimmu Borgir se lanza casi a la par que finaliza el año de la Serpiente: los astros se han alineado para proporcionar una experiencia ineludible para los amantes del metal extremo.

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Otro aspecto que ha influenciado el resultado final de Grand Serpent Rising es la salida en 2024 del guitarrista Galder, de larga trayectoria, quien se marchó para centrarse en su proyecto personal Old Man’s Child. Este cambio no parece haber debilitado al grupo, sino que de alguna forma ha favorecido el lanzamiento del disco, acercando el proceso creativo a sus raíces. “Menos gente en la cocina significa menos compromiso”, señala Silenoz. “En los inicios de Dimmu Borgir, solo éramos Shagrath y yo intercambiando ideas. En muchos sentidos, hemos vuelto a esa dinámica; es muy directa y productiva. Nos decimos enseguida si una idea no es lo suficientemente sólida”.

A pesar de esto, queda claro que Dimmu Borgir sigue siendo un proyecto de banda completa en la que el resto de miembros tienen mucho que aportar, con Daray a la batería, Victor Brandt al bajo, Gerlioz a los teclados y Damage a la guitarra.

Se nota también la mano experta del productor Fredrik Nordström, quien vuelve a trabajar con la banda después de un tiempo sin hacerlo y que fue el responsable de sus discos clásicos Puritanical Euphoric Misanthropia e In Sorte Diaboli. Es evidente que conoce les conoce muy bien y que conecta a la perfección con su sonido.

Todos los instrumentos están recubiertos de fuerza y simbolismo. Nos encontramos ante un disco lleno a la par de belleza y de agresividad. Casi una hora de canciones tremendamente oscuras e intensas.

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En esta ocasión se ha reducido la presencia de los coros y la orquestación, para dar más protagonismo a los teclados de Gerlioz y a la formación real de la banda, lo cual seguro que se traducirá en conciertos en directo muy potentes. No significa que los elementos orquestales hayan desaparecido del todo: tienen un papel importante en el disco, y aportan ese evocador halo atmosférico que caracteriza a la formación y que nos lleva a un estado de meditación profunda, casi de trance.

Esto se aprecia especialmente en la primera mitad del disco, siendo la segunda más agresiva y cruda, cubriendo así diferentes facetas de su sonido original.

Las letras, por su parte, tratan temas como la transformación, la disolución del ego, el despertar, las tradiciones esotéricas y la alquimia. La idea central es la de desprenderse de nuestra vieja piel, nuestro viejo “yo”, para salir en busca del verdadero potencial. 

El vocalista Shagrath tiene una fuerza arrolladora, y lo demuestra tanto en inglés como en su idioma natal, ya que en esta ocasión han incluido tres temas en noruego. Así lo explica la banda: “nuestra lengua materna nos pareció más apropiada para ciertos temas. Por ejemplo, ‘Ulvgjeld & Blodsodel’, el primer sencillo del álbum, trata sobre la herencia y el linaje, sobre transmitir algo esencial a quienes vienen después”. Dicho tema viene acompañado de un impactante videoclip con imágenes de distopía y una catedral que se rompe en pedazos. El corte se posiciona junto con “The Qryptfarer” y “Slik Minnes en Alkymist” entre los más potentes del álbum.

Un disco muy redondo y orgánico que recupera la esencia de la banda Noruega, para darle una nueva vitalidad que, espero, les dure muchos años más.

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Terror – Still Suffer (2026)
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El 2026 trae a Scott Vegel y sus secuaces muy ocupados. Tras su brutal gira por Sudamérica a comienzos de año, los referentes del Hardcore contemporáneo, Terror, lejos de quedarse quietos sacuden el mercado con el lanzamiento de su noveno álbum: Still Suffer.

Una obra que desde su título ya podemos catalogar como una declaración de principios. Un nombre que refleja la lucha simbólica del grupo contra el poder. Que muestra los valores urbanos y sociales que defienden. Con una portada que tal como su música, busca ser lo más realista, cruda y directa posible. Sin adornos, arreglos, ni ningún tipo de filtro. Solo una foto, que deja en claro la humildad y sencillez que manejan los norteamericanos.

Y es que a lo largo de sus dos décadas de carrera, Terror ha conseguido crear una comunidad y base de fans muy leales, que siguen los mismos preceptos que ellos de unión y camaradería dentro de la escena. Priorizando la autenticidad por sobre encima de todo. Y eso en el hardcore, musicalmente se traduce en agresividad, contundencia e intensidad.

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El disco ya de entrada busca romper con todo. No da tregua ni concesiones. Ni tampoco respiro. Todo lo contrario. Desde el minuto uno, te impacta directo en la boca y te estampa la cara contra el asfalto de la calle. Sin piedad. Y con toda la fuerza posible. Tal como se espera.

“Erase You From My World”, el primer contacto, marca las normas y reglas que va a seguir el disco a lo largo de los 27 minutos que dura: riffs intensos a cargo de las guitarras, golpes veloces y llenos de tensión en la batería, un bajo rocoso y áspero, y un Scott Vogel que escupe furia, descontento y rabia en los micrófonos. Todo en un marco de violencia catártica y sincera. Nada de poses. El álbum en todo momento se siente tenso, agresivo, desafiante.

La esencia confrontativa y explosiva del género se encuentra bien encapsulada en las 10 piezas que comprenden esta nueva placa. Lejos de buscar nuevas direcciones musicales, el grupo formado en Los Ángeles se adueña de cada uno de los ingredientes del estilo, y lo plasma de forma natural en sus composiciones. Manteniendo la expresividad e identidad.

La producción a cargo del ex guitarrista del grupo y actual líder de Nails, Todd Jones, ayuda a que se consiga este resultado más transparente en la música, en especial de parte de las guitarras que suenan con una distorsión más abrasiva y un tono sucio pero agresivo.

No se trata de una obra que el oyente casual encuentre “amigable”. O agradable. Tampoco pretende serlo. Justamente, es un trabajo que encuentra a la banda en un estado más firme. Conservando las bases de su sonido, y la fuerza de un lenguaje que los puso y sostiene como uno de los abanderados del hardcore extremo actual. Con una formula ya perfeccionada, que no necesita de cambios ni sorpresas. Solo de la misma efectividad de siempre.

Nada que un buen gancho a la mandíbula no iguale.

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Devin Townsend – The Moth (2026)
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Son pocos los discos que pueden chapear por ofrecer una experiencia completa a los individuos, abarcando todas las aristas posibles del arte. La música a veces puede igualar al cine en cuanto al resultado emocional que nos deja. Y esa, es la mejor forma de definir a la nueva obra del conocido productor Devin Townsend, The Moth. Una película devenida en álbum musical.

El de Townsend es un nombre conocido para los curiosos del rock y metal, puesto que ha trabajado con grandes artistas, principalmente, Steve Vai. Aunque no podemos pasar por alto la impresionante carrera de su banda de metal extremo, Strapping Young Lad, lo cierto es que siempre se ha manejado como artista individual con sus propios proyectos.

The Moth, se podría decir que es su obra más ambiciosa hasta el momento (aunque todos sus albums tienden a ser siempre complejos). Con poco más de una hora de duración, este álbum de clasificación orquestal fue desarrollado durante todo una década (por eso, ambicioso). En ésta opera de metal, cuenta con la participación del ya mencionado Steve Vai y Anekke Van Giersbergen.

No podría hacer un descripción detallada del disco, por piezas, puesto que son 24, mayoritariamente de corta duración, las que hacen a esta magnífica ópera (muchas de ellas funcionan como preludios).

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Townsend explica que el nombre The Moth (polilla en español), no es al azar, sino que este disco narra la significativa evolución de una persona como lo es la de una oruga que se convierte en polilla. Viejos comportamientos, patrones, que ya no pueden repetirse, el conflicto interno, el espíritu, son algunos de los conceptos que se manifiestan dentro de esta ópera.

En cuanto a lo musical lo tiene todo. Pasajes soft, o más pop, voces limpias, guturales, estructuras progresivas, de jazz, rock clásico, metal pesado y el excepcional trabajo orquestal de la Noord Nederlands Orkest, una agrupación sinfónica de Países Bajos.

La producción suena muy orgánica, lo que resalta mucho más el gran resultado.

The Moth ante todas las cosas se siente muy humano. Una historia musical que hace sentir interpelado hasta al más apático de los seres de esta tierra. Como si fuere una película de Tim Burtón, las emociones fluctúan de un extremo a otro, pero siempre con una sensación de satisfacción hacia el final del disco.

Podríamos estar horas hablando de esta magnífica obra y de Devin Townsend, sobre todo en tiempos donde la vida cotidiana se asemeja más a las distopías de Orwell y Huxley, que a los cálidos tiempos donde prevalecían las conexiones humanas. The Moth es un disco que nos retrotrae a todo eso y por eso, todos deberían permitirse una pausa para escucharlo.

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Social Distortion – Born To Kill (2026)
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A estas alturas, hablar de Social Distortion, es hacerlo de una de las mejores, más destacadas y más influyentes bandas en la historia del sonido alternativo, así de simple y sin discusión, la banda liderada por Mike Ness, traspasó las fronteras del punk rock californiano, para convertirse en una de las mejores bandas de todos los tiempos, tanto si lo queréis admitir como si no.

Por eso había muchas ganas y entusiasmo latente de cara al lanzamiento de Born To Kill, su noveno trabajo de estudio y que llega tras tres largos lustros de espera, para (afortunadamente) volver a poner las cosas en su sitio, de donde nunca se han movido, pero por las dudas reafirmarlos en lo más alto del podio punk rockero hecho en California.

Estas once nuevas piezas, condensan lo mejor y muestran de manera sincera y cruda, la esencia de SD, combinando el punk rock melódico noventero con toques de rock and roll, rockabilly y algo de lo conocido como “Rock americano” onda Tom Petty, por citar un icono del mismo y que es influencia para la banda.

Ya puedes intuir que una vez pasado el trauma que supuso para Ness batallar largo y tendido contra el cáncer, los californianos vuelven con todo y ya en el corte que da título al disco y que ya conocíamos, así nos lo hacen saber, ellos no pretenden inventar nada ni subirse a ningún tren pasajero, sin embargo y con un estribillo escrito en oro, vuelven a demostrar que no solamente menos es más, si no que su calidad sigue estando muy por encima de la media, dentro de su estilo.

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Con “No Way Out”, vemos el toque más oscuro de la banda, donde nos hablan de malas decisiones que pudieron tomar en el pasado, de lo complicada que se puede poner la vida en ciertos momentos y como hay que intentar batallar y liberarse de esos demonios internos, Mike lo sabe bien y así nos lo transmite en estos versos acelerados y con unas guitarras que son una delicia a la hora de dibujar melodías.

La nostalgia se apodera de nosotros con “Things We Were”, recordando tiempos que ya no volverán y que quizás fueron agridulces, pero por lo que sea, a veces vuelven a aparecernos y los recordamos ya sean positivos o no tanto, es sin duda una de las mejores canciones del disco.

Y a partir de aquí comienzan temas variados y muy interesantes, desde el aire country de “Crazy Dreamer” a la critica a su tierra natal California, concretamente al lado superficial, falso y que no engloba a todo el estado, como es Hollywood, sin embargo, es a donde mucha gente siempre ha deseado llegar, con lo bueno y lo malo que ello conlleva.

Y no SD, no crecieron con ese glamour, ellos saben bien lo que son las calles “Pesadas” del sur de California, por eso lo cuentan en esta rockera y más que potente pieza.

Pero esto no para y en “Tonight”, tenemos quizá, el corte más bello y elegante del disco, con un aire rockabilly teñido de country rock, que evidencia como para los Social Distortion, se puede sonar triste pero con actitud al mismo tiempo.

Mientras que el sonido rudo, callejero y peleón se hace presente en “Partners in Crime”, donde te ves con dos o tres chupitos de Jim Beam o Jack Daniels de más, jugando a los dados, viendo señoritas en minifalda y botas tejanas pasar, pero cuidado, porque aunque sus siluetas sean hermosas, si están acompañadas y miras más abajo de la cuenta, se puede organizar una gran pelea, con ese soundtrack, lo mismo tras una partida dudosa de póker o dados.

Como nota particular, tenemos un cover del mítico “Wicked Game”, llevado al terreno de los californianos, pero muy bien resuelto y que lejos de sonar a jugarreta comercial, encaja muy bien con el sonido del disco en general.

Así que si amigos, Social Distortion, ha lamido sus heridas, las ha curado y vuelve a rugir como nunca evidenciando una cosa muy clara: Al tigre, mientras siga rugiendo y siendo líder de la manada, hay que respetarlo, porque no sabes cuan letal puede ser un zarpazo suyo…No lo infravaloreís jamás.

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Sevendust – One (2026)
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Sevendust es uno de esos nombres que al ponerse a escribir acerca de su nuevo disco One, lo primero que se me viene a la mente, son las palabras de mucha gente que me cruzo dentro del mundillo musical ya sea en un concierto, en un bar o incluso en una tienda de discos y estas no son otras que ¿Ah, pero que siguen tocando?, lo cual me lleva a pensar que para mucha gente el nu metal (con las bifurcaciones que queráis) está muy olvidado y solo nos acordamos cuatro de bandas como ellos, que nunca fueron los mejores ni los más populares, sin embargo, su calidad es indiscutible.

La banda de Atlanta, ahora bajo el ala de la escudería Napalm Records, ha condensado en diez potentes piezas lo que es ya su decimoquinto trabajo de estudio, demostrando que te gustarán más o menos, pero trabajadores son un rato estos muchachos.

El disco ya pintaba a ser una continuación más que acertada de su anterior trabajo Truth Killer de 2023 y así lo percibimos cuando escuchamos “Unbreakable” y “Thershold”, dos cañonazos de metal moderno que reafirman a la banda norteamericana como una de las más regulares y destacadas dentro de su escena, porque no, no inventan nada nuevo, pero siguen teniendo ese gancho para conquistarnos con cada lanzamiento que realizan, algo que se podría aplicar también a compañeros de generación como Five Finger Death Punch o incluso Disturbed.

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Los cortes restantes repiten un poquito la fórmula y es justamente ahí donde está el punto débil del álbum, ya que hacia el final se se vuelve algo predecible y aunque la chispa se pierde un poquito, afortunadamente no termina de apagarse y Sevendust consiguen cerrar el disco de una forma más que correcta.

En medio tenemos temas como “Bright Side”, muy moderno y de fácil escucha gracias a una impecable producción a cargo de Michael “Elvis” Baskette o “We Won”, un poco más intenso, pero que va cogiendo músculo y emoción a lo largo del corte y que puede ser aún mejor en directo.

Aunque si, no nos engañemos, la clave para que sin dar en la diana, Sevendust, vuelvan a regalarnos otro disco más que bueno, está en la impresionante y única voz del señor Lajon Whiterspoon, quizás uno de los 5/10 mejores vocalistas de su generación, siendo el santo y seña de esta banda por más de 30 años de carrera y que cuyo estado vocal actual es envidiable.

La banda sin querer sumarse a ningún otro estilo o añadir artefactos de moda, lo que aquí entrega es una obra promedio, que no es letal, pero sin embargo sirve para dar batalla durante los próximos meses y que evidencia como a veces, si tu estatus es uno en concreto, no te dejes la honestidad en casa para mejorarlo, se fiel a tus raíces y te lo vamos a reconocer y en ello, Sevendust jamás han querido ser nada más que lo que son: Una gran banda de metal moderno con otro disco notable bajo el brazo que añadir a su catálogo y eso señores, en 2026 ya es decir mucho.

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Overture – State of Decay (2026)
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El álbum debut de Overture, banda formada entre Tenerife y Reino Unido, es una muy buena carta de presentación y deja claro desde el inicio el nivel de la propuesta. La intro acústica va creciendo de forma progresiva y anticipa lo que vendrá después. Luego aparece “Sirens”, una gran canción melódica que perfectamente podría estar en boca de todos si la editara una banda más consolidada dentro del género. Tiene todos los elementos para destacarse: fuerza, melodía y un trabajo compositivo que merece mucha más difusión de la que probablemente reciba por tratarse de un nombre todavía emergente.

Uno de los puntos más altos del disco es el trabajo vocal de Sergio González, mostrando versatilidad y personalidad tanto en temas más agresivos como “Enemy” y “Beneath The Suffering”, como en la más emotiva “Dead Roses”. “One of Us” suma una interesante combinación de synths y contrastes vocales entre lo desgarrador y lo melódico, acompañados por una banda muy sólida y una producción que permite apreciar cada detalle. Dentro de esa estructura, el trabajo de Javier Acosta en batería sobresale por precisión e intensidad.

“Under My Skin” es una de esas canciones que gana con cada escucha. Puede no impactar de inmediato, pero su estribillo cambia completamente la percepción del tema y termina convirtiéndolo en uno de los momentos más destacados. La canción que da nombre al disco, además de ser una de las más breves —sin contar la introducción—, desarrolla una tensión que termina explotando con mucha fuerza en su tramo final. Más adelante, “Carrying The Burden” apuesta por velocidad y contundencia, mientras que “Alone” vuelve a equilibrar melodía y peso instrumental, destacando el trabajo de guitarras de Jorge Benpaul y Azahar Acosta.

El tramo final mantiene el nivel con “Watch Me”, un cierre muy bien construido. Comienza con un riff potente, una base rítmica sólida y una gran presencia del bajo de Alfred Marrero. La canción juega con distintos matices vocales, incorpora un estribillo muy efectivo y un pasaje acústico que desemboca en un gran solo de guitarra antes de volver a su motivo inicial. El disco fue publicado el 1 de mayo y, después de varias escuchas, confirma que Overture tiene material, identidad y argumentos suficientes para empezar a hacerse un lugar dentro de la escena.

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A Forest Of Stars – Stack Overflow In Corpse Pile Interface (2026)
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En mayo nos llega un original disco de los psicodélicos A Forest Of Stars. Aunque ellos mismos se den la etiqueta de Black Metal Británico, lo cierto es que su proyecto no encaja en ninguna clasificación convencional. Son oscuros, sí, pero también sumamente progresivos y experimentales: definitivamente raros y únicos.

Stack Overflow In Corpse Pile Interface es su sexto álbum de estudio y su carrera suma ya casi veinte años en activo, siempre con la misma formación básica a la que se han agregado un par de breves colaboraciones en el pasado. Casi todos ellos han pasado o mantienen además diversos proyectos artísticos paralelos. Se trata de siete personas de enorme talento y que aman mucho lo que hacen, aunque quizás solo ellos puedan entenderlo plenamente.

Se presentan al público como una especie de sociedad secreta victoriana, pero a la vez con toques futuristas, oscuros y fantásticos. Sus integrantes usan pseudónimos como “The Gentleman”, “Mr. Curse” o “Queen of the Ghosts”. Nos evocan a un grupo de académicos del pasado que hubieran perdido la cordura tratando de desentrañar los misterios del cosmos y las artes oscuras.

La música que nos encontramos en Stack Overflow In Corpse Pile Interface busca la belleza pero también la disonancia y mucha experimentación. Además de las clásicas guitarras y baterías del metal, suenan violines, teclados, flautas y otros instrumentos. Canciones largas de hasta quince minutos. El conjunto es atmosférico y hermoso.

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Y luego viene la adición de la voz, que eleva la experiencia a otro nivel. El encargado principal de las voces es Dan Eyre “Mr. Curse”, que más que cantar declama con la voz de un profeta loco, cuyo discurso a menudo se quiebra por la emoción, se contradice o cambia de ritmo, y desde luego nos arrastra pues tiene una tonalidad urgente, de la que es imposible sustraerse. A él se suman los coros de Katheryne Stone “Queen of the Ghosts” y “Mr. T.S. Kettleburner”. 

¿Y de qué tratan esas letras que piden tan vehementemente ser escuchadas? Sus ideas principales giran en torno a la filosofía, el ocultismo, lo abstracto, y aún añadiría yo a cierto humor negro e irónico. Pero todo se presenta de una forma artística deliberadamente inconexa. Más que un relato, están transmitiendo un sentimiento de desesperación existencial. Este tópico, habitual en A Forest Of Stars, se explora esta vez con alusiones al futurismo y al error informático. La tecnología es una pieza más en la danza del caos.

También quisiera destacar el arte de la portada, abstracto y llamativo, pintado por el propio vocalista. Así como la tipografía de su logo, estilo art noveau, que recuerda bastante a la clásica de Smashing Pumpkins y que subraya ese amor melancólico por lo artístico. 

Aunque nos presentan un mundo angustioso e incomprensible, nos ofrece también el consuelo de la belleza del arte. 

Por su estética, los temas que trata y su experimentación, creo que gustará especialmente a los aficionados y buenos conocedores de la literatura de H.G. Wells, Lovecraft o Mary Shelley.

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Harms – Rebirth Of The Cold (2026)
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Harms regresa con Rebirth of the Cold, su segundo larga duración, y lo hace reafirmando esa identidad difícil de encasillar que ya habían insinuado en su debut. Los finlandeses vuelven a moverse entre terrenos oscuros, pesados y atmosféricos, pero esta vez con un sonido más compacto y mejor definido, sin perder esa sensación de estar siempre explorando nuevos matices dentro del metal contemporáneo.

Desde el arranque con “Endlessness”, el disco deja claro que aquí no hay espacio para etiquetas fáciles. Hay peso, hay melodía y una tensión constante que atraviesa cada tema. Canciones como “Flowerless Grave” y “True Night Falls” muestran una faceta más accesible y envolvente, con una banda que sabe construir ambientes densos sin necesidad de abusar de artificios.

Uno de los grandes aciertos del álbum está en su capacidad para cambiar de registro sin romper el ritmo. “A Lifetime Spent on Dying” apuesta por una oscuridad más cercana al doom, mientras que “Essence of Sorrow” introduce una agresividad más marcada, demostrando que Harms entiende perfectamente cómo equilibrar brutalidad y emoción dentro de una misma propuesta.

Con “Cold Aeon of Time” como cierre, Rebirth of the Cold termina dejando la sensación de haber escuchado un trabajo sólido y muy bien pensado.

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Voivod – Symphonique (2026)
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Pocas bandas han creado un universo tan particular alrededor de sus canciones como Voivod, que habiendo comenzado hace más de 40 años en una parte de Canadá no muy conocida por su gran producción de música pesada se hicieron de un seguimiento de culto con una estética de ciencia ficción post apocalíptica a lo Mad Max, paranoia de la Guerra Fría, experimentos biológicos, cómics underground y anatomía puntiaguda. 

La idea de andar reversionando clásicos de Voivod en compañía de la Orquesta Sinfónica de Quebec, como hizo la banda el 4 de junio de 2025, era todo un desafío. En todas sus versiones Voivod siempre ha mantenido una crudeza punk metalera de distorsión de radio vieja que uno trata de hacer funcionar mientras se busca agua en algún desierto desolado por las bombas nucleares, algo que a simple vista podría ser complicado de mezclar con la sofisticación dada por las cuerdas y vientos de una orquesta. Pero los quebequenses ya lograron mezclar ese aspecto roñoso de su propuesta con los sonidos progresivos que se han ido haciendo cada vez más prominentes en su sonido, así que querer agregar ese aspecto épico que suelen dar las orquestaciones no es como mezclar agua con aceite. Y casi un año exacto después de aquella presentación tenemos este muy originalmente titulado Symphonique, el registro en audio de aquel concierto en el Grand Théâtre de la ciudad de Quebec.

A pesar de que estarían tocando junto a la orquesta, para este concierto Voivod no hicieron grandes cambios con respecto a los setlists que venían tocando en conciertos recientes, más allá de algunos cambios de orden en la lista, tal vez para tener todo bien estudiado y que todo el álbum pudiera en un solo CD, así que no esperen que se saquen alguna joya oculta para la ocasión. Pero no tengo problema con ello, siendo que la lista tiene un buen balance de la carrera de Voivod, aunque manteniendo el enfoque en los álbumes con Snake como cantante y dejando completamente de lado la etapa junto a Eric Forrest o  directamente toda la etapa de los noventas. Con excepción de los clásicos Dimension Hatröss y Nothingface, con tres canciones cada uno, tenemos una canción de los también ochenteros Killing Technology y War and Pain, y de cada uno de los últimos Synchro Anarchy y The Wake, e incluso meten una del EP Post Society y su tradicional cover de “Astronomy Domine” de Pink Floyd, que contaría como una cuarta de Nothingface.

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Siendo un álbum en vivo, podemos escuchar un par de veces al público, pero no es algo súper presente: los focos están en la banda, en sus canciones y cómo interactúan con el agregado de las cuerdas y los vientos. ¿Y cómo resulta la mezcla? Más natural de lo que me esperaría. Lejos de ser sólo un disco en vivo de Voivod con una orquesta tocando al lado o las canciones copiadas y pegadas con unas cuerdas puestas encima, Symphonique resulta ser una forma muy interesante de revivir estas canciones de los canadienses de una manera renovada. 

Dije antes que podía haber cierto conflicto entre el sonido más sucio de Voivod y esos sonidos sinfónicos, pero estos terminan complementándose muy bien, incluso pudiendo prestar atención a algunas melodías que podrían quedar sepultadas debajo de la distorsión thrashera. La voz de Snake es el detalle que termina manteniendo las canciones más pegadas a sus orígenes, con esos gritos punk y su tono medio nasal característico, junto con el doble bombo del siempre presente Away detrás de la batería. Pero no se crean que la pesadez se diluye, porque el bajo sucio de Rocky y la guitarra inquieta de Chewy, digno sucesor del fallecido Piggy, siguen haciendo lo suyo con soltura. 

Claro que mucho tiene que ver la elección de canciones: “Nuclear War”, la única de la duología más punk de sus orígenes, ya tenía unos fuertes aires progresivos y una velocidad más rebajada que queda muy bien con la orquesta. “Holographic Thinking” se siente como un viaje a través de la galaxia en una nave destartalada, sintiendo que en cualquier momento algo puede romperse y dejarlo a uno varado en medio del vacío del espacio, 

Contra las dudas que uno podría tener, Symphonique termina siendo un registro más que interesante tanto de Voivod en vivo como de la manera en la que estas canciones pueden recontextualizarse con este sonido épico y recargado. No hay tantos grandes cambios, pero la orquesta termina siendo un buen suplemento a una actuación que funcionaría muy bien por sí sola, como un condimento más. Voivod no se habrán convertido de repente en Therion ni nada por el estilo, pero este Symphonique es un experimento más que loable e interesante: lejos de dar como resultado alguna criatura deforme y adolorida, es una prueba de que mezclar dos aspectos en teoría tan opuestos puede dar como resultado un forma de vida viable. Eso sí, recomendaría tener presentes primero las versiones originales de las canciones, para poder apreciar todo el trabajo que se hizo al momento de adaptarlas.

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Muerto – Eclipsed Realms (2026)
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Dimensiones gélidas y oscuridad permanente: efectivamente, nos encontramos frente a un álbum más de la banda queretana Muerto, uno de los proyectos más consistentes de su estilo en nuestro país. Editado bajo el sello indio Transcending Obscurity, Eclipsed Realms es el tercer material de larga duración de este trío, cuyo primer álbum vio la luz en 2018 y que, desde entonces, ha tenido una evolución destacable.

Si The Settling Fire Upon Us era la carta de presentación y Dust, Fire, Dust (2023) su manifiesto a la tristeza, Eclipsed Realms suena a producto del desencanto. Al abrir con “Serpentine Echoes”, lo primero que llama la atención es la calidad de la producción; no es que esta sea mala en sí misma, pero definitivamente estamos conociendo una versión menos detallada de Muerto. A pesar de no llegar a la estética lo-fi que tantos proyectos de black metal buscan con cuidado, sí es un trabajo que está, como dirían los angloparlantes, rough around the edges. Y es que la profunda voz de ultratumba de Penny Smitten ya no es tanto un grito desgarrado al vacío, sino una acusación de muerte, irritada y resuelta, más que confundida; aparece apagada en la mezcla, contrastando con las agudas guitarras que nos sumergen en negrura pura y dura.

Continuando con “Veil of Desolation”, el disco se empieza a tornar volátil, dejando atrás el groove tronador de la primera canción y abriendo paso a un riff tremoleado mucho más convencional en el black metal; eso sí, con sus respectivos pasajes ambientales que nos recuerdan que no estamos ante un viaje de virtuosismo, sino de alta opresión.

Terminando abruptamente, “Burning Shadow” nos da la bienvenida a un pasaje un tanto blackened death con una cadencia vocal que recuerda muchísimo a Exercises in Futility de los polacos Mgła, banda de la que parecen haber aprendido un truco o dos en cuanto a ambientación y dinámicas, sobre todo a la hora de construir ese contraste entre el riff, los blast beats y la voz acusadora. ¿Tributo? Muy probablemente, pero hay cosas mucho peores en esta vida que escuchar un homenaje a una de las bandas más legendarias del black metal moderno, y sin duda este género tiene amplio espacio para ello.

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Con “Wilderness” ya nos damos una idea clara de lo que este disco intenta construir. A pesar de ser una banda con origen en el black/doom, este parece ser su trabajo más enfocado en una búsqueda de nihilismo sonoro. Su filosofía parece no dejar cabida a la quieta contemplación de producciones anteriores. El bajo se mezcla y casi se confunde con la guitarra; el objetivo parece ser intimidar más que deprimir. Es en este punto cuando notamos lo fuerte que se escucha la batería en la mezcla, un efecto que, junto con la cavernosidad de la voz, realiza un juego interesante: utiliza las ideas del black metal con una ejecución muy death metal, aunque de doom ya no queda mucho.

Para “Decay”, empezamos a ver aquellos destellos de armonía que nos recuerdan a momentos anteriores en la carrera de la banda, casi como prediciendo que, tras la canción anterior, empezábamos a extrañar esos pasajes profundos y retumbantes. La pieza aprovecha pasajes con voz melódica que ayudan a “limpiar el paladar” para la siguiente dosis de agresividad, lo que sucede un par de veces más, convirtiéndola en la más dinámica del disco hasta ese momento.

El cambio de canción nos deja unos instantes suspendidos en el vacío, y el cierre, “Radiance”, nos sumerge en un arpegio profundo y ominoso. Estamos en la recta final y este cuento de desolación está por llegar a su conclusión. Volvemos a sumergirnos en la espectralidad con un tempo mucho más pausado que en temas pasados. El groove abre paso una vez más a ese potente doble pedal que ha destacado a lo largo del álbum, mientras la inquietante voz parece despedirse con una advertencia de soledad.

Este es un disco que, como pocos, va de mayor a menor en cuestión de energía o intención. Mientras que lo comenzamos cayendo a altas velocidades en el negro abismo, conforme avanzamos en medio de la fría inmensidad, empezamos a reconocer los matices de oscuridad en estos reinos eclipsados. La guitarra de Juan Mondra es un talismán que invoca fuerzas oscuras ancestrales, mientras que la batería de Eddel Jared las atrapa donde deben estar; así, juntos, dan el último latido de este trabajo, sostenido en el olvido y expectante hasta una próxima reproducción.

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Dimmu Borgir – Grand Serpent Rising (2026)
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Con una impactante portada en negro y oro, cuyo diseño inspirará más de un tatuaje, nos llega el nuevo y esperado disco de Dimmu Borgir, Grand Serpent Rising, bajo el sello de Nuclear Blast.

Han transcurrido ocho largos años desde su anterior álbum de estudio, Eonian, pero la espera tiene su recompensa: los noruegos presentan un álbum elegante y majestuoso, que supone en varios sentidos una vuelta a sus orígenes, tanto musicalmente como a nivel simbólico. 

La banda, con más de tres décadas de trabajo a sus espaldas, se revalida como uno de los mayores exponentes del Black Metal Sinfónico.

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El guitarrista Sven “Silenoz” Kopperud nos revela en su nota de prensa que el presente trabajo lleva desarrollándose desde 2018 y muy intensamente en los años de la pandemia y posteriores. La banda llegó a tener material suficiente para lanzar un álbum doble, pero han preferido seleccionar lo mejor de lo mejor. Depurar los temas para alcanzar la mayor calidad posible: “Cada matiz, giro y elemento tuvo que ganarse su lugar. El resultado es una declaración destilada y concisa: sin excesos ni relleno”.

Empezando por el título, todo el proyecto, según Silenoz, “encaja a la perfección: si bien la serpiente representa el mal para algunos, para nosotros simboliza algo más: renovación, crecimiento, conocimiento y liberación. Es como mudar de piel”. 

Además, esta nueva entrega de Dimmu Borgir se lanza casi a la par que finaliza el año de la Serpiente: los astros se han alineado para proporcionar una experiencia ineludible para los amantes del metal extremo.

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Otro aspecto que ha influenciado el resultado final de Grand Serpent Rising es la salida en 2024 del guitarrista Galder, de larga trayectoria, quien se marchó para centrarse en su proyecto personal Old Man’s Child. Este cambio no parece haber debilitado al grupo, sino que de alguna forma ha favorecido el lanzamiento del disco, acercando el proceso creativo a sus raíces. “Menos gente en la cocina significa menos compromiso”, señala Silenoz. “En los inicios de Dimmu Borgir, solo éramos Shagrath y yo intercambiando ideas. En muchos sentidos, hemos vuelto a esa dinámica; es muy directa y productiva. Nos decimos enseguida si una idea no es lo suficientemente sólida”.

A pesar de esto, queda claro que Dimmu Borgir sigue siendo un proyecto de banda completa en la que el resto de miembros tienen mucho que aportar, con Daray a la batería, Victor Brandt al bajo, Gerlioz a los teclados y Damage a la guitarra.

Se nota también la mano experta del productor Fredrik Nordström, quien vuelve a trabajar con la banda después de un tiempo sin hacerlo y que fue el responsable de sus discos clásicos Puritanical Euphoric Misanthropia e In Sorte Diaboli. Es evidente que conoce les conoce muy bien y que conecta a la perfección con su sonido.

Todos los instrumentos están recubiertos de fuerza y simbolismo. Nos encontramos ante un disco lleno a la par de belleza y de agresividad. Casi una hora de canciones tremendamente oscuras e intensas.

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En esta ocasión se ha reducido la presencia de los coros y la orquestación, para dar más protagonismo a los teclados de Gerlioz y a la formación real de la banda, lo cual seguro que se traducirá en conciertos en directo muy potentes. No significa que los elementos orquestales hayan desaparecido del todo: tienen un papel importante en el disco, y aportan ese evocador halo atmosférico que caracteriza a la formación y que nos lleva a un estado de meditación profunda, casi de trance.

Esto se aprecia especialmente en la primera mitad del disco, siendo la segunda más agresiva y cruda, cubriendo así diferentes facetas de su sonido original.

Las letras, por su parte, tratan temas como la transformación, la disolución del ego, el despertar, las tradiciones esotéricas y la alquimia. La idea central es la de desprenderse de nuestra vieja piel, nuestro viejo “yo”, para salir en busca del verdadero potencial. 

El vocalista Shagrath tiene una fuerza arrolladora, y lo demuestra tanto en inglés como en su idioma natal, ya que en esta ocasión han incluido tres temas en noruego. Así lo explica la banda: “nuestra lengua materna nos pareció más apropiada para ciertos temas. Por ejemplo, ‘Ulvgjeld & Blodsodel’, el primer sencillo del álbum, trata sobre la herencia y el linaje, sobre transmitir algo esencial a quienes vienen después”. Dicho tema viene acompañado de un impactante videoclip con imágenes de distopía y una catedral que se rompe en pedazos. El corte se posiciona junto con “The Qryptfarer” y “Slik Minnes en Alkymist” entre los más potentes del álbum.

Un disco muy redondo y orgánico que recupera la esencia de la banda Noruega, para darle una nueva vitalidad que, espero, les dure muchos años más.

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Terror – Still Suffer (2026)
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El 2026 trae a Scott Vegel y sus secuaces muy ocupados. Tras su brutal gira por Sudamérica a comienzos de año, los referentes del Hardcore contemporáneo, Terror, lejos de quedarse quietos sacuden el mercado con el lanzamiento de su noveno álbum: Still Suffer.

Una obra que desde su título ya podemos catalogar como una declaración de principios. Un nombre que refleja la lucha simbólica del grupo contra el poder. Que muestra los valores urbanos y sociales que defienden. Con una portada que tal como su música, busca ser lo más realista, cruda y directa posible. Sin adornos, arreglos, ni ningún tipo de filtro. Solo una foto, que deja en claro la humildad y sencillez que manejan los norteamericanos.

Y es que a lo largo de sus dos décadas de carrera, Terror ha conseguido crear una comunidad y base de fans muy leales, que siguen los mismos preceptos que ellos de unión y camaradería dentro de la escena. Priorizando la autenticidad por sobre encima de todo. Y eso en el hardcore, musicalmente se traduce en agresividad, contundencia e intensidad.

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El disco ya de entrada busca romper con todo. No da tregua ni concesiones. Ni tampoco respiro. Todo lo contrario. Desde el minuto uno, te impacta directo en la boca y te estampa la cara contra el asfalto de la calle. Sin piedad. Y con toda la fuerza posible. Tal como se espera.

“Erase You From My World”, el primer contacto, marca las normas y reglas que va a seguir el disco a lo largo de los 27 minutos que dura: riffs intensos a cargo de las guitarras, golpes veloces y llenos de tensión en la batería, un bajo rocoso y áspero, y un Scott Vogel que escupe furia, descontento y rabia en los micrófonos. Todo en un marco de violencia catártica y sincera. Nada de poses. El álbum en todo momento se siente tenso, agresivo, desafiante.

La esencia confrontativa y explosiva del género se encuentra bien encapsulada en las 10 piezas que comprenden esta nueva placa. Lejos de buscar nuevas direcciones musicales, el grupo formado en Los Ángeles se adueña de cada uno de los ingredientes del estilo, y lo plasma de forma natural en sus composiciones. Manteniendo la expresividad e identidad.

La producción a cargo del ex guitarrista del grupo y actual líder de Nails, Todd Jones, ayuda a que se consiga este resultado más transparente en la música, en especial de parte de las guitarras que suenan con una distorsión más abrasiva y un tono sucio pero agresivo.

No se trata de una obra que el oyente casual encuentre “amigable”. O agradable. Tampoco pretende serlo. Justamente, es un trabajo que encuentra a la banda en un estado más firme. Conservando las bases de su sonido, y la fuerza de un lenguaje que los puso y sostiene como uno de los abanderados del hardcore extremo actual. Con una formula ya perfeccionada, que no necesita de cambios ni sorpresas. Solo de la misma efectividad de siempre.

Nada que un buen gancho a la mandíbula no iguale.

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