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Nervosa – Slave Machine (2026)
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Las metaleras internacionales (aunque con origen brasileño por parte de casi todas sus integrantes) Nervosa vuelven este 2026 con su nuevo trabajo Slave Machine, el cual llega tras tres años desde su último lanzamiento Jailbreak y con el cual pretenden demostrar que aún tienen mucho para decir dentro de su escena.

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Con doce nuevos tracks y la novedad que ha supuesto el regreso triunfal de Michaela Naydendova a los parches, tras la salida de Gaby Abud hace unos meses, Nervosa sigue la línea marcada con sus dos trabajos anteriores (Perpetual Chaos y el ya mencionado Jailbreak), pero mostrando varias pinceladas de evolución en su sonido sin perder la garra y ese sonido feroz que las caracteriza.

Ya con el potente y brutal sonido de “Impending Doom”, vemos que la banda ha trabajado mucho las voces, teniendo en cuenta que hace dos discos, tenían a una de las mejores cantantes del género entre sus filas y ya no está con ellas, sin embargo, he de admitir que Prika suena como nunca en este disco y esta canción es solo un pequeño (gran) rasguño que de sirve de antesala para lo que vamos a escuchar en el resto del álbum.

El corte que da título al álbum y “Ghost Notes”, son dos cortes más lineales, pero que se complementan bastante bien entre si, aunque quizás, me hubiese gustado algo más de riesgo en la segunda.

Las guitarras de Helena, siguen siendo el punto clave, destacado y fundamental de Nervosa, sin caer en las comparaciones, pero ella sería a Nervosa lo que Taina significa para Crypta.

Para el ecuador del disco, encontramos lo que muchos buscamos, un poquito de diversidad y contundencia, pero sin repetir los mismos patrones habituales del género, por este motivo “Hate”, es una de las mejores piezas del disco, con Prika desgarrando su garganta y transmitiendo ese poder y esa brutalidad que el tema necesita, combinando a la perfección elementos del thrash y el death metal en las mismas proporciones.

Otro gran ejemplo sería “Crawling For Your Pride”, donde el volumen y la conjunción de todas es abrumadora y muestra a un grupo muy sólido que sabe donde está parado, donde quiere llegar y la mejor forma para lograrlo.

Es muy reconfortante ver como las chicas se han puesto las pilas en serio, saliendo un poquito del sonido enlatado propio del thrash, para con diversos guiños, elementos y composiciones mucho más interesantes, entregar una obra tan completa como esta, pero sin perder su esencia.

“Speak in Fire”, cierra el disco con un corte mucho más “Old School”, que hará las delicias de los seguidores clásicos del estilo, dejando en evidencia la gran mano que tienen Nervosa a la hora de plasmar el sonido más prototípico del género.

Escuchando estas nuevas composiciones de Helana Kotina, Prika Amaral y compañía, podemos afirmar que, en efecto, las chicas han puesto toda la carne en el asador para entregar uno de los mejores discos de su carrera hasta la fecha, demostrando que cuando quieren, pueden y con creces.

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Gaerea – Loss (2026)
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Los portugueses Gaerea ganaron mucha popularidad en la escena del black metal actual. Tanto, que han logrado convencer a público ajeno a este particular subgénero.
Esto fue notado por la banda, que de a poco comenzó a correrse de este género, pero sin olvidarlo, sino agregándole matices y otros sonidos para ampliar su audiencia.
Esto nos lleva a su nuevo trabajo, Loss, donde más allá de su sonido extremo, nos encontramos con momentos pop.
La primera mitad del álbum consta de temas pesados, con una gran presencia de blast beats y riffs punzantes. A su vez, se perciben momentos más cercanos al post-hardcore en los estribillos o en algunas secciones con breakdowns. Estos buscan ser melódicos, emotivos y pegadizos, con la clara intención de quedar grabados en la memoria auditiva del oyente.
La voz adquiere más matices, pasando de gritos propios del black metal a registros más cercanos al hardcore, sumando además la novedad de voces limpias. Estas se acercan mucho al pop actual, y su presencia aumenta en la segunda mitad del disco.
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En esta segunda parte, el pop meloso entra en la mezcla y, por momentos, desentona. Si bien se percibe un intento de integrarlo, en varios pasajes se siente forzado: aparece de golpe, sin una transición clara ni justificación dentro del desarrollo de la canción.
Sin embargo, una vez finalizado el disco y tras procesarlo, queda en evidencia que esta incursión responde a una intención puramente comercial.
El audio del disco es muy bueno, permitiendo apreciar todos los detalles de las trabajadas composiciones. Las guitarras, por momentos, son graves y pesadas, recordando al metalcore actual, mientras que en otros ejecutan trémolos agudos y ensordecedores. Estos últimos sobreviven como vestigio del sonido original de la banda, ligado a sus raíces en el black metal.
El bajo no se limita a acompañar, sino que constantemente aporta arreglos que enriquecen las canciones, aunque en ciertos momentos también cumple el rol de reforzar el peso y la agresividad.
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La batería es extremadamente precisa y compleja, sin caer en lo excesivamente técnico o monótono. Si bien el uso del blast beat y los breakdowns es predominante, también busca aportar variedad rítmica constante, incluyendo fills y pequeños detalles que hacen destacar distintos pasajes del álbum.
Para ejemplificar, el corte de difusión “Submerge” logra un gran balance entre los elementos más accesibles y la agresión buscada, generando climas interesantes donde cada parte se siente orgánica y genuina, en línea con lo que ocurre en la primera mitad del disco.
En cambio, en temas como “Nomad” o “Stardust”, el componente pop radial actual suena forzado y no termina de encajar con el resto de la propuesta más pesada y agresiva.
Gaerea está claramente en la búsqueda de convertirse en una banda más grande y masiva, y para ello ha sacrificado parte de sus orígenes y su característico clima ritualístico. Donde antes buscaban generar introspección y atmósferas densas, ahora apuntan a captar a un público más amplio y contemporáneo.
Loss no es un mal disco, pero sí funciona como testimonio de una banda que ha decidido alejarse de sus raíces en pos de alcanzar una mayor audiencia.

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遠人之歌 – 天問 (2026)
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El debut de 遠人之歌 (Sounds of Alienation), “天問” (Tianwen), llega poco después de la formación de la banda en 2025 y tras una serie de adelantos publicados a inicios de 2026. Editado por Pest Productions, el disco presenta a un grupo que no pierde tiempo en definir su propuesta. Desde el primer contacto queda claro que su enfoque dentro del Black Metal no busca encajar en tendencias recientes más suavizadas, sino mantener una base oscura y directa, incorporando otros matices sin convertirlos en el eje principal del sonido.

El recorrido del álbum arranca con “萬千落木” y se extiende hasta “無垢無傷”, dejando un conjunto de canciones donde la melancolía tiene un peso constante. A nivel musical, el grupo trabaja con ritmos densos y una sensación arrastrada que en varios momentos se acerca a terrenos más cercanos al Doom, especialmente en cómo se construyen las atmósferas. En temas como “鑿石見火” o “烏金覆身”, esa mezcla se hace evidente: partes más contenidas y oscuras que de repente se abren hacia pasajes más intensos cuando la base Black Metal toma protagonismo.

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La producción juega un papel importante en cómo se percibe el disco. No es un sonido excesivamente pulido ni orientado a la perfección técnica, sino más bien una grabación que prioriza capturar el ambiente de las canciones. Aun así, cada instrumento se distingue con claridad. El bajo, en particular, destaca por su presencia y por los cambios en la forma de tocar a lo largo del álbum, alternando diferentes técnicas que aportan variedad dentro de la base rítmica sin perder coherencia.

En lo compositivo, hay una búsqueda evidente de identidad. “卷土歸山” es uno de los ejemplos más claros, con un desarrollo más amplio y una estructura que se acerca a lo progresivo dentro de su propio lenguaje. A lo largo del disco se perciben intentos de expandir la fórmula, añadiendo capas y variaciones que apuntan a una dirección propia, aunque todavía en construcción. Esa intención se mantiene constante en los aproximadamente 40 minutos que dura el álbum.

Las letras y el enfoque general refuerzan ese tono introspectivo y distante que atraviesa todo el trabajo. Sin recurrir a excesos ni a fórmulas más modernas del género, la banda construye un ambiente centrado en la sensación de aislamiento y peso emocional. “天問” (Tianwen) presenta así a Sounds of Alienation como un proyecto que, desde su primer lanzamiento, ya deja ver una base clara sobre la que seguir desarrollándose.

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UADA – Interwoven (2026)
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Uada lanzó Interwoven y lo primero que queda claro es que la banda decidió profundizar en su propia identidad. Ya no tiene sentido compararlos con la sombra de otras bandas europeas. Han construido un camino donde la melodía. El disco se siente como un tejido apretado de riffs que no buscan la agresión, sino una atmósfera casi hipnótica. Es un trabajo que muestra una madurez técnica con una estructura de las canciones que si bien es compleja tambien es accesible para quien ya sigue este estilo.

El sonido es impecable. Se nota una evolución hacia una nitidez que permite apreciar cada capa de las guitarras. No hay una base rítmica plana; hay un diálogo permanente entre las melodías. El balance entre los momentos de velocidad y las partes más atmosféricas está bien logrado. No se siente como un álbum de black metal genérico. Hay un aire progresivo que refresca la propuesta y le da una dinámica distinta a lo que venían haciendo anteriormente.

Jake Superchi demuestra un control total de su registro. Sus gritos tienen una carga emocional que encaja con la temática del disco. No abusa de los agudos; sabe cuándo retroceder para que la música tome el protagonismo. La batería es otro punto alto. La ejecución es precisa y variada. No se limita a los ritmos constantes, sino que aporta matices que enriquecen las transiciones. La solidez rítmica es lo que permite que las guitarras vuelen con tanta libertad sin que la canción se desarme en los pasajes más densos.

En cuanto a la originalidad, Interwoven es un paso adelante. Si bien mantienen las raíces del black metal melódico, la forma en que estructuran los temas se siente más propia. El uso de ganchos melódicos es su mayor virtud. Sin embargo, hay que señalar que esta pulcritud puede alejar a los puristas del género. El disco suena muy controlado, casi demasiado calculado en algunos tramos. Esa perfección técnica le resta un poco de esa urgencia que suelen tener las producciones más crudas. Es una elección estética que los posiciona en un lugar diferente, más cercano a lo épico y profesional.

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Lo mejor del álbum es la coherencia. Cada tema parece una extensión del anterior, las canciones más largas no se sienten estiradas por compromiso. Tienen cambios de ritmo internos que mantienen el interés. Lo menos logrado podría ser que, por momentos, la fórmula de las guitarras gemelas se vuelve previsible. Sabés que después de un riff denso va a venir una melodía coreable. Es efectivo, pero le quita el factor sorpresa a medida que avanza el minutaje del disco.

La gran sorpresa es el cover de Nirvana. “Something in the Way” es una elección arriesgada que podría haber salido mal. Uada la hace propia. Transforman la melancolía grunge en una pieza de oscuridad absoluta. Respetan la esencia minimalista de la original pero la cargan de texturas densas y una atmósfera sofocante. Es el momento donde la banda muestra su capacidad para procesar influencias ajenas y escupirlas con su sello personal. Funciona como un cierre que deja una sensación de vacío inquietante, demostrando que tienen los pies en el barro pero la cabeza en la experimentación.

La propuesta es ambiciosa. Han logrado un disco que suena grande, espacioso y lleno de detalles. No hay espacio para el relleno. Cada arreglo tiene una función específica dentro del concepto general. Es un material que reafirma a la banda como una de las que mejor entiende cómo llevar el metal extremo hacia un terreno más melódico sin perder la esencia oscura. La ejecución es de un nivel profesional que destaca sobre la media actual.

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Party Cannon – Subjected to A Partying (2026)
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Party Cannon saca nuevo disco y sus fans pueden estar de enhorabuena porque entrega justamente lo que uno espera de ellos: distorsión, batería frenética, chistes gruesos, gore y una cantidad significativamente mayor de pig squeals y sonidos de drenaje que palabras propiamente dichas. 

La banda ya ha advertido en diversas ocasiones que escucharles hará que se reduzca nuestro coeficiente intelectual, algo que les valdrá la pena a todos aquellos a quienes les guste gente como Gutalax, Internal Bleeding, Sanguisugabogg y todo este fantástico y loco mundo de deathgrind/slam/deathcore satírico.

Y es que aunque todo parezca caos y entropía, saben muy bien lo que hacen. Procedentes de Escocia, llevan más de quince años dando tumbos por el mundo, comenzando en el underground y la autoedición para crecer poco a poco y siendo este “Subjected to A Partying” su novena grabación, esta vez con la californiana Unique Leader Records. 

Con una irreverente portada estilo cómic y la presencia inestimable de su mascota, Skeleton man (cabeza gigante de esqueleto, cuerpo de señor a menudo sin camiseta), su mensaje está más que claro: o estás a tope con nosotros o mejor ni te acerques.

El álbum se compone en realidad de tres partes y viene además especiado con varios insertos de audio muy cachondos:

La primera parte agrupa sus cuatro singles con videoclip, todos ellos con cierto rollo retro con grano en la imagen. De estos, tres se centran en celebrar los directos de la banda, intercalando otras imágenes más cinematográficas… pero el restante llama especialmente mi atención, por ser el más elaborado y, en mi opinión, la canción más animada y memorable del disco: estoy hablando por supuesto de “Thirst trap”, cuyo videoclip dirige Calum McMillan y que contiene una abrumadora cantidad de productos lácteos. También quisiera destacar “Improper Use of a Speculum”, que comienza con un largo grito de guerra y cuyas letras son, bueno… digamos que “profundamente interesantes”.

La segunda parte ofrece tres canciones remix que hacen parodia precisamente del propio hecho de remezclar canciones, sea en lo techno o en lo orquestal (“High Tariff Overture – Ritual Remix” explora largamente esto último).

Finalmente tenemos tres directos: los dos primeros proceden de su actuación en Glasgow de 2025, como teloneros de Nekrogoblikon, a los cuales agradecen efusivamente la oportunidad en el audio. La última pista, que también podemos disfrutar en vídeo oficial, es una grabación de su participación el mismo año en el festival Obscene Extreme con la canción “Human Slime”, durante la cual ponen al público a hacer flexiones y desatan un torbellino de anarquía en el que no podían faltar disfraces, colchonetas hinchables, volteretas, más público subido al escenario que abajo y desde luego hombres sudorosos totalmente desnudos. Lo que ellos probablemente llaman “un martes cualquiera”.

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Empire of Disease – While Everything Collapses (2026)
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Hay bandas que te entran por curiosidad y otras que te golpean en directo y ya no las sueltas. A Empire of Disease los tenía en el radar desde hacía un tiempo, pero fue en el Resurrection Fest 2025 cuando realmente me hicieron girar la cabeza y prestar atención de verdad. Allí no hubo filtros ni segundas oportunidades: lo suyo fue impacto inmediato, actitud y una descarga que se quedaba contigo horas después. Lo que traen ahora con While Everything Collapses no es casualidad ni un paso más sin intención: es la confirmación de una banda que sabe muy bien a lo que juega, que tiene claro su sonido y que no pierde el tiempo en rodeos innecesarios.

Desde el arranque con “The Beast Inside Me” esto va directo al cuello, sin aviso y sin concesiones. Riffs afilados que cortan en seco, un bajo que no se esconde en ningún momento y una sensación constante de empuje hacia adelante que no da tregua. “Depravity” aprieta aún más con ese punto melódico que engancha sin suavizar el golpe, dejando un solo que se queda dando vueltas, mientras que “No Risk, No Glory” baja ligeramente la velocidad pero mantiene la tensión con una mala leche muy bien medida. Aquí no hay postureo ni relleno: todo está calculado para que cada tema entre directo, funcione y deje marca sin necesidad de adornos innecesarios.

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Cuando sueltan el freno, aparecen momentos que levantan polvo de verdad y donde la banda se siente especialmente cómoda. “The Art of Manipulation” pide directo y sudor, de esos cortes que en sala pequeña se convierten en caos organizado y cuerpos chocando sin parar. “Torture Chamber” es puro castigo sin respiro, una descarga continua que no da espacio para levantar la cabeza, y “Hamunaptra” acelera hasta ese punto donde el cuerpo ya reacciona solo. Incluso el tema título, “While Everything Collapses”, mete detalles más cercanos al thrash sin perder el filo, con una batería que aprieta sin descanso y unos riffs que mantienen la tensión en todo momento.

El cierre con “More than a Hundred” cambia ligeramente el paso, arranca con cierta calma engañosa que parece abrir otra vía, pero poco a poco va creciendo en peso y densidad hasta recuperar ese tono agresivo que domina el disco. Aquí se percibe otra intención, otra forma de construir sin perder identidad, dejando ver que hay más recorrido del que parece a primera escucha. No todo es velocidad: aquí también hay intención y músculo para sostener algo más que un simple bombardeo.

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Defying Decay – Synthetic Sympathy (2026)
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Al igual que pasa con su vecina del sur Indonesia, Tailandia no será un titán de la producción de material metalero en el mainstream, pero que parece tener una cantidad grande de artistas de metal extremo, o al menos un puñado con una gran cantidad de lanzamientos en el under extremo. ¿Habrá algún programa para entrenar bandas de death metal en esa zona? ¿O de grindcore? Así que ciertamente Defying Decay me tomó un tanto desprevenido cuando su disco me llegó al mail.

Definidos como “una de las bandas que más viene ascendiendo en la escena metalera tailandesa”, según una reciente entrevista con Kerrang!, Defying Decay vienen hace un largo tiempo llamando la atención en su país. Y no lo digo sólo en el mundo de la música, siendo que en 2021 lanzaron una canción llamada “The Law 112: Secrecy and Renegades” atacando la ley local que prohíbe criticar a la familia real tailandesa, que plantea penas de hasta 15 años de prisión: si le sumamos que lo hicieron durante el gobierno militar que estaba gobernando Tailandia en ese momento, es refrescante encontrar de vez en cuando una banda de metal que se oponga a gobiernos dictatoriales en estos días.

Su nombre podrá sugerir alguna banda de death metal técnico, pero las cosas con Defying Decay están bastante alejadas del metal extremo: la banda define a su estilo como “hyperpop metal”, y habiendo escuchado su tercer álbum Synthetic Sympathy no creo que mientan. A lo largo de sus 14 canciones (bueno, 12 canciones, una intro y un interludio) es un combo súper ajustado de riffs pesados, electrónica, mezcla de voces limpias y gritadas, estribillos de corte pop y algún que otro pasaje rapeado. O sea, la misma manera en la que ha venido sonando el metal melódico mainstream durante la última década y monedas, esa actualización de la onda Linkin Park que grupos onda A Day To Remember popularizaron hace un tiempo.

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Sí, las influencias en el sonido de Defying Decay están a flor de piel: creo que cada semana debo cruzarme con dos o tres discos de bandas “grandes” de este estilo a los que algún video de TikTok me quiere vender como que está “revolucionando el metal” y lo único que logran es que termine confundiendo entre ellos. Si no me hubieran avisado que Defying Decay eran de Tailandia habría asumido que eran otro grupo occidental onda Bad Omens, Sleep Token, PRESIDENT o cualquier otro conjunto “pop metal” de la misma calaña.

Dicho esto, no creo ser la mejor autoridad al momento de andar pidiendo “total y completa originalidad” en el área de la musiquita. Me gusta cuando mi rock psicodélico suena bien sesentas, me gusta mi rock progresivo bien setentas, admito que me debo escuchar cada grupo de AOR editado por Frontiers Records, y SeeYouSpaceCowboy hicieron de mis discos favoritos del 2024 sonando como cualquier grupo de metalcore del 2008: estaré abierto a la comida exótica, pero jamás le dije que no a una carne con papas bien hecha sólo porque haya comido otra carne con papas bien hecha el día anterior. Y en el mundo del “electropop metal” o como sea que quiera llamarlo, este Synthetic Sympathy sería una carne recalentada que quedó de ayer con unas papas que no son la gran cosa pero tampoco son desagradables. ¿Se nota que tengo hambre? Dejemos las comparaciones con comida y metámonos al disco.

Synthetic Sympathy es un disco un tanto plástico, un tanto (demasiado) sobreproducido por momentos. Como muchas bandas de pop metal, Defying Decay tienen la mala costumbre de llenar sus canciones de teclados, programaciones y cuerdas al punto de que sea complicado distinguir qué es una programación y qué es una guitarra o una batería. Me recuerda a estar escuchando los últimos discos de HYDE antes de que se presentara en 2025 en Buenos Aires, con ese rejunte electro punk rock recargado hasta el hartazgo. Pero… ¿será esa la idea con Defying Decay? ¿O al menos con este álbum? El disco tiene la palabra “sintético” en su título, así que asumo que habrá alguna intención artística detrás de ello.

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Y sonar “digital” no es necesariamente un pecado: Graceland es uno de los grandes discos de pop de los ochentas a pesar de sufrir el síndrome de “batería Phil Collins”. Y en el caso de Synthetic Decay, hay algo adictivo en lo artificial que suena todo, como una de esas bebidas energizantes con nombres de sabores imposibles. “Built To Fall” es predecible en la manera en la que su intro lenta y electrónica, marcada por la voz de Jay Poom Euarchukiati, llega a la palabra “fall” para aumentar la intensidad, mientras los riffs van acompañados por el sonido de la orquesta, como si fuera un tráiler de un videojuego. Horriblemente manipulador, creo que la escuché como quince veces seguidas de lo desvergonzada que era: 10/10.

Defying Decay tienen muchos de sus mejores momentos cuando aumentan la velocidad: “RX Regicide” es frenética, acompañando la voz de Jay con unas guitarras punzantes mientras es acompañado por Kellin Quinn de Sleeping With Sirens. “21 Stitches” también es otra muy intensa, al igual que “Debris”. “Clouds” tiene a Jay acompañado por Violette Wautier, una cantante tailandesa que parece ser una súper estrella pop en su país de origen. Y la mezcla de ambos funciona bastante bien, incluso con la dosis extra de melosidad que la presencia de Wautier aporta. 

Hablando de melosidad, a veces el álbum se pasa con eso, como en la totalidad de “Last Reply” (la mezcla de voces en la primera parte parece de algún hit de los noventas que pasarían por la Aspen), en “Clouds” o en “MEANiNGLESS!”, donde la acumulación de efectos electrónicos y Autotune se vuelve demasiado. Pero a pesar de ello, es algo que me imagino que tiene un público al que entiendo: todo el álbum tiene una intensidad peculiar y todas las canciones tienen algún elemento particular destacable, más allá de que sienta o no que usen ese elemento para construir algo más grande.

Synthetic Sympathy es un álbum con un montón de cosas para llegarle a un montón de públicos diferentes, con una propuesta digerible siempre y cuando no esperes que todos los discos de “metal” deban sonar como un álbum de Motörhead. Sonido ultra pulido, voces puestas de manera milimétrica, guitarras que hacen bien lo suyo como base y de vez en cuando reciben la luz de los reflectores, riffs medio simples pero pesados, y con un Jay que ciertamente tiene una gran habilidad para manejar muchos estilos diferentes. Si tenés que escuchar un disco de pop metal este año, Defying Decay trae de las propuestas más decentes que haya escuchado últimamente.

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Venus 5 – March of the Venus 5 (2026)
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Tras casi cuatro años desde su álbum debut, las rockeras internacionales Venus 5 regresan con su esperadísimo segundo trabajo, donde pretenden demostrar ser algo más que las “Blackpink o Aespa” del metal moderno, como se las catalogó cuando debutaron en 2022.

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Y ya las cosas arrancan con el pie derecho desde la portada ya que en lugar de poner otra foto de las chicas (que no es malo ni mucho menos, pero si que puede hacer desconfiar a los “Trves” de turno), han optado por una preciosa portada oscura con un cuervo negro, que también parece marcar el sendero por el que va a transcurrir el disco.

El disco ya arranca con la potente pieza que le da título y podemos ver como las guitarras rockeras se combinan con las voces de las chicas, mostrando un principio de evolución clarísimo, aunque sin dejar de mirar por el retrovisor a bandas como Amaranthe y Halestorm.

Lo mismo ocurre con “Like a Witch”, esos teclados nos recuerdan a HIM y hay que destacar la imponente presencia vocal de Herma, Karmen y Jelena, sin dejar de lado a Tezzi y Erina, claramente las chicas le han puesto un poquito más de gasolina a su sonido, evidenciando que todo este tiempo de espera ha merecido la pena.

“Set Me Free”, es otro ejemplo de que Venus 5 son un abanico muy grande de sonidos y estilos musicales, en este caso hablamos de un corte medio pop oscuro pero con ciertos guiños a Within Temptation y un gran solo de guitarra que le aporta cierto toque melancólico a la canción.

“Surrender”, en cambio coquetea con el metal moderno y el sonido sinfónico refrescando al disco antes de que se haga medio repetitivo.

Sin desmerecer a sus componentes, hay que decir que posiblemente la que mejor está es Herma, conocida por su labor en Sick N’ Beautiful y que le da el toque más metalero a V5, pero sin perder la sensualidad macarra en su voz, Karmen o Jelena, por ejemplo, si que tienen matices vocales parecidos, muy buenos, pero que a veces cuesta diferenciarlas, cosa que con Herma o Tezzi no sucede.

Y si, claramente había que llegar al momento intimista y que oxigena al disco entre tanto sonido cañero, hablamos de “Take it From the Start”, una “Power Ballad”, donde es simplemente impecable escucharlas a todas y que cada una le de su personalidad a la canción.

Posiblemente estemos ante una de las mejores canciones de Venus 5 hasta la fecha y donde la “Desnudez” musical de sus componentes adornan una pieza muy intensa, emotiva y que pone los pelos de punta al oyente al pulsar el play y escuchar sus voces.

El disco no va a cambiar la vida de nadie, pero si que es un golpe sobre la mesa por parte de estas cinco mujeres, donde se reivindican como artistas y puede ser un faro al que seguir para guiarse musicalmente en un futuro cercano, bravo por ellas!

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Neurosis – An Undying Love For a Burning World (2026)
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Siempre hay que ser honesto en la vida, así que no voy a dejar de seguir ese camino nunca, por lo cual no quiero engañar a nadie, hablar de este nuevo disco de Neurosis, para mi ha sido un gran desafío y una gran responsabilidad, primero por lo que representa la banda en mi vida y segundo porque es un disco al cual le falta una pieza clave, que lamentablemente tiró por tierra su carrera, debido a unas acciones impropias, lamentables y que al menos para mi, han supuesto una gran decepción hacía esa persona, la cual no es otra que Scott Kelly.

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Pero como de todas las crisis se puede salir y remontar el vuelo cual ave fénix, la banda ha parado la pelota, reflexionado y entre todos han vuelto a ser esa banda atrapante, pesada, intensa, reflexiva y arrolladora que siempre fueron. El resultado de esto es An Undying Love For a Burning World, su primer álbum en una década y donde el conjunto de todos brilla como uno sólo bajo lo que representan: NEUROSIS.

Como estos tipos juegan en otra liga, para este retorno certificaron una jugada estratégica (casi) perfecta y esta no es otra que el fichaje del señor Aaron Turner, conocido por su gran labor al frente de Isis (otra de las vacas sagradas dentro del sludge y el post metal), quién ha entendido como pocos lo que significa ponerle voz a las canciones de la banda norteamericana y reflejar por medio de ellas, la ansiedad dentro de una sociedad que vive en plena crisis, pero muchas (y por que no todas) veces gran parte de ella, prefiere mirar hacia otro lado, la intensidad y caos que se vive en la actualidad y como la música es una válvula de escape para muchos de nosotros.

El disco como siempre no se excede en cantidad de canciones, sin embargo las ocho piezas rebasan la hora de duración, con lo cual podemos esperar exactamente lo que vinimos a buscar: Una colección de piezas musicales y artísticas, las cuales merecen su debido tiempo y espacio, antes de poder entender dentro del caos, que aquí nuevamente hay oro macizo para pulir.

Ni siquiera los 53 segundos de “We Are Torn Wide Open”, son simplemente la introducción al disco, es un grito desgarrador de una herida que tenemos abierta y que no sabemos como curarla, observando incrédulos como cicatriza y se vuelve a abrir en un descuido.

“Mirror Deep” echa sal sobre la carne viva y los riffs pesados hacen aún más intenso el dolor, para pasar a un puente tenebroso y que genera una “falsa” sensación de calma, que puede hacerte pensar que Neurosis han bajado la intensidad, pues no amigo, el siguiente tramo de la canción es una patada en la cara que te noquea y la cual vas a tener que escuchar repetidas veces para entender como la banda ha plasmado a la perfección todo lo que han representado en sus cuatro décadas de trayectoria.

Los nueve minutos de “Blind”, que no os paséis de listos, no es un cover del mítico himno popularizado por Korn,si no un descenso al fango más pegajoso y denso que haya en cualquier pantano, con unas guitarras cortantes y la voz de Turner que hace añicos ya no solamente nuestros oídos si no también nuestras almas, dando una clase magistral de como a través de la desesperación, se puede hacer una canción impresionante.

“Untethered” es algo más inmediata que otras piezas del álbum, pero entendamos que hablamos de Neurosis, aquí nada es de fácil digestión, todo lleva al pensamiento profundo, al análisis casi obsesivo para entender como estos tipos tras 12 discos de estudio pueden aún descolocar todo tu universo y hacerlo trizas en unos pocos minutos.

Y quizás en “In The Waiting Hours”, con esa introducción tan triste y fría como hermosa y atrapante, vemos la joya de la corona dentro del disco, con minutos de melancolía instrumental que dan lugar a la reflexión a solas bajo un hilo de luz entre las paredes de tu habitación, para de forma progresiva ir liberando esos demonios internos que siempre nos atacan o simplemente tenemos dentro de uno o una misma.

Neurosis no solamente han vuelto por todo lo alto, han vuelto a dejar otro testimonio imponente de como hacer frente al dolor, la angustia, el caos y la supervivencia, plasmado en canciones largas, pesadas, abrumadoras y que aún así, son absolutamente necesarias.

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Mammon’s Throne – My Body To The Worms (2026)
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My Body to the Worms, es la última entrega de los australianos Mammon’s Throne, el tercer álbum de estudio en su carrera, iniciada en 2019 y, debo confesar, el primero que cae en mis manos. Ha sido un sorprendente hallazgo: el funeral slam ha infectado mi cerebro.

Se trata de un disco pesado, ominoso, pegadizo y con una sólida calidad musical. Cuarenta y dos minutos de discurso profético repartidos en siete largas pistas, cada una con sus propias señas de identidad.

“Senseless Death” sienta el tono de todo el trabajo: un death metal que se acerca al doom y al black metal. Casi diez minutos de canción, pero con varios cambios que hacen que no suene para nada monótona y que abarcan desde lo instrumental a lo vocal, ya que alterna los guturales de Matthew Miller con algunos pasajes de voz limpia, muy profunda, teatral y llena de matices. 

La segunda pieza, “Clandestine Unholy Rites”, no es una canción al uso, sino un corte de tono atmosférico, casi cinematográfico, que incluye sonidos ambientales propios de un cementerio embrujado. Campanas lejanas, tenebrosos susurros y chillidos de animales nos dan paso a la que es en mi opinión, la pieza más memorable del álbum.

Y es que “Elixir” lo tiene todo: es pegadiza, es potente, es oscura y es una canción referencial, pues su protagonista principal es Nosferatu, ¡con un giro! Si bien la letra encaja con lo que conocemos de esta figura vampírica, en el videoclip está encarnado por una mujer (Bailey Dior, estupenda en el papel). La propia banda ha comentado sobre el tema: “Durante el proceso de composición nos propusimos crear un tema directo y contundente, sin florituras, y pensamos que sería divertido incluir influencias del hardcore con un breakdown hacia el final. En broma, bautizamos esta nueva fusión como ‘Funeral-Slam’, una etiqueta que parece haberse quedado”. 

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Tras eso, tenemos “Every Day More Sickened”, la pieza más rápida en cuanto a ritmo (no así de duración, ya que de nuevo roza los diez minutos). Con letras demoledoras y críticas, que nos hablan de hipocresía y desazón en una era de odio y nos hacen preguntarnos qué puede ser salvado en este mundo cruel. Aporta también un videoclip de inspiración noventera, como un VHS casero grabado en la era dorada del videoclip: la idea es quizás arriesgada pero salen del paso con total soltura.

“At the Threshold of Eternity” es otra pieza de transición, que nos pone en guardia para “An Angel’s Grace”, una canción melancólica, embriagadora y llena de saturación, que juega con los coros y diversas técnicas vocales.

El disco finaliza con “Departed”, canción que también posee un interesante vídeo musical, inspirado esta vez en el western gótico, y con la colaboración de otra figura femenina, la modelo y actriz Bridgette Baini. La banda también comenta: “Sin planearlo, la canción evolucionó hacia una balada oscura, gótica y western. Una atmósfera que la banda siempre había querido explorar, dada nuestra admiración por Fields of the Nephilim, Nick Cave, Wayfarer y la canción ‘They Rode On’ de Watain. Comenzó a ganar intensidad, culminando en un crescendo de black metal, lo cual representa a la perfección la esencia de Mammon’s Throne: la fusión de géneros”. El solo de guitarra que nos encontramos hacia el final de la canción es una manera muy potente de cerrar este interesante trabajo.

En resumen, lo que nos ofrece Mammon’s Throne es dramatismo, oscuridad, ritmo, referencialidad y amor por lo retro, que empapa también la portada de este y de sus anteriores discos. Se le pueden aplicar muchas etiquetas: death, doom, sludge, groove, black y hasta su propia aportación autodenominada “Funeral slam”. Sin embargo, etiquetas aparte, los australianos han encontrado en esta mezcla un sonido propio, muy reconocible y único. 

My body to the worms, es un álbum muy completo y bien construido. Un regalo especialmente dedicado a quienes, como yo, sufren de horror vacui y disfrutan dejándose arrastrar por los sonidos más densos. Puede ser re-escuchado hasta la intoxicación sin ningún problema.

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Nervosa – Slave Machine (2026)
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Las metaleras internacionales (aunque con origen brasileño por parte de casi todas sus integrantes) Nervosa vuelven este 2026 con su nuevo trabajo Slave Machine, el cual llega tras tres años desde su último lanzamiento Jailbreak y con el cual pretenden demostrar que aún tienen mucho para decir dentro de su escena.

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Con doce nuevos tracks y la novedad que ha supuesto el regreso triunfal de Michaela Naydendova a los parches, tras la salida de Gaby Abud hace unos meses, Nervosa sigue la línea marcada con sus dos trabajos anteriores (Perpetual Chaos y el ya mencionado Jailbreak), pero mostrando varias pinceladas de evolución en su sonido sin perder la garra y ese sonido feroz que las caracteriza.

Ya con el potente y brutal sonido de “Impending Doom”, vemos que la banda ha trabajado mucho las voces, teniendo en cuenta que hace dos discos, tenían a una de las mejores cantantes del género entre sus filas y ya no está con ellas, sin embargo, he de admitir que Prika suena como nunca en este disco y esta canción es solo un pequeño (gran) rasguño que de sirve de antesala para lo que vamos a escuchar en el resto del álbum.

El corte que da título al álbum y “Ghost Notes”, son dos cortes más lineales, pero que se complementan bastante bien entre si, aunque quizás, me hubiese gustado algo más de riesgo en la segunda.

Las guitarras de Helena, siguen siendo el punto clave, destacado y fundamental de Nervosa, sin caer en las comparaciones, pero ella sería a Nervosa lo que Taina significa para Crypta.

Para el ecuador del disco, encontramos lo que muchos buscamos, un poquito de diversidad y contundencia, pero sin repetir los mismos patrones habituales del género, por este motivo “Hate”, es una de las mejores piezas del disco, con Prika desgarrando su garganta y transmitiendo ese poder y esa brutalidad que el tema necesita, combinando a la perfección elementos del thrash y el death metal en las mismas proporciones.

Otro gran ejemplo sería “Crawling For Your Pride”, donde el volumen y la conjunción de todas es abrumadora y muestra a un grupo muy sólido que sabe donde está parado, donde quiere llegar y la mejor forma para lograrlo.

Es muy reconfortante ver como las chicas se han puesto las pilas en serio, saliendo un poquito del sonido enlatado propio del thrash, para con diversos guiños, elementos y composiciones mucho más interesantes, entregar una obra tan completa como esta, pero sin perder su esencia.

“Speak in Fire”, cierra el disco con un corte mucho más “Old School”, que hará las delicias de los seguidores clásicos del estilo, dejando en evidencia la gran mano que tienen Nervosa a la hora de plasmar el sonido más prototípico del género.

Escuchando estas nuevas composiciones de Helana Kotina, Prika Amaral y compañía, podemos afirmar que, en efecto, las chicas han puesto toda la carne en el asador para entregar uno de los mejores discos de su carrera hasta la fecha, demostrando que cuando quieren, pueden y con creces.

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Gaerea – Loss (2026)
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Los portugueses Gaerea ganaron mucha popularidad en la escena del black metal actual. Tanto, que han logrado convencer a público ajeno a este particular subgénero.
Esto fue notado por la banda, que de a poco comenzó a correrse de este género, pero sin olvidarlo, sino agregándole matices y otros sonidos para ampliar su audiencia.
Esto nos lleva a su nuevo trabajo, Loss, donde más allá de su sonido extremo, nos encontramos con momentos pop.
La primera mitad del álbum consta de temas pesados, con una gran presencia de blast beats y riffs punzantes. A su vez, se perciben momentos más cercanos al post-hardcore en los estribillos o en algunas secciones con breakdowns. Estos buscan ser melódicos, emotivos y pegadizos, con la clara intención de quedar grabados en la memoria auditiva del oyente.
La voz adquiere más matices, pasando de gritos propios del black metal a registros más cercanos al hardcore, sumando además la novedad de voces limpias. Estas se acercan mucho al pop actual, y su presencia aumenta en la segunda mitad del disco.
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En esta segunda parte, el pop meloso entra en la mezcla y, por momentos, desentona. Si bien se percibe un intento de integrarlo, en varios pasajes se siente forzado: aparece de golpe, sin una transición clara ni justificación dentro del desarrollo de la canción.
Sin embargo, una vez finalizado el disco y tras procesarlo, queda en evidencia que esta incursión responde a una intención puramente comercial.
El audio del disco es muy bueno, permitiendo apreciar todos los detalles de las trabajadas composiciones. Las guitarras, por momentos, son graves y pesadas, recordando al metalcore actual, mientras que en otros ejecutan trémolos agudos y ensordecedores. Estos últimos sobreviven como vestigio del sonido original de la banda, ligado a sus raíces en el black metal.
El bajo no se limita a acompañar, sino que constantemente aporta arreglos que enriquecen las canciones, aunque en ciertos momentos también cumple el rol de reforzar el peso y la agresividad.
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La batería es extremadamente precisa y compleja, sin caer en lo excesivamente técnico o monótono. Si bien el uso del blast beat y los breakdowns es predominante, también busca aportar variedad rítmica constante, incluyendo fills y pequeños detalles que hacen destacar distintos pasajes del álbum.
Para ejemplificar, el corte de difusión “Submerge” logra un gran balance entre los elementos más accesibles y la agresión buscada, generando climas interesantes donde cada parte se siente orgánica y genuina, en línea con lo que ocurre en la primera mitad del disco.
En cambio, en temas como “Nomad” o “Stardust”, el componente pop radial actual suena forzado y no termina de encajar con el resto de la propuesta más pesada y agresiva.
Gaerea está claramente en la búsqueda de convertirse en una banda más grande y masiva, y para ello ha sacrificado parte de sus orígenes y su característico clima ritualístico. Donde antes buscaban generar introspección y atmósferas densas, ahora apuntan a captar a un público más amplio y contemporáneo.
Loss no es un mal disco, pero sí funciona como testimonio de una banda que ha decidido alejarse de sus raíces en pos de alcanzar una mayor audiencia.

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遠人之歌 – 天問 (2026)
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El debut de 遠人之歌 (Sounds of Alienation), “天問” (Tianwen), llega poco después de la formación de la banda en 2025 y tras una serie de adelantos publicados a inicios de 2026. Editado por Pest Productions, el disco presenta a un grupo que no pierde tiempo en definir su propuesta. Desde el primer contacto queda claro que su enfoque dentro del Black Metal no busca encajar en tendencias recientes más suavizadas, sino mantener una base oscura y directa, incorporando otros matices sin convertirlos en el eje principal del sonido.

El recorrido del álbum arranca con “萬千落木” y se extiende hasta “無垢無傷”, dejando un conjunto de canciones donde la melancolía tiene un peso constante. A nivel musical, el grupo trabaja con ritmos densos y una sensación arrastrada que en varios momentos se acerca a terrenos más cercanos al Doom, especialmente en cómo se construyen las atmósferas. En temas como “鑿石見火” o “烏金覆身”, esa mezcla se hace evidente: partes más contenidas y oscuras que de repente se abren hacia pasajes más intensos cuando la base Black Metal toma protagonismo.

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La producción juega un papel importante en cómo se percibe el disco. No es un sonido excesivamente pulido ni orientado a la perfección técnica, sino más bien una grabación que prioriza capturar el ambiente de las canciones. Aun así, cada instrumento se distingue con claridad. El bajo, en particular, destaca por su presencia y por los cambios en la forma de tocar a lo largo del álbum, alternando diferentes técnicas que aportan variedad dentro de la base rítmica sin perder coherencia.

En lo compositivo, hay una búsqueda evidente de identidad. “卷土歸山” es uno de los ejemplos más claros, con un desarrollo más amplio y una estructura que se acerca a lo progresivo dentro de su propio lenguaje. A lo largo del disco se perciben intentos de expandir la fórmula, añadiendo capas y variaciones que apuntan a una dirección propia, aunque todavía en construcción. Esa intención se mantiene constante en los aproximadamente 40 minutos que dura el álbum.

Las letras y el enfoque general refuerzan ese tono introspectivo y distante que atraviesa todo el trabajo. Sin recurrir a excesos ni a fórmulas más modernas del género, la banda construye un ambiente centrado en la sensación de aislamiento y peso emocional. “天問” (Tianwen) presenta así a Sounds of Alienation como un proyecto que, desde su primer lanzamiento, ya deja ver una base clara sobre la que seguir desarrollándose.

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UADA – Interwoven (2026)
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Uada lanzó Interwoven y lo primero que queda claro es que la banda decidió profundizar en su propia identidad. Ya no tiene sentido compararlos con la sombra de otras bandas europeas. Han construido un camino donde la melodía. El disco se siente como un tejido apretado de riffs que no buscan la agresión, sino una atmósfera casi hipnótica. Es un trabajo que muestra una madurez técnica con una estructura de las canciones que si bien es compleja tambien es accesible para quien ya sigue este estilo.

El sonido es impecable. Se nota una evolución hacia una nitidez que permite apreciar cada capa de las guitarras. No hay una base rítmica plana; hay un diálogo permanente entre las melodías. El balance entre los momentos de velocidad y las partes más atmosféricas está bien logrado. No se siente como un álbum de black metal genérico. Hay un aire progresivo que refresca la propuesta y le da una dinámica distinta a lo que venían haciendo anteriormente.

Jake Superchi demuestra un control total de su registro. Sus gritos tienen una carga emocional que encaja con la temática del disco. No abusa de los agudos; sabe cuándo retroceder para que la música tome el protagonismo. La batería es otro punto alto. La ejecución es precisa y variada. No se limita a los ritmos constantes, sino que aporta matices que enriquecen las transiciones. La solidez rítmica es lo que permite que las guitarras vuelen con tanta libertad sin que la canción se desarme en los pasajes más densos.

En cuanto a la originalidad, Interwoven es un paso adelante. Si bien mantienen las raíces del black metal melódico, la forma en que estructuran los temas se siente más propia. El uso de ganchos melódicos es su mayor virtud. Sin embargo, hay que señalar que esta pulcritud puede alejar a los puristas del género. El disco suena muy controlado, casi demasiado calculado en algunos tramos. Esa perfección técnica le resta un poco de esa urgencia que suelen tener las producciones más crudas. Es una elección estética que los posiciona en un lugar diferente, más cercano a lo épico y profesional.

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Lo mejor del álbum es la coherencia. Cada tema parece una extensión del anterior, las canciones más largas no se sienten estiradas por compromiso. Tienen cambios de ritmo internos que mantienen el interés. Lo menos logrado podría ser que, por momentos, la fórmula de las guitarras gemelas se vuelve previsible. Sabés que después de un riff denso va a venir una melodía coreable. Es efectivo, pero le quita el factor sorpresa a medida que avanza el minutaje del disco.

La gran sorpresa es el cover de Nirvana. “Something in the Way” es una elección arriesgada que podría haber salido mal. Uada la hace propia. Transforman la melancolía grunge en una pieza de oscuridad absoluta. Respetan la esencia minimalista de la original pero la cargan de texturas densas y una atmósfera sofocante. Es el momento donde la banda muestra su capacidad para procesar influencias ajenas y escupirlas con su sello personal. Funciona como un cierre que deja una sensación de vacío inquietante, demostrando que tienen los pies en el barro pero la cabeza en la experimentación.

La propuesta es ambiciosa. Han logrado un disco que suena grande, espacioso y lleno de detalles. No hay espacio para el relleno. Cada arreglo tiene una función específica dentro del concepto general. Es un material que reafirma a la banda como una de las que mejor entiende cómo llevar el metal extremo hacia un terreno más melódico sin perder la esencia oscura. La ejecución es de un nivel profesional que destaca sobre la media actual.

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Party Cannon – Subjected to A Partying (2026)
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Party Cannon saca nuevo disco y sus fans pueden estar de enhorabuena porque entrega justamente lo que uno espera de ellos: distorsión, batería frenética, chistes gruesos, gore y una cantidad significativamente mayor de pig squeals y sonidos de drenaje que palabras propiamente dichas. 

La banda ya ha advertido en diversas ocasiones que escucharles hará que se reduzca nuestro coeficiente intelectual, algo que les valdrá la pena a todos aquellos a quienes les guste gente como Gutalax, Internal Bleeding, Sanguisugabogg y todo este fantástico y loco mundo de deathgrind/slam/deathcore satírico.

Y es que aunque todo parezca caos y entropía, saben muy bien lo que hacen. Procedentes de Escocia, llevan más de quince años dando tumbos por el mundo, comenzando en el underground y la autoedición para crecer poco a poco y siendo este “Subjected to A Partying” su novena grabación, esta vez con la californiana Unique Leader Records. 

Con una irreverente portada estilo cómic y la presencia inestimable de su mascota, Skeleton man (cabeza gigante de esqueleto, cuerpo de señor a menudo sin camiseta), su mensaje está más que claro: o estás a tope con nosotros o mejor ni te acerques.

El álbum se compone en realidad de tres partes y viene además especiado con varios insertos de audio muy cachondos:

La primera parte agrupa sus cuatro singles con videoclip, todos ellos con cierto rollo retro con grano en la imagen. De estos, tres se centran en celebrar los directos de la banda, intercalando otras imágenes más cinematográficas… pero el restante llama especialmente mi atención, por ser el más elaborado y, en mi opinión, la canción más animada y memorable del disco: estoy hablando por supuesto de “Thirst trap”, cuyo videoclip dirige Calum McMillan y que contiene una abrumadora cantidad de productos lácteos. También quisiera destacar “Improper Use of a Speculum”, que comienza con un largo grito de guerra y cuyas letras son, bueno… digamos que “profundamente interesantes”.

La segunda parte ofrece tres canciones remix que hacen parodia precisamente del propio hecho de remezclar canciones, sea en lo techno o en lo orquestal (“High Tariff Overture – Ritual Remix” explora largamente esto último).

Finalmente tenemos tres directos: los dos primeros proceden de su actuación en Glasgow de 2025, como teloneros de Nekrogoblikon, a los cuales agradecen efusivamente la oportunidad en el audio. La última pista, que también podemos disfrutar en vídeo oficial, es una grabación de su participación el mismo año en el festival Obscene Extreme con la canción “Human Slime”, durante la cual ponen al público a hacer flexiones y desatan un torbellino de anarquía en el que no podían faltar disfraces, colchonetas hinchables, volteretas, más público subido al escenario que abajo y desde luego hombres sudorosos totalmente desnudos. Lo que ellos probablemente llaman “un martes cualquiera”.

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Empire of Disease – While Everything Collapses (2026)
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Hay bandas que te entran por curiosidad y otras que te golpean en directo y ya no las sueltas. A Empire of Disease los tenía en el radar desde hacía un tiempo, pero fue en el Resurrection Fest 2025 cuando realmente me hicieron girar la cabeza y prestar atención de verdad. Allí no hubo filtros ni segundas oportunidades: lo suyo fue impacto inmediato, actitud y una descarga que se quedaba contigo horas después. Lo que traen ahora con While Everything Collapses no es casualidad ni un paso más sin intención: es la confirmación de una banda que sabe muy bien a lo que juega, que tiene claro su sonido y que no pierde el tiempo en rodeos innecesarios.

Desde el arranque con “The Beast Inside Me” esto va directo al cuello, sin aviso y sin concesiones. Riffs afilados que cortan en seco, un bajo que no se esconde en ningún momento y una sensación constante de empuje hacia adelante que no da tregua. “Depravity” aprieta aún más con ese punto melódico que engancha sin suavizar el golpe, dejando un solo que se queda dando vueltas, mientras que “No Risk, No Glory” baja ligeramente la velocidad pero mantiene la tensión con una mala leche muy bien medida. Aquí no hay postureo ni relleno: todo está calculado para que cada tema entre directo, funcione y deje marca sin necesidad de adornos innecesarios.

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Cuando sueltan el freno, aparecen momentos que levantan polvo de verdad y donde la banda se siente especialmente cómoda. “The Art of Manipulation” pide directo y sudor, de esos cortes que en sala pequeña se convierten en caos organizado y cuerpos chocando sin parar. “Torture Chamber” es puro castigo sin respiro, una descarga continua que no da espacio para levantar la cabeza, y “Hamunaptra” acelera hasta ese punto donde el cuerpo ya reacciona solo. Incluso el tema título, “While Everything Collapses”, mete detalles más cercanos al thrash sin perder el filo, con una batería que aprieta sin descanso y unos riffs que mantienen la tensión en todo momento.

El cierre con “More than a Hundred” cambia ligeramente el paso, arranca con cierta calma engañosa que parece abrir otra vía, pero poco a poco va creciendo en peso y densidad hasta recuperar ese tono agresivo que domina el disco. Aquí se percibe otra intención, otra forma de construir sin perder identidad, dejando ver que hay más recorrido del que parece a primera escucha. No todo es velocidad: aquí también hay intención y músculo para sostener algo más que un simple bombardeo.

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Defying Decay – Synthetic Sympathy (2026)
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Al igual que pasa con su vecina del sur Indonesia, Tailandia no será un titán de la producción de material metalero en el mainstream, pero que parece tener una cantidad grande de artistas de metal extremo, o al menos un puñado con una gran cantidad de lanzamientos en el under extremo. ¿Habrá algún programa para entrenar bandas de death metal en esa zona? ¿O de grindcore? Así que ciertamente Defying Decay me tomó un tanto desprevenido cuando su disco me llegó al mail.

Definidos como “una de las bandas que más viene ascendiendo en la escena metalera tailandesa”, según una reciente entrevista con Kerrang!, Defying Decay vienen hace un largo tiempo llamando la atención en su país. Y no lo digo sólo en el mundo de la música, siendo que en 2021 lanzaron una canción llamada “The Law 112: Secrecy and Renegades” atacando la ley local que prohíbe criticar a la familia real tailandesa, que plantea penas de hasta 15 años de prisión: si le sumamos que lo hicieron durante el gobierno militar que estaba gobernando Tailandia en ese momento, es refrescante encontrar de vez en cuando una banda de metal que se oponga a gobiernos dictatoriales en estos días.

Su nombre podrá sugerir alguna banda de death metal técnico, pero las cosas con Defying Decay están bastante alejadas del metal extremo: la banda define a su estilo como “hyperpop metal”, y habiendo escuchado su tercer álbum Synthetic Sympathy no creo que mientan. A lo largo de sus 14 canciones (bueno, 12 canciones, una intro y un interludio) es un combo súper ajustado de riffs pesados, electrónica, mezcla de voces limpias y gritadas, estribillos de corte pop y algún que otro pasaje rapeado. O sea, la misma manera en la que ha venido sonando el metal melódico mainstream durante la última década y monedas, esa actualización de la onda Linkin Park que grupos onda A Day To Remember popularizaron hace un tiempo.

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Sí, las influencias en el sonido de Defying Decay están a flor de piel: creo que cada semana debo cruzarme con dos o tres discos de bandas “grandes” de este estilo a los que algún video de TikTok me quiere vender como que está “revolucionando el metal” y lo único que logran es que termine confundiendo entre ellos. Si no me hubieran avisado que Defying Decay eran de Tailandia habría asumido que eran otro grupo occidental onda Bad Omens, Sleep Token, PRESIDENT o cualquier otro conjunto “pop metal” de la misma calaña.

Dicho esto, no creo ser la mejor autoridad al momento de andar pidiendo “total y completa originalidad” en el área de la musiquita. Me gusta cuando mi rock psicodélico suena bien sesentas, me gusta mi rock progresivo bien setentas, admito que me debo escuchar cada grupo de AOR editado por Frontiers Records, y SeeYouSpaceCowboy hicieron de mis discos favoritos del 2024 sonando como cualquier grupo de metalcore del 2008: estaré abierto a la comida exótica, pero jamás le dije que no a una carne con papas bien hecha sólo porque haya comido otra carne con papas bien hecha el día anterior. Y en el mundo del “electropop metal” o como sea que quiera llamarlo, este Synthetic Sympathy sería una carne recalentada que quedó de ayer con unas papas que no son la gran cosa pero tampoco son desagradables. ¿Se nota que tengo hambre? Dejemos las comparaciones con comida y metámonos al disco.

Synthetic Sympathy es un disco un tanto plástico, un tanto (demasiado) sobreproducido por momentos. Como muchas bandas de pop metal, Defying Decay tienen la mala costumbre de llenar sus canciones de teclados, programaciones y cuerdas al punto de que sea complicado distinguir qué es una programación y qué es una guitarra o una batería. Me recuerda a estar escuchando los últimos discos de HYDE antes de que se presentara en 2025 en Buenos Aires, con ese rejunte electro punk rock recargado hasta el hartazgo. Pero… ¿será esa la idea con Defying Decay? ¿O al menos con este álbum? El disco tiene la palabra “sintético” en su título, así que asumo que habrá alguna intención artística detrás de ello.

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Y sonar “digital” no es necesariamente un pecado: Graceland es uno de los grandes discos de pop de los ochentas a pesar de sufrir el síndrome de “batería Phil Collins”. Y en el caso de Synthetic Decay, hay algo adictivo en lo artificial que suena todo, como una de esas bebidas energizantes con nombres de sabores imposibles. “Built To Fall” es predecible en la manera en la que su intro lenta y electrónica, marcada por la voz de Jay Poom Euarchukiati, llega a la palabra “fall” para aumentar la intensidad, mientras los riffs van acompañados por el sonido de la orquesta, como si fuera un tráiler de un videojuego. Horriblemente manipulador, creo que la escuché como quince veces seguidas de lo desvergonzada que era: 10/10.

Defying Decay tienen muchos de sus mejores momentos cuando aumentan la velocidad: “RX Regicide” es frenética, acompañando la voz de Jay con unas guitarras punzantes mientras es acompañado por Kellin Quinn de Sleeping With Sirens. “21 Stitches” también es otra muy intensa, al igual que “Debris”. “Clouds” tiene a Jay acompañado por Violette Wautier, una cantante tailandesa que parece ser una súper estrella pop en su país de origen. Y la mezcla de ambos funciona bastante bien, incluso con la dosis extra de melosidad que la presencia de Wautier aporta. 

Hablando de melosidad, a veces el álbum se pasa con eso, como en la totalidad de “Last Reply” (la mezcla de voces en la primera parte parece de algún hit de los noventas que pasarían por la Aspen), en “Clouds” o en “MEANiNGLESS!”, donde la acumulación de efectos electrónicos y Autotune se vuelve demasiado. Pero a pesar de ello, es algo que me imagino que tiene un público al que entiendo: todo el álbum tiene una intensidad peculiar y todas las canciones tienen algún elemento particular destacable, más allá de que sienta o no que usen ese elemento para construir algo más grande.

Synthetic Sympathy es un álbum con un montón de cosas para llegarle a un montón de públicos diferentes, con una propuesta digerible siempre y cuando no esperes que todos los discos de “metal” deban sonar como un álbum de Motörhead. Sonido ultra pulido, voces puestas de manera milimétrica, guitarras que hacen bien lo suyo como base y de vez en cuando reciben la luz de los reflectores, riffs medio simples pero pesados, y con un Jay que ciertamente tiene una gran habilidad para manejar muchos estilos diferentes. Si tenés que escuchar un disco de pop metal este año, Defying Decay trae de las propuestas más decentes que haya escuchado últimamente.

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Venus 5 – March of the Venus 5 (2026)
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Tras casi cuatro años desde su álbum debut, las rockeras internacionales Venus 5 regresan con su esperadísimo segundo trabajo, donde pretenden demostrar ser algo más que las “Blackpink o Aespa” del metal moderno, como se las catalogó cuando debutaron en 2022.

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Y ya las cosas arrancan con el pie derecho desde la portada ya que en lugar de poner otra foto de las chicas (que no es malo ni mucho menos, pero si que puede hacer desconfiar a los “Trves” de turno), han optado por una preciosa portada oscura con un cuervo negro, que también parece marcar el sendero por el que va a transcurrir el disco.

El disco ya arranca con la potente pieza que le da título y podemos ver como las guitarras rockeras se combinan con las voces de las chicas, mostrando un principio de evolución clarísimo, aunque sin dejar de mirar por el retrovisor a bandas como Amaranthe y Halestorm.

Lo mismo ocurre con “Like a Witch”, esos teclados nos recuerdan a HIM y hay que destacar la imponente presencia vocal de Herma, Karmen y Jelena, sin dejar de lado a Tezzi y Erina, claramente las chicas le han puesto un poquito más de gasolina a su sonido, evidenciando que todo este tiempo de espera ha merecido la pena.

“Set Me Free”, es otro ejemplo de que Venus 5 son un abanico muy grande de sonidos y estilos musicales, en este caso hablamos de un corte medio pop oscuro pero con ciertos guiños a Within Temptation y un gran solo de guitarra que le aporta cierto toque melancólico a la canción.

“Surrender”, en cambio coquetea con el metal moderno y el sonido sinfónico refrescando al disco antes de que se haga medio repetitivo.

Sin desmerecer a sus componentes, hay que decir que posiblemente la que mejor está es Herma, conocida por su labor en Sick N’ Beautiful y que le da el toque más metalero a V5, pero sin perder la sensualidad macarra en su voz, Karmen o Jelena, por ejemplo, si que tienen matices vocales parecidos, muy buenos, pero que a veces cuesta diferenciarlas, cosa que con Herma o Tezzi no sucede.

Y si, claramente había que llegar al momento intimista y que oxigena al disco entre tanto sonido cañero, hablamos de “Take it From the Start”, una “Power Ballad”, donde es simplemente impecable escucharlas a todas y que cada una le de su personalidad a la canción.

Posiblemente estemos ante una de las mejores canciones de Venus 5 hasta la fecha y donde la “Desnudez” musical de sus componentes adornan una pieza muy intensa, emotiva y que pone los pelos de punta al oyente al pulsar el play y escuchar sus voces.

El disco no va a cambiar la vida de nadie, pero si que es un golpe sobre la mesa por parte de estas cinco mujeres, donde se reivindican como artistas y puede ser un faro al que seguir para guiarse musicalmente en un futuro cercano, bravo por ellas!

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Neurosis – An Undying Love For a Burning World (2026)
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Siempre hay que ser honesto en la vida, así que no voy a dejar de seguir ese camino nunca, por lo cual no quiero engañar a nadie, hablar de este nuevo disco de Neurosis, para mi ha sido un gran desafío y una gran responsabilidad, primero por lo que representa la banda en mi vida y segundo porque es un disco al cual le falta una pieza clave, que lamentablemente tiró por tierra su carrera, debido a unas acciones impropias, lamentables y que al menos para mi, han supuesto una gran decepción hacía esa persona, la cual no es otra que Scott Kelly.

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Pero como de todas las crisis se puede salir y remontar el vuelo cual ave fénix, la banda ha parado la pelota, reflexionado y entre todos han vuelto a ser esa banda atrapante, pesada, intensa, reflexiva y arrolladora que siempre fueron. El resultado de esto es An Undying Love For a Burning World, su primer álbum en una década y donde el conjunto de todos brilla como uno sólo bajo lo que representan: NEUROSIS.

Como estos tipos juegan en otra liga, para este retorno certificaron una jugada estratégica (casi) perfecta y esta no es otra que el fichaje del señor Aaron Turner, conocido por su gran labor al frente de Isis (otra de las vacas sagradas dentro del sludge y el post metal), quién ha entendido como pocos lo que significa ponerle voz a las canciones de la banda norteamericana y reflejar por medio de ellas, la ansiedad dentro de una sociedad que vive en plena crisis, pero muchas (y por que no todas) veces gran parte de ella, prefiere mirar hacia otro lado, la intensidad y caos que se vive en la actualidad y como la música es una válvula de escape para muchos de nosotros.

El disco como siempre no se excede en cantidad de canciones, sin embargo las ocho piezas rebasan la hora de duración, con lo cual podemos esperar exactamente lo que vinimos a buscar: Una colección de piezas musicales y artísticas, las cuales merecen su debido tiempo y espacio, antes de poder entender dentro del caos, que aquí nuevamente hay oro macizo para pulir.

Ni siquiera los 53 segundos de “We Are Torn Wide Open”, son simplemente la introducción al disco, es un grito desgarrador de una herida que tenemos abierta y que no sabemos como curarla, observando incrédulos como cicatriza y se vuelve a abrir en un descuido.

“Mirror Deep” echa sal sobre la carne viva y los riffs pesados hacen aún más intenso el dolor, para pasar a un puente tenebroso y que genera una “falsa” sensación de calma, que puede hacerte pensar que Neurosis han bajado la intensidad, pues no amigo, el siguiente tramo de la canción es una patada en la cara que te noquea y la cual vas a tener que escuchar repetidas veces para entender como la banda ha plasmado a la perfección todo lo que han representado en sus cuatro décadas de trayectoria.

Los nueve minutos de “Blind”, que no os paséis de listos, no es un cover del mítico himno popularizado por Korn,si no un descenso al fango más pegajoso y denso que haya en cualquier pantano, con unas guitarras cortantes y la voz de Turner que hace añicos ya no solamente nuestros oídos si no también nuestras almas, dando una clase magistral de como a través de la desesperación, se puede hacer una canción impresionante.

“Untethered” es algo más inmediata que otras piezas del álbum, pero entendamos que hablamos de Neurosis, aquí nada es de fácil digestión, todo lleva al pensamiento profundo, al análisis casi obsesivo para entender como estos tipos tras 12 discos de estudio pueden aún descolocar todo tu universo y hacerlo trizas en unos pocos minutos.

Y quizás en “In The Waiting Hours”, con esa introducción tan triste y fría como hermosa y atrapante, vemos la joya de la corona dentro del disco, con minutos de melancolía instrumental que dan lugar a la reflexión a solas bajo un hilo de luz entre las paredes de tu habitación, para de forma progresiva ir liberando esos demonios internos que siempre nos atacan o simplemente tenemos dentro de uno o una misma.

Neurosis no solamente han vuelto por todo lo alto, han vuelto a dejar otro testimonio imponente de como hacer frente al dolor, la angustia, el caos y la supervivencia, plasmado en canciones largas, pesadas, abrumadoras y que aún así, son absolutamente necesarias.

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Mammon’s Throne – My Body To The Worms (2026)
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My Body to the Worms, es la última entrega de los australianos Mammon’s Throne, el tercer álbum de estudio en su carrera, iniciada en 2019 y, debo confesar, el primero que cae en mis manos. Ha sido un sorprendente hallazgo: el funeral slam ha infectado mi cerebro.

Se trata de un disco pesado, ominoso, pegadizo y con una sólida calidad musical. Cuarenta y dos minutos de discurso profético repartidos en siete largas pistas, cada una con sus propias señas de identidad.

“Senseless Death” sienta el tono de todo el trabajo: un death metal que se acerca al doom y al black metal. Casi diez minutos de canción, pero con varios cambios que hacen que no suene para nada monótona y que abarcan desde lo instrumental a lo vocal, ya que alterna los guturales de Matthew Miller con algunos pasajes de voz limpia, muy profunda, teatral y llena de matices. 

La segunda pieza, “Clandestine Unholy Rites”, no es una canción al uso, sino un corte de tono atmosférico, casi cinematográfico, que incluye sonidos ambientales propios de un cementerio embrujado. Campanas lejanas, tenebrosos susurros y chillidos de animales nos dan paso a la que es en mi opinión, la pieza más memorable del álbum.

Y es que “Elixir” lo tiene todo: es pegadiza, es potente, es oscura y es una canción referencial, pues su protagonista principal es Nosferatu, ¡con un giro! Si bien la letra encaja con lo que conocemos de esta figura vampírica, en el videoclip está encarnado por una mujer (Bailey Dior, estupenda en el papel). La propia banda ha comentado sobre el tema: “Durante el proceso de composición nos propusimos crear un tema directo y contundente, sin florituras, y pensamos que sería divertido incluir influencias del hardcore con un breakdown hacia el final. En broma, bautizamos esta nueva fusión como ‘Funeral-Slam’, una etiqueta que parece haberse quedado”. 

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Tras eso, tenemos “Every Day More Sickened”, la pieza más rápida en cuanto a ritmo (no así de duración, ya que de nuevo roza los diez minutos). Con letras demoledoras y críticas, que nos hablan de hipocresía y desazón en una era de odio y nos hacen preguntarnos qué puede ser salvado en este mundo cruel. Aporta también un videoclip de inspiración noventera, como un VHS casero grabado en la era dorada del videoclip: la idea es quizás arriesgada pero salen del paso con total soltura.

“At the Threshold of Eternity” es otra pieza de transición, que nos pone en guardia para “An Angel’s Grace”, una canción melancólica, embriagadora y llena de saturación, que juega con los coros y diversas técnicas vocales.

El disco finaliza con “Departed”, canción que también posee un interesante vídeo musical, inspirado esta vez en el western gótico, y con la colaboración de otra figura femenina, la modelo y actriz Bridgette Baini. La banda también comenta: “Sin planearlo, la canción evolucionó hacia una balada oscura, gótica y western. Una atmósfera que la banda siempre había querido explorar, dada nuestra admiración por Fields of the Nephilim, Nick Cave, Wayfarer y la canción ‘They Rode On’ de Watain. Comenzó a ganar intensidad, culminando en un crescendo de black metal, lo cual representa a la perfección la esencia de Mammon’s Throne: la fusión de géneros”. El solo de guitarra que nos encontramos hacia el final de la canción es una manera muy potente de cerrar este interesante trabajo.

En resumen, lo que nos ofrece Mammon’s Throne es dramatismo, oscuridad, ritmo, referencialidad y amor por lo retro, que empapa también la portada de este y de sus anteriores discos. Se le pueden aplicar muchas etiquetas: death, doom, sludge, groove, black y hasta su propia aportación autodenominada “Funeral slam”. Sin embargo, etiquetas aparte, los australianos han encontrado en esta mezcla un sonido propio, muy reconocible y único. 

My body to the worms, es un álbum muy completo y bien construido. Un regalo especialmente dedicado a quienes, como yo, sufren de horror vacui y disfrutan dejándose arrastrar por los sonidos más densos. Puede ser re-escuchado hasta la intoxicación sin ningún problema.

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