


Este 12 de mayo, de la mano de Atomic Records, se estrena el álbum debut de la banda sueca Curse of Cain. El mismo esta compuesto por 9 canciones que todo seguidor de este genero va a apreciar, un sonido fresco desde el inicio al fin del disco.
Curse of Cain ha adoptado una temática en especial, buscando una mezcla entre lo futurista y lo bíblico, a lo largo de las canciones vamos comprendiendo como el principal personaje del que se habla tiene un objetivo a cumplir y una serie de vivencias y emociones que se ven reflejadas en el paisaje sonoro que acompaña la letra. Sin embargo los integrantes de la banda no se ponen en la piel de Cain, sino que él esta allí, merodeando cerca, entre las sombras, oyendo quizás cada una de estas historias. La banda ha optado por adoptar trajes y ser parte del escenario post apocalíptico que muestran tanto en la portada como en toda la temática de este trabajo.
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La cantidad de elementos sonoros que tiene cada una de las canciones de este álbum te hace formarte una película muy clara de ver. Coros y voces limpias bien usadas. Las cuerdas, todo el sonido del bajo tiene una ejecución que llama la atención ya que fusiona muy bien la oscuridad de las notas con un cierto dejo de allegro que suena de fondo. Son la mezcla y el buen uso de todos los sonidos electrónicos los que se llevan los aplausos en este trabajo, ya que son los que dan el toque de “futurismo” a cada melodía, resalto el hecho de que han sido bien incorporados, ya que no opacan a la percusión, ni a los coros, acompañan y dan color a la historia que se conforma. Personalmente si tengo que destacar una canción del álbum seria “Alive” es una canción necesaria en la playlist de todo ser humano.


Cathari es una banda de Filadelfia que salió a la luz en 2019 con un excelente disco debut “Corporeality”, logrando llamar mi atención en medio de la marea incesante de música que llega a mis oídos cada año. En ese entonces, su particular doom metal con algunos rasgos de black (solo por usar categorías a modo referencial) me atrajo por los profundos sentimientos que evocaba en mí su angustiante existencialismo y el equilibrio tan sutil que conseguía entre un rock casi reminiscente de The Doors o Nick Cave & The Bad Seeds y momentos pesados magistralmente elaborados. Ese primer trabajo había sido editado por Seeing Red Records; ahora el lanzamiento es independiente.
Tras una pandemia sin precedentes, algunos cambios de line-up y en las vidas personales de sus integrantes, el grupo retorna lanzando otro álbum, sin pretensión alguna más que entregarle al mundo una nueva versión de sí mismo; y la transformación es sublime: una verdadera reencarnación. Esto no debe ser casual. Los cátaros fueron una secta cristiana que profesaba un dualismo en el que todo lo material representaba el mal: el cuerpo era el infierno. Creían en la reencarnación como proceso de autoconocimiento hasta la liberación del alma. Practicaban el vegetarianismo y se oponían a la procreación, pues, claramente, renegaban del reino de la carne. Al ser considerado un grupo herético fue perseguido por la Inquisición hasta desaparecer lentamente. En la actualidad, la banda está formada por Magdalena Stephens (voz, composición y noise), Kevin Nolan (guitarra principal), Ty Miller (guitarra rítmica y noise), Zack Van Sant (bajo) y Michael Quigley (batería y composición).
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Las letras escritas y cantadas por Mag Stephens siempre tuvieron un rol protagónico en el arte de Cathari y el sufrimiento fue y sigue siendo su inspiración constante. En este disco son menos abstractas y retratan de manera más visceral los padecimientos de la experiencia humana. Esto ya es evidente en “Wolves in a Cage”, una melancólica canción que resulta muy similar a lo hecho por el grupo en el disco anterior. La voz y su mensaje son centrales, con un acompañamiento instrumental bastante minimalista, en la medida justa para que todo sea intensamente emotivo. Luego “Berks” sigue recorriendo el mismo camino, dando la impresión de que todavía nos encontramos ante la misma banda que nos brindó su primer disco hace unos años, algo que pronto demostrará ser ilusorio. Cada elemento de la música empieza a desplegarse con más ímpetu, como si la potencia fuera in crescendo, y cuando la batería se acelera y aparecen los gritos desesperados, ya empezamos a ver los nuevos colores y formas de la mariposa nocturna que atrás dejó el capullo.
La brutalidad de “The Tipping Point” sorprende gratamente. La voz gutural es salvaje y el riff de guitarra es de una contundencia despiadada. No quedan dudas de que Cathari es una nueva criatura, mucho más tenebrosa en su expresión. La ejecución de la batería es implacable y resalta como uno de los cambios más relevantes en comparación con todo lo hecho previamente por el grupo. “Children of Men” disipa un poco la furia, pero nos guía hacia una introspección que nos llena de tristeza. Ese ánimo reflexivo no tarda en desatar la ira, algo que se siente como una consecuencia natural. La crudeza del canto, la sutileza perfecta de las guitarras y el bajo, y la expresividad de los recursos percusivos son destacables, pues logran hacer vibrar las fibras más íntimas.
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“Beautiful Boy” fue el single elegido para anticipar la salida del álbum, y es mi track favorito, el que expone con más fuerza el desarrollo de la banda. Stephens demuestra una versatilidad e histrionismo abrumadores, para materializar una narrativa que también es forjada por los golpes impiadosos y repetitivos que asesta el conjunto instrumental, sin dar respiro. Así llegamos al final con “In God’s Infinite Silence”, que tiene una larga introducción casi industrial hasta que emerge una sonoridad propia del doom, lenta y oscura, con rasgos de lamento y clamor exhausto. El trabajo vocal sigue siendo extraordinario, alternando momentos cavernosos con otros de canto melódico de fugaces matices ceremoniales.
Este segundo trabajo de Cathari prueba que la banda ha madurado en todo sentido, lo que implica mantener su esencia perfeccionando cada aspecto de su arte: la amplitud creativa, la apasionada diversidad vocal, la interpretación de cada instrumento y la concepción filosófica que manifiesta. “IGIS” ya forma parte de mi lista de los lanzamientos musicales de este año y lo recomiendo absolutamente.


Sunrot es una banda estadounidense, oriunda de New Jersey, que afirma ejecutar un “compulsive post noise power sludge”. Considerando el valor de las categorías que se usan para etiquetar la música, me parecen bienvenidas las que inventan las personas que la componen. “The Unfailing Rope”, editado por el sello Prosthetic Records, es el segundo full-length del grupo, que también publicó varios EPs, splits y participó de compilados. Su line-up es: Lex Alex Nihilum (voz), Christopher Eustaquio (guitarra), Rob Gonzalez (guitarra), Ross Bradley (bajo) y Alex Dobrowolski (batería). El álbum fue grabado y mezclado por Scot Moriarty de la banda grindcore Organ Dealer, y masterizado por Magnus Lindberg de Cult Of Luna.
El compromiso político siempre fue una característica de Sunrot, entre muchos otros motivos, porque forma parte de una nueva generación de bandas que tienen integrantes, no solamente provenientes de familias inmigrantes, sino que también son personas trans o con identidades de género no binarias. Otros ejemplos son Body Void, Cathari y Sigils. También tienen contactos con grupos que comparten el espíritu revolucionario como Ether Coven y Pig Destroyer. Este álbum en particular está dedicado “a la memoria de Brian ‘Pork’ Dodgeson, Olga Miller, Maxx Ortiz, y quienes perdieron sus vidas por las fallas sistemáticas de la racista, clasista y aborrecible guerra contra las drogas”. También “a toda la gente luchando contra la opresión y que todavía cree que un mundo mejor es posible.”
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“Descent” es un sample que funciona como introducción. Sunrot es una banda que hace un empleo profuso de samples y recursos que le dan un notable componente noise. “Trepanation” ya es una excelente demostración de lo que la banda puede ofrecer: riffs potentes de guitarra y bajo con mucha distorsión y fuzz, una batería versátil y precisa, y una voz furiosa. Scot Moriarty aparece en unos fragmentos recitados. Sigue “Gutter”, que arranca a pura ira y suma nuevas voces, en esta oportunidad, las de Bryan Funck y Emily McWilliams, esta última especialmente encantadora. Todo vuelve a sonar con tremenda contundencia: Sunrot es un grupo al que le sobra energía.
“The One You Feed Pt. 2” es mi canción preferida del álbum. Es relativamente corta en comparación con el resto, pero tiene un riff sencillo, poderoso y emotivo. “The Cull” es un típico interludio noise que nos lleva hacia “Patricide”, mi otro track favorito del disco, no solamente por la música en sí misma, sino por la letra que ataca frontalmente al orden patriarcal que sigue imperando en todas las sociedades contemporáneas. Blake Harrison de Pig Destroyer colabora con la electrónica. Luego, “Tower of Silence”, el track más extenso, incluye machaques demoledores y tiene una potencia descomunal.
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“Love” contiene un sample tomado del discurso (brillante y profético, según la propia banda) de James Baldwin, novelista, dramaturgo, ensayista, poeta y activista por los derechos civiles estadounidense, que siendo negro y homosexual, se encontraba en una situación en la que podía vivenciar en carne propia las desgracias de la discriminación. Sus palabras están acompañadas por todo un fondo de ruidos estridentes que se vuelven casi ensordecedores. Así concluye un muy buen segundo trabajo de una banda en franco ascenso.


Predatory Void es un nuevo proyecto que empezó a tomar forma cuando Lennart Bossu (Amenra, Oathbreaker) se encontró componiendo material que no encajaba para Amenra, mientras Oathbreaker continúa en un hiatus. A esta altura ya no es ninguna novedad que en Ghent, Bélgica, existe una escena efervescente cuando se trata de música pesada. Entonces, Bossu convocó a artistas de la zona, incluido su compañero bajista en Amenra, Tim De Gieter. Se sumaron la cantante Lina R (Cross Bringer), Thijs De Cloedt (ex miembro de Aborted) como segundo guitarrista y Vincent Verstrepen (ex Carnation) en batería. Ya desde el line-up era esperable una propuesta más extrema, y dicha expectativa se cumple. Editado por Century Media Records, el debut de Predatory Void es impactante.
Obviamente, las influencias tanto de Amenra como de Oathbreaker son notables: Bossu forma parte de ambas bandas. Sin embargo, este nuevo grupo de blackened doom metal tiene muchos elementos de death metal al estilo de Ulcerate, solo por dar una referencia. “Grovel” posee algunos de los momentos más rabiosos y los riffs más afilados, casi al estilo de Slayer. La voz de Lina R es brutal, y los coros guturales a cargo del bajista son profundamente cavernosos. Los blast-beats y el doble pedal de la batería son implacables. “*(struggling..)” empieza siguiendo la misma senda, hasta que todo se enlentece, aparece el canto limpio y melódico, y las guitarras adquieren esa sonoridad mucho más sludge. El bajo ofrece siempre un fondo sólido inclaudicable, aunque va variando los efectos empleados.
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“Endless Return to the Kingdom of Sleep” tiene un comienzo ominoso, la voz alterna pasajes hipnóticos con otros de ira temeraria. Los cortes que anuncian una aceleración vertiginosa son los que marcan una clara diferencia con lo hecho por los otros grupos de Bossu. Se impone un machaque aplastante, que invita a un intenso headbanging. Las guitarras también recurren al trémolo más típico del black metal. Luego, “Seeds of Frustration” es una canción con guitarra electroacústica y voz melancólica que remite a lo más esencial del doom. Funciona como una suerte de interludio a modo de respiro.
“The Well Within” recupera toda la furia de los tramos más violentos, entramada con esos toques de angustia que Bossu sabe traducir tan bien al lenguaje musical y que son la marca definitoria de Amenra. El despliegue de la percusión es destacable a lo largo de todo el álbum, caracterizado por los cambios de ritmo en tracks relativamente largos con enfoque progresivo, algo que también se refleja en “Shedding Weathered Skin”, canción en la que los coros de De Gieter se destacan nuevamente.
Todo termina con “Funerary Vision”, que tuvo su propio videoclip animado dirigido por el célebre Dehn Sora, muy conocido por sus colaboraciones con Amenra. De hecho, se trata de la canción que más fuertemente puede asociarse con la banda originaria de Bossu y De Gieter, y el video también recuerda mucho al de “De Evenmens” del último disco de Amenra, “De Doorn” (2021). De todas maneras, hay que decir que el track tiene segmentos de una agresividad que los referentes del post-metal no alcanzan (ni buscan, al menos por ahora). Esta canción final es mi favorita del todo el álbum junto con “Grovel” y “Endless Return to the Kingdom of Sleep.” Estos tres tracks fueron los seleccionados como singles para tener sus respectivos videos, junto con “*(struggling…)”, lo que podría dar cuenta de que Predatory Void tiene claras sus fortalezas: las bases para un futuro prometedor.


Dada la particular importancia de este disco, era necesario dejar pasar el tiempo y las escuchas atentas para brindarle toda la dedicación necesaria a su reseña. Esto es así por varios motivos: es el primero tras el fallecimiento de Andrew Fletcher, miembro original de Depeche Mode, ocurrido el 26 de mayo de 2022, que no es poca cosa tratándose del decimoquinto álbum en una carrera que comenzó a principios de la década de los 80. A su vez, hablamos de una banda que, hoy conformada solamente por Martin Gore y Dave Gahan (más los acompañantes ya habituales hace varios años) se ha desarrollado de manera tal que, desde sus comienzos como un proyecto synthwave bastante naive, llegó a convertirse en un grupo que se ubica entre los máximos referentes del darkwave y el rock electrónico, con una estética oscura y en el que la guitarra eléctrica siempre tuvo gran protagonismo. La batería también se convirtió en un instrumento muy presente, y algún bajo ocasional, fueron dándole al conjunto un semblante que trascendía lo “tecno” mediante los clásicos sintetizadores y la programación.
No caben dudas de que Depeche Mode es una de las bandas más famosas e icónicas de la música popular desde hace más de cuatro décadas y logró cautivar a un público que también puede abrevar en el metal. Más allá de la audiencia, es innumerable la cantidad de grupos de este género que recibieron la influencia de los ingleses, y es destacable el número de covers que han interpretado. Entre las bandas que hicieron sus propias versiones de canciones de DM podemos nombrar a Deftones, Rammstein, Marilyn Manson, Converge, In Flames, Samael, A Perfect Circle, The Dillinger Escape Plan, Moonspell, HIM y Lacuna Coil.
Como sea, “Memento Mori” merecía la garantía de las múltiples escuchas vivenciadas en diversos contextos a lo largo del tiempo. Que muera un integrante fundador, un amigo, es un golpe demasiado duro, y decidir darle al disco un título latino que nos recuerda que todos y todas vamos a morir en algún momento, implica un mensaje pesado. Pero así como la frase elegida suele ser complementada con “carpe diem”, que nos invita a vivir cada día al máximo, Depeche Mode juntó fuerzas para seguir adelante y hacerlo en grande. Entonces nos hallamos ante un recordatorio de que, ante la fugacidad de la vida, debemos gozar tanto como podamos, aprovechando cada momento.
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El impacto de la pérdida de Fletcher generaba dudas en cuanto al nivel creativo que este nuevo trabajo podía tener, más aun considerando que algunos de sus antecesores no habían sido muy favorecidos por el público y la crítica en el marco de una discografía que brindó al mundo muchos clásicos que ya forman parte ineludible de la cultura pop. No obstante, aparte de mencionar esto, en lo personal debo decir que no creo que la banda tenga un solo disco de baja calidad: son todos excelentes y “Memento Mori” no es la excepción.
“My Cosmos Is Mine” es un track muy introspectivo, lento y denso, una suerte de admonición en medio del duelo. Está construido con pura electrónica y el canto del dúo protagónico que, a esta altura, ya es legendario. La misma fórmula sigue en “Wagging Tongue”, aunque el ánimo cambia levemente, sobre todo por el ritmo, que empieza a generar esa ambivalencia tan esencial a la nostalgia. Las letras también expresan esa tensión constante que, justamente, es la fuente de la motivación por hacer lo que pueda darnos felicidad: ser conscientes de que debemos tener un fin, tanto en el sentido de construir un sentido para nuestra existencia, como en el de la inevitabilidad de la muerte. Y llega “Ghosts Again”, que fue el primer single con video propio. La guitarra, con ese estilo minimalista tan típico de Gore, hace su presentación magistral, y el mensaje del álbum se expresa con más potencia que nunca. He aquí una de las grandes virtudes de Depeche Mode: poder hacer que la gente baile canciones que le advierten sobre la finitud del ser. Algo muy similar sucedía, por ejemplo, con “Fly On the Windscreen” del disco “Black Celebration” (1986). Aquí caben dos comentarios. Por un lado, ese es uno de los encantos de todo el movimiento darkwave, incluso en sus manifestaciones post-punk (The Cure, Joy Division, Bauhaus, Siouxsie & The Banshees, The Sisters of Mercy, etc.). Por el otro, este álbum de DM tiene cierto halo de retorno a un sonido que puede vincularse con el de los principios del proyecto en la década de los 80.
En “Don’t Say You Love Me” la guitarra tiene un rol más sutil, en una canción con rasgos de lamento por la decepción amorosa. La atmósfera se agita un poco más en “My Favourite Stranger”, una dosis de angustia destilada, y aquí ya resalta una característica muy interesante: la mayoría de las canciones nos presentan las voces tanto de Gahan como de Gore. Ya sabemos que la combinación es alucinante, pero siempre hubo muchas que solamente tenían a uno de ellos como única voz. La escucha del disco completo confirma este atributo, que no es un detalle menor: diez de los doce tracks son cantados por ambos.
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“Soul With Me” es la única canción donde nos encontramos con Gore como cantante en solitario, con un clima casi de blues. “Caroline´s Monkey”, ya desde el título, tiene un enfoque metafóricamente más arriesgado, quizás levemente más “alegre”, porque la mirada está puesta, nuevamente, en alguien más, y esto resalta en medio de una obra tan intimista y reflexiva como este álbum. “Before We Drown” sigue en una veta similar, con algunos elementos que no suenan tan ominosos. El vibrato de Gore en los coros es maravilloso; lo ha sido históricamente.
Todo parece volverse un poco más “optimista”, tanto en el sonido como en la letra, al llegar “People Are Good”. Sin embargo, es más bien un aviso acerca de la ingenuidad que solemos tener en las relaciones con las demás personas. Esto parece un eco del hit “People Are People” incluido en el disco “Some Great Reward” (1984). “Always You” es una hermosa canción romántica, una de mis favoritas del álbum junto con “Ghosts Again” y la que le sigue “Never Let Me Go” (con una guitarra especialmente “rockera”). Hablando de ecos, no puedo evitar la asociación con “Never Let Me Down Again” de “Music for the Masses” (1987), al menos en cuanto al nombre. ¿Habrán sido inconscientes estos sugerentes retornos al pasado?
“Speak To Me” da un cierre intensamente emotivo, solo con la voz de Gahan. Queda claro que fuimos llevados a lo largo de un recorrido en busca de razones para seguir adelante, pensando en los vínculos humanos y toda su complejidad. De esta manera, “Memento Mori” se nos ofrece como una gran demostración de lo que Depeche Mode sabe hacer: canalizar lo que sea (y esta vez la prueba es notoria) con un virtuosismo artístico innegable, para entregarnos un trabajo que, sin dudas, estará entre lo más meritorio de este año en materia musical.


Tras la salida del último álbum de Liturgy, que Dødheimsgard (DHG) lance su nuevo disco (el sexto) convierte al 2023, ya en el mes de abril, en una gloria para el black metal de vanguardia. Black Medium Current, editado por el sello británico Peaceville Records, es una obra que, dentro de la historia de la banda noruega, de alguna manera completa una trilogía con 666 International (1999) y A Umbra Omega (2015), dos trabajos totalmente asombrosos y rupturistas, aclamados tanto por el público como por la crítica especializada. El arte de tapa, a cargo de Łukasz Jaszak, parece una deconstrucción del de The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, justamente en el año de su 50° aniversario.
La grabación y mezcla fueron realizadas en Top-Room Studios por Matias Aaversen. Para las personas interesadas en saber más acerca de la historia y el proceso creativo detrás del icónico 666 International es recomendable la lectura (en inglés) de la entrevista a todos los involucrados publicada como “Dødheimsgard’s 666 International: An Oral History by Daniel Lukes” que forma parte de Black Metal Rainbows, un libro compilado por Daniel Lukes, Stanimir Panayotov y Jaci Raia, y editado este año por PM Press, en el cual se abordan las disidencias sexogenéricas y las corrientes progresistas (antifascistas, feministas, queer, etc.) dentro de la escena del mencionado estilo musical.
El grupo liderado por Yusaf Parvez, alias Vicotnik (esta vez responsable de la voz, guitarra, sintetizadores, electrónica y composición), tiene una trayectoria y una evolución artística comparables con las de sus compatriotas Ulver, aunque siempre es bueno recordar los momentos más experimentales de Mayhem o Satyricon. La formación del grupo en esta ocasión se completa con L.E. Måløy (bajo, piano, violonchelo, theremin y electrónica), Tommy “Guns” Thunberg (guitarra principal) y Myrvoll (batería). El disco, producido por el mismo Vicotnik, nos lleva a una exploración de la existencia desde el nivel psicológico hasta el cósmico, de un modo tal que se refleja en la diversidad sonora que nos ofrece.
Ya sabemos que DHG interpreta un black metal que incorpora elementos del jazz, el rock progresivo, la música electrónica y la industrial, y que elude en sus letras los tópicos tradicionales que siguen imperando dentro del género más difundido desde Noruega. Hay letras escritas tanto en noruego como en inglés. En ellas se tratan temáticas como la fragilidad de la construcción que cada mente hace de lo que es nuestra identidad y el universo que la rodea y la incluye, los límites de la percepción y la conciencia, las causas y consecuencias de las emociones, el sentido de la vida y de la muerte, las dimensiones de la existencia. Todo esto parece vincularse con la necesidad de Vicotnik de tratar la cuestión de la salud mental tras la pandemia, con un enfoque tanto estético como epistemológico.
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El recorrido por los infinitos espacios de lo que sea que llamemos realidad comienza con “Et Smelter” y guitarras electroacústicas y susurros que dan lugar al canto melódico, hasta que irrumpe la base rítmica marcada por blast-beats y un bajo sólido como un muro, sobre los que se despliega un trémolo que va mutando en varias expresiones de melancolía. La voz se torna agresiva. Promediando el track todo se vuelve relativamente calmo y hacia el final se destaca un teclado etéreo que termina en un pasaje casi de psicodelia funk con coros y un exaltado solo de guitarra. “Tankespinnerens Smerte” suena un poco más convencional para el género, aunque no por ello con menor expresividad. También se impone un cambio notable hacia la mitad de la canción, alterando completamente el clima, que vuelve a agitarse hacia la culminación. Queda claro que la composición avanza en capas, que progresa en texturas.
Sigue “Interstellar Nexus” y llegado este punto no puede evitarse destacar el virtuosismo evidenciado en la ejecución de cada instrumento. El trabajo vocal adquiere rasgos especialmente histriónicos. El ritmo se va transformando abruptamente y tiene momentos casi aptos para la danza. El aspecto tecno de DHG resalta más que nunca y, por si no fuera suficiente, el inicio de “It Does Not Follow” nos descoloca al ponernos frente a lo que bien podría ser parte de la banda sonora de una película de acción de la década de los 80’s, incorporando elementos synthwave, más allá de una base de bajo con mucho groove. Sin embargo, otra vez, nos sorprende un giro hacia una sonoridad a puro black. Esa “pureza”, no obstante, nada tiene que ver con la crudeza: hablamos de una música hecha por creadores que están mucho más allá de conformarse con una cualidad tan precaria.
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“Voyager” es un breve interludio de piano casi impresionista que nos transporta hasta “Halow”, tramo donde la oscuridad vuelve a reinar, una negrura tan perfecta que permite vislumbrar hasta los más mínimos destellos del colorido espectro de la luz al atravesar el prisma de las intenciones de Vicotnik. A modo de comentario que cabría hacer en cualquier punto del trayecto de este impresionante álbum, hay que resaltar la calidad del trabajo relativo a las voces, la superposición de distintos timbres, la armonización y la alternancia de técnicas para cantar (con reminiscencias de King Diamond y Attila Csihar). Lo mismo sucede con cada pasaje en los que el bajo brilla y capta la atención. Domina un sentimiento de angustia mezclada con una extrañeza tan inconmensurable que quizás permita encontrar solaz en la incertidumbre.
Todo se convulsiona en “Det Tomme Kalde Morke”, donde lo que hacen los sintetizadores vuelve a impedir que lo que se escucha sea solamente black metal. Este fue el segundo corte de difusión con un videoclip animado creado por el propio Vicotnik. Es imposible exagerar la impactante labor de las guitarras en esta maravillosa obra que es “Black Medium Current”. A veces recuerdan al estilo de Euronymous y de Blasphemer, pero sobre todo al de Satyr. “Abyss Perihelion Transit” fue el primer single con video propio, realizado por el ya célebre dibujante Costin Chioreanu. Es uno de los tramos más alucinógenos del opus que estamos analizando. Tiene una actitud casi hippie, y no tengo prejuicio alguno al emplear este adjetivo. Hay ecos de esas “vibras” que buscaban la paz en la expansión de los poderes psíquicos y el amor libre de las cadenas forjadas por los poderes que siempre fueron las fuentes de toda opresión.
El cierre está dado por “Requiem Aeternum”, donde surge un ambiente dramático, casi operístico, en el que las teclas y el violonchelo tienen tanta importancia como las voces, para evocar una tristeza como la que se vivencia al fin de cada viaje que cambia nuestras vidas. No queda más que sumarme a las multitudes convencidas de que este disco estará entre lo más destacado del año en curso. Se recomienda la escucha a cada espíritu rebelde y amante de la música de alto vuelo.


Tras casi nueve años desde su álbum debut TTN, el talentoso músico madrileño Tete Novoa, vuelve con su segundo disco en solitario Historias Que Cantar, que salió a la venta el pasado 28 de abril vía Maldito Records y nos muestra una clara evolución del cantante con un disco más rockero y guitarrero que el anterior, pero sin perder el toque personal que siempre ha tenido y sigue teniendo Tete Novoa.
En estos diez cortes nos vamos a encontrar de nuevo a un Tete abierto a diversos sonidos, pero con una clara influencia guitarrera que ya se puede percibir en “Somos”, el corte que abre el disco y que podría recordarte a la época más dorada de bandas como Bon Jovi, o sea la de los 80, increíble el dominio vocal que derrocha Tete en la canción y que pone en evidencia porque es uno de los mejores cantantes que ha dado el rock nacional en los últimos tres lustros sin discusión ni debate.
“Vayamos a más” es otra de esas muestras de que este muchacho hace lo que quiere y pocas veces falla, esto es un cañonazo de rock duro, pero con un estribillo digno de ser coreado en un estadio, no hace falta irte fuera de nuestras fronteras para escuchar buen rock cañero, en este disco y en temas como este lo vas a encontrar.
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El toque setentero de “El Circo de la Vida”, es extremadamente pegadizo y si os gustan bandas como Greta van Fleet y Maneskin, pues no dudéis en darle una escucha a este disco y ver quién es el que manda aquí y no son justamente esos grupos si no artistas como Tete, con dos décadas de carrera ya a sus espaladas.
La crítica social se ve reflejada en “Evil Machine”, donde Tete nos cuenta la realidad de todos los días, millones de personas que creen que todo se reduce a las redes sociales y a tener más o menos visitas, “likes”, seguidores y demás cosas, que sinceramente no son lo más importante en la vida pero que a muchos se la están consumiendo sin darse cuenta.
El tema se redondea con un potente solo de guitarra y está claro que se convertirá en uno de sus clásicos instantáneos desde ya mismo.
El lado más delicado, aunque no es una balada, lo vamos a encontrar en “Seremos Tú y Yo”, un tema muy hermoso, pero tremendamente triste ya que está dedicado a Batman, el precioso perrito del músico que lo ha acompañado durante muchos años incluso ha llegado a ir con él a alguna entrevista para medios compañeros, pero que lamentablemente ya no está con nosotros y Tete ha querido en esta canción rendirle el homenaje que se merece y el resultado pone los pelos de punta.
El videoclip nos ha acabado de romper el alma recopilando momentos de Tete y Batman juntos, pero a la vez es muy bonito y nos hace pensar que los animales que adoptamos como mascotas forman parte de nuestras vidas y que es muy doloroso cuando ya no están con nosotros, así que vuela alto Batman y este tema ojalá lo escuches desde el cielo.
El lado más Pop Rock viene de la mano del medio tiempo “Alguien más”, un corte muy en la onda de bandas como Skid Row o Bon Jovi, a medio camino entre el rock/pop y el AOR, pero con la personalidad vocal de Tete, al cual le queda como un guante este tipo de canciones.
Las guitarras vuelven de la mano de “Fuego Cruzado”, quizás el corte más moderno del disco y que puede ser una bomba en directo, ya que tiene una potencia sonora muy interesante.
“Solo”, es una de las dos baladas que contiene el disco y nos recuerda a la época de su primer disco, con ese rock/pop accesible, pero con melodías bonitas y que podría sonar en una radio mainstream sin ningún problema.
El disco se cierra con “Efímera”, un corte que va in crescendo y nos muestra el lado más épico del disco, con armonías, unas voces espectaculares por parte de Tete y muchos matices musicales a descubrir con cada escucha.
Pues está claro que Tete ha vuelto a dar en la diana con su nuevo disco, quizás sea el mejor disco de rock nacional del año, no lo sabemos con certeza, pero yo que tú si te gusta el rock, no el heavy metal puro, le daría más de una escucha porque aquí hay muy buen material y nos demuestra el talento que tiene este señor y como su versatilidad artística está al alcance de muy pocos en nuestro país.


Liturgy es el proyecto de Haela Ravenna Hunt-Hendrix, una mujer de Nueva York que, a lo largo de los años, ha atravesado una transición, una metamorfosis, en los sentidos más profundos posibles, abarcando desde el género y lo corporal, hasta lo espiritual, haciendo siempre de la música el elemento casi alquímico para catalizar este proceso. Su “black metal trascendental” da cuenta de una búsqueda interior que la llevó a desarrollar un estilo sumamente vanguardista, a la vez que a crear una teología propia, basada en una interpretación personal del cristianismo. Su arte emerge justo allí, en una intersección ritual, mística. El sonido es un instrumento para la transformación más esencial del ser. Hunt-Hendrix sigue construyendo un sistema de pensamiento propio, entramando aspectos de las Sagradas Escrituras, con aportes que abarcan desde el psicoanálisis hasta el marxismo, pasando por la numerología y varios autores posmodernos. La teorización alcanza a la música como tal, llegando a elaborar una suerte de tratado en el que caracteriza a su black metal, introduciendo conceptos tales como el de “burst-beat” (en lugar del típico blast-beat), solo por mencionar una de las cuestiones que aborda. Cabe señalar que Hunt-Hendrix también manifiesta su visión mediante las artes plásticas.
93696 es una obra excepcional que despliega algo que ya se venía anunciando desde el EP que lo precedió, As the Blood of God Bursts the Veins of Time (2022), pero si nos remontamos más atrás, podemos considerar que nos encontramos ante una síntesis de componentes que fueron surgiendo en distintos momentos del recorrido de la discografía de Liturgy: los trémolos vertiginosos de Renihilation (2009), los riffs de Aesthethica (2011), las “rayaduras de disco” de The Ark Work (2015) y los rasgos sinfónicos de H.A.Q.Q. (2019) y Origin of the Alimonies (2020).
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No se puede decir que lo hecho por esta banda sea “experimental” en el sentido usual que se le da al término dentro de la música pesada, o sea, algo que se distancia, en mayor o menor medida, de lo habitual dentro del estilo. Es experimental de un modo profundo, es decir, pensando en la música como arte de la forma más amplia posible. Si bien se puede afirmar que hablamos de black metal, nos encontramos en terreno que me animo a llamar propio de la música contemporánea, incluso en sus manifestaciones más “cultas”. Es por esto que, así como podemos comparar el arte de Liturgy con lo generado por otras bandas tales como Deathspell Omega, Blut Aus Nord, Dødheimsgard o Scarcity, solo por nombrar algunas, también valen las referencias a compositores como György Ligeti, Krzysztof Penderecki, Arvo Pärt, Iannis Xenakis o Karlheinz Stockhausen. Más aún: también a artistas más del lado “rockero” de la experimentación, como Pink Floyd o King Crimson, o del lado más “pop”, tales como Diamanda Galás, Massive Attack o Björk.
Realmente sería un despropósito intentar hacer una descripción de cada track en esta obra integral de una hora y veintidós minutos, contenida en dos discos. Es más sensato señalar algunas líneas transversales, los pilares que sostienen el templo sonoro. Podemos comenzar por las voces: abundan los coros, en ocasiones “angelicales”, o recitados de cadencia oratoria, pero predomina la voz de Hunt-Hendrix, con cualidades de alarido orgásmico. La variedad de recursos que emplean la batería, el bajo y las guitarras es exorbitante y es que pretenden ser enérgicos, dinámicos, fluctuantes, palpitantes.
La composición explora, con medidas equivalentes de brutalidad y delicadeza, las armonías más cautivantes, las disonancias más atractivas, los motivos más encantadoramente diversos, las más acertadas repeticiones con modificaciones sutiles de evidente intención hipnótica, inductoras de un trance. Hay una profusa orquestación: aparecen instrumentos de percusión melódica, glockenspiel, piano, órgano, flautas, ocarinas, contrabajos, violonchelos… Se suceden pasajes gloriosos, de ímpetu épico, con otros de misterio minimalista. En ocasiones la música parece estar manipulada por un DJ que la eleva a la segunda potencia.
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Hay varios tracks breves que, por más bellos que sean, no dejan de sentirse como espacios de reflexión entre cada sesión de catarsis. “Djennaration” es casi un universo en sí mismo, la más compleja heterogeneidad en la unidad. Es inevitable usar el adjetivo “progresivo” en relación a lo ejecutado por Liturgy. “Caela” hace aparecer los riffs trabados, casi combinando aires del groove metal de los 90’s con el djent, que serán objeto de indagación en muchos tramos del álbum. “Haelegen II” es casi una maniobra de resucitación, en la que se insuflan corrientes emotivamente abrasantes. “Ananon” impresiona como una suerte de caos controlado que logra condensarse para luego volver a expandirse. “93696” impacta con una batería y unos riffs de tremenda magnificencia: muy probablemente sea la canción con los lapsos más “accesibles” para la audiencia metalera en general, pues casi obligan a sacudir la cabeza, aunque termine en un clímax metafísico. “Antigone II” adquiere la intensidad de un éxtasis religioso, hay que decirlo, y también incluye martillazos de la guitarra que dan en el clavo oxidado que gran parte del público busca que perfore sus tímpanos.
En mi opinión “93696” está entre lo mejor que he escuchado en el campo del black metal avant-garde, e incluso, de la música contemporánea que suena por fuera de los “circuitos académicos”. Si se abandonan los prejuicios acerca de las hordas seguidoras de lo extremo, es un disco que puede ser gozado por las mentes ávidas de forzar los límites y animarse a probar la otredad, lo diferente. Para quienes ya conocen a Liturgy, se trata de un álbum que resume su existencia de manera cabal.


Se dice que desde Finlandia surgen los mejores músicos, y en este caso, cinco de ellos se han unido para darle vida a DOL, esta banda de dark metal melódico que no teme en experimentar y oscilar con diferentes técnicas dentro del género del metal y el gótico. Desde sus inicios en el 2017, MC (guitarra y voz), Lauri (sintetizador), Casty (batería), Hades (guitarra) y Jykä (bajo) han tenido el deseo de formar esta banda de goth rock, llevándola cada vez más lejos de la fría Finlandia para el deleite del mundo entero.
El lanzamiento de su nuevo proyecto Amor Brutale en este 2023, es una demostración de que Helsinki sigue siendo cuna de talentos musicales realmente muy buenos, teclado, cuerdas y percusión suenan perfectamente bien, y la voz aunque tiene algún que otro detalle que incomoda no es nada que estorbe o desagrade. Este EP de 5 canciones tiene de todo, no me atrevería a compararlos con ninguna otra banda grande, porque ya tienen su propio elixir formado: gótico, seductor y poderoso, todo dentro del metal.
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El bajo es protagonista muchas veces, sin embargo le da el aporte justo de pesadez que han sabido combinar con los demás instrumentos; se podría decir que alguna pizca de Ghost suena dentro de las bases de la segunda canción “Dead by september”, pero ya sea en esa o en cualquier otra de las melodías, las notas darks bien elegidas hacen de Amor Brutale un trabajo muy bien logrado.
El arte de la portada es un mensaje clásico, en blanco y negro, de la manipulación de las emociones con un guiño ligero hacia lo religioso, tema que no puede pasar desapercibido y que coincide con la canción “Lillith’s song”, siempre teniendo presente el logotipo de esta banda que a futuro y sin dudarlo será muy aclamada por todos sus oyentes alrededor del mundo.

Con Overkill siempre vamos a la segura, escuchar un disco de ellos cada cierto tiempo es sinónimo de escuchar 100% thrash metal, no se espera una evolución o un cambio, se sabe de antemano que esto será algo cargado de energía y un bajo atronador, así es cómo se siente escuchar Scorched una y otra vez.
Con un riff demasiado sonoro, “Scorched” abre el disco, tema homónimo que fue el escogido para dar inicio a 10 temas de buena calidad, sin pasar a lo extremo, a lo aburrido o a lo novedoso, “Goin’ Home” y “The Surgeon” siguen la misma línea, D.D. Verni sobresale en todos los aspectos y la voz de Bobby “Blitz” se mantiene en muy buena forma.
El disco continúa con canciones cómo “Twist of the Wick”, “Wicked Place” y “Won’t be Comin Back” en la misma línea, a veces se siente un poco plano escuchar lo mismo, pero bueno, es Overkill, no esperemos elementos progresivos aquí, lo que si se tiene que mencionar es que Dave Linsk su guitarrista líder, saca unos solos bastante potentes y Derek Tailer hace unos riffs muy pegadizos.
Al llegar a “Fever” la cosa cambia un poco, el tema empieza lento pero va a agarrando fuerza, muy al estilo Black Sabbath en sus inicios, ya sólo quedan 3 temas por escuchar, “Harder They Fall”, “Know Her Name” y “Bag o’ Bones”, y cómo lo dije antes, esto sigue la línea anterior, pero siendo honestos, es Overkill, ¿quien quiere que suene diferente? Dudo que su fanaticada espere un disco de hard rock o industrial, esto es lo que es, Overkill lleno de thrash metal de la vieja escuela.
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Este 12 de mayo, de la mano de Atomic Records, se estrena el álbum debut de la banda sueca Curse of Cain. El mismo esta compuesto por 9 canciones que todo seguidor de este genero va a apreciar, un sonido fresco desde el inicio al fin del disco.
Curse of Cain ha adoptado una temática en especial, buscando una mezcla entre lo futurista y lo bíblico, a lo largo de las canciones vamos comprendiendo como el principal personaje del que se habla tiene un objetivo a cumplir y una serie de vivencias y emociones que se ven reflejadas en el paisaje sonoro que acompaña la letra. Sin embargo los integrantes de la banda no se ponen en la piel de Cain, sino que él esta allí, merodeando cerca, entre las sombras, oyendo quizás cada una de estas historias. La banda ha optado por adoptar trajes y ser parte del escenario post apocalíptico que muestran tanto en la portada como en toda la temática de este trabajo.
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La cantidad de elementos sonoros que tiene cada una de las canciones de este álbum te hace formarte una película muy clara de ver. Coros y voces limpias bien usadas. Las cuerdas, todo el sonido del bajo tiene una ejecución que llama la atención ya que fusiona muy bien la oscuridad de las notas con un cierto dejo de allegro que suena de fondo. Son la mezcla y el buen uso de todos los sonidos electrónicos los que se llevan los aplausos en este trabajo, ya que son los que dan el toque de “futurismo” a cada melodía, resalto el hecho de que han sido bien incorporados, ya que no opacan a la percusión, ni a los coros, acompañan y dan color a la historia que se conforma. Personalmente si tengo que destacar una canción del álbum seria “Alive” es una canción necesaria en la playlist de todo ser humano.


Cathari es una banda de Filadelfia que salió a la luz en 2019 con un excelente disco debut “Corporeality”, logrando llamar mi atención en medio de la marea incesante de música que llega a mis oídos cada año. En ese entonces, su particular doom metal con algunos rasgos de black (solo por usar categorías a modo referencial) me atrajo por los profundos sentimientos que evocaba en mí su angustiante existencialismo y el equilibrio tan sutil que conseguía entre un rock casi reminiscente de The Doors o Nick Cave & The Bad Seeds y momentos pesados magistralmente elaborados. Ese primer trabajo había sido editado por Seeing Red Records; ahora el lanzamiento es independiente.
Tras una pandemia sin precedentes, algunos cambios de line-up y en las vidas personales de sus integrantes, el grupo retorna lanzando otro álbum, sin pretensión alguna más que entregarle al mundo una nueva versión de sí mismo; y la transformación es sublime: una verdadera reencarnación. Esto no debe ser casual. Los cátaros fueron una secta cristiana que profesaba un dualismo en el que todo lo material representaba el mal: el cuerpo era el infierno. Creían en la reencarnación como proceso de autoconocimiento hasta la liberación del alma. Practicaban el vegetarianismo y se oponían a la procreación, pues, claramente, renegaban del reino de la carne. Al ser considerado un grupo herético fue perseguido por la Inquisición hasta desaparecer lentamente. En la actualidad, la banda está formada por Magdalena Stephens (voz, composición y noise), Kevin Nolan (guitarra principal), Ty Miller (guitarra rítmica y noise), Zack Van Sant (bajo) y Michael Quigley (batería y composición).
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Las letras escritas y cantadas por Mag Stephens siempre tuvieron un rol protagónico en el arte de Cathari y el sufrimiento fue y sigue siendo su inspiración constante. En este disco son menos abstractas y retratan de manera más visceral los padecimientos de la experiencia humana. Esto ya es evidente en “Wolves in a Cage”, una melancólica canción que resulta muy similar a lo hecho por el grupo en el disco anterior. La voz y su mensaje son centrales, con un acompañamiento instrumental bastante minimalista, en la medida justa para que todo sea intensamente emotivo. Luego “Berks” sigue recorriendo el mismo camino, dando la impresión de que todavía nos encontramos ante la misma banda que nos brindó su primer disco hace unos años, algo que pronto demostrará ser ilusorio. Cada elemento de la música empieza a desplegarse con más ímpetu, como si la potencia fuera in crescendo, y cuando la batería se acelera y aparecen los gritos desesperados, ya empezamos a ver los nuevos colores y formas de la mariposa nocturna que atrás dejó el capullo.
La brutalidad de “The Tipping Point” sorprende gratamente. La voz gutural es salvaje y el riff de guitarra es de una contundencia despiadada. No quedan dudas de que Cathari es una nueva criatura, mucho más tenebrosa en su expresión. La ejecución de la batería es implacable y resalta como uno de los cambios más relevantes en comparación con todo lo hecho previamente por el grupo. “Children of Men” disipa un poco la furia, pero nos guía hacia una introspección que nos llena de tristeza. Ese ánimo reflexivo no tarda en desatar la ira, algo que se siente como una consecuencia natural. La crudeza del canto, la sutileza perfecta de las guitarras y el bajo, y la expresividad de los recursos percusivos son destacables, pues logran hacer vibrar las fibras más íntimas.
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“Beautiful Boy” fue el single elegido para anticipar la salida del álbum, y es mi track favorito, el que expone con más fuerza el desarrollo de la banda. Stephens demuestra una versatilidad e histrionismo abrumadores, para materializar una narrativa que también es forjada por los golpes impiadosos y repetitivos que asesta el conjunto instrumental, sin dar respiro. Así llegamos al final con “In God’s Infinite Silence”, que tiene una larga introducción casi industrial hasta que emerge una sonoridad propia del doom, lenta y oscura, con rasgos de lamento y clamor exhausto. El trabajo vocal sigue siendo extraordinario, alternando momentos cavernosos con otros de canto melódico de fugaces matices ceremoniales.
Este segundo trabajo de Cathari prueba que la banda ha madurado en todo sentido, lo que implica mantener su esencia perfeccionando cada aspecto de su arte: la amplitud creativa, la apasionada diversidad vocal, la interpretación de cada instrumento y la concepción filosófica que manifiesta. “IGIS” ya forma parte de mi lista de los lanzamientos musicales de este año y lo recomiendo absolutamente.


Sunrot es una banda estadounidense, oriunda de New Jersey, que afirma ejecutar un “compulsive post noise power sludge”. Considerando el valor de las categorías que se usan para etiquetar la música, me parecen bienvenidas las que inventan las personas que la componen. “The Unfailing Rope”, editado por el sello Prosthetic Records, es el segundo full-length del grupo, que también publicó varios EPs, splits y participó de compilados. Su line-up es: Lex Alex Nihilum (voz), Christopher Eustaquio (guitarra), Rob Gonzalez (guitarra), Ross Bradley (bajo) y Alex Dobrowolski (batería). El álbum fue grabado y mezclado por Scot Moriarty de la banda grindcore Organ Dealer, y masterizado por Magnus Lindberg de Cult Of Luna.
El compromiso político siempre fue una característica de Sunrot, entre muchos otros motivos, porque forma parte de una nueva generación de bandas que tienen integrantes, no solamente provenientes de familias inmigrantes, sino que también son personas trans o con identidades de género no binarias. Otros ejemplos son Body Void, Cathari y Sigils. También tienen contactos con grupos que comparten el espíritu revolucionario como Ether Coven y Pig Destroyer. Este álbum en particular está dedicado “a la memoria de Brian ‘Pork’ Dodgeson, Olga Miller, Maxx Ortiz, y quienes perdieron sus vidas por las fallas sistemáticas de la racista, clasista y aborrecible guerra contra las drogas”. También “a toda la gente luchando contra la opresión y que todavía cree que un mundo mejor es posible.”
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“Descent” es un sample que funciona como introducción. Sunrot es una banda que hace un empleo profuso de samples y recursos que le dan un notable componente noise. “Trepanation” ya es una excelente demostración de lo que la banda puede ofrecer: riffs potentes de guitarra y bajo con mucha distorsión y fuzz, una batería versátil y precisa, y una voz furiosa. Scot Moriarty aparece en unos fragmentos recitados. Sigue “Gutter”, que arranca a pura ira y suma nuevas voces, en esta oportunidad, las de Bryan Funck y Emily McWilliams, esta última especialmente encantadora. Todo vuelve a sonar con tremenda contundencia: Sunrot es un grupo al que le sobra energía.
“The One You Feed Pt. 2” es mi canción preferida del álbum. Es relativamente corta en comparación con el resto, pero tiene un riff sencillo, poderoso y emotivo. “The Cull” es un típico interludio noise que nos lleva hacia “Patricide”, mi otro track favorito del disco, no solamente por la música en sí misma, sino por la letra que ataca frontalmente al orden patriarcal que sigue imperando en todas las sociedades contemporáneas. Blake Harrison de Pig Destroyer colabora con la electrónica. Luego, “Tower of Silence”, el track más extenso, incluye machaques demoledores y tiene una potencia descomunal.
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“Love” contiene un sample tomado del discurso (brillante y profético, según la propia banda) de James Baldwin, novelista, dramaturgo, ensayista, poeta y activista por los derechos civiles estadounidense, que siendo negro y homosexual, se encontraba en una situación en la que podía vivenciar en carne propia las desgracias de la discriminación. Sus palabras están acompañadas por todo un fondo de ruidos estridentes que se vuelven casi ensordecedores. Así concluye un muy buen segundo trabajo de una banda en franco ascenso.


Predatory Void es un nuevo proyecto que empezó a tomar forma cuando Lennart Bossu (Amenra, Oathbreaker) se encontró componiendo material que no encajaba para Amenra, mientras Oathbreaker continúa en un hiatus. A esta altura ya no es ninguna novedad que en Ghent, Bélgica, existe una escena efervescente cuando se trata de música pesada. Entonces, Bossu convocó a artistas de la zona, incluido su compañero bajista en Amenra, Tim De Gieter. Se sumaron la cantante Lina R (Cross Bringer), Thijs De Cloedt (ex miembro de Aborted) como segundo guitarrista y Vincent Verstrepen (ex Carnation) en batería. Ya desde el line-up era esperable una propuesta más extrema, y dicha expectativa se cumple. Editado por Century Media Records, el debut de Predatory Void es impactante.
Obviamente, las influencias tanto de Amenra como de Oathbreaker son notables: Bossu forma parte de ambas bandas. Sin embargo, este nuevo grupo de blackened doom metal tiene muchos elementos de death metal al estilo de Ulcerate, solo por dar una referencia. “Grovel” posee algunos de los momentos más rabiosos y los riffs más afilados, casi al estilo de Slayer. La voz de Lina R es brutal, y los coros guturales a cargo del bajista son profundamente cavernosos. Los blast-beats y el doble pedal de la batería son implacables. “*(struggling..)” empieza siguiendo la misma senda, hasta que todo se enlentece, aparece el canto limpio y melódico, y las guitarras adquieren esa sonoridad mucho más sludge. El bajo ofrece siempre un fondo sólido inclaudicable, aunque va variando los efectos empleados.
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“Endless Return to the Kingdom of Sleep” tiene un comienzo ominoso, la voz alterna pasajes hipnóticos con otros de ira temeraria. Los cortes que anuncian una aceleración vertiginosa son los que marcan una clara diferencia con lo hecho por los otros grupos de Bossu. Se impone un machaque aplastante, que invita a un intenso headbanging. Las guitarras también recurren al trémolo más típico del black metal. Luego, “Seeds of Frustration” es una canción con guitarra electroacústica y voz melancólica que remite a lo más esencial del doom. Funciona como una suerte de interludio a modo de respiro.
“The Well Within” recupera toda la furia de los tramos más violentos, entramada con esos toques de angustia que Bossu sabe traducir tan bien al lenguaje musical y que son la marca definitoria de Amenra. El despliegue de la percusión es destacable a lo largo de todo el álbum, caracterizado por los cambios de ritmo en tracks relativamente largos con enfoque progresivo, algo que también se refleja en “Shedding Weathered Skin”, canción en la que los coros de De Gieter se destacan nuevamente.
Todo termina con “Funerary Vision”, que tuvo su propio videoclip animado dirigido por el célebre Dehn Sora, muy conocido por sus colaboraciones con Amenra. De hecho, se trata de la canción que más fuertemente puede asociarse con la banda originaria de Bossu y De Gieter, y el video también recuerda mucho al de “De Evenmens” del último disco de Amenra, “De Doorn” (2021). De todas maneras, hay que decir que el track tiene segmentos de una agresividad que los referentes del post-metal no alcanzan (ni buscan, al menos por ahora). Esta canción final es mi favorita del todo el álbum junto con “Grovel” y “Endless Return to the Kingdom of Sleep.” Estos tres tracks fueron los seleccionados como singles para tener sus respectivos videos, junto con “*(struggling…)”, lo que podría dar cuenta de que Predatory Void tiene claras sus fortalezas: las bases para un futuro prometedor.


Dada la particular importancia de este disco, era necesario dejar pasar el tiempo y las escuchas atentas para brindarle toda la dedicación necesaria a su reseña. Esto es así por varios motivos: es el primero tras el fallecimiento de Andrew Fletcher, miembro original de Depeche Mode, ocurrido el 26 de mayo de 2022, que no es poca cosa tratándose del decimoquinto álbum en una carrera que comenzó a principios de la década de los 80. A su vez, hablamos de una banda que, hoy conformada solamente por Martin Gore y Dave Gahan (más los acompañantes ya habituales hace varios años) se ha desarrollado de manera tal que, desde sus comienzos como un proyecto synthwave bastante naive, llegó a convertirse en un grupo que se ubica entre los máximos referentes del darkwave y el rock electrónico, con una estética oscura y en el que la guitarra eléctrica siempre tuvo gran protagonismo. La batería también se convirtió en un instrumento muy presente, y algún bajo ocasional, fueron dándole al conjunto un semblante que trascendía lo “tecno” mediante los clásicos sintetizadores y la programación.
No caben dudas de que Depeche Mode es una de las bandas más famosas e icónicas de la música popular desde hace más de cuatro décadas y logró cautivar a un público que también puede abrevar en el metal. Más allá de la audiencia, es innumerable la cantidad de grupos de este género que recibieron la influencia de los ingleses, y es destacable el número de covers que han interpretado. Entre las bandas que hicieron sus propias versiones de canciones de DM podemos nombrar a Deftones, Rammstein, Marilyn Manson, Converge, In Flames, Samael, A Perfect Circle, The Dillinger Escape Plan, Moonspell, HIM y Lacuna Coil.
Como sea, “Memento Mori” merecía la garantía de las múltiples escuchas vivenciadas en diversos contextos a lo largo del tiempo. Que muera un integrante fundador, un amigo, es un golpe demasiado duro, y decidir darle al disco un título latino que nos recuerda que todos y todas vamos a morir en algún momento, implica un mensaje pesado. Pero así como la frase elegida suele ser complementada con “carpe diem”, que nos invita a vivir cada día al máximo, Depeche Mode juntó fuerzas para seguir adelante y hacerlo en grande. Entonces nos hallamos ante un recordatorio de que, ante la fugacidad de la vida, debemos gozar tanto como podamos, aprovechando cada momento.
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El impacto de la pérdida de Fletcher generaba dudas en cuanto al nivel creativo que este nuevo trabajo podía tener, más aun considerando que algunos de sus antecesores no habían sido muy favorecidos por el público y la crítica en el marco de una discografía que brindó al mundo muchos clásicos que ya forman parte ineludible de la cultura pop. No obstante, aparte de mencionar esto, en lo personal debo decir que no creo que la banda tenga un solo disco de baja calidad: son todos excelentes y “Memento Mori” no es la excepción.
“My Cosmos Is Mine” es un track muy introspectivo, lento y denso, una suerte de admonición en medio del duelo. Está construido con pura electrónica y el canto del dúo protagónico que, a esta altura, ya es legendario. La misma fórmula sigue en “Wagging Tongue”, aunque el ánimo cambia levemente, sobre todo por el ritmo, que empieza a generar esa ambivalencia tan esencial a la nostalgia. Las letras también expresan esa tensión constante que, justamente, es la fuente de la motivación por hacer lo que pueda darnos felicidad: ser conscientes de que debemos tener un fin, tanto en el sentido de construir un sentido para nuestra existencia, como en el de la inevitabilidad de la muerte. Y llega “Ghosts Again”, que fue el primer single con video propio. La guitarra, con ese estilo minimalista tan típico de Gore, hace su presentación magistral, y el mensaje del álbum se expresa con más potencia que nunca. He aquí una de las grandes virtudes de Depeche Mode: poder hacer que la gente baile canciones que le advierten sobre la finitud del ser. Algo muy similar sucedía, por ejemplo, con “Fly On the Windscreen” del disco “Black Celebration” (1986). Aquí caben dos comentarios. Por un lado, ese es uno de los encantos de todo el movimiento darkwave, incluso en sus manifestaciones post-punk (The Cure, Joy Division, Bauhaus, Siouxsie & The Banshees, The Sisters of Mercy, etc.). Por el otro, este álbum de DM tiene cierto halo de retorno a un sonido que puede vincularse con el de los principios del proyecto en la década de los 80.
En “Don’t Say You Love Me” la guitarra tiene un rol más sutil, en una canción con rasgos de lamento por la decepción amorosa. La atmósfera se agita un poco más en “My Favourite Stranger”, una dosis de angustia destilada, y aquí ya resalta una característica muy interesante: la mayoría de las canciones nos presentan las voces tanto de Gahan como de Gore. Ya sabemos que la combinación es alucinante, pero siempre hubo muchas que solamente tenían a uno de ellos como única voz. La escucha del disco completo confirma este atributo, que no es un detalle menor: diez de los doce tracks son cantados por ambos.
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“Soul With Me” es la única canción donde nos encontramos con Gore como cantante en solitario, con un clima casi de blues. “Caroline´s Monkey”, ya desde el título, tiene un enfoque metafóricamente más arriesgado, quizás levemente más “alegre”, porque la mirada está puesta, nuevamente, en alguien más, y esto resalta en medio de una obra tan intimista y reflexiva como este álbum. “Before We Drown” sigue en una veta similar, con algunos elementos que no suenan tan ominosos. El vibrato de Gore en los coros es maravilloso; lo ha sido históricamente.
Todo parece volverse un poco más “optimista”, tanto en el sonido como en la letra, al llegar “People Are Good”. Sin embargo, es más bien un aviso acerca de la ingenuidad que solemos tener en las relaciones con las demás personas. Esto parece un eco del hit “People Are People” incluido en el disco “Some Great Reward” (1984). “Always You” es una hermosa canción romántica, una de mis favoritas del álbum junto con “Ghosts Again” y la que le sigue “Never Let Me Go” (con una guitarra especialmente “rockera”). Hablando de ecos, no puedo evitar la asociación con “Never Let Me Down Again” de “Music for the Masses” (1987), al menos en cuanto al nombre. ¿Habrán sido inconscientes estos sugerentes retornos al pasado?
“Speak To Me” da un cierre intensamente emotivo, solo con la voz de Gahan. Queda claro que fuimos llevados a lo largo de un recorrido en busca de razones para seguir adelante, pensando en los vínculos humanos y toda su complejidad. De esta manera, “Memento Mori” se nos ofrece como una gran demostración de lo que Depeche Mode sabe hacer: canalizar lo que sea (y esta vez la prueba es notoria) con un virtuosismo artístico innegable, para entregarnos un trabajo que, sin dudas, estará entre lo más meritorio de este año en materia musical.


Tras la salida del último álbum de Liturgy, que Dødheimsgard (DHG) lance su nuevo disco (el sexto) convierte al 2023, ya en el mes de abril, en una gloria para el black metal de vanguardia. Black Medium Current, editado por el sello británico Peaceville Records, es una obra que, dentro de la historia de la banda noruega, de alguna manera completa una trilogía con 666 International (1999) y A Umbra Omega (2015), dos trabajos totalmente asombrosos y rupturistas, aclamados tanto por el público como por la crítica especializada. El arte de tapa, a cargo de Łukasz Jaszak, parece una deconstrucción del de The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, justamente en el año de su 50° aniversario.
La grabación y mezcla fueron realizadas en Top-Room Studios por Matias Aaversen. Para las personas interesadas en saber más acerca de la historia y el proceso creativo detrás del icónico 666 International es recomendable la lectura (en inglés) de la entrevista a todos los involucrados publicada como “Dødheimsgard’s 666 International: An Oral History by Daniel Lukes” que forma parte de Black Metal Rainbows, un libro compilado por Daniel Lukes, Stanimir Panayotov y Jaci Raia, y editado este año por PM Press, en el cual se abordan las disidencias sexogenéricas y las corrientes progresistas (antifascistas, feministas, queer, etc.) dentro de la escena del mencionado estilo musical.
El grupo liderado por Yusaf Parvez, alias Vicotnik (esta vez responsable de la voz, guitarra, sintetizadores, electrónica y composición), tiene una trayectoria y una evolución artística comparables con las de sus compatriotas Ulver, aunque siempre es bueno recordar los momentos más experimentales de Mayhem o Satyricon. La formación del grupo en esta ocasión se completa con L.E. Måløy (bajo, piano, violonchelo, theremin y electrónica), Tommy “Guns” Thunberg (guitarra principal) y Myrvoll (batería). El disco, producido por el mismo Vicotnik, nos lleva a una exploración de la existencia desde el nivel psicológico hasta el cósmico, de un modo tal que se refleja en la diversidad sonora que nos ofrece.
Ya sabemos que DHG interpreta un black metal que incorpora elementos del jazz, el rock progresivo, la música electrónica y la industrial, y que elude en sus letras los tópicos tradicionales que siguen imperando dentro del género más difundido desde Noruega. Hay letras escritas tanto en noruego como en inglés. En ellas se tratan temáticas como la fragilidad de la construcción que cada mente hace de lo que es nuestra identidad y el universo que la rodea y la incluye, los límites de la percepción y la conciencia, las causas y consecuencias de las emociones, el sentido de la vida y de la muerte, las dimensiones de la existencia. Todo esto parece vincularse con la necesidad de Vicotnik de tratar la cuestión de la salud mental tras la pandemia, con un enfoque tanto estético como epistemológico.
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El recorrido por los infinitos espacios de lo que sea que llamemos realidad comienza con “Et Smelter” y guitarras electroacústicas y susurros que dan lugar al canto melódico, hasta que irrumpe la base rítmica marcada por blast-beats y un bajo sólido como un muro, sobre los que se despliega un trémolo que va mutando en varias expresiones de melancolía. La voz se torna agresiva. Promediando el track todo se vuelve relativamente calmo y hacia el final se destaca un teclado etéreo que termina en un pasaje casi de psicodelia funk con coros y un exaltado solo de guitarra. “Tankespinnerens Smerte” suena un poco más convencional para el género, aunque no por ello con menor expresividad. También se impone un cambio notable hacia la mitad de la canción, alterando completamente el clima, que vuelve a agitarse hacia la culminación. Queda claro que la composición avanza en capas, que progresa en texturas.
Sigue “Interstellar Nexus” y llegado este punto no puede evitarse destacar el virtuosismo evidenciado en la ejecución de cada instrumento. El trabajo vocal adquiere rasgos especialmente histriónicos. El ritmo se va transformando abruptamente y tiene momentos casi aptos para la danza. El aspecto tecno de DHG resalta más que nunca y, por si no fuera suficiente, el inicio de “It Does Not Follow” nos descoloca al ponernos frente a lo que bien podría ser parte de la banda sonora de una película de acción de la década de los 80’s, incorporando elementos synthwave, más allá de una base de bajo con mucho groove. Sin embargo, otra vez, nos sorprende un giro hacia una sonoridad a puro black. Esa “pureza”, no obstante, nada tiene que ver con la crudeza: hablamos de una música hecha por creadores que están mucho más allá de conformarse con una cualidad tan precaria.
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“Voyager” es un breve interludio de piano casi impresionista que nos transporta hasta “Halow”, tramo donde la oscuridad vuelve a reinar, una negrura tan perfecta que permite vislumbrar hasta los más mínimos destellos del colorido espectro de la luz al atravesar el prisma de las intenciones de Vicotnik. A modo de comentario que cabría hacer en cualquier punto del trayecto de este impresionante álbum, hay que resaltar la calidad del trabajo relativo a las voces, la superposición de distintos timbres, la armonización y la alternancia de técnicas para cantar (con reminiscencias de King Diamond y Attila Csihar). Lo mismo sucede con cada pasaje en los que el bajo brilla y capta la atención. Domina un sentimiento de angustia mezclada con una extrañeza tan inconmensurable que quizás permita encontrar solaz en la incertidumbre.
Todo se convulsiona en “Det Tomme Kalde Morke”, donde lo que hacen los sintetizadores vuelve a impedir que lo que se escucha sea solamente black metal. Este fue el segundo corte de difusión con un videoclip animado creado por el propio Vicotnik. Es imposible exagerar la impactante labor de las guitarras en esta maravillosa obra que es “Black Medium Current”. A veces recuerdan al estilo de Euronymous y de Blasphemer, pero sobre todo al de Satyr. “Abyss Perihelion Transit” fue el primer single con video propio, realizado por el ya célebre dibujante Costin Chioreanu. Es uno de los tramos más alucinógenos del opus que estamos analizando. Tiene una actitud casi hippie, y no tengo prejuicio alguno al emplear este adjetivo. Hay ecos de esas “vibras” que buscaban la paz en la expansión de los poderes psíquicos y el amor libre de las cadenas forjadas por los poderes que siempre fueron las fuentes de toda opresión.
El cierre está dado por “Requiem Aeternum”, donde surge un ambiente dramático, casi operístico, en el que las teclas y el violonchelo tienen tanta importancia como las voces, para evocar una tristeza como la que se vivencia al fin de cada viaje que cambia nuestras vidas. No queda más que sumarme a las multitudes convencidas de que este disco estará entre lo más destacado del año en curso. Se recomienda la escucha a cada espíritu rebelde y amante de la música de alto vuelo.


Tras casi nueve años desde su álbum debut TTN, el talentoso músico madrileño Tete Novoa, vuelve con su segundo disco en solitario Historias Que Cantar, que salió a la venta el pasado 28 de abril vía Maldito Records y nos muestra una clara evolución del cantante con un disco más rockero y guitarrero que el anterior, pero sin perder el toque personal que siempre ha tenido y sigue teniendo Tete Novoa.
En estos diez cortes nos vamos a encontrar de nuevo a un Tete abierto a diversos sonidos, pero con una clara influencia guitarrera que ya se puede percibir en “Somos”, el corte que abre el disco y que podría recordarte a la época más dorada de bandas como Bon Jovi, o sea la de los 80, increíble el dominio vocal que derrocha Tete en la canción y que pone en evidencia porque es uno de los mejores cantantes que ha dado el rock nacional en los últimos tres lustros sin discusión ni debate.
“Vayamos a más” es otra de esas muestras de que este muchacho hace lo que quiere y pocas veces falla, esto es un cañonazo de rock duro, pero con un estribillo digno de ser coreado en un estadio, no hace falta irte fuera de nuestras fronteras para escuchar buen rock cañero, en este disco y en temas como este lo vas a encontrar.
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El toque setentero de “El Circo de la Vida”, es extremadamente pegadizo y si os gustan bandas como Greta van Fleet y Maneskin, pues no dudéis en darle una escucha a este disco y ver quién es el que manda aquí y no son justamente esos grupos si no artistas como Tete, con dos décadas de carrera ya a sus espaladas.
La crítica social se ve reflejada en “Evil Machine”, donde Tete nos cuenta la realidad de todos los días, millones de personas que creen que todo se reduce a las redes sociales y a tener más o menos visitas, “likes”, seguidores y demás cosas, que sinceramente no son lo más importante en la vida pero que a muchos se la están consumiendo sin darse cuenta.
El tema se redondea con un potente solo de guitarra y está claro que se convertirá en uno de sus clásicos instantáneos desde ya mismo.
El lado más delicado, aunque no es una balada, lo vamos a encontrar en “Seremos Tú y Yo”, un tema muy hermoso, pero tremendamente triste ya que está dedicado a Batman, el precioso perrito del músico que lo ha acompañado durante muchos años incluso ha llegado a ir con él a alguna entrevista para medios compañeros, pero que lamentablemente ya no está con nosotros y Tete ha querido en esta canción rendirle el homenaje que se merece y el resultado pone los pelos de punta.
El videoclip nos ha acabado de romper el alma recopilando momentos de Tete y Batman juntos, pero a la vez es muy bonito y nos hace pensar que los animales que adoptamos como mascotas forman parte de nuestras vidas y que es muy doloroso cuando ya no están con nosotros, así que vuela alto Batman y este tema ojalá lo escuches desde el cielo.
El lado más Pop Rock viene de la mano del medio tiempo “Alguien más”, un corte muy en la onda de bandas como Skid Row o Bon Jovi, a medio camino entre el rock/pop y el AOR, pero con la personalidad vocal de Tete, al cual le queda como un guante este tipo de canciones.
Las guitarras vuelven de la mano de “Fuego Cruzado”, quizás el corte más moderno del disco y que puede ser una bomba en directo, ya que tiene una potencia sonora muy interesante.
“Solo”, es una de las dos baladas que contiene el disco y nos recuerda a la época de su primer disco, con ese rock/pop accesible, pero con melodías bonitas y que podría sonar en una radio mainstream sin ningún problema.
El disco se cierra con “Efímera”, un corte que va in crescendo y nos muestra el lado más épico del disco, con armonías, unas voces espectaculares por parte de Tete y muchos matices musicales a descubrir con cada escucha.
Pues está claro que Tete ha vuelto a dar en la diana con su nuevo disco, quizás sea el mejor disco de rock nacional del año, no lo sabemos con certeza, pero yo que tú si te gusta el rock, no el heavy metal puro, le daría más de una escucha porque aquí hay muy buen material y nos demuestra el talento que tiene este señor y como su versatilidad artística está al alcance de muy pocos en nuestro país.


Liturgy es el proyecto de Haela Ravenna Hunt-Hendrix, una mujer de Nueva York que, a lo largo de los años, ha atravesado una transición, una metamorfosis, en los sentidos más profundos posibles, abarcando desde el género y lo corporal, hasta lo espiritual, haciendo siempre de la música el elemento casi alquímico para catalizar este proceso. Su “black metal trascendental” da cuenta de una búsqueda interior que la llevó a desarrollar un estilo sumamente vanguardista, a la vez que a crear una teología propia, basada en una interpretación personal del cristianismo. Su arte emerge justo allí, en una intersección ritual, mística. El sonido es un instrumento para la transformación más esencial del ser. Hunt-Hendrix sigue construyendo un sistema de pensamiento propio, entramando aspectos de las Sagradas Escrituras, con aportes que abarcan desde el psicoanálisis hasta el marxismo, pasando por la numerología y varios autores posmodernos. La teorización alcanza a la música como tal, llegando a elaborar una suerte de tratado en el que caracteriza a su black metal, introduciendo conceptos tales como el de “burst-beat” (en lugar del típico blast-beat), solo por mencionar una de las cuestiones que aborda. Cabe señalar que Hunt-Hendrix también manifiesta su visión mediante las artes plásticas.
93696 es una obra excepcional que despliega algo que ya se venía anunciando desde el EP que lo precedió, As the Blood of God Bursts the Veins of Time (2022), pero si nos remontamos más atrás, podemos considerar que nos encontramos ante una síntesis de componentes que fueron surgiendo en distintos momentos del recorrido de la discografía de Liturgy: los trémolos vertiginosos de Renihilation (2009), los riffs de Aesthethica (2011), las “rayaduras de disco” de The Ark Work (2015) y los rasgos sinfónicos de H.A.Q.Q. (2019) y Origin of the Alimonies (2020).
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No se puede decir que lo hecho por esta banda sea “experimental” en el sentido usual que se le da al término dentro de la música pesada, o sea, algo que se distancia, en mayor o menor medida, de lo habitual dentro del estilo. Es experimental de un modo profundo, es decir, pensando en la música como arte de la forma más amplia posible. Si bien se puede afirmar que hablamos de black metal, nos encontramos en terreno que me animo a llamar propio de la música contemporánea, incluso en sus manifestaciones más “cultas”. Es por esto que, así como podemos comparar el arte de Liturgy con lo generado por otras bandas tales como Deathspell Omega, Blut Aus Nord, Dødheimsgard o Scarcity, solo por nombrar algunas, también valen las referencias a compositores como György Ligeti, Krzysztof Penderecki, Arvo Pärt, Iannis Xenakis o Karlheinz Stockhausen. Más aún: también a artistas más del lado “rockero” de la experimentación, como Pink Floyd o King Crimson, o del lado más “pop”, tales como Diamanda Galás, Massive Attack o Björk.
Realmente sería un despropósito intentar hacer una descripción de cada track en esta obra integral de una hora y veintidós minutos, contenida en dos discos. Es más sensato señalar algunas líneas transversales, los pilares que sostienen el templo sonoro. Podemos comenzar por las voces: abundan los coros, en ocasiones “angelicales”, o recitados de cadencia oratoria, pero predomina la voz de Hunt-Hendrix, con cualidades de alarido orgásmico. La variedad de recursos que emplean la batería, el bajo y las guitarras es exorbitante y es que pretenden ser enérgicos, dinámicos, fluctuantes, palpitantes.
La composición explora, con medidas equivalentes de brutalidad y delicadeza, las armonías más cautivantes, las disonancias más atractivas, los motivos más encantadoramente diversos, las más acertadas repeticiones con modificaciones sutiles de evidente intención hipnótica, inductoras de un trance. Hay una profusa orquestación: aparecen instrumentos de percusión melódica, glockenspiel, piano, órgano, flautas, ocarinas, contrabajos, violonchelos… Se suceden pasajes gloriosos, de ímpetu épico, con otros de misterio minimalista. En ocasiones la música parece estar manipulada por un DJ que la eleva a la segunda potencia.
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Hay varios tracks breves que, por más bellos que sean, no dejan de sentirse como espacios de reflexión entre cada sesión de catarsis. “Djennaration” es casi un universo en sí mismo, la más compleja heterogeneidad en la unidad. Es inevitable usar el adjetivo “progresivo” en relación a lo ejecutado por Liturgy. “Caela” hace aparecer los riffs trabados, casi combinando aires del groove metal de los 90’s con el djent, que serán objeto de indagación en muchos tramos del álbum. “Haelegen II” es casi una maniobra de resucitación, en la que se insuflan corrientes emotivamente abrasantes. “Ananon” impresiona como una suerte de caos controlado que logra condensarse para luego volver a expandirse. “93696” impacta con una batería y unos riffs de tremenda magnificencia: muy probablemente sea la canción con los lapsos más “accesibles” para la audiencia metalera en general, pues casi obligan a sacudir la cabeza, aunque termine en un clímax metafísico. “Antigone II” adquiere la intensidad de un éxtasis religioso, hay que decirlo, y también incluye martillazos de la guitarra que dan en el clavo oxidado que gran parte del público busca que perfore sus tímpanos.
En mi opinión “93696” está entre lo mejor que he escuchado en el campo del black metal avant-garde, e incluso, de la música contemporánea que suena por fuera de los “circuitos académicos”. Si se abandonan los prejuicios acerca de las hordas seguidoras de lo extremo, es un disco que puede ser gozado por las mentes ávidas de forzar los límites y animarse a probar la otredad, lo diferente. Para quienes ya conocen a Liturgy, se trata de un álbum que resume su existencia de manera cabal.


Se dice que desde Finlandia surgen los mejores músicos, y en este caso, cinco de ellos se han unido para darle vida a DOL, esta banda de dark metal melódico que no teme en experimentar y oscilar con diferentes técnicas dentro del género del metal y el gótico. Desde sus inicios en el 2017, MC (guitarra y voz), Lauri (sintetizador), Casty (batería), Hades (guitarra) y Jykä (bajo) han tenido el deseo de formar esta banda de goth rock, llevándola cada vez más lejos de la fría Finlandia para el deleite del mundo entero.
El lanzamiento de su nuevo proyecto Amor Brutale en este 2023, es una demostración de que Helsinki sigue siendo cuna de talentos musicales realmente muy buenos, teclado, cuerdas y percusión suenan perfectamente bien, y la voz aunque tiene algún que otro detalle que incomoda no es nada que estorbe o desagrade. Este EP de 5 canciones tiene de todo, no me atrevería a compararlos con ninguna otra banda grande, porque ya tienen su propio elixir formado: gótico, seductor y poderoso, todo dentro del metal.
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El bajo es protagonista muchas veces, sin embargo le da el aporte justo de pesadez que han sabido combinar con los demás instrumentos; se podría decir que alguna pizca de Ghost suena dentro de las bases de la segunda canción “Dead by september”, pero ya sea en esa o en cualquier otra de las melodías, las notas darks bien elegidas hacen de Amor Brutale un trabajo muy bien logrado.
El arte de la portada es un mensaje clásico, en blanco y negro, de la manipulación de las emociones con un guiño ligero hacia lo religioso, tema que no puede pasar desapercibido y que coincide con la canción “Lillith’s song”, siempre teniendo presente el logotipo de esta banda que a futuro y sin dudarlo será muy aclamada por todos sus oyentes alrededor del mundo.

Con Overkill siempre vamos a la segura, escuchar un disco de ellos cada cierto tiempo es sinónimo de escuchar 100% thrash metal, no se espera una evolución o un cambio, se sabe de antemano que esto será algo cargado de energía y un bajo atronador, así es cómo se siente escuchar Scorched una y otra vez.
Con un riff demasiado sonoro, “Scorched” abre el disco, tema homónimo que fue el escogido para dar inicio a 10 temas de buena calidad, sin pasar a lo extremo, a lo aburrido o a lo novedoso, “Goin’ Home” y “The Surgeon” siguen la misma línea, D.D. Verni sobresale en todos los aspectos y la voz de Bobby “Blitz” se mantiene en muy buena forma.
El disco continúa con canciones cómo “Twist of the Wick”, “Wicked Place” y “Won’t be Comin Back” en la misma línea, a veces se siente un poco plano escuchar lo mismo, pero bueno, es Overkill, no esperemos elementos progresivos aquí, lo que si se tiene que mencionar es que Dave Linsk su guitarrista líder, saca unos solos bastante potentes y Derek Tailer hace unos riffs muy pegadizos.
Al llegar a “Fever” la cosa cambia un poco, el tema empieza lento pero va a agarrando fuerza, muy al estilo Black Sabbath en sus inicios, ya sólo quedan 3 temas por escuchar, “Harder They Fall”, “Know Her Name” y “Bag o’ Bones”, y cómo lo dije antes, esto sigue la línea anterior, pero siendo honestos, es Overkill, ¿quien quiere que suene diferente? Dudo que su fanaticada espere un disco de hard rock o industrial, esto es lo que es, Overkill lleno de thrash metal de la vieja escuela.







