Redes Sociales:

Redes Sociales:

NOTICIAS / AGENDA / CRONICAS / ENTREVISTAS / RESEÑAS / ESPECIALES / CONTACTO
CTM en Bahía Blanca: “Por la patria, la guitarra que aún vive”

CTM en Bahía Blanca: “Por la patria, la guitarra que aún vive”

Portada: Instagram CTM  En la fría noche del sábado 16 de mayo, la ciudad de Bahía Blanca volvió a tener, casualmente en el día mundial del heavy metal, una inolvidable […]

Plini en Barcelona: “Virtuosismo, humor y emoción”

Plini en Barcelona: “Virtuosismo, humor y emoción”

Barcelona vivió una noche de pura demencia musical con la llegada de Sungazer. El proyecto de electro-jazz/prog-fusión liderado por el bajista (y estrella de YouTube) Adam Neely y el baterista […]

Paledusk en Madrid: “Arrolladora evolución”

Paledusk en Madrid: “Arrolladora evolución”

La Sala Revi Live congregó un gran número de seguidores del metal japonés y el hardcore. El pasado 14/05/26 el concierto liderado por los japoneses Paledusk, acompañados por un cartel […]

La Renga en Barcelona: “El banquete sin fronteras”

La Renga en Barcelona: “El banquete sin fronteras”

Si alguien pasaba por la montaña de Montjuïc este domingo 17 de mayo y no sabía lo que estaba pasando, era porque no era argentino. Se había transportado un pedazo […]

Dödsrit y Lamp of Murmuur en Copenhague: “Diferentes tonos del negro”

Dödsrit y Lamp of Murmuur en Copenhague: “Diferentes tonos del negro”

El black metal siempre se caracterizó por explorar e incursionar en distintas expresiones artísticas para expandir sus límites sonoros. Si bien en esta década resulta menos frecuente encontrar propuestas realmente […]

Paledusk en Barcelona: “El Metal Moderno Japonés arrasa (de nuevo) con la ciudad condal.”

Paledusk en Barcelona: “El Metal Moderno Japonés arrasa (de nuevo) con la ciudad condal.”

El pasado 13 de mayo tuvimos oportunidad de volver a disfrutar de la siempre espectacular puesta en escena de las bandas de Metal Moderno japonesas, encabezados por Paledusk y muy […]

Rata Blanca en Bilbao: “Entre gitanas, brujas y magos”

Rata Blanca en Bilbao: “Entre gitanas, brujas y magos”

Rata Blanca era una banda que hace años era ciertamente fácil de ver por estos lares, pero a la que, por una cosa o por otra, nunca había podido presenciar […]

A Colossal Weekend 2026 – Día 3: “Introspección y descontrol”

A Colossal Weekend 2026 – Día 3: “Introspección y descontrol”

La tercera y última jornada del A Colossal Weekend terminó de confirmar todo lo que el evento venía construyendo desde el primer día: una experiencia profundamente emocional, pesada y artística, […]

Mad Caddies en Barcelona: “Cervezas al aire y gargantas rotas”

Mad Caddies en Barcelona: “Cervezas al aire y gargantas rotas”

Hay conciertos que se disfrutan y otros que directamente se sobreviven. Lo de anoche en Barcelona fue una auténtica descarga de energía colectiva, una celebración desatada donde el ska punk […]

Seven Spires en Buenos Aires: “El primer encuentro queda en la memoria afectiva”

Seven Spires en Buenos Aires: “El primer encuentro queda en la memoria afectiva”

El pasado 21 de abril Seven Spires hizo su debut en Argentina, más específicamente en el Club Cultural Bula, para brindar a los fanáticos locales un show íntimo que hizo […]


Witch Club Satan en Copenhague: “Un ritual de gritos, madres y caos”
thumb image

El jueves 11 de septiembre, en el escenario de Vega, el público presenció a Witch Club Satan, un trío noruego que lleva el black metal a un territorio donde la teatralidad, la provocación y la crudeza se entrelazan con discursos sociales y políticos. Verlas en vivo confirmó que lo suyo va más allá de riffs oscuros: es un ritual performático que mezcla maternidad, feminismo, guerra y rabia en una sola descarga.

Desde que aparecieron en escena quedó claro que este no sería un concierto convencional. Una de las integrantes, embarazada, lanzó una frase que marcó la noche: “Los gemelos van a gritar también”. Esa declaración no solo arrancó gritos del público, sino que definió la línea del show: confrontar la idea de fragilidad con la de poder, mostrar la maternidad no como dulzura sino como fuerza brutal.

Los cambios de vestuario fueron extremos y teatrales. Pasaron de aparecer con ropa blanca mínima, mostrando el torso al aire, a quedar completamente desnudas con pelucas larguísimas que reforzaban la sensación ritual. La desnudez, lejos de ser gratuita, se usó como provocación y desafío. Cada transformación reforzaba la narrativa: el cuerpo como lienzo y como arma, la estética como declaración política.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Gutalax desatará su locura escatológica a España en Octubre de 2026.

Musicalmente, lo de Witch Club Satan fue un viaje a las entrañas del black metal: blast beats, riffs abrasivos y voces desgarradas. Los gritos fueron un torrente visceral que buscaba incomodar e hipnotizar. Uno de los momentos más intensos llegó con “Mother”, incluida en su disco debut Witch Club Satan (2024). El tema se percibe como un respiro dentro de la violencia sonora. La interpretación fue casi litúrgica, con las luces bajas y el público atrapado entre lo bello y lo grotesco.

Durante el concierto hablaron abiertamente de mujeres, de madres y también mencionaron Gaza. Esa mezcla de lo íntimo y lo global convirtió al show en algo más que una descarga de ruido. Fue confrontación: cómo la maternidad y el cuerpo femenino se enfrentan al mundo, y cómo la rabia es también colectiva.

El espectáculo funcionó como una oscuridad musical envolvente, con corpse paint, torsos desnudos y un black metal sin concesiones. El trío noruego —Nikoline Spjelkavik (guitarra), Victoria Røising (bajo) y Johanna Holt Kleive (batería)— comparte también las voces, logrando que cada grito y cada línea vocal se sienta más intensa y variada. Juntas crean conciertos que ponen la piel de gallina: performances feministas y ocultistas que trascienden lo meramente musical.

La frontera entre concierto y performance se borró varias veces. Las frases lanzadas entre canciones y los gestos teatrales reforzaban la sensación ritual. La maternidad estuvo presente en varias capas: desde lo evidente (el embarazo en el escenario) hasta lo simbólico (el uso de la palabra “madre”). El mensaje era claro: la maternidad no es fragilidad, sino poder creador y destructor.

La reacción de la audiencia fue variada, pero nunca indiferente. Muchos estaban visiblemente fascinados y entusiasmados, atentos a cada movimiento. Otros observaban con desconcierto, pero igualmente enganchados. Y es que Witch Club Satan no busca complacer: busca provocar. En un momento, los gritos se volvieron casi insoportables, un muro de sonido que no dejaba escapar aire. Pero justo cuando parecía demasiado, bajaron las luces y dejaron que un silencio extraño se apoderara del lugar. Esa dinámica de incomodidad y alivio fue una constante. La mayoría del público se mantuvo enganchada de principio a fin. El entusiasmo era palpable y la conexión con el escenario convirtió al concierto en una experiencia colectiva que se sintió tan caótica como catártica.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Die Toten Hosen en Copenhague: “La historia viva del punk alemán”

La apertura estuvo a cargo de Mouth Wound, un proyecto en solitario que apostó por el noise más extremo. Durante treinta minutos, la artista lanzó frecuencias distorsionadas con una mezcladora y procesadores. Más que música, fue un ejercicio de saturación sonora. Para algunos puede ser arte sonoro radical; en mi caso, se sintió interminable, sin ningún momento armónico que permitiera engancharse. Más de uno en la sala parecía esperar que “empezara la música”, pero ese era justamente el planteo: ruido, incomodidad y nada más. Como introducción fue intensa, aunque difícil de disfrutar.

Al salir del recinto, quedó la sensación de haber asistido a algo que no es fácil de clasificar. ¿Fue un concierto de black metal? Sí. ¿Fue una performance política y feminista? También. ¿Fue un ritual incómodo que te confronta con tus propios límites? Sin duda.

Aunque el show no fue para todos los gustos, es imposible negar su impacto. Witch Club Satan no se conforma con tocar canciones: construye experiencias. Y lo hace de una manera que incomoda, pero también deja huella.

Lo que presentaron en Vega fue un espectáculo total: música extrema, discurso político, performance teatral y simbolismo visceral. La mezcla de gritos desgarradores, riffs crudos y mensajes potentes creó un ambiente que oscilaba entre la incomodidad y la fascinación. Witch Club Satan logró hacer de una noche de black metal algo más profundo: una experiencia que sacude, que incomoda y que, aunque no todos lo disfruten, deja claro que están llevando el género hacia un territorio distinto.

No se trató solo de escuchar, sino de sentir, de aceptar que a veces el arte no está para tranquilizarnos, sino para agitarnos. Y en eso, el show fue un éxito total.

Etiquetas: , , , ,

Witch Club Satan en Copenhague: “Un ritual de gritos, madres y caos”
thumb image

El jueves 11 de septiembre, en el escenario de Vega, el público presenció a Witch Club Satan, un trío noruego que lleva el black metal a un territorio donde la teatralidad, la provocación y la crudeza se entrelazan con discursos sociales y políticos. Verlas en vivo confirmó que lo suyo va más allá de riffs oscuros: es un ritual performático que mezcla maternidad, feminismo, guerra y rabia en una sola descarga.

Desde que aparecieron en escena quedó claro que este no sería un concierto convencional. Una de las integrantes, embarazada, lanzó una frase que marcó la noche: “Los gemelos van a gritar también”. Esa declaración no solo arrancó gritos del público, sino que definió la línea del show: confrontar la idea de fragilidad con la de poder, mostrar la maternidad no como dulzura sino como fuerza brutal.

Los cambios de vestuario fueron extremos y teatrales. Pasaron de aparecer con ropa blanca mínima, mostrando el torso al aire, a quedar completamente desnudas con pelucas larguísimas que reforzaban la sensación ritual. La desnudez, lejos de ser gratuita, se usó como provocación y desafío. Cada transformación reforzaba la narrativa: el cuerpo como lienzo y como arma, la estética como declaración política.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Gutalax desatará su locura escatológica a España en Octubre de 2026.

Musicalmente, lo de Witch Club Satan fue un viaje a las entrañas del black metal: blast beats, riffs abrasivos y voces desgarradas. Los gritos fueron un torrente visceral que buscaba incomodar e hipnotizar. Uno de los momentos más intensos llegó con “Mother”, incluida en su disco debut Witch Club Satan (2024). El tema se percibe como un respiro dentro de la violencia sonora. La interpretación fue casi litúrgica, con las luces bajas y el público atrapado entre lo bello y lo grotesco.

Durante el concierto hablaron abiertamente de mujeres, de madres y también mencionaron Gaza. Esa mezcla de lo íntimo y lo global convirtió al show en algo más que una descarga de ruido. Fue confrontación: cómo la maternidad y el cuerpo femenino se enfrentan al mundo, y cómo la rabia es también colectiva.

El espectáculo funcionó como una oscuridad musical envolvente, con corpse paint, torsos desnudos y un black metal sin concesiones. El trío noruego —Nikoline Spjelkavik (guitarra), Victoria Røising (bajo) y Johanna Holt Kleive (batería)— comparte también las voces, logrando que cada grito y cada línea vocal se sienta más intensa y variada. Juntas crean conciertos que ponen la piel de gallina: performances feministas y ocultistas que trascienden lo meramente musical.

La frontera entre concierto y performance se borró varias veces. Las frases lanzadas entre canciones y los gestos teatrales reforzaban la sensación ritual. La maternidad estuvo presente en varias capas: desde lo evidente (el embarazo en el escenario) hasta lo simbólico (el uso de la palabra “madre”). El mensaje era claro: la maternidad no es fragilidad, sino poder creador y destructor.

La reacción de la audiencia fue variada, pero nunca indiferente. Muchos estaban visiblemente fascinados y entusiasmados, atentos a cada movimiento. Otros observaban con desconcierto, pero igualmente enganchados. Y es que Witch Club Satan no busca complacer: busca provocar. En un momento, los gritos se volvieron casi insoportables, un muro de sonido que no dejaba escapar aire. Pero justo cuando parecía demasiado, bajaron las luces y dejaron que un silencio extraño se apoderara del lugar. Esa dinámica de incomodidad y alivio fue una constante. La mayoría del público se mantuvo enganchada de principio a fin. El entusiasmo era palpable y la conexión con el escenario convirtió al concierto en una experiencia colectiva que se sintió tan caótica como catártica.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Die Toten Hosen en Copenhague: “La historia viva del punk alemán”

La apertura estuvo a cargo de Mouth Wound, un proyecto en solitario que apostó por el noise más extremo. Durante treinta minutos, la artista lanzó frecuencias distorsionadas con una mezcladora y procesadores. Más que música, fue un ejercicio de saturación sonora. Para algunos puede ser arte sonoro radical; en mi caso, se sintió interminable, sin ningún momento armónico que permitiera engancharse. Más de uno en la sala parecía esperar que “empezara la música”, pero ese era justamente el planteo: ruido, incomodidad y nada más. Como introducción fue intensa, aunque difícil de disfrutar.

Al salir del recinto, quedó la sensación de haber asistido a algo que no es fácil de clasificar. ¿Fue un concierto de black metal? Sí. ¿Fue una performance política y feminista? También. ¿Fue un ritual incómodo que te confronta con tus propios límites? Sin duda.

Aunque el show no fue para todos los gustos, es imposible negar su impacto. Witch Club Satan no se conforma con tocar canciones: construye experiencias. Y lo hace de una manera que incomoda, pero también deja huella.

Lo que presentaron en Vega fue un espectáculo total: música extrema, discurso político, performance teatral y simbolismo visceral. La mezcla de gritos desgarradores, riffs crudos y mensajes potentes creó un ambiente que oscilaba entre la incomodidad y la fascinación. Witch Club Satan logró hacer de una noche de black metal algo más profundo: una experiencia que sacude, que incomoda y que, aunque no todos lo disfruten, deja claro que están llevando el género hacia un territorio distinto.

No se trató solo de escuchar, sino de sentir, de aceptar que a veces el arte no está para tranquilizarnos, sino para agitarnos. Y en eso, el show fue un éxito total.

Etiquetas: , , , ,

thumb image
Dimmu Borgir
Grand Serpent Rising (2026)
thumb image
Terror
Still Suffer (2026)
thumb image
Darkthrone
Pre-Historic Metal (2026)
thumb image
Cage Fight
Exuvia (2026)

 



thumb image
Dimmu Borgir
Grand Serpent Rising (2026)
thumb image
Terror
Still Suffer (2026)
thumb image
Darkthrone
Pre-Historic Metal (2026)
thumb image
Cage Fight
Exuvia (2026)