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CTM en Bahía Blanca: “Por la patria, la guitarra que aún vive”

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Dödsrit y Lamp of Murmuur en Copenhague: “Diferentes tonos del negro”

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A Colossal Weekend 2026 – Día 3: “Introspección y descontrol”

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La tercera y última jornada del A Colossal Weekend terminó de confirmar todo lo que el evento venía construyendo desde el primer día: una experiencia profundamente emocional, pesada y artística, […]


Psychonaut 4 en Buenos Aires: “Perdiendo la cordura”
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Un jueves más de este mes de febrero y nuevamente asistimos al modesto Uniclub para ser testigos de la primera visita de los georgianos Psychonaut 4, donde alrededor de 150 almas —”tribus urbanas”, fanáticos, espectadores y medios de prensa— estábamos presentes para vivir una experiencia poco común por estas latitudes (y ojalá no sea la última).

El DSBM (Depressive Suicidal Black Metal) no es un género, una postura, un sonido que sea para cualquier persona. No necesariamente quienes escuchan este tipo de bandas (Happy Days, Psychonaut 4, Sorry…, Lifelover) sufrieron o han tenido tendencias suicidas; es música que oprime pero a su vez te atrapa en un limbo sonoro placentero. Es un género controversial que se sufre, pero a la vez hay un goce que se nota con cada acorde y con cada grito.


Como acto inicial, los Psicosfera tuvieron la chance de demostrar su propuesta. Si bien he visto a la banda en varias ocasiones, no logro conectar. No es que sean malos —todo lo contrario, cada uno en lo suyo se destaca—, pero no logré hasta el momento descifrar el estilo que practican: avant-garde black con algo de cuelgue casi stoner, música disonante con distorsión extrema. Deberé involucrarme más en su sonido para la próxima vez que los cruce en alguna fecha. Repito, no es un tema de la banda sino propio. De todos modos, hicieron un gran trabajo mientras la gente llegaba al lugar.

Algo que capturó mi atención fue el público. Se veían adolescentes de estética gótica, lentes de contacto vampirescos y remeras que abarcaban todo el espectro del metal extremo. Si bien no divisé “therians” (ese movimiento de autopercepción animal que crece en el país), sí hubo gente vestida con orejas de elfo y colmillos. Personajes que parecían haber salido de sus tumbas o vaya uno a saber de qué circo freaky.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: A.W. (Sorry…): “Se puede tener amigos increíbles que comparten el interés por el DSBM”

Minutos después de las 21, Psychonaut 4 —nombre que hace referencia a la persona que es consumidora de psicodélicos para explorar su mente, siendo el número 4 una referencia a las cuatro mesetas del consumo de dextrometorfano— apareció en el escenario de Uniclub.

El inicio del show fue con “Mzeo Amodi” de su último disco …Of Morning (lanzado en 2024), generando así el primer trance de la noche que se fue extendiendo por los 14 temas que fueron parte del setlist y representaron un repaso por los cinco discos de la banda.

Entre las que sonaron y fueron bien recibidas (hasta hubo pogo en algunos pasajes del show) estuvieron “Fiqrebi Mtsukhrisa” y “Vai Me”, así como las más conocidas “Sana-sana-sana – Cura-cura-cura”, “Personal Forest” y “We Will Never Find a Cure”.

La interacción entre banda y público recayó principalmente en el guitarrista Rati Shengelia, más conocido como Drifter, quien además de ejecutar esos solos cargados de sentimientos heavy metaleros se hizo cargo de coros alternando voces con Irakli Kirkitadze. Este último asumió las voces luego del incidente protagonizado por David Graf, hoy presuntamente privado de su libertad por posesión de drogas y otros eventos que implican la muerte de su ex novia y la hermana de ésta.

La actuación de Irakli fue un show dentro del show: gritos desgarradores y movimientos cual enfermo mental se tratase, le dieron un aspecto visual más que acorde con las líricas que interpreta. Si bien su registro vocal difiere del de Graf —con gritos más guturales y menos “sufridos” que los lamentos desesperados de las grabaciones originales—, logró transmitir la intensidad emocional que el DSBM exige. El resto de la banda cumplió su rol a la perfección en un recital que lo tuvo todo.

Las canciones se fueron sucediendo y el reloj marcaba que habían pasado casi dos horas de show (algo que debería ser copiado por otras “estrellitas” que con suerte apenas rozan la hora de duración). Faltaba el broche final. Luego de recibir los aplausos y cánticos habituales de los argentinos —”psycho… psycho“— llegaron dos de las canciones emblemáticas de la discografía.

En primer lugar, la clásica “Too Late to Call an Ambulance” hizo vibrar al recinto y luego de un breve break, cerraron con “Sweet Decadence” de manera extendida, un tema que se pedía con insistencia y que terminó coronando la presentación.

P4 no vino a entretener, llegó para incomodar, a hundirte en su oscuridad y a dejarte ahí un rato mientras te planteas cuestiones existenciales con cada sonido que sale de esas guitarras frías que enaltecen el deterioro emocional.

Nos retiramos de Uniclub luego de presenciar un acto imperdible que Favio de Noiseground hizo posible, por lo cual va el agradecimiento personal por dejarme ser parte de este acto de locura que seguramente entrará entre los mejores shows del año.

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El DSBM (Depressive Suicidal Black Metal) no es un género, una postura, un sonido que sea para cualquier persona. No necesariamente quienes escuchan este tipo de bandas (Happy Days, Psychonaut 4, Sorry…, Lifelover) sufrieron o han tenido tendencias suicidas; es música que oprime pero a su vez te atrapa en un limbo sonoro placentero. Es un género controversial que se sufre, pero a la vez hay un goce que se nota con cada acorde y con cada grito.


Como acto inicial, los Psicosfera tuvieron la chance de demostrar su propuesta. Si bien he visto a la banda en varias ocasiones, no logro conectar. No es que sean malos —todo lo contrario, cada uno en lo suyo se destaca—, pero no logré hasta el momento descifrar el estilo que practican: avant-garde black con algo de cuelgue casi stoner, música disonante con distorsión extrema. Deberé involucrarme más en su sonido para la próxima vez que los cruce en alguna fecha. Repito, no es un tema de la banda sino propio. De todos modos, hicieron un gran trabajo mientras la gente llegaba al lugar.

Algo que capturó mi atención fue el público. Se veían adolescentes de estética gótica, lentes de contacto vampirescos y remeras que abarcaban todo el espectro del metal extremo. Si bien no divisé “therians” (ese movimiento de autopercepción animal que crece en el país), sí hubo gente vestida con orejas de elfo y colmillos. Personajes que parecían haber salido de sus tumbas o vaya uno a saber de qué circo freaky.

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El inicio del show fue con “Mzeo Amodi” de su último disco …Of Morning (lanzado en 2024), generando así el primer trance de la noche que se fue extendiendo por los 14 temas que fueron parte del setlist y representaron un repaso por los cinco discos de la banda.

Entre las que sonaron y fueron bien recibidas (hasta hubo pogo en algunos pasajes del show) estuvieron “Fiqrebi Mtsukhrisa” y “Vai Me”, así como las más conocidas “Sana-sana-sana – Cura-cura-cura”, “Personal Forest” y “We Will Never Find a Cure”.

La interacción entre banda y público recayó principalmente en el guitarrista Rati Shengelia, más conocido como Drifter, quien además de ejecutar esos solos cargados de sentimientos heavy metaleros se hizo cargo de coros alternando voces con Irakli Kirkitadze. Este último asumió las voces luego del incidente protagonizado por David Graf, hoy presuntamente privado de su libertad por posesión de drogas y otros eventos que implican la muerte de su ex novia y la hermana de ésta.

La actuación de Irakli fue un show dentro del show: gritos desgarradores y movimientos cual enfermo mental se tratase, le dieron un aspecto visual más que acorde con las líricas que interpreta. Si bien su registro vocal difiere del de Graf —con gritos más guturales y menos “sufridos” que los lamentos desesperados de las grabaciones originales—, logró transmitir la intensidad emocional que el DSBM exige. El resto de la banda cumplió su rol a la perfección en un recital que lo tuvo todo.

Las canciones se fueron sucediendo y el reloj marcaba que habían pasado casi dos horas de show (algo que debería ser copiado por otras “estrellitas” que con suerte apenas rozan la hora de duración). Faltaba el broche final. Luego de recibir los aplausos y cánticos habituales de los argentinos —”psycho… psycho“— llegaron dos de las canciones emblemáticas de la discografía.

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