


La noche en la Sala Upload arrancaba con una sensación clara: había ganas de ver a ambas bandas, pero en nuestro caso el foco también estaba puesto en Katla, a quienes ya conocíamos bien. Su disco Scandinavian Pain venía girando fuerte, y había curiosidad por ver cómo llevaban ese sonido al directo. Desde que salieron a escena, el ambiente se volvió denso, con una propuesta directa que no necesitó presentación.
El arranque con “Dead Lover” marcó el tono, con riffs repetitivos que se iban clavando poco a poco. “Grim Jesus” sumó intensidad sin romper ese clima pesado, mientras “Dragonlord” mantuvo la línea sin perder fuerza. Todo sonaba compacto, sin fisuras, con una base rítmica que empujaba constantemente y una voz que aportaba tensión en cada momento. No hubo pausas innecesarias, ni momentos que bajaran el nivel.
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El cierre con “Satan” y luego “Taurus” terminó de confirmar lo que ya era evidente. Katla fue una aplanadora de principio a fin, con un sonido que llenó la sala y una ejecución sólida en todo momento. Incluso con la participación de un guitarrista invitado en el tramo final, la sensación fue de una banda que domina su propuesta y la lleva sin dudas al escenario, dejando una de las actuaciones más contundentes de la noche.
El turno de 1914 llegó con una puesta distinta, más centrada en lo conceptual. La introducción con “War In” dio paso a “FN .380 ACP#19074”, donde ya se notó un sonido fuerte y bien armado. La banda transmite bien su idea, con una estética marcada y un enfoque claro en lo que quiere contar, apoyándose en una ejecución firme desde lo musical.
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A lo largo del set, con temas como “Vimy Ridge”, “1916 (The Südtirol Offensive)” o “1917 (The Isonzo Front)”, mantuvieron una intensidad constante. Sin embargo, esa misma continuidad hizo que por momentos el show se volviera algo monótono. Todo sonaba correcto, pero faltaron matices que rompieran la dinámica y generaran distintos climas dentro del concierto.
Entre canciones, el discurso tomó bastante protagonismo. Frases como “Fuck Imperialism”, “Fuck War” y “Fuck Putin” aparecieron más de una vez, junto con el pedido de apoyo a Ucrania y la presencia de una urna para recaudar dinero en la zona de merchandising. El mensaje se entiende y es válido, pero su repetición terminó afectando el ritmo del show, sumando una sensación de reiteración que también se trasladó a lo musical.



La noche en la Sala Upload arrancaba con una sensación clara: había ganas de ver a ambas bandas, pero en nuestro caso el foco también estaba puesto en Katla, a quienes ya conocíamos bien. Su disco Scandinavian Pain venía girando fuerte, y había curiosidad por ver cómo llevaban ese sonido al directo. Desde que salieron a escena, el ambiente se volvió denso, con una propuesta directa que no necesitó presentación.
El arranque con “Dead Lover” marcó el tono, con riffs repetitivos que se iban clavando poco a poco. “Grim Jesus” sumó intensidad sin romper ese clima pesado, mientras “Dragonlord” mantuvo la línea sin perder fuerza. Todo sonaba compacto, sin fisuras, con una base rítmica que empujaba constantemente y una voz que aportaba tensión en cada momento. No hubo pausas innecesarias, ni momentos que bajaran el nivel.
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El turno de 1914 llegó con una puesta distinta, más centrada en lo conceptual. La introducción con “War In” dio paso a “FN .380 ACP#19074”, donde ya se notó un sonido fuerte y bien armado. La banda transmite bien su idea, con una estética marcada y un enfoque claro en lo que quiere contar, apoyándose en una ejecución firme desde lo musical.
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A lo largo del set, con temas como “Vimy Ridge”, “1916 (The Südtirol Offensive)” o “1917 (The Isonzo Front)”, mantuvieron una intensidad constante. Sin embargo, esa misma continuidad hizo que por momentos el show se volviera algo monótono. Todo sonaba correcto, pero faltaron matices que rompieran la dinámica y generaran distintos climas dentro del concierto.
Entre canciones, el discurso tomó bastante protagonismo. Frases como “Fuck Imperialism”, “Fuck War” y “Fuck Putin” aparecieron más de una vez, junto con el pedido de apoyo a Ucrania y la presencia de una urna para recaudar dinero en la zona de merchandising. El mensaje se entiende y es válido, pero su repetición terminó afectando el ritmo del show, sumando una sensación de reiteración que también se trasladó a lo musical.

















