


En Copenhague se celebró una nueva edición del Cannonball Festival, un encuentro de dos días dedicado al rock clásico y al rock and roll que combinó música en vivo con un ambiente bastante particular. La jornada comenzó temprano, con música desde las tres de la tarde, y se desarrolló en un espacio cerrado que mezclaba escenario, puestos de comida y algunas actividades curiosas para el público.
Las primeras bandas en subir al escenario fueron Highway Child, banda danesa de rock que regresaba a los escenarios tras quince años sin tocar en vivo, y Dicte & The Diamonds, liderados por la cantante danesa Dicte, conocida como la “Queen of Cool”. Ambas abrieron la jornada durante la tarde. Desde temprano se podía notar que el público era más bien reducido y el predio se mantuvo con bastante espacio libre frente al escenario durante gran parte del día.
Más allá de la música, el festival tenía varios elementos que contribuían a la experiencia general. Había decoraciones con estética western, una radio transmitiendo en vivo en danés y algunos puestos donde se podían comprar vinilos y CDs. También había algunos juegos para el público, incluyendo máquinas de pinball y otras atracciones poco habituales para un festival de rock.
Uno de los que más llamaba la atención era el toro mecánico, que además funcionaba como parte de un concurso donde los participantes podían intentar ganarse entradas para la edición del festival que se celebrará en febrero de 2027. Varias personas se animaron a probar suerte mientras otros observaban y alentaban desde los costados.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Jezabel en Buenos Aires: “25 años de poder”
Dentro del recinto también se instalaron varios food trucks. La idea era interesante, aunque resultaba un poco extraña considerando que todo ocurría en un espacio cerrado. Por momentos la ventilación no era la mejor, especialmente cerca de la zona de comida, donde el aire se volvía algo pesado.
Uno de los primeros momentos fuertes de la jornada llegó con Nine Pound Hammer, banda originaria de Kentucky, Estados Unidos, que subió al escenario con una actitud muy directa y mucho rock and roll. La banda ofreció un show sólido, con guitarras crudas y un sonido bastante claro durante todo el set.
Repasaron varios temas de su repertorio, mezclando clásicos con material más reciente, manteniendo ese estilo entre rock and roll y cowpunk que los caracteriza. La energía sobre el escenario fue constante y el público respondió con entusiasmo, acercándose un poco más al escenario durante el show.
Además, el concierto coincidía con el cumpleaños de Blaine Cartwright, guitarrista y cantante de la banda, también conocido por su trabajo con Nashville Pussy, banda estadounidense de hard rock formada en Atlanta, lo que le dio al show un pequeño aire festivo.
Más tarde llegó el turno de Nazareth, histórica banda de hard rock originaria de Dunfermline, Escocia, que continúa girando a pesar de los cambios en su formación a lo largo de los años.
Actualmente el único miembro original del grupo es el bajista Pete Agnew, quien sigue liderando la banda sobre el escenario desde 1968.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:The Crown en Barcelona: “35 años de furia”
El show comenzó con un ritmo bastante tranquilo y una energía más contenida que la del acto anterior. Durante los primeros temas, el guitarrista Jimmy Murrison, quien forma parte de la banda desde 1994, parecía estar revisando o ajustando algo en su pedalera. Sin embargo, desde el público no se percibían problemas importantes en el sonido.
En general el concierto fue correcto, aunque sin demasiados momentos especialmente memorables. La banda repasó varios de sus temas más conocidos, incluyendo la clásica “Love Hurts” y, por supuesto, “Hair of the Dog”, tema incluido en el clásico álbum Hair of the Dog de 1975, que fue uno de los momentos más celebrados de la noche.
Hubo algunos acoples durante el show, pero nada demasiado grave. El público, aunque no muy numeroso, acompañó con entusiasmo y se notaba que muchos asistentes estaban allí principalmente para ver a la banda.
El cierre de la jornada estuvo a cargo de The Libertines, banda británica de rock formada en Londres, que desde el comienzo ofreció un sonido muy limpio y claro. Las guitarras se escuchaban definidas y la mezcla general era bastante equilibrada, lo que permitió apreciar bien cada instrumento.
Durante los primeros temas surgieron algunos inconvenientes técnicos con la batería, aunque no afectaron demasiado el desarrollo del concierto. A partir del tercer tema, “Night of the Hunter”, se sumó un guitarrista acústico que aportó otra textura al sonido de la banda.
A lo largo del show repasaron varias canciones importantes de su discografía, incluyendo “The Delaney”, “What Became of the Likely Lads”, “Boys in the Band” y “What Katie Did”, uno de los momentos en los que mejor respondió el público.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Between the Buried and Me en Copenhague: “Progressive Metal solo para entendidos”
A pesar de la calidad del show, el predio nunca llegó a llenarse. Durante gran parte de la jornada se podía ver bastante espacio frente al escenario, aunque sí había algunos fans bastante entregados cantando cada canción cerca de la primera fila.
El público presente era mayoritariamente adulto, con varios asistentes que incluso habían ido acompañados por sus hijos pequeños, lo que le daba al evento un ambiente bastante familiar.
La banda continuó con un set extenso que incluyó temas como “The Good Old Days”, “Music When the Lights Go Out”, “Up the Bracket” y “Can’t Stand Me Now”. Luego del encore final cerraron con canciones como “Gunga Din”, “Time for Heroes” y “Don’t Look Back Into the Sun”, dejando una última ovación entre quienes permanecían frente al escenario.
En general, Cannonball Festival ofreció una jornada interesante con propuestas variadas dentro del rock. Aunque la asistencia fue menor de lo que se podría esperar para un evento de este tipo, las bandas lograron mantener un buen nivel durante toda la jornada y el público presente disfrutó cada momento.



En Copenhague se celebró una nueva edición del Cannonball Festival, un encuentro de dos días dedicado al rock clásico y al rock and roll que combinó música en vivo con un ambiente bastante particular. La jornada comenzó temprano, con música desde las tres de la tarde, y se desarrolló en un espacio cerrado que mezclaba escenario, puestos de comida y algunas actividades curiosas para el público.
Las primeras bandas en subir al escenario fueron Highway Child, banda danesa de rock que regresaba a los escenarios tras quince años sin tocar en vivo, y Dicte & The Diamonds, liderados por la cantante danesa Dicte, conocida como la “Queen of Cool”. Ambas abrieron la jornada durante la tarde. Desde temprano se podía notar que el público era más bien reducido y el predio se mantuvo con bastante espacio libre frente al escenario durante gran parte del día.
Más allá de la música, el festival tenía varios elementos que contribuían a la experiencia general. Había decoraciones con estética western, una radio transmitiendo en vivo en danés y algunos puestos donde se podían comprar vinilos y CDs. También había algunos juegos para el público, incluyendo máquinas de pinball y otras atracciones poco habituales para un festival de rock.
Uno de los que más llamaba la atención era el toro mecánico, que además funcionaba como parte de un concurso donde los participantes podían intentar ganarse entradas para la edición del festival que se celebrará en febrero de 2027. Varias personas se animaron a probar suerte mientras otros observaban y alentaban desde los costados.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Jezabel en Buenos Aires: “25 años de poder”
Dentro del recinto también se instalaron varios food trucks. La idea era interesante, aunque resultaba un poco extraña considerando que todo ocurría en un espacio cerrado. Por momentos la ventilación no era la mejor, especialmente cerca de la zona de comida, donde el aire se volvía algo pesado.
Uno de los primeros momentos fuertes de la jornada llegó con Nine Pound Hammer, banda originaria de Kentucky, Estados Unidos, que subió al escenario con una actitud muy directa y mucho rock and roll. La banda ofreció un show sólido, con guitarras crudas y un sonido bastante claro durante todo el set.
Repasaron varios temas de su repertorio, mezclando clásicos con material más reciente, manteniendo ese estilo entre rock and roll y cowpunk que los caracteriza. La energía sobre el escenario fue constante y el público respondió con entusiasmo, acercándose un poco más al escenario durante el show.
Además, el concierto coincidía con el cumpleaños de Blaine Cartwright, guitarrista y cantante de la banda, también conocido por su trabajo con Nashville Pussy, banda estadounidense de hard rock formada en Atlanta, lo que le dio al show un pequeño aire festivo.
Más tarde llegó el turno de Nazareth, histórica banda de hard rock originaria de Dunfermline, Escocia, que continúa girando a pesar de los cambios en su formación a lo largo de los años.
Actualmente el único miembro original del grupo es el bajista Pete Agnew, quien sigue liderando la banda sobre el escenario desde 1968.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:The Crown en Barcelona: “35 años de furia”
El show comenzó con un ritmo bastante tranquilo y una energía más contenida que la del acto anterior. Durante los primeros temas, el guitarrista Jimmy Murrison, quien forma parte de la banda desde 1994, parecía estar revisando o ajustando algo en su pedalera. Sin embargo, desde el público no se percibían problemas importantes en el sonido.
En general el concierto fue correcto, aunque sin demasiados momentos especialmente memorables. La banda repasó varios de sus temas más conocidos, incluyendo la clásica “Love Hurts” y, por supuesto, “Hair of the Dog”, tema incluido en el clásico álbum Hair of the Dog de 1975, que fue uno de los momentos más celebrados de la noche.
Hubo algunos acoples durante el show, pero nada demasiado grave. El público, aunque no muy numeroso, acompañó con entusiasmo y se notaba que muchos asistentes estaban allí principalmente para ver a la banda.
El cierre de la jornada estuvo a cargo de The Libertines, banda británica de rock formada en Londres, que desde el comienzo ofreció un sonido muy limpio y claro. Las guitarras se escuchaban definidas y la mezcla general era bastante equilibrada, lo que permitió apreciar bien cada instrumento.
Durante los primeros temas surgieron algunos inconvenientes técnicos con la batería, aunque no afectaron demasiado el desarrollo del concierto. A partir del tercer tema, “Night of the Hunter”, se sumó un guitarrista acústico que aportó otra textura al sonido de la banda.
A lo largo del show repasaron varias canciones importantes de su discografía, incluyendo “The Delaney”, “What Became of the Likely Lads”, “Boys in the Band” y “What Katie Did”, uno de los momentos en los que mejor respondió el público.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Between the Buried and Me en Copenhague: “Progressive Metal solo para entendidos”
A pesar de la calidad del show, el predio nunca llegó a llenarse. Durante gran parte de la jornada se podía ver bastante espacio frente al escenario, aunque sí había algunos fans bastante entregados cantando cada canción cerca de la primera fila.
El público presente era mayoritariamente adulto, con varios asistentes que incluso habían ido acompañados por sus hijos pequeños, lo que le daba al evento un ambiente bastante familiar.
La banda continuó con un set extenso que incluyó temas como “The Good Old Days”, “Music When the Lights Go Out”, “Up the Bracket” y “Can’t Stand Me Now”. Luego del encore final cerraron con canciones como “Gunga Din”, “Time for Heroes” y “Don’t Look Back Into the Sun”, dejando una última ovación entre quienes permanecían frente al escenario.
En general, Cannonball Festival ofreció una jornada interesante con propuestas variadas dentro del rock. Aunque la asistencia fue menor de lo que se podría esperar para un evento de este tipo, las bandas lograron mantener un buen nivel durante toda la jornada y el público presente disfrutó cada momento.


















