

Buenos días a todos los lectores de Track To Hell. Hoy, volvemos a irnos a la provincia de Tarragona, esta vez no por un evento sino para reseñar el nuevo álbum de Grip, provenientes de mi ciudad natal, Reus.
Grip es una banda formada en el año 2016 con un sonido único, mezclando aspectos del post metal, stoner metal, sludge y doom metal con una sólida voz femenina al cargo de Ana Ruiz. Sería hasta el año siguiente cuando lanzarían su álbum debut, y cinc años después, han vuelto con más ganas que nunca para volver a sorprendernos con su segundo álbum “Solstici”. Un álbum lleno de personalidad, el cual nos habla sobre como el mundo nos engulle a través de los reflejos de los sentimientos más oscuros del ser humano en relación a su entorno natural en decadencia y, si tienes un mínimo de cultura metalera, sabrías que es Grip sin ninguna duda; vamos, es nuestro caso…
La primera canción de este nuevo release del grupo del Baix Camp es también la preferida para muchos, estamos hablando de “Roots”. Nos presenta un tema con un sonido que nos recuerda al stoner metal con algo de neo-crust, y una letra que mezcla el inglés y el catalán acompañado por estribillos de guitarra muy característicos y una voz nerviosa, con rabia de expresar el motivo de este álbum.
En el siguiente tema, “Pirene”, Ruiz nos habla sobre estar “atrapado entre dos mares inmensos” y “escondido en campos de árboles en llamas” en un fondo musical situado un tanto por encima del bajo de Albert Vilella rítmicamente, tenue y pesado el cual en sus partes más activas, nos recuerda a algo que nos hace sentir en un sueño. “Aloja” nos trae esta vez hacia el Post Metal de una manera sólida con su sección rítmica. Ana hace un esfuerzo increíble al dinamizar y texturizar la voz a la par que la canción. Podremos encontrar algo que nos recuerda al Stoner metal en la canción número cuatro “Tretze Vents”, pero a medida que la canción avanza la cosa nos va recordando más al doom metal de Candlemass o Black Sabbath incluyendo, en algunas ocasiones, algo de blues.
La número cinco, “Black Hounds”, sería algo como una especie de Neo-Doom experimental el cual nos presenta un trabajo de guitarra soberbio y a veces fuera de lugar del estilo de los guitarristas, Fuentes y Torres como también la voz de Ruiz. Nos vamos a la última canción, la cual lleva el nombre del álbum, “Solstici”. Este tema, se nos jacta de motivos de guitarra extravagantes alrededor de los cuales dominan las progresiones de acordes “doomy” que hace desatar todo un trueno rítmico. La vocalista opta por deshacerse de los aspectos monótonos que anteriormente ha utilizado en las pasadas canciones para así enfocar más su voz en lo etéreo y la magia a la vez que nos agrega misticismo cuando llegamos al tema lírico de la segunda mitad de canción.
Como dijimos, Grip describe “Solstici” como “los reflejos de las sensaciones mas oscuras del ser humano al estar en contacto con un entorno de naturaleza, ahora en declive”. Este grupo tiene un sonido único, y nuestra conclusión, es que ha sido un trabajo más que suficiente como para mantener el listón alto que habían alzado en su primer trabajo allá por el 2017 juntando los aspectos de varios géneros ya nombrados para así poder impregnar toda la personalidad de la banda en esta nueva entrega de los reusencos.


Cuando hace unos meses tuve la oportunidad de ver a los tejanos Unity TX en su primera visita a España junto a The Acacia Strain, Deez Nuts y Brothers Till We Die, la sensación de haber visto una bomba a punto de explotar fue con la que volví a casa y es que su explosiva mezcla de hardcore, nu metal, rapcore y pinceladas alternativas me dejó completamente sorprendido ya que mejoraban aún más lo ofrecido en audio.
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Vamos a aclarar un punto antes de ponernos a analizar el disco de la banda de Dallas, las influencias de estos muchachos son obvias, para nada encubiertas y muy bien plasmadas, así que si alguien se sorprende de ver pinceladas de Korn o 40 Below Summer en la contundente “Burnout”, el sonido pesado y down de Biohazard o Deez Nuts en “Fake Luv” o reminiscencias del nu metal, avisados estáis.
Los de Dallas, han hecho justamente lo que esperábamos de ellos, una combinación letal de diferentes estilos, que lejos de quedar postizos juntos, no solamente encajan a la perfección si no que dan como resultado uno de los discos más redondos del año, donde cada track tiene algo que aportarte y del cual vas a destacar alguna de sus virtudes.
Unity TX han sido capaces de cerrar el disco con un corte tremendo como “World of Malice”, el cual pudimos escuchar en directo en la visita de la banda a Madrid y comprobamos el flow y la contundencia vocal que tiene el señor Jay Webster y en medio encontrarnos dos temas casi casi de hip hop puro como “Picture This” y “Diamond Diez”, que oxigenan al disco y te suben la adrenalina en cuanto los escuches por primera vez.
En medio encontramos joyitas como “Killing Alchemy”, con esas guitarras a lo Korn que harán las delicias de los que han crecido (como un servidor) escuchando metal moderno y rap a la vez o la contundente “Rock Sh!t”, que te devuelve al año 2000 sin escalas y que puede ser una bomba en directo, nos evidencian lo bien calibrado que está el disco y por eso decía antes que todos los temas tienen algo para ser destacados.
Con la producción del señor Andrew Wade (A Day to Remember, Wage War, TDWP), Unity TX han conseguido superar ampliamente lo ofrecido en su EP Madboy y posicionarse como una de las revelaciones de la temporada con su mezcla callejera y desafiante de diferentes estilos, pero que los han defendido con furia, compromiso y sobre todo muy buenas canciones.
Etiquetas: Ferality, Metalcore, Nu Metal, Pure Noise Records, RapCore, Unity TX

La australiana Cassidy Paris ya tiene su álbum debut New Sensation en la calle y es hora de comprobar si lo ofrecido en sus adelantos previos se completa con un gran disco para abrir fuego a su carrera de manera internacional.
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Lo cierto es que escuchando el debut de esta bellísima y talentosa criatura, podemos reafirmar en que estamos ante la nueva princesita del hard rock más comercial y el AOR azucarado que tan bien funcionó hace más de 35 años cuando Cassidy aún no había ni nacido pero que ha sabido plasmar con soltura y carisma en este disco.
El disco comienza con “Danger”, corte que ya conocemos ya que fue uno de los primeros adelantos del disco y como ya dije en su momento, es una delicia, un corte pegadizo melódico, con Cassidy demostrando la gran voz que tiene y que se te quedará grabado desde la primera escucha que le des.
“RnR Hearts” es la siguiente con un tono más rockero y que podría haber encajado en un disco de Chez Kane sin duda, sobre todo en el primero, siendo ambas una especie de “Reina y Princesita” del hard rock melódico actual, el tono de esta chica es muy potente y agradable al oído y se nota la influencia de los grupos grandes de aquella época.
Bajamos las revoluciones con “Here I Am”, un hermoso medio tiempo, con aroma retro y un ligero toque pop que le queda a Cassidy como un guante y donde la australiana despliega su poderío vocal y demuestra que ha llegado aquí para quedarse, el corte si cierras los ojos puedes imaginarlo en manos de bandas tan importantes como Bon Jovi, Europe o Danger Danger, sin duda y puede conquistar al público que disfrute de este tipo de estilo.
La energía vuelve a subirnos con “Walking on Fire”, con ese rock melódico que tan bien ejecuta esta chica y que hace mucho estábamos pidiendo en el mainstream, que haya mujeres que nos devuelvan el espíritu del AOR y el rock radiofónico y hoy gracias a personalidades como Chez Kane, The Warning, las chicas de Cobra Spell en un sonido más rudo y la propia Cassidy estamos teniendo a estos iconos femeninos dentro del estilo.
Lo que sorprende es la solidez con la que suena el disco pese a la juventud de Cassidy, demostrando que es una artista con mayúsculas y que en Frontiers Music srl han acertado en poner sus ojos en ella y darle las armas para crear este gran debut tras dos EP’s previos.
“Song for the Broken Hearted” le inyecta el toque más pop/rock al disco con un sonido muy de los 2000, y que artistas como Olivia Rodrigo matarían por tener e iconos del estilo como Avril Lavigne podrían haber tenido en sus dos primeros discos.
El solo de guitarra redondea una de las canciones más destacadas del disco sin ninguna duda.
Ese guiño a Metallica en “Searching for a Hero” es impagable, con una Cassidy más “adulta” y derrochando poder y melodía en esta suerte de medio tiempo rockero, que te envuelve gracias a su melancólico sonido y que en directo tiene que sonar aún mejor.
Cortes como “Like I Never Loved You” y la más eléctrica “Addicted”, ponen el cierre perfecto a un gran disco de rock/aor melódico como es este debut de Cassidy Paris, nombre que si sois seguidores del estilo ya podéis ir recordando porque el 2024 se viene con todo para ella y este álbum le da el crédito para que nosotros apostemos por ella.
Etiquetas: 2023, AOR, Cassidy Paris, Frontiers Music Srl, Hard Rock, New Sensation

Los gallegos Unchosen Ones han editado su ep More Sorrow, donde hacen gala de su interesante propuesta dentro del metal nacional de la actualidad.
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En esta pequeña (gran) entrega, los chicos nos regalan tres cortes bastante interesantes y diferentes entre sí, empezando por “Rise Above The Dread”, con unas guitarras a lo Avenged Sevenfold en la era de City of Evil, pero con la voz más poderosa y cercana al power/heavy melódico de Javier Calderón, siendo una mezcla bastante contundente que se complementa con unos guturales bien afilados que harán las delicias de cualquier amante del metal moderno.
La siguiente invitada es una versión acústica de “Sorrow Turns to Dust”, tema que ponía título a su último disco, publicado el pasado 21 de abril y que supuso una de las grandes sorpresas de este 2023 a nivel nacional. Los arreglos son muy delicados y se puede apreciar con claridad el enorme nivel vocal de Javier, a quién no le hace falta la distorsión para poder destacar con su voz.
Para cerrar este EP, tenemos una versión algo “diferente” de “Far Beyond the Thunderdome”, ya que en este caso la banda la ha querido disfrazar de synthwave, dando como resultado una pieza casi irreconocible respecto a la versión original y que sin embargo suena muy pegadiza, melódica y que te transporta a aquellos años 80’s de manera inmediata.
Unchosen Ones, confirman con este trabajo varias cosas a tener en cuenta: 1) Que son una banda con una creatividad bastante amplia, 2) Que se defienden igual de bien en el formato eléctrico que en el acústico y 3) Que lo ofrecido en su último trabajo puede llevarles a otros terrenos sin perder la esencia que tiene la banda gallega, con lo cual creo que este EP o mini álbum es el complemento ideal a su último disco y que los confirma como una de las bandas revelación del 2023 a nivel nacional, veremos donde llegan los próximos 12 meses, pero cuidado que Unchosen Ones vienen pisando fuerte y tienen mucho que decir en 2024.
Etiquetas: Alternative, Heavy Metal, metal melodico, More Sorrow, New EP 2023, Power Metal, Unchosen Ones


Tal como un alquimista que todo lo que toca se convierte en oro, todo lo que Vindsval toca se convierte en Blut Aus Nord. Esto no es una crítica, sino solamente un modo de destacar el estilo tan personal de este músico al componer, al punto de que todo lo que hace queda atravesado por su identidad creativa, volviéndolo reconocible para cualquiera que conozca sus obras anteriores. La construcción de los riffs, la elección de tonalidades y armonías, la disonancia: a esta altura constituyen su firma artística. En esta ocasión, encontramos al líder de Blut Aus Nord colaborando con Marion de Mütterlein y Dehn Sora de Throane en Eitrin, un proyecto especialmente comisionado por el sello que los edita a todos, Debemur Morti Productions, para celebrar su 20° aniversario. Una propuesta bien al estilo Roadburn Festival, uniendo mentes talentosas con un enfoque de curaduría, aunque, en este caso, determinado por una mirada comercial, en términos de que solamente artistas del sello fueron convocados, por obvias razones.
De esta manera, la banda tiene a Vindsval en guitarra y bajo fretless, Dehn Sora en voz y sintetizadores, Marion en voz y letras, y, circunstancialmente, a W.D. Feld (también de Blut Aus Nord) en batería. El disco no tiene título y cada track tiene el nombre de un veneno, con alguna frase que metaforiza algo de sus características. Musicalmente, se trata de un Black Metal Avant-garde con un fuerte aspecto Industrial (bien al estilo BAS), pero adquiere cualidades agresivas de Hardcore sobre un fondo Dark Ambient constante.
“Ricin” es un comienzo despiadado, con riffs que oscilan entre momentos de violencia vertiginosa y fatalmente atractivas estructuras formadas a medio tiempo, intercalados con melodías siniestras. La voz femenina es siempre furiosa pero claramente comprensible. El aporte atmosférico de Sora requiere de mucha atención, y eso es una virtud: en la totalidad de la masa sonora su importancia se notaría si faltara, pero solamente si se lo escucha deliberadamente, se perciben las voces fantasmales, los coros etéreos, y el sombrío paisaje sonoro sobre el que se erige la parte más expuesta de cada canción.
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“Sarin” es más visceral, casi con ímpetu crust, y se torna más lúgubre por la intencionalidad de la guitarra, que la lleva a lugares de recóndita maldad latente. La batería es maquiavélica, el bajo fretless le otorga una densidad precisa a los movimientos palpitantes de la danza convulsiva que evoca Eitrin.
El final de “Sarin” se convierte en el principio de “Cyanide” exponiendo en primer plano el aporte atmosférico de Sora, cuya voz, por breves períodos, casi remite al post-punk. Se pasa directamente desde la calma tensa al ritmo marcado por blast beats. Aquí ya tenemos la sensación de hallarnos ante lo que podría ser un disco hardcore de BAS, con una mujer como invitada en las voces, lo que nos remite sin escalas a la frase con la que empezamos esta reseña. El componente noise marca el inicio de “Phenol” que no tarda de desplegar más riffs efectivos, y una voz fugazmente limpia, declamatoria. En este punto cabe señalar que no estamos ante un disco en el que abunde el trémolo, aunque sí las disonancias tan caras a la esencia artística de Vindsval.
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En “Arsenic” continúan las mioclonías causadas por esta música que no deja de superponer capas muy notables de texturas. El bajo fretless se mantiene fiel a su rol de brindar corporeidad, más que simplemente establecer una base rítmica junto a la percusión. El final de este track brinda bastante tiempo al aporte sintetizado por Sora, cuya voz, reiterada, pero fugazmente, adquiere mayor preponderancia. “Muscarine” es una misa negra, dirigida por una viciosa sacerdotisa ante masas humanas mesmerizadas. Es un track de semblante doom, con el acierto absoluto de nunca acelerarse. Así llega “Curare”, la última canción, punzante y terrorífica, que va empujando hacia una final de total disolución en la nada. Felicitaciones a Debemur Morti Productions por editar a estos artistas y por invitarlos a colaborar en este excelente disco debut de un supergrupo que ojalá siga activo.

Austin Lunn comenzó este proyecto unipersonal de black metal en 2007. En aquel entonces, todavía vivía en Louisville, Kentucky, al sur de los Estados Unidos, y allí permaneció hasta hace poco tiempo, cuando se mudó a Ely, en el estado de Minnesota. El origen no es un dato menor, ya que el ambiente natural sureño y la cultura de la zona, con esa psicósfera Southern Gothic, representan elementos constitutivos de la estética fundacional de Panopticon. Esto se vincula, también, con la influencia de la música folk y country, evidente no solo en las melodías, sino en la instrumentación (guitarra acústica, violín, banjo, acordeón, etc.). En términos musicales, la inspiración de este compositor y multi-instrumentista, que cuenta con colaboradores para tocar en vivo en formato grupo, proviene de bandas clásicas del género como Darkthrone y Emperor, en especial por su apego a la tierra, no tanto como nación, sino como madre. Un dato curioso: además de hacer black metal, Lunn tiene su propia cervecería artesanal.
Volviendo a las raíces de su propuesta artística, aparte de lo estrictamente sonoro, se nutre de una ideología de izquierda, más precisamente anarquista (incluso lanzó, en 2008, un single llamado “La Passione de Sacco & Vanzetti”). Sin embargo, el anarquismo de Lunn no se manifiesta mediante una posición militante, de participación activa en espacios políticos, ni tampoco con una presencia muy notoria de estas doctrinas en sus letras, sino con una actitud del tipo “off the grid”, viviendo en áreas rurales, totalmente dedicado a su arte, su familia y su cerveza. Podríamos compararlo con Herny David Thoreau (1817-1862), un naturalista y escritor estadounidense que, viviendo en una pequeña cabaña, redactó numerosos textos acerca de la desobediencia civil del individuo en contra de los gobiernos autoritarios, aunque en su vida, justamente, el aislamiento en la naturaleza era el máximo acto de expresión de su pensamiento.
Recorrer la discografía de Panopticon es una invitación a perdernos en la vertiente más idiosincrática, localista, del black metal de los Estados Unidos o USBM, a diferencia de muchas otras que podríamos considerar más “universales” tales como Krieg, Leviathan, Xasthur y Agalloch. Algunas propuestas bastante en línea con Panopticon son Wolves in the Throne Room y Mizmor, es especial su último disco de este año, “Prosaic”. Con cada nuevo álbum, el espíritu creativo de Lunn fue desarrollándose aceleradamente. Sin abandonar el aspecto folk/country/gothic Americana, todo fue adquiriendo dimensiones monumentales, empujando a Panopticon desde el black metal atmosférico hacia el post-black metal. Así llegamos hasta “The Rime of Memory”, que quizás sea uno de sus mejores discos o, para mucha gente, indudablemente el mejor.
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Haré referencia a las cumbres más altas que Lunn había alcanzado hasta el momento. “Kentucky” (2012), fue un homenaje a su hogar, con una fuerte presencia de instrumentos de la música sureña, en una oda a los paisajes y la vida en las minas de carbón. Con la inercia de los primeros lanzamientos, el sonido es bastante crudo, pero siempre hubo complejidad en la composición. Más allá de tocar una decena de instrumentos, Lunn es un gran baterista y un excelente guitarrista (ejecuta las seis cuerdas de manera que, por momentos, recuerda a Iron Maiden). Es un disco muy testimonial, con intenciones de ser un registro histórico (abundan los samples de discursos), tiene muchos atributos tradicionalistas (sobre todo canciones típicas). Luego se destacan “Roads to the North” (2014) y “Autumn Eternal” (2015), en los que la naturaleza pasa a estar en primer plano, con el paso de las estaciones. Son obras más pesadas, que, sin perder el lado folk, ni las bases black (blast beats, trémolos, shrieks), adquieren cualidades de death metal sueco, tendiendo al estilo de Gotemburgo. “…And Again Into the Light” (2021) se planteó como el comienzo de una trilogía que tiene su segunda parte en “The Rime of Memory”, de modo que, comprensiblemente, anticipó mucho de lo que se consolida en este nuevo disco de una hora y quince minutos de duración. Se trató de una excelente obra que mostraba una actitud épica, un enfoque de música progresiva, casi a lo Pink Floyd, y mucha mayor cohesión en cuanto a la incorporación de las diversas fuentes sonoras que crean la identidad de Panopticon.
“I Erindringens Høstlige Dysterhet” es una introducción instrumental que nos transporta a una cabaña de madera azotada por el gélido invierno del norte. Se oye el aullido de un lobo, al igual que en el primer track de “Autumn Eternal”. Así, “Winter’s Ghost” sigue con un largo pasaje acústico y coros rituales que generan el clima perfecto para desatar la tormenta, que, en efecto, acontece con toda fuerza. La batería es demoledora y la voz, que con el tiempo fue tornándose más grave, eleva un canto de semblante altivo. Lunn tiene algo del Zaratustra de Nietzsche, bajando de la montaña, reflexionando ante un público circunstancial. “Cedar Skeletons” es un track brutal. Los solos de guitarra, realmente virtuosos, se elevan entre la avalancha blanca que nos impacta. También aparecen samples vocales, tan frecuentes en la obra de Panopticon, que nos convoca a una introspección feroz. La temática que atraviesa todo el disco es la búsqueda del sentido de la vida ante la conciencia de la mortalidad, las formas de hacer que la existencia tenga un significado que valga la pena. Hacia la mitad hay una transición calma, con más samples. Los trémolos que van marcando la conclusión son memorables, sobrevolando etéreos sobre un fondo de coros cinematográficos. Como si fuera poco, emergen más gloriosos solos de guitarra.
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En la convulsión de “An Autumn Storm” adquieren protagonismo los sintetizadores y, otra vez en el medio del track, todo se torna más reflexivo, ralentizando el ritmo y recurriendo a melodías sencillas. A la vez, surge una sutil percusión melódica que luego lleva a un piano y acordeón. En “Enduring the Snow Drought” se alzan orgullosas esas guitarras al estilo Iron Maiden que ya mencionamos y son frecuentes en la obra de Lunn. En esta ocasión, la parte “relajada”, casi de espíritu jazzero, llega hacia el final, aunque el track vuelve a intensificarse, antes de un cierre con violines y contrabajo. “The Blue Against the White” arranca con apacibles y melancólicas reminiscencias de post-rock. Era esperable que todo se sacudiera y nos impactara directo en los huesos, como el frío cuando es cruel e implacable, tanto como era anticipable el retorno a la quietud, que sea, quizás, lo único que podríamos señalar como algo que ya se volvió un tanto esquemático en Panopticon, como si tan solo faltara dar el paso de animarse a abandonar la convencionalidad en la escritura. El bajo saturado de efectos que se destaca en los últimos tramos es un acierto absoluto.
“The Rime of Memory” es un álbum colosal, aunque no me atrevo a afirmar que sea el magnum opus. La música de Lunn me conmueve, más aún después de haber recorrido el sur de los Estados Unidos, pero sigo sintiendo que su búsqueda personal en medio de la dinámica entre la sencillez folk y las dimensiones míticas de lo sinfónico que pueden tener el black y el death metal, todavía tiene un largo camino que puede alcanzar puntos insospechados.


Tras una larga espera y varios cambios en la formación, por fin tenemos el nuevo disco de las rockeras internacionales Cobra Spell, quienes llegan este mes de diciembre con 666, su esperadísimo nuevo disco y el primero bajo el ala de Napalm Records.
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En este nuevo disco podemos encontrar justo lo que vamos buscando y lo que ellas quieren ofrecer un muy buen cóctel de hard rock con aroma clásico, combinado con toques de heavy metal y selazy y añadiéndole unas gotitas de AOR, dando como resultado un disco que de haber salido en 1986 serían las reinas del mundo, pero en 2023 pueden serlo pero de la actualidad dentro del estilo.
El disco abre fuego (y nunca mejor dicho…) con la super sexy y picantona “S.E.X.” que ya conocemos ya que lleva un par de meses circulando por las redes sociales y digitales, con lo cual poco podemos decir que no se sepa de esta pieza, el inicio a lo Mötley Crüe es una delicia y ya te da la energía para prepararte de cara al resto del disco.
Las guitarras de Sonia y Noelle suenan afiladísimas y muy potentes, mientras que Hale le imparte el ritmo que pide la canción y Kris te envuelve con ese tono sensual que tiene en esta pieza para avanzada un poquito la canción dejarte noqueado con un agudo espectacular. Los coros de todas le dan ese toque 80’s que tiene el tema y el picante estribillo hará que caigas rendido ante estas cinco reinas desde el minuto uno.
“Satan is a Woman”, es la siguiente invitada a la fiesta y a pesar de ser menos rápida en cuanto a ejecución se refiere que la anterior, no pierde ni un ápice de intensidad y combina ese hard rock tan potente con un toque blussy que podrían tocar Blues Pills, en su lado más rockero pero sin el filtro que tienen los suecos.
Tras el interludio “Hotline 666”, las chicas nos traen la desafiante y sexy “Bad Girl Crew”, donde la alusión a la propia comunión que han formado todas las integrantes juntas se hace más que evidente. Otra de las perlas del álbum con Kristina volviendo a destacar con su poderío vocal y el dúo de hachas entre Sonia y Noelle brillando y demostrando lo virtuosas y talentosas que son las dos y lo bien que se complementan juntas.
El ecuador del disco nos llega con otro bombazo como es “The Devil Inside Of Me”, el segundo single del disco y que nos muestra un lado algo más metálico de las chicas con ese comienzo guitarrero de Sonia echando fuego por medio de sus seis cuerdas y demostrando que a veces los cambios de dirección que ha tomado en su carrera han sido para mejor.
Pero tampoco se queda atrás la brasileña Noelle dos Anjos, que sin duda le aporta aún más poder a la banda con su destreza en la guitarra y conforma con Sonia un tándem demoledor.
Hale vuelve a brillar tras los parches y es que esta chica no sólo es una gran baterista si no que es la mejor que ha pasado por la banda hasta la fecha, la más completa, la más convincente dentro del estilo de la banda y la que mejor se defiende en directo con sus compañeras.
Para rematar el nivel de Kristina Vega es una absoluta locura, el talento que tiene esta mujer, lo bien que le quedan todos los tonos y las melodías que dibuja a lo largo de la canción son espectaculares y convierten a esta pieza en una de las mejores canciones del disco y de la banda sin duda alguna.
El punteo inicial de “Fly Away”, baja un poquito las revoluciones pero oxigena al disco y nos muestra un lado más alternativo si se quiere de estas chicas con un toque más melancólico y un solo de guitarra hermoso y que se complementa con las armonías vocales que nos regala Kris, es una de las piezas que seguramente la gente tarde en descubrir pero que cuando lo haga podría ser de las favoritas del público ya que sin hacer ruido se te va quedando grabada en tu interior.
El mensaje de “Love = Love” destaca y con el sonido rockero de la canción lo hará aún más en directo con ese guiño a Dokken en el estilo de la canción. Sin duda la canción con más toque AOR del álbum.
La caña vuelve de nuevo con “Love Crime”, un híbrido entre “S.E.X.” y “The Devil Inside of Me”, con las guitarras volviendo a ser protagonistas y ese aroma sleazy que te envuelve y que si te gusta el hard rock metal clásico seguramente te encante.
“Warrior From Hell”, es el último single de las chicas y lo cierto es que ha sido todo un acierto ya que la intensidad de la canción encaja de perlas con las dos anteriores y aporta otra cara de las chicas en el aspecto comercial, con Hale y Rox muy bien en la base rítmica y Kris brillando una vez más ya que incluso en los tonos melódicos no pierde la fuerza que tiene y es imposible no caer rendido a sus encantos detrás del micrófono.
El disco se acaba pero tenemos que destacar el lado macarra y con cierta actitud punk de “You’re a Cheater” con un solo espectacular de Sonia Anubis, quién además de su belleza y virtuosismo musical, tiene unos ovarios como pocas en la industria para no haber desistido hasta dar con la formación adecuada para Cobra Spell.
Pues el trabajo está más que concluido pero el resultado final es más que notable y destacado y es que estas cinco mujeres han creado el mejor disco de la banda hasta la fecha y son sin duda las personas ideales para acompañar a Sonia Anubis y Kris Vega en esta aventura que visto lo ofrecido aquí tiene pinta de llevarlas muy lejos y con la solidez que tienen todo pinta a que nada ni nadie podrá pararlas.
Etiquetas: 666, Álbum, AOR, Cobra Spell, Hard Rock, Heavy Metal, Napalm Records


Briqueville es una banda belga que, desde hace una década, está envuelta en misterio. En vivo los artistas se presentan con atuendos que preservan el anonimato y les otorga un semblante ceremonial. Su música crea atmósferas que pueden resultar desde hipnóticas hasta perturbadoras, a través de una mezcla de doom metal y post-rock con elementos industriales. Algunas comparaciones posibles podrían ser Locrian, Kollaps y Vorare. Este es su cuarto lanzamiento y continúa la numeración de los tracks que, por supuesto, comenzó desde el número uno en el primer disco.
“AKTE XVI” es un inicio oscuro, que va evocando el clima lúgubre que se mantendrá a lo largo del álbum. Una melodía repetitiva de guitarra suena sobre un fondo de sintetizadores, hasta que una voz casi ceremonial hace su aparición, y luego se suman una suerte de alaridos y gemidos a la distancia. Cuando irrumpe la percusión, parece como si la perdición cayera sobre nosotros, con los teclados adquiriendo más protagonismo.
Cuando empieza “AKTE XVII”, se incorpora un bajo muy potente, que agrega un tono amenazante a la línea de guitarra, y el ritmo lento de la batería. El teclado mantiene su presencia clave para la composición. La intensidad va aumentando y se genera una tensión que lleva hasta el momento en que un recitado da paso a una sucesión de variadas voces que crean un paisaje sonoro sobrenatural. El machaque de guitarra hacia el final es aplastante.
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El riff repetitivo que abre “AKTE XVIII” parece aserrar los huesos, acompañado por unas notas emitidas por teclas de precisión temeraria en su plan de convocar el horror. La percusión refuerza la actitud ritualista de la música de Briqueville, que se destaca por el logro de una totalidad emocionalmente efectiva, a partir de la combinación casi fractal de partes sencillas. Parece haber una búsqueda de un trance, una invitación a la introspección y a la creación de una imaginería mística. Las partes de guitarras se imponen entramándose con una actitud post-metal de alcances épicos. Las vocalizaciones espectrales le agregan un tinte siniestro.
“AKTE XIX” se orienta mucho más hacia lo ambient, casi sacro, con un canto de reminiscencias gregorianas flotando etéreo sobre la cacofonía de una guitarra desquiciada. Así llega el último track, “ARTE XX”, que propone una sorprendente sucesión de riffs. Incluye compases con una base de bajo en primer plano y otros de cualidades minimalistas que apelan a lo esotérico. Conforme todo se acerca a la conclusión, la impresión es que cada elemento va sumando fuerza al empuje hacia el clímax. Los lapsos instrumentales más poderosos pueden recordar a bandas como Year Of No Light. Un trabajo de recomendación absoluta para amantes de la música pesada de enfoque ecléctico en pos de una exploración poética.


Ragana es un dúo, formado en 2011, de “queer antifascist sentimental destruction doom” con base en Oakland, más precisamente, en los bosques neblinosos de la bahía de San Francisco. Si intentamos acotar la deliberadamente artificiosa etiqueta inventada por las dos mujeres que integran la banda, Maria y Nicole, podríamos decir que ejecutan un blackened doom metal con elementos folk y cimientos ideológicos feministas, antifascistas, antirracistas y anticapitalistas. Comentario adicional: gente, basta de creer que tener un celular de última generación y ser anticapitalista es contradictorio, pensar eso es demostrar una ignorancia palmaria. Llegado este punto de la historia, ser anticapitalista no es, ni siquiera, estar en contra de la propiedad privada o de las empresas, sino que es tener a los Derechos Humanos como prioridad, pensarlos como obligación ineludible de toda sociedad organizada, y oponerse a que haya pobreza coexistiendo con niveles obscenos de riqueza acumulada, así como a la destrucción del medioambiente en pos de generar ganancias. Dicho con más simpleza: es negarse a que el dinero o la productividad deban ser el sentido de todo; es proclamar que es repulsivo que se invierta más en guerras que en terminar con el hambre mundial, o en viajes por placer de multimillonarios al espacio, en vez de limpiar los cursos de agua contaminados. La naturaleza es una fuente de inspiración muy importante para Ragana, así como la vida en la trama de las relaciones de poder. En esta línea filosófica, es un proyecto que puede asociarse con otros como Panopticon, Wolves in the Throne Room, Thou, The Body, Vile Creature y Cathari. En términos estrictamente musicales, también pueden trazarse vínculos con Oathbreaker y Predatory Void.
“Desolation’s Flower” es el mejor disco de la banda hasta la fecha. Estas dos chicas que pueden alternar en los roles de guitarrista, baterista y cantante, nos ofrecen una sublime oda a la angustia existencial en tiempos de locura patriarcal consumista. Una instrumentación mínima y una máxima emoción, hacen de la música de Ragana una experiencia visceral. Ya el primer track, homónimo al disco, empieza con un riff que es un destilado de melancolía, acompañando un canto desgarrador, sobre un ritmo apesadumbrado, que luego se acelera y da paso a líneas de guitarra que demuestran cómo puede hacerse de la simpleza, una virtud expresiva. En cuanto a la voz, el acierto comunicativo está en la total y permanente honestidad. Esta canción puede tomarse, según sus creadoras, como “un himno de gratitud a cada ancestro queer o trans”.
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Sigue “Woe”, con más riffs de exquisita elaboración, y una voz que se torna melódica en algunos lapsos. La distorsión que usa Ragana tiene algo de esa onda noventera que remite a “Zombie” de The Cranberries o a “Zero” de The Smashing Pumpkins. Todo se vuelve más sombrío y denso en “Ruins”, una canción minimalista y espesa. La magia de estas dos “brujas” reside en llegar directo al corazón con una mezcla de muy pocos elementos, pero demasiado poderosos. La explosión al final de este track es sublime.
“DTA” comienza como una dulce balada, que se va convulsionando, a partir de la inclusión de un sample de la grabación de una revuelta social en Oakland. Se desatan la bronca y la indignación plasmada musicalmente. Sin interludios llega “Winter´s Night Pt.2”, que continúa aumentando la intensidad, con una composición que va desplegando cambios que le dan al conjunto total una heterogeneidad magistralmente cohesiva. Ragana no hace una música pretenciosa, todo lo contrario, es lo más directa posible.
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El recuerdo de la música alternativa de los 90’s se vuelve más potente que nunca en “Pain”, con esa alternancia entre momentos de calma y ternura, con estallidos saturados de efectos que alteran la señal emitida por las micrófonos que captan la vibración de las cuerdas. Se trata de una de esas canciones que nos llevan a admirar un paisaje hermoso a través de la ventanilla de un auto que nos aleja de la locura cotidiana en un viaje hacia la oportunidad de algo distinto. Sin embargo, “In the light of the Burning World”, ya desde su mismo título, nos anuncia que la cosas están muy lejos de estar bien. La delicadeza se extiende, la voz es muy dulce, pero el clima es de gran tristeza y va agitándose hacia el final, como si el cielo de nublara y todo se oscureciera. Así termina un álbum catártico, que con excelencia conjura fuerzas que sacuden el espíritu.


Krieg es una leyenda del black metal estadounidense, pero no es un proyecto prolífico, seguramente porque está atado a los avatares de la vida de Neill Jameson quien, durante los últimos años, se convirtió en un hombre de familia. El line-up ha ido cambiando en torno a su figura. Lo último que la banda había lanzado fue un split con Integrity en 2018, y el disco de estudio más reciente con el que contábamos, “Transient”, data de 2014. En este marco, “Ruiner” es el primer álbum de Krieg después de casi nueve años.
Está muy claro que Jameson siempre quiso mantener un pie en lo más tradicional del black metal: el sonido crudo, los rasgos técnicos esenciales como el blast beat y el trémolo, la estética sencilla de reminiscencias ancestrales y, ocasionalmente, el uso de corpse-paint. No obstante, también resulta más que evidente que el otro pie está en otro lado, al que podríamos ver como un territorio levemente experimental, muy influenciado por el post-punk y el movimiento darkwave, así como por el hardcore. En este sentido, pueden entenderse las colaboraciones con The Body, por ejemplo, y la versión de “Venus in Furs” de The Velvet Underground, o el lanzamiento conjunto con Integrity. Pero, más allá de esto, esa doble vertiente se combina en la música de la banda, sobre todo en los últimos álbumes. El ya mencionado “Transient”, “The Isolationist” (2010) y “The Black House” (2008), mis discos favoritos de Krieg, tienen momentos que, armónica y melódicamente, son hermosos, aunque no se busque ninguna delicadeza. Quizás exista un componente de belleza en el caldo creativo de Jameson y éste emerja a su pesar.
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El arte de tapa es muy old school, hay que decirlo, y “Bulwark” es un comienzo rabioso, que casi nos transporta a los tiempos de “Destruction Ritual” (2007), y ni hablar de las fuentes noruegas en las que estos estadounidenses abrevan. Sin embargo, no tarda en irrumpir ese ímpetu post-punk en forma de un cambio rítmico notable y una línea de bajo casi a lo Simon Gallup de The Cure. Lo que jamás deja de sonar con furia es la voz. El mencionado cambio se repetirá en una dinámica alternante entre los dos pilares del sonido de Krieg. Se despliegan unas líneas melódicas bien logradas, sobre la textura de los trémolos. “Fragments of Nothing” se orienta hacia el lado más D-beat, a la vez que la voz se torna más gutural: se encara la veta crust de la banda. A esta altura ya se nota que hay un gran acierto en el trabajo de los dos guitarristas en esta formación: Poole y Riley. Se destaca un punteo tan simple como melancólico.
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“Red Rooms” tiene cualidades que, de alguna manera, suenan como si se estuviera ejecutando lo más antiguo de un género, pero con un enfoque moderno. Se sabe de la admiración profesada hacia los viejos Mayhem, Darkthrone y Gorgoroth. En un momento, todo se ralentiza, y el canto exhibe una actitud muy histriónica, bastante típica en Jameson. “Solitarily, A Future Renounced”, que fue el segundo single, es un track brutal pero que mantiene esa virtud melódica que tan bien sabe explotar Krieg. Aquí la batería es abrumadora: no compleja, pero inclaudicable. La tormenta continúa en “Manifested Ritual Horror”, donde todo es vertiginoso hasta que aparecen los tramos de punk rudimentario.
El primer single, “No Gardens Grow Here”, tiene una de las melodías de guitarra más memorables de todo el álbum. Cabe señalar que, a lo largo del disco, la calidad de la grabación y la mezcla dan cuenta de una intencionalidad que se aleja de una comprensión superficial de la “crudeza” dentro del género. “An Execution In The Kingdom of Ideas”, además de un interesante título, muestra una faceta todavía más cavernosa que la recorrida previamente y “The Lantern and the Key” recupera algo de ese aspecto darkwave, con una voz lánguida, durante un lapso, y un ritmo menos frenético, con un bajo protagónico y trémolos de guitarra exquisitos. Termina así un gran disco, que, aunque para mí no supera a mis preferidos del grupo, sí deja que se note una evolución en el sonido y es una obra más que bienvenida por el público seguidor, no solamente de la banda, sino del black metal en general.


Buenos días a todos los lectores de Track To Hell. Hoy, volvemos a irnos a la provincia de Tarragona, esta vez no por un evento sino para reseñar el nuevo álbum de Grip, provenientes de mi ciudad natal, Reus.
Grip es una banda formada en el año 2016 con un sonido único, mezclando aspectos del post metal, stoner metal, sludge y doom metal con una sólida voz femenina al cargo de Ana Ruiz. Sería hasta el año siguiente cuando lanzarían su álbum debut, y cinc años después, han vuelto con más ganas que nunca para volver a sorprendernos con su segundo álbum “Solstici”. Un álbum lleno de personalidad, el cual nos habla sobre como el mundo nos engulle a través de los reflejos de los sentimientos más oscuros del ser humano en relación a su entorno natural en decadencia y, si tienes un mínimo de cultura metalera, sabrías que es Grip sin ninguna duda; vamos, es nuestro caso…
La primera canción de este nuevo release del grupo del Baix Camp es también la preferida para muchos, estamos hablando de “Roots”. Nos presenta un tema con un sonido que nos recuerda al stoner metal con algo de neo-crust, y una letra que mezcla el inglés y el catalán acompañado por estribillos de guitarra muy característicos y una voz nerviosa, con rabia de expresar el motivo de este álbum.
En el siguiente tema, “Pirene”, Ruiz nos habla sobre estar “atrapado entre dos mares inmensos” y “escondido en campos de árboles en llamas” en un fondo musical situado un tanto por encima del bajo de Albert Vilella rítmicamente, tenue y pesado el cual en sus partes más activas, nos recuerda a algo que nos hace sentir en un sueño. “Aloja” nos trae esta vez hacia el Post Metal de una manera sólida con su sección rítmica. Ana hace un esfuerzo increíble al dinamizar y texturizar la voz a la par que la canción. Podremos encontrar algo que nos recuerda al Stoner metal en la canción número cuatro “Tretze Vents”, pero a medida que la canción avanza la cosa nos va recordando más al doom metal de Candlemass o Black Sabbath incluyendo, en algunas ocasiones, algo de blues.
La número cinco, “Black Hounds”, sería algo como una especie de Neo-Doom experimental el cual nos presenta un trabajo de guitarra soberbio y a veces fuera de lugar del estilo de los guitarristas, Fuentes y Torres como también la voz de Ruiz. Nos vamos a la última canción, la cual lleva el nombre del álbum, “Solstici”. Este tema, se nos jacta de motivos de guitarra extravagantes alrededor de los cuales dominan las progresiones de acordes “doomy” que hace desatar todo un trueno rítmico. La vocalista opta por deshacerse de los aspectos monótonos que anteriormente ha utilizado en las pasadas canciones para así enfocar más su voz en lo etéreo y la magia a la vez que nos agrega misticismo cuando llegamos al tema lírico de la segunda mitad de canción.
Como dijimos, Grip describe “Solstici” como “los reflejos de las sensaciones mas oscuras del ser humano al estar en contacto con un entorno de naturaleza, ahora en declive”. Este grupo tiene un sonido único, y nuestra conclusión, es que ha sido un trabajo más que suficiente como para mantener el listón alto que habían alzado en su primer trabajo allá por el 2017 juntando los aspectos de varios géneros ya nombrados para así poder impregnar toda la personalidad de la banda en esta nueva entrega de los reusencos.


Cuando hace unos meses tuve la oportunidad de ver a los tejanos Unity TX en su primera visita a España junto a The Acacia Strain, Deez Nuts y Brothers Till We Die, la sensación de haber visto una bomba a punto de explotar fue con la que volví a casa y es que su explosiva mezcla de hardcore, nu metal, rapcore y pinceladas alternativas me dejó completamente sorprendido ya que mejoraban aún más lo ofrecido en audio.
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Vamos a aclarar un punto antes de ponernos a analizar el disco de la banda de Dallas, las influencias de estos muchachos son obvias, para nada encubiertas y muy bien plasmadas, así que si alguien se sorprende de ver pinceladas de Korn o 40 Below Summer en la contundente “Burnout”, el sonido pesado y down de Biohazard o Deez Nuts en “Fake Luv” o reminiscencias del nu metal, avisados estáis.
Los de Dallas, han hecho justamente lo que esperábamos de ellos, una combinación letal de diferentes estilos, que lejos de quedar postizos juntos, no solamente encajan a la perfección si no que dan como resultado uno de los discos más redondos del año, donde cada track tiene algo que aportarte y del cual vas a destacar alguna de sus virtudes.
Unity TX han sido capaces de cerrar el disco con un corte tremendo como “World of Malice”, el cual pudimos escuchar en directo en la visita de la banda a Madrid y comprobamos el flow y la contundencia vocal que tiene el señor Jay Webster y en medio encontrarnos dos temas casi casi de hip hop puro como “Picture This” y “Diamond Diez”, que oxigenan al disco y te suben la adrenalina en cuanto los escuches por primera vez.
En medio encontramos joyitas como “Killing Alchemy”, con esas guitarras a lo Korn que harán las delicias de los que han crecido (como un servidor) escuchando metal moderno y rap a la vez o la contundente “Rock Sh!t”, que te devuelve al año 2000 sin escalas y que puede ser una bomba en directo, nos evidencian lo bien calibrado que está el disco y por eso decía antes que todos los temas tienen algo para ser destacados.
Con la producción del señor Andrew Wade (A Day to Remember, Wage War, TDWP), Unity TX han conseguido superar ampliamente lo ofrecido en su EP Madboy y posicionarse como una de las revelaciones de la temporada con su mezcla callejera y desafiante de diferentes estilos, pero que los han defendido con furia, compromiso y sobre todo muy buenas canciones.
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La australiana Cassidy Paris ya tiene su álbum debut New Sensation en la calle y es hora de comprobar si lo ofrecido en sus adelantos previos se completa con un gran disco para abrir fuego a su carrera de manera internacional.
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Lo cierto es que escuchando el debut de esta bellísima y talentosa criatura, podemos reafirmar en que estamos ante la nueva princesita del hard rock más comercial y el AOR azucarado que tan bien funcionó hace más de 35 años cuando Cassidy aún no había ni nacido pero que ha sabido plasmar con soltura y carisma en este disco.
El disco comienza con “Danger”, corte que ya conocemos ya que fue uno de los primeros adelantos del disco y como ya dije en su momento, es una delicia, un corte pegadizo melódico, con Cassidy demostrando la gran voz que tiene y que se te quedará grabado desde la primera escucha que le des.
“RnR Hearts” es la siguiente con un tono más rockero y que podría haber encajado en un disco de Chez Kane sin duda, sobre todo en el primero, siendo ambas una especie de “Reina y Princesita” del hard rock melódico actual, el tono de esta chica es muy potente y agradable al oído y se nota la influencia de los grupos grandes de aquella época.
Bajamos las revoluciones con “Here I Am”, un hermoso medio tiempo, con aroma retro y un ligero toque pop que le queda a Cassidy como un guante y donde la australiana despliega su poderío vocal y demuestra que ha llegado aquí para quedarse, el corte si cierras los ojos puedes imaginarlo en manos de bandas tan importantes como Bon Jovi, Europe o Danger Danger, sin duda y puede conquistar al público que disfrute de este tipo de estilo.
La energía vuelve a subirnos con “Walking on Fire”, con ese rock melódico que tan bien ejecuta esta chica y que hace mucho estábamos pidiendo en el mainstream, que haya mujeres que nos devuelvan el espíritu del AOR y el rock radiofónico y hoy gracias a personalidades como Chez Kane, The Warning, las chicas de Cobra Spell en un sonido más rudo y la propia Cassidy estamos teniendo a estos iconos femeninos dentro del estilo.
Lo que sorprende es la solidez con la que suena el disco pese a la juventud de Cassidy, demostrando que es una artista con mayúsculas y que en Frontiers Music srl han acertado en poner sus ojos en ella y darle las armas para crear este gran debut tras dos EP’s previos.
“Song for the Broken Hearted” le inyecta el toque más pop/rock al disco con un sonido muy de los 2000, y que artistas como Olivia Rodrigo matarían por tener e iconos del estilo como Avril Lavigne podrían haber tenido en sus dos primeros discos.
El solo de guitarra redondea una de las canciones más destacadas del disco sin ninguna duda.
Ese guiño a Metallica en “Searching for a Hero” es impagable, con una Cassidy más “adulta” y derrochando poder y melodía en esta suerte de medio tiempo rockero, que te envuelve gracias a su melancólico sonido y que en directo tiene que sonar aún mejor.
Cortes como “Like I Never Loved You” y la más eléctrica “Addicted”, ponen el cierre perfecto a un gran disco de rock/aor melódico como es este debut de Cassidy Paris, nombre que si sois seguidores del estilo ya podéis ir recordando porque el 2024 se viene con todo para ella y este álbum le da el crédito para que nosotros apostemos por ella.
Etiquetas: 2023, AOR, Cassidy Paris, Frontiers Music Srl, Hard Rock, New Sensation

Los gallegos Unchosen Ones han editado su ep More Sorrow, donde hacen gala de su interesante propuesta dentro del metal nacional de la actualidad.
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En esta pequeña (gran) entrega, los chicos nos regalan tres cortes bastante interesantes y diferentes entre sí, empezando por “Rise Above The Dread”, con unas guitarras a lo Avenged Sevenfold en la era de City of Evil, pero con la voz más poderosa y cercana al power/heavy melódico de Javier Calderón, siendo una mezcla bastante contundente que se complementa con unos guturales bien afilados que harán las delicias de cualquier amante del metal moderno.
La siguiente invitada es una versión acústica de “Sorrow Turns to Dust”, tema que ponía título a su último disco, publicado el pasado 21 de abril y que supuso una de las grandes sorpresas de este 2023 a nivel nacional. Los arreglos son muy delicados y se puede apreciar con claridad el enorme nivel vocal de Javier, a quién no le hace falta la distorsión para poder destacar con su voz.
Para cerrar este EP, tenemos una versión algo “diferente” de “Far Beyond the Thunderdome”, ya que en este caso la banda la ha querido disfrazar de synthwave, dando como resultado una pieza casi irreconocible respecto a la versión original y que sin embargo suena muy pegadiza, melódica y que te transporta a aquellos años 80’s de manera inmediata.
Unchosen Ones, confirman con este trabajo varias cosas a tener en cuenta: 1) Que son una banda con una creatividad bastante amplia, 2) Que se defienden igual de bien en el formato eléctrico que en el acústico y 3) Que lo ofrecido en su último trabajo puede llevarles a otros terrenos sin perder la esencia que tiene la banda gallega, con lo cual creo que este EP o mini álbum es el complemento ideal a su último disco y que los confirma como una de las bandas revelación del 2023 a nivel nacional, veremos donde llegan los próximos 12 meses, pero cuidado que Unchosen Ones vienen pisando fuerte y tienen mucho que decir en 2024.
Etiquetas: Alternative, Heavy Metal, metal melodico, More Sorrow, New EP 2023, Power Metal, Unchosen Ones


Tal como un alquimista que todo lo que toca se convierte en oro, todo lo que Vindsval toca se convierte en Blut Aus Nord. Esto no es una crítica, sino solamente un modo de destacar el estilo tan personal de este músico al componer, al punto de que todo lo que hace queda atravesado por su identidad creativa, volviéndolo reconocible para cualquiera que conozca sus obras anteriores. La construcción de los riffs, la elección de tonalidades y armonías, la disonancia: a esta altura constituyen su firma artística. En esta ocasión, encontramos al líder de Blut Aus Nord colaborando con Marion de Mütterlein y Dehn Sora de Throane en Eitrin, un proyecto especialmente comisionado por el sello que los edita a todos, Debemur Morti Productions, para celebrar su 20° aniversario. Una propuesta bien al estilo Roadburn Festival, uniendo mentes talentosas con un enfoque de curaduría, aunque, en este caso, determinado por una mirada comercial, en términos de que solamente artistas del sello fueron convocados, por obvias razones.
De esta manera, la banda tiene a Vindsval en guitarra y bajo fretless, Dehn Sora en voz y sintetizadores, Marion en voz y letras, y, circunstancialmente, a W.D. Feld (también de Blut Aus Nord) en batería. El disco no tiene título y cada track tiene el nombre de un veneno, con alguna frase que metaforiza algo de sus características. Musicalmente, se trata de un Black Metal Avant-garde con un fuerte aspecto Industrial (bien al estilo BAS), pero adquiere cualidades agresivas de Hardcore sobre un fondo Dark Ambient constante.
“Ricin” es un comienzo despiadado, con riffs que oscilan entre momentos de violencia vertiginosa y fatalmente atractivas estructuras formadas a medio tiempo, intercalados con melodías siniestras. La voz femenina es siempre furiosa pero claramente comprensible. El aporte atmosférico de Sora requiere de mucha atención, y eso es una virtud: en la totalidad de la masa sonora su importancia se notaría si faltara, pero solamente si se lo escucha deliberadamente, se perciben las voces fantasmales, los coros etéreos, y el sombrío paisaje sonoro sobre el que se erige la parte más expuesta de cada canción.
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“Sarin” es más visceral, casi con ímpetu crust, y se torna más lúgubre por la intencionalidad de la guitarra, que la lleva a lugares de recóndita maldad latente. La batería es maquiavélica, el bajo fretless le otorga una densidad precisa a los movimientos palpitantes de la danza convulsiva que evoca Eitrin.
El final de “Sarin” se convierte en el principio de “Cyanide” exponiendo en primer plano el aporte atmosférico de Sora, cuya voz, por breves períodos, casi remite al post-punk. Se pasa directamente desde la calma tensa al ritmo marcado por blast beats. Aquí ya tenemos la sensación de hallarnos ante lo que podría ser un disco hardcore de BAS, con una mujer como invitada en las voces, lo que nos remite sin escalas a la frase con la que empezamos esta reseña. El componente noise marca el inicio de “Phenol” que no tarda de desplegar más riffs efectivos, y una voz fugazmente limpia, declamatoria. En este punto cabe señalar que no estamos ante un disco en el que abunde el trémolo, aunque sí las disonancias tan caras a la esencia artística de Vindsval.
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En “Arsenic” continúan las mioclonías causadas por esta música que no deja de superponer capas muy notables de texturas. El bajo fretless se mantiene fiel a su rol de brindar corporeidad, más que simplemente establecer una base rítmica junto a la percusión. El final de este track brinda bastante tiempo al aporte sintetizado por Sora, cuya voz, reiterada, pero fugazmente, adquiere mayor preponderancia. “Muscarine” es una misa negra, dirigida por una viciosa sacerdotisa ante masas humanas mesmerizadas. Es un track de semblante doom, con el acierto absoluto de nunca acelerarse. Así llega “Curare”, la última canción, punzante y terrorífica, que va empujando hacia una final de total disolución en la nada. Felicitaciones a Debemur Morti Productions por editar a estos artistas y por invitarlos a colaborar en este excelente disco debut de un supergrupo que ojalá siga activo.

Austin Lunn comenzó este proyecto unipersonal de black metal en 2007. En aquel entonces, todavía vivía en Louisville, Kentucky, al sur de los Estados Unidos, y allí permaneció hasta hace poco tiempo, cuando se mudó a Ely, en el estado de Minnesota. El origen no es un dato menor, ya que el ambiente natural sureño y la cultura de la zona, con esa psicósfera Southern Gothic, representan elementos constitutivos de la estética fundacional de Panopticon. Esto se vincula, también, con la influencia de la música folk y country, evidente no solo en las melodías, sino en la instrumentación (guitarra acústica, violín, banjo, acordeón, etc.). En términos musicales, la inspiración de este compositor y multi-instrumentista, que cuenta con colaboradores para tocar en vivo en formato grupo, proviene de bandas clásicas del género como Darkthrone y Emperor, en especial por su apego a la tierra, no tanto como nación, sino como madre. Un dato curioso: además de hacer black metal, Lunn tiene su propia cervecería artesanal.
Volviendo a las raíces de su propuesta artística, aparte de lo estrictamente sonoro, se nutre de una ideología de izquierda, más precisamente anarquista (incluso lanzó, en 2008, un single llamado “La Passione de Sacco & Vanzetti”). Sin embargo, el anarquismo de Lunn no se manifiesta mediante una posición militante, de participación activa en espacios políticos, ni tampoco con una presencia muy notoria de estas doctrinas en sus letras, sino con una actitud del tipo “off the grid”, viviendo en áreas rurales, totalmente dedicado a su arte, su familia y su cerveza. Podríamos compararlo con Herny David Thoreau (1817-1862), un naturalista y escritor estadounidense que, viviendo en una pequeña cabaña, redactó numerosos textos acerca de la desobediencia civil del individuo en contra de los gobiernos autoritarios, aunque en su vida, justamente, el aislamiento en la naturaleza era el máximo acto de expresión de su pensamiento.
Recorrer la discografía de Panopticon es una invitación a perdernos en la vertiente más idiosincrática, localista, del black metal de los Estados Unidos o USBM, a diferencia de muchas otras que podríamos considerar más “universales” tales como Krieg, Leviathan, Xasthur y Agalloch. Algunas propuestas bastante en línea con Panopticon son Wolves in the Throne Room y Mizmor, es especial su último disco de este año, “Prosaic”. Con cada nuevo álbum, el espíritu creativo de Lunn fue desarrollándose aceleradamente. Sin abandonar el aspecto folk/country/gothic Americana, todo fue adquiriendo dimensiones monumentales, empujando a Panopticon desde el black metal atmosférico hacia el post-black metal. Así llegamos hasta “The Rime of Memory”, que quizás sea uno de sus mejores discos o, para mucha gente, indudablemente el mejor.
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Haré referencia a las cumbres más altas que Lunn había alcanzado hasta el momento. “Kentucky” (2012), fue un homenaje a su hogar, con una fuerte presencia de instrumentos de la música sureña, en una oda a los paisajes y la vida en las minas de carbón. Con la inercia de los primeros lanzamientos, el sonido es bastante crudo, pero siempre hubo complejidad en la composición. Más allá de tocar una decena de instrumentos, Lunn es un gran baterista y un excelente guitarrista (ejecuta las seis cuerdas de manera que, por momentos, recuerda a Iron Maiden). Es un disco muy testimonial, con intenciones de ser un registro histórico (abundan los samples de discursos), tiene muchos atributos tradicionalistas (sobre todo canciones típicas). Luego se destacan “Roads to the North” (2014) y “Autumn Eternal” (2015), en los que la naturaleza pasa a estar en primer plano, con el paso de las estaciones. Son obras más pesadas, que, sin perder el lado folk, ni las bases black (blast beats, trémolos, shrieks), adquieren cualidades de death metal sueco, tendiendo al estilo de Gotemburgo. “…And Again Into the Light” (2021) se planteó como el comienzo de una trilogía que tiene su segunda parte en “The Rime of Memory”, de modo que, comprensiblemente, anticipó mucho de lo que se consolida en este nuevo disco de una hora y quince minutos de duración. Se trató de una excelente obra que mostraba una actitud épica, un enfoque de música progresiva, casi a lo Pink Floyd, y mucha mayor cohesión en cuanto a la incorporación de las diversas fuentes sonoras que crean la identidad de Panopticon.
“I Erindringens Høstlige Dysterhet” es una introducción instrumental que nos transporta a una cabaña de madera azotada por el gélido invierno del norte. Se oye el aullido de un lobo, al igual que en el primer track de “Autumn Eternal”. Así, “Winter’s Ghost” sigue con un largo pasaje acústico y coros rituales que generan el clima perfecto para desatar la tormenta, que, en efecto, acontece con toda fuerza. La batería es demoledora y la voz, que con el tiempo fue tornándose más grave, eleva un canto de semblante altivo. Lunn tiene algo del Zaratustra de Nietzsche, bajando de la montaña, reflexionando ante un público circunstancial. “Cedar Skeletons” es un track brutal. Los solos de guitarra, realmente virtuosos, se elevan entre la avalancha blanca que nos impacta. También aparecen samples vocales, tan frecuentes en la obra de Panopticon, que nos convoca a una introspección feroz. La temática que atraviesa todo el disco es la búsqueda del sentido de la vida ante la conciencia de la mortalidad, las formas de hacer que la existencia tenga un significado que valga la pena. Hacia la mitad hay una transición calma, con más samples. Los trémolos que van marcando la conclusión son memorables, sobrevolando etéreos sobre un fondo de coros cinematográficos. Como si fuera poco, emergen más gloriosos solos de guitarra.
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En la convulsión de “An Autumn Storm” adquieren protagonismo los sintetizadores y, otra vez en el medio del track, todo se torna más reflexivo, ralentizando el ritmo y recurriendo a melodías sencillas. A la vez, surge una sutil percusión melódica que luego lleva a un piano y acordeón. En “Enduring the Snow Drought” se alzan orgullosas esas guitarras al estilo Iron Maiden que ya mencionamos y son frecuentes en la obra de Lunn. En esta ocasión, la parte “relajada”, casi de espíritu jazzero, llega hacia el final, aunque el track vuelve a intensificarse, antes de un cierre con violines y contrabajo. “The Blue Against the White” arranca con apacibles y melancólicas reminiscencias de post-rock. Era esperable que todo se sacudiera y nos impactara directo en los huesos, como el frío cuando es cruel e implacable, tanto como era anticipable el retorno a la quietud, que sea, quizás, lo único que podríamos señalar como algo que ya se volvió un tanto esquemático en Panopticon, como si tan solo faltara dar el paso de animarse a abandonar la convencionalidad en la escritura. El bajo saturado de efectos que se destaca en los últimos tramos es un acierto absoluto.
“The Rime of Memory” es un álbum colosal, aunque no me atrevo a afirmar que sea el magnum opus. La música de Lunn me conmueve, más aún después de haber recorrido el sur de los Estados Unidos, pero sigo sintiendo que su búsqueda personal en medio de la dinámica entre la sencillez folk y las dimensiones míticas de lo sinfónico que pueden tener el black y el death metal, todavía tiene un largo camino que puede alcanzar puntos insospechados.


Tras una larga espera y varios cambios en la formación, por fin tenemos el nuevo disco de las rockeras internacionales Cobra Spell, quienes llegan este mes de diciembre con 666, su esperadísimo nuevo disco y el primero bajo el ala de Napalm Records.
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En este nuevo disco podemos encontrar justo lo que vamos buscando y lo que ellas quieren ofrecer un muy buen cóctel de hard rock con aroma clásico, combinado con toques de heavy metal y selazy y añadiéndole unas gotitas de AOR, dando como resultado un disco que de haber salido en 1986 serían las reinas del mundo, pero en 2023 pueden serlo pero de la actualidad dentro del estilo.
El disco abre fuego (y nunca mejor dicho…) con la super sexy y picantona “S.E.X.” que ya conocemos ya que lleva un par de meses circulando por las redes sociales y digitales, con lo cual poco podemos decir que no se sepa de esta pieza, el inicio a lo Mötley Crüe es una delicia y ya te da la energía para prepararte de cara al resto del disco.
Las guitarras de Sonia y Noelle suenan afiladísimas y muy potentes, mientras que Hale le imparte el ritmo que pide la canción y Kris te envuelve con ese tono sensual que tiene en esta pieza para avanzada un poquito la canción dejarte noqueado con un agudo espectacular. Los coros de todas le dan ese toque 80’s que tiene el tema y el picante estribillo hará que caigas rendido ante estas cinco reinas desde el minuto uno.
“Satan is a Woman”, es la siguiente invitada a la fiesta y a pesar de ser menos rápida en cuanto a ejecución se refiere que la anterior, no pierde ni un ápice de intensidad y combina ese hard rock tan potente con un toque blussy que podrían tocar Blues Pills, en su lado más rockero pero sin el filtro que tienen los suecos.
Tras el interludio “Hotline 666”, las chicas nos traen la desafiante y sexy “Bad Girl Crew”, donde la alusión a la propia comunión que han formado todas las integrantes juntas se hace más que evidente. Otra de las perlas del álbum con Kristina volviendo a destacar con su poderío vocal y el dúo de hachas entre Sonia y Noelle brillando y demostrando lo virtuosas y talentosas que son las dos y lo bien que se complementan juntas.
El ecuador del disco nos llega con otro bombazo como es “The Devil Inside Of Me”, el segundo single del disco y que nos muestra un lado algo más metálico de las chicas con ese comienzo guitarrero de Sonia echando fuego por medio de sus seis cuerdas y demostrando que a veces los cambios de dirección que ha tomado en su carrera han sido para mejor.
Pero tampoco se queda atrás la brasileña Noelle dos Anjos, que sin duda le aporta aún más poder a la banda con su destreza en la guitarra y conforma con Sonia un tándem demoledor.
Hale vuelve a brillar tras los parches y es que esta chica no sólo es una gran baterista si no que es la mejor que ha pasado por la banda hasta la fecha, la más completa, la más convincente dentro del estilo de la banda y la que mejor se defiende en directo con sus compañeras.
Para rematar el nivel de Kristina Vega es una absoluta locura, el talento que tiene esta mujer, lo bien que le quedan todos los tonos y las melodías que dibuja a lo largo de la canción son espectaculares y convierten a esta pieza en una de las mejores canciones del disco y de la banda sin duda alguna.
El punteo inicial de “Fly Away”, baja un poquito las revoluciones pero oxigena al disco y nos muestra un lado más alternativo si se quiere de estas chicas con un toque más melancólico y un solo de guitarra hermoso y que se complementa con las armonías vocales que nos regala Kris, es una de las piezas que seguramente la gente tarde en descubrir pero que cuando lo haga podría ser de las favoritas del público ya que sin hacer ruido se te va quedando grabada en tu interior.
El mensaje de “Love = Love” destaca y con el sonido rockero de la canción lo hará aún más en directo con ese guiño a Dokken en el estilo de la canción. Sin duda la canción con más toque AOR del álbum.
La caña vuelve de nuevo con “Love Crime”, un híbrido entre “S.E.X.” y “The Devil Inside of Me”, con las guitarras volviendo a ser protagonistas y ese aroma sleazy que te envuelve y que si te gusta el hard rock metal clásico seguramente te encante.
“Warrior From Hell”, es el último single de las chicas y lo cierto es que ha sido todo un acierto ya que la intensidad de la canción encaja de perlas con las dos anteriores y aporta otra cara de las chicas en el aspecto comercial, con Hale y Rox muy bien en la base rítmica y Kris brillando una vez más ya que incluso en los tonos melódicos no pierde la fuerza que tiene y es imposible no caer rendido a sus encantos detrás del micrófono.
El disco se acaba pero tenemos que destacar el lado macarra y con cierta actitud punk de “You’re a Cheater” con un solo espectacular de Sonia Anubis, quién además de su belleza y virtuosismo musical, tiene unos ovarios como pocas en la industria para no haber desistido hasta dar con la formación adecuada para Cobra Spell.
Pues el trabajo está más que concluido pero el resultado final es más que notable y destacado y es que estas cinco mujeres han creado el mejor disco de la banda hasta la fecha y son sin duda las personas ideales para acompañar a Sonia Anubis y Kris Vega en esta aventura que visto lo ofrecido aquí tiene pinta de llevarlas muy lejos y con la solidez que tienen todo pinta a que nada ni nadie podrá pararlas.
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Briqueville es una banda belga que, desde hace una década, está envuelta en misterio. En vivo los artistas se presentan con atuendos que preservan el anonimato y les otorga un semblante ceremonial. Su música crea atmósferas que pueden resultar desde hipnóticas hasta perturbadoras, a través de una mezcla de doom metal y post-rock con elementos industriales. Algunas comparaciones posibles podrían ser Locrian, Kollaps y Vorare. Este es su cuarto lanzamiento y continúa la numeración de los tracks que, por supuesto, comenzó desde el número uno en el primer disco.
“AKTE XVI” es un inicio oscuro, que va evocando el clima lúgubre que se mantendrá a lo largo del álbum. Una melodía repetitiva de guitarra suena sobre un fondo de sintetizadores, hasta que una voz casi ceremonial hace su aparición, y luego se suman una suerte de alaridos y gemidos a la distancia. Cuando irrumpe la percusión, parece como si la perdición cayera sobre nosotros, con los teclados adquiriendo más protagonismo.
Cuando empieza “AKTE XVII”, se incorpora un bajo muy potente, que agrega un tono amenazante a la línea de guitarra, y el ritmo lento de la batería. El teclado mantiene su presencia clave para la composición. La intensidad va aumentando y se genera una tensión que lleva hasta el momento en que un recitado da paso a una sucesión de variadas voces que crean un paisaje sonoro sobrenatural. El machaque de guitarra hacia el final es aplastante.
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El riff repetitivo que abre “AKTE XVIII” parece aserrar los huesos, acompañado por unas notas emitidas por teclas de precisión temeraria en su plan de convocar el horror. La percusión refuerza la actitud ritualista de la música de Briqueville, que se destaca por el logro de una totalidad emocionalmente efectiva, a partir de la combinación casi fractal de partes sencillas. Parece haber una búsqueda de un trance, una invitación a la introspección y a la creación de una imaginería mística. Las partes de guitarras se imponen entramándose con una actitud post-metal de alcances épicos. Las vocalizaciones espectrales le agregan un tinte siniestro.
“AKTE XIX” se orienta mucho más hacia lo ambient, casi sacro, con un canto de reminiscencias gregorianas flotando etéreo sobre la cacofonía de una guitarra desquiciada. Así llega el último track, “ARTE XX”, que propone una sorprendente sucesión de riffs. Incluye compases con una base de bajo en primer plano y otros de cualidades minimalistas que apelan a lo esotérico. Conforme todo se acerca a la conclusión, la impresión es que cada elemento va sumando fuerza al empuje hacia el clímax. Los lapsos instrumentales más poderosos pueden recordar a bandas como Year Of No Light. Un trabajo de recomendación absoluta para amantes de la música pesada de enfoque ecléctico en pos de una exploración poética.


Ragana es un dúo, formado en 2011, de “queer antifascist sentimental destruction doom” con base en Oakland, más precisamente, en los bosques neblinosos de la bahía de San Francisco. Si intentamos acotar la deliberadamente artificiosa etiqueta inventada por las dos mujeres que integran la banda, Maria y Nicole, podríamos decir que ejecutan un blackened doom metal con elementos folk y cimientos ideológicos feministas, antifascistas, antirracistas y anticapitalistas. Comentario adicional: gente, basta de creer que tener un celular de última generación y ser anticapitalista es contradictorio, pensar eso es demostrar una ignorancia palmaria. Llegado este punto de la historia, ser anticapitalista no es, ni siquiera, estar en contra de la propiedad privada o de las empresas, sino que es tener a los Derechos Humanos como prioridad, pensarlos como obligación ineludible de toda sociedad organizada, y oponerse a que haya pobreza coexistiendo con niveles obscenos de riqueza acumulada, así como a la destrucción del medioambiente en pos de generar ganancias. Dicho con más simpleza: es negarse a que el dinero o la productividad deban ser el sentido de todo; es proclamar que es repulsivo que se invierta más en guerras que en terminar con el hambre mundial, o en viajes por placer de multimillonarios al espacio, en vez de limpiar los cursos de agua contaminados. La naturaleza es una fuente de inspiración muy importante para Ragana, así como la vida en la trama de las relaciones de poder. En esta línea filosófica, es un proyecto que puede asociarse con otros como Panopticon, Wolves in the Throne Room, Thou, The Body, Vile Creature y Cathari. En términos estrictamente musicales, también pueden trazarse vínculos con Oathbreaker y Predatory Void.
“Desolation’s Flower” es el mejor disco de la banda hasta la fecha. Estas dos chicas que pueden alternar en los roles de guitarrista, baterista y cantante, nos ofrecen una sublime oda a la angustia existencial en tiempos de locura patriarcal consumista. Una instrumentación mínima y una máxima emoción, hacen de la música de Ragana una experiencia visceral. Ya el primer track, homónimo al disco, empieza con un riff que es un destilado de melancolía, acompañando un canto desgarrador, sobre un ritmo apesadumbrado, que luego se acelera y da paso a líneas de guitarra que demuestran cómo puede hacerse de la simpleza, una virtud expresiva. En cuanto a la voz, el acierto comunicativo está en la total y permanente honestidad. Esta canción puede tomarse, según sus creadoras, como “un himno de gratitud a cada ancestro queer o trans”.
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Sigue “Woe”, con más riffs de exquisita elaboración, y una voz que se torna melódica en algunos lapsos. La distorsión que usa Ragana tiene algo de esa onda noventera que remite a “Zombie” de The Cranberries o a “Zero” de The Smashing Pumpkins. Todo se vuelve más sombrío y denso en “Ruins”, una canción minimalista y espesa. La magia de estas dos “brujas” reside en llegar directo al corazón con una mezcla de muy pocos elementos, pero demasiado poderosos. La explosión al final de este track es sublime.
“DTA” comienza como una dulce balada, que se va convulsionando, a partir de la inclusión de un sample de la grabación de una revuelta social en Oakland. Se desatan la bronca y la indignación plasmada musicalmente. Sin interludios llega “Winter´s Night Pt.2”, que continúa aumentando la intensidad, con una composición que va desplegando cambios que le dan al conjunto total una heterogeneidad magistralmente cohesiva. Ragana no hace una música pretenciosa, todo lo contrario, es lo más directa posible.
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El recuerdo de la música alternativa de los 90’s se vuelve más potente que nunca en “Pain”, con esa alternancia entre momentos de calma y ternura, con estallidos saturados de efectos que alteran la señal emitida por las micrófonos que captan la vibración de las cuerdas. Se trata de una de esas canciones que nos llevan a admirar un paisaje hermoso a través de la ventanilla de un auto que nos aleja de la locura cotidiana en un viaje hacia la oportunidad de algo distinto. Sin embargo, “In the light of the Burning World”, ya desde su mismo título, nos anuncia que la cosas están muy lejos de estar bien. La delicadeza se extiende, la voz es muy dulce, pero el clima es de gran tristeza y va agitándose hacia el final, como si el cielo de nublara y todo se oscureciera. Así termina un álbum catártico, que con excelencia conjura fuerzas que sacuden el espíritu.


Krieg es una leyenda del black metal estadounidense, pero no es un proyecto prolífico, seguramente porque está atado a los avatares de la vida de Neill Jameson quien, durante los últimos años, se convirtió en un hombre de familia. El line-up ha ido cambiando en torno a su figura. Lo último que la banda había lanzado fue un split con Integrity en 2018, y el disco de estudio más reciente con el que contábamos, “Transient”, data de 2014. En este marco, “Ruiner” es el primer álbum de Krieg después de casi nueve años.
Está muy claro que Jameson siempre quiso mantener un pie en lo más tradicional del black metal: el sonido crudo, los rasgos técnicos esenciales como el blast beat y el trémolo, la estética sencilla de reminiscencias ancestrales y, ocasionalmente, el uso de corpse-paint. No obstante, también resulta más que evidente que el otro pie está en otro lado, al que podríamos ver como un territorio levemente experimental, muy influenciado por el post-punk y el movimiento darkwave, así como por el hardcore. En este sentido, pueden entenderse las colaboraciones con The Body, por ejemplo, y la versión de “Venus in Furs” de The Velvet Underground, o el lanzamiento conjunto con Integrity. Pero, más allá de esto, esa doble vertiente se combina en la música de la banda, sobre todo en los últimos álbumes. El ya mencionado “Transient”, “The Isolationist” (2010) y “The Black House” (2008), mis discos favoritos de Krieg, tienen momentos que, armónica y melódicamente, son hermosos, aunque no se busque ninguna delicadeza. Quizás exista un componente de belleza en el caldo creativo de Jameson y éste emerja a su pesar.
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El arte de tapa es muy old school, hay que decirlo, y “Bulwark” es un comienzo rabioso, que casi nos transporta a los tiempos de “Destruction Ritual” (2007), y ni hablar de las fuentes noruegas en las que estos estadounidenses abrevan. Sin embargo, no tarda en irrumpir ese ímpetu post-punk en forma de un cambio rítmico notable y una línea de bajo casi a lo Simon Gallup de The Cure. Lo que jamás deja de sonar con furia es la voz. El mencionado cambio se repetirá en una dinámica alternante entre los dos pilares del sonido de Krieg. Se despliegan unas líneas melódicas bien logradas, sobre la textura de los trémolos. “Fragments of Nothing” se orienta hacia el lado más D-beat, a la vez que la voz se torna más gutural: se encara la veta crust de la banda. A esta altura ya se nota que hay un gran acierto en el trabajo de los dos guitarristas en esta formación: Poole y Riley. Se destaca un punteo tan simple como melancólico.
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“Red Rooms” tiene cualidades que, de alguna manera, suenan como si se estuviera ejecutando lo más antiguo de un género, pero con un enfoque moderno. Se sabe de la admiración profesada hacia los viejos Mayhem, Darkthrone y Gorgoroth. En un momento, todo se ralentiza, y el canto exhibe una actitud muy histriónica, bastante típica en Jameson. “Solitarily, A Future Renounced”, que fue el segundo single, es un track brutal pero que mantiene esa virtud melódica que tan bien sabe explotar Krieg. Aquí la batería es abrumadora: no compleja, pero inclaudicable. La tormenta continúa en “Manifested Ritual Horror”, donde todo es vertiginoso hasta que aparecen los tramos de punk rudimentario.
El primer single, “No Gardens Grow Here”, tiene una de las melodías de guitarra más memorables de todo el álbum. Cabe señalar que, a lo largo del disco, la calidad de la grabación y la mezcla dan cuenta de una intencionalidad que se aleja de una comprensión superficial de la “crudeza” dentro del género. “An Execution In The Kingdom of Ideas”, además de un interesante título, muestra una faceta todavía más cavernosa que la recorrida previamente y “The Lantern and the Key” recupera algo de ese aspecto darkwave, con una voz lánguida, durante un lapso, y un ritmo menos frenético, con un bajo protagónico y trémolos de guitarra exquisitos. Termina así un gran disco, que, aunque para mí no supera a mis preferidos del grupo, sí deja que se note una evolución en el sonido y es una obra más que bienvenida por el público seguidor, no solamente de la banda, sino del black metal en general.








