

Como cada mes, desde el staff de TTH te traemos nuestras recomendaciones de lo que estuvimos escuchando. En esta oportunidad hubieron grandes exponentes de bandas consagradas y nuevas propuestas para el deleite de nuestros oídos.

1) Astraya – Atropine
Astraya mediante este álbum te lleva a un viaje oscuro y hermoso que no te suelta fácil. Este segundo álbum de la banda alemana de Stuttgart construye una atmósfera densa y melancólica que recuerda en espíritu a lo que Katatonia supo hacer con la tristeza: convertirla en arte. La voz de Melina Abele es el centro de todo, hipnótica y poderosa, capaz de arrastrarte sin que te des cuenta. El disco mezcla dark rock, doom y metal con una coherencia conceptual sólida, explorando temas como la muerte, el tiempo y la fragilidad humana.
No es un disco fácil ni festivo, pero si buscás música que te hable de verdad en los momentos más grises, Astraya encontró las palabras que vos no podías.
2) At The Gates – The Ghost Of A Future Dead
Hay discos que trascienden lo musical, y este es uno de ellos. Grabado antes de que Tomas “Tompa” Lindberg perdiera su batalla contra el cáncer en 2025, este cierre discográfico es una despedida devastadora y un documento de fuego puro a la vez. La voz rota y feroz de Tompa suena como si viniera del fondo del alma, con riffs que siguen siendo inalcanzables para cualquier otro.
No es el disco más fácil de escuchar sabiendo lo que sabemos, pero sí uno de los más necesarios: un epitafio brillante para uno de los más grandes del metal.
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3) Pure Wrath – Bleak Days Ahead
Nos encontramos ante el cuarto álbum del proyecto solista indonesio de Januaryo Hardy, y viene con una propuesta clara: el black metal atmosférico como lamento por un mundo que lo exige todo y devuelve casi nada.
El disco es más frío y agresivo que su aclamado antecesor Hymn to the Woeful Hearts, pero no pierdas la paciencia: debajo de esa superficie áspera vive la misma melancolía de siempre, solo que más enterrada. Saxofón, órgano Hammond, trip hop y canto gutural conviven en apenas cinco canciones sin desperdiciar un solo segundo.
Si te va el post-black metal con corazón y verdad, es obligación escuchar este disco.
1) Sugar Spine – Soul Before Spirit
El EP Soul Before Spirit de Sugar Spine es un trabajo breve pero muy efectivo que combina partes melódicas con momentos más agresivos cercanos al metalcore y deathcore. Desde la intro “Daun”, que marca el tono del disco con una progresión creciente, hasta temas como “The Coldness Of Your Absence” y “Chained To Your Garden”, la banda demuestra un buen manejo de los contrastes entre intensidad y melodía. El cierre con “Prisioner of More” deja una sensación sólida, confirmando que se trata de un EP compacto, bien ejecutado y que posiciona al grupo como una propuesta a tener en cuenta.
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2) Vomitory – In Death Throes
Vomitory se mantiene fiel a su esencia en In Death Throes, ofreciendo un death metal directo, contundente y sin intención de reinventarse, pero sí de afinar su fórmula. Tras una trayectoria marcada por discos clave y un breve parón, su regreso reciente consolidó un sonido que combina agresividad, riffs efectivos y toques de grindcore. En este nuevo trabajo, apuestan por un enfoque algo más equilibrado, manteniendo la fuerza habitual pero con estructuras más trabajadas y ritmos menos desbocados, lo que aporta variedad sin perder identidad. El resultado es un álbum sólido que recoge elementos de distintas etapas de la banda, reforzando su propuesta clásica con pequeños matices que enriquecen la escucha sin desviarse de su ADN.
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3) As Everything Unfolds – Did You Ask To Be Set Free?
El nuevo trabajo de As Everything Unfolds, Did You Ask To Be Set Free, llega tras tres años de espera y marcado por la pérdida de su batería, consolidando a la banda dentro del metal alternativo actual. Con una propuesta versátil que mezcla pop, rock, metal e incluso electrónica, el álbum destaca tanto por la variedad instrumental como por la evolución vocal de Charlie Rolfe, quien alterna melodías pegadizas con registros más agresivos. A lo largo del disco, la banda explora diferentes emociones y dinámicas, desde temas más intensos hasta momentos más calmados, siempre con una producción moderna y cuidada que prioriza la atmósfera y el mensaje por encima del virtuosismo técnico. El resultado es un álbum sólido, accesible y emocional, que aborda el duelo y las dificultades personales mientras reafirma el potencial del grupo en la escena actual.
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1) The Amity Affliction – House Of Cards
De nuevo. No me gusta taaaanto el metalcore. Se me hace muy poco orgánico y para alguien muy atado a lo humano, puede ser un dolor de hue…La cuestión es que esta banda la rompe y este disco más aún. Es una producción muy bien lograda, con una mezcla perfectamente equilibrada de guturales y voces limpias y canciones con melodías muy pegadizas. Para mi, por lo que implica que un disco de metalcore, le gusta a alguien como yo, este se lleva el primer puesto.

2) Saratoga – En Estado Puro
Una banda que escucha mucho en mi adolescencia y después empecé a dejar de lado como todo el power metal, para adentrarme en géneros mas extremos. Se me dio por escuchar este, su último disco, el viernes pasado ni bien salió y fue enorme la sorpresa que me llevé. La rompe. Asi, lisa y llanamente. Power metal español con una producción muy natural, muy 2milera si me permiten el adjetivo. Encima con muy buenas letras y la voz de Tete Novoa que es de las mejores (sino es la mejor) del metal en español.
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3) Immolation – Descent
Y si, no mucho para decir. Creo que Immolation no ha sacado un disco malo. Dedicar unos 40 minutos de tu vida a escuchar discos de estos tipos, es apostar a la buena calidad ya de antemano. El buen death metal que da gusto escuchar. No mucho más para decir.
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1) At The Gates – The Ghost of a Future Dead
Para los aficionados al Death Metal Melódico este bien puede ser el mejor disco de todo el año además de uno de los más esperados. Supone un retorno magistral a las raíces de la banda, logrando un hermoso equilibrio entre la agresividad de Slaughter Of The Soul y la profundidad de At War With Reality. La vuelta del guitarrista Anders Björler es clave: su composición a medias con su hermano Jonas recupera ese sonido directo y con dejes thrash que los hizo leyenda, pero inyectando esta vez pasajes progresivos y una ferocidad renovada que lo posiciona, desde ya, como un clásico de su discografía.
Y desde luego, este álbum no solo supone un nuevo hito en el sonido de Gotemburgo, de manos de una de sus bandas más representativas, es que además encierra el legado del tristemente fallecido Tomas “Tompa” Lindberg. En el disco, Lindberg desarrolla un rango vocal tan tremendo y potente como siempre, que nos permite recordarle con todo su esplendor artístico. El single “The Fever Mask” viene acompañado de un emotivo videoclip que repasa algunos momentos significativos de su vida profesional y personal. Su memoria nos acompañará siempre. Lee la reseña completa ➤ Aquí
2) Lord Of The Lost – Opvs Noir Vol 3
Tenemos entre manos un disco muy atractivo, muy glam y muy noir, con canciones de enorme calidad y variedad en la que cada uno de los cinco instrumentistas tiene su momento de virtuosismo y lucimiento, así como el vocalista Chris Harms, quien hace gala de todo su rango e incluso nos regala una perfecta pronunciación en francés en la canción “La Vie Est Hell”.
Me resulta muy difícil destacar cuál es mi tema favorito, pero sin duda “My Funeral” y “I Hate People” son algunos de los que se han insertado en mi cerebro y van a acompañarme por una larga temporada.
Además, el trabajo viene acompañado con un montón de videoclips interesantes y toda una plétora de colaboraciones (Saltatio Mortis, Wednesday 13, Hannes Braun, Xandria y Cats In Space), todas deliciosas guindas en un pastel oscuro y pegajoso como el chocolate fundido. Una impecable manera de cerrar este ambicioso proyecto, en forma de trilogía, que los alemanes comenzaron el pasado verano de 2025.
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3) Anneke van Giersbergen – La Mort
Y como no solo de metal vive el hombre, o en mi caso la mujer, también ha estado escuchando muchísimo el nuevo EP de Anneke van Giersbergen. Un trabajo tremendamente personal y único, que no encaja exactamente en ningún género definido, pero que conecta perfectamente con la sensibilidad del metal por parte de una veterana de la escena.
Se trata de la segunda parte de su trilogía: La Vie, La Mort, L’Amour. Canciones íntimas y luminosas, que sin embargo tratan temas complicados. Un equilibrio que Anneke consigue desarrollar a la perfección en este proyecto en solitario.
La perfección técnica y la honestidad de su sonido, que para nada depende de elementos de postproducción, lo convierte en una pequeña joya, de apenas cuatro canciones, que sin embargo pintan un paisaje muy completo, cada una con diferentes variaciones y matices. Impecable, como todo lo que hace ella.
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1) Nervosa – Slave Machine
La banda comandada por Helena Kotina y Prika Amaral, han vuelto este 2026 con uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, demostrando que cuando quieren pueden, entregando un ejercicio impecable de brutalidad sonora, destreza instrumental y un combinado de canciones más que notables y donde podemos ver que aún tienen mucho que dar dentro de su escena.
La aportación de Michaela Naydendova a los parches es otro de los puntos positivos del disco, justificando de sobra su regreso a la banda y veremos cuanto más son capaces de sorprendernos estas cinco reinas del metal extremo actual.
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2) Kaelis – Stellar Waves
Con su nuevo disco, la banda sevillana, evidencia como no es necesario recurrir siempre a mirar lo que se hace fuera, para tener un disco lleno de calidad y grandes canciones, sobre todo en un estilo tan complejo y lleno de matices como el metal sinfónico.
Sin embargo, lo que Bethany Neumann y compañía ofrecen, es de una calidad, un buen gusto y un grado de epicidad que van a sorprender a todos los amantes del sonido sinfónico, gracias a temazos como “Omen” o “Dark Shadows of Ulderion”.
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3) Hokka – Via Miseria IV
Tras su salida de Blind Channel, Joel Hokka, demuestra con este nuevo proyecto personal, como su calidad artística es indiscutible y presenta un sonido delicado, moderno, cañero, melódico y con muchos matices a descubrir en cada escucha que uno le de a este primer disco de la banda finlandesa.
Las referencias son fáciles de identificar, pero lejos de ser una mera copia, Hokka toman todos los elementos que los han influenciado y los inyectan con sus diferentes personalidades, dando como resultado un debut que está muy por encima de lo que se podía esperar.
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1) At The Gates – The Ghost of a Future Dead
Un album que demuestra que At the Gates todavia tenia cosas por decir. Con otro disco fenomenal donde los riffs melodicos mezclados con la violencia de la bateria y las voces logran una conjuncion tremenda y efectiva.
Lastimosamente, tambien sirve como homenaje y despedida al fallecido vocalista, Tomas “Tompa” Lindberg. Figura clave en el death metal melodico sueco.
Los cuernos en alto para despedir a Thomas y a At the Gates, que se fueron por la puerta grande.
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2) Immolation – Descent
Immolation es una banda que no falla con sus discos. Hace años que vienen entregando trabajos de una calidad tremenda. Este no es la excepción, pero a diferencia de sus trabajos anteriores, este busca crear una atmosfera densa, pesada y envolvente. Todo gracias a riffs demoledores, una bateria completamente desquiciada, solos alocados y una densidad creada por todos los instrumentos a la vez que se siente tan pesada que dan ganas de abrirse una cerveza y mover la cabeza.
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3) Vomitory – In Death Throes
Que gran mes para el death metal! Y vamos a cerrarlo con este gran disco de Vomitory. No inventa mas nada, pero esta plagado de riffs macabros y malevolos. Estos acompañados con ritmos de bateria asesinos, que te obligan a mover la cabeza y agitar el puño. La voz, esta salida del infierno. Es un vomito bien grave que no para de escupir blasfemias y relatos e asesinatos. Un disco de death metal con todas las letras.
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1) Corrosion of Conformity – Good God / Baad Man
Después de ocho años, COC vuelven a las andadas. Considerando la salida de por medio de Mike Dean en 2024, no me esperaba mucho de esta nueva entrega de los de Carolina del Norte, pero me callan la boca con una colección de canciones en el punto justo de riffs, melodías y pesadez, con ese toque de metal sureño tan característico de ellos.
2) At The Gates – The Ghost of a Future Dead
Con la muerte de Tomas “Tompa” Lindberg, se fue una de las voces más características de la movida melodeath sueca de los noventas. Pero por suerte, el cantante no se fue sin antes dejar grabado el mejor álbum de la “nueva etapa” de At The Gates, sin grandes cambios en su sonido pero ajustando todo lo que venían demostrando e intentando en el nuevo milenio. Un gran tributo al cantante. Lee la reseña completa ➤ Aquí
3) Kaatayra – Caminhos de água
Todo indicaba que Inpariquipê sería el último álbum del proyecto brasileño Kaatayra, pero a cinco años de aquel álbum Caio Lemos vuelve al ataque con su particular interpretación del metal, completamente sumergido en la humedad y oscuridad de las selvas brasileñas y dominado por las guitarras acústicas. Una atmósfera alejada de la civilización, pero con la sensación constante de que todo pudiera terminar en cualquier momento.
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La popularidad de un grupo no se mide solo en sus puestos de rankings, ni en la cantidad de premios que obtienen y ni tampoco en sus números de visitas en las plataformas digitales. A veces se necesita revalidarlo sobre el escenario. Mediante el nivel de convocatoria. Y esa es una de las principales virtudes de In Flames, quién a lo largo de los años, fue elevando la cantidad de fanáticos y aficionados que los siguen.
En esta oportunidad, los suecos visitaron el país por 5ta vez, en el marco de una gira que prometía dos cosas: reafirmar ese estatus de popularidad que fueron ganando con el tiempo y repasar los mayores hits de su carrera.
Para ello, el conjunto liderado por Anders Fridén se presentó en el Teatro Flores. Escenario en el cuál dijeron presente por primera vez, tras haber tocado anteriormente en recintos de menor capacidad (por excepción de su última visita en el Arena Sur).
Un pequeño adelanto que presagiaba que se podía llegar a tratar de una noche cargada y movida de gente. ¿El resultado? Por lo pronto, para haber sido un domingo de superclásico en Argentina, el recinto ya disponía de una buena cantidad de fanáticos para cuando arrancó BloodParade.
20:30 estaba programado la hora de arranque para el elenco nacional que tuvo que reemplazar a Crown, debido a que los rosarinos se tuvieron que dar de baja unos días antes por problemas de salud de uno de sus miembros
Como todo sucedió de forma repentina, evidentemente se tuvo que recurrir a una solución inmediata. Y para tratarse de una aparición de última hora, la verdad que la propuesta de BloodParade terminó encajando mucho mejor de lo esperado con la temática de la noche.
Si bien se trató de un estilo gótico más industrial, con una estética visual que trajo a Rammstein a la mente de más de uno, en términos musicales no estuvo tan alejado de la línea moderna de trabajo que viene manejando In Flames en el último tiempo. Por lo que en ese sentido, la presencia de esta banda resultó positiva.
Lo que quizás no fue tan positivo fue el sonido, que no se acabó acomodando y dio como resultado una actuación más diluida y ruidosa que prolija. Eso sí, el grupo compensó estas dificultades con compromiso y actitud.
La salida de In Flames también se dio a horario. 21:30 puntual los suecos ya estaban incendiando el lugar con “Pinball Map”, desatando la euforia y locura de un público que recibió con los brazos abiertos el impacto musical de los de Gotemburgo.
Lamentablemente los problemas técnicos de sonido dijeron presente nuevamente y se mantuvieron durante gran parte de la noche. Y acá hay que hacer un punto, porque así como hay bandas con fama de ser demoledores en vivo, hay otras que tienen la desdicha de no sonar tan bien sobre el escenario. Y tristemente In Flames, entra en el segundo lote. O al menos, sus presentaciones en Argentina siempre se caracterizaron por eso. Y en esta oportunidad, no fue la excepción.
Las guitarras no hallaron nunca la nitidez y claridad que debían. Sonaban sucias y desdibujadas. Como si le faltaran definición. En su lugar, se percibía una bola distorsionada que no le permitió brillar ni a Björn Gelotteni ni a Chris Broderick.
Por su parte, la voz Anders Fridén tampoco terminó por alcanzar vuelo. Se lo escuchaba bajo en la mezcla, y un poco apartado del resto de los instrumentos. Un desajuste vocal que se sostuvo durante los primeros minutos.
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Afortunadamente, a medida que avanzaron los temas, el sonido terminó por encontrar esa definición que precisaba la música de In Flames. Y es que el set del quinteto tuvo un fuerte enfoque en su etapa más moderna y en su último trabajo, Foregone (2023). En piezas como “In The Dark” y “Voices” cuyos riffs y estribillos gancheros pusieron a la gente a corearlos.
Sin embargo, la verdadera fiesta comenzó cuando empezaron a caer los clásicos más populares del grupo. Y es que a partir de “Cloud Connected” hubo una seguidilla de hits como “Trigger” y “Only for the Weak” que pusieron a todo el mundo en el Teatro a saltar.
A estas alturas, ya pocas esperanzas la quedaban a los fanáticos que asistieron soñando con que el grupo se saque del baúl de los recuerdos, alguna perla de su etapa primeriza perteneciente al melodeath. En especial, aquellos que fueron pensando que capaz había un guiño con “Moonshield” o “Graveland” por el 30 aniversario de The Jester Race (1996)
Pero tal como se olía, al final nada de eso sucedió. Y el show siguió su curso con piezas de su era moderna y con un sonido que dejó atrás el mal sabor a boca del comienzo. De esta forma, la jornada culminó con “Take This Life”, que desató la última batalla campal del domingo.
Los suecos cumplieron. Al menos con sus dos grandes propósitos, ya que en primer lugar, tocaron la mayoría de sus éxitos modernos con solvencia y calidez. Y en segundo, porque reafirmaron esa admiración y devoción que despiertan en sus fanáticos. Con una gran convocatoria, In Flames demostró que su nombre sigue resonando. Que su gente responde. Y que su estatus de popularidad se preserva.
Agradecemos a Icarus Music por la acreditación y la realización del evento.
Fotografia portada: Gentileza Martin Darksoul
Etiquetas: argentina, Metal Progesivo

Ópera Magna es una banda muy querida en la capital, aunque nos visiten poco, y esta noche se había anunciado un completo sold out. Es por eso que desde muy temprano se acumulaban los primeros valientes a las puertas del club Rockville. Nervios y alegría removían a los congregados, que corrieron al frente de la alargada sala en cuanto se abrieron las puertas. Apenas cabían unas diez o doce personas en cada fila y allí se fueron situando los más devotos, dispuestos a esperar lo que hiciera falta para disfrutar de una de las mejores bandas del metal sinfónico que ha dado nuestro país.
Los encargados de abrir el evento fueron los también valencianos Astral Experience. Lo que significa que el batería Juan Lahuerta, que integra ambos proyectos, iba a tener una noche de aúpa. Pero él es incansable e hizo que incluso pareciera sencillo desplegar tanta energía sobre el escenario.
La experiencia astral comenzó con un inserto techno que animó mucho a la audiencia, para después golpear con un metalcore pesado e interesante, con toques progresivos. Exploraron la disonancia, tanto en lo instrumental como en la combinación de dos vocalistas, para limpios y guturales.
La banda, que se fundó hace más de diez años con un planteamiento más cercano al progpower, ha evolucionado bastante desde entonces, con un resurgimiento importante a partir de 2024. Su vocalista habitual es el carismático Ovidi Bea: un frontman experimentado, quien ahora comparte generosamente las voces con el recién incorporado Jaime “Jaiscream”, encargado de los mencionados guturales. Han compuesto nuevas canciones pensando ya en dos micros (como “Versus”, una de las más nuevas), o incluso diría que tres, ya que el guitarrista, Rubén Albaladejo, realiza bonitos coros, además de hacer verdaderas virguerías en sus técnicos solos.
Les acompañaba para el directo el bajista Jesús Parejo y debo decir que su presencia tanto en el sonido, como en el escenario, son muy potentes. Además se prodigó en tapping y palm mutes, para acentuar el carácter djent que también explora la banda.
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Causaron una muy buena impresión y se ganaron un buen puñado de fans, que iluminaron la sala con sus móviles en “A Tu Lado” y brincaron hasta el techo en varias ocasiones. La versión del “Get Lucky” de Daft Punk sorprendió positivamente, recuperando los insertos techno del comienzo de la actuación.
Salvo por algún problema técnico con el micro de Ovidi, que nos dificultó en un par de temas escuchar su hermosa voz, hicieron un gran trabajo calentando al público. Jaiscream se esforzó por implicar a la audiencia e incluso se mezcló con el público, bajando a cantar junto a él: consiguió abrir las aguas del Mar Rojo, que rápidamente volvieron a cerrarse ya que nadie quería perder su puesto al frente de la sala, ante la inminente entrada de Ópera Magna.
Tras un intermedio para cambiar el equipo, en el que Juan Lahuerta aprovechó para refrescarse y metamorfosearse en el batería de Ópera Magna, la banda entró en el pequeño escenario, que temblaba por los vítores del público. Se sumaron progresivamente: Nacho Sánchez a los teclados, Enrique Mompó y F. Javier Nula a las guitarras, Alejandro Penella al bajo y, finalmente, con la mayor ovación si cabe, el vocalista José Vicente Broseta.
Una bienvenida muy cálida y esperada, que se extendió las casi dos horas que duró el set, pues el público demostró su devoción en cada minuto de la actuación: alabando y haciendo reverencias a la banda, intercambiando saludos y sobre todo, cantando todas y cada una de las canciones.
Y es que el público cantó las letras, cantó los solos y tarareó las melodías. Todo el grupo estaba visiblemente encantado. José Broseta tuvo que parar en alguna ocasión para decir con una gran sonrisa: “si es que os las sabéis mejor que yo”.
Realizaron un set tremendamente generoso, intercalando los temas más emblemáticos de su último disco, Heroica, con los de Poe, cuyo 15º aniversario es el motivo principal de la gira. Y desde luego, también tocaron sus grandes éxitos, muchos de los pertenecientes a su trilogía Del Amor y otros Demonios. Parafraseo una conversación escuchada entre el público, pues creo que es muy acertada: “no dejan de tocar temazos” decía un amigo “es que solo tienen temazos” le contestaba el otro.
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Por todo ello, es difícil señalar un momento álgido en este concierto; mantuvieron la sala en alto en todo momento. Aunque sí debo destacar la colaboración de Mar López, violinista de Circe, en “El momento y la eternidad”, adornando aún más, con su música y su carismática presencia una composición muy hermosa. También presente en la sala estaba Joaquín Padilla, que no actuó, pero que es amigo de la banda y les da cabida en su proyecto Legado De Una Tragedia: fue saludado desde el escenario.
Cada uno de los miembros de la banda tuvo su momento de oro. Es todo un placer presenciar los solos de Javier Nula: elásticos y cristalinos. Nacho Sánchez hizo las delicias de todos con su teclado, sobre todo en la intro de “El retrato oval”. Alejandro Penella, muy dinámico, me hipnotizó tocando sus particulares cuerdas de bajo color rosa neón, y Enrique Mompó, con su larga melena rizada acariciando su sonrisa, nos ofreció una magnífica guitarra rítmica, así como emocionantes coros. Se vieron en todo momento muy arropados por el calor del público.
Hacia el final de la actuación, la banda bromeó con la audiencia y preguntó si adivinarían las últimas canciones, cosa que hicieron infaliblemente. También retaron a Broseta a cantar “El Último Caballero”, pero eso deberá ser en otra ocasión.
Generosos hasta el final, la banda emplazó a sus fans para saludarse tras la actuación, cosa que hicieron en cuanto hubieron recogido el equipo. Todo el mundo quedó satisfecho.
En resumen, un llenazo en toda regla. Una experiencia de amor y devoción en la que el público no sólo acudía a escuchar las canciones sino a cantarlas con toda la banda y vivirlas con ellos.
Que Ópera Magna, una banda tan querida, tan experimentada y con tanta calidad musical, no esté girando por más y más grandes salas de toda la geografía española, me hace entristecerme un poco por el panorama de la industria musical en España. Pero afortunadamente este año aún les quedan varias fechas por delante: Murcia el 22 de mayo, Bilbao el 30, Valencia en julio (junto a Warcry), Castrillo Metal Fest en agosto y finalmente Alicante en diciembre para el festival Desolation.


Machine Head regresará a Glasgow el próximo 14 de mayo con un formato especial bajo el concepto “An Evening With…”, presentándose en el O2 Academy sin bandas soporte. Este tipo de show permite a la banda desarrollar un set más extenso, con espacio para recorrer distintas etapas de su carrera y ofrecer una experiencia más completa para el público.
Con una trayectoria consolidada dentro del metal moderno, el grupo liderado por Robb Flynn ha sabido mantener una conexión constante con su audiencia a través de directos intensos y bien estructurados. En este formato, se espera un repertorio amplio que combine clásicos con material más reciente, adaptado a una noche donde la banda será la única protagonista.
La fecha en Glasgow apunta a ser una de las más especiales del tour, precisamente por el enfoque del show y la cercanía que ofrece la sala. Si quieres formar parte de esta noche dedicada íntegramente a Machine Head, puedes conseguir tus entradas aquí y asegurar tu lugar con antelación.



El grindcore es un género que tuvo una evolución muy grande. Empezando como una excusa para tocar rápido y pesado, supo mezclarse con otros géneros y lograr nuevas identidades. Entre estos ejemplos tenemos su mezcla con el death metal y con otros géneros alejados como la electrónica, el jazz o el ska. Eso hizo que ganase una base de fans muy leal y que, aún hoy en día, 40 años después de su creación, siga generando nuevos exponentes que continúan aportando a la diversidad del género.
Uno de los mayores representantes es Full of Hell, grupo estadounidense que mezcla grindcore con death metal, noise y muchos otros elementos, según sean requeridos. Lo principal es la consola de sonidos que usa el micrófono. La mayoría de los efectos están en la voz, pero hay otros que suenan por su cuenta. Estos se encuentran de gira presentando sus últimos trabajos: el disco de 2024 Coagulated Bliss y su EP de 2025, Broken Sword, Rotten Shield.
Como acompañantes del tour, eligieron bandas que practican distintos géneros del hardcore extremo, por lo que la velada en Lille Vega fue variada y entretenida. Los primeros fueron los polacos de Jad, quienes ejecutaron un hardcore punk muy pesado y distorsionado, con voces gritadas al extremo y ritmos muy rápidos, pero que tenían un espíritu punk bailable muy presente. La presentación fue entretenida y corta, con bloques de tres canciones tocadas seguidas y una pausa para tomar agua y hacer chistes con el público. Un buen inicio.
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La segunda banda fue Jarhead Fertilizer, quienes llevaron la velocidad y el peso de la música a niveles mucho más altos. Lo suyo era una mezcla de grindcore y death metal visceral: cruda, violenta y elaborada. El vocalista principal, también baterista, pasaba de growls profundos y densos a gritos agudos, mientras que los guitarristas apoyaban con voces más gritadas. Las canciones eran cortas, pero contaban con muchas partes. Estas fluían con naturalidad y daban la sensación de ser más largas de lo que eran. Tras una presentación que apenas pasó la media hora, se retiraron ovacionados.
Para la hora de The Body, la velocidad bajó muchos escalones, pero no así la distorsión y la violencia. El dúo contaba con un baterista súper talentoso, que se encargó de llevar el ritmo y de darle vida a los lentos y colgados riffs de guitarra. Este músico demostró ser un estudioso del instrumento, mostrando influencias de otros estilos, especialmente el jazz y el rock progresivo. La guitarra era lenta, sucia, distorsionada y generadora de acoples que se iban transformando en riffs pesadísimos. El punto en contra de la presentación fue que la voz estaba muy baja. Esta aparecía poco, y se entiende que buscaban enterrarla en la mezcla para que no se robe el protagonismo, pero, a mi parecer, hubiera quedado mucho mejor si los gritos hubieran sido ensordecedores. Dejando de lado este detalle, lograron sumergir a la gente en un viaje pausado y ruidoso.
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Llegó la hora del plato principal y el entusiasmo era mayor. Esto se reflejó en la respuesta del público, que ni bien comenzó la música armó un pit enorme y agresivo. La banda lo correspondió dándolo todo en el escenario, tanto técnica como energéticamente. Durante todo momento se movieron y arengaban a la gente, sobre todo el vocalista, quien cantó muy cerca del público y hacía gestos teatrales para atraer la atención.
Técnicamente la banda sonó como un reloj, muy a tiempo y desplegando una ejecución sólida, contundente y que se escapaba de un show tradicional del estilo. Más allá de los momentos musicales donde bajaron la velocidad y buscaron un sonido más atmosférico, se dieron el lujo de contar con un colosal solo de batería. El sonido fue muy bueno, pero tuvo una particularidad: la casi ausencia de la voz. Los instrumentos sonaron potentes, en el volumen y la definición correctos, pero la voz se escuchaba muy poco. Esto afectó el resultado del concierto, ya que una banda que experimenta tanto con las vocales, sonando sin ellas, dejó la sensación de estar incompleta.
Sin embargo, la mayor parte de la gente disfrutó de la energía y de los instrumentos, por lo que los estadounidenses se fueron muy aplaudidos. Full of Hell demostró en vivo que puede ser uno de los mayores exponentes del género, aunque lamentablemente deben resolver detalles en cuanto al sonido para alcanzar ese lugar.
Etiquetas: Copenhague, Death Metal, Death/Grindcore, Full of Hell, Grindcore, Hardcore Punk, JAD, Jarhead Fertilizer, Live Nation DK, Sludge Metal, The Body, Vega

Un show íntimo, sin banda soporte, sólo los “Machine Fucking Head” tocando durante casi tres horas en Razzmatazz, a nada de estar “Sold Out”, con un setlist que nos llevó a recorrer toda su discografía, y el público eufórico de principio a fin.
La lista continuó con “Is There Anybody Out There? ” y “Now I lay Thee Down” con la energía intacta.
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En un momento de la noche, a modo de seguir con la intimidad entre la banda y su público, Rob Flynn dio la opción de elegir al público entre “Aesthetics of Hate” o “Blood for Blood”, ganando la primera.
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Etiquetas: barcelona, Machine Head


Victorius es una de esas bandas de power metal tan desenfadadas y algo inocentonas que resultan perfectas para fiestas, festivales, escuchar en el gimnasio o incluso para disfrutarlas con los pequeños de la casa. Algo del estilo de Grailknights, Angus McSix, All for Metal o incluso Feuerschwanz en sus inicios (aunque estos ya han ascendido a otro nivel).
Los conocí hace unos años y todo en ellos me evocaba “juventud”: la voz de David Baßin es muy juvenil, las guitarras son muy vivas y elásticas y toda la estética de la banda con disfraces, mascarillas, armas locas y láseres me hacía pensar en los protagonistas de algún anime de adolescentes, ¡desde luego en el buen sentido!
Ha pasado el tiempo y estos alemanes han madurado, se han cambiado el peinado, han colgado los trajes negros de ninjas espaciales y… ¡se han subido a sus dinosaurios para seguir haciendo lo mismo de siempre! Y saben hacerlo muy bien.
La verdad es que ver sus actualizaciones de Instagram suele ser uno de mis momentos favoritos de la semana. Son divertidos, están llenos de amigos y además hacen buena música. Con lo mal que está la vida, Victorius es una ráfaga de aire fresco.
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World War Dinosaur es nada más y nada menos que lo que uno espera: riffs muy épicos, solos power-metaleros, escalas mayores que levantan el ánimo y letras que se esfuerzan en detallar toda una diversidad de soldados-dinosaurio. Nos hablan de unidad, libertad, honor, eternidad… pero sin tomarse muy en serio a sí mismas.
Nos recibe además con una portada loquísima de colores neón en la que un megalodón gigante (y uno pequeñito al fondo) luchan contra dinosaurios robóticos capitaneados por la banda con uniformes dorados de superhéroes. Ah, y también hay ninjas ¡nunca se fueron!, solo habían salido un momento para recoger sus espadas láser.
El tópico de los dinosaurios en guerra se va desarrollando a lo largo de todo el disco y el orden de las canciones tiene lógica interna (aunque sin ser exactamente un disco conceptual de los de planteamiento, nudo y desenlace). Tienen algunos videoclips muy simpáticos como “Kingdom of the Strong”, con temática medieval, o “Brachio Bazooka Battalion”, de dibujos animados. Creo que los mejores temas del álbum son precisamente estos dos y también “Golden Glory”, que empieza con un guitarreo muy rápido y una voz susurrada muy sugerente. También tiene interés la canción homónima del disco en la que colaboran Angus McSix y Orden Ogan.
La formación ha sufrido algunos cambios a lo largo del tiempo pero lleva estable desde 2016 y además, el núcleo principal de David Baßin (voces), Dirk Scharsich (guitarra) y Andreas Dockhorn (bajo) es el mismo desde su fundación en 2004; quizás por eso su buena química y compenetración hacen que parezca fácil tocar de forma tan fluida y virtuosa. Por cierto que todos reciben apodos prehistóricos: Baßin es “T‑Rex”, Scharsich es “Raptor”, Dockhorn es “Triceratops”, el batería, Frank Koppe, es “Pteranodon” y el otro guitarrista, Florian Zack, recibe el nombre más friki de todos: “Lasertooth Tiger” (“tigre dientes de láser”, en lugar de “dientes de sable”). En el videoclip “Raptor Squad Attack” podemos ver además cuáles son sus armas y habilidades espaciales, con una divertida estética de videojuego retro.
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La principal pega que podemos ponerles es que el álbum se hace un tanto repetitivo. No cansa, porque es una música ligera y agradable de escuchar. Pero, pese a un par de pequeños experimentos aquí o allá (como unos guturales en “Evil Mean Megalodon” y alguna locución épica aquí y allá), el conjunto suena muy uniforme.
Por otro lado, el exagerado tema bélico, que en otras circunstancias sería simplemente un toque de humor o la trama de una serie animada de los ochenta… en 2026 se me hace más difícil de digerir. Lo entiendo: ¿qué clase de Power Metal podríamos hacer sin batallas? Es un tema clásico y está abordado desde una perspectiva cien por cien lúdica y de fantasía disparatada: son braquiosaurios con bazucas y raptores de choque. Pero cuando el mundo real se está rompiendo en pedazos por la guerra y la codicia, se me hace más difícil escuchar canciones que exaltan el honor en los conflictos, la heroicidad de los soldados que dan el primer golpe o la gloria de la victoria. No hay en todo el disco ni una sola reflexión sobre el género humano ni la política, toda relación que podamos encontrar con la actualidad es puramente casual. Y sin embargo esto tampoco borra mis reparos a escuchar canciones desenfadadas sobre una guerra global, aunque esta sea protagonizada por dinosaurios futuristas.
Entonces, me resulta una música muy disfrutable pero algo frívola. Está para pasarlo bien sin pensar demasiado, ¡y quizás eso ya sea suficiente! Verlos en directo tiene que ser super divertido, cosa que podremos hacer en diversos festivales veraniegos a lo largo de Europa, como Metal Frenzy, AHAU Open Air, Rock Castle y Rock Dievillage. Por el momento no tienen planes de visitar España.


Bajo el cielo plomizo de Granollers, aquel sábado 18 de abril de 1026 no amaneció: se invocó. Crucé el umbral de la Nau B1 como quien entra en una cripta, con la certeza de que lo que aguardaba dentro no era música, sino una forma antigua de comunión: un pacto sellado con sudor, distorsión y una fe torcida. Con los cambios de horario, el aire ya estaba denso, cargado de esa electricidad previa al derrumbe, y cuando Arkhaeth descargó el primer golpe a las 16:00, sentí cómo algo en mi interior se alineaba con el caos: no había melodía, había fricción, acero contra hueso.
Cuando Abysmal Lord irrumpió, la sala dejó de ser sala: era fosa. Todo era suciedad, crudeza sin domesticar, una violencia informe que me arrastraba sin pedir permiso. La penumbra se espesó con Necroracle, cuyo descenso a “Depths of Tartarus” no fue un tema, sino un sepulcro abierto bajo nuestros pies: una masa sonora adherida a la piel como una segunda sombra.
Más tarde, Adorior emergió como una herida abierta; vi a Julie Kiss escupir cada verso como si expulsara siglos de veneno acumulado, y cuando “Author of Incest” me atravesó, entendí que aquello no era un repertorio, sino una disección. “Ophidian Strike” y “Bleed on My Teeth” no se escuchaban: se sufrían. Y yo permanecía allí, inmóvil y entregado, mientras el sonido me erosionaba por dentro.
Pero fue Wrang quien me empujó definitivamente al borde; su liturgia de blasfemia y melancolía —articulada en un set que avanzaba como una invocación (Doodgeslagen onschuld, Haatspraak, Nachten in Wahlheim, Domstad swart metael, Voor ons de zee, Morbide Delirium)— transformó el pogo en un ritual tribal donde cada cuerpo chocaba como si quisiera desintegrarse en el otro, y no cerró su actuación: la dejó suspendida en el aire, como un presagio oscuro que sugería que aún no habíamos tocado fondo.
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Y entonces llegó el momento en que el tiempo dejó de avanzar. A las 22:20, cuando Tom Gabriel Warrior apareció al frente de Triumph Of Death, no vi a un músico: vi a un custodio de algo primigenio, un canal abierto hacia los cimientos mismos del metal extremo. El primer acorde de “The Third of the Storms (Evoked Damnation)” no sonó: descendió. Fue como si el aire se rasgara y dejara pasar una corriente antigua, un eco directo de Hellhammer que me golpeó el pecho con una gravedad casi física. Sentí el riff como una pulsación mineral, como si la sala entera respirara a través de amplificadores moribundos. Cada tema fue una invocación deliberada: “Massacra” y “Maniac” no eran canciones, eran reliquias afiladas, huesos desenterrados que aún conservaban carne; “Blood Insanity” me atravesó con su lentitud malsana, como un veneno que decide tomarse su tiempo, y “Decapitator” cayó sobre nosotros con la inevitabilidad de una sentencia ya escrita. Pero lo que realmente me desgarró fue ese tono de guitarra, ese sonido sucio, cavernoso, casi enfermo, que Warrior arrastraba como una cadena oxidada: no buscaba perfección, buscaba verdad, y la encontró en cada nota torcida, en cada silencio incómodo.
Cuando atacaron “Chainsaw” y “Reaper”, sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies; el público ya no era público, éramos un solo organismo convulsionando, un coro sin voz entregado al pulso primitivo que ellos dictaban. Y entonces llegó “Messiah”, y en ese instante supe que no estaba presenciando un homenaje, sino una resurrección incompleta, deliberadamente imperfecta, como todo lo verdaderamente vivo. El guiño a Celtic Frost con “Visions of Mortality” abrió una grieta de solemnidad, una belleza oscura que contrastaba con la crudeza anterior, y yo me encontré suspendido entre dos eras, dos formas de entender la misma oscuridad. Pero el final… el final no fue un final. “Triumph of Death” se desplegó como una plegaria agonizante, repetitiva, casi hipnótica, y en su cadencia lenta sentí algo parecido a la rendición: no al cansancio, sino a la aceptación de que esa música no se posee, te posee. Miré a Warrior, su figura rígida, casi hierática, y comprendí que él no interpretaba esas canciones: las mantenía vivas, como brasas que se niegan a extinguirse.
Cuando Naglfar tomó el relevo, el frío escandinavo limpió parcialmente la herida, elevando el espíritu con una precisión casi quirúrgica, pero ya era tarde: yo seguía atrapado en el eco anterior. Pestkraft volvió a sumergirnos en la rabia, y Caveman Cult selló la noche con una violencia terminal, como si todo debiera terminar reducido a escombros. Salí de nuevo a las calles de Granollers con los oídos en llamas y el alma extrañamente serena, consciente de haber atravesado algo irrepetible. Aún ahora, mientras recuerdo, los riffs de Hellhammer siguen resonando dentro de mí, como un latido antiguo que insiste en recordarme que, en lo más hondo del abismo, siempre arde una luz negra que no guía… sino que reclama.

El segundo día comenzaría mucho más pronto para nosotros, desde primera hora con Yellow Eyes y su Black Metal de nuevo cuño. El suyo fue uno de los discos más sorprendentes del pasado 2025 y en la Engine Room lo pudieron desplegar debidamente. Son una de esas bandas destinadas a crecer mucho, aunque no tanto como los belgas Wiegedood, quienes hace años que se pasaron el juego en Roadburn, y cada nueva edición tratan de hacer algo nuevo para saltar la banca. En esta ocasión, reinterpretaron parte de su discografía, acompañados por los vientos de los Blind Man. Una autentica locura que solo puede ocurrir una vez en la vida y que solo puede darse en este maravilloso festival.
Atropelladamente comprobamos un rato la mala hostia que se gastan los Planning For Burial, para llegar hasta otro de los grandes momentos del festi. Agriculture presentando uno de los grandes discos de los últimos tiempos. El sonido espiritual de los americanos pasaría por encima del 013 como un tornado y constató lo mucho que han mejorado desde su primera comparecencia en la misma plaza. Lo que antes era timidez, ahora sería confianza absoluta y una puesta en escena propia de grandes estrellas. Seguramente sean la banda de Post Black más en forma del momento, por encima de tótems como Deafheaven o Alcest.
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Del futuro del género, pasaríamos a uno de los tres sets que Krallice iban a ofrecer en Roadburn, concretamente en el que rememorarían sus primeros tiempos. Su aplastante técnica convencería a todos los presentes de que sus galones no habían sido regalados y nos serviría de perfecto preámbulo para un nuevo set de Cult Of Luna, en este caso atacando sus creaciones más recientes. Resultaría otro bolo excelso, pero menos impactante que el que vivimos el jueves.
Finalmente renunciaríamos a la locura de Zu en el Paradox, para ver en el Engine Room a Bosse-De-Nage, constatando como su actuación acabaría siendo la menos lucida de todo el viernes. Por el camino nos quedó por ver a Mandy Indiana, Street Sex y un largo etcétera, pero es lo que tiene el Roadburn. Al tener todo el tiempo al alcance semejante oferta conciertil, uno tiene que elegir y puede que a veces no acierte del todo.


Los norteamericanos From Ashes to New vuelven este año con su esperadísimo nuevo trabajo Reflections, para demostrar como el metal moderno (que no metalcore, a dios gracias visto el estado el género en la actualidad…) está más vivo y en mejor forma que nunca.
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Los de Lancaster, Pennsylvania, siguen en la línea marcada por sus dos trabajos anteriores, pero con el toque necesario para aportar un poquito más en su evolución como banda.
En estos doce cortes, podremos observar como los chicos han sabido recrear el sonido propio del nu metal, el post hardcore e inyectarle pinceladas pop que los han convertido en una de las punta de lanza en este estilo durante este último tiempo.
El disco abre fuego con “Drag Me” y ya podemos entender que si la fórmula funciona bien, para que vamos a cambiarla, así pues, tenemos esos versos rapeados de Matt Brandyberry más que logrados y combinados con la voz melódica de su compañero Danny Case, formando una dupla explosiva con clara influencia de Limp Bizkit, Linkin Park y Papa Roach, sin duda alguna.
La melancólica “Forever”, hereda el sonido de HIM, pero lo combina con guitarras más modernas y un juego de voces irresistible que hará las delicias de los que crecimos con este sonido a comienzos de los 2000.
Por algo Blind Channel los acompañaron en una de sus últimas giras con Joel Hokka a la voz en Estados Unidos, porque ambas bandas comparten muchas de las mismas fuentes musicales y de inspiración.
“Die For You” es una delicia, con cierta herencia de BMTH, pero muy bien ejecutada y con una melodía imposible de ignorar, sin duda una de las joyas ocultas del disco, que estoy convencido sonará aún mejor en vivo.
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El disco sigue vibrando con “Black Hearts”, quizás el corte más cañero hasta el momento y donde vemos la explosión entre el pop, el rap core y el rock alternativo, todo mezclado y con el sello propio de FATN, pero que si te gustan LP vas a disfrutar de lo lindo.
“Upside Down” y “(Not) Psycho”, muestran ese lado “Old School” de la banda y vemos la gran importancia que le dan a los arreglos, los loops y todo lo que les permita hacer las canciones más redondas posible y aviso a navegantes…Aquí hay unas cuantas.
“New Disease”, muestra como ha evolucionado el metal moderno y si la canción tiene un estribillo con gancho va a pegar seguro, FATN se suma con esta pieza a cortes actuales de bandas como Spiritbox y Sleep Token, además de dejar fuera de juego a I Prevail, ya que parece que dicha banda se olvidó bastante de como hacer piezas redondas, pero tranquilos, que este 2026 ya tenemos a From Ashes to New para solucionar este pequeño percance.
Pero no todo es oro en el disco, ya que “Darkside” no aporta mucho al disco, repitiendo la fórmula de mezclar todo lo anterior pero con un resultado donde lo mejor sin duda es la parte rapeada, al ser el puente sospechosamente parecido al himno “By My Self” de Linkin Park…Una cosa es la influencia y otra el semi-robo descarado, lo mismo que sucede con “Falling From Heaven”, al ser una pieza “Comodín”, si no estaba en este disco, podría haber estado tanto en el anterior como en el próximo que grabe la banda, aún así, es efectiva y mejora a su predecesora sin duda.
Para cerrar tenemos “Your Ghost” y quizás el cierre está bien, pero con un par de canciones menos, sumaría algún punto más al resultado final, aún así, siguen por encima de la media tanto en su discografía como entre sus compañeros de profesión y lo único que esperamos es que no se duerman en los laureles y se acomoden, porque FATN siguen con la maquinaría engrasada y llena de energía…Que no la pierdan nunca!


Como cada mes, desde el staff de TTH te traemos nuestras recomendaciones de lo que estuvimos escuchando. En esta oportunidad hubieron grandes exponentes de bandas consagradas y nuevas propuestas para el deleite de nuestros oídos.

1) Astraya – Atropine
Astraya mediante este álbum te lleva a un viaje oscuro y hermoso que no te suelta fácil. Este segundo álbum de la banda alemana de Stuttgart construye una atmósfera densa y melancólica que recuerda en espíritu a lo que Katatonia supo hacer con la tristeza: convertirla en arte. La voz de Melina Abele es el centro de todo, hipnótica y poderosa, capaz de arrastrarte sin que te des cuenta. El disco mezcla dark rock, doom y metal con una coherencia conceptual sólida, explorando temas como la muerte, el tiempo y la fragilidad humana.
No es un disco fácil ni festivo, pero si buscás música que te hable de verdad en los momentos más grises, Astraya encontró las palabras que vos no podías.
2) At The Gates – The Ghost Of A Future Dead
Hay discos que trascienden lo musical, y este es uno de ellos. Grabado antes de que Tomas “Tompa” Lindberg perdiera su batalla contra el cáncer en 2025, este cierre discográfico es una despedida devastadora y un documento de fuego puro a la vez. La voz rota y feroz de Tompa suena como si viniera del fondo del alma, con riffs que siguen siendo inalcanzables para cualquier otro.
No es el disco más fácil de escuchar sabiendo lo que sabemos, pero sí uno de los más necesarios: un epitafio brillante para uno de los más grandes del metal.
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3) Pure Wrath – Bleak Days Ahead
Nos encontramos ante el cuarto álbum del proyecto solista indonesio de Januaryo Hardy, y viene con una propuesta clara: el black metal atmosférico como lamento por un mundo que lo exige todo y devuelve casi nada.
El disco es más frío y agresivo que su aclamado antecesor Hymn to the Woeful Hearts, pero no pierdas la paciencia: debajo de esa superficie áspera vive la misma melancolía de siempre, solo que más enterrada. Saxofón, órgano Hammond, trip hop y canto gutural conviven en apenas cinco canciones sin desperdiciar un solo segundo.
Si te va el post-black metal con corazón y verdad, es obligación escuchar este disco.
1) Sugar Spine – Soul Before Spirit
El EP Soul Before Spirit de Sugar Spine es un trabajo breve pero muy efectivo que combina partes melódicas con momentos más agresivos cercanos al metalcore y deathcore. Desde la intro “Daun”, que marca el tono del disco con una progresión creciente, hasta temas como “The Coldness Of Your Absence” y “Chained To Your Garden”, la banda demuestra un buen manejo de los contrastes entre intensidad y melodía. El cierre con “Prisioner of More” deja una sensación sólida, confirmando que se trata de un EP compacto, bien ejecutado y que posiciona al grupo como una propuesta a tener en cuenta.
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2) Vomitory – In Death Throes
Vomitory se mantiene fiel a su esencia en In Death Throes, ofreciendo un death metal directo, contundente y sin intención de reinventarse, pero sí de afinar su fórmula. Tras una trayectoria marcada por discos clave y un breve parón, su regreso reciente consolidó un sonido que combina agresividad, riffs efectivos y toques de grindcore. En este nuevo trabajo, apuestan por un enfoque algo más equilibrado, manteniendo la fuerza habitual pero con estructuras más trabajadas y ritmos menos desbocados, lo que aporta variedad sin perder identidad. El resultado es un álbum sólido que recoge elementos de distintas etapas de la banda, reforzando su propuesta clásica con pequeños matices que enriquecen la escucha sin desviarse de su ADN.
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3) As Everything Unfolds – Did You Ask To Be Set Free?
El nuevo trabajo de As Everything Unfolds, Did You Ask To Be Set Free, llega tras tres años de espera y marcado por la pérdida de su batería, consolidando a la banda dentro del metal alternativo actual. Con una propuesta versátil que mezcla pop, rock, metal e incluso electrónica, el álbum destaca tanto por la variedad instrumental como por la evolución vocal de Charlie Rolfe, quien alterna melodías pegadizas con registros más agresivos. A lo largo del disco, la banda explora diferentes emociones y dinámicas, desde temas más intensos hasta momentos más calmados, siempre con una producción moderna y cuidada que prioriza la atmósfera y el mensaje por encima del virtuosismo técnico. El resultado es un álbum sólido, accesible y emocional, que aborda el duelo y las dificultades personales mientras reafirma el potencial del grupo en la escena actual.
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1) The Amity Affliction – House Of Cards
De nuevo. No me gusta taaaanto el metalcore. Se me hace muy poco orgánico y para alguien muy atado a lo humano, puede ser un dolor de hue…La cuestión es que esta banda la rompe y este disco más aún. Es una producción muy bien lograda, con una mezcla perfectamente equilibrada de guturales y voces limpias y canciones con melodías muy pegadizas. Para mi, por lo que implica que un disco de metalcore, le gusta a alguien como yo, este se lleva el primer puesto.

2) Saratoga – En Estado Puro
Una banda que escucha mucho en mi adolescencia y después empecé a dejar de lado como todo el power metal, para adentrarme en géneros mas extremos. Se me dio por escuchar este, su último disco, el viernes pasado ni bien salió y fue enorme la sorpresa que me llevé. La rompe. Asi, lisa y llanamente. Power metal español con una producción muy natural, muy 2milera si me permiten el adjetivo. Encima con muy buenas letras y la voz de Tete Novoa que es de las mejores (sino es la mejor) del metal en español.
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3) Immolation – Descent
Y si, no mucho para decir. Creo que Immolation no ha sacado un disco malo. Dedicar unos 40 minutos de tu vida a escuchar discos de estos tipos, es apostar a la buena calidad ya de antemano. El buen death metal que da gusto escuchar. No mucho más para decir.
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1) At The Gates – The Ghost of a Future Dead
Para los aficionados al Death Metal Melódico este bien puede ser el mejor disco de todo el año además de uno de los más esperados. Supone un retorno magistral a las raíces de la banda, logrando un hermoso equilibrio entre la agresividad de Slaughter Of The Soul y la profundidad de At War With Reality. La vuelta del guitarrista Anders Björler es clave: su composición a medias con su hermano Jonas recupera ese sonido directo y con dejes thrash que los hizo leyenda, pero inyectando esta vez pasajes progresivos y una ferocidad renovada que lo posiciona, desde ya, como un clásico de su discografía.
Y desde luego, este álbum no solo supone un nuevo hito en el sonido de Gotemburgo, de manos de una de sus bandas más representativas, es que además encierra el legado del tristemente fallecido Tomas “Tompa” Lindberg. En el disco, Lindberg desarrolla un rango vocal tan tremendo y potente como siempre, que nos permite recordarle con todo su esplendor artístico. El single “The Fever Mask” viene acompañado de un emotivo videoclip que repasa algunos momentos significativos de su vida profesional y personal. Su memoria nos acompañará siempre. Lee la reseña completa ➤ Aquí
2) Lord Of The Lost – Opvs Noir Vol 3
Tenemos entre manos un disco muy atractivo, muy glam y muy noir, con canciones de enorme calidad y variedad en la que cada uno de los cinco instrumentistas tiene su momento de virtuosismo y lucimiento, así como el vocalista Chris Harms, quien hace gala de todo su rango e incluso nos regala una perfecta pronunciación en francés en la canción “La Vie Est Hell”.
Me resulta muy difícil destacar cuál es mi tema favorito, pero sin duda “My Funeral” y “I Hate People” son algunos de los que se han insertado en mi cerebro y van a acompañarme por una larga temporada.
Además, el trabajo viene acompañado con un montón de videoclips interesantes y toda una plétora de colaboraciones (Saltatio Mortis, Wednesday 13, Hannes Braun, Xandria y Cats In Space), todas deliciosas guindas en un pastel oscuro y pegajoso como el chocolate fundido. Una impecable manera de cerrar este ambicioso proyecto, en forma de trilogía, que los alemanes comenzaron el pasado verano de 2025.
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3) Anneke van Giersbergen – La Mort
Y como no solo de metal vive el hombre, o en mi caso la mujer, también ha estado escuchando muchísimo el nuevo EP de Anneke van Giersbergen. Un trabajo tremendamente personal y único, que no encaja exactamente en ningún género definido, pero que conecta perfectamente con la sensibilidad del metal por parte de una veterana de la escena.
Se trata de la segunda parte de su trilogía: La Vie, La Mort, L’Amour. Canciones íntimas y luminosas, que sin embargo tratan temas complicados. Un equilibrio que Anneke consigue desarrollar a la perfección en este proyecto en solitario.
La perfección técnica y la honestidad de su sonido, que para nada depende de elementos de postproducción, lo convierte en una pequeña joya, de apenas cuatro canciones, que sin embargo pintan un paisaje muy completo, cada una con diferentes variaciones y matices. Impecable, como todo lo que hace ella.
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1) Nervosa – Slave Machine
La banda comandada por Helena Kotina y Prika Amaral, han vuelto este 2026 con uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, demostrando que cuando quieren pueden, entregando un ejercicio impecable de brutalidad sonora, destreza instrumental y un combinado de canciones más que notables y donde podemos ver que aún tienen mucho que dar dentro de su escena.
La aportación de Michaela Naydendova a los parches es otro de los puntos positivos del disco, justificando de sobra su regreso a la banda y veremos cuanto más son capaces de sorprendernos estas cinco reinas del metal extremo actual.
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2) Kaelis – Stellar Waves
Con su nuevo disco, la banda sevillana, evidencia como no es necesario recurrir siempre a mirar lo que se hace fuera, para tener un disco lleno de calidad y grandes canciones, sobre todo en un estilo tan complejo y lleno de matices como el metal sinfónico.
Sin embargo, lo que Bethany Neumann y compañía ofrecen, es de una calidad, un buen gusto y un grado de epicidad que van a sorprender a todos los amantes del sonido sinfónico, gracias a temazos como “Omen” o “Dark Shadows of Ulderion”.
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3) Hokka – Via Miseria IV
Tras su salida de Blind Channel, Joel Hokka, demuestra con este nuevo proyecto personal, como su calidad artística es indiscutible y presenta un sonido delicado, moderno, cañero, melódico y con muchos matices a descubrir en cada escucha que uno le de a este primer disco de la banda finlandesa.
Las referencias son fáciles de identificar, pero lejos de ser una mera copia, Hokka toman todos los elementos que los han influenciado y los inyectan con sus diferentes personalidades, dando como resultado un debut que está muy por encima de lo que se podía esperar.
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1) At The Gates – The Ghost of a Future Dead
Un album que demuestra que At the Gates todavia tenia cosas por decir. Con otro disco fenomenal donde los riffs melodicos mezclados con la violencia de la bateria y las voces logran una conjuncion tremenda y efectiva.
Lastimosamente, tambien sirve como homenaje y despedida al fallecido vocalista, Tomas “Tompa” Lindberg. Figura clave en el death metal melodico sueco.
Los cuernos en alto para despedir a Thomas y a At the Gates, que se fueron por la puerta grande.
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2) Immolation – Descent
Immolation es una banda que no falla con sus discos. Hace años que vienen entregando trabajos de una calidad tremenda. Este no es la excepción, pero a diferencia de sus trabajos anteriores, este busca crear una atmosfera densa, pesada y envolvente. Todo gracias a riffs demoledores, una bateria completamente desquiciada, solos alocados y una densidad creada por todos los instrumentos a la vez que se siente tan pesada que dan ganas de abrirse una cerveza y mover la cabeza.
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3) Vomitory – In Death Throes
Que gran mes para el death metal! Y vamos a cerrarlo con este gran disco de Vomitory. No inventa mas nada, pero esta plagado de riffs macabros y malevolos. Estos acompañados con ritmos de bateria asesinos, que te obligan a mover la cabeza y agitar el puño. La voz, esta salida del infierno. Es un vomito bien grave que no para de escupir blasfemias y relatos e asesinatos. Un disco de death metal con todas las letras.
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1) Corrosion of Conformity – Good God / Baad Man
Después de ocho años, COC vuelven a las andadas. Considerando la salida de por medio de Mike Dean en 2024, no me esperaba mucho de esta nueva entrega de los de Carolina del Norte, pero me callan la boca con una colección de canciones en el punto justo de riffs, melodías y pesadez, con ese toque de metal sureño tan característico de ellos.
2) At The Gates – The Ghost of a Future Dead
Con la muerte de Tomas “Tompa” Lindberg, se fue una de las voces más características de la movida melodeath sueca de los noventas. Pero por suerte, el cantante no se fue sin antes dejar grabado el mejor álbum de la “nueva etapa” de At The Gates, sin grandes cambios en su sonido pero ajustando todo lo que venían demostrando e intentando en el nuevo milenio. Un gran tributo al cantante. Lee la reseña completa ➤ Aquí
3) Kaatayra – Caminhos de água
Todo indicaba que Inpariquipê sería el último álbum del proyecto brasileño Kaatayra, pero a cinco años de aquel álbum Caio Lemos vuelve al ataque con su particular interpretación del metal, completamente sumergido en la humedad y oscuridad de las selvas brasileñas y dominado por las guitarras acústicas. Una atmósfera alejada de la civilización, pero con la sensación constante de que todo pudiera terminar en cualquier momento.
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La popularidad de un grupo no se mide solo en sus puestos de rankings, ni en la cantidad de premios que obtienen y ni tampoco en sus números de visitas en las plataformas digitales. A veces se necesita revalidarlo sobre el escenario. Mediante el nivel de convocatoria. Y esa es una de las principales virtudes de In Flames, quién a lo largo de los años, fue elevando la cantidad de fanáticos y aficionados que los siguen.
En esta oportunidad, los suecos visitaron el país por 5ta vez, en el marco de una gira que prometía dos cosas: reafirmar ese estatus de popularidad que fueron ganando con el tiempo y repasar los mayores hits de su carrera.
Para ello, el conjunto liderado por Anders Fridén se presentó en el Teatro Flores. Escenario en el cuál dijeron presente por primera vez, tras haber tocado anteriormente en recintos de menor capacidad (por excepción de su última visita en el Arena Sur).
Un pequeño adelanto que presagiaba que se podía llegar a tratar de una noche cargada y movida de gente. ¿El resultado? Por lo pronto, para haber sido un domingo de superclásico en Argentina, el recinto ya disponía de una buena cantidad de fanáticos para cuando arrancó BloodParade.
20:30 estaba programado la hora de arranque para el elenco nacional que tuvo que reemplazar a Crown, debido a que los rosarinos se tuvieron que dar de baja unos días antes por problemas de salud de uno de sus miembros
Como todo sucedió de forma repentina, evidentemente se tuvo que recurrir a una solución inmediata. Y para tratarse de una aparición de última hora, la verdad que la propuesta de BloodParade terminó encajando mucho mejor de lo esperado con la temática de la noche.
Si bien se trató de un estilo gótico más industrial, con una estética visual que trajo a Rammstein a la mente de más de uno, en términos musicales no estuvo tan alejado de la línea moderna de trabajo que viene manejando In Flames en el último tiempo. Por lo que en ese sentido, la presencia de esta banda resultó positiva.
Lo que quizás no fue tan positivo fue el sonido, que no se acabó acomodando y dio como resultado una actuación más diluida y ruidosa que prolija. Eso sí, el grupo compensó estas dificultades con compromiso y actitud.
La salida de In Flames también se dio a horario. 21:30 puntual los suecos ya estaban incendiando el lugar con “Pinball Map”, desatando la euforia y locura de un público que recibió con los brazos abiertos el impacto musical de los de Gotemburgo.
Lamentablemente los problemas técnicos de sonido dijeron presente nuevamente y se mantuvieron durante gran parte de la noche. Y acá hay que hacer un punto, porque así como hay bandas con fama de ser demoledores en vivo, hay otras que tienen la desdicha de no sonar tan bien sobre el escenario. Y tristemente In Flames, entra en el segundo lote. O al menos, sus presentaciones en Argentina siempre se caracterizaron por eso. Y en esta oportunidad, no fue la excepción.
Las guitarras no hallaron nunca la nitidez y claridad que debían. Sonaban sucias y desdibujadas. Como si le faltaran definición. En su lugar, se percibía una bola distorsionada que no le permitió brillar ni a Björn Gelotteni ni a Chris Broderick.
Por su parte, la voz Anders Fridén tampoco terminó por alcanzar vuelo. Se lo escuchaba bajo en la mezcla, y un poco apartado del resto de los instrumentos. Un desajuste vocal que se sostuvo durante los primeros minutos.
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Afortunadamente, a medida que avanzaron los temas, el sonido terminó por encontrar esa definición que precisaba la música de In Flames. Y es que el set del quinteto tuvo un fuerte enfoque en su etapa más moderna y en su último trabajo, Foregone (2023). En piezas como “In The Dark” y “Voices” cuyos riffs y estribillos gancheros pusieron a la gente a corearlos.
Sin embargo, la verdadera fiesta comenzó cuando empezaron a caer los clásicos más populares del grupo. Y es que a partir de “Cloud Connected” hubo una seguidilla de hits como “Trigger” y “Only for the Weak” que pusieron a todo el mundo en el Teatro a saltar.
A estas alturas, ya pocas esperanzas la quedaban a los fanáticos que asistieron soñando con que el grupo se saque del baúl de los recuerdos, alguna perla de su etapa primeriza perteneciente al melodeath. En especial, aquellos que fueron pensando que capaz había un guiño con “Moonshield” o “Graveland” por el 30 aniversario de The Jester Race (1996)
Pero tal como se olía, al final nada de eso sucedió. Y el show siguió su curso con piezas de su era moderna y con un sonido que dejó atrás el mal sabor a boca del comienzo. De esta forma, la jornada culminó con “Take This Life”, que desató la última batalla campal del domingo.
Los suecos cumplieron. Al menos con sus dos grandes propósitos, ya que en primer lugar, tocaron la mayoría de sus éxitos modernos con solvencia y calidez. Y en segundo, porque reafirmaron esa admiración y devoción que despiertan en sus fanáticos. Con una gran convocatoria, In Flames demostró que su nombre sigue resonando. Que su gente responde. Y que su estatus de popularidad se preserva.
Agradecemos a Icarus Music por la acreditación y la realización del evento.
Fotografia portada: Gentileza Martin Darksoul
Etiquetas: argentina, Metal Progesivo

Ópera Magna es una banda muy querida en la capital, aunque nos visiten poco, y esta noche se había anunciado un completo sold out. Es por eso que desde muy temprano se acumulaban los primeros valientes a las puertas del club Rockville. Nervios y alegría removían a los congregados, que corrieron al frente de la alargada sala en cuanto se abrieron las puertas. Apenas cabían unas diez o doce personas en cada fila y allí se fueron situando los más devotos, dispuestos a esperar lo que hiciera falta para disfrutar de una de las mejores bandas del metal sinfónico que ha dado nuestro país.
Los encargados de abrir el evento fueron los también valencianos Astral Experience. Lo que significa que el batería Juan Lahuerta, que integra ambos proyectos, iba a tener una noche de aúpa. Pero él es incansable e hizo que incluso pareciera sencillo desplegar tanta energía sobre el escenario.
La experiencia astral comenzó con un inserto techno que animó mucho a la audiencia, para después golpear con un metalcore pesado e interesante, con toques progresivos. Exploraron la disonancia, tanto en lo instrumental como en la combinación de dos vocalistas, para limpios y guturales.
La banda, que se fundó hace más de diez años con un planteamiento más cercano al progpower, ha evolucionado bastante desde entonces, con un resurgimiento importante a partir de 2024. Su vocalista habitual es el carismático Ovidi Bea: un frontman experimentado, quien ahora comparte generosamente las voces con el recién incorporado Jaime “Jaiscream”, encargado de los mencionados guturales. Han compuesto nuevas canciones pensando ya en dos micros (como “Versus”, una de las más nuevas), o incluso diría que tres, ya que el guitarrista, Rubén Albaladejo, realiza bonitos coros, además de hacer verdaderas virguerías en sus técnicos solos.
Les acompañaba para el directo el bajista Jesús Parejo y debo decir que su presencia tanto en el sonido, como en el escenario, son muy potentes. Además se prodigó en tapping y palm mutes, para acentuar el carácter djent que también explora la banda.
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Causaron una muy buena impresión y se ganaron un buen puñado de fans, que iluminaron la sala con sus móviles en “A Tu Lado” y brincaron hasta el techo en varias ocasiones. La versión del “Get Lucky” de Daft Punk sorprendió positivamente, recuperando los insertos techno del comienzo de la actuación.
Salvo por algún problema técnico con el micro de Ovidi, que nos dificultó en un par de temas escuchar su hermosa voz, hicieron un gran trabajo calentando al público. Jaiscream se esforzó por implicar a la audiencia e incluso se mezcló con el público, bajando a cantar junto a él: consiguió abrir las aguas del Mar Rojo, que rápidamente volvieron a cerrarse ya que nadie quería perder su puesto al frente de la sala, ante la inminente entrada de Ópera Magna.
Tras un intermedio para cambiar el equipo, en el que Juan Lahuerta aprovechó para refrescarse y metamorfosearse en el batería de Ópera Magna, la banda entró en el pequeño escenario, que temblaba por los vítores del público. Se sumaron progresivamente: Nacho Sánchez a los teclados, Enrique Mompó y F. Javier Nula a las guitarras, Alejandro Penella al bajo y, finalmente, con la mayor ovación si cabe, el vocalista José Vicente Broseta.
Una bienvenida muy cálida y esperada, que se extendió las casi dos horas que duró el set, pues el público demostró su devoción en cada minuto de la actuación: alabando y haciendo reverencias a la banda, intercambiando saludos y sobre todo, cantando todas y cada una de las canciones.
Y es que el público cantó las letras, cantó los solos y tarareó las melodías. Todo el grupo estaba visiblemente encantado. José Broseta tuvo que parar en alguna ocasión para decir con una gran sonrisa: “si es que os las sabéis mejor que yo”.
Realizaron un set tremendamente generoso, intercalando los temas más emblemáticos de su último disco, Heroica, con los de Poe, cuyo 15º aniversario es el motivo principal de la gira. Y desde luego, también tocaron sus grandes éxitos, muchos de los pertenecientes a su trilogía Del Amor y otros Demonios. Parafraseo una conversación escuchada entre el público, pues creo que es muy acertada: “no dejan de tocar temazos” decía un amigo “es que solo tienen temazos” le contestaba el otro.
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Por todo ello, es difícil señalar un momento álgido en este concierto; mantuvieron la sala en alto en todo momento. Aunque sí debo destacar la colaboración de Mar López, violinista de Circe, en “El momento y la eternidad”, adornando aún más, con su música y su carismática presencia una composición muy hermosa. También presente en la sala estaba Joaquín Padilla, que no actuó, pero que es amigo de la banda y les da cabida en su proyecto Legado De Una Tragedia: fue saludado desde el escenario.
Cada uno de los miembros de la banda tuvo su momento de oro. Es todo un placer presenciar los solos de Javier Nula: elásticos y cristalinos. Nacho Sánchez hizo las delicias de todos con su teclado, sobre todo en la intro de “El retrato oval”. Alejandro Penella, muy dinámico, me hipnotizó tocando sus particulares cuerdas de bajo color rosa neón, y Enrique Mompó, con su larga melena rizada acariciando su sonrisa, nos ofreció una magnífica guitarra rítmica, así como emocionantes coros. Se vieron en todo momento muy arropados por el calor del público.
Hacia el final de la actuación, la banda bromeó con la audiencia y preguntó si adivinarían las últimas canciones, cosa que hicieron infaliblemente. También retaron a Broseta a cantar “El Último Caballero”, pero eso deberá ser en otra ocasión.
Generosos hasta el final, la banda emplazó a sus fans para saludarse tras la actuación, cosa que hicieron en cuanto hubieron recogido el equipo. Todo el mundo quedó satisfecho.
En resumen, un llenazo en toda regla. Una experiencia de amor y devoción en la que el público no sólo acudía a escuchar las canciones sino a cantarlas con toda la banda y vivirlas con ellos.
Que Ópera Magna, una banda tan querida, tan experimentada y con tanta calidad musical, no esté girando por más y más grandes salas de toda la geografía española, me hace entristecerme un poco por el panorama de la industria musical en España. Pero afortunadamente este año aún les quedan varias fechas por delante: Murcia el 22 de mayo, Bilbao el 30, Valencia en julio (junto a Warcry), Castrillo Metal Fest en agosto y finalmente Alicante en diciembre para el festival Desolation.


Machine Head regresará a Glasgow el próximo 14 de mayo con un formato especial bajo el concepto “An Evening With…”, presentándose en el O2 Academy sin bandas soporte. Este tipo de show permite a la banda desarrollar un set más extenso, con espacio para recorrer distintas etapas de su carrera y ofrecer una experiencia más completa para el público.
Con una trayectoria consolidada dentro del metal moderno, el grupo liderado por Robb Flynn ha sabido mantener una conexión constante con su audiencia a través de directos intensos y bien estructurados. En este formato, se espera un repertorio amplio que combine clásicos con material más reciente, adaptado a una noche donde la banda será la única protagonista.
La fecha en Glasgow apunta a ser una de las más especiales del tour, precisamente por el enfoque del show y la cercanía que ofrece la sala. Si quieres formar parte de esta noche dedicada íntegramente a Machine Head, puedes conseguir tus entradas aquí y asegurar tu lugar con antelación.



El grindcore es un género que tuvo una evolución muy grande. Empezando como una excusa para tocar rápido y pesado, supo mezclarse con otros géneros y lograr nuevas identidades. Entre estos ejemplos tenemos su mezcla con el death metal y con otros géneros alejados como la electrónica, el jazz o el ska. Eso hizo que ganase una base de fans muy leal y que, aún hoy en día, 40 años después de su creación, siga generando nuevos exponentes que continúan aportando a la diversidad del género.
Uno de los mayores representantes es Full of Hell, grupo estadounidense que mezcla grindcore con death metal, noise y muchos otros elementos, según sean requeridos. Lo principal es la consola de sonidos que usa el micrófono. La mayoría de los efectos están en la voz, pero hay otros que suenan por su cuenta. Estos se encuentran de gira presentando sus últimos trabajos: el disco de 2024 Coagulated Bliss y su EP de 2025, Broken Sword, Rotten Shield.
Como acompañantes del tour, eligieron bandas que practican distintos géneros del hardcore extremo, por lo que la velada en Lille Vega fue variada y entretenida. Los primeros fueron los polacos de Jad, quienes ejecutaron un hardcore punk muy pesado y distorsionado, con voces gritadas al extremo y ritmos muy rápidos, pero que tenían un espíritu punk bailable muy presente. La presentación fue entretenida y corta, con bloques de tres canciones tocadas seguidas y una pausa para tomar agua y hacer chistes con el público. Un buen inicio.
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La segunda banda fue Jarhead Fertilizer, quienes llevaron la velocidad y el peso de la música a niveles mucho más altos. Lo suyo era una mezcla de grindcore y death metal visceral: cruda, violenta y elaborada. El vocalista principal, también baterista, pasaba de growls profundos y densos a gritos agudos, mientras que los guitarristas apoyaban con voces más gritadas. Las canciones eran cortas, pero contaban con muchas partes. Estas fluían con naturalidad y daban la sensación de ser más largas de lo que eran. Tras una presentación que apenas pasó la media hora, se retiraron ovacionados.
Para la hora de The Body, la velocidad bajó muchos escalones, pero no así la distorsión y la violencia. El dúo contaba con un baterista súper talentoso, que se encargó de llevar el ritmo y de darle vida a los lentos y colgados riffs de guitarra. Este músico demostró ser un estudioso del instrumento, mostrando influencias de otros estilos, especialmente el jazz y el rock progresivo. La guitarra era lenta, sucia, distorsionada y generadora de acoples que se iban transformando en riffs pesadísimos. El punto en contra de la presentación fue que la voz estaba muy baja. Esta aparecía poco, y se entiende que buscaban enterrarla en la mezcla para que no se robe el protagonismo, pero, a mi parecer, hubiera quedado mucho mejor si los gritos hubieran sido ensordecedores. Dejando de lado este detalle, lograron sumergir a la gente en un viaje pausado y ruidoso.
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Llegó la hora del plato principal y el entusiasmo era mayor. Esto se reflejó en la respuesta del público, que ni bien comenzó la música armó un pit enorme y agresivo. La banda lo correspondió dándolo todo en el escenario, tanto técnica como energéticamente. Durante todo momento se movieron y arengaban a la gente, sobre todo el vocalista, quien cantó muy cerca del público y hacía gestos teatrales para atraer la atención.
Técnicamente la banda sonó como un reloj, muy a tiempo y desplegando una ejecución sólida, contundente y que se escapaba de un show tradicional del estilo. Más allá de los momentos musicales donde bajaron la velocidad y buscaron un sonido más atmosférico, se dieron el lujo de contar con un colosal solo de batería. El sonido fue muy bueno, pero tuvo una particularidad: la casi ausencia de la voz. Los instrumentos sonaron potentes, en el volumen y la definición correctos, pero la voz se escuchaba muy poco. Esto afectó el resultado del concierto, ya que una banda que experimenta tanto con las vocales, sonando sin ellas, dejó la sensación de estar incompleta.
Sin embargo, la mayor parte de la gente disfrutó de la energía y de los instrumentos, por lo que los estadounidenses se fueron muy aplaudidos. Full of Hell demostró en vivo que puede ser uno de los mayores exponentes del género, aunque lamentablemente deben resolver detalles en cuanto al sonido para alcanzar ese lugar.
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Un show íntimo, sin banda soporte, sólo los “Machine Fucking Head” tocando durante casi tres horas en Razzmatazz, a nada de estar “Sold Out”, con un setlist que nos llevó a recorrer toda su discografía, y el público eufórico de principio a fin.
La lista continuó con “Is There Anybody Out There? ” y “Now I lay Thee Down” con la energía intacta.
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En un momento de la noche, a modo de seguir con la intimidad entre la banda y su público, Rob Flynn dio la opción de elegir al público entre “Aesthetics of Hate” o “Blood for Blood”, ganando la primera.
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Victorius es una de esas bandas de power metal tan desenfadadas y algo inocentonas que resultan perfectas para fiestas, festivales, escuchar en el gimnasio o incluso para disfrutarlas con los pequeños de la casa. Algo del estilo de Grailknights, Angus McSix, All for Metal o incluso Feuerschwanz en sus inicios (aunque estos ya han ascendido a otro nivel).
Los conocí hace unos años y todo en ellos me evocaba “juventud”: la voz de David Baßin es muy juvenil, las guitarras son muy vivas y elásticas y toda la estética de la banda con disfraces, mascarillas, armas locas y láseres me hacía pensar en los protagonistas de algún anime de adolescentes, ¡desde luego en el buen sentido!
Ha pasado el tiempo y estos alemanes han madurado, se han cambiado el peinado, han colgado los trajes negros de ninjas espaciales y… ¡se han subido a sus dinosaurios para seguir haciendo lo mismo de siempre! Y saben hacerlo muy bien.
La verdad es que ver sus actualizaciones de Instagram suele ser uno de mis momentos favoritos de la semana. Son divertidos, están llenos de amigos y además hacen buena música. Con lo mal que está la vida, Victorius es una ráfaga de aire fresco.
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World War Dinosaur es nada más y nada menos que lo que uno espera: riffs muy épicos, solos power-metaleros, escalas mayores que levantan el ánimo y letras que se esfuerzan en detallar toda una diversidad de soldados-dinosaurio. Nos hablan de unidad, libertad, honor, eternidad… pero sin tomarse muy en serio a sí mismas.
Nos recibe además con una portada loquísima de colores neón en la que un megalodón gigante (y uno pequeñito al fondo) luchan contra dinosaurios robóticos capitaneados por la banda con uniformes dorados de superhéroes. Ah, y también hay ninjas ¡nunca se fueron!, solo habían salido un momento para recoger sus espadas láser.
El tópico de los dinosaurios en guerra se va desarrollando a lo largo de todo el disco y el orden de las canciones tiene lógica interna (aunque sin ser exactamente un disco conceptual de los de planteamiento, nudo y desenlace). Tienen algunos videoclips muy simpáticos como “Kingdom of the Strong”, con temática medieval, o “Brachio Bazooka Battalion”, de dibujos animados. Creo que los mejores temas del álbum son precisamente estos dos y también “Golden Glory”, que empieza con un guitarreo muy rápido y una voz susurrada muy sugerente. También tiene interés la canción homónima del disco en la que colaboran Angus McSix y Orden Ogan.
La formación ha sufrido algunos cambios a lo largo del tiempo pero lleva estable desde 2016 y además, el núcleo principal de David Baßin (voces), Dirk Scharsich (guitarra) y Andreas Dockhorn (bajo) es el mismo desde su fundación en 2004; quizás por eso su buena química y compenetración hacen que parezca fácil tocar de forma tan fluida y virtuosa. Por cierto que todos reciben apodos prehistóricos: Baßin es “T‑Rex”, Scharsich es “Raptor”, Dockhorn es “Triceratops”, el batería, Frank Koppe, es “Pteranodon” y el otro guitarrista, Florian Zack, recibe el nombre más friki de todos: “Lasertooth Tiger” (“tigre dientes de láser”, en lugar de “dientes de sable”). En el videoclip “Raptor Squad Attack” podemos ver además cuáles son sus armas y habilidades espaciales, con una divertida estética de videojuego retro.
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La principal pega que podemos ponerles es que el álbum se hace un tanto repetitivo. No cansa, porque es una música ligera y agradable de escuchar. Pero, pese a un par de pequeños experimentos aquí o allá (como unos guturales en “Evil Mean Megalodon” y alguna locución épica aquí y allá), el conjunto suena muy uniforme.
Por otro lado, el exagerado tema bélico, que en otras circunstancias sería simplemente un toque de humor o la trama de una serie animada de los ochenta… en 2026 se me hace más difícil de digerir. Lo entiendo: ¿qué clase de Power Metal podríamos hacer sin batallas? Es un tema clásico y está abordado desde una perspectiva cien por cien lúdica y de fantasía disparatada: son braquiosaurios con bazucas y raptores de choque. Pero cuando el mundo real se está rompiendo en pedazos por la guerra y la codicia, se me hace más difícil escuchar canciones que exaltan el honor en los conflictos, la heroicidad de los soldados que dan el primer golpe o la gloria de la victoria. No hay en todo el disco ni una sola reflexión sobre el género humano ni la política, toda relación que podamos encontrar con la actualidad es puramente casual. Y sin embargo esto tampoco borra mis reparos a escuchar canciones desenfadadas sobre una guerra global, aunque esta sea protagonizada por dinosaurios futuristas.
Entonces, me resulta una música muy disfrutable pero algo frívola. Está para pasarlo bien sin pensar demasiado, ¡y quizás eso ya sea suficiente! Verlos en directo tiene que ser super divertido, cosa que podremos hacer en diversos festivales veraniegos a lo largo de Europa, como Metal Frenzy, AHAU Open Air, Rock Castle y Rock Dievillage. Por el momento no tienen planes de visitar España.


Bajo el cielo plomizo de Granollers, aquel sábado 18 de abril de 1026 no amaneció: se invocó. Crucé el umbral de la Nau B1 como quien entra en una cripta, con la certeza de que lo que aguardaba dentro no era música, sino una forma antigua de comunión: un pacto sellado con sudor, distorsión y una fe torcida. Con los cambios de horario, el aire ya estaba denso, cargado de esa electricidad previa al derrumbe, y cuando Arkhaeth descargó el primer golpe a las 16:00, sentí cómo algo en mi interior se alineaba con el caos: no había melodía, había fricción, acero contra hueso.
Cuando Abysmal Lord irrumpió, la sala dejó de ser sala: era fosa. Todo era suciedad, crudeza sin domesticar, una violencia informe que me arrastraba sin pedir permiso. La penumbra se espesó con Necroracle, cuyo descenso a “Depths of Tartarus” no fue un tema, sino un sepulcro abierto bajo nuestros pies: una masa sonora adherida a la piel como una segunda sombra.
Más tarde, Adorior emergió como una herida abierta; vi a Julie Kiss escupir cada verso como si expulsara siglos de veneno acumulado, y cuando “Author of Incest” me atravesó, entendí que aquello no era un repertorio, sino una disección. “Ophidian Strike” y “Bleed on My Teeth” no se escuchaban: se sufrían. Y yo permanecía allí, inmóvil y entregado, mientras el sonido me erosionaba por dentro.
Pero fue Wrang quien me empujó definitivamente al borde; su liturgia de blasfemia y melancolía —articulada en un set que avanzaba como una invocación (Doodgeslagen onschuld, Haatspraak, Nachten in Wahlheim, Domstad swart metael, Voor ons de zee, Morbide Delirium)— transformó el pogo en un ritual tribal donde cada cuerpo chocaba como si quisiera desintegrarse en el otro, y no cerró su actuación: la dejó suspendida en el aire, como un presagio oscuro que sugería que aún no habíamos tocado fondo.
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Y entonces llegó el momento en que el tiempo dejó de avanzar. A las 22:20, cuando Tom Gabriel Warrior apareció al frente de Triumph Of Death, no vi a un músico: vi a un custodio de algo primigenio, un canal abierto hacia los cimientos mismos del metal extremo. El primer acorde de “The Third of the Storms (Evoked Damnation)” no sonó: descendió. Fue como si el aire se rasgara y dejara pasar una corriente antigua, un eco directo de Hellhammer que me golpeó el pecho con una gravedad casi física. Sentí el riff como una pulsación mineral, como si la sala entera respirara a través de amplificadores moribundos. Cada tema fue una invocación deliberada: “Massacra” y “Maniac” no eran canciones, eran reliquias afiladas, huesos desenterrados que aún conservaban carne; “Blood Insanity” me atravesó con su lentitud malsana, como un veneno que decide tomarse su tiempo, y “Decapitator” cayó sobre nosotros con la inevitabilidad de una sentencia ya escrita. Pero lo que realmente me desgarró fue ese tono de guitarra, ese sonido sucio, cavernoso, casi enfermo, que Warrior arrastraba como una cadena oxidada: no buscaba perfección, buscaba verdad, y la encontró en cada nota torcida, en cada silencio incómodo.
Cuando atacaron “Chainsaw” y “Reaper”, sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies; el público ya no era público, éramos un solo organismo convulsionando, un coro sin voz entregado al pulso primitivo que ellos dictaban. Y entonces llegó “Messiah”, y en ese instante supe que no estaba presenciando un homenaje, sino una resurrección incompleta, deliberadamente imperfecta, como todo lo verdaderamente vivo. El guiño a Celtic Frost con “Visions of Mortality” abrió una grieta de solemnidad, una belleza oscura que contrastaba con la crudeza anterior, y yo me encontré suspendido entre dos eras, dos formas de entender la misma oscuridad. Pero el final… el final no fue un final. “Triumph of Death” se desplegó como una plegaria agonizante, repetitiva, casi hipnótica, y en su cadencia lenta sentí algo parecido a la rendición: no al cansancio, sino a la aceptación de que esa música no se posee, te posee. Miré a Warrior, su figura rígida, casi hierática, y comprendí que él no interpretaba esas canciones: las mantenía vivas, como brasas que se niegan a extinguirse.
Cuando Naglfar tomó el relevo, el frío escandinavo limpió parcialmente la herida, elevando el espíritu con una precisión casi quirúrgica, pero ya era tarde: yo seguía atrapado en el eco anterior. Pestkraft volvió a sumergirnos en la rabia, y Caveman Cult selló la noche con una violencia terminal, como si todo debiera terminar reducido a escombros. Salí de nuevo a las calles de Granollers con los oídos en llamas y el alma extrañamente serena, consciente de haber atravesado algo irrepetible. Aún ahora, mientras recuerdo, los riffs de Hellhammer siguen resonando dentro de mí, como un latido antiguo que insiste en recordarme que, en lo más hondo del abismo, siempre arde una luz negra que no guía… sino que reclama.

El segundo día comenzaría mucho más pronto para nosotros, desde primera hora con Yellow Eyes y su Black Metal de nuevo cuño. El suyo fue uno de los discos más sorprendentes del pasado 2025 y en la Engine Room lo pudieron desplegar debidamente. Son una de esas bandas destinadas a crecer mucho, aunque no tanto como los belgas Wiegedood, quienes hace años que se pasaron el juego en Roadburn, y cada nueva edición tratan de hacer algo nuevo para saltar la banca. En esta ocasión, reinterpretaron parte de su discografía, acompañados por los vientos de los Blind Man. Una autentica locura que solo puede ocurrir una vez en la vida y que solo puede darse en este maravilloso festival.
Atropelladamente comprobamos un rato la mala hostia que se gastan los Planning For Burial, para llegar hasta otro de los grandes momentos del festi. Agriculture presentando uno de los grandes discos de los últimos tiempos. El sonido espiritual de los americanos pasaría por encima del 013 como un tornado y constató lo mucho que han mejorado desde su primera comparecencia en la misma plaza. Lo que antes era timidez, ahora sería confianza absoluta y una puesta en escena propia de grandes estrellas. Seguramente sean la banda de Post Black más en forma del momento, por encima de tótems como Deafheaven o Alcest.
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Del futuro del género, pasaríamos a uno de los tres sets que Krallice iban a ofrecer en Roadburn, concretamente en el que rememorarían sus primeros tiempos. Su aplastante técnica convencería a todos los presentes de que sus galones no habían sido regalados y nos serviría de perfecto preámbulo para un nuevo set de Cult Of Luna, en este caso atacando sus creaciones más recientes. Resultaría otro bolo excelso, pero menos impactante que el que vivimos el jueves.
Finalmente renunciaríamos a la locura de Zu en el Paradox, para ver en el Engine Room a Bosse-De-Nage, constatando como su actuación acabaría siendo la menos lucida de todo el viernes. Por el camino nos quedó por ver a Mandy Indiana, Street Sex y un largo etcétera, pero es lo que tiene el Roadburn. Al tener todo el tiempo al alcance semejante oferta conciertil, uno tiene que elegir y puede que a veces no acierte del todo.


Los norteamericanos From Ashes to New vuelven este año con su esperadísimo nuevo trabajo Reflections, para demostrar como el metal moderno (que no metalcore, a dios gracias visto el estado el género en la actualidad…) está más vivo y en mejor forma que nunca.
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Los de Lancaster, Pennsylvania, siguen en la línea marcada por sus dos trabajos anteriores, pero con el toque necesario para aportar un poquito más en su evolución como banda.
En estos doce cortes, podremos observar como los chicos han sabido recrear el sonido propio del nu metal, el post hardcore e inyectarle pinceladas pop que los han convertido en una de las punta de lanza en este estilo durante este último tiempo.
El disco abre fuego con “Drag Me” y ya podemos entender que si la fórmula funciona bien, para que vamos a cambiarla, así pues, tenemos esos versos rapeados de Matt Brandyberry más que logrados y combinados con la voz melódica de su compañero Danny Case, formando una dupla explosiva con clara influencia de Limp Bizkit, Linkin Park y Papa Roach, sin duda alguna.
La melancólica “Forever”, hereda el sonido de HIM, pero lo combina con guitarras más modernas y un juego de voces irresistible que hará las delicias de los que crecimos con este sonido a comienzos de los 2000.
Por algo Blind Channel los acompañaron en una de sus últimas giras con Joel Hokka a la voz en Estados Unidos, porque ambas bandas comparten muchas de las mismas fuentes musicales y de inspiración.
“Die For You” es una delicia, con cierta herencia de BMTH, pero muy bien ejecutada y con una melodía imposible de ignorar, sin duda una de las joyas ocultas del disco, que estoy convencido sonará aún mejor en vivo.
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El disco sigue vibrando con “Black Hearts”, quizás el corte más cañero hasta el momento y donde vemos la explosión entre el pop, el rap core y el rock alternativo, todo mezclado y con el sello propio de FATN, pero que si te gustan LP vas a disfrutar de lo lindo.
“Upside Down” y “(Not) Psycho”, muestran ese lado “Old School” de la banda y vemos la gran importancia que le dan a los arreglos, los loops y todo lo que les permita hacer las canciones más redondas posible y aviso a navegantes…Aquí hay unas cuantas.
“New Disease”, muestra como ha evolucionado el metal moderno y si la canción tiene un estribillo con gancho va a pegar seguro, FATN se suma con esta pieza a cortes actuales de bandas como Spiritbox y Sleep Token, además de dejar fuera de juego a I Prevail, ya que parece que dicha banda se olvidó bastante de como hacer piezas redondas, pero tranquilos, que este 2026 ya tenemos a From Ashes to New para solucionar este pequeño percance.
Pero no todo es oro en el disco, ya que “Darkside” no aporta mucho al disco, repitiendo la fórmula de mezclar todo lo anterior pero con un resultado donde lo mejor sin duda es la parte rapeada, al ser el puente sospechosamente parecido al himno “By My Self” de Linkin Park…Una cosa es la influencia y otra el semi-robo descarado, lo mismo que sucede con “Falling From Heaven”, al ser una pieza “Comodín”, si no estaba en este disco, podría haber estado tanto en el anterior como en el próximo que grabe la banda, aún así, es efectiva y mejora a su predecesora sin duda.
Para cerrar tenemos “Your Ghost” y quizás el cierre está bien, pero con un par de canciones menos, sumaría algún punto más al resultado final, aún así, siguen por encima de la media tanto en su discografía como entre sus compañeros de profesión y lo único que esperamos es que no se duerman en los laureles y se acomoden, porque FATN siguen con la maquinaría engrasada y llena de energía…Que no la pierdan nunca!
1) Astraya – Atropine
3) Pure Wrath – Bleak Days Ahead 

2) Vomitory – In Death Throes
1) The Amity Affliction – House Of Cards
2) Lord Of The Lost – Opvs Noir Vol 3
3) Anneke van Giersbergen – La Mort


1) Corrosion of Conformity – Good God / Baad Man
2) At The Gates – The Ghost of a Future Dead
3) Kaatayra – Caminhos de água














































