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Bad Manners en Buenos Aires: “Una mezcla especial”

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Créditos: Bad Manners En las páginas (y código HTML) de Track To Hell le hemos dado espacio a muchos estilos diferentes: heavy metal, rock pesado, progresivo, punk, glam, metalcore, incluso […]


Bad Manners en Buenos Aires: “Una mezcla especial”
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Créditos: Bad Manners

En las páginas (y código HTML) de Track To Hell le hemos dado espacio a muchos estilos diferentes: heavy metal, rock pesado, progresivo, punk, glam, metalcore, incluso emo y música ambiental. Pero, a menos que contemos esa vez que los folkmetaleros Korpiklaani sacaron un reggae en finlandés, no creo que le hayamos dado algo de lugar al ska. Pero está claro que hay fans del estilo entre nuestro público, sobre todo en aquel cercano al punk, y nunca es tarde para expandir nuestros horizontes. ¿Y qué mejor oportunidad que la visita de unas leyendas del estilo como Bad Manners a la Argentina para hacerlo? Encima un 1ro de mayo, ¿qué hay más punk que eso?

Junto a Madness, The Specials y The Beat, los londinenses fueron de los pioneros del 2 Tone, aquel movimiento que se propuso emular los sonidos de la música jamaiquina, sobre todo el reggae y el ska, pero con la actitud y desparpajo del punk rock. Y pocas personas están a la altura de ícono de su cantante y líder Buster Bloodvessel, una figura enorme tanto en físico como en leyenda que se volvió en la imagen indiscutida de la banda a lo largo de 45 años de carrera casi ininterrumpida. Un país tan adepto al ska como Argentina no podría estar fuera de sus viajes, siendo esta la tercera vez que la banda pasaría por el país luego de sus visitas en 1999 y 2017.

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Los cinco años de espera habían calado hondo entre la gente que se había reunido en la Sala Siranush, este particular recinto teatral en el corazón de Palermo Viejo y un lugar tan relacionado con la comunidad armenia en el país. Antes de que se cumpliera la hora para entrar, la mezcla especial de punks, rude boys, skinheads y demás, ansiosos por entrar, estaban peleándole al frío con alcohol y la comida de la parrilla del lugar, mientras el soundsystem de DJ Selector Lucho musicalizaba la tarde-noche porteña.

A las 18:45, la fecha dio su puntapié inicial con el alegre y movido ska de Los Casettes, multitudinario (como es casi la regla en el género) grupo de Zona Norte. La banda tuvo algunos problemas de sonido, ya sea entre la mezcla típica de quienes tocan primero y un ruido en el retorno que paró el recital durante un corto tiempo, pero es innegable que ningún obstáculo técnico podría tapar la energía del conjunto. Con esa espectacular buena vibra caribeña, Los Casettes hicieron bailar a la gente con su ska, reggae y rocksteady, a veces cantado (con varios de los miembros encargándose del micrófono dependiendo de la ocasión) y muchas veces instrumental a lo largo de 35 minutos muy bien usados.

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La segunda banda argentina de la noche sería Sombrero Club, veteranos del estilo con más de dos décadas y media de carrera. Aunque carezcan de la sección de vientos tradicional del estilo, el quinteto se las arregla para pegar fuerte con su propuesta extremadamente cancionera de guitarras rockeras al frente y estribillos pegadizos, algo que se pudo notar en la imagen de la gente coreando “Somos Así” como si fuera algún clásico jamaiquino de toda la vida. Lo de SC se trata de gritar las cosas en la cara pero con una sonrisa en el rostro, y combinar eso una base instrumental sólida como una roca es una fórmula perfecta para desatar una ola de baile y skanking entre la gente.

El primer conjunto internacional de la noche sería la Out Of Control Army. El grupo mexicano habrá alcanzado un público inesperado gracias a su versión de “Mi Corazón Encantado”, la intro de Dragon Ball GT, junto al cantante César Franco, pero lo de oriundos de la Ciudad de México no tiene nada de chiste: formado por figuras de la escena del ska mexicano, estos músicos vestidos de rigurosos trajes negros se proponen traer el sonido clásico del género al siglo XXI. Mezclando el inglés y el español en sus canciones, los oriundos de la Ciudad de México hicieron explotar el campo del teatro, trayendo alegría con su llamado “ska antifascista” y haciendo poguear a la gente. La banda dedicó unas palabras a destacar la influencia del país en el desarrollo del género en Latinoamérica, citando directamente a Satélite Kingston y Los Fabulosos Cadillacs como influencias entre canción y canción.

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Cerrando la lista de teloneros llegaron el legendario Juantxo Skalari y La Rude Band, la banda solista de quien fuera frontman de los euskaldunak Skalariak. El originario de Pamplona repasó canciones propias como “Contigo Estaré Bien”, “Rudi Not Dead”, “Siglo XXI” y “Tres Veces Rebelde” y clásicos de Skalariak como “Oligarquía”, desatando la fiesta reggae punky entre la gente. Fue poco más de una hora de presentación, que dio para destacar cuando a Juantxo le dieron una bandera de la organización Etxerat, que hace campaña por los presos políticos de ETA, y la cantidad de gente que se subió al escenario durante esta presentación ultra enérgica por parte de la banda, con la gente de seguridad teniendo que lidiar con cinco o seis personas del público durante la última canción, incluyendo un borracho al que tuvieron que sacar entre varios, no sin antes gritar al micrófono y abrazar a Juantxo.

Ya pasadas todas las entradas, era momento para el plato fuerte de la noche. Y a las 23:28, luego de media hora de espera, fue el turno para que Bad Manners salieran al escenario. Con la intro “Echo 4-2” sonando de fondo y los músicos saliendo uno por uno, dieron comienzo a su interpretación del clásico “This Is Ska”, una de esas canciones que son declaraciones de principio ya desde el título. Con su sección de vientos digna de un programa de detectives a lo Peter Gunn, es un track perfecto para marcar la salida de Buster Bloodvessel al escenario, causando los aplausos del público. 

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Sin perder tiempo le mecharon su versión clásica de “My Girl Lollipop” de la jamaiquina Millie Small, una de esas composiciones ultra dulces que suenan tan particulares cantadas por la particular voz de Buster, que no será muy melódica ni dotada pero que exuda carisma por todos lados, y que hacen estallar a la gente, siguiéndola con la espectacular “Lorraine”, de seguro una de las canciones más felices acerca de una relación ultra tóxica y que fue coreada por todo el mundo.

Sacándose el abrigo para mostrarle al mundo su prominente panza y contarle al público cuánto la ama, Buster dio la introducción para “Fatty Fatty”, otra que tuvo a la gente cantando a cada momento. “Sally Brown” es otro desparrame de energía y felicidad, a la que siguieron con la instrumental “King Ska / Fa” mientras el cantante se retiraba del escenario. A su regreso dieron lugar a uno de los grandes momentos de la noche con “Can’t Take My Eyes Off You”, ese clásico de Frankie Valli versionado por cientos y que los londinenses convierten en un himno de pub con sus coros, acompañándola con una coreografía de parte de todos los músicos.

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Decir que la lista estuvo llena de clásicos sería una obviedad: pasaron 19 años desde el último disco de estudio de Bad Manners, y a esta altura está más que claro que Bloodvessel y compañía están muy cómodos girando en pos de la nostalgia. Pero se nota que todos ellos disfrutan hacerlo, como demuestra la energía de tracks como “Just a Feeling”, “Skinhead Girl”, “Inner London Violence” y sobre todo “Special Brew”. Sí, será el mismo setlist que tienen hace mínimo quince años, pero cada una tuvo al público cantando, bailando y queriendo subirse al escenario, ya fuera saltando o siendo llevados por el público. Y también tuvo a Buster hablando a la gente, que entendió lo que pudo entre la barrera idiomática y el espeso acento de clase obrera londinense del cantante.

El final estaba cantado desde un principio, con la banda dando inicio al himno “Lip Up, Fatty”, para luego cerrar la presentación con el clásico “Can Can”, esa reinterpretación en clave ska de la música del franco-alemán Jacques Offenbach que tuvo al público haciendo el baile característico de la canción. Y con esta música tan característica del ambiente de cabaret francés de fondo, ¿qué mejor para cerrar la noche que tener al Buster Bloodvessel mostrándole las nalgas a todo el público? Si no eso no suena le suena muy atractivo al lector, seguramente le llevará la contra a la gente que llenó el Siranush ese Día del Trabajador.

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Para cuando Buster Bloodvessel le mostró el lugar donde la espalda pierde su nombre a la audiencia ya eran casi 00:40 de la mañana: la presentación de Bad Manners se había extendido por poco más de una hora, casi lo mismo que la de los teloneros justo antes de ellos. ¿Corto? Para los estándares de una banda encabezando una fecha, seguramente. Pero es un detalle bastante menor si lo comparamos con la parte positiva de la presentación del grupo: la buena onda, la energía, los clásicos, la solidez de los músicos y el carisma infinito de su cantante. Y si la gente se divirtió a cada segundo, ¿quién sería uno para llevarles la contra?

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Bad Manners en Buenos Aires: “Una mezcla especial”
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Créditos: Bad Manners

En las páginas (y código HTML) de Track To Hell le hemos dado espacio a muchos estilos diferentes: heavy metal, rock pesado, progresivo, punk, glam, metalcore, incluso emo y música ambiental. Pero, a menos que contemos esa vez que los folkmetaleros Korpiklaani sacaron un reggae en finlandés, no creo que le hayamos dado algo de lugar al ska. Pero está claro que hay fans del estilo entre nuestro público, sobre todo en aquel cercano al punk, y nunca es tarde para expandir nuestros horizontes. ¿Y qué mejor oportunidad que la visita de unas leyendas del estilo como Bad Manners a la Argentina para hacerlo? Encima un 1ro de mayo, ¿qué hay más punk que eso?

Junto a Madness, The Specials y The Beat, los londinenses fueron de los pioneros del 2 Tone, aquel movimiento que se propuso emular los sonidos de la música jamaiquina, sobre todo el reggae y el ska, pero con la actitud y desparpajo del punk rock. Y pocas personas están a la altura de ícono de su cantante y líder Buster Bloodvessel, una figura enorme tanto en físico como en leyenda que se volvió en la imagen indiscutida de la banda a lo largo de 45 años de carrera casi ininterrumpida. Un país tan adepto al ska como Argentina no podría estar fuera de sus viajes, siendo esta la tercera vez que la banda pasaría por el país luego de sus visitas en 1999 y 2017.

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A las 18:45, la fecha dio su puntapié inicial con el alegre y movido ska de Los Casettes, multitudinario (como es casi la regla en el género) grupo de Zona Norte. La banda tuvo algunos problemas de sonido, ya sea entre la mezcla típica de quienes tocan primero y un ruido en el retorno que paró el recital durante un corto tiempo, pero es innegable que ningún obstáculo técnico podría tapar la energía del conjunto. Con esa espectacular buena vibra caribeña, Los Casettes hicieron bailar a la gente con su ska, reggae y rocksteady, a veces cantado (con varios de los miembros encargándose del micrófono dependiendo de la ocasión) y muchas veces instrumental a lo largo de 35 minutos muy bien usados.

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El primer conjunto internacional de la noche sería la Out Of Control Army. El grupo mexicano habrá alcanzado un público inesperado gracias a su versión de “Mi Corazón Encantado”, la intro de Dragon Ball GT, junto al cantante César Franco, pero lo de oriundos de la Ciudad de México no tiene nada de chiste: formado por figuras de la escena del ska mexicano, estos músicos vestidos de rigurosos trajes negros se proponen traer el sonido clásico del género al siglo XXI. Mezclando el inglés y el español en sus canciones, los oriundos de la Ciudad de México hicieron explotar el campo del teatro, trayendo alegría con su llamado “ska antifascista” y haciendo poguear a la gente. La banda dedicó unas palabras a destacar la influencia del país en el desarrollo del género en Latinoamérica, citando directamente a Satélite Kingston y Los Fabulosos Cadillacs como influencias entre canción y canción.

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Ya pasadas todas las entradas, era momento para el plato fuerte de la noche. Y a las 23:28, luego de media hora de espera, fue el turno para que Bad Manners salieran al escenario. Con la intro “Echo 4-2” sonando de fondo y los músicos saliendo uno por uno, dieron comienzo a su interpretación del clásico “This Is Ska”, una de esas canciones que son declaraciones de principio ya desde el título. Con su sección de vientos digna de un programa de detectives a lo Peter Gunn, es un track perfecto para marcar la salida de Buster Bloodvessel al escenario, causando los aplausos del público. 

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Sacándose el abrigo para mostrarle al mundo su prominente panza y contarle al público cuánto la ama, Buster dio la introducción para “Fatty Fatty”, otra que tuvo a la gente cantando a cada momento. “Sally Brown” es otro desparrame de energía y felicidad, a la que siguieron con la instrumental “King Ska / Fa” mientras el cantante se retiraba del escenario. A su regreso dieron lugar a uno de los grandes momentos de la noche con “Can’t Take My Eyes Off You”, ese clásico de Frankie Valli versionado por cientos y que los londinenses convierten en un himno de pub con sus coros, acompañándola con una coreografía de parte de todos los músicos.

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El final estaba cantado desde un principio, con la banda dando inicio al himno “Lip Up, Fatty”, para luego cerrar la presentación con el clásico “Can Can”, esa reinterpretación en clave ska de la música del franco-alemán Jacques Offenbach que tuvo al público haciendo el baile característico de la canción. Y con esta música tan característica del ambiente de cabaret francés de fondo, ¿qué mejor para cerrar la noche que tener al Buster Bloodvessel mostrándole las nalgas a todo el público? Si no eso no suena le suena muy atractivo al lector, seguramente le llevará la contra a la gente que llenó el Siranush ese Día del Trabajador.

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